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jueves, 18 de febrero de 2021

La perla de la semana: Amine Gouiri

CLEMENT MAHOUDEAU/AFP via Getty Images

Hay jugadores que nunca llegan a dar el salto esperado porque en el momento idóneo, todo se tuerce. Una lesión que deja unas secuelas enormes y se corta la progresión de algunos de los mejores talentos del panorama juvenil. No ha sido ese el caso de Amine Gouiri, que en la búsqueda de la gloria personal, eso sí, tuvo que hacer las maletas y abandonar su Lyon natal para labrarse una carrera profesional.

Porque de entre todas las cosas inexplicables que tiene el fútbol moderno, una que llama poderosamente la atención es precisamente cómo el Olympique de Lyon apenas le dio oportunidades al que ha sido uno de los mejores talentos de su academia de siempre. La prolífica cantera lionesa ha sacado a relucir en los últimos tiempos a jugadores como Tolisso, Martial, Benzema, Bern Arfa, Fekir, Umtiti o Lacazette. Hoy, Cerki y Aouar son los máximos exponentes de ella. De todos ellos, prácticamente ninguno tuvo en edad juvenil un impacto tan elevado como el que dejó Gouiri en su época en las categorías inferiores. En cambio, todos los antes citados tuvieron más oportunidades en el primer equipo que el hoy delantero del Niza.

Y es que, el jugador que había sido Máximo Goleador de la Eurocopa Sub17 de 2017 y uno de los máximos anotadores en la historia de Francia Juvenil (ha metido 45 goles en 52 partidos desde la Sub16 hasta la Sub21) se rompió la rodilla en el momento en el que tenía que dar el salto. Era el verano de 2018. El Lyon se había quedado sin Mariano como delantero y ponía toda su fe en Gouiri, un chico de apenas 18 años, que ya había jugado una decena de partidos como profesional con el primer equipo pese a ser menor de edad, y que era la mayor perla del fútbol galo. Pero todo se torció cuando en agosto Gouiri se rompió el ligamento cruzado de su rodilla y no volvió a jugar en toda la temporada. El último día de mercado, el Lyon firmó a Mousa Dembélé y al canterano se le pasó la oportunidad. Porque para cuando se recuperó, ocho meses más tarde, su sitio estaba ocupado por un delantero que había costado más de 20 millones de euros. 

A Gouiri se le cerraron todas las puertas. En la 2019-2020 estuvo siempre relegado al segundo equipo. La llegada de Ekambi le terminó por desterrar a un rol más que secundario, pues apenas disputó cinco partidos con el primer equipo, un total de 109 minutos que se antojaba corto. Había pasado más de un año y medio sin tener minutos con el primer equipo y cuando los tuvo fueron siempre residuales. El poco tiempo del que dispuso auguraba algo normal para estas categorías. Simplemente, Gouiri se había quedado estancado. Quizás no era lo suficientemente bueno como para destacar en el fútbol profesional, o quizás simplemente la lesión le había cortado la progresión y no era el mismo jugador que se recordaba antes. Pero esa segunda afirmación no tenía sentido alguno. Desde la lesión, había jugado 14 partidos con el filial, en los que había metido 10 goles, además de tres tantos en cuatro partidos de Uefa Youth League. ¿Por qué nadie le daba la oportunidad?

A río revuelto, el mejor pescador fue el Niza. Porque ante la negativa del Lyon de dar la alternativa a su canterano (a Ekambi, Depay y Dembélé se sumaba ahora Kadewere en la competencia, además de Cornet), el Niza ofreció a Gouiri la oportunidad de ser importante en la máxima categoría. El traspaso se cerró por siete millones de euros, una cifra baratísima si se tiene en cuenta el rendimiento que está dando un jugador al que, simplemente, nunca le dieron oportunidades.

Desde la delantera o arrancando desde la izquierda, en un parecido razonable con aquel David Villa de los años del Barcelona y la plenitud de la selección española, a Gouiri se le están cayendo los goles de los bolsillos y está siendo un generador continuo de peligro, ocasiones y espacios. El Niza ha hecho con él uno de los fichajes más acertados del verano, posiblemente el más rentable de su historia, y ahora se frotan las manos sabedores de que el día que Gouiri salga del equipo tendrán un botín considerable. 

En esta su primera temporada como profesional, Gouiri suma 12 goles y cinco asistencias en 30 partidos. Unas cifras a tener muy en cuenta para un jugador que el pasado martes cumplió 21 años que alterna entre la delantera, donde acompaña a un jugador más de área como Dolberg, y la banda izquierda. Gouiri caracolea por todo el frente de ataque, ataca muy bien el espacio cuando un compañero fija al rival y posee un muy buen juego de pies que le permite, además de asociarse, buscar también el disparo de media distancia. Es él uno de los atractivos de esta Ligue One, así como como lo ha sido de la Europa League, donde metió cuatro goles en sus primeros cuatro partidos, pero que no han servido al equipo galo para pasar de ronda. Sin duda, lo mejor, es que nunca se ha resentido de aquella lesión de rodilla. No ha recaído ni ha dudado. Nunca necesitó readaptación. Y ahora, el Lyon puede estar tirándose de los pelos por haber dejado escapar a uno de sus mejores talentos de siempre. Argelia, además, de donde posee nacionalidad, está ya al acecho de un jugador que lo ha sido todo en selecciones inferiores pero que nunca ha jugado con la absoluta.

Ficha

Nombre: Amine Gouiri.
Nacionalidad: Francesa/Argelina.
Edad: 21 (16/02/2000).
Equipo: OGC Nice.
Debut profesional: 17 años y 183 días.
Posición: Segundo delantero/Extremo izquierdo.
Pie hábil: Derecho.
Altura: 1'80m.
Peso: 72kg.
Representante: Alain Miggliacio.
Contrato: 30 de junio de 2024.
Internacional: Sub16, Sub17, Sub18, Sub19, Sub20, Sub21.

jueves, 14 de febrero de 2019

Allan Saint-Maximin y el control de la potencia

YANN COATSALIOU/AFP/Getty Images
Corría el año 2013, la Ligue One acababa de empezar y el Saint Etienne, el gigante por derecho propio de Francia aunque aletargado durante más de 30 años, vivía en una nube. La afición se había vuelto a esperanzar con un equipo que en las primeras jornadas había dejado muestras de grandeza y soñaba, si bien luchar por títulos era imposible, recoger las migajas que dejaba un PSG comandado por Ibrahimovic y compañía.

En el cuarto partido, las cosas marchaban bien para Los Verdes, aunque el Girondins de Burdeos, a quien se iban imponiendo por 2-0, estaba siendo un incordio y era cuestión de tiempo que recortaran distancias y quién sabe si no dieran la vuelta al marcador. Christope Galtier tomó una decisión. Miró al banquillo y llamó al chaval, ese de 16 años que había ido a completar convocatoria y que se movía con desparpajo por la banda derecha en los entrenamientos. Aquel día, Allan Saint-Maximin haría su debut como delantero pese a ser extremo por el perfil diestro. "Con su velocidad en las contras podemos matarles", debió pensar.

Apenas jugó cinco partidos en aquella temporada, pero el Saint Etienne acabó en una meritoria cuarta posición y Saint-Maximin dejó su sello. Iba para grande. El curso siguiente, si bien tampoco fue un jugador habitual, empezó a jugar más, siguió siendo clave en las categorías inferiores de Francia y buscó, sin suerte, su primer gol profesional. Ya estaba maduro, le tocaba dar el salto a la titularidad indiscutible con los 18 años recién cumplidos, pero entonces llegó el Mónaco, que se interesó por sus servicios y, pagando cinco millones de euros, se llevó al muchacho en su plena etapa de reconstrucción y crecimiento como club para hacerle frente al PSG.

A su llegada, el francés se encontró con la competencia voraz de un equipo que venía de haber llegado a los cuartos en Champions League. Bernardo Silva, Mbappé, Bischillia, Carrillo, Pasalic, Rony Lopes, Helder Costa e incluso Martial, que hasta final de verano no se marchó, era la competencia que aquel niño francés de 18 años tenía por delante. Por eso, tanto el club como Jardim decidieron que lo mejor era que se marchara a Alemania, al Hannover 96 para foguearse un año.

En tierras alemanas se encontró con un equipo en una dinámica malísima de resultados que perdió 23 de los 34 partidos de Liga y que descendió siendo colista con meses por terminar el campeonato. No sabía el idioma y en tan poco tiempo, ninguno de los tres entrenadores que tuvo le supo sacar rendimiento, aunque allí sí consiguió estrenarse como goleador. Alternó ambas bandas, la delantera y la mediapunta, nunca encontró estabilidad y se acabó hundiendo con el resto del equipo. La experiencia fue tan negativa que al terminar el curso y sabedor que tenía que volver a salir cedido, prefirió quedarse en Francia aunque en un equipo menor como el Bastia.

Parecía, sin duda, que Saint-Maximin había dado un gran paso atrás en su carrera, por no decir dos. Solo 12 meses antes era uno de los mejores proyectos del país y, aunque Francia seguía contando con él para el Mundial Sub20 y estaba en nómina en el Mónaco, quizás la mejor idea hubiera sido seguir jugando para el Saint Etienne. Pero no. En el Bastia, al fin con regularidad, se destapó. Jugó prácticamente todos los partidos, evolucionó físicamente y se hizo un nombre en la Liga.

Así, el Mónaco lo quería entre sus jugadores para el siguiente curso, pero él tenía otros planes. Simplemente, quería jugar y no estaba dispuesto a tener que pelear con otros jugadores que habían costado un pastizal y lo que quería pasar su bien propio era esa experiencia que te da el ser titular indiscutible. No se podía quedar un año en el dique seco y, viendo que los monegascos firmaban jugadores de la talla de Jovetic o Keita, pidió al club ser traspasado.

Contando los billetes de las fugas de Bernardo Silva, Mendy, Carrillo o Bakayoko, entre otros, muy pocos repararon en que Saint-Maximin se había marchado al Niza por 10 millones de euros. Rápido formó un tridente terrible con Plea y Balotelli. A veces en 4-4-2 y otras en 4-3-3, el francés, jugando prácticamente siempre en la banda derecha, se destapó por fin en un equipo que aspiraba a mucho más que a estar en mitad de la tabla y que seguro lo hubiera logrado de no ser por las lesiones y sanciones de Balotelli y el estado físico de un Sneijder que no pudo dar lo que se le pidió.

Pero ha sido este año, ya sin Balotelli en la plantilla, cuando Saint-Maximin ha despegado del todo. Hasta ahora había demostrado ser un portento físico de la naturaleza. Un regateador exquisito con gran cantidad de trucos pero que solía preferir tirar por lo sencillo, un simple cambio de ritmo y que su naturaleza física hiciera el resto. Y es que, el salto que ha pegado también en la definición de su cuerpo es mayúsculo. Toda esa potencia está regida ahora por una carrocería imparable.

Sin Supermario, Saint-Maximin está jugando arriba con total libertad, acompañando a un nueve más de área pero siendo él quien caracolea por todas partes del campo. Esa libertad casa a la perfección con su naturaleza de caballo desbocado. A sus 21 años, obviamente está en el mejor momento de forma conocido, pero ni de lejos está en el máximo nivel de su carrera, pues esto solo es el principio. En apenas curso y medio en Niza, el galo ha metido 11 goles y ha dado 12 asistencias.

Si bien puede que la llamada de la selección no esté cerca, pues la competencia en los puntas y jugadores de banda en Francia es voraz, Saint-Maximin sí está ya para dar el salto, o bien a uno de los grandes del país, donde salvo PSG debería ser titular indiscutible en todos, o bien a equipos con mejores aspiraciones en las ligas Top de Europa. Eso, obviamente, facilitaría también su convocatoria con la campeona del mundo. El propio Plea, que el año pasado fue su compañero, ha volado al Borussia MonchenGladbach, donde se está saliendo, pero es que el nivel de Saint-Maximin a día de hoy es incluso superior al mejor que alcanzara Plea en Niza.

En el Mónaco consideran que es una de las peores operaciones que han hecho en años. Un equipo acostumbrado a sacar gran rendimiento económico en su balance de compras y ventas que ha visto cómo uno de sus mejores activos apenas se iba por 5 millones más de lo invertido. Balotelli, por cierto, ya aseguró que en un par de años jugaría en el Real Madrid y que si no lo hacía no sería por falta de calidad. Su explosividad le hace ser diferencial. No tiene miedo.

martes, 29 de septiembre de 2015

Ben Arfa, el Balón de Oro que no quiso ser






  

Cuando la cabeza no juega al mismo nivel que tus pies, las posibilidades de convertirse en jugador olvidado, en juguete roto y en eterna promesa son altísimas y es común que los buenos partidos acaben escondidos en un baúl de los recuerdos. Y eso le sucede a Hatem Ben Arfa (28 años, Francia), que ahora anda buscando en Niza subirse a su último gran tren del éxito. No hay más que ver que hace nueve meses pensó colgar las botas definitivamente cuando la FIFA le dejó seis meses en la nevera sin poder competir por problemas burocráticos para comprobar lo ordenada que está su cabeza. Y es que, tras haber jugado con dos equipos en una misma temporada (Hull City y Newcastle Sub21), su fichaje por el Niza quedó en el limbo y tuvo que estar desde navidades parado.

Y es ahí precisamente ahora, en la ciudad francesa, donde el galo de ascendencia tunecina ha recuperado su mejor versión en el inicio de su primera temporada con los colores del Niza. Es santo y seña del equipo, tiene total libertad en una posición de falso delantero que le permite moverse con peligro por todo el frente de ataque y desquiciar a los rivales. Ben Arfa es desde hace unas semanas uno de los protagonistas de las redes sociales que hoy en día dominan el mundo. Su nombre aparece como Trending Topic cada vez que sale al campo y sus goles son colgados en la red como Vines saltándose las leyes de copyright de una Ligue 1 que no da a basto para borrar las reproducciones de sus regates. La última ante el Saint Etienne, donde con dos obras de arte su nombre volvió a tipearse en los teclados de todo el mundo. El primero, con una perfecta volea ante la que nada pudo hacer el portero del equipo francés; el segundo, en su especialidad, arrancando desde lejos con regates imposibles que en sus botas parecen sencillos y dejando hasta a cinco rivales por el camino en su continuo zigzag que sólo terminó cuando batió al meta con su pierna menos buena. El Genio, El Monstruo, calificaban los tabloides galos el actual nivel de Ben Arfa.


No es la primera, ni será la última, jugada maradoniana de este mediapunta zurdo que de vez en cuando suelta latigazos con ambas piernas. Lleva la pelota cosida a su pie como pocos, elegante, con buena zancada, y de sus tacos salen algunos de los mejores trucos de magia vistos sobre el césped. Este gol suyo ante el Blackburn estuvo en la pelea por el Premio Puskas al mejor tanto del año en 2012, también lo mereció el día en que dejó a cada jugador del Bolton que salió a su paso sentado en el verde antes de marcar. Destaca su disparo desde el borde del área tan colocado como potente, que le hace engordar cada temporada su registro goleador. ¿Entonces, por qué no es uno de los mejores jugadores del mundo? ¿Por qué incluso, muchos de los que son conocedores del fútbol con pinzas, ni siquiera han oído hablar de él? ¿Por qué si sus apodos son 'El Maradona francés' y 'El Geordie Messi' juega en un equipo menor en una liga como la francesa en vez de disputar la Champions League todos los años?

Y es que al fútbol se juega con los pies y con la cabeza. Y sin lo segundo, poco importa lo que hagan los primeros. Ahí radica el obstáculo matriz de Ben Arfa. Chico problemático desde su infancia, crecido en un barrio marginal, hijo de inmigrantes en un entorno para nada favorecedor, el pequeño Hatem nunca pudo tener una niñez tranquila, como mostró ya en aquel encontronazo en Clairefontaine con Diaby cuando ambos no eran más que unos críos. Clairefontaine, la casa de la Federación Francesa de Fútbol, es una residencia a la que acuden los mayores talentos del fútbol galo cuando son aún menores de edad. Un centro de entrenamiento y convivencia por donde han pasado jugadores de la talla de Platini, Zidane, Henry, Deschamps, Blanc o Thuram, y donde consideran a Ben Arfa como uno de los mejores proyectos que tuvieron nunca.

Allá por 2003, con sólo 16 años, Ben Arfa empezó a estar en boca de todos. Hacía un año que había firmado por el Olympique de Lyon, en cuya cantera seguía su formación, pero su hacer con las categorías inferiores de la selección francesa no le dejaban pasar desapercibido. Un año más tarde, con 17, debutó con el primer equipo del Lyon y proyectó su nombre en el panorama mundial con la consecución de la Eurocopa Sub 17 en una final ante España que hacía presagiar un futuro dorado para la selección del gallo. Desde la mediapunta, Ben Arfa lideraba a una camada de chicos entre los que destacaban Nasri y Ménez, y también un Benzema que por entonces alternaba el banquillo con el césped porque el hoy jugador del Milan actuaba en punta. Pepe Pla, capitán de aquel equipo español, recuerda cómo Ben Arfa era no sólo el jugador más peligroso de los galos, sino del torneo, y cómo le resultaba imposible de parar tanto a él como a su compañero en la defensa, Gerard Piqué.

"Si hubiera seguido la trayectoria que apuntaba, hoy estaría jugando en el Barcelona con Leo Messi. Técnicamente los dos son iguales", señalaba el año pasado el propio Karim Benzema tras ser preguntado por el momento de forma del jugador que entonces estaba apartado en el Newcastle. "Con el balón le he visto hacer cosas increíbles, cosas que no vi hacer a nadie, pero no tomó bien algunas decisiones de su carrera", añadía el delantero del Real Madrid.

El del Niza, sabedor de sus cualidades, no ha hecho todo lo posible por ser el mejor jugador que puede llegar a ser. Cierto es que ha vivido los sinsabores de las lesiones de primera mano y que también ha tenido duros encontronazos con sus entrenadores, algunos justificados y otros no tanto, pero en su mano siempre estuvo hacer más. Intenta controlar solo lo que realmente puedas controlar, cosa que no ha hecho. "Sé que algunos pensarán que estoy loco, pero aún sueño con el Balón de Oro. Creo que algún día seré el mejor jugador del mundo", afirmaba hace sólo dos años, uno antes de querer colgar las botas de forma repentina. Nadie al mando de ese cerebro.

Tocó fondo poco después de salir del Newcastle, el mismo equipo que le había hecho rozar el cielo. Pero antes de salir de Francia ya probó las mieles de la polémica cuando cambió Lyon, el club que se lo había dado todo, por Marsella, los eternos rivales. Poco después su mala fama cogió altura cuando cayó en rebeldía. Newcastle, el equipo donde siempre soñó jugar, se había propuesto firmarle y él, prendado por el interés del equipo donde jugó su ídolo Ginola, decidió con malas artes que o iba a Newcastle o no volvía a jugar en el Velodrome. Tras un verano de tiras y afloja recaló en el conjunto inglés y tras unas pocas jornadas de Liga, una entrada desafortunada de De Jong le partió la pierna. Se plantearon incluso la posibilidad de amputársela porque la cosa se complicó más de lo debido. Afortunadamente no sucedió.

Ahí comenzó su calvario con los quirófanos y las salas de fisioterapia, donde se ha pasado desde entonces el mismo tiempo o más que en los terrenos. Estuvo un año en el dique seco por aquella rotura de tibia y peroné y cuando regresó lo hizo tocado por una varita. Cuajó la hasta entonces mejor temporada de su vida, colocando al Newcastle entre los cinco mejores equipos de la Liga, algo impensable, y se erigió como un auténtico líder. Con total libertad de movimientos, la banda derecha era su hábitat y cada pelota que cogía entrañaba un peligro desmedido. Curioso era ver cómo si jugaba en casa y agarraba el cuero a mitad de cancha, la afición local entonaba un 'ooohhh' claro de "peligro, este la lía", mientras que en el 'ooohhh' que se escuchaba si jugaba de visitante, la hinchada de casa mostraba en su entonación el miedo y la desesperación por ver a un hombre sortear a sus defensas cual conos en un entrenamiento.

Y tras una temporada de ensueño, los problemas, entonces musculares, retornaron. La precipitación del club porque reapareciera jugó en su contra y nunca más volvió a dar una tarde de gloria en St. James Park para desesperación de los geordies. Ben Arfa, además, descuidó su forma tras una temporada de sinsabores y volvió pasado de peso para los últimos encuentros de la campaña, donde el equipo se jugaba el descenso. Ahí le hizo la cruz Coloccini, capitán del equipo y quizás el manda más del vestuario y tras el verano, en el club le informaron de que no volvería a jugar en el primer equipo. Alegaron que había vuelto gordo y que su profesionalidad no era acorde con la entidad del club. Le suspendieron de empleo y sueldo hasta que se demostró que sus niveles de masa corporal estaban acordes con el que estaba marcado e incluso había llegado más fuerte y en mejor forma de lo que le exigían. Surgieron las dudas sobre si habría alguna estrategia sucia del equipo para deshacerse de él.

El caso es que, mientras la afición colgaba pancartas en todas las jornadas con su cara y el lema 'hope' (esperanza), Ben Arfa se desempeñaba con el equipo reserva en lo que era para él, literalmente, un juego de niños. El último día de mercado se marchó al Hull City, donde sólo duró seis meses para posteriormente rescindir con el Newcastle. Cabe destacar, por cierto, que en el duelo que enfrentó a Tigers y Magpies en el feudo de los segundos, Ben Arfa vio el partido desde la grada incrustado entre la hinchada local, la hinchada de su vida, la del equipo para el que soñó jugar. Fue entonces en ese invierno, tras quedar libre, cuando el Niza lo firmó y la FIFA impidió su participación al considerar los partidos reservas del Newcastle como oficiales.

Ahora, tras seis meses entrenando en solitario y poniendo su físico en forma, Ben Arfa sueña con el fútbol. Sus pies le dicen que quiere ser Balón de Oro hasta que su cabeza le incite a retirarse. Ha marcado seis tantos en lo que va de temporada (todo el Newcastle junto a hecho cinco) y es uno de los máximos goleadores de las mejores ligas europeas. Vuelve a estar en boca de todos. La llamada de la selección, que parecía difícil e incluso, imposible, pues en su eterna lucha con entrenadores tiene a Deschamps en la pole (dirigía al Marsella cuando se declaró el rebeldía), puede estar cercana, con el propio seleccionador afirmando que le va a seguir de cerca durante toda la temporada animándole a "seguir por este camino". Con el 9 a la espalda vuelve a probar el sabor de la victoria. Ya se especula con que su futuro anda lejos del Niza, Sólo tiene un año de contrato y su nivel actual es acorde con el de los mejores de Europa, pero falta saber si alguno se atreverá a apostar por la irregularidad hecha persona. O incluso, si el Newcastle, con el permiso de Coloccini, vuelve a hacer una ofensiva por él. Las pancartas en su apoyo ahí siguen los domingos, por si acaso...