domingo, 22 de noviembre de 2015

El 4-3-3 no se negocia


Igual que el esfuerzo, el 4-3-3 debería ser innegociable para este Atlético de Simeone. Lleva años ya el argentino intentando confeccionar un sistema que nunca ha terminado de cuajar, por unas cosas o por otras. El fracaso de Cerci y el descubrimiento de Griezmann como cazagoles jugando dentro del área echaron para atrás esa primera idea del Cholo para un juego más de posesión y más estructurado en defensa del que viene practicando el equipo meses atrás. Arda Turan era el único escollo para ese cambio de sistema y sin el turco en el equipo, que habría sido el más perjudicado, parece incomprensible que no se termine por jugar así de una vez por todas. 

Ante el Betis al fin se volvió a ver un trivote conductor de juego y dos alas bien abiertas para volar al contragolpe, y eso ya no debe cambiar. La nueva táctica permite brillar a Yannick Carrasco, bien pegado a la cal, más liberado de tareas defensivas, arropado por esa linea de medios y dedicarse a correr hacia arriba, como le gusta, donde hace daño. Buen refuerzo este dorsal 21. El desparpajo hecho persona. Mitad belga, mitad andaluz, cual superhéroe. No se veía un desborde tan eficaz como sencillo desde Simao. Podemos ver también a Tiago incrustado entre Koke y Gabi, que le escoltan, le ponen la alfombra roja que se merece. Koke, por cierto, es probablemente el jugador más beneficiado de este nuevo sistema. Centra su posición, entra más en contacto con el balón, posee libertad para moverse con la pelota, se asocia en corto, en largo y sale de la banda en la que, pese a jugar más adelantado, no es tan determinante y pasa más desapercibido desde que no tiene a Diego Costa al lado.

Es una pena que el gol del Atlético ante el Betis llegase tan pronto. Por aquello de que los equipos, salvo en casos contados, suelen guardar más cuando se ponen por delante. Ya no es que quieran ellos, sino que el rival también juega y ha de dar un paso al frente. Parece bastante claro que Simeone ha tardado en ejecutar ese cambio de pizarra porque los automatismos del 4-3-3 aún no están aprendidos. El equipo se pierde a la hora del repliegue en algunas acciones puntuales, quedan huecos libres y el balance, a veces, tiene algunas grietas lógicas tras el repentino cambio de sistema de años y años. Cuestión de perfeccionarlo cada mañana. Lo que no se puede negar es que en ataque se da otro aire. La movilidad, la alegría que se impregna en el juego, el continuo baile de posiciones, la asociación de los pequeños y los jugones. Hasta Torres, que llevaba jornadas perdido, se sintió cómodo jugando arriba, como único punta entre dos centrales, como ha hecho toda su vida a nivel de clubes.

Este 4-3-3, a veces 4-5-1 en el repliegue o 4-1-4-1, no se debe cambiar nunca más, salvo partidos escasos donde se deba buscar más solidez a sabiendas de que no se va a ser dueño del balón. Salvo momentos puntuales de un partido donde haya que hacer algún ajuste. No sufrió el Atlético al final, por mucho que digan, pese a que el Betis apretara en los últimos minutos más con orgullo que con fútbol. De un partido que debía haber estado sentenciado en la primera hora y donde el equipo local se pudo ir con tres o cuatro goles de diferencia sin casi darse cuenta. Y este es el camino a seguir. Lo agradecerán los laterales, que se pueden seguir sumando al ataque como hasta ahora con más paciencia. Lo agradecerán los medios. Tiago reparte su tarea defensiva y Koke crece de forma exponencial. Lo harán también Kranevitter, cuando llegue, y Saúl, cuando vaya entrando. Lo agradecerá Carrasco, y también Griezmann. El paso ahora es encontrar aquel que se encargue de hacer los goles. Jackson no está, tampoco se le espera. Torres busca su gol número 100 desde hace meses y Vietto, a quien sería injusto juzgar por su apendicitis (yo sé lo que es eso), tiene que subirse al tren cuanto antes. O hacerse una transfusión de sangre. O las dos, mejor. 

Tiago, como el buen vino
Vale, no entiendo de vinos. Lo reconozco. Pero 1981 debió ser una cosecha buenísima. A sus 34 años, Tiago está en el mejor momento de su carrera. Quién lo iba a decir hace sólo un par de años. Al menos por su condición física. Ese jugador que se perdió 30 partidos por lesiones (salvo una grave por una entrada en un duelo contra el Almería, todas musculares) y tenía que ser sustituido en el último tercio del partido porque no podía con las botas. Se repetía esa imagen del portugués acalambrado, con las medias por los tobillos, sentado en el reposapies de los banquillos. Quién iba a imaginar que ahora, que va a terminar la temporada con 35 años y ha decidido por voluntad propia volver a la selección, donde es indiscutible, que podría ser titular en cualquier equipo del mundo, y en el que no, sería por inexistencia de meritocracia. Si Tiago hubiera sido jugador de fútbol americano, habría sido el quarterback perfecto. Coloca, manda, distribuye. Pasa en largo, pasa en corto. Para la jugada, reajusta y la vuelve a dar continuidad. Si Tiago hubiese elegido el voleibol, habría sido el perfecto colocador. Es el que va distinto al resto, el que tiene la cabeza levantada, el que maneja, el que grita, el que da el último pase. Si Tiago hubiera cogido el balón ovalado del rugby, habría sido el apertura. Aquel que saca el balón del barro para dar de comer a sus delanteros, el que ajusta, el meticuloso. Pero es jugador de fútbol, y es el pivote que sostiene a un equipo entero.

La defensa de la 13/14
Fue el campeón de Liga, sí. Por momentos, ante el Betis, se vio a ese equipo perro de presa en defensa, en la presión, que comandaba un intimidante Diego Costa. Así llegó el tanto, con hasta cuatro jugadores presionando la salida de balón de un Xavi Torres que, hubiera hecho lo que hubiera hecho, habría perdido la posesión. El equipo en el que Carrasco, extremo izquierdo, baja al córner derecho a rebañar un balón. En el que Tiago, Koke y Gabi se pelean en la misma jugada por recuperar la pelota. Aquella máquina perfecta de defender que hace dos años conquistó la Liga y se quedó a dos minutos reinar en Europa que Simeone, poco a poco, quiere volver a engrasar.

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