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lunes, 18 de marzo de 2019

El Clan de los Balcanes y un francés como mediador


La cercanía de Italia con los Balcanes y su Liga de primer nivel, suele acabar desembocando en que la mayoría de los jugadores de esos países acaben aterrizando en la Serie A. No es el caso, en cambio, de aquellos que hoy triunfan en el Eintracht Frankfurt, cuatro tipos hasta hace poco desconocidos y que se están destapando como auténticas joyas por la que los del equipo del río Meno se frota las manos porque todo indica podrán vender por un pastizal.

Son Ante Rebic, Filip Kostic, Luka Jovic y Mijat Gacinovic los protagonistas de una temporada en la que, junto a ellos, sobresale la figura de un Sebastien Haller que tiene como única pega para no ser delantero titular de Francia el no jugar en un equipo grande.

No hay sitio para todos, al menos en un mismo once titular, y eso implica que más o menos, salvo Kostic porque juega en una posición radicalmente distinta, todos vayan rotando entre sí y se vayan manteniendo frescos en una temporada que arrancó muy mal con la pronta eliminación de la Copa (donde defendían título) pero que ahora se encauza con la lucha por la Champions y los cuartos de final de la Europa League.

El Clan de los Balcanes más ese francés que habla serbio, al menos en el campo, suma 58 goles en lo que va de temporada. Además, entre ellos, se han repartido también 38 asistencias. Números de equipo grande. Cifras que, si se repitieran en algún club top europeo, tendría a sus protagonistas en boca de todos.

El primero en llegar fue Ante Rebic (25), rebotado de una Fiorentina donde nunca pareció explotar, intentando reencontrarse en Alemania con aquel jugador que sorprendió en Lezpig cuando el gigante de RedBull aún competía en la segunda categoría. Su pase es un poco incógnita, pues pese a que llegó por solo dos millones de euros (hoy su valor de mercado se ha multiplicado por 20), se dice que el equipo italiano se quedó con el 50% de los derechos. Rebic empezó a despuntar al final de la pasada temporada, abandonando la banda y siendo un peligro al contragolpe, certificando su gran curso destrozando al Bayern Múnich en la final de la DBF Pokal y siendo una de las sensaciones del Mundial con los cuadros de Croacia. Hoy, Rebic es la pieza que suele engranar con las dos de arriba. Suma 9 goles y 3 asistencias, números que han frenado en las últimas semanas por una lesión que le ha dejado KO.

Con él mezcla Gacinovic (24), un perfil muy distinto. Gacinovic, serbio, de aquella generación Sub20 que conquistó el Mundial en 2015 junto a Milinkovic-Savic o Zivkovic, caracolea con suma habilidad entre líneas. Es un jugador de último pase, que puede aparecer por la banda o por el centro. El sistema, donde en los costados juegan carrileros largos, hace que Gacinovic solo pueda aparecer de manera natural desde el eje de la medular. Liberado de tareas defensivas, el balcánico ha logrado 2 tantos y 7 pases de gol y su impacto sin duda ha ido mejorando con el paso de los meses. Un fichaje muy inteligente que apenas superó el millón de euros cuando solo despuntaba en la Vojvodina.

En aquella selección Sub20 no pudo estar Luka Jovic (21) porque una lesión le privó de tener actividad en los últimos meses y Paunovic decidió prescindir del chico que con 17 años entonces habría sido el jugador más joven del torneo. Jovic es quizás la estrella del equipo por su margen de proyección, por su joven irrupción y porque en él ya se han fijado todos los grandes de Europa. Bautizado desde cadete como El Falcao Serbio por sus condiciones y habilidades, no es menos cierto que hubo un momento en su hasta ahora corta carrera en el que pareció que se iba a quedar estancado en su salto al gran fútbol. Y es que no tuvo opciones en Benfica, ni en su primer equipo ni en el filial, y no fue hasta finales del curso pasado cuando empezó a demostrar que estaba en condiciones de tirar la puerta abajo.

Hoy, dice Transfermarkt que su precio de mercado es superior a 50 millones de euros. El Benfica lo fichó por 8, el Eintracht lo tiene en calidad de cedido pero también posee una opción de compra que va a realizar y que no llega a los 10. Su temporada es sensacional y sus registros ascienden a 22 goles y 7 asistencias. Aunque posiblemente, cuando leáis estos, ya los haya engordado. En Bundesliga lleva 15 dianas, a solo tres de Lewandowski, sin lanzar penaltis y habiendo jugado un tercio menos que el polaco en cuanto a minutos.

El último del Clan es Filip Kostic (26), quizás el más tapado de todos porque no juega en una posición tan adelantada para brillar. Todo pulmón, todo físico, el tercer serbio del equipo se ha adaptado desde la posición de extremo a ser un carrilero largo por la izquierda. Su precisión en el pase, su gran disparo y su físico inagotable le hacen ser el jugador nacido para jugar ahí. Sus 6 goles y sus 9 asistencias son su mejor carta de presentación. Su pase pertenece al Hamburgo, hoy en Bundesliga2, pero los de Frankfurt también tienen una opción de compra cercana a los 5 millones de euros.

Pero para orquestar todo ese mejunje, Hutter ha buscado la pieza en un francés espigado, con aspecto de todo menos de futbolista y que cuando se calza las botas es precisamente un fino estilista con alma de asesino. Si uno no ve jugar nunca a Sebastien Haller, puede pensar que es cualquier tipo de jugador menos el que realmente es. Su buen pie recuerda un poco a Kanoute. Haller costó 7 millones y hoy, siempre según Transfermarkt, su precio es de 40. A ello han ayudado sus 19 goles y 12 asistencias esta temporada. El galo parece el jugador perfecto para llevar el peso de la Francia de Deschamps, pero es muy difícil dejar de llevar al jugador con el que has ganado el Mundial, por mucho que no haya marcado un solo gol en el torneo, y más si el recambio que vas a llevar juega en un equipo de tercera fila.

La competencia en Francia es tremenda, pero en una transición justa, el delantero del Eintracht debería ser el candidato número uno para compartir delantera con Griezmann el próximo lustro hasta que alguien, con argumentos de peso, diga lo contrario. Vive el Eintracht una temporada de ensueño. Puede que solo tenga una bala, porque todo indica que este verano la espantada puede ser tremenda, para alcanzar la Champions y quién sabe si levantar un título Europeo casi 40 años después. De momento, los balcánicos no solo juegan en el campo, sino que son inseparables fuera de él y parecen reacios a romper el grupo abandonando el equipo. Pero cada jornada que pasa, eso se antoja más difícil.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Luka Jovic, el delantero tan de moda entre lo que menos de moda está

Jovic celebra su gol contra el Schelke 04 / Alex Grimm/Bongarts/Getty Images
Llega un momento en que lo hipster está tan de moda que ha dejado de serlo para convertirse en mainstream. Es decir, lo oculto, lo difícil de ver, está tan extendido, que ha pasado a ser la corriente mayoritaria. Eso pasa en todos los ámbitos de la vida. La moda, la cultura, la música, el deporte, y cómo no, el fútbol. Eso pasa con aquellos jugadores desconocidos que, por un partido bueno o un momento puntual se convierten en promesas a ojos de un público sumido y autoconvencido de que todo lo que aparece en las redes sociales e internet es bueno, válido y verídico. Por eso, hoy está de moda ser scouter, hablar por hablar de muchachos a los que hemos visto en un retuit, de los que solo conocemos las estadísticas insulsas que ha puesto el perfil con el tic azul de turno o una recopilación de jugadas de Youtube.

Y eso le puede pasar a Luka Jovic (Bosnia, 1997), el delantero de moda entre lo que menos de moda está. No es Benzema ni Lewandowski. No tiene tanto punch como Lukaku, ni tanto nombre como Morata o Suárez. No sale en las redes sociales como Griezmann ni provoca escándalos como Icardi. Pero mete goles con una facilidad que asombra y juega y hace jugar a un equipo, el Eintracht de Frankfurt, que estaba posiblemente ante uno de los años más difíciles de su vida, tras la marcha de Kovac, la despedida oficial de Meier y las expectativas altísimas tras lo logrado el curso pasado.

A Luka Jovic todo le fue siempre muy deprisa, quizás no tomó las mejores decisiones en su paso al profesionalismo y fue uno de esos muchachos que parecía se iban a quedar estancados cuando por brillar cuatro ratitos les habían prometido todo. Difícil decir todo eso cuando, hoy, que está rompiendo estereotipos, cerrando bocas y apuntando su nombre en todas las libretas de Europa, tiene 20 años. Pero así es. Con 16 años era la panacea y el sueño dulce de decenas de equipos y con 18 tras unos meses malos ya no le quería nadie. Fútbol moderno. Nació en Bosnia, pero rápido se mudó a Serbia cuando se enroló en las filas del Estrella Roja. Su padre, Milan, también fue futbolista y jugó toda su carrera en Serbia y Rusia y empezándola en un Partizán que luego detestaría a su hijo. El primo de su padre, además, es un tal Savo Milosevic, segundo máximo goleador de la historia de Serbia y tercero con más partidos a sus espaldas.

Con cinco años comenzó a jugar en una Liga que admitía niños de hasta 12 años. Pero Jovic, siempre un superdotado para con el balón, no tardó en despuntar también con aquellos que le sacaban una cabeza y dos cuerpos, o viceversa. Por eso, después de uno de los primeros partidos, en el que anotó tres goles, al padre de Luka le ofrecieron 50€ por partido más los gastos de viajar todos los días. Allí le vio Toma Milicevic, el ojeador del Estrella Roja, que le invitó a realizar una prueba con el equipo de Belgrado.

Era 2005, Jovic tenía siete años y su padre, antiguo jugador del otro equipo de la ciudad, se puso en contacto rápido con el Partizán. "A mi hijo le quiere el Estrella Roja, si es tan bueno como ellos y yo creemos, deberíais ficharle". El Partizán ofreció un contrato de 200€ al mes, pero Luka, a esa edad, decidió que los colores de su vida iban a ser el rojo y el blanco. Se fue a la prueba desde Bosnia y cuando llegó se encontró con Nikola Zigic, la entonces estrella del equipo, firmando autógrafos entre una marabunta de niños (los que iban a hacer la prueba con Jovic). Él, centrado, no quiso perder ni un segundo de su energía en que el gigantón le estampara su sello en papel mojado. Diez minutos después, el ojeador del Estrella Roja ya le había dicho al padre que se lo querían quedar.

Batar y Belgrado están a 160 kilómetros de distancia. En coche, dos horas y media de viaje por carreteras ingobernables que obligan a cruzar el Drina. El Fiat Passat de Milan Jovic no era el más idóneo, ni el más rápido ni el mejor, pero sí el más fiable, el que nunca le dejó tirado. A veces, Luka tenía un partido en sábado con una categoría y otro el domingo. No tenía sentido recorrer la distancia cuatro veces en pocas horas. "Abatíamos los asientos y dormíamos en el coche. Fumaba para echar humo caliente y que Luka no se congelara", admite Milan. "La gente nos miraba por las ventanillas, venían agentes de seguridad para ver qué estaba sucediendo. Hasta la gente que dormía en la calle se sorprendía". Otros padres del equipo, alarmados por la situación, se ofrecieron para llevar a Luka a los partidos, para hacerle de anfitriones en ese tipo de noches.

Cuando no había cumplido aún los 16 años, Jovic era un crío con una responsabilidad enorme a sus espaldas. Nadie le metía presión, pero en el barrio ya se hablaba de él como la nueva maravilla del fútbol de los Balcanes. Su padre solo le obligaba a disfrutar de una vida que sabía pronto se le llenaría de presión por terceros. Luka no era más que un chico que se había dejado el pelo lacio porque soñaba ser como ese delantero que admiraba y veía por televisión: Radamel Falcao, que entonces asombraba al mundo con sus zarpazos en el Atlético de Madrid. No es por nada, entonces, que en su país le apoden como el Falcao Serbio.

No había ni siquiera debutado con el primer equipo del Estrella Roja cuando llegaron Borussia de Dortmund y Stuttgart a acometer su fichaje. Su padre, en busca de la felicidad y estabilidad de Jovic, que no dejaba de ser un crío, cerró todas las puertas. "No le podemos meter esa presión". Acababa de marcar un hattrick con Serbia Sub17 contra Croacia pese a tener dos años menos que todos. Tampoco se marchó entonces al eterno rival, un Partizán que lo tenía ya todo acordado para robarle al Estrella Roja a su mejor proyecto.

Pocos meses después, con 16, Paunovic le convocó para jugar con la Sub19 y también debutó como profesional. En año y medio, marcó 12 goles en la SuperLiga Serbia, siendo campeón en la 2015-2016 e hizo 26 entre la Sub 17 y la Sub19. Una lesión le privó de estar en el Mundial Sub20 de 2015 que ganó Serbia y en enero de 2016, con 18 años recién cumplidos, hizo las maletas para marcharse al Benfica y dejó el Estrella Roja, del que, de momento, ostenta el galardón a goleador más joven de la historia de la entidad.

Hay quien dice que toda una carrera de manera conservadora y cuidadosa se fue al traste cuando Jovic tomó aquella decisión, sobre todo porque lo hizo en mitad de temporada. Su fichaje se vio envuelto en un gran escándalo. Jovic tomó la decisión de marcharse en noviembre, cuando un delincuente estafador amenazó con secuestrar a su familia si no pagaba una indemnización. Pero es que, según publicó meses después Football Leaks, su traspaso no fue cristalino, pues antes de ser propiedad del Benfica, Jovic lo fue por unos días del Apollon Limasol en una operación que tenía por medio al conocido y controvertido agente Pini Zahavi. La rocambolesca situación, que se ejecutó de manera paralela a la de Zivkovic (que fichó por el Benfica desde el Partizán) se hizo así para saltarse la prohibición de la FIFA de las propiedades de terceros en forma de compra y venta de derechos federativos y deportivos.

El caso es que todo esto al serbio no le sentó nada bien, quizás porque no era dueño de su futuro. Justo en el momento en el que los jugadores necesitan minutos y dar el salto, a Jovic le entró el vértigo. Se pasó dos temporadas enteras en la grada (solo jugó cuatro partidos en dos años) y con el segundo equipo, con el que estuvo casi todo el tiempo, tampoco demostró nada. Parecía un jugador al que le había podido el pánico, una joven estrella local de Belgrado que no había superado ni la presión ni las expectativas. Los 8 millones de euros que había pagado el Benfica y los 60 millones de cláusula de rescisión se antojaban cifras tan lejanas del nivel que de verdad había mostrado en Portugal que el club lisboeta decidió cederle dos años al Eintracht de Frankfurt al que le dio una opción de compra que se estima cerca de los 10 millones para recuperar la totalidad de lo invertido y poco más.

Marcó en su debut, pero no dejó de ser un jugador revulsivo en los primeros meses. Niko Kovac alineaba a Rebic al lado de Haller, quedando el serbio para los minutos de la basura o para agitar partidos. Pero de repente, en diciembre, algo cambió. Jovic enlazó tres partidos seguidos marcando y poco a poco el técnico croata empezó a darle más minutos, pero sobre todo, más responsabilidad. A Rebic, en un estado de forma maravilloso, no se le podía sentar y a Haller, que había costado lo que había costado, tampoco. Pero es que además estaban Marco Fabián, recuperado de una grave lesión, y Boateng.

Kovac encontró la fórmula para que Jovic acabara siendo importante y, tras un gran final de temporada, el serbio acabó arrojando unos buenos nueve goles en algo más de 900 minutos de juego. Es decir, prácticamente un gol por partido. Este junio, ha debutado con Serbia absoluta, a sus 20 años, y acudió al pasado Mundial de Rusia. En las oficinas del Eintracht rápido se empezó a trabajar en hacer el contrato del jugador permanente, pero ahora lo que se negocia es pagar algo más y así eliminar la cláusula de recompra que se empeña en meter el Benfica.

Y es que aunque se antojaba este 2018-2019 un curso importante en el hacer del serbio, ha sorprendido a todos el nivel mostrado. Luka Jovic es, con 9 goles, el pichichi de la Bundesliga, empatado con su compañero Haller y con Paco Alcácer. Cinco de ellos se los hizo en un mismo partido al Fortuna Dusseldorf, convirtiéndose en el jugador más joven de la historia de la Bundesliga en hacer cinco goles en un partido. Jovic, con cinco goles, es también el máximo goleador de esta edición de la Europa League.

Pero lo que asombran ya no es solo la cantidad de goles que está haciendo, sino en qué registros los ejecuta. Tiene una facilidad maravillosa para estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. No duda, trabaja y ajusticia. Remata al primer toque, controla y dispara o define como nadie se lo espera. Está haciendo goles de cabeza, con ambas piernas (es ambidiestro), en jugada acrobática o de vaselina espectacular. Dice Zvezdan Terzic, director deportivo del Estrella Roja, que no duda se convertirá en el mejor nueve de Europa. Tampoco duda su ex compañero Boateng, que se deshace en elogios: "Es bueno con las dos piernas, va de cabeza, es inteligente. Le he visto entrenar día a día y lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores delanteros".

Dicen los reportes de los medios, que el Barcelona ya ha puesto sus miras en él, como recambio de un Suárez que si bien sigue dando tardes de gloria, no será eterno, como él mismo ha dicho. Jovic es, a día de hoy, uno de esos delanteros fichables, por los que merece la pena apostar todavía, porque no han dado el salto a un grande y porque tienen mucho más margen de progresión. Su tridente con Haller y Rebic, más las aportaciones de Gacinovic, están colocando al Eintracht segundo en la Bundesliga y de momento invictos en Europa League, con cinco victorias de cinco posibles y clasificados para las eliminatorias y con el sueño intacto de volver a tocar metal este curso tras hacerse con la Copa el año pasado. Pero, ¿Y si sale de Frankfurt y vuelve a perder sus habilidades? De momento, vive del presente y cada partido que juega se revaloriza. Tiene 20 años, y esto solo es el principio.

Diego G. Argota



martes, 4 de septiembre de 2018

Davie Selke y el ejemplo de Timo Werner

Johannes Simon/Bongarts/Getty Images

Hoy es uno de los delanteros de moda. Timo Werner, '9' de la selección alemana, es el punta por el que suspiran varios de los grandes de Europa. El Real Madrid, en busca de un jugador que supliera los goles del fugado Ronaldo, era el favorito en las casas de apuestas para hacerse con los servicios del teutón, que finalmente permanecerá un año más en el Leipzig, el club que le devolvió la confianza y le proyectó al primer nivel.

Pero no siempre fue así, porque Werner, de apenas 22 años, ha pasado ya por varios sube y baja en su corta carrera profesional. Y es en ese aspecto, en el de la irregularidad de un jugador joven, donde aparece cierto paralelismo con Davie Selke, ariete un año mayor que él y con quien ha compartido gran parte de su incipiente carrera. Ahora, Selke parece estancado, un delantero sin confianza que se ha ido apagando a medida que los primeros años de vida deportiva han ido pasando. Y esa es exactamente la sensación que vivió en su día Werner, que luego renacería tras cambiar de aires y llegar al equipo de la marca energética. Por eso, quizás Selke está ante la oportunidad de su vida de romper moldes. Y por eso, aunque el mercado ya haya cerrado, podría haber sido una apuesta a la baja que acabara siendo ganadora.

Selke siempre pareció ir un paso por delante de su amigo en la selección, mientras que en la Bundesliga, Werner tomó la delantera. Ambos nacieron prácticamente en el mismo lugar y con apenas 10 meses de diferencia. Mientras Werner crecía en Stuttgart, Selke lo hacía en Schorndorf, una pequeña ciudad a apenas 20 kilómetros de Stuttgart. Ambos probaron suerte en la cantera del VfB Stuttgart pero, mientras Werner era del gusto de los entrenadores (llegó a la cantera con seis años), a Selke no le dieron continuidad y fue rechazado. El golpe fue muy duro, pues Davie soñaba con ser como Mario Gómez, su ídolo, y vestir los mismos colores que él.

Probó suerte en el Hoffenheim, donde se quedó hasta los 17 años en sus categorías inferiores. Ahí apareció el Werder Bremen. Era 2013 y Timo Werner, que seguía quemando etapas en la cantera del Stuttgart, fue galardonado con la Fritz Walter Medal de oro Sub17, que le nombraba como mejor delantero de la generación. Un premio que dividió opiniones pues Alemania Sub17 venía de ser subcampeona de Europa en 2012, pero Werner, que había sido el titular, no había cuajado un buen torneo.

La 2013/2014 supuso la campaña de debut para ambos en Bundesliga. Mientras Werner lograba disputar una treintena de partidos (más de la mitad como titular) y anotaba sus primera goles como profesional (5 en Liga), además de debutar en Europa League, Selke se tenía que conformar con un papel testimonial con solo 120 minutos disputados porque esa temporada se la había pasado jugando en el filial. Por eso, al término de la temporada, la decisión de acudir a la Eurocopa Sub19 con Selke como titular levantó ampollas. En ese momento, aunque Selke hubiera rendido muy bien en la fase de clasificación, Werner estaba más hecho como futbolista. Su compañero en punta fue Mukhtar, hoy perdido en el fútbol sueco.

Selke, en un partido con el Hertha de Berlín
Boris Streubel/Bongarts/Getty Images
Y como el fútbol tiene estas cosas, Alemania ganó el torneo, Davie Selke fue el Máximo Goleador (6) y se llevó también el premio al Mejor Jugador del torneo. En Bremen entendieron que la perla que tenían entre manos ya estaba preparada para dar el salto y a Werner se le cerró la puerta y su debilidad mental en se momento le jugó una mala pasada. En la 2014/2015, Selke anotó 10 goles, mientras que Werner se quedó en tres, muy lejos de lo que se le presuponía tras haber completado ya dos temporadas enteras al máximo nivel. Con todo, volvió a estar entre los premiados Fritz Walter al lograr la plata en la categoría Sub19.

Selke tomó la decisión más arriesgada de su vida cuando el Leipzig, que venía ascendiendo categorías de manera meteórica y con un proyecto ambicioso, le propuso ser su delantero estrella en Segunda División. "Quise dar un paso atrás para luego dar dos adelante, o al menos esa era la idea". El equipo de Red Bull pagó 10 millones por sus servicios y Selke respondió con otros 10 goles que le dieron el ascenso al equipo. Mientras, la otra cara de la moneda, era la de un Werner que veía cómo el Stuttgart había descendido. Los seis goles que marcó, solo ayudaron a su equipo con un punto. La situación supuso que Selke acudiera a los JJOO (donde Alemania ganó la plata) y Werner se quedara en casa.

Fue entonces cuando entró en escena de nuevo el Leipzig, que puso algo más de 12 millones para hacerse con los servicios de Timo y juntar así a los dos delanteros más prometedores del país. Werner, devaluado, necesitaba una salida urgente. El Stuttgart vio con buenos ojos el dinero para firmar jugadores de garantías para volver a recuperar la categoría y todas las partes salieron satisfechas. Y Werner la rompió. Marcó 21 goles en su primer año y eclipsó a un Selke que se quedó en un papel muy secundario, siempre en la sombra y siempre suplente. Quizás el mejor momento para ambos llegó en la victoria por 4-1 ante el Hertha de Berlín, donde sellaron la clasificación para Champions League y en la que ambos lograron un doblete. Werner debutó con la absoluta y fue a la Copa Confederaciones, mientras fue esta vez Selke quien tuvo que ver el torneo desde casa.

Había que dar un paso adelante o morir en el banquillo y Selke salió del club. Se marchó precisamente al Hertha, donde jugó Europa League y donde logró acabar la temporada con unas buenas cifras: 14 goles y cuatro asistencias. Werner, por su parte, mantuvo esas 21 dianas logradas el curso pasado, aunque el ratio de goles fue menor pues en Bundesliga solo hizo 13 de ellas y las otras las repartió en todas las competiciones. Otra vez se equilibraba la balanza.

Werner, con el Leipzig / Matthias Kern/Getty Images
Durante todo el curso, Timo Werner empezó a experimentar problemas extraños en su oído. Sufría mucho con el ruido y no podía jugar en estadios donde el bullicio era ensordecedor. Se achacó el problema a ciertos vértigos. También tuvo que sufrir la ira de las gradas. Considerado como el delantero más sucio de Alemania, tras engañar al árbitro simulando un penalti en un duelo contra el Schalke, Werner es fruto de la ira de cada campo que visita. Eso no le impidió estar en el Mundial de Rusia, donde Alemania fracasó y él en particular estuvo muy lejos de lo que se esperaba.

En pretemporada, Selke sufrió un serio percance. Chocó con Salomon Kalou. El golpe, en principio, no pareció revestir gravedad, pero con el paso de las horas la situación se fue agravando y el futbolista tuvo que ser intervenido por un fallo en el pulmón. Colapsó, no funcionaba bien y el delantero no podía respirar. Los médicos determinaron que estaría tres meses de baja, entubado interior y exteriormente. Al mes y medio ya estaba entrenando y es posible que tras el parón de selecciones pueda tener minutos por primera vez esta temporada.

Son como el agua y el aceite. Parece que se repelen y no pueden jugar juntos. Sus carreras han tenido puntos de inflexión en común y allí cuando a uno le ha ido bien, al otro le ha ido mal. Son tan distintos que seguramente sobre el campo serían totalmente complementarios, aunque de momento no hayan rendido bien como pareja (ni en Alemania Sub21 ni en el Leipzig). En términos numéricos, Timo Werner ha metido 56 goles en 184 partidos como profesional a nivel de clubes. Davie Selke ha logrado 38 tantos en 120 encuentros. El ratio gol por partido es casi idéntico.

Timo Werner es un delantero pequeñito, muy hábil y muy rápido. Encontró en el Leipzig una vía de escape cuando apuntaba a quedarse en promesa rota. Davie Selke es un delantero altísimo, de 1'93m de altura a quien se compara con Miroslav Klose, aunque él prefiera ser vinculado a Mario Gómez. Es un jugador de área. Según Transfermarkt, Werner tiene un valor de mercado de 60 millones de euros, mientras el de Selke es de 12. Pero en el fútbol, muchas veces, necesitas tener la fortuna de cara. Y lo que hoy está arriba, mañana está abajo. Sin duda, Davie Selke es un delantero por el que apostar, porque si Werner, su 'hermano futbolístico', es ahora uno de los arietes más cotizados del mercado, ¿por qué no va a serlo ese que siempre ha ido a la par con él?





miércoles, 21 de diciembre de 2016

Aymen Barkok, un freestyler en la Bundesliga



No te culpes si hasta ahora no has oído hablar de Aymen Barkok. Pero sí, hazlo si desde ahora, tras leer esto, no apuntas su nombre en tu agenda y lo grabas en tu memoria. El Eintracht Frankfurt tiene entre manos a una de las perlas con más talento surgidas desde la Bundesliga en los últimos años. Hasta hace unos días prácticamente desconocido, desde que Barkok debutara el pasado día 20 de noviembre su figura no ha dejado de ser el centro de todas las miradas. Desde entonces, 103 minutos repartidos en cinco partidos en la Bundesliga, con dos goles anotados y una asistencia. Y es que Barkok sólo necesito 15 minutos en la primera división alemana para hacer su primer gol como profesional, que fue en el descuento y sirvió para llevar los tres puntos a Frankfurt en un duelo ante el Werder Bremen tras un buen disparo con su pierna mala, la zurda.

Aymen Barkok (Alemania, 1998) nació en la misma ciudad de Frankfurt. De padre y madre marroquí, rápido se enroló en las filas del equipo de las águilas, del que es fan incondicional. Desde bien pequeño, el club germano supo que entre sus manos había una perla en ciernes, aunque todo se pudo terminar hace dos años, cuando Barkok se rompió el ligamento cruzado de su rodilla. El Frankfurt le trató como a un jugador de la primera plantilla, pese a ser apenas un juvenil de primer año y el chico se rehabilitó de todas todas. Tanto que su irrupción tras la lesión con el equipo juvenil fue excepcional y la selección alemana decidió convocarle para los compromisos Sub19.

En octubre de 2016 firmó su primer contrato profesional, asegurándose su permanencia en el Eintracht al menos hasta 2020. Los alemanes consiguieron así alejar a los equipos potentes del país, que ya habían puesto sus ojos en él tras su buena, aunque breve, puesta en escena con los equipos inferiores de la Mannschaft.

Barkok es un futbolista peculiar aún por definir. A sus 18 y con 1'88 de estatura es un jugador con mucho talento que juega como mediocentro con libertad, Su buen toque de balón le permite jugar también en banda. Y es que su habilidad con el cuero es su principal virtud, aunque pueda ser también hoy su punto flojo. Barkok pisa la pelota como los ángeles, de una forma inusual en el fútbol contemporáneo. Sus movimientos con el balón son continuos y vertiginosos, de un estilo similar al que se practica en certámenes de FreeStyle. 

Es por eso que hace con la pelota cosas que los demás ni imaginan. Pero todo tiene un pero. Su abuso de su prodigiosa técnica a veces le juega malas pasadas. Tarda en descargar el balón a sus compañeros y su confianza en su regate le puede llevar a su pérdida. El abuso de su técnica de cara a la galería podría no ser tan positivo si deja de ser efectivo. Se nota que su fútbol base fue el fútbol indoor, donde jugó para el Eintracht de Frankfurt en una modalidad de fútbol sala sin fueras y con paredes hasta los 14 años. En espacios cerrados, reducidos, sacó a relucir toda su técnica.

Aún tiene mucho que pulir y, sobre todo, aclarar las cosas. Casi por defecto, los jugadores técnicos de ascendencia de países magrebíes tienen un perfil parecido, son excepcionales cuando rayan a su máximo nivel, pero suelen ser tan duraderos como las burbujas del champán. Ben Arfa, Feghouli, Aissadi, Mahrez o Affelay saben de lo que hablo. Barkok ha sido ya tanteado por la selección Sub20 de Marruecos, aunque aún no ha debutado ni con Alemania ni con la propia Marruecos de forma absoluta, por lo que aún tiene tiempo para decidir su futuro. 

Su potente físico le hace ser un buen jugador para la transición defensa-ataque y su buena visión de juego le hace proveer de un notable último pase, pero de igual manera tiene que trabajar los movimientos y automatismos para engranar en la defensa. Su golpeo de balón es muy técnico, preciso y trabajado. Así, golpea las faltas a las mil maravillas (sí, son dos goles distintos y aquí, otro) y su disparo lejano es potente y peligroso. Los últimos minutos del partido jugado contra el Borussia Dortmund gustaron a la afición, que se terminó de encandilar por un chico al que casi ni han visto y le dejó a Niko Kovac las cosas claras. Barkok ya está para pelear en grandes plazas.

Las grandes marcas ya se han percatado de su incidencia en el fútbol teutón y ha sido Adidas quien se ha adelantado en firmar su imagen. Tampoco han estado lentos los agentes, y el germano-marroquí ha cedido la gestión de su carrera a la empresa Rogon, que tiene en cartera a jugadores de la talla de Draxler, Vieirinha, Otavio, Firmino, Max Meyer, Ricardo Rodríguez o Luiz Guistavo.



lunes, 15 de agosto de 2016

Hablemos de Felix Passlack




El Borussia Dortmund vive condenado a reinventarse. Equipo vendedor en los últimos tiempos, sus aficionados sienten como una puñalada en el corazón la marcha de sus estrellas, más si estas cogen el camino hacia Baviera para enfundarse la camiseta del rival por los trofeos, el Bayern de Múnich. Un club al que en los últimos mercados han visto salir a ídolos y capitanes de la talla de Lewandowski, Hummels o Mario Götze.

Así, el equipo de Thomas Tuchel se ha reforzado a base de bien en la línea de mediapuntas que acompañen a Marco Reus, la verdadera estrella de este proyecto, y ha desembolsado cerca de 60 millones de euros en los fichajes de Schürrle y en el retorno del hijo pródigo Götze. Al tridente alemán se les une también Dembelé, quizás la estrella de la pretemporada y el jugador que mejores sensaciones ha dejado. El francés tiene una culebra en la cintura. No podemos obviar tampoco la presencia de Kagawa, un mediapunta totalmente distinto, que aporta calma, posesión, último pase, ni la de un recién llegado Emre Mor. El turco, de 19 años, fue de lo poco destacable de su selección en la Eurocopa. 

Así las cosas, con seis jugadores para tres puestos, la lucha en Dortmund por hacerse un sitio se antoja complicada. Si bien el tridente de alemanes parte con ventaja por nombre y Kagawa tiene en su bolsillo el ser uno de los favoritos de la grada, Dembelé pide paso a cada partido siendo determinante. Pero en la recámara Tuchel tiene una bala más. Llegado al equipo con 14 años, el canterano (que siempre da un plus) Felix Passlack parece ya dispuesto a romper el cascarón y nada ni nadie podrá impedir que juegue cuando eso se haga realidad.

Passlack, de 18 años, empezó su carrera como lateral derecho en las categorías inferiores del Borussia. Si bien, sus condiciones físicas, su alegría con el balón, su derroche y su liderazgo le han servido para, en dos años, alternar indistintamente ambos laterales e incluso posiciones de medio campo. Aunque donde más ha jugado y donde más ha destacado es como extremo/interior, en el perfil diestro. Y es que los buenos siempre tienen que jugar cerca del área. Es por eso que Gareth Bale dejó de ser uno de los mejores laterales del mundo para convertirse en mediapunta y con ello en uno de los jugadores más determinantes de todo el panorama futbolístico.

Con su 1'70m de estatura, Passlack, descarado, atrevido, no tiene sitio a día de hoy jugando más allá del medio campo, posición en la que ya ha anotado más de 40 goles en menos de 70 partidos como juvenil. Y es por eso quizás por lo que Tuchel, que sabe que el chico tiene que jugar sí o sí para acabar eclosionando, ha decidido probarle en su demarcación natural, el lateral derecho. Pocos jugadores son tan puñal desde la  defensa como Passlack.. Con sólo 16 años, Jurgen Klopp se lo llevó de pretemporada, hizo que jugase varios amistosos y decidió que debía entrenar durante todo el año con los mayores para aprender como si de un curso acelerado se tratara. 

Fue el pasado marzo cuando al fin debutó, de la mano de Tuchel, cuando aún no había cumplido la mayoría de edad. El rival fue el Darmstadt y pudo ocupar la demarcación que más le gusta. Arrancando desde el interior derecho, con total libertad, teniendo que entrar a jugar por dentro ante la ausencia de otro mediapunta puro, pues aquel día Tuchel puso en pareja a Aubameyang y Adrián Ramos y cuando Passlack vio la alineación titular, porque fue de la partida desde el principio, sus socios eran tres pivotes: Weigl, Gundogan y Castro.

Es en el lateral derecho, entre las lesiones y la irregularidad de Piszczek y la inestabilidad de un Durm que sólo fue capaz de hacerse con el puesto en su primer año, donde Passlack puede empezar a hacerse camino.  Porque los jóvenes tienen que jugar. Y si son buenos, más. En una Liga en la que el Dortmund es infinitamente superior a prácticamente la totalidad de sus rivales (sin contar Bayern de Múnich y algún duelo complejo puntual ante el Schalke o el Wolfsburgo), Passlack puede jugar como lateral ficticio, ocupando posiciones más adelantadas cuando el equipo tenga la posesión y ser así un falso cuarto interior.

Con la selección alemana, Passlack ha sido siempre líder en la categoría Sub16, Sub17 y Sub18. Fue con la Sub17 con la que el año pasado se llevó el subcampeonato de Europa, formando parte del equipo ideal del torneo en un año en el que además entró a formar parte de una lista con los jugadores más prometedores del mundo, además de recibir la medalla de Oro Fritz Walter Sub17 por ser el mejor jugador alemán de su generación. Su participación con la Sub 21 para la Eurocopa que tendrá lugar el próximo año parece segura y con el gusto por la Mannschaft por dejar ver la luz a las jóvenes promesas, es de esperar que su debut con los mayores no se haga mucho esperar. Porque Felix Passlack es uno de esos jugadores elegidos, marcado a liderar la nueva generación teutona al lado de jugadores como Max Meyer, Goretzka, Timo Werner, Marc Stendera, Joshua Kimmich o Julian Brandt.

domingo, 5 de junio de 2016

Selecciones una a una (V): Alemania, obligados a ganar

Özil, Kroos y Khedira, en un partido amistoso / GETTY IMAGES
Flamante campeona del mundo hace sólo dos veranos, Alemania es la clara favorita a levantar el título europeo. Si no es por méritos deportivos, lo es por presión social. La generación teutona, una de las mejores de la historia, cargaba hasta hace poco con la pena de haberse topado en el camino con una España de dibujos animados que le iba minando la moral hasta arrebatarle todos los títulos en las mejores citas. Los de Joaquim Low, sucesor de un proyecto que empezó Klinsmann, se quitaron el Brasil el peso de la presión, perdieron el miedo a volar y han hecho del vértigo que producen en sus rivales su mejor aliado. Ya no serán esa generación de oro que se retiró sin ganar nada. 

Definir un once tipo se hace complejo. 4-5-1, 3-6-1, 4-3-3, 3-5-2, jugar sin delantero...Todos estos sistemas, probados por Joachim Low en los últimos encuentros, pueden ser usados por Alemania durante el torneo. A día de hoy, lo único que parece claro es que jugarán Neuer y 10 más. Lejos de innovar, si hay que apostar a una sola carta, es justo decir que el 4-5-1 con el que los alemanes ganaron el Mundial será el esquema prioritario, o al menos el inicial. Hummels y Boateng se erigen como pareja de centrales y junto a Kroos, Özil y Müller parecen ser de los pocos que tienen un puesto de titular asegurado. En los costados, Howedes y Can pelearán por un puesto, mientras que Héctor se postula como lateral zurdo titular. Emre Can, polivalente, lleva una extensa carrera en el costado en las inferiores alemanas, por mucho que con el Liverpool se desempeñe en la parcela ancha.

Esta polivalencia de muchos de sus jugadores es el arma principal que tiene Joachim Low. Capacidad de cambiar sobre la marcha, de plantear partidos totalmente nuevos cada tres días. Para la medular, habrá que esperar a saber el estado físico de Schweisteiger. A sus 31 años, el mediocentro no pasa por el mejor momento físico de su carrera. Sólo acumula 100 minutos de juego en todo 2016 por diversas lesiones y está carente de ritmo de partido y de sensaciones. Si el del Manchester está bien, tendrá su puesto asegurado en el eje de la medular, flanqueando a Kroos y Khedira. En ese caso, podría Alemania jugar con falso nueve, ya fuera Müller o Götze, en detrimento de Mario Gómez. Sin Klose ya en la lista, la presencia de un delantero no se antoja del todo segura planes de Low. Y mira que el del Besiktas ha hecho un gran año, metiendo goles de todos los colores, pero ni eso le asegura la titularidad y debe estar preparado por si Low decide hacerle esperar turno desde el banquillo.

Las ausencias de Gundogan y Reus, por lesión, mermarán mucho a una selección que aspira a todo en un grupo que, si bien no es el de la muerte, no será sencillo. Estará enfrente Polonia, cuya rivalidad histórica no vamos a descubrir, con muchas ganas de volver a plantar cara como en la fase de clasificación. No pasar el corte es impensable y sería pues una decepción que Ucrania o Irlanda del Norte consiguieran más puntos que los actuales campeones del mundo.

Se caracteriza también la convocatoria de Low por la sangre nueva de alguno de sus jugadores. Los jóvenes como Sané, Kimmich o Weigl, que se curtirán para el futuro. También la aportación del siempre competitivo Podolski, trasformado en un jugador sublime cuando se enfunda la zamarra de su país, o la insistencia de Schurrle, siempre preparado para la batalla. También será el torneo de Draxler, hipotético jugador número doce, que ha dado un paso adelante en la línea de rotación, que se postula como un hipotético titular en según qué momentos y que tendrá mucho que decir tras la que ha sido una de las mejores temporadas a nivel individual. 

No se descubre ante nadie Alemania. La que más títulos continentales ha logrado (junto a España), pero que no levanta uno desde hace 20 años. El combinado que más finales ha jugado, que más partidos ha ganado en la Eurocopa. Que viene con la presión de ser la favorita porque ya demostró en 2014 ser la mejor. Porque se lo ha ganado por méritos propios y porque no conquistar el trofeo será considerado un fracaso. 

ALEMANIA:

-Porteros: Manuel Neuer (Bayern Munich), Marc-André ter Stegen (Barcelona/ESP), Bernd Leno (Bayer Leverkusen).
-Defensas: Jerome Boateng (Bayern Munich), Mats Hummels (Borussia Dortmund), Shkodran Mustafi (Valencia/ESP), Jonas Hector (Colonia), Emre Can (Liverpool/ENG), Antonio Rüdiger (AS Roma/ITA), Benedikt Höwedes (Schalke 04).
-Medios: Julian Draxler (Wolfsburgo), Sami Khedira (Juventus Turín/ITA), Toni Kroos (Real Madrid/ESP), Thomas Müller (Bayern Munich), Mesut Özil (Arsenal/ENG), Lukas Podolski (Galatasaray/TUR), André Schürrle (Wolfsburgo), Bastian Schweinsteiger (Mánchester United/ENG), Julian Weigl (Borussia Dortmund), Joshua Kimmich (Bayern Munich).
-Delanteros: Mario Gómez (Besiktas/TUR), Mario Götze (Bayern Munich), Leroy Sané (Schalke).
-Seleccionador: Joachim Low.


jueves, 22 de octubre de 2015

Mundial Sub17: Argentina es un completo caos

Passlack celebra su tanto ante Argentina / ALEX GRIMM / GETTY IMAGES
Noventa minutos contra México insinuaron que Argentina tenía en su categoría Sub17 las mismas carencias que en el Sub20. Después de 180, tras haber jugado también contra Alemania, confirmaron que mucho tiene que mejorar la AFA en su estructura para conseguir sacar rendimiento colectivo en los torneos menores a los talentosos chicos que crecen en sus tierras. Entonces, los chicos de Humberto Grondona demostraron que de talento individual van sobrados pero que de fútbol colectivo entienden muy poco, empezando por el propio entrenador. Unos destellos que permitieron al equipo albiceleste salir campeón del Sudamericano ante una pobre Brasil en un torneo en el que Uruguay, Colombia y Paraguay tampoco dieron la talla. Algo así pasó también en el Sudamericano Sub17. Y es por eso que todas, a excepción de una Brasil que cambió radicalmente su convocatoria, se dieron de bruces a las primeras de cambio en el Mundial sólo tres meses después (una reivindicación que parece llevará en este torneo Paraguay). Incomprensible que una selección que lideraba Ángel Correa (Atlético de Madrid) y cuya mitad de la plantilla era ya casi profesional, con jugadores de la talla de Gio Simeone (Banfield), Cubas (Boca Juniors), Mammana y Tomás Martínez (River Plate) o Emi Buendía (Getafe), no pasara siquiera de una fase de grupos en la que clasificaban hasta los mejores terceros. No se entiende que el fútbol argentino, actual subcampeón del mundo al máximo nivel y en cuya liga los jóvenes debutan a la más temprana edad, sólo igualado con Bélgica y Holanda, no tena una base sólida en las categorías juveniles.

Anoche Alemania volvió a sacar los colores a una selección Argentina, en esta ocasión Sub17, que repitió errores del pasado. Los europeos, liderados por un buen Passlack, con unas maneras de profesional que asustan, pasaron por encima de los albicelestes con un 4-0 que deja a sus rivales muy tocados, como últimos de grupo y con seis goles en contra y ninguno a favor (cayeron en el debut por 2-0 ante México). Al menos, Miguel Ángel Lemme, el técnico de la Sub17, comprendió que era imposible salir a competir con una alineación de un fútbol tan añejo como la que planeaba Grondona, todo delanteros, y ha extinguido ese 3-3-4 que acababa convirtiéndose en un 2-5-3 donde los defensas eran laterales que no dudaban en abandonar su posición y donde la primera salida de balón la tenían que dar mediapuntas como el propio Correa o Tomás Martínez. 

Lemme, que confía exactamente en el mismo plantel que logró el Sudamericano, juega con un 4-4-2 que en ocasiones se convierte en 4-3-3 cuando el guión lo exige. Nada más lejos de la realidad, el equipo no parece trabajado ni en ataque ni en defensa, donde es un auténtico caos. Las líneas, totalmente separadas entre sí, con demasiados metros para hacer ayudas, para cerrar huecos y para realizar coberturas. Nada ensayado. Los fueras de juego se tiran con una zaga en la que cada defensor está a distintas alturas del campo y se acaba convirtiendo en un regalo para los atacantes rivales. Rebotes y rechazos sin ton ni son que siempre son para el contrario, que llega desde segunda línea mejor colocado en todas los ángulos del campo. Ante México se pudo ver en el primer tanto, donde Kevin Magaña, con un simple recorte hacia el interior, encontró un pasillo de oro hasta el gol sin oposición alguna. Las coberturas estaban a kilómetros de distancia.

El talento arriba es insuficiente. Sólo así se entiende que un equipo liderado por Tomas Conechny, probablemente el mejor jugador de la cita y el más talentoso junto a Sergio Díaz (Paraguay), que tiene jugadores de la talla de Berterame y un goleador muy aseado como Roskopf, sea incapaz de generar juego, peligro y se haya ido de vacío en dos ocasiones. La distancia entre el medio y la delantera es tamaña y el estilo de juego es 'que Conechny se las arregle'. Por eso, desde que se recupera el balón atrás, la consigna es pegar el pelotazo en busca del capitán, quien con el 18 a la espalda, es un auténtico calco de Ángel Correa, zurdo en vez de diestro y también salido de San Lorenzo. No hay sala de medios, no interesa que el balón pase por ahí y de hecho, no lo hace. Ni siquiera el juego directo está preparado, planteado, no tiene nada sentido. Ningún jugador se mueve de forma coreográfica con sus compañeros ni en ataque ni en defensa. Patadón arriba y lo que salga, un fútbol rácano que ni siquiera se ha visto en Siria, Honduras o Nueva Zelanda.

Así, Argentina, que nunca ha jugado la final de este torneo (y mucho tendrá que cambiar si quiere hacerlo en esta edición), es última, sin puntos, en un grupo que lidera Alemania (6pts), seguida de México (4 pts), Australia (1pt). Con todo, el planteamiento del campeonato y el último cruce contra Australia permiten a la albiceleste estar cerca de los octavos de final. Y es que una victoria ante los canguros aseguraría terminar el grupo como tercer clasificado con tres puntos y, pese a la diferencia de goles de menos seis con la que arrancan, se antoja difícil que haya cuatro terceros clasificados que logren tres puntos. 

Lemme ha confiado en los mismos chicos en dos partidos y no parece ser ahora, el momento más crucial, en el que cambie de estrategia o de jugadores. Federico Vietto, hermano de Luciano, pide paso tras los buenos informes, pero no parece sencillo que siente a Roskopf, un delantero tanque, que se asocia bien y tiene algunas cosas de Crespo que ha ido de menos a más y es de lo poco salvable. El susto ya lo tienen en el cuerpo e incluso una goleada a Australia no les asegura pasar a octavos. 

viernes, 9 de octubre de 2015

El éxtasis de Shane Long que enloquece a media Irlanda

Shane Long celebra su gol ante Alemania / PA

Anoche, Irlanda entera estaba de fiesta. En un lugar donde el deporte rey es el fútbol gaélico (una mezcla de fútbol, rugby y balonmano al que ellos llaman fútbol, a secas) seguido del hurling (que es como el fútbol gaélico pero con unos sticks parecidos a los del hockey), el fútbol, el de toda la vida, puso en éxtasis a los irlandeses. La parte del norte, que pertenece a Reino Unido, tenía quizás más motivos que la República que copa tres cuartas partes de la Isla, y es que los norteños certificaron con su victoria su presencia en la próxima Eurocopa de Francia del verano que viene. Un hecho que ya se llevaba barruntando bastante tiempo por el débil nivel del grupo y que, antes o después, se acabaría consumando. 

Muy distinta era la situación en el sur de la isla. República de Irlanda recibía a Alemania en Dublin. La campeona del mundo y líder del Grupo D se daba cita en el Aviva Stadium con el objetivo de sellar su pase definitivo al torneo continental del próximo año y con un punto bastaba para conseguirlo. Quizás Joachim Low no recordaba cómo había sido el partido de ida, donde los chicos de verde dejaron correr el crono hasta morder al final y lograr un empate en el descuento en tierras germanas. Y con el mismo planteamiento, aunque con mejor resultado, anoche Martin O'Neill volvió a demostrar por qué es uno de los mejores técnicos del mundo.

Parte fundamental de aquel histórico Nottingham Forest de Brian Clough que se alzó con dos Champions seguidas tras venir de las divisiones infereriores del torneo inglés, ganador de todo lo ganable con el Celtic como entrenador y el único hombre que ha sido capaz de dirigir con orgullo al Aston Villa en las últimas décadas, Martin O'Neill, curiosamente nacido en Irlanda del Norte, se hizo con las riendas de la República con el objetivo de devolver al equipo a una Eurocopa (tras el fracaso de 2012) y buscar llegar a un Mundial, donde no están presentes desde 2002.
Martin O'Neill, anoche / PA

El grupo con Alemania, Polonia y la archienemiga Escocia no invitaba a pensar lo mejor, sobre todo tras la mano firme que mostraron las dos primeras y el pinchazo ante los escoceses que sufrieron los de O'Neill. Pero la remontada, tan meteórica como inesperada, ha insuflado aire fresco y ha puesto a Shane Long, figura de esta clasificación (también hizo el gol del empate ante Polonia en el descuento), como héroe de todo un país. Un héroe silencioso, sin duda, pues ni siquiera es titular.

Y Shane Long tiene calidad para serlo, de hecho le sobra, pero O'Neill, siempre dispuesto a sacar el máximo rendimiento de sus jugadores, sabe que ese es el camino para sacar su mejor versión. Pincharle, encabronarle y jugar con su moral. Su gol anoche aseguró que República de Irlanda jugará, como mínimo, la repesca para estar en Francia. Eso en el peor de los casos, pues una derrota en la última cita ante Polonia podría incluso valer para clasificar de forma directa como mejor tercero. Claro que de imponerse a Polonia, Irlanda no sólo entraría automáticamente en la Eurocopa, sino que encima podría hacerlo como primera de grupo.

Y es que anoche, en Dublin, un equipo cuya mitad (5 de 11) de la plantilla titular correspondía a jugadores de la segunda división inglesa se impuso a toda una campeona del mundo que recopilaba estrellas hasta en el banquillo. Alemania, contenta con un punto, tuvo la pelota en todo el primer tiempo. Aunque sin peligro. Posesión banal sin importancia en zonas donde no influye para nada tener el balón o no. Algún día se acabará comprendiendo que posesión nunca es sinónimo de dominio. Porque si alguien ayer mereció ganar y pareció hacerlo fue la República de Irlanda, que acabó con tres puntos en el zurrón tras cosechar sólo un 33% de posesión. Todo treses, como los que lleva el cuerpo técnico en la ropa, o como los que cuelgan por todo el estadio en referencia a Three, la empresa de telecomunicación más importante del país y que representa a la selección, un tres que hace también referencia a cada una de las hojas del trébol, una de los iconos del país. 

Y mientras los campeones del mundo (se) dormían con el balón, los irlandeses se acomodaban en el juego, no querían despertar a la bestia antes de tiempo. Con Robbie Keane en el banquillo (su presencia incluso, tras acabar de ser padre, era duda) como revulsivo para la segunda mitad, O'Neill tenía las ideas claras. Sabe que el mejor jugador de todos los tiempos de la selección, a sus 35 años, está para pequeños esfuerzos. Dio primero entrada a Shane Long y el del Southampton, en sólo dos minutos, cambió el partido. 

De pronto los de verde cambiaron el gesto, su actitud fue distinta y Martin O'Neill se convirtió en Alejandro Magno llamando a sus tropas al ataque de los persas alemanes de Low con Long a la cabeza. Y en el primer balón que tocó el 9, Irlanda se hizo con el partido. Fue en un balón largo desde la portería, cogiendo a Alemania abierta y desprevenida. La velocidad punta de Long, que lo hizo todo a mil por hora, cambió el duelo en una jugada. Dejó correr la pelota. "Recuerda chico, el balón siempre corre más que tú" debió pensar. Algo que se aprende en 1º de fútbol, cuando eres sólo un benjamín, y en un abrir y cerrar de ojos ya le sacaba los metros suficientes a Hummels y Boateng para ser inalcanzable. Sólo tocó dos veces el balón entre el banquillo y el gol. El primero fue para ejecutar un control soberbio, sin perder ni un ápice de velocidad en su larga carrera hacia Francia, y el segundo para batir por toda la escuadra a un Neuer que no sabía por dónde le venía todo ese arsenal ofensivo irlandés. En realidad sólo estaba Long, pero parecía una manada de leones. 

        

Y ahí se acabó el partido. Alemania, dormida durante más de una hora, no pudo cambiar el chip, no despertó en los últimos 25 minutos y sólo Müller, que falló una ocasión inexplicable, intentó superar el letargo. Martin O'Neill administró somníferos a los visitantes para atacarles en su fase REM con velocidad, electricidad y hasta un punto de hiperactividad. Nunca pudo ingresar Robbie Keane, pues las lesiones de Ward (nada más entrar Long) y Given (en la primera mitad) agotaron las sustiticiones, Incluso Brady, también tocado en la recta final, se tuvo que quedar en el campo completamente cojo. Pero el autor del gol jugó por los dos. Correteó por el campo, peleó cada balón y fue una bombona de oxígeno en cada pelotazo en largo de su equipo. Hasta el punto que los últimos finales fueron de los locales. Ni siquiera pudieron los alemanes aspirar a la heroica de colgar balones, pues el cuero fue de unos irlandeses que lograron la posesión en las inmediaciones del área visitante para acabar dando la estocada al partido arañando segundos en los corners. 

Shane Long, todo alegría, fue quizás quien mejor expresó ante las cámaras de televisión post-partido todo lo que había vivido República de Irlanda en esos mágicos 90 minutos cuando, poco antes de admitir que se trataba del gol más importante de toda su carrera, un largo e intenso "yeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeah" encendió las calles de la Isla. San Patricio hecho persona. 

sábado, 6 de junio de 2015

Mundial Sub-20: Marc Stendera, el alumno aventajado

Sobresale por encima de todos el dorsal número 10 de Alemania en Nueza Zelanda, donde chicos menores de 20 años dan sus primeros pasos en un Mundial para convertirse las figuras de los posters de pared de otros más jóvenes que sueñan con, algún día, dedicarse al mundo del balón. Si bien Ángel Correa destaca por su desparpajo, por ser el diferente, por ser el talento, Marc Stendera (10 de diciembre de 1995) es el talante, la calma antes de la tempestad. 

Stendera, con el Eintracht / E. FRANKFURT
Alemania puso algo más de un lustro una semilla que ahora está dando sus frutos y que no parece, de momento, tener fin. El primer éxito tuvo lugar en 2009, donde unos imberbes aún desconocidos levantaban una Eurocopa Sub21 y, en su mayoría, irrumpían el año siguiente en Sudáfrica para demostrar que no eran flor de un día. Alguno de esos son hoy mundialmente conocidos como Manuel Neuer, Mesut Özil, Matt Hummels, Schmelzer, Sami Khedira, Jerome Boateng o Howedes, algo más que una columna vertebral a la que un año más tarde se unieron los Toni Kroos y Thomas Muller de turno.

Años de trabajo que tuvieron recompensa el año pasado en Brasil, donde tras arrollar al anfitrión en semifinales, rompieron el sueño del mejor jugador del mundo en la lucha por el título con un gol de Mario Götze. Él y Marco Reus, ausente este último por una lesión, son los siguientes en un árbol genealógico teutón que no parece tener fin, toda vez que Julian Draxler, por ejemplo, ya está apuntado a la fiesta, y Leon Goretzka y Max Meyer llaman con fuerza. Pero un paso por detrás de todos ellos, aparece la figura de Marc Stendera. Aún con 19 años, debutó hace dos en la Bundesliga defendiendo los colores del Eintracht de Frankfurt, club que le ha formado como jugador y de cuya titularidad no se ha esfumado. 

Stendera se mueve bien entre líneas, es un mediapunta versátil, con mucha movilidad, al que le encanta hacer las cosas más prácticas que bonitas. Conduce el balón elegante y suenan tambores de guerra cada vez que se aproxima a la zona de influencia. Su golpeo a balón parado es su mayor cualidad, tiene un francotirador en la pierna derecha y hace de cada córner o falta un pase de la muerte o un penalti. Además, tiene buen disparo con ambas piernas. No obstante, es más asistente que goleador, pero suele acabar con buenas cifras de cara a puerta si juega cerca del área, donde más le gusta moverse. Y es que Thomas Schaaf esta temporada ha retrasado su posición hasta el doble pivote o le ha puesto en medio en un rombo que ni creaba ni destruía y era un poco la ley del más fuerte.

Una lesión del ligamento cruzado de su rodilla hace dos años que le tuvo 8 meses parado cortó su progresión meteórica, y es por eso quizás que juega con los chicos de su edad y no un par de cursos por delante, con los de su calidad. Su aplomo con la pelota y la toma de la decisión correcta en cada momento le hacen un jugador muy valioso. En Frankfurt ya le llaman 'El Götze bueno', por su parecido en el campo con el goleador de la final del Mundial. Stendera ya lideró el pasado año a Alemania Sub19 a levantar el título de Campeón de Europa a la vez que Götze hacía lo propio con la Copa del Mundo y este verano, dando un paso más en su carrera, está dirigiendo a sus compañeros a la conquista de un objetivo superior. El Borussia de Dortmund ya le tiene en su lista tras la exhibición que dio esta temporada contra ellos, pero el chico no parece, de momento, decidido a abandonar su casa. La dimisión de Schaaf, además, puede venirle a las mil maravillas si el próximo entrenador decirle darle galones en la mediapunta. Stendera es una realidad y la llamada de la absoluta no se hará esperar. La última pepita de oro de la generación dorada alemana ya ha sido descubierta.
Marc Stendera, en 2014, campeón de Europa con Alemania Sub19 / UEFA