lunes, 20 de mayo de 2019

Mundial Sub20 2019: Jugadores a seguir y equipos favoritos al título

Una nueva temporada, el fútbol que dominará tras el final de la temporada, será el del futuro. El Mundial Sub20, que tiene a Polonia como anfitriona y a Inglaterra como vigente campeona, buscará un nuevo rey después de que los pross no hayan podido clasificarse para defender el título. Como es habitual ver en estos eventos, ya hay muchos jugadores que han llegado a la élite, otros que lo harán en un futuro y la mayoría que cogerá este escenario como el lugar perfecto para dar ese salto y darse a conocer de manera mundial.

El torneo, que arranca este jueves, tendrá a 24 selecciones en liza en busca de la final durante las próximas tres semanas. Así, sin más, ahí van unos cuantos jugadores a seguir y unas pequeñas pinceladas de lo que pueden hacer las selecciones favoritas al título:

-Agustín Almendra (Argentina/Boca Juniors): No pudo jugar el Sudamericano de la categoría y fue quizás la pieza que le faltó a la albiceleste para terminar de engranar y llevarse un título que se le escapó en la última jornada. El medio es un líder nato sobre el campo. Entiende el juego como pocos. Se asocia bien en todas direcciones y además de último pase sabe llegar desde segunda línea.

-Nehuén Pérez (Argentina/Atlético de Madrid): Fue quizás la nota positiva del pasado torneo Sudamericano y su buen hacer, motivo para que el Atlético lo añadiera a su plantilla antes de lo previsto. Duro, fuerte y expeditivo, Nehuén, que porta la cinta de capitán, dice querer demostrar en el campo más que en el vestuario, por eso de ser el líder. Tiene buen desplazamiento de balón en largo, da una buena primera salida bastante limpia y es habitual verle subir hasta medio campo con el balón. Por arriba, además, es un gran baluarte.

-Ezequiel Barco (Argentina/Atlanta United): Es Ezequiel Barco un futbolista con unas condiciones tremendas y que debería sobresalir de la media en un torneo donde la edad se iguala por el simple hecho de tener más experiencia que la mayoría de los contendientes. Barco, a quien la suerte no ha acompañado en estos torneos que siempre ha tenido que ver desde casa por lesiones, es un jugador de mediapunta que se desenvuelve mucho mejor en banda izquierda. Es eléctrico, con un uno contra uno endiablado y gusta siempre de tener la responsabilidad en sus botas. Argentina supo suplirle bien en el Sudamericano, pero es sin duda un jugador diferencial.

Ezequiel Barco / Azael Rodriguez/Getty Images
-Manuel Roffo (Argentina/Boca Juniors): Que no busquen más en la Federación. Si todo sigue los cauces normales, la albiceleste tiene en el meta xeineze al portero de la absoluta durante la próxima década. Corpulento, Roffo posee unos reflejos innatos, un dominio del juego aéreo supremo y un envío en largo tanto con la mano como con el pie superlativo que le hace ser capaz de generar contragolpes que acaban siendo jugadas peligrosas.

-Julián Álvarez (Argentina/River Plate): Es el socio de todos. Un jugador que, sin ser delantero centro, puede jugar ahí y sin ser jugador de banda, cae a ambas a las mil maravillas. Su mejor demarcación es el ataque, donde sea, aunque siempre gusta de moverse con libertad por detrás de un delantero.

-Pedro de la Vega (Argentina/Lanús): Esta no es su generación, porque acaba de cumplir los 18 años, pero su buen hacer en la Liga Argentina y lo bien que suplió a Barco en el Sudamericano le hacen ser un jugador esencial en la lista. Puede, incluso, que ante la competencia que se le presenta no tenga minutos como titular, pero un jugador como él es esencial en estos torneos tan pequeños. Desequilibrante a la par que descarado, es capaz de lo mejor y de lo peor, aunque siempre suele ser lo primero.

-Diego Láinez (México/Real Betis): Ha acusado el salto a Europa en el plano físico. En España aún tiene que pasar por el famoso periodo de adaptación, pero en un torneo de semejantes características, Laínez, delantero que se desenvuelve genial por ambos costados, puede volver a brillar como lo hizo en México en sus primeros pasos como profesional.

-Juan José Macías (México/León): Ha sido una de las sensaciones en el país. Propiedad de Chivas, este delantero ha despertado su olfato goleador tanto que recuerda a otros de generaciones anteriores que luego no acabaron dando el gran salto como Erik Torres o Carlos Fierro.

-Juan Camilo 'Cucho' Hernández (Colombia/Granada): Uno no sabe muy bien a qué equipo pertenece el colombiano, cedido en el Huesca en teoría por el Watford. El caso es que Colombia ha presentado a la FIFA en su lista al jugador como propiedad del Granada. Delantero pequeñito pero muy hábil tanto en el primer toque como jugando algo más retrasado, este año, en su debut en Primera, ha sido capaz de ver puerta ante Real Madrid, Barcelona y Valencia, por ejemplo. Acostumbrado a jugar siempre con jugadores mayores que él, con los de su categoría debería brillar aunque Colombia no tenga una selección potente sobre el papel.

-Carlos Cuesta (Colombia/Atlético Nacional): Defensa central que siempre está bien posicionado. Muy potente en la anticipación y en el juego aéreo. Lleva ya varios años como profesional, lo que le brinda una experiencia de la que muchos muchachos de este torneo carecen.

-Gonzalo Plata (Ecuador/Sporting Portugal): El equipo lisboeta no dejó ni siquiera acabar el Sudamericano Sub20 para firmar a uno de los jugadores que acabó estando en el XI ideal del torneo. Extermo habilidoso, siempre buscando el regate, Plata, mejor por la derecha, es una ocasión de gol constante y sus fintas dentro del área un peligro de penalti inminente.

-Stiven Plaza (Ecuador/Real Valladolid): Iba al Sudamericano como la estrella del equipo, pero el Valladolid, que le acababa de fichar, le hizo renunciar al torneo. Allí, Ecuador se proclamó campeona del evento sin el que apuntaba a ser su mejor jugador y su goleador. Ahora, un delantero tan explosivo como él deberá buscar su sitio y ganarse una titularidad que no está nada clara. Ya ha debutado con la absoluta y llega con problemas de rodilla.

-Leonardo Campana (Ecuador/Barcelona Guayaquil): Un delantero distinto, diferente, de los que cuesta ver por aspecto que sea posible llegar a ser futbolista y de los que no se cansa uno de ver cuando el balón le llega al pie. Sin él, le cuesta. Con él, un espectáculo. Inteligente a la hora de proteger de espaldas (su casi 1'90m ayuda) y con recursos siempre para marcar. Pichichi del Sudamericano Sub20 con goles de todos los colores, también ha debutado con la absoluta.

Campana/CLAUDIO REYES/AFP/Getty Images
-Alexander Alvarado (Ecuador/SD Aucas): El peligro por la banda izquierda de Ecuador. No es tan individualista como Plata, es un extremo mucho más combinativo, que tiende siempre a caracolear hacia el centro y a buscar a su mejor socio, Rezabala.

-Jordan Rezabala (Ecuador/Independiente del Valle): Pequeñito pero matón. Un problema tenerle en el campo cuando se necesita músculo, una delicia cuando Ecuador propone el balón. Puede ser el damnificado si la selección busca meter dos delanteros natos, pero no debería ser así porque es el cerebro natural de un equipo que ya funciona y que no ha de tocars.e

-José Cifuentes (Ecuador/América de Quito): Capitán del barco. Todos los demás ponen el talento individual, pero Cifuentes es el nexo común que los une. Desde el pivote, es un interior de trabajo y brega, de repliegue y llegada. Es el motor de la selección, el que no puede faltar para que Ecuador vuelva a tener éxito. Es un box to box inteligente y nada exento de calidad aunque siempre prefiere tirar más de fuerza.

-Alban Lafont (Francia/Fiorentina): Ya es uno de los mejores porteros de la Serie A y se antoja complicado que no vaya a ser el relevo generacional de Lloris. Poco que decir de un guardameta por el que la Fiorentina pagó el verano pasado casi 10 millones de euros.

Amine Gouiri/JEAN-PHILIPPE KSIAZEK/AFP/Getty Images
-Amine Gouiri (Francia/O. Lyon): Una absoluta incógnita. Gouiri era el delantero de moda en la Clairefontaine, el que rompía moldes, ese que una vez fueron Benzema, Griezmann o Trezeguet. Pero el año pasado, cuando ya se rumoreaba con su debut profesional porque no le cabían más goles con los filiales, se rompió el cruzado. Lleva toda la temporada en el dique seco haciendo preparación específica para este torneo y para ver cómo puede estar para la próxima campaña. En su haber ya tiene haber sido hace dos años Pichichi de la Eurocopa Sub17.

-Yacine Adli (Francia/G. Burdeos): Su sola presencia física ya es llamativa. Roza el 1'90m y su pelo alborotado le ha llamado a las comparaciones con Fellaini primero y con Rabiot después. Huyendo de estereotipos y en busca de unos minutos que no parecía poder tener entre el conglomerado de estrellas del PSG, en verano tomó la decisión de llegar al Burdeos para llamar a la puerta de la mediapunta en un equipo que le puede dar más posibilidades. Poco a poco ha ido teniendo minutos.

-Evan N'Dicka (Francia/Eintracht Frankfurt): No era sobre el papel el mejor zaguero de esta generación, pero su gran temporada en Alemania le debería hacer jugar un papel importante con Francia de aquí en adelante. Como central o como lateral izquierdo, N'Dicka ha jugado esta temporada casi 40 partidos profesionales. Es tremendamente rápido al corte y se suma al ataque con facilidad, aunque ha de mejorar con el balón.

-Dan Zagadou (Francia/B. Dortmund): Su perfil es exactamente el mismo que el de N'Dicka, aunque a este sí se le presuponía desde muy joven ser un jugador top. Rápido, acostado en el perfil izquierdo, Zagadou abusa mucho del balón jugado en corto y de la conducción y eso a veces no siempre va a su favor.

-Andrea Pinamonti (Italia/Frosinone): Uno de los niños bonitos del fútbol italiano. ¿Cuántos delanteros ha tenido Italia en categorías inferiores que se iban a comer el mundo y se quedaron en nada? Pinamonti amenaza peligrosamente con engrosar esa lista, aunque esta temporada, en los últimos meses, ha crecido poco a poco.

-Keito Nakamura (Japón/Gamba Osaka): Mediapunta habilidoso, del corte de los últimos que han salido de tierras niponas. Su gran Mundial Sub17 hace dos años le puso en el panorama internacional, pese a estar un poco a la sombra de las dos grandes estrellas juveniles del país: Doan y Kubo. Ya hay equipos europeos que han ido a buscarle.

-Kang-in Lee (Corea del Sur/Valencia): Con el miedo a convertirse en un nuevo proyecto de jugador coreano que acaba sin dar la talla, la perla del Valencia llega al torneo para liderar a un equipo que apenas tendrá opciones de victoria. Habiendo debutado con el primer equipo ya en todas las posiciones de la mediapunta, con Corea debería jugar detrás del delantero para tener mayor participación.

-Sekou Koita (Malí/RB Salzburg): Como delantero o como segundo punta, Sekou Koita sigue siendo el mismo jugador que triunfó hace cuatro años, con apenas 15, en el Mundial Sub17. Muy fuerte en el aspecto físico, rápido y potente con su pierna zurda, el RB Salzburgo le fichó el año pasado para tenerlo cedido.

-Nicolás Schiappacasse (Uruguay/Parma): Adaptado en banda izquierda y con algo más de físico desarrollado, Schiappacasse fue el jugador diferencial de Uruguay en el Sudamericano Sub20. Incluso en los partidos en los que jugó mal, siempre tuvo ocasiones para desequilibrar la balanza o alguna jugada individual determinante. Puede jugar como delantero centro, pero su posición ideal es acostado al perfil siniestro. Llega tocado muscularmete y tras varios meses sin minutos en Italia.

-Juan Manuel Sanabria (Uruguay/Atlético de Madrid): Es el mediocentro que hace el trabajo que no se ve. Es ese canalizador de juego entre un pivote más puro y un creador nato. Sanabria puede jugar de ambos o como enlace de ellos. Es el enlace necesario para la celeste.

-Kingsley Michael (Nigeria/Perugia): Un mediocentro box to box puro que pertenece al Bolonia y que este año ha estado cedido en Serie B pero que seguro tras el verano jugará ya en la máxima categoría.

-Andrii Lunin (Ucrania/Leganés): El portero cedido por el Real Madrid es uno de los atractivos del torneo. Con un físico ideal para la portería, la incertidumbre de saber dónde jugará el próximo curso y el aliciente por volver a verle bajo palos tanto tiempo después, Lunin, que ya ha debutado con la absoluta a las órdenes de Shevchenko, será uno de los jugadores diferenciales de una buena generación ucraniana.

-Vitalii Mykolenko (Ucrania/D. Kiev): Hay que ser muy bueno para, siendo tan joven, ser un jugador ya importante en una posición tan compleja como el lateral izquierdo. Así es Mykolenko, que desde que debutara en agosto ya no ha vuelto a saber lo que es el banquillo. También ha hecho su debut con la absoluta y ha sido para quedarse y no para foguearse. En uno de sus partidos, secó a Bernardo Silva. No es mal inicio.

-Vladyslav Supriaha (Ucrania/D. Kiev): El verano pasado el Dinamo se lo robó al Dnipro y este año, con 19, ya ha debutado con el primer equipo. Muchas esperanzas puestas en él, aunque su paso al profesionalismo va poco a poco. Este torneo puede ser su mejor escaparate.

Timothy Weah / Ian MacNicol/Getty Images
-Timothy Weah (USA/Celtic): Sobre él va a recaer el peso del ataque de Estados Unidos, toda vez que se ha quedado fuera de la lista de manera sorprendente Sargent. Resta saber si lo hará como extremo (la izquierda es donde mejor rinde) o como delantero centro, donde ha rendido muy bien en su cesión al Celtic. El hijo de George ya escribe su propio nombre lejos de la sombra del de su padre.


-Sebastian Walukiewicz (Polonia/Cagliari): La anfitriona no tiene una selección muy potente, pero sí uno de los jugadores más atractivos del torneo. Defensa central, duro, expeditivo, con salidas alocadas pero más o menos controladas al ataque. Es un jugador de raza, de los que gustan a las aficiones. Este año, cedido en Polonia, pero el año que viene dará el salto al fútbol italiano.

-Rubén Vinagre (Portugal/Wolverhampton): Frenado en proyección por la llegada a su club de Jonny, Vinagre no parece tener de todos modos muchos obstáculos para acabar haciéndose un hueco. Un lateral muy profundo, con mucha velocidad y con ciertas limitaciones aún para la hora del repliegue. Está verde para el primer nivel aún, pero son estos torneos los que hacen curtir.

-Diogo Dalot (Portugal/Manchester United): Más de 20 millones pagaron los Red Devils por él este verano, pero de momento la Premier League se le ha hecho cuesta arriba. Muchas lagunas defensivas para ser titular, Mourinho no confió en él pero desde su destitución poco a poco ha ido ganando enteros en ambas bandas y en posiciones de lateral y carrilero. Un buen comodín. Cuestión de tiempo, de partidos y de experiencia.

-Florentino (Portugal/Benfica): Uno de los nuevos niños maravilla del fútbol portugués. Mediocentro posicional que abarca mucho campo y a quien la precocidad le da un plus y un regusto por acabar las jugadas en posiciones más adelantadas. Ha terminado la temporada siendo titular indiscutible con el Benfica.

-Gedson Fernandes (Portugal/Benfica): La pareja de baile de Florentino tanto en club como en selección y quizás su mayor enemigo por un puesto. Gedson, que es algo más alocado y más ofensivo, ha visto cómo sus minutos han ido menguando con la irrupción de su compañero. En este torneo podrían jugar juntos.

-Jota (Portugal/Benfica): No confundir con Diogo Jota (Wolverhampton), este es el jugador ofensivo previo a Joao Félix. Un poco como los dos anteriores, Jota y Félix se han ido pisando mutuamente en categorías inferiores hasta que este año, cuando parecía que Jota iba a dar el salto por una simple cuestión de generación, Joao Felix ha tirado la puerta abajo.

-Trincao (Portugal/S. Braga): Puede jugar de mediapunta en las tres posiciones de ataque o como jugador más adelantado. Suele jugar mejor acompañado de otro delantero porque es un jugador poco corpulento, pero muy habilidoso y rápido cuando encara la frontal del área.

-Rafael Leao (Portugal/Lille): Una de las mayores perlas que tiene Portugal en su cantera. Formado en el Sporting Portugal, el verano pasado fue uno de los jugadores que se marchó gratis por el motín que estalló en el club lisboeta en el que aficionados y dirigentes se vieron envueltos. Este año ha evolucionado muchísimo y, aunque siempre ha sido un jugador más de banda, ha experimentado una gran evolución hasta la posición de delantero.

Rafael Leao /FRANCOIS LO PRESTI/AFP/Getty Images



Selecciones favoritas al título

-Argentina: Posiblemente presenta la nómina más amplia de jugadores talentosos. Solo falta ver cómo los juntará. Además, tiene recursos necesarios en prácticamente todas las posiciones y jugadores diferentes para distintos estilos. A los ya mencionados hay que unir el sacrificio y el despliegue físico de Mura o Sosa, la imprevisibilidad de un punta magnífico para jugar directo como Gaich y el plus que pueden dar Maroni o Aníbal Moreno.

-Portugal: Si Argentina es la que más jugadores de talento tiene, Portugal es la que tiene más jugadores ya en la élite. La experiencia en estos torneos siempre es importante y los lusos colocan en la cita a varios jugadores titulares en equipos como el Benfica.

-Uruguay: Siempre aguerridos, Uruguay sabrá potenciar muy bien su defensa. No en vano, la línea que forman Araujo, Cáceres, Méndez y Busquets es posiblemente la zaga más seria del torneo, con Acevedo haciendo de pivote y en ocasiones incluso de tercer central. Apenas tiene profundidad y prodigación en ataque, pero eso queda para Schiappacasse y Darwin Núñez.

-Francia: Por simple palmarés y por convocatoria hay que incluirles como el equipo europeo con más posibilidades junto a Portugal. Francia, que ganó este título en 2013, cuenta con jugadores con bastante experiencia e, igual que Uruguay, con una defensa muy experimentada aunque con muchas similitudes entre sus zagueros. No cabe duda que será el equipo más rocoso, aunque su debe puede ser el ataque. Encontrar a Gouiri en el gol y que Sylla y Diaby estén acertados les haría imparables.

-Ecuador: Por nombre y por escudo, el peor de los favoritos. Por once inicial, puede dar la sorpresa a más de uno. Lo que funciona no se toca. Por eso, con Cifuentes como ancla, con Rezabala, Alvarado y Plata creando y con Campana ejecutando, pueden ser imparables. En el costado izquierdo, para permitir que Alvarado combine por dentro, siempre aparecerá Palacios, un carrilero largo con mucho recorrido. Y en el banquillo, o al menos así debería ser, aguardará Plaza para cuando le toque subir una marcha más al partido. Han de controlar siempre el partido en ese ritmo tan frenético que imponen porque como otro equipo se plante ante ellos pueden acusar la fragilidad defensiva.

sábado, 20 de abril de 2019

Ravel Morrison y el talento desperdiciado

Lingard, Pogba y Morrison, con la FA CUp Youth 2011 / Getty Images
Hace no mucho, el Manchester United tenía en su cantera una generación dorada de jóvenes talentos llamados a marcar una época. Eran tan superiores a sus rivales y combinaban tan bien, que incluso se llegó a especular con que llegarían a superar a la Class of 92, aquel equipo en el que despuntarían Giggs, Scholes, Beckham, Butt y los hermanos Neville. Era 2011 y los Red Devils acababan de ganar la FA Cup juvenil con una solvencia tremenda. En la plantilla destacaban los nombres de Paul Pogba, Jesse Lingard, Will Keane (Ipswich Town), pero sobre todo, por encima de ellos, estaba Ravel Morrison.

"Nunca he visto un jugador joven con tanto talento como él", admite Río Ferdinand. "Venía a entrenar con nosotros con 16 años y podía jugar a un toque, a dos, se adaptaba a todo lo que le pedía el equipo profesional con facilidad", termina. Tampoco se queda atrás su entonces entrenador y quien le dio la alternativa, Sir Alex Ferguson, quien llegó a situarle por encima de jugadores como Giggs o Rooney en cuanto a talento y quien se refiere a Morrison en su autobiografía. "Hay algunas personas que no son mentalmente fuertes para superar los obstáculos de la vida. Ravel Morrison es posiblemente el caso más triste, porque él poseía tanto talento natural...".

Gary Neville fue el primero en establecer una comparación futbolística que luego se extendió también fuera del campo. "Es como Paul Gascoigne. Un jugador capaz de driblar a uno, a dos, a tres jugadores sin problemas". Y es que, nacido casi en el seno del club, Ravel Morrison fue creciendo bajo la lupa de Old Trafford como uno de los muchachos que podrían llegar a marcar una época. Siendo claramente coronado como el futbolista clave de ese Manchester United juvenil, Morrison brilló con luz propia en todas las categorías inferiores de Inglaterra, desoyendo siempre los cantos de sirena que le llegaban desde Jamaica, donde posee nacionalidad por sus antepasados.

Con 17 años firmó su primer contrato profesional, y solo dos días después empezaron los problemas legales que le han acompañado toda la vida y que han sido el factor determinante para que hoy, en vez de ser una estrella mundial, esté olvidado jugando en Östersund de la Liga de Suecia. Acusado de robo con intimidación cuando entró con un cuchillo en una tienda, salvó de milagro su entrada en un reformatorio y la condena fue menor, pero empezó ya a marcar un expediente que le ha acompañado toda la vida. Hizo 12 meses de servicios sociales y pagó una multa económica.

Morrison creció en Stretford, un barrio muy complicado de Mánchester, junto a su madre soltera y su abuela. Ferguson sabía que para triunfar en el United debía salir de allí, por lo que el club le ofreció varios acomodos distintos. Llegó a debutar con el primer equipo en 2010, apenas con 17 años, y jugó tres partidos más con el club. Pero la falta de oportunidades brindada porque en ese momento estaba poco centrado y tenía problemas legales hizo que con solo 19 años se marchara del club.

Morrison celebra un gol con el
West Ham / Harry Engels/Getty Images
Los pesos pesados del United intentaron disuadirle para que se quedara, pero él solo quería jugar al fútbol. Su agente, algo que él no sabía, estaba pidiendo una suma de dinero ingente por renovar y el Manchester United decidió incluso ponerle en venta antes de que su contrato expirara. La primera gran oferta le llegó del Newcastle, corroborando que el chico tenía muy buen cartel. Morrison le pidió al club que le cediera, pero el Manchester realmente ya le consideraba apto para jugar con ellos en el primer equipo, por lo que las opciones eran quedarse o irse de manera permanente. El United rechazó la oferta del Newcastle y el contrato del mediapunta se terminó ese mismo verano, cuando decidió unirse al West Ham.

Sam Allardyce, entonces a cargo de los de Londres, llamó a Sir Alex Ferguson antes de ofrecerle el contrato. "Se convertirá en un genio, pero solo si es capaz de solventar sus problemas fuera del campo".

Cuenta Ravel Morrison que cometió muchos errores de joven, pero que la mayoría de las veces ya tenía una etiqueta que le catalogaba y que era esa fama que se había granjeado la que le hacía parecer peor de lo que era. Que estaba en el momento menos adecuado en el lugar menos adecuado. Desde ciertos sectores de la voz pública, se le acusó de robar a sus propios compañeros en Old Trafford, de tener mal comportamiento, de meterse en peleas... "Nunca hice nada de eso. Lo único que una vez robé fueron unas botas de fútbol que un compañero ya no iba a usar más. Yo no salía a beber, no fumaba, no cogía el coche borracho, no tomaba drogas... todas esas cosas que sí hacen muchos jugadores, pero yo siempre era el malo. Veía esas miradas de la gente hacia mí, con miedo". "He cometido muchos errores. Pero de eso hace ya casi 10 años. Con 16, 17... Era un niño, pero hoy día me siguen preguntando por todo ello. Nunca nadie me habla de fútbol. No me dejan avanzar".

Poco antes de llegar al West Ham tuvo que lidiar con otro problema, cuando se enzarzó en las redes sociales con un aficionado al que acabó insultando de manera homófoba y siendo castigado por ello por la FA. En la disciplina de los hammers estuvo tres años, aunque durante esa época estuvo en calidad de cedido en el Birmingham, el Cardiff y el QPR, alternando siempre luces y sombras. Y es que en 2014 volvió a vivir un calvario. Su novia y la madre de su novia le acusaron de violencia de género y de amenazas. Supuestamente, Morrison había amenazado en público con desfigurarlas la cara con ácido y luego matarlas. Morrison pasó detenido tres días en prisión para luego salir bajo fianza. Tras un año de juicios, un vídeo de la escena le encontró inocente de todos los cargos que se le imputaban.

Morrison, en Atlas / Refugio Ruiz/Getty Images
Morrison quiso salir de Inglaterra y encontró acomodo en la Lazio. Allí donde había brillado Paul Gascoigne y donde otro excéntrico como Di Canio se había metido a la afición en el bolsillo, quizás encontraría su sitio. Nada más lejos de la realidad. Firmó en 2015 y se marchó hace unos meses con apenas cuatro partidos como jugador lazial. Entre medias, volvió al QPR, donde había dejado muy buenas impresiones en su primera etapa y el curso pasado lo hizo jugando en Atlas de México. "Tenía muchas ofertas de equipos de Europa, pero me informé y vi que en el país había buenos jugadores con gran cartel mundial, así que me decidí por ir allí". 

Morrison quería un cambio de aires completo. Un nuevo destino donde se olvidara por fin aquellas fechorías que había cometido siendo aún un adolescente menor de edad. Pero tampoco lo encontró. "El niño rebelde del fútbol inglés", "El delincuente que no triunfó en el Manchester" fue alguno de los titulares con los que se encontró a su llegada. Pero la pasión lo suplió todo. En México realizó muy buenos partidos.

Hace unos meses, liberado ya de su contrato con el equipo romano, Morrison, de 26 años, ha firmado con Östersund, equipo de media tabla de la Liga de Suecia. Quiere empezar de cero."El pasado, pasado está y nadie debería ser juzgado por quien fue en el pasado". En Suecia ha empezado como titular, siendo uno de los jugadores destacados del equipo jugando tanto en la mediapunta como echado en banda izquierda. Dice que lo único que quiere es jugar, que le da igual el nivel o la categoría, que solo busca ser feliz. Admite seguir manteniendo contacto con Pogba y Lingard, que no tiene ni un ápice de envidia de ellos y, además, que es seguidor del Arsenal desde pequeño. Otra historia de alguien que pudo ser y no fue.




lunes, 18 de marzo de 2019

El Clan de los Balcanes y un francés como mediador


La cercanía de Italia con los Balcanes y su Liga de primer nivel, suele acabar desembocando en que la mayoría de los jugadores de esos países acaben aterrizando en la Serie A. No es el caso, en cambio, de aquellos que hoy triunfan en el Eintracht Frankfurt, cuatro tipos hasta hace poco desconocidos y que se están destapando como auténticas joyas por la que los del equipo del río Meno se frota las manos porque todo indica podrán vender por un pastizal.

Son Ante Rebic, Filip Kostic, Luka Jovic y Mijat Gacinovic los protagonistas de una temporada en la que, junto a ellos, sobresale la figura de un Sebastien Haller que tiene como única pega para no ser delantero titular de Francia el no jugar en un equipo grande.

No hay sitio para todos, al menos en un mismo once titular, y eso implica que más o menos, salvo Kostic porque juega en una posición radicalmente distinta, todos vayan rotando entre sí y se vayan manteniendo frescos en una temporada que arrancó muy mal con la pronta eliminación de la Copa (donde defendían título) pero que ahora se encauza con la lucha por la Champions y los cuartos de final de la Europa League.

El Clan de los Balcanes más ese francés que habla serbio, al menos en el campo, suma 58 goles en lo que va de temporada. Además, entre ellos, se han repartido también 38 asistencias. Números de equipo grande. Cifras que, si se repitieran en algún club top europeo, tendría a sus protagonistas en boca de todos.

El primero en llegar fue Ante Rebic (25), rebotado de una Fiorentina donde nunca pareció explotar, intentando reencontrarse en Alemania con aquel jugador que sorprendió en Lezpig cuando el gigante de RedBull aún competía en la segunda categoría. Su pase es un poco incógnita, pues pese a que llegó por solo dos millones de euros (hoy su valor de mercado se ha multiplicado por 20), se dice que el equipo italiano se quedó con el 50% de los derechos. Rebic empezó a despuntar al final de la pasada temporada, abandonando la banda y siendo un peligro al contragolpe, certificando su gran curso destrozando al Bayern Múnich en la final de la DBF Pokal y siendo una de las sensaciones del Mundial con los cuadros de Croacia. Hoy, Rebic es la pieza que suele engranar con las dos de arriba. Suma 9 goles y 3 asistencias, números que han frenado en las últimas semanas por una lesión que le ha dejado KO.

Con él mezcla Gacinovic (24), un perfil muy distinto. Gacinovic, serbio, de aquella generación Sub20 que conquistó el Mundial en 2015 junto a Milinkovic-Savic o Zivkovic, caracolea con suma habilidad entre líneas. Es un jugador de último pase, que puede aparecer por la banda o por el centro. El sistema, donde en los costados juegan carrileros largos, hace que Gacinovic solo pueda aparecer de manera natural desde el eje de la medular. Liberado de tareas defensivas, el balcánico ha logrado 2 tantos y 7 pases de gol y su impacto sin duda ha ido mejorando con el paso de los meses. Un fichaje muy inteligente que apenas superó el millón de euros cuando solo despuntaba en la Vojvodina.

En aquella selección Sub20 no pudo estar Luka Jovic (21) porque una lesión le privó de tener actividad en los últimos meses y Paunovic decidió prescindir del chico que con 17 años entonces habría sido el jugador más joven del torneo. Jovic es quizás la estrella del equipo por su margen de proyección, por su joven irrupción y porque en él ya se han fijado todos los grandes de Europa. Bautizado desde cadete como El Falcao Serbio por sus condiciones y habilidades, no es menos cierto que hubo un momento en su hasta ahora corta carrera en el que pareció que se iba a quedar estancado en su salto al gran fútbol. Y es que no tuvo opciones en Benfica, ni en su primer equipo ni en el filial, y no fue hasta finales del curso pasado cuando empezó a demostrar que estaba en condiciones de tirar la puerta abajo.

Hoy, dice Transfermarkt que su precio de mercado es superior a 50 millones de euros. El Benfica lo fichó por 8, el Eintracht lo tiene en calidad de cedido pero también posee una opción de compra que va a realizar y que no llega a los 10. Su temporada es sensacional y sus registros ascienden a 22 goles y 7 asistencias. Aunque posiblemente, cuando leáis estos, ya los haya engordado. En Bundesliga lleva 15 dianas, a solo tres de Lewandowski, sin lanzar penaltis y habiendo jugado un tercio menos que el polaco en cuanto a minutos.

El último del Clan es Filip Kostic (26), quizás el más tapado de todos porque no juega en una posición tan adelantada para brillar. Todo pulmón, todo físico, el tercer serbio del equipo se ha adaptado desde la posición de extremo a ser un carrilero largo por la izquierda. Su precisión en el pase, su gran disparo y su físico inagotable le hacen ser el jugador nacido para jugar ahí. Sus 6 goles y sus 9 asistencias son su mejor carta de presentación. Su pase pertenece al Hamburgo, hoy en Bundesliga2, pero los de Frankfurt también tienen una opción de compra cercana a los 5 millones de euros.

Pero para orquestar todo ese mejunje, Hutter ha buscado la pieza en un francés espigado, con aspecto de todo menos de futbolista y que cuando se calza las botas es precisamente un fino estilista con alma de asesino. Si uno no ve jugar nunca a Sebastien Haller, puede pensar que es cualquier tipo de jugador menos el que realmente es. Su buen pie recuerda un poco a Kanoute. Haller costó 7 millones y hoy, siempre según Transfermarkt, su precio es de 40. A ello han ayudado sus 19 goles y 12 asistencias esta temporada. El galo parece el jugador perfecto para llevar el peso de la Francia de Deschamps, pero es muy difícil dejar de llevar al jugador con el que has ganado el Mundial, por mucho que no haya marcado un solo gol en el torneo, y más si el recambio que vas a llevar juega en un equipo de tercera fila.

La competencia en Francia es tremenda, pero en una transición justa, el delantero del Eintracht debería ser el candidato número uno para compartir delantera con Griezmann el próximo lustro hasta que alguien, con argumentos de peso, diga lo contrario. Vive el Eintracht una temporada de ensueño. Puede que solo tenga una bala, porque todo indica que este verano la espantada puede ser tremenda, para alcanzar la Champions y quién sabe si levantar un título Europeo casi 40 años después. De momento, los balcánicos no solo juegan en el campo, sino que son inseparables fuera de él y parecen reacios a romper el grupo abandonando el equipo. Pero cada jornada que pasa, eso se antoja más difícil.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Ir a la guerra con príncipes y princesas

FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images
Es mediados de marzo y el Atlético de Madrid ya se puede ir de vacaciones. Y no por el trabajo bien hecho antes de tiempo, sino todo lo contrario. Apeado en Copa del Rey por el Girona, expulsado de la Champions ante toda una Juventus, pero después de tener pie y medio en la siguiente fase, y a tres partidos del Barcelona en Liga tras exhibiciones difícilmente digeribles como las de Vigo o Villarreal antes de que el propio Barça te arrebatara la victoria en una situación en la que hace no mucho eras Matrícula de Honor.

El Atlético tiene la mejor plantilla de su vida, al menos la más talentosa, pero ni de lejos se trata del mejor equipo de sus más de 100 años de historia. El compromiso adoptado por jugadores de la talla de Villa, Raúl García o Tiago y toda su quinta, dista mucho de la situación actual, con futbolistas pensando más en lo personal que en lo individual, con otros con un tira y afloja económico y otros imaginándose ya cómo les quedará su futura camiseta. Todo ello, además, adornado por un sainete de lesiones que no ha sido más que un agujero todo el curso.

El Atlético cemento armado ha desaparecido. El unocerismo bien jugado ya existe con pinzas y lo que sucede cuando los resultados más o menos se van dando sin hacer grandes actuaciones es como cuando tu madre te dice que recojas la basura y acabas poniendo toda la porquería bajo la alfombra. Pues anoche, la Juventus miró debajo y claro, salió toda la suciedad a relucir.

En esa transición que parece obligatoria a jugar bonito por opinión pública, para nada sinónimo de jugar bien, el Atlético se ha perdido entre las carencias ofensivas y los defectos defensivos. Faltan jugadores como Arda Turan que sepan leer el momento del partido con y sin la pelota, o la mejor versión de un Filipe que este año ni está ni se le espera. A otros, como a Juanfran, el inexorable paso del tiempo les ha consumido, mucho más allá de que la temporada del lateral sea de notable alto.

El Atlético no ha encontrado esos jugadores preparados para la batalla de los planteamientos que van con su ADN. Esos que no sufren agazapados en 40 metros y brillan cuando las exigencias del guion lo permiten. El partido de ayer el Atlético lo jugó muchas veces desde que Simeone ha estado en el banquillo. Muy pocas lo perdió, pero en ninguna lo hizo como ayer, totalmente sometido y sin capacidad de reacción. Y hablamos del Barcelona de Messi, Neymar, Xavi e Iniesta o del Bayern también de Guardiola.

La pérdida de los dos capitanes e idiosincrasia del club de manera simultánea, Gabi y Torres, ha sido demasiado mal para un vestuario en el que no se ha sabido transmitir la marca Atleti. Sus salidas han cogido a contrapie a Saúl y Koke, a quienes ha pillado inexpertos, a Godín, que es un líder pero no ha mamado las rayas rojas y blancas y a Griezmann, que pese a ser resolutivo con goles esporádicos dista mucho de ser alguien a quien seguir fervientemente.

El partido de ayer no es sorpresa si uno sigue la tónica de la temporada. El Atleti, al trantran, ha sacado mejores resultados de los que dicen sus sensaciones. El cruce contra el gigante italiano viene de una jornada europea en la que no se supo rematar la primera plaza del grupo ante el Brujas, rival inferior y sin nada en juego; la Copa del Rey se perdió ante el Girona en un duelo de vuelta en el que los catalanes hicieron tres goles en tres tiros y la Liga ha sido un sinfín de tropiezos y empates en plazas donde antes ni uno se pensaba hincar la rodilla.

Los fichajes de Lemar, Gelson o Kalinic no han aportado absolutamente nada. Mención especial la del francés que, siendo el fichaje más caro de la historia del club, a día de hoy no ha demostrado un rendimiento mejor al que pudieran dar jugadores de la talla de Fran Mérida o Miguel de las Cuevas. Otros, como Arias, han sido un continuo de luces y sombras. Correa, y aquí escribe su más fiel defensor, lleva meses estancado en ese torbellino que quiere hacer a cada jugada. Saúl, quizás condicionado por el trabajo multiusos que debe hacer, jugando cada día en una posición e incluso en tres distintas en un mismo partido, está muy lejos de su mejor versión y Griezmann, a quien más responsabilidad se exige, ha aparecido mucho en partidos triviales y poco en envites necesarios.

Lo de anoche, por la trayectoria reciente, más que decepcionante era esperado, aunque no por muy posible deja de ser descorazonador. El Atlético de Simeone, bautizado como el Atleti de los violentos por aquellos a los que molestaba su imbatibilidad, nació para la guerra. Pero con el paso de los años, ha perdido lustre. Han llegado jugadores mejores. O al menos con mejor cartel. Pero muy lejos de ser jugadores aceptables para un sistema de todo o nada. No se puede ir a la guerra con príncipes y princesas.




miércoles, 6 de marzo de 2019

Paradigma Petrucci: un caso excepcional

Mirco Lazzari gp/Getty Images
Acostumbramos desde hace más de 10 años a ver más o menos las mismas caras en la parrilla de MotoGP. Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo y Valentino Rossi jugándose los títulos y las victorias con el invitado especial Casey Stoner, cuyo paso por la categoría fue tan efímero como excepcional. Qué bonito habría sido que no se retirase el canguro más rápido de la tierra porque de su talento y agresividad en pista habría nacido una posible batalla de leyenda. La que a buen seguro habríamos disfrutado con Marc Márquez.

Y es que los tiempos han cambiado y aunque Stoner y Pedrosa ya se hayan bajado de las dos ruedas, han aparecido muchachos nuevos con mucho hambre, como Maverick Viñales, al que se ha unido un Andrea Dovizioso que ha dado varios pasos adelante cuando ya casi nadie confiaba en él. La familia de Los Fantásticos ha ido ampliándose cada vez más hasta el punto que alguno se ha tenido que quedar sin moto competitiva. Hay tres equipos que brillan con luz propia. Las monturas oficiales de Yamaha, Honda y Ducati son las seis patas negras de pedigrí que separan el grano de la paja y que marcan un poco la línea. Ganar con una que no sea ellas es poco más que utópico siempre que no sea una carrera catastrófica, y a una de ellas se sube hoy Danilo Petrucci, cuyo recorrido hasta ser uno de los firmes candidatos no ha sido para nada el habitual.

La carrera hasta las motos grandes suele ser siempre más o menos la misma. 125cc y 250cc de antesala a la lucha con los mejores, convertida desde hace años en Moto3 y Moto2. Por ahí pasaron los ya citados Rossi, Márquez, Dovizioso, Pedrosa, Viñales o Lorenzo, logrando por lo general entorchados en todas las cilindradas. De los 22 pilotos que habrá el domingo en parrilla, en el primer gran premio de la temporada, todos salvo cuatro se habrán fogueado en todas las categorías inferiores antes de dar el gran salto: Crutchlow, Miller, Syahrin y Petrucci. Si bien, en el caso del malayo y el australiano, la cosa es un poco a medias, pues el primero entró al Mundial directamente en Moto2 y el aussie saltó desde Moto3 a la máxima categoría en una historia que también es difícil de ver.

Por su parte, Crutchlow encontró acomodo directamente desde las Superbikes, tras ser campeón de Supersport en 2009 y lograr un quinto puesto en 2010 en SBK en una fórmula que sí hemos visto más a menudo con las llegadas directamente desde el otro campeonato de pilotos como Toseland, Vermeulen, Hopkins, Ben Spies o Colin Edwards.

Antes de cumplir los 17 años, Petrucci se inició en el Campeonato europeo de Superstock 600. Y todo sea dicho, sus números no fueron los mejores, logrando solo cuatro victorias en los tres años que estuvo. Las consiguió todas en el último año, lo que le dio pie a escalar algún peldaño más y entrar a formar parte de la FIM Superstock en 2010, la antesala de las Superbikes. En su segundo año mantuvo una lucha maravillosa con su compatriota Davide Giugliano, que al final acabó haciéndose con el título y logrando quizás el que fuera mejor premio: un asiento en Superbikes, con la Ducati oficial como compañero de un Carlos Checa que venía de ser campeón. Vamos, la moto más competitiva de la categoría.

Petrucci, olvidado porque nadie se acuerda del subcampeón, buscó suerte en el campeonato de MotoGP, en el equipo Ioda, subiéndose a lomos de una Aprilia en lo que era un proyecto totalmente experimental que parecía no iría ir a ningún sitio. El italiano acabó el Mundial 19º, con 27 puntos, y desde entonces no ha hecho más que crecer. Nadie le ha regalado nada. Continuó así dos años más, peleando en el fondo de la parrilla y logrando resultados claramente por encima de la montura que llevaba, hasta que en 2015 Ducati y su equipo satélite llamaron a su puerta. Y eso que parecía condenado firmemente a hundirse durante un par de años en el fondo de la parrilla hasta desaparecer, como Alex Hoffoman, James Ellisson o Andrew Pitt. Pero no.

Heredando la moto que dejaba Andrea Iannone, que subía al equipo oficial, Petrucci iba a montar siempre una Desmosedici anterior al año natural pero con la que Iannone había demostrado se podían hacer cosas interesantes. Y así, en su primer año, el salto de Danilo fue mayúsculo, logrando un segundo puesto en Silverstone en una carrera bien pasada por agua en la que incluso pudo haber ganado al mismo Rossi.

En cuatro años en el equipo B de Ducati, Petrucci ha subido seis veces al cajón (cuatro veces segundo y dos veces tercero) pero todavía nunca ha conseguido ganar. Su ascenso ha sido tan notorio, que en los dos últimos años ha llevado la misma montura que los pilotos oficiales de la marca y ahora, tras cuatro años trabajando en la sombra, le ha llegado la oportunidad. Por primera vez en su vida, Danilo Petrucci, a sus 28 años, tendrá una moto pata negra, una Ducati oficial. Nadie le ha regalado nada, su camino hasta MotoGP ha sido un camino de espinas y difícil de repetir y esta temporada todas las miradas se van a centrar en él, el chico que fue capaz de bajar del sillín a uno de los fantásticos y cuyo rendimiento y regularidad todas las semanas con los mejores aún está por ver.

viernes, 22 de febrero de 2019

Aimar Centeno, al Real Madrid gracias a un reality show

Año 2002. Miles de niños de entre 12 y 17 años aguardan cola rodeando el Campo Argentino de Polo, en Buenos Aires, Argentina. Allí va a tener lugar uno de los eventos más importantes para la sociedad sudamericana de la época moderna: Camino a la Gloria, un reality show dirigido por Mario Pergolini y emitido en Canal 13. En él, un grueso número de críos tendrán que batallar para ganar el gran premio: una prueba con el Real Madrid. ¿La única exigencia?: ser el mejor de todos. Solo podrán formar parte del concurso aquellos que accedan al estadio entre las 7 y las 9 de la mañana.

Aimar Centeno, de 16 años, lleva haciendo cola con sus amigos desde las 4 de la mañana y, aun así, está muy cerca de quedarse fuera. Entra a las 8:50, por los pelos, y es uno de los 12.000 chicos entre 12 y 17 años que formará parte del programa televisivo. Para ello, se ve obligado a dejar sus estudios.

“De entre todos ustedes saldrá la estrella del futuro“, anunciaba Pergolini a los aspirantes, hambrientos de gloria, sedientos de esos talentos en fuga de una Argentina que no vivía su mejor momento social. El gancho del Real Madrid era demasiado bueno para dejarlo escapar, incluso para los que entonces simpatizaban a lo lejos con el Barcelona. A los participantes se les dividió en grupos de 12 y se les dejó únicamente 15 minutos para demostrar su valía. El primer corte lo pasaron pocos, pues de esa primera criba apenas quedaron 2.500 jugadores.

Cada lunes, tras la cena, toda Argentina se unía entorno a sus televisores para ver quién seguía y quién no en el Gran Hermano del fútbol. Tras el segundo corte, solo 400 mantuvieron intactas sus esperanzas. A medida que el torneo avanzaba el programa ganaba en audiencia, los supervivientes en ilusión. José Basualdo, Roberto Perfumo, Carlos Mac Allister y Javier Castrilli componían el jurado. Dos futbolistas internacionales con Argentina, un jugador con una experiencia dilatada en Boca Juniors y un árbitro internacional por la FIFA. Ellos decidían quién valía y quién no. Cada semana eliminaban una ingente cantidad de sueños, hasta que decidieron que la suerte iba a quedar en dos chicos: Aimar Centeno y Santiago Fernández.

Un nuevo anuncio fue hecho para promocionar entonces la gran final. Además del Real Madrid, el vencedor tendría como premio un coche y un cheque con una gran cantidad de dinero. El perdedor, que no se podía ir con las manos vacías, sería incluido en la lista de representados de Gustavo Mascardi, junto a Verón, Crespo, Sorín, Palermo, Ayala, el Piojo López, Aimar o Marcelo Salas. Aimar Centeno resultó ser el ganador.

Extremádamente tímido, cuenta Juan Pablo Meneses en su libro Niños Futbolistas, que fue llevado a su pueblo natal, Agustín Roca, en Buenos Aires, donde se le subió en lo alto de un coche descapotable para ir saludando a los cerca de 1000 habitantes que engloba el pequeño municipio. A sus 16 años, ya era la persona más célebre del lugar y, por un corto periodo de tiempo, uno de los más destacados del país entero.

Aimar Centeno, con Míchel
Tomó un avión por primera vez en su vida, junto a su padre y un conglomerado del programa, que iba a grabar el último episodio con todo lo que sucediera en la capital española. La expectación puesta en el chico era desmedida, pero ni él mismo se lo terminaba de creer. “No he podido entrar en Argentinos Juniors… ¿Y voy a pasar una prueba con el Real Madrid?”, llegó a susurrar durante el vuelo a uno de los integrantes de su séquito. Nada más aterrizar empezó toda la parafernalia. Visita al Santiago Bernabéu, donde conoció a Emilio Butragueño y Vicente del Bosque. Tour por el estadio, unas fotos en el museo y directo a la Ciudad Deportiva a entrenar. Sin tiempo de adaptación al clima español, sin descanso tras 15 horas de vuelo, sin tener siquiera en cuenta el jet lag. Iba a pasar su prueba con el segundo equipo, pero como todo estaba siendo grabado y Real Madrid TV también estaba ya en el ajo, Zidane, Figo, Ronaldo y un sinfín de estrellas de la primera plantilla desfilaron para presentarse al chico, mientras los compatriotas Solari y Cambiasso le soltaban algún chascarrillo para calmarle.

El entrenador preparó el partidillo y en la primera pelota que tocó Aimar se desfondó. Quería triunfar y puede que tuviera condiciones. Nada más recibir el balón, condujo bien, con equilibrio, balanceado hasta llegar a poner un centro con el alma en el que sintió un pinchazo. Se quedó cojeando y no pudo terminar el entrenamiento. No había pasado ni un minuto. La producción del programa se planteó hacer como si nada hubiera pasado, pero era imposible. No había otra imagen suya en el campo, había sido la única pelota que había tocado y todo el mundo vería qué había sucedido. Aimar estuvo unos días más entrenando con el Real Madrid, pero junto a los lesionados. “Después de la lesión volví a entrenar con ellos, pero psicológicamente fue demasiado“, admite él. Tuvo sus minutos de gloria en la televisión, donde llegó a compartir programa con un Fernando Torres que estaba emergiendo, apareció en portada tanto en AS como en Marca, pero como futbolista nunca nada más se supo de él.

Volvió a Argentina y allí lo fichó River Plate, también para su equipo reserva, donde compartió equipo con Radamel Falcao y Augusto Fernández. Pero apenas pudo mantenerse en el club unos meses. Fue a Rosario Central, donde volvió a tener un paso fugaz y cada vez bajando menos el listón. Su último intento de ser profesional le llegó cuando fue cortado de Chacarita. Ahí se dio cuenta que nunca iba a poder jugar en Primera División y dejó el fútbol a un lado, solo como hobby. Trabajó de conserje, de tendero, de camionero. Estuvo muchos años encargándose del reparto de Coca Cola en su zona y ahora vuelve a ser camionero. Juega para el equipo de su barrio, Origone FC, donde es la estrella destacada y cuando pasea por Buenos Aires, admite que a veces la gente le sigue reconociendo, aunque haga ya 15 años del programa y él no haya vuelto a ser una persona pública desde entonces.

Aimar, con el equipo de su pueblo


jueves, 14 de febrero de 2019

Allan Saint-Maximin y el control de la potencia

YANN COATSALIOU/AFP/Getty Images
Corría el año 2013, la Ligue One acababa de empezar y el Saint Etienne, el gigante por derecho propio de Francia aunque aletargado durante más de 30 años, vivía en una nube. La afición se había vuelto a esperanzar con un equipo que en las primeras jornadas había dejado muestras de grandeza y soñaba, si bien luchar por títulos era imposible, recoger las migajas que dejaba un PSG comandado por Ibrahimovic y compañía.

En el cuarto partido, las cosas marchaban bien para Los Verdes, aunque el Girondins de Burdeos, a quien se iban imponiendo por 2-0, estaba siendo un incordio y era cuestión de tiempo que recortaran distancias y quién sabe si no dieran la vuelta al marcador. Christope Galtier tomó una decisión. Miró al banquillo y llamó al chaval, ese de 16 años que había ido a completar convocatoria y que se movía con desparpajo por la banda derecha en los entrenamientos. Aquel día, Allan Saint-Maximin haría su debut como delantero pese a ser extremo por el perfil diestro. "Con su velocidad en las contras podemos matarles", debió pensar.

Apenas jugó cinco partidos en aquella temporada, pero el Saint Etienne acabó en una meritoria cuarta posición y Saint-Maximin dejó su sello. Iba para grande. El curso siguiente, si bien tampoco fue un jugador habitual, empezó a jugar más, siguió siendo clave en las categorías inferiores de Francia y buscó, sin suerte, su primer gol profesional. Ya estaba maduro, le tocaba dar el salto a la titularidad indiscutible con los 18 años recién cumplidos, pero entonces llegó el Mónaco, que se interesó por sus servicios y, pagando cinco millones de euros, se llevó al muchacho en su plena etapa de reconstrucción y crecimiento como club para hacerle frente al PSG.

A su llegada, el francés se encontró con la competencia voraz de un equipo que venía de haber llegado a los cuartos en Champions League. Bernardo Silva, Mbappé, Bischillia, Carrillo, Pasalic, Rony Lopes, Helder Costa e incluso Martial, que hasta final de verano no se marchó, era la competencia que aquel niño francés de 18 años tenía por delante. Por eso, tanto el club como Jardim decidieron que lo mejor era que se marchara a Alemania, al Hannover 96 para foguearse un año.

En tierras alemanas se encontró con un equipo en una dinámica malísima de resultados que perdió 23 de los 34 partidos de Liga y que descendió siendo colista con meses por terminar el campeonato. No sabía el idioma y en tan poco tiempo, ninguno de los tres entrenadores que tuvo le supo sacar rendimiento, aunque allí sí consiguió estrenarse como goleador. Alternó ambas bandas, la delantera y la mediapunta, nunca encontró estabilidad y se acabó hundiendo con el resto del equipo. La experiencia fue tan negativa que al terminar el curso y sabedor que tenía que volver a salir cedido, prefirió quedarse en Francia aunque en un equipo menor como el Bastia.

Parecía, sin duda, que Saint-Maximin había dado un gran paso atrás en su carrera, por no decir dos. Solo 12 meses antes era uno de los mejores proyectos del país y, aunque Francia seguía contando con él para el Mundial Sub20 y estaba en nómina en el Mónaco, quizás la mejor idea hubiera sido seguir jugando para el Saint Etienne. Pero no. En el Bastia, al fin con regularidad, se destapó. Jugó prácticamente todos los partidos, evolucionó físicamente y se hizo un nombre en la Liga.

Así, el Mónaco lo quería entre sus jugadores para el siguiente curso, pero él tenía otros planes. Simplemente, quería jugar y no estaba dispuesto a tener que pelear con otros jugadores que habían costado un pastizal y lo que quería pasar su bien propio era esa experiencia que te da el ser titular indiscutible. No se podía quedar un año en el dique seco y, viendo que los monegascos firmaban jugadores de la talla de Jovetic o Keita, pidió al club ser traspasado.

Contando los billetes de las fugas de Bernardo Silva, Mendy, Carrillo o Bakayoko, entre otros, muy pocos repararon en que Saint-Maximin se había marchado al Niza por 10 millones de euros. Rápido formó un tridente terrible con Plea y Balotelli. A veces en 4-4-2 y otras en 4-3-3, el francés, jugando prácticamente siempre en la banda derecha, se destapó por fin en un equipo que aspiraba a mucho más que a estar en mitad de la tabla y que seguro lo hubiera logrado de no ser por las lesiones y sanciones de Balotelli y el estado físico de un Sneijder que no pudo dar lo que se le pidió.

Pero ha sido este año, ya sin Balotelli en la plantilla, cuando Saint-Maximin ha despegado del todo. Hasta ahora había demostrado ser un portento físico de la naturaleza. Un regateador exquisito con gran cantidad de trucos pero que solía preferir tirar por lo sencillo, un simple cambio de ritmo y que su naturaleza física hiciera el resto. Y es que, el salto que ha pegado también en la definición de su cuerpo es mayúsculo. Toda esa potencia está regida ahora por una carrocería imparable.

Sin Supermario, Saint-Maximin está jugando arriba con total libertad, acompañando a un nueve más de área pero siendo él quien caracolea por todas partes del campo. Esa libertad casa a la perfección con su naturaleza de caballo desbocado. A sus 21 años, obviamente está en el mejor momento de forma conocido, pero ni de lejos está en el máximo nivel de su carrera, pues esto solo es el principio. En apenas curso y medio en Niza, el galo ha metido 11 goles y ha dado 12 asistencias.

Si bien puede que la llamada de la selección no esté cerca, pues la competencia en los puntas y jugadores de banda en Francia es voraz, Saint-Maximin sí está ya para dar el salto, o bien a uno de los grandes del país, donde salvo PSG debería ser titular indiscutible en todos, o bien a equipos con mejores aspiraciones en las ligas Top de Europa. Eso, obviamente, facilitaría también su convocatoria con la campeona del mundo. El propio Plea, que el año pasado fue su compañero, ha volado al Borussia MonchenGladbach, donde se está saliendo, pero es que el nivel de Saint-Maximin a día de hoy es incluso superior al mejor que alcanzara Plea en Niza.

En el Mónaco consideran que es una de las peores operaciones que han hecho en años. Un equipo acostumbrado a sacar gran rendimiento económico en su balance de compras y ventas que ha visto cómo uno de sus mejores activos apenas se iba por 5 millones más de lo invertido. Balotelli, por cierto, ya aseguró que en un par de años jugaría en el Real Madrid y que si no lo hacía no sería por falta de calidad. Su explosividad le hace ser diferencial. No tiene miedo.