Una de las mayores incógnitas del fútbol contemporáneo es la
de cómo no pudo destacar un futbolista como Andrej Kramarić en las filas del
Leicester City. Claro que el contexto era muy particular, con un equipo
enfilado, con la máquina engrasada y una forma de jugar de memoria que le había
llevado camino al título, pero el caso es que el croata no pudo
disfrutar de una temporada donde su equipo acabó saliendo campeón en la
mayor hazaña jamás contada en las últimas décadas y eso que su competencia, más
allá de Jamie Vardy, tampoco era la de futbolistas que hayan tenido una
carrera mejor que la del balcánico. Quizás su mejor experiencia en las Islas se
remonta a un recuerdo, a un post de Instagram, a una celebración. Porque cuando
el Leicester agarró el liderato de la Premier League allá por diciembre, fue
idea del croata (que solo había disputado 12 minutos hasta entonces y apenas
entraba en las convocatorias de Ranieri) que todos se marcharan a Dinamarca
en un viaje exprés a celebrarlo disfrazados.
El caso es que Kramarić no casó nunca con el técnico
italiano ni con el fútbol inglés. Tampoco tuvo demasiadas oportunidades
para demostrarlo, y salió al fútbol alemán, donde se ha convertido en uno de
los mejores goleadores de los últimos años, solamente frustrado por los problemas
de rodilla que le dejaron en la enfermería la mitad de la pasada temporada.
En este curso, en apenas tres partidos, ya ha sido capaz de marcar siete
goles, que casan muy bien con la forma que tuvo de cerrar el curso pasado,
con un póker de tantos que culminó con un penalti mirando al tendido que
dio la vuelta al mundo.
Kramarić es uno de esos pequeños reductos de futbolista que
hacen tener esperanza a un equipo sin tanto nombre como es su Hoffenheim,
porque podría estar perfectamente pujando por oportunidades en un equipo con
muchas más aspiraciones que la de los teutones. Capaz de jugar solo en
punta, le encanta caer a banda izquierda para aparecer por donde menos se le
espera. Una movilidad que es seña de identidad y que le ha permitido marcar
casi 80 goles (y participar en otros regalando 30 asistencias) en las cinco
temporadas completas que ha estado en el fútbol alemán, donde ha recuperado
ese olfato goleador que le llevó a ser incluso titular en Croacia eclipsando
por momentos a Kalinic y Mandzukic, y que le colocó en su día como el
traspaso más caro de la historia de un Leicester City que ese curso acabaría
campeón.
Con él lejos de la enfermería, un modesto como el Hoffenheim
puede apostar a todo lo que no sea el título de Liga. Aquel delantero que en
2018, tras el enfrentamiento en el Mundial entre Croacia e Inglaterra, la
afición de los foxes pedían recuperar pese a que su precio de venta al
público ya había ascendido a los 45 millones de su cláusula de rescisión. El
chico que esta temporada, en sus primeros compases, ya lidera la tabla de
máximos goleadores de la Bundesliga y quiere desafiar en ella a Lewandowski y
Haaland.
En una época en la que el fútbol está marcado por los niños prodigio que abandonan el nido por cantidades vergonzosamente millonarias nada más cumplir la mayoría de edad —o incluso antes—, se hace difícil ver a jugadores que, siendo aún jóvenes y estando en edad de evolución, fichen por equipos top del planeta. Quien no está instalado ya en un club de primer nivel nada más arrancar la veintena parece avocado a dar tumbos toda su vida por entidades de segundo nivel. En cambio, son muchos los que rompen el cascarón tarde y que, con un precio de mercado mucho más asequible, merecerían por méritos propios jugar en cualquier conjunto del planeta.
Es el caso de Milot Rashica, que cumplirá 24 años en unas semanas y que ha llamado a la puerta del fútbol internacional hace escasos 18 meses. Rashica es ya un ídolo en su país. Nacido en Kosovo, es evidentemente la estrella de un nuevo estado cuya independencia aún no es reconocida por más de la mitad de los países que conforman las Naciones Unidas y uno de los pocos jugadores que han optado por representar a un país con un nivel tan limitado. Porque Rashica jugó todas las categorías inferiores con Albania e incluso llegó a disputar un par de amistosos con la absoluta. Pero cuando la FIFA dio luz verde a Kosovo, también autorizó a muchos jugadores con doble nacionalidad, sin importar que hubieran tenido pasado internacional con otros países, a vestir la camiseta kosovar. Shaqiri, los hermanos Xhaka, Behrami o Januzaj podrían haber seguido el camino de Rashica o Berhisa, pero decidieron no cambiar de combinado nacional.
Rashica debutó a los 16 años en el Vushtrria de su país. En el verano de 2013, tras realizar una prueba con el Gent, decidió que aún no era tiempo de abandonar su casa y rechazó la propuesta del equipo belga para jugar en su filial. En cambio, comenzó un periplo de dos años en el torneo local, donde ganó la Liga en el primer año y donde su participación en el segundo aumentó. Nada más cumplir la mayoría de edad, un equipo acostumbrado a cazar talento precoz como el Vitesse le echó el guante y no se equivocó. Un traspaso cifrado en apenas unos 300.000 que le dio al club de la Eredivisie un rédito tanto económico como deportivo. Dos años y medio más tarde, el kosovar dejaba siete millones en las arcas del club y se marchaba con la Copa de 2017 y un registro de 15 goles en los 100 partidos que disputó en el equipo. En Holanda, Rashica jugó prácticamente anclado a la banda derecha, aprovechando su rapidez para llegar a línea de fondo y terminar las jugadas.
Pero el salto a la Bundesliga le dio un aura aún más especial y le completó como futbolista. Ha sido en el norte de Alemania donde el jugador ha llegado, de momento, a su mejor nivel y ha mostrado una mejor versión. Acostumbrado a jugar a pierna natural, a su llegada al Werder Bremen experimentó jugando a banda cambiada o en un ataque de jugadores móviles y su peligrosidad en ataque se multiplicó. Rashica, considerado extremo, es un futbolista que juega bien en todo el frente de ataque, aunque con especial preferencia al costado siniestro o directamente acompañando a un punta más corpulento.
Martin Rose/Bongarts/Getty Images
La radiografía de su estilo futbolístico se pudo apreciar en el partido que midió al Werder contra el Bayern Múnich el pasado año en las semifinales de la Copa de Alemania. Con el equipo muniqués ganando por 0-2, Rashica igualó el partido en apenas unos segundos. En el minuto 74, recibió de espaldas dentro del área, giró sobre sí mismo, sacó a Hummels de sitio y avanzó por el costado para, sin levantar ni un solo instante la cabeza, poner un balón raso al punto de penalti que Osako remató de primeras. Nada más sacar de centro, el Bayern perdió la pelota, Rashica recibió en el círculo central y comenzó una carrera vertiginosa en diagonal hacia la portería rival. Por el camino, nadie pudo alcanzarle y los que estaban delante de él, fracasaron al intentar frenar su aceleración que acabó en un cambio de ritmo que dejó a Hummels por los suelos. Cuando ya se quedaba sin ángulo, con apenas un toque, se volvió a colocar el balón, levantó por primera vez la cabeza y ajustó cruzado el cuero al único punto donde no había jugadores rivales defendiendo. Una obra de arte a mil por hora.
Rashica es un peleón empedernido, un futbolista de sangre caliente que vive de la presión, de la lucha continua y de morder cada segundo a su rival. Sus mejores actuaciones se ven a campo abierto, donde su conducción es perfecta, observa los espacios libres y los ataca sin compasión.Su velocidad con balón controlado le permite sobrepasar y dejar clavados a los rivales que le esperan sin saber cuántos cambios de ritmo le quedan aún. Aún con muchas cosas por aprender, como la asociación en corto, se trata de un jugador que está ya para bastante más. Sobre todo si tenemos en cuenta que a día de hoy, con el parón de fútbol internacional por la pandemia, el Werder Bremen está en posición de perder la categoría. Sus inicios en la Bundesliga recuerdan mucho a los de Rebic en Frankfurt y, sin duda, se trata de dos perfiles de jugador que pueden tener ciertas similitudes en cuanto al juego. Sacarle de la banda derecha ha liberado su potencial, que aún está por pulir, y le ha dotado también de una capacidad goleadora mejor de la que tenía, un aspecto que multiplica su impacto si se comprueba que el Werder Bremen es el equipo menos goleador de la competición. En estos dos años en la disciplina del equipo teutón —59 partidos—, el kosovar ha anotado 23 goles y ha dado 11 asistencias. Con el deporte totalmente paralizado —aunque la Bundesliga planea volver el 9 de mayo— y el mercado de fichajes en el limbo, el nombre de Rashica aparece ya en las agendas de varios equipos y es sin duda, en un mercado que se prevé precario, uno de los máximos agitadores para las direcciones deportivas de toda Europa. Sangre caliente para cualquier ataque.
Passlack, en la previa de un partido Champions / Maja Hitij/Bongarts Getty Images
En la temporada 2015, un joven futbolista de las categorías inferiores de la selección alemana conquistó a los ojeadores de los mejores equipos del mundo. Capitán de la Mannschaft en la Eurocopa Sub17 y el Mundial de la categoría, Felix Passlack lo tenía todo para convertirse en el próximo niño bonito del fútbol alemán, que vivía una época de bonanza maravillosa. A los Marco Reus, Gotze, Ózil, Draxler y compañía se le unían los talentos de algunos chicos que ya iban despuntando. La selección acababa de conquistar el Mundial y el relevo generacional se antojaba esperanzador. Los Gnabry, Sané, Brandt ya asomaban en la Sub21 como alternativas de futuro, pero todos ellos fueron eclipsados por el talento de Passlack.
Passlack, jugador de banda derecha, veloz, eléctrico, imprevisible. Era capaz de subir y bajar durante los 90 minutos y si la situación lo requería podía jugar por el otro costado o por el centro. Su versatilidad y su liderazgo eran impropios para un jugador de su edad, Elegido en el once ideal del torneo del Europeo juvenil aquel año, el Borussia Dortmund, que empezaba su reconstrucción tras la marcha de algunas de sus estrellas, le dio la alternativa a final de la 2015-2016.
Con solo 17 años debutó en Bundesliga. Su carta de presentación era inmejorable. En los últimos dos años jugando en el filial del equipo de Westfalia, desde la banda (a veces interior y a veces lateral) había marcado más de 40 goles y había dado más de 40 asistencias. Era crucial y así lo pareció también en sus primeros partidos con los mayores.
En el seno del club tomaron la decisión de que Passlack fuera definitivamente lateral. Daba igual el costado, él podía jugar por ambos y así no se pisaba en labores ofensivas donde había futbolistas como Gotze, Reus, Pulisic, Schürrle, Dembelé, Kawaga, Emre Mor o Bruun Larssen. Pero Passlack se quedó. Vaya si se quedó. Schmelzer, Durm, Guerreiro y Piszczeck se lo comieron en todos los frentes y al chico se le pareció olvidar saber jugar.
Tras un año con poco protagonismo, con 19 años y siendo ya internacional Sub21 se marchó cedido al Hoffenheim. Y allí, nada más llegar, el club tomó la decisión de bajarle al filial. No era lo suficientemente bueno como para jugar en Bundesliga. ¿Qué estaba pasando? Apenas jugó 200 minutos con el primer equipo. Esta temporada, en búsqueda de la recuperación del sitio, se ha ido cedido al Norwich City. La Championship quizás podía ser ideal para él, un campeonato muy físico donde desarrollar toda su velocidad... Pero su suerte ha sido otra porque tampoco ha sido válido para la segunda categoría del fútbol inglés. El chico por el que se peleaba toda Europa dos años antes no valía para Championship. Y es que, la temporada ha terminado para él habiendo jugado solo 6 minutos con el primer equipo en Liga.
Ahora, Passlack tiene que volver al Borussia Dortmund. No entra en la cabeza de nadie que pueda tener sitio en la plantilla de Lucien Favre. Pero tampoco es fácilmente explicable cómo un jugador como él, que tocó el techo con 17 años, ahora, con 21, no tenga sitio en ningún club de una mínima categoría. ¿Alguien será capaz de sacarle todo el fútbol a Felix Passlack?
La cercanía de Italia con los Balcanes y su Liga de primer nivel, suele acabar desembocando en que la mayoría de los jugadores de esos países acaben aterrizando en la Serie A. No es el caso, en cambio, de aquellos que hoy triunfan en el Eintracht Frankfurt, cuatro tipos hasta hace poco desconocidos y que se están destapando como auténticas joyas por la que los del equipo del río Meno se frota las manos porque todo indica podrán vender por un pastizal.
Son Ante Rebic, Filip Kostic, Luka Jovic y Mijat Gacinovic los protagonistas de una temporada en la que, junto a ellos, sobresale la figura de un Sebastien Haller que tiene como única pega para no ser delantero titular de Francia el no jugar en un equipo grande.
No hay sitio para todos, al menos en un mismo once titular, y eso implica que más o menos, salvo Kostic porque juega en una posición radicalmente distinta, todos vayan rotando entre sí y se vayan manteniendo frescos en una temporada que arrancó muy mal con la pronta eliminación de la Copa (donde defendían título) pero que ahora se encauza con la lucha por la Champions y los cuartos de final de la Europa League.
El Clan de los Balcanes más ese francés que habla serbio, al menos en el campo, suma 58 goles en lo que va de temporada. Además, entre ellos, se han repartido también 38 asistencias. Números de equipo grande. Cifras que, si se repitieran en algún club top europeo, tendría a sus protagonistas en boca de todos.
El primero en llegar fue Ante Rebic (25), rebotado de una Fiorentina donde nunca pareció explotar, intentando reencontrarse en Alemania con aquel jugador que sorprendió en Lezpig cuando el gigante de RedBull aún competía en la segunda categoría. Su pase es un poco incógnita, pues pese a que llegó por solo dos millones de euros (hoy su valor de mercado se ha multiplicado por 20), se dice que el equipo italiano se quedó con el 50% de los derechos. Rebic empezó a despuntar al final de la pasada temporada, abandonando la banda y siendo un peligro al contragolpe, certificando su gran curso destrozando al Bayern Múnich en la final de la DBF Pokal y siendo una de las sensaciones del Mundial con los cuadros de Croacia. Hoy, Rebic es la pieza que suele engranar con las dos de arriba. Suma 9 goles y 3 asistencias, números que han frenado en las últimas semanas por una lesión que le ha dejado KO.
Con él mezcla Gacinovic (24), un perfil muy distinto. Gacinovic, serbio, de aquella generación Sub20 que conquistó el Mundial en 2015 junto a Milinkovic-Savic o Zivkovic, caracolea con suma habilidad entre líneas. Es un jugador de último pase, que puede aparecer por la banda o por el centro. El sistema, donde en los costados juegan carrileros largos, hace que Gacinovic solo pueda aparecer de manera natural desde el eje de la medular. Liberado de tareas defensivas, el balcánico ha logrado 2 tantos y 7 pases de gol y su impacto sin duda ha ido mejorando con el paso de los meses. Un fichaje muy inteligente que apenas superó el millón de euros cuando solo despuntaba en la Vojvodina.
En aquella selección Sub20 no pudo estar Luka Jovic (21) porque una lesión le privó de tener actividad en los últimos meses y Paunovic decidió prescindir del chico que con 17 años entonces habría sido el jugador más joven del torneo. Jovic es quizás la estrella del equipo por su margen de proyección, por su joven irrupción y porque en él ya se han fijado todos los grandes de Europa. Bautizado desde cadete como El Falcao Serbio por sus condiciones y habilidades, no es menos cierto que hubo un momento en su hasta ahora corta carrera en el que pareció que se iba a quedar estancado en su salto al gran fútbol. Y es que no tuvo opciones en Benfica, ni en su primer equipo ni en el filial, y no fue hasta finales del curso pasado cuando empezó a demostrar que estaba en condiciones de tirar la puerta abajo.
Hoy, dice Transfermarkt que su precio de mercado es superior a 50 millones de euros. El Benfica lo fichó por 8, el Eintracht lo tiene en calidad de cedido pero también posee una opción de compra que va a realizar y que no llega a los 10. Su temporada es sensacional y sus registros ascienden a 22 goles y 7 asistencias. Aunque posiblemente, cuando leáis estos, ya los haya engordado. En Bundesliga lleva 15 dianas, a solo tres de Lewandowski, sin lanzar penaltis y habiendo jugado un tercio menos que el polaco en cuanto a minutos.
El último del Clan es Filip Kostic (26), quizás el más tapado de todos porque no juega en una posición tan adelantada para brillar. Todo pulmón, todo físico, el tercer serbio del equipo se ha adaptado desde la posición de extremo a ser un carrilero largo por la izquierda. Su precisión en el pase, su gran disparo y su físico inagotable le hacen ser el jugador nacido para jugar ahí. Sus 6 goles y sus 9 asistencias son su mejor carta de presentación. Su pase pertenece al Hamburgo, hoy en Bundesliga2, pero los de Frankfurt también tienen una opción de compra cercana a los 5 millones de euros.
Pero para orquestar todo ese mejunje, Hutter ha buscado la pieza en un francés espigado, con aspecto de todo menos de futbolista y que cuando se calza las botas es precisamente un fino estilista con alma de asesino. Si uno no ve jugar nunca a Sebastien Haller, puede pensar que es cualquier tipo de jugador menos el que realmente es. Su buen pie recuerda un poco a Kanoute. Haller costó 7 millones y hoy, siempre según Transfermarkt, su precio es de 40. A ello han ayudado sus 19 goles y 12 asistencias esta temporada. El galo parece el jugador perfecto para llevar el peso de la Francia de Deschamps, pero es muy difícil dejar de llevar al jugador con el que has ganado el Mundial, por mucho que no haya marcado un solo gol en el torneo, y más si el recambio que vas a llevar juega en un equipo de tercera fila.
La competencia en Francia es tremenda, pero en una transición justa, el delantero del Eintracht debería ser el candidato número uno para compartir delantera con Griezmann el próximo lustro hasta que alguien, con argumentos de peso, diga lo contrario. Vive el Eintracht una temporada de ensueño. Puede que solo tenga una bala, porque todo indica que este verano la espantada puede ser tremenda, para alcanzar la Champions y quién sabe si levantar un título Europeo casi 40 años después. De momento, los balcánicos no solo juegan en el campo, sino que son inseparables fuera de él y parecen reacios a romper el grupo abandonando el equipo. Pero cada jornada que pasa, eso se antoja más difícil.
Jovic celebra su gol contra el Schelke 04 / Alex Grimm/Bongarts/Getty Images
Llega un momento en que lo hipster está tan de moda que ha dejado de serlo para convertirse en mainstream. Es decir, lo oculto, lo difícil de ver, está tan extendido, que ha pasado a ser la corriente mayoritaria. Eso pasa en todos los ámbitos de la vida. La moda, la cultura, la música, el deporte, y cómo no, el fútbol. Eso pasa con aquellos jugadores desconocidos que, por un partido bueno o un momento puntual se convierten en promesas a ojos de un público sumido y autoconvencido de que todo lo que aparece en las redes sociales e internet es bueno, válido y verídico. Por eso, hoy está de moda ser scouter, hablar por hablar de muchachos a los que hemos visto en un retuit, de los que solo conocemos las estadísticas insulsas que ha puesto el perfil con el tic azul de turno o una recopilación de jugadas de Youtube.
Y eso le puede pasar a Luka Jovic (Bosnia, 1997), el delantero de moda entre lo que menos de moda está. No es Benzema ni Lewandowski. No tiene tanto punch como Lukaku, ni tanto nombre como Morata o Suárez. No sale en las redes sociales como Griezmann ni provoca escándalos como Icardi. Pero mete goles con una facilidad que asombra y juega y hace jugar a un equipo, el Eintracht de Frankfurt, que estaba posiblemente ante uno de los años más difíciles de su vida, tras la marcha de Kovac, la despedida oficial de Meier y las expectativas altísimas tras lo logrado el curso pasado.
A Luka Jovic todo le fue siempre muy deprisa, quizás no tomó las mejores decisiones en su paso al profesionalismo y fue uno de esos muchachos que parecía se iban a quedar estancados cuando por brillar cuatro ratitos les habían prometido todo. Difícil decir todo eso cuando, hoy, que está rompiendo estereotipos, cerrando bocas y apuntando su nombre en todas las libretas de Europa, tiene 20 años. Pero así es. Con 16 años era la panacea y el sueño dulce de decenas de equipos y con 18 tras unos meses malos ya no le quería nadie. Fútbol moderno. Nació en Bosnia, pero rápido se mudó a Serbia cuando se enroló en las filas del Estrella Roja. Su padre, Milan, también fue futbolista y jugó toda su carrera en Serbia y Rusia y empezándola en un Partizán que luego detestaría a su hijo. El primo de su padre, además, es un tal Savo Milosevic, segundo máximo goleador de la historia de Serbia y tercero con más partidos a sus espaldas.
Con cinco años comenzó a jugar en una Liga que admitía niños de hasta 12 años. Pero Jovic, siempre un superdotado para con el balón, no tardó en despuntar también con aquellos que le sacaban una cabeza y dos cuerpos, o viceversa. Por eso, después de uno de los primeros partidos, en el que anotó tres goles, al padre de Luka le ofrecieron 50€ por partido más los gastos de viajar todos los días. Allí le vio Toma Milicevic, el ojeador del Estrella Roja, que le invitó a realizar una prueba con el equipo de Belgrado.
Era 2005, Jovic tenía siete años y su padre, antiguo jugador del otro equipo de la ciudad, se puso en contacto rápido con el Partizán. "A mi hijo le quiere el Estrella Roja, si es tan bueno como ellos y yo creemos, deberíais ficharle". El Partizán ofreció un contrato de 200€ al mes, pero Luka, a esa edad, decidió que los colores de su vida iban a ser el rojo y el blanco. Se fue a la prueba desde Bosnia y cuando llegó se encontró con Nikola Zigic, la entonces estrella del equipo, firmando autógrafos entre una marabunta de niños (los que iban a hacer la prueba con Jovic). Él, centrado, no quiso perder ni un segundo de su energía en que el gigantón le estampara su sello en papel mojado. Diez minutos después, el ojeador del Estrella Roja ya le había dicho al padre que se lo querían quedar.
Batar y Belgrado están a 160 kilómetros de distancia. En coche, dos horas y media de viaje por carreteras ingobernables que obligan a cruzar el Drina. El Fiat Passat de Milan Jovic no era el más idóneo, ni el más rápido ni el mejor, pero sí el más fiable, el que nunca le dejó tirado. A veces, Luka tenía un partido en sábado con una categoría y otro el domingo. No tenía sentido recorrer la distancia cuatro veces en pocas horas. "Abatíamos los asientos y dormíamos en el coche. Fumaba para echar humo caliente y que Luka no se congelara", admite Milan. "La gente nos miraba por las ventanillas, venían agentes de seguridad para ver qué estaba sucediendo. Hasta la gente que dormía en la calle se sorprendía". Otros padres del equipo, alarmados por la situación, se ofrecieron para llevar a Luka a los partidos, para hacerle de anfitriones en ese tipo de noches.
Cuando no había cumplido aún los 16 años, Jovic era un crío con una responsabilidad enorme a sus espaldas. Nadie le metía presión, pero en el barrio ya se hablaba de él como la nueva maravilla del fútbol de los Balcanes. Su padre solo le obligaba a disfrutar de una vida que sabía pronto se le llenaría de presión por terceros. Luka no era más que un chico que se había dejado el pelo lacio porque soñaba ser como ese delantero que admiraba y veía por televisión: Radamel Falcao, que entonces asombraba al mundo con sus zarpazos en el Atlético de Madrid. No es por nada, entonces, que en su país le apoden como el Falcao Serbio.
No había ni siquiera debutado con el primer equipo del Estrella Roja cuando llegaron Borussia de Dortmund y Stuttgart a acometer su fichaje. Su padre, en busca de la felicidad y estabilidad de Jovic, que no dejaba de ser un crío, cerró todas las puertas. "No le podemos meter esa presión". Acababa de marcar un hattrick con Serbia Sub17 contra Croacia pese a tener dos años menos que todos. Tampoco se marchó entonces al eterno rival, un Partizán que lo tenía ya todo acordado para robarle al Estrella Roja a su mejor proyecto.
Pocos meses después, con 16, Paunovic le convocó para jugar con la Sub19 y también debutó como profesional. En año y medio, marcó 12 goles en la SuperLiga Serbia, siendo campeón en la 2015-2016 e hizo 26 entre la Sub 17 y la Sub19. Una lesión le privó de estar en el Mundial Sub20 de 2015 que ganó Serbia y en enero de 2016, con 18 años recién cumplidos, hizo las maletas para marcharse al Benfica y dejó el Estrella Roja, del que, de momento, ostenta el galardón a goleador más joven de la historia de la entidad.
Luka Jovic continues his amazing form:
vs Hannover ⚽️
vs Lazio ⚽️
vs Hoffenheim ⚽️🅰️
vs Fortuna ⚽️⚽️⚽️⚽️⚽️
vs Apollon ❌
vs Nuernberg ❌
vs Stuttgart 🅰️
vs Apollon ⚽️
vs Schalke ⚽️⚽️
vs Marseille ⚽️⚽️
Hay quien dice que toda una carrera de manera conservadora y cuidadosa se fue al traste cuando Jovic tomó aquella decisión, sobre todo porque lo hizo en mitad de temporada. Su fichaje se vio envuelto en un gran escándalo. Jovic tomó la decisión de marcharse en noviembre, cuando un delincuente estafador amenazó con secuestrar a su familia si no pagaba una indemnización. Pero es que, según publicó meses después Football Leaks, su traspaso no fue cristalino, pues antes de ser propiedad del Benfica, Jovic lo fue por unos días del Apollon Limasol en una operación que tenía por medio al conocido y controvertido agente Pini Zahavi. La rocambolesca situación, que se ejecutó de manera paralela a la de Zivkovic (que fichó por el Benfica desde el Partizán) se hizo así para saltarse la prohibición de la FIFA de las propiedades de terceros en forma de compra y venta de derechos federativos y deportivos.
El caso es que todo esto al serbio no le sentó nada bien, quizás porque no era dueño de su futuro. Justo en el momento en el que los jugadores necesitan minutos y dar el salto, a Jovic le entró el vértigo. Se pasó dos temporadas enteras en la grada (solo jugó cuatro partidos en dos años) y con el segundo equipo, con el que estuvo casi todo el tiempo, tampoco demostró nada. Parecía un jugador al que le había podido el pánico, una joven estrella local de Belgrado que no había superado ni la presión ni las expectativas. Los 8 millones de euros que había pagado el Benfica y los 60 millones de cláusula de rescisión se antojaban cifras tan lejanas del nivel que de verdad había mostrado en Portugal que el club lisboeta decidió cederle dos años al Eintracht de Frankfurt al que le dio una opción de compra que se estima cerca de los 10 millones para recuperar la totalidad de lo invertido y poco más.
Marcó en su debut, pero no dejó de ser un jugador revulsivo en los primeros meses. Niko Kovac alineaba a Rebic al lado de Haller, quedando el serbio para los minutos de la basura o para agitar partidos. Pero de repente, en diciembre, algo cambió. Jovic enlazó tres partidos seguidos marcando y poco a poco el técnico croata empezó a darle más minutos, pero sobre todo, más responsabilidad. A Rebic, en un estado de forma maravilloso, no se le podía sentar y a Haller, que había costado lo que había costado, tampoco. Pero es que además estaban Marco Fabián, recuperado de una grave lesión, y Boateng.
Kovac encontró la fórmula para que Jovic acabara siendo importante y, tras un gran final de temporada, el serbio acabó arrojando unos buenos nueve goles en algo más de 900 minutos de juego. Es decir, prácticamente un gol por partido. Este junio, ha debutado con Serbia absoluta, a sus 20 años, y acudió al pasado Mundial de Rusia. En las oficinas del Eintracht rápido se empezó a trabajar en hacer el contrato del jugador permanente, pero ahora lo que se negocia es pagar algo más y así eliminar la cláusula de recompra que se empeña en meter el Benfica.
Y es que aunque se antojaba este 2018-2019 un curso importante en el hacer del serbio, ha sorprendido a todos el nivel mostrado. Luka Jovic es, con 9 goles, el pichichi de la Bundesliga, empatado con su compañero Haller y con Paco Alcácer. Cinco de ellos se los hizo en un mismo partido al Fortuna Dusseldorf, convirtiéndose en el jugador más joven de la historia de la Bundesliga en hacer cinco goles en un partido. Jovic, con cinco goles, es también el máximo goleador de esta edición de la Europa League.
Pero lo que asombran ya no es solo la cantidad de goles que está haciendo, sino en qué registros los ejecuta. Tiene una facilidad maravillosa para estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. No duda, trabaja y ajusticia. Remata al primer toque, controla y dispara o define como nadie se lo espera. Está haciendo goles de cabeza, con ambas piernas (es ambidiestro), en jugada acrobática o de vaselina espectacular. Dice Zvezdan Terzic, director deportivo del Estrella Roja, que no duda se convertirá en el mejor nueve de Europa. Tampoco duda su ex compañero Boateng, que se deshace en elogios: "Es bueno con las dos piernas, va de cabeza, es inteligente. Le he visto entrenar día a día y lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores delanteros".
Dicen los reportes de los medios, que el Barcelona ya ha puesto sus miras en él, como recambio de un Suárez que si bien sigue dando tardes de gloria, no será eterno, como él mismo ha dicho. Jovic es, a día de hoy, uno de esos delanteros fichables, por los que merece la pena apostar todavía, porque no han dado el salto a un grande y porque tienen mucho más margen de progresión. Su tridente con Haller y Rebic, más las aportaciones de Gacinovic, están colocando al Eintracht segundo en la Bundesliga y de momento invictos en Europa League, con cinco victorias de cinco posibles y clasificados para las eliminatorias y con el sueño intacto de volver a tocar metal este curso tras hacerse con la Copa el año pasado. Pero, ¿Y si sale de Frankfurt y vuelve a perder sus habilidades? De momento, vive del presente y cada partido que juega se revaloriza. Tiene 20 años, y esto solo es el principio.
Hoy es uno de los delanteros de moda. Timo Werner, '9' de la selección alemana, es el punta por el que suspiran varios de los grandes de Europa. El Real Madrid, en busca de un jugador que supliera los goles del fugado Ronaldo, era el favorito en las casas de apuestas para hacerse con los servicios del teutón, que finalmente permanecerá un año más en el Leipzig, el club que le devolvió la confianza y le proyectó al primer nivel.
Pero no siempre fue así, porque Werner, de apenas 22 años, ha pasado ya por varios sube y baja en su corta carrera profesional. Y es en ese aspecto, en el de la irregularidad de un jugador joven, donde aparece cierto paralelismo con Davie Selke, ariete un año mayor que él y con quien ha compartido gran parte de su incipiente carrera. Ahora, Selke parece estancado, un delantero sin confianza que se ha ido apagando a medida que los primeros años de vida deportiva han ido pasando. Y esa es exactamente la sensación que vivió en su día Werner, que luego renacería tras cambiar de aires y llegar al equipo de la marca energética. Por eso, quizás Selke está ante la oportunidad de su vida de romper moldes. Y por eso, aunque el mercado ya haya cerrado, podría haber sido una apuesta a la baja que acabara siendo ganadora.
Selke siempre pareció ir un paso por delante de su amigo en la selección, mientras que en la Bundesliga, Werner tomó la delantera. Ambos nacieron prácticamente en el mismo lugar y con apenas 10 meses de diferencia. Mientras Werner crecía en Stuttgart, Selke lo hacía en Schorndorf, una pequeña ciudad a apenas 20 kilómetros de Stuttgart. Ambos probaron suerte en la cantera del VfB Stuttgart pero, mientras Werner era del gusto de los entrenadores (llegó a la cantera con seis años), a Selke no le dieron continuidad y fue rechazado. El golpe fue muy duro, pues Davie soñaba con ser como Mario Gómez, su ídolo, y vestir los mismos colores que él.
Probó suerte en el Hoffenheim, donde se quedó hasta los 17 años en sus categorías inferiores. Ahí apareció el Werder Bremen. Era 2013 y Timo Werner, que seguía quemando etapas en la cantera del Stuttgart, fue galardonado con la Fritz Walter Medal de oro Sub17, que le nombraba como mejor delantero de la generación. Un premio que dividió opiniones pues Alemania Sub17 venía de ser subcampeona de Europa en 2012, pero Werner, que había sido el titular, no había cuajado un buen torneo.
La 2013/2014 supuso la campaña de debut para ambos en Bundesliga. Mientras Werner lograba disputar una treintena de partidos (más de la mitad como titular) y anotaba sus primera goles como profesional (5 en Liga), además de debutar en Europa League, Selke se tenía que conformar con un papel testimonial con solo 120 minutos disputados porque esa temporada se la había pasado jugando en el filial. Por eso, al término de la temporada, la decisión de acudir a la Eurocopa Sub19 con Selke como titular levantó ampollas. En ese momento, aunque Selke hubiera rendido muy bien en la fase de clasificación, Werner estaba más hecho como futbolista. Su compañero en punta fue Mukhtar, hoy perdido en el fútbol sueco.
Selke, en un partido con el Hertha de Berlín Boris Streubel/Bongarts/Getty Images
Y como el fútbol tiene estas cosas, Alemania ganó el torneo, Davie Selke fue el Máximo Goleador (6) y se llevó también el premio al Mejor Jugador del torneo. En Bremen entendieron que la perla que tenían entre manos ya estaba preparada para dar el salto y a Werner se le cerró la puerta y su debilidad mental en se momento le jugó una mala pasada. En la 2014/2015, Selke anotó 10 goles, mientras que Werner se quedó en tres, muy lejos de lo que se le presuponía tras haber completado ya dos temporadas enteras al máximo nivel. Con todo, volvió a estar entre los premiados Fritz Walter al lograr la plata en la categoría Sub19.
Selke tomó la decisión más arriesgada de su vida cuando el Leipzig, que venía ascendiendo categorías de manera meteórica y con un proyecto ambicioso, le propuso ser su delantero estrella en Segunda División. "Quise dar un paso atrás para luego dar dos adelante, o al menos esa era la idea". El equipo de Red Bull pagó 10 millones por sus servicios y Selke respondió con otros 10 goles que le dieron el ascenso al equipo. Mientras, la otra cara de la moneda, era la de un Werner que veía cómo el Stuttgart había descendido. Los seis goles que marcó, solo ayudaron a su equipo con un punto. La situación supuso que Selke acudiera a los JJOO (donde Alemania ganó la plata) y Werner se quedara en casa.
Fue entonces cuando entró en escena de nuevo el Leipzig, que puso algo más de 12 millones para hacerse con los servicios de Timo y juntar así a los dos delanteros más prometedores del país. Werner, devaluado, necesitaba una salida urgente. El Stuttgart vio con buenos ojos el dinero para firmar jugadores de garantías para volver a recuperar la categoría y todas las partes salieron satisfechas. Y Werner la rompió. Marcó 21 goles en su primer año y eclipsó a un Selke que se quedó en un papel muy secundario, siempre en la sombra y siempre suplente. Quizás el mejor momento para ambos llegó en la victoria por 4-1 ante el Hertha de Berlín, donde sellaron la clasificación para Champions League y en la que ambos lograron un doblete. Werner debutó con la absoluta y fue a la Copa Confederaciones, mientras fue esta vez Selke quien tuvo que ver el torneo desde casa.
Había que dar un paso adelante o morir en el banquillo y Selke salió del club. Se marchó precisamente al Hertha, donde jugó Europa League y donde logró acabar la temporada con unas buenas cifras: 14 goles y cuatro asistencias. Werner, por su parte, mantuvo esas 21 dianas logradas el curso pasado, aunque el ratio de goles fue menor pues en Bundesliga solo hizo 13 de ellas y las otras las repartió en todas las competiciones. Otra vez se equilibraba la balanza.
Werner, con el Leipzig / Matthias Kern/Getty Images
Durante todo el curso, Timo Werner empezó a experimentar problemas extraños en su oído. Sufría mucho con el ruido y no podía jugar en estadios donde el bullicio era ensordecedor. Se achacó el problema a ciertos vértigos. También tuvo que sufrir la ira de las gradas. Considerado como el delantero más sucio de Alemania, tras engañar al árbitro simulando un penalti en un duelo contra el Schalke, Werner es fruto de la ira de cada campo que visita. Eso no le impidió estar en el Mundial de Rusia, donde Alemania fracasó y él en particular estuvo muy lejos de lo que se esperaba.
En pretemporada, Selke sufrió un serio percance. Chocó con Salomon Kalou. El golpe, en principio, no pareció revestir gravedad, pero con el paso de las horas la situación se fue agravando y el futbolista tuvo que ser intervenido por un fallo en el pulmón. Colapsó, no funcionaba bien y el delantero no podía respirar. Los médicos determinaron que estaría tres meses de baja, entubado interior y exteriormente. Al mes y medio ya estaba entrenando y es posible que tras el parón de selecciones pueda tener minutos por primera vez esta temporada.
Son como el agua y el aceite. Parece que se repelen y no pueden jugar juntos. Sus carreras han tenido puntos de inflexión en común y allí cuando a uno le ha ido bien, al otro le ha ido mal. Son tan distintos que seguramente sobre el campo serían totalmente complementarios, aunque de momento no hayan rendido bien como pareja (ni en Alemania Sub21 ni en el Leipzig). En términos numéricos, Timo Werner ha metido 56 goles en 184 partidos como profesional a nivel de clubes. Davie Selke ha logrado 38 tantos en 120 encuentros. El ratio gol por partido es casi idéntico.
Timo Werner es un delantero pequeñito, muy hábil y muy rápido. Encontró en el Leipzig una vía de escape cuando apuntaba a quedarse en promesa rota. Davie Selke es un delantero altísimo, de 1'93m de altura a quien se compara con Miroslav Klose, aunque él prefiera ser vinculado a Mario Gómez. Es un jugador de área. Según Transfermarkt, Werner tiene un valor de mercado de 60 millones de euros, mientras el de Selke es de 12. Pero en el fútbol, muchas veces, necesitas tener la fortuna de cara. Y lo que hoy está arriba, mañana está abajo. Sin duda, Davie Selke es un delantero por el que apostar, porque si Werner, su 'hermano futbolístico', es ahora uno de los arietes más cotizados del mercado, ¿por qué no va a serlo ese que siempre ha ido a la par con él?
No te culpes si hasta ahora no has oído hablar de Aymen Barkok. Pero sí, hazlo si desde ahora, tras leer esto, no apuntas su nombre en tu agenda y lo grabas en tu memoria. El Eintracht Frankfurt tiene entre manos a una de las perlas con más talento surgidas desde la Bundesliga en los últimos años. Hasta hace unos días prácticamente desconocido, desde que Barkok debutara el pasado día 20 de noviembre su figura no ha dejado de ser el centro de todas las miradas. Desde entonces, 103 minutos repartidos en cinco partidos en la Bundesliga, con dos goles anotados y una asistencia. Y es que Barkok sólo necesito 15 minutos en la primera división alemana para hacer su primer gol como profesional, que fue en el descuento y sirvió para llevar los tres puntos a Frankfurt en un duelo ante el Werder Bremen tras un buen disparo con su pierna mala, la zurda.
Aymen Barkok (Alemania, 1998) nació en la misma ciudad de Frankfurt. De padre y madre marroquí, rápido se enroló en las filas del equipo de las águilas, del que es fan incondicional. Desde bien pequeño, el club germano supo que entre sus manos había una perla en ciernes, aunque todo se pudo terminar hace dos años, cuando Barkok se rompió el ligamento cruzado de su rodilla. El Frankfurt le trató como a un jugador de la primera plantilla, pese a ser apenas un juvenil de primer año y el chico se rehabilitó de todas todas. Tanto que su irrupción tras la lesión con el equipo juvenil fue excepcional y la selección alemana decidió convocarle para los compromisos Sub19.
En octubre de 2016 firmó su primer contrato profesional, asegurándose su permanencia en el Eintracht al menos hasta 2020. Los alemanes consiguieron así alejar a los equipos potentes del país, que ya habían puesto sus ojos en él tras su buena, aunque breve, puesta en escena con los equipos inferiores de la Mannschaft.
Barkok es un futbolista peculiar aún por definir. A sus 18 y con 1'88 de estatura es un jugador con mucho talento que juega como mediocentro con libertad, Su buen toque de balón le permite jugar también en banda. Y es que su habilidad con el cuero es su principal virtud, aunque pueda ser también hoy su punto flojo. Barkok pisa la pelota como los ángeles, de una forma inusual en el fútbol contemporáneo. Sus movimientos con el balón son continuos y vertiginosos, de un estilo similar al que se practica en certámenes de FreeStyle.
Es por eso que hace con la pelota cosas que los demás ni imaginan. Pero todo tiene un pero. Su abuso de su prodigiosa técnica a veces le juega malas pasadas. Tarda en descargar el balón a sus compañeros y su confianza en su regate le puede llevar a su pérdida. El abuso de su técnica de cara a la galería podría no ser tan positivo si deja de ser efectivo. Se nota que su fútbol base fue el fútbol indoor, donde jugó para el Eintracht de Frankfurt en una modalidad de fútbol sala sin fueras y con paredes hasta los 14 años. En espacios cerrados, reducidos, sacó a relucir toda su técnica.
Aún tiene mucho que pulir y, sobre todo, aclarar las cosas. Casi por defecto, los jugadores técnicos de ascendencia de países magrebíes tienen un perfil parecido, son excepcionales cuando rayan a su máximo nivel, pero suelen ser tan duraderos como las burbujas del champán. Ben Arfa, Feghouli, Aissadi, Mahrez o Affelay saben de lo que hablo. Barkok ha sido ya tanteado por la selección Sub20 de Marruecos, aunque aún no ha debutado ni con Alemania ni con la propia Marruecos de forma absoluta, por lo que aún tiene tiempo para decidir su futuro.
Su potente físico le hace ser un buen jugador para la transición defensa-ataque y su buena visión de juego le hace proveer de un notable último pase, pero de igual manera tiene que trabajar los movimientos y automatismos para engranar en la defensa. Su golpeo de balón es muy técnico, preciso y trabajado. Así, golpea las faltas a las mil maravillas (sí, son dos goles distintos y aquí, otro) y su disparo lejano es potente y peligroso. Los últimos minutos del partido jugado contra el Borussia Dortmund gustaron a la afición, que se terminó de encandilar por un chico al que casi ni han visto y le dejó a Niko Kovac las cosas claras. Barkok ya está para pelear en grandes plazas.
Las grandes marcas ya se han percatado de su incidencia en el fútbol teutón y ha sido Adidas quien se ha adelantado en firmar su imagen. Tampoco han estado lentos los agentes, y el germano-marroquí ha cedido la gestión de su carrera a la empresa Rogon, que tiene en cartera a jugadores de la talla de Draxler, Vieirinha, Otavio, Firmino, Max Meyer, Ricardo Rodríguez o Luiz Guistavo.
Cuando Alex Meier decida colgar las botas, si es que eso sucede algún día, su imagen pasará a formar parte de una de las columnas que sostienen la estación de Metro de Willy Brandt Platz, en el corazón de Frankfurt del Meno. O al menos debería. Y es que bajo la tierra, la figura de los jugadores más ilustres que han jugado en el equipo de las águilas como Jay Jay Okocha o Anthony Yeboah se dibujan en cada una de los pilares de la hilera de columnas que sostienen la parada.
Alex Meier (17 de enero de 1983, Alemania) desarrolló su carrera juvenil en las filas del Hamburgo. Cuando cumplió la mayoría de edad, un equipo ilustre como el St. Pauli, rival directo del equipo del propio Hamburgo, hizo todo lo posible por hacerse con sus servicios. Meier, una de las promesas de la cantera alemana, había perdido comba en los últimos meses y vio viable un traspaso a un club que no le alejaría de casa y cuyo primer equipo disputaba la Bundesliga. Tal fue su adaptación y su resurgir que a final de temporada aparcó el equipo juvenil y debutó en la primera división alemana, aunque la mala fortuna acabó con el equipo perdiendo la categoría. Ya con 19 años, su papel en la Bundesliga 2 fue crucial, permitiendo que el Hamburgo decidiera repescarle y llegando a ser el mediapunta titular de la Sub21.
Pero las cosas entre club y jugador nunca parecían arrancar, y tras un año donde volvió a intercalar minutos (pocos) entre primer equipo y juvenil, el Eintracht de Frankfurt, que había iniciado un proyecto de regreso a la Bundesliga, apostó por él. Meier siempre fue un mediocentro llegador. Su 1'98m de altura le hacían ser un gran cabeceador y un bastión en la medular. Trotón, un jugador lento, de ida y vuelta. No derrochaba calidad, pero no estaba para nada exento de ella y su físico desgarbado le hacía parecer a veces un jugador que no era, torpe y falto de cualidades.
Desde su aterrizaje en Frankfurt hace 12 años, Alex Meier ha sido siempre el jugador más importante del equipo. En su primer curso, los diez tantos logrados por él propulsaron rápidamente al equipo a la Bundesliga. En sus siete primeras temporadas manejó registros goleadores que se movían entre los tres y los 12 tantos. Fue justo en la 2010-2011, cuando una lesión le apartó del equipo casi la mitad de los partidos, cuando su aportación se redujo a sólo dos dianas y el Eintracht perdió la categoría.
El descenso provocó que las águilas se quedaran cortos de delantera y fue ahí cuando el técnico Armin Veh le propuso al ya capitán Meier cambiar su posición. El resultado no pudo ser más positivo. Meier se erigió como líder goleador, como punta de lanza, como un killer silencioso dentro del área, y ya nunca ha bajado de los 15 tantos por temporada. Entonces, logró ser el máximo goleador de la Bundesliga2, devolviendo al club a primera división.
El año de su retorno a la máxima división, el E. Frankfurt acabó en puestos de honor, logrando la clasificación para jugar Europa League el curso siguiente. La 2014-2015 supuso el mejor momento de forma de su carrera. Una temporada mágica que acabó algo pronto para él, pues en abril se lesionó de gravedad de la rodilla y no pudo volver a los terrenos. Acabó su campaña dos meses antes que el resto con 19 goles, siendo el máximo goleador del torneo pese al problema de rodilla. Lewandowski y Aubameyang intentaron hasta la última jornada dar caza al alemán, aprovechando su ausencia, pero nunca lo lograron.
La lesión, eso sí, le privó de jugar por primera vez en su vida con el equipo absoluto de Alemania, toda vez que Joachim Low le tenía ya en su agenda y había decidido convocarle para los compromisos de clasificación para la Eurocopa 2016. Las lesiones han lastrado sus últimas dos temporadas. Y es que el año pasado fue en febrero cuando un nuevo problema de rodilla le dejó en el dique seco, provocando que el Eintracht acabara la temporada en puestos de promoción y privándole a él de forma particular de luchar por revalidar su título individual.
Este año, Alex Meier ha vuelto por sus fueros. O lo que es lo mismo, ha sabido mantener su nivel y ha sabido esquivar las lesiones. El Eintracht de Frankfurt está cuajando una temporada soberbia, a sólo tres puntos del Bayern de Múnich y a seis del líder, el sorprendente Leipzig. Y todo, en parte, gracias a Alex Meier, el águila indomable de Frankfurt. El corazón de león de una ciudad que respira fútbol por los cuatro costados.
Thomas Tuchel seguía fielmente los pasos de Jurgen Klopp en el Mainz, ¿Por qué no iba a funcionar entonces en Dortmund?. Tras siete años en el banquillo de Westfalia, el divorcio entre Klopp y el Borussia era una situación tan conocida como necesaria. Hay veces que la goma, por mucho que se estire, no da más de sí. Incluso aunque ese largo sea muy profundo. La ruptura, consentida por ambas partes y reconocida como idílica, traía entonces un panorama oscuro tanto para el técnico como para el club. ¿Quién llegaría al banquillo del Signal Iduna Park? ¿Hacia dónde iría el técnico de las gafas y la gorra?. Jurgen se tomó un año sabático y el Dortmund decidió por repetir la fórmula que tanto éxito había dado: firmar a un técnico que lo había hecho de forma sensacional con el Mainz.
Aunque existan matices que ayuden a la comparación, Tuchel y Klopp son radicalmente opuestos. En un año que se imaginaba de desbandada para el club amarillo, Thomas consiguió calmar las ansias y, tras hablar con los capos del vestuario, logró recuperar la ilusión de una plantilla sabedora de que deberían hacer todo perfecto y rezar para que su rival, el Bayern de Múnich, no se coronara en la Bundesliga. Así, cuando se pregunta a Hummels, Weindefeller o Reus por qué no salieron este año del Borussia, la respuesta siempre es la misma: Thomas Tuchel.
Así, con la base del Dortmund de Klopp como cimiento fuerte, Tuchel comenzó a dotar de su propio sello al Borussia, igual que hiciera con el Mainz. Curiosamente, allí adquirió ciertos vicios casi excéntricos que ahora exporta a los clubes allá donde va. Uno de ellos, quizás el más curioso, tiene lugar en las comidas. Cuando la plantilla se concentra, bien en pretemporada o bien antes de los partidos, tienen como obligación comer todos juntos, en un banquete que dura cerca de tres cuartos de hora y nadie empieza hasta que el propio Tuchel da el pistoletazo de salida: "Buen provecho". Adquirió esa manía en las primeras semanas en Mainz. "Me daba cuenta de que cada uno iba a su aire. No había empezado con el primer plato cuando la mitad de la plantilla ya se había levantado de la mesa". Una forma para unir a los jugadores y disfrutar de la convivencia, entablar lazos que luego se proyectan sobre el campo.
Tampoco existen hoy en Dortmund los saludos extravagantes o informales. Nada de '¡Ey tío!'. Desde que Tuchel está en el banquillo, es obligatorio un fuerte apretón de manos mientras se mira a los ojos al compañero al que se saluda. Jugador retirado a los 24 años por una lesión de rodilla, Tuchel comenzó rápido su carrera como entrenador. Cierto es que acudió a la universidad sin éxito, matriculándose hasta en dos disciplinas distintas, pero acabó decantándose por el fútbol y los banquillos. Graduado como el primero de su promoción en el curso de entrenador de todo el país, sus técnicas innovadoras gustaron mucho en la federación.
Una de ellas, quizás la más llamativa, es que nunca entrena en un campo de fútbol completo. Siempre existe algún componente que le hace variar la forma o las dimensiones del césped. Curioso fue el caso en sus primeros entrenamientos con el Mainz. Harto y cansado de pedir a sus jugadores que jugaran por el centro y no abrieran a las bandas sin éxito, decidió acortar el verde. Eliminó las bandas, cortando el campo como si fuera un diamante, obligando a sus jugadores a jugar en una dimensión totalmente nueva. Un juego que, por cierto, hoy despliega el Dortmund con gran maestría. Reus es mucho más peligroso tirando diagonales por el centro, asociándose con Kagawa. Ni hablar de Mhkitaryan. El mayor problema del armenio siempre fue su incapacidad para llegar a línea de fondo y su velocidad para jugar como extremo. Ahora, como falso jugador de banda, sus números mejoran, su juego crece. Los laterales, con campo entero para correr, disfrutan y llegan con peligro a los últimos metros.
Otro de sus entrenamientos más célebres sucedió nada más aterrizar en el Signal Iduna Park. Cansado de tanto fútbol, quizás, llamó a filas a sus chicos y se los llevó a practicar con el Alba Berlín de baloncesto en un entrenamiento conjunto en el que mezclaron de todo. Algunos protestaron, como el juvenil que le dice a su entrenador que no le gusta la parte física del entrenamiento porque eso es fútbol, no atletismo. Nombres propios como Subotic se rebelaron, pues nada tenía que ver aquello con el balompié. Nuevas 'formas de pensamiento' llama a ello Tuchel. Todos los deportes de equipo están conectados en algún momento y quería que sus chicos conociesen otras técnicas de trabajo, que viesen su deporte desde otro punto de vista.
Este Dortmund se cimenta sobre un centro del campo fuerte y potente. El joven Weigl juega junto a Gundogan (en una versión muy notable) en un doble pivote. Mkhtaryan, Kagawa y Reus forman la línea de mediaspuntas. La posesión como fin a algo. El juego del Dortmund es rápido, dinámico, no más de dos-tres toques por jugador y buscar rápido la velocidad de un Aubameyang que está de dulce.
Tuchel está escribiendo su nombre en el fútbol alemán y con algo de fortuna comenzarán a llegar los títulos para el Borussia. Sus métodos asombran a sus homólogos y se le ha considerado un revolucionario en los banquillos. Es uno de los favoritos para dirigir a la selección cuando se tenga que dar un relevo generacional. De momento, el Dortmund disfruta del nuevo ideólogo de los banquillos.