miércoles, 28 de octubre de 2015

La segunda oportunidad de Alexandre Pato, el eterno lesionado

Sueña el Sao Paulo con volver a jugar la Copa Libertadores el próximo curso. Y por el buen camino va el equipo paulista, que a falta de seis jornadas para el final de la Liga empata a puntos con el Santos, último equipo clasificado para jugar la competición hasta la fecha. Y gran parte del mérito reside en las piernas de Alexandre Pato (26 años, Brasil), que ha encontrado en el Tricolor la estabilidad necesaria para hacer que su nombre retumbe por todo el mundo. Rodeado de jugadores como Ganso, Michel Bastos, Rodrigo Caio, un veterano Luis  Fabiano o Breno Borges, cuyos últimos años darían para hacer una trilogía cinematográfica (le fichó el Bayern de Múnich con 18 años tras ganar cantidad de premios individuales, se rompió la rodilla, sufrió múltiples operaciones de las que no encontró remedio y fruto del desconsuelo, una tarde se emborrachó, se tiró por la ventana primero e incendió su casa entera después para acabar siendo encarcelado por tal acto), Alexandre Pato ha encontrado la confianza que perdió en Europa y ha podido, toquemos madera, solventar su viacrucis con las lesiones, las causantes de estropear la carrera de uno de los futuros más prometedores de los últimos años, por el que incluso llegué a apostar y pronosticar como fijo en el podio del Balón de Oro durante varias ediciones. 

Se pelean por él hoy algunos equipos importantes de Europa, como el Manchester United, el Borussia Dortmund o el Tottenham, y ha conseguido que el club que hace unos meses lo quería regalar, el Corinthians, quiera quedarse con él pese a tenerlo cedido en Sao Paulo o venderle por una millonada. Su retiro anticipado a Brasil ha devuelto la sonrisa a un jugador que una vez soñó con ser el mejor del mundo, que iba camino de ello, pero que nunca pudo lograr superar una gran barrera. Las lesiones. Su retorno a Europa se pide a gritos.

Pato pelea con Iniesta por un balón en la final del Mundialito
Jugador de fútbol sala desde la infancia, cuando cumplió los 13 años le recomendaron probar sobre el césped. Debido a su velocidad, potencia y zancada, el parqué se le quedaba demasiado pequeño y el Internacional de Porto Alegre le brindó la oportunidad que pedía a gritos. Y es que Pato nunca llamó a la puerta de nadie. Más bien la tiró de golpe y con 16 años los grandes de Europa hacían cola como en una pescadería para poder elegirle a él, la mejor materia prima. Sus vídeos jugando en la categoría Sub20, frente a chicos cuatro años mayores, se hicieron virales y rápido empezó a estar en boca de todos. Tanto que nada más cumplir los 17, en noviembre de 2006, debutó con el primer equipo en la primera división brasileña para comenzar una carrera meteórica. Lo hizo con un tanto y dos asistencias en la victoria por 4-1 ante Palmeiras. Su gran escaparate llegó sólo un par de semanas después en el Mundialito de Clubes. Un tanto suyo en la semifinal dio el pase a la final a los brasileños, donde contra todo pronóstico doblegaron al Barcelona de Ronaldinho, Xavi, Deco o Iniesta que dirigía Frank Rijkaard. Escorado en la banda izquierda, Pato fue un constante dolor de muelas para Zambrotta, que nunca encontró el remedio para frenarle. Tal fue la superioridad del joven talento, que el técnico blaugrana decidió retirar al italiano en el descanso para dar entrada a un Belletti que no corrió´mejor suerte.

Un niño espigado, delgado y con la cara llena de espinillas y aparato en sus dientes que era un torbellino cuando agarraba la pelota. Su físico, eso sí, no aguantaba entonces para 90 minutos de tanta exigencia y pasada la hora de juego, tras asombrar a medio mundo, se marchó desfondado al banquillo. Aquella mañana en Europa (el partido se jugó en Japón y en España era horario mañanero) no venció el Barcelona. Tal fue su impacto que en unos meses más tarde el AC Milan fue el equipo más rápido de todos y se hizo con sus servicios por 24 millones de euros, la mayor cifra pagada jamás por un menor de edad. Una condición que le hizo quedarse hasta enero de 2008 en Brasil, cuando ya tenía 18 años y el mercado estaba abierto. Se lo arrebataron, entre otros, al Inter de Milán, que rápido puso su objetivo en otro talento del país, al que firmaron con 15 años: Philippe Coutinho.

Nada más cruzar el gran charco fue el turno de su evolución física. En pocos meses, el jugador endeble, espigado, con un cuerpo difícilmente aprovechable para el fútbol profesional, ganó peso y masa muscular. Se convirtió en titular en Italia desde el primer día compartiendo delantera con Kaka, Ronaldo o Inzaghi. Superó su timidez, la misma que le privó de mantener casi contacto con los compañeros el primer mes de entrenamientos en el primer equipo del Sao Paulo, a base de goles. Logró hacer nueve dianas en sólo seis meses y dejó atrás la figura de adolescente débil para dar paso a una maquina de potencia infinita cuyo rendimiento se multiplicaba cuando arrancaba con el balón en sus botas. Capaz era de recorrer el campo entero conduciendo la pelota en menos de 11 segundos, prácticamente igual de rápido que sin él. Sus cifras goleadoras aumentaban cada vez más y en tres temporadas y media ya sumaba 60 tantos con la camiseta rossonera
Pato celebra un tanto en 2011 / CLAUDIO VILLA
Tal fue su evolución que en 2009 fue ganador del Golden Boy, premio que se otorga al mejor jugador menor de 21 años, considerado como la antesala del Balón de Oro, y que tiene entre sus galardonados a Messi, Agüero, Fábregas, Rooney, Götze, Pogba o Sterling, último vencedor, entre otros. Pocos jugadores en el mundo despertaban más pavor a los rivales que Pato. Un falso delantero que caía a banda para regatear como los mejores extremos, un rematador notable al primer toque en el área, y una bala rompiendo las defensas por el centro imposible de frenar. Claro, que no del todo, pues sí lo hicieron sus mejores enemigos. No fueron los zagueros, sino las lesiones. Arrancó 2010 y como si de un conjuro de año nuevo se tratara de su archienemigo, Alexandre Pato empezó a visitar más las camillas de hospital y las salas de fisioterapia que los campos de entrenamiento. En los siguientes 24 meses le diagnosticaron 16 lesiones musculares y comenzó a ser un auténtico quebradero de cabeza para los técnicos y, sobre todo, para Silvio Berlusconi.

Nunca estuvo claro cuál fue el origen de dichos males. Incluso, a día de hoy, la especulación es máxima. Se decía que su físico no le permitía jugar al máximo nivel, que su musculatura no era propicia para el fútbol, que se practica a diario casi al máximo nivel. Se comparó su fisionomía con la de atletas como Usain Bolt, que si bien entrenaban a diario, no podrían soportar el competir al máximo rendimiento cada semana o cada tres días. Entre 2010 y 2011 se pasó alejado de los terrenos de juego 152 días de 365. Viajó a Alemania, Estados Unidos, Francia o España, y nunca nadie supo entender el porqué de sus interminables roturas fibrilares, elongaciones y desgarros. Pato jugaba un partido, se lesionaba, pasaba tres semanas apartado y en su retorno volvía a caer para ser retirado en camilla entre desesperación, tristeza y, a veces, lágrimas. De los pocos recuerdos de 2011 positivos encontramos un auténtico golazo al Barcelona que resume su estilo. Rápido, potente, veloz, vertical e imparable.

Pato, en una de sus lesiones / GETTY IMAGES
En 2012 apenas pudo vestirse de corto y Jean-Pierre Meersseman, médico del Milan, llegó a pedir ayuda espiritual para curar al brasileño tras lesionarse en un partido ante el Barcelona a los 14 minutos de juego. "Ya no sé qué hacer, no sé a qué santo rezar. Ha estado viajando por todo el mundo, viendo a los mejores especialistas y nadie ha sabido encontrar solución a su problema. Pido consejería espiritual para él", admitía. "Sus lesiones no son normales. Lo hemos examinado con todos nuestros medios y no es normal que un chico de su edad sufra estos percances", señalaba Allegri, entonces técnico del equipo milanés, que apuntaba además que todas las lesiones se habían producido en San Siro. "El campo no tiene nada que ver. Es sólo un dato estadístico, la última fue en un movimiento sistemático", terminaba el entrenador. Más allá fue Silvio Berlusconi, prácticamente su segundo padre, que no sabía cómo gestionar la situación de un jugador por el que había pagado 24 millones de euros en 2007, por el que había rechazado ofertas de 35 millones de euros en 2011 (Ancelloti lo quería en su PSG de todas las formas posibles) y que ahora no valía más que 10 millones de euros, por mucho que los estudios futbolísticos apuntaran que en 2012 su valor de mercado ascendería a 60 millones. 

"Pato es un problema, esperemos que pueda curarse realmente. Es un problema porque era el jugador de mayor futuro que tenía el Milan", declaró el presidente. "Era el jugador de mayor valor y futuro que tenía el AC Milán, ahora es verdaderamente un problema, incluso porque no se sabe qué hacer con él", sentenció. La solución fue volver a casa. El Corinthians puso encima de la mesa cerca de 10 millones de euros y en enero de 2013 retornó a la liga brasileña como estrella. Pato, despedido con honores entre la plantilla italiana, tuvo que poner de su bolsillo algunos millones más y se quedó con el 40% de sus derechos, dinero que ahora percibiría en caso de salir vendido.


Ya desde Sudamérica, el brasileño no dudó en culpar al club transalpino de sus problemas musculares. "Yo creo que no dependía de mí. Jugaba y me lesionaba, me recuperaba y de nuevo caía. Creo que los doctores me forzaban a jugar antes de tiempo", se sinceraba. Desde Italia se apuntaba a que el jugador sufría una enfermedad de degeneración muscular que le hacía totalmente vulnerable, una teoría que nunca se terminó de demostrar. Con todo, varios expertos que le habían tratado, así como parte del cuerpo médico del Milan, apuntaban en 2012 que el origen de las lesiones se encontraba en un crecimiento desigual de fisionomía

"Pato ha crecido ocho centímetros desde que llegó en 2007 y hay una diferencia de nueve kilos de peso entre el chico que vino con 18 años y el que ahora tiene 22", revelaba un médico del club. "El cambio de su altura se produjo sobre todo en la segunda mitad de su estancia aquí y su cuerpo no estaba listo para ello. Ahora tiene un desequilibrio físico que le ha afectado en su postura y le produce todos estos problemas", aseguraba, y añadía que no era un problema sin solución. "Es sólo cuestión de tiempo, con entrenamientos adecuados debería superar sus lesiones perennes"

Una teoría defendida por el Doctor Augusto Morandi, célebre cirujano ortopédico de la ciudad que inspeccionó también al brasileño. "Sus problemas tienen causas multifacéticas. Un atleta en su desarrollo de los músculos debe progresar en dos sentidos a la vez. Por un lado, debe haber crecimiento y mejora de la masa muscular en sí, y por otro tiene que haber una progresión en la elasticidad de crecimiento del músculo". Para el delantero, el crecimiento no ha sido proporcional y esto se ha traducido en múltiples problemas musculares. Además, Morandi apunta también a problemas de otra índole como una mala costumbre de pisada o problemas dentales. Éstos últimos le trajeron de cabeza cuando aún era un adolescente.

El preparador físico Matteo Bisoffi añade a todo este mejunje una variable más. "Creo que no se puede obviar el componente genético. Pato es un jugador con una gran cantidad de fibras blancas, que son las que proporcionan velocidad y explosividad. Cuanto mayor es el porcentaje de éstas en el cuerpo, más riesgos hay de una lesión", comenta, y compara su caso al de uno de los mejores delanteros de todos los tiempos. "Puede haber un paralelismo como lo que sucedió con Ronaldo, cuyas articulaciones y rodillas no podían soportar su explosividad", afirma, y no duda en ocultar que bajo su visión, también afecta el factor psicológico, pues el jugador había estado sometido a la presión de no dar la talla y de ser un problema público para el club; y el estilo de vida, que no entró a cuestionar por desconocer el entorno del brasileño.





Sea como fuere, parece que los doctores no se equivocaban y sus problemas sí tenían solución. Han cortado, eso sí, a uno de los mejores proyectos del mundo durante tres años y su progresión, obviamente, ya tiene techo. Nunca llegará a ser lo que apuntaba. Con todo, su retorno en Brasil nunca fue fácil. En el Corinthians no encontró su sitio y pese a que sus cifras no eran malas, pues hizo 14 tantos en su primer año, el presidente Roberto Andrade nunca estuvo satisfecho y lo cedió al Sao Paulo, donde ha explotado definitivamente. Desde 2014 hasta el día de hoy ha logrado 38 tantos con el equipo Tricolor y su caché se ha vuelto a disparar. Así, Andrade, quien llegó a considerarle como "un auténtico problema", dispuesto a venderle por algo menos de lo que costó, ahora se niega a hacerlo por menos de 25 millones de euros, el que sería su traspaso más caro. "Si vienen con 25 millones de euros lo venderé, si no, Pato estará aquí el año que viene", asegura, por mucho que la voluntad del jugador, hasta la fecha, sea mantenerse en Sao Paulo.

El brasileño es una de las perlas de la Serie A brasileña y a sus 26 años, el clamor popular le pide a Dunga la vuelta con la selección, con la que no acude desde 2013. El Chelsea apuntó su nombre el pasado verano pero su condición de extracomunitario acabó con Mourinho decantándose por Pedro y parece que de salir, la Premier League sería su destino, donde hoy Manchester United y Tottenham se lo rifan. En su día, el propio delantero prometió que si volvía a su nivel retornaría a la disciplina del Milan, aunque mucho ha llovido desde entonces para las dos partes. También lo quiere Tuchel como complemento a su ataque totalmente vertical del Dortmund que le vendría a las mil maravillas. De momento, Pato sonríe en Sao Paulo, donde ha vuelto a hacer el corazón semana tras semana con sus manos y donde, de nuevo, puede volver a soñar.

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