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miércoles, 6 de marzo de 2019

Paradigma Petrucci: un caso excepcional

Mirco Lazzari gp/Getty Images
Acostumbramos desde hace más de 10 años a ver más o menos las mismas caras en la parrilla de MotoGP. Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo y Valentino Rossi jugándose los títulos y las victorias con el invitado especial Casey Stoner, cuyo paso por la categoría fue tan efímero como excepcional. Qué bonito habría sido que no se retirase el canguro más rápido de la tierra porque de su talento y agresividad en pista habría nacido una posible batalla de leyenda. La que a buen seguro habríamos disfrutado con Marc Márquez.

Y es que los tiempos han cambiado y aunque Stoner y Pedrosa ya se hayan bajado de las dos ruedas, han aparecido muchachos nuevos con mucho hambre, como Maverick Viñales, al que se ha unido un Andrea Dovizioso que ha dado varios pasos adelante cuando ya casi nadie confiaba en él. La familia de Los Fantásticos ha ido ampliándose cada vez más hasta el punto que alguno se ha tenido que quedar sin moto competitiva. Hay tres equipos que brillan con luz propia. Las monturas oficiales de Yamaha, Honda y Ducati son las seis patas negras de pedigrí que separan el grano de la paja y que marcan un poco la línea. Ganar con una que no sea ellas es poco más que utópico siempre que no sea una carrera catastrófica, y a una de ellas se sube hoy Danilo Petrucci, cuyo recorrido hasta ser uno de los firmes candidatos no ha sido para nada el habitual.

La carrera hasta las motos grandes suele ser siempre más o menos la misma. 125cc y 250cc de antesala a la lucha con los mejores, convertida desde hace años en Moto3 y Moto2. Por ahí pasaron los ya citados Rossi, Márquez, Dovizioso, Pedrosa, Viñales o Lorenzo, logrando por lo general entorchados en todas las cilindradas. De los 22 pilotos que habrá el domingo en parrilla, en el primer gran premio de la temporada, todos salvo cuatro se habrán fogueado en todas las categorías inferiores antes de dar el gran salto: Crutchlow, Miller, Syahrin y Petrucci. Si bien, en el caso del malayo y el australiano, la cosa es un poco a medias, pues el primero entró al Mundial directamente en Moto2 y el aussie saltó desde Moto3 a la máxima categoría en una historia que también es difícil de ver.

Por su parte, Crutchlow encontró acomodo directamente desde las Superbikes, tras ser campeón de Supersport en 2009 y lograr un quinto puesto en 2010 en SBK en una fórmula que sí hemos visto más a menudo con las llegadas directamente desde el otro campeonato de pilotos como Toseland, Vermeulen, Hopkins, Ben Spies o Colin Edwards.

Antes de cumplir los 17 años, Petrucci se inició en el Campeonato europeo de Superstock 600. Y todo sea dicho, sus números no fueron los mejores, logrando solo cuatro victorias en los tres años que estuvo. Las consiguió todas en el último año, lo que le dio pie a escalar algún peldaño más y entrar a formar parte de la FIM Superstock en 2010, la antesala de las Superbikes. En su segundo año mantuvo una lucha maravillosa con su compatriota Davide Giugliano, que al final acabó haciéndose con el título y logrando quizás el que fuera mejor premio: un asiento en Superbikes, con la Ducati oficial como compañero de un Carlos Checa que venía de ser campeón. Vamos, la moto más competitiva de la categoría.

Petrucci, olvidado porque nadie se acuerda del subcampeón, buscó suerte en el campeonato de MotoGP, en el equipo Ioda, subiéndose a lomos de una Aprilia en lo que era un proyecto totalmente experimental que parecía no iría ir a ningún sitio. El italiano acabó el Mundial 19º, con 27 puntos, y desde entonces no ha hecho más que crecer. Nadie le ha regalado nada. Continuó así dos años más, peleando en el fondo de la parrilla y logrando resultados claramente por encima de la montura que llevaba, hasta que en 2015 Ducati y su equipo satélite llamaron a su puerta. Y eso que parecía condenado firmemente a hundirse durante un par de años en el fondo de la parrilla hasta desaparecer, como Alex Hoffoman, James Ellisson o Andrew Pitt. Pero no.

Heredando la moto que dejaba Andrea Iannone, que subía al equipo oficial, Petrucci iba a montar siempre una Desmosedici anterior al año natural pero con la que Iannone había demostrado se podían hacer cosas interesantes. Y así, en su primer año, el salto de Danilo fue mayúsculo, logrando un segundo puesto en Silverstone en una carrera bien pasada por agua en la que incluso pudo haber ganado al mismo Rossi.

En cuatro años en el equipo B de Ducati, Petrucci ha subido seis veces al cajón (cuatro veces segundo y dos veces tercero) pero todavía nunca ha conseguido ganar. Su ascenso ha sido tan notorio, que en los dos últimos años ha llevado la misma montura que los pilotos oficiales de la marca y ahora, tras cuatro años trabajando en la sombra, le ha llegado la oportunidad. Por primera vez en su vida, Danilo Petrucci, a sus 28 años, tendrá una moto pata negra, una Ducati oficial. Nadie le ha regalado nada, su camino hasta MotoGP ha sido un camino de espinas y difícil de repetir y esta temporada todas las miradas se van a centrar en él, el chico que fue capaz de bajar del sillín a uno de los fantásticos y cuyo rendimiento y regularidad todas las semanas con los mejores aún está por ver.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Maverick Viñales va muy en serio



Apenas llegó la bandera a cuadros que terminaba la temporada 2016, se volvía a apagar el semáforo en Valencia para que los pilotos empezaran la nueva temporada. Los test de martes y miércoles en Cheste han servido para dar el pistoletazo de salida de pretemporada y dejar las primeras sensaciones en un mercado que ha sido muy movido y que depara un 2017 que se antoja apasionante.

Maverick Viñales, nuevo piloto de Yamaha, ha sido sin duda la sensación de las pruebas en el trazado valenciano. Viñales, que viene de cuajar una gran temporada con Suzuki, a la que llevó a lo más alto del podio en Silverstone, demostró ya a las primeras de cambio que puede ser el piloto que más haya acertado con el cambio de monturas. Su tiempo el martes con la moto de 2016 (1'30.9) le colocó en lo más alto de la lista, seguido muy de cerca por su nuevo compañero de equipo, Valentino Rossi y por un Jorge Lorenzo que se subía por primera vez a la Ducati, pero a la de 2016.

La Yamaha y Maverick parecen hechos el uno para el otro. Vale que sólo van dos entrenamientos, que sólo son los primeros ajustes y que aún tiene que cambiar todo mucho. Pero no se veía una conexión tan rápida y un engranaje tan perfecto desde que Casey Stoner se montó en su Ducati hace ya casi una década. Porque Maverick también ha sido el piloto más rápido en la segunda sesión de entrenamientos (1'29.9). La cara de Lorenzo y Stoner, juntos en el box de la marca italiana, cuando el de Yamaha bajó del 1'30 lo dice todo. Maverick ha irrumpido en 2017 como un elefante en una cacharrería. Nadie duda de su talento, nadie duda de su precocidad, nadie duda de su ilusión y de sus pericia con las manos sobre las dos ruedas. Aún es pronto para pronosticar si Viñales va a ser o no candidato al título (aunque yo me aventuro y digo sí), pero el hecho es que lo tiene todo para serlo. A su potencial y su nivel presente hay que unirle ya, al fin, una montura rápida que le llevará a ganar carreras. Su handicap ahora está en otros frentes. Ya no deberá correr por encima de sus posibilidades para tener que luchar por entrar en el podio, como sucedía con Suzuki. Ahora tendrá que pulir su sistema de salidas (que deja bastante que desear) y su miedo a pilotar en agua (esta última temporada se han vivido demasiadas carreras con el terreno mojado). Eso le llevará a la regularidad y de ahí vendrán sus aspiraciones de título. Ya se vislumbran al fondo sus duelos con Marc Márquez y, sin duda, de darse más pronto que tarde se antojan emocionantísimos. Una Yamaha contra una Honda comandadas por, posiblemente, los dos pilotos con más talento de la época reciente.

Porque Marc Márquez puede estar también contento. El campeón se ha dedicado a rodar con la moto de 2017 y seguir sumando vueltas a una montura que ya había probado y que antoja una mejora considerable de la del año pasado. Su límite lo pone él. Si sabe gestionar el año como el último, será el máximo candidato a revalidar el título. Si trata de ir más rápido de lo que sus posibilidades le indican en según qué circuitos, se encontrará con un nuevo 2015 o con una temporada igual que el final de la que acaba de terminar. 

Jorge Lorenzo se subió por primera vez a una Ducati y el balance es positivo. La moto sigue siendo la tercera en discordia de la parrilla, pero con su aportación y la dedicación ya 100% de Stoner, más lo conseguido por Dovizioso, puede poner la máquina roja a la altura de las dos monturas japonesas. Eso lo marca Dovi, que englobó un cómputo de tiempos positivísimo en las dos jornadas. El italiano fue quinto el martes (a dos décimas) y el miércoles fue tercero, el primero de la otra Liga. Lorenzo, que llega a la marca como número uno, deberá ser el nexo entre luchar por el podio y poder ganar carreras. La experiencia y habilidad del 99 obligan a cerrar esa distancia entre Ducati y Yamaha y Honda. Cuando Lorenzo tenga todo en su sitio, se antoja muy posible que tenga carreras liderando de semáforo a bandera, esas que tanto le gustan a él, como en Valencia estos dos últimos años. 

El cuarto en discordia es Valentino Rossi. Y es que ya no sorprende a nadie que un tipo que cumple 38 años a la vuelta de la esquina siga siendo igual de rápido que hace dos décadas. Un Rossi que ha tenido que adaptarse a todos los cambios, competir contra 3 generaciones de pilotos que llevaban los nuevos sistemas en su adiestramiento y aprendizaje. Il Dottore estuvo mejor el martes (segundo), que el miércoles. Pero de Rossi tampoco importa mucho. Un piloto de domingos, el único capaz de sacarse un ritmo en carrera que no ha tenido en entrenamientos.

Luego está Pedrosa, un peldaño o dos por debajo. Dani lleva 15 años seguidos ganando al menos una carrera en el Mundial. Es el "Y si..." continuo. "Y si no se hubiera caído...", "Y si no fuera tan pequeño...", "Y si Honda se centrara un poco más en él...". El caso es que su sistema siempre es el mismo, cíclico. Problemas para empezar, se adapta, empieza a subir al podio, gana carreras, y cuando está al nivel de los hasta ahora 3 fantásticos (él es el cuarto), se cae (o le tiran), se lesiona y vuelta a empezar. Así nunca se puede luchar un Mundial en la máxima categoría (y él lo ha hecho durante siete años hasta las últimas carreras). La historia reciente y sus dos últimas malas temporadas (y eso que en 2015 fue el piloto que más puntos sumó en el segundo tramo de la temporada) nublan la vista de quienes no le mete en las quinielas al título. Vale que tenga menos opciones, por pura estadística, puros números, pero ahí están sus credenciales. Y cuando Dani es rápido, que es un reloj, no hay nadie capaz de darle caza. Así las cosas, un inicio positivo de temporada por su parte le colocaría como un serio aspirante, como todos los demás. Es por eso que sus rivales le tienen mucho más en cuenta de lo que lo hace la opinión pública, relegándole siempre a un segundo plano. Quienes comparten parrilla con él saben que es mejor que las cosas no le vayan bien, porque es muy extraño que un piloto de su calibre pase 10 años por el Mundial y se vaya con el palmarés a cero. 

Con Andrea Iannone nos vamos a divertir, y mucho. El panorama no se va a diferenciar mucho de lo que vimos al maníaco con la Ducati no oficial de Pramac. El italiano va a seguir siendo rápido, va a correr por encima de sus posibilidades y las de la moto, va a caerse, va a seguir siendo agresivo, va a continuar haciendo adelantamientos extraordinarios, va a tocar metal y quién sabe si alguna victoria. Es un lujo tener un piloto como él en la parrilla, el espectador lo sabe y ojalá Suzuki siga con su crecimiento para tener más corredores en la pelea. 

En la otra liga, los pilotos no oficiales cada vez se acercan más a la primera división. Ahí entra en juego Crutchlow, ganador de la competición en 2016 y asoma la cabeza Jack Miller, otro al que el talento le rezuma por las orejas. Se aleja de ahí Pol Espargaró, que va a tener una empresa difícil, y asoma la cabeza su hermano Aleix, que ha cogido el testigo de Bautista en Aprilia y la puede hacer evolucionar un pasito más. De eso el mayor de los hermanos sabe un rato. 

Italia se apunta a las categorías pequeñas

Nos vamos a divertir también con Moto2 y Moto3 este año. En la categoría intermedia ya no están los gallitos de la última temporada y ahora toca el relevo de testigo, generacional. Morbidelli se presenta como el máximo candidato al título junto a Luthi. El suizo, actual subcampeón, puede tener ante sí la última bala para volver a hacerse con un cetro mundialista. De seguido, saber de qué es capaz de hacer Fabio Quartararo con el siempre competitivo Sito Pons. El francés ha pagado en exceso su aura de niño prodigio y debe dar un paso adelante para no quedarse en eterna promesa. Junto a ellos, habrá que ver el nuevo proyecto de KTM con el campeón de Moto3 Binder y un recuperado Oliveira, que vuelve a juntar su camino con Ajo. En esa pugna deberán estar Jorge Navarro y Álex Márquez. Quizás el título les quede grande, pero deberán luchar por subir al cajón y estar siempre en el top 5 (Si Álex logra no caerse cada GP tendrá una baza a jugar por el título), peleándose con sabios de la categoría como Corsi, Simeón o Nakagami. El japonés está siendo el más rápido en los entrenamientos de pretemporada, pero luego, en las carreras, le cuesta ser regular. Muchas ganas hay de ver a Bagnaia con el equipo de Rossi. El italiano, capaz de ir rapídisimo con un hierro en Moto3, puede ser sin duda la sorpresa del año. Su capacidad de adaptación y su versatilidad para pilotar cualquier montura hacen de él un activo atractivo para 2017.

En la categoría pequeña, Bastianini coge el favoritismo para hacerse con el título. Después de dos años luchando por la corona, el aterrizaje del italiano en el Estrella Galicia le coloca como el obligado aspirante al campeonato. Junto a él estará un Romano Fenati que vuelve de su exilio con Ongetta, el equipo que le vio nacer. Fenati ha sido el más rápido en las primeras pruebas con su nueva moto y su talento es incuestionable. En un segundo escalón se sitúa Antonelli. Su llegada a KTM le hace ganar enteros en las quinielas. Cuando Antonelli aprenda a no caerse, será un peligro en la lucha por el título para sus rivales. Para romper esa hegemonía italiana (a la que pueden sumarse pilotos como Dallaporta, Bulega, Di Ginnianantonio o Migno, que seguro, al menos uno dará la sorpresa y estará arriba) está Joan Mir. Con el Leopard retornando a Honda, Mir, rookie del año, se postula como uno de los pilotos candidatos. Se espera también un buen hacer de Jorge Martín y Canet, que deberán luchar por podios y quien sabe si por alguna carrera. Igualadísima la temporada, a no ser que uno de los más veteranos saque su brazo ejecutor, como el curso pasado Binder y hace dos Kent. Pero habrá podios para todos.





domingo, 8 de noviembre de 2015

El motociclismo no ha ganado nada


Celebra Jorge Lorenzo su quinto título del mundo, el tercero en la categoría reina y el de Yamaha lo hace por mérito propio, con los credenciales de una carrera dominada desde que se apagara el semáforo hasta la bandera de cuadros, dando gas a fondo y sin levantar el pie ni para coger aire. La carrera perfecta. El domingo soñado. No se puede decir lo mismo del espectáculo, del motociclismo que han intentado convertir en fútbol durante las dos últimas semanas. No aporta nada a un deporte de riesgo, extremo, ganar miles de espectadores, romper las barreras de la audiencia si los ojos quienes lo ven sólo buscan el fracaso del otro en forma de caída, la riña que provoque el caos y termine con uno o más besando el asfalto

No se tiene que enorgullecer de que un piloto campeón, corriendo en su propia casa, sea abucheado, silbado e insultado. En el caso de Lorenzo ya viene siendo habitual, el 99 está acostumbrado, que no por ello deja de ser vergonzoso y criticable. Salvo a sus fans, que lo idolatran, es un piloto que cae mal y punto. Sabe vivir con ello esta versión de Lorenzo 2.0 que llevamos ya viendo años del mallorquín. Tampoco en el caso de Márquez, que deberá acostumbrarse a ser el enemigo público número uno del paddock. No sé si existió el Pacto de Andorra, seguramente no. Pero no pondría la mano en el fuego porque esa reunión fuera deseada por alguno, y no precisamente por el campeón. Porque Jorge Lorenzo tiene un mérito increíble, ir tan rápido tanto tiempo sin cometer un sólo error no es fácil. Ha sido el piloto más rápido del año, ha cometido algún que otro fallo que le ha hecho tener que sufrir hasta la última prueba, pero su coronación está fuera duda. Lo que no es lógico, al menos cuando el que va detrás es el 93, es no ver a Márquez intentar ni un sólo adelantamiento en 30 vueltas. Tres decenas de giros detrás, a unas solas centésimas de la Yamaha de Jorge sin asomar siquiera el morro. Sólo con abrir gas a tope, en la recta, por cuestiones de velocidad y rebufo, Márquez se podría haber puesto en cabeza en cada paso por meta. Ni comparar quiero cómo Márquez buscaba la mejor posición contra Rossi en Sepang a como lo ha hecho hoy en Valencia.

Lo afirmó Jorge al final de la carrera. "Márquez sabía lo que me jugaba y no me quiso meter la moto". Ya, más frío, reforzaba la idea. "Somos españoles y el título se tenía que quedar en España". También uno de sus mecánicos, que le agradecía la actuación al de Honda en el parque cerrado. Miente entonces el de Cervera cuando defiende que su objetivo siempre es ganar y en caso de no poder, hacer la mejor posición posible. Ha sido juez del campeonato y lo ha hecho de forma voluntaria. Pedrosa no. El 26, que se había quedado guardando goma, llegó a falta de pocas vueltas y quizás le faltó un giro para preparar mejor la estrategia. Dani merece ser campeón en 2016. Al menos, una temporada plena, sin lesiones, y que la pista decida si debe serlo o no. Ya han sido muchas veces 'casi'.

Tampoco es plato de buen gusto para la deportividad que pilotos como Petrucci o Pirro, italianos, ambos de Ducati, marca transalpina, se dejasen pasar de una forma tan descarada permitiendo a Valentino tener dos motos menos que adelantar. Claro, que ya estábamos avisados, llevaban toda la semana. A Petrucci le faltó bajarse de la moto e impulsar a Valentino, estilo etapa del Tour de Francia.

Quizás la carrera vendida como la mejor del siglo no haya sido tal, pues salvo la remontada lógica de Rossi, que iba a llegar antes o después, ha sido lo más 'espectacular'. Y cuando algo de verdad es lógico, deja de ser espectacular. Y ese era el guión escrito salvo que Iannone o Aleix Espargaró se pusieran en cabeza rápido en la salida realentizando un poco las primeras vueltas permitiendo llegar a Rossi con más facilidad. Para cuando el de Tavullia quiso ponerse cuarto ya tenía 12 segundos de desventaja con los pilotos del podio, una distancia insalvable.

En definitiva. Lorenzo es campeón, merecido y justo. Trabajado y remontando en la última carrera, que sabe mejor. No ha pedido ayuda a nadie aunque se haya visto beneficiado de una u otra forma por la batalla que mantienen Rossi y Márquez, que escribirá varios capítulos más y sólo acaba de empezar. El 99 tiene un título más en sus vitrinas, seguramente el que más besará, adorará y abrazará. Pero el motociclismo no ha ganado nada. 

viernes, 6 de noviembre de 2015

Rossi vs Lorenzo: Posibles escenarios


Si pudierais elegir, ¿qué preferiríais, ser Jorge Lorenzo o Valentino Rossi? ¿Llegar a la última carrera del Mundial con siete puntos de ventaja, pero saliendo último, o tener que recortar esa distancia partiendo desde una de las cuatro primeras motos de la parrilla? Las carreras son las carreras y si algo he aprendido en más de 15 años disfrutando cada domingo (¡cómo sufro los fines de semana de descanso!) es que puede pasar de todo y que poco puede importar cómo se presente la previa. 

¿Llegará Rossi a la cabeza? Esa es la pregunta que todos se hacen a estas alturas de la semana. Pero no sólo si conseguirá acabar entre los cuatro primeros, cosa que puede ser más o menos factible, sino si conseguirá contactar con Lorenzo y las Honda de Pedrosa y su ya nuevo mejor amigo Márquez. Valentino necesita una carrera lenta, o al menos, que el ritmo sea bajo en los primeros giros. Y es por eso que equipos y pilotos que prácticamente no cuentan en absoluto, puedan ser determinantes. Todos apuntan a si las Ducati se dejarán pasar rápido por el Doctor, pero nadie mira a si Dovi o Iannone pueden imponer su ley desde la cabeza. Vale que Cheste no es un circuito propicio para la marca italiana, pero el estado de forma de Iannone (y sus tiempos del viernes) hacen presagiar que esté en la cabeza pronto. Más incluso si retrocedemos un año en el tiempo. La temporada pasada, el 29 dominó la prueba durante 10 vueltas antes de que la lluvia condicionara todo. No anda mal aquí el número dos de Ducati. Otra cosa es Dovizioso, hundido desde que en el primer tramo de la temporada, cuando luchaba por el campeonato, los problemas técnicos le golpearan. Que una de las Ducati se ponga en cabeza, sin duda, favorecerá que Rossi pueda llegar al grupo. 

En un plano mucho más oculto están las Suzuki de Aleix Espargaró y Maverick Viñales. No tienen velocidad punta alguna, pero corren en casa y cuando Aleix pisa España, se crece. Además, pese a que de momento los tiempos no me dan la razón, las balas azules deberían rodar bien en Valencia por estilo de circuito. Una buena pole mañana, o una gran salida el sábado, pueden meter a dos invitadas donde nadie las espera y condicionar un poco la carrera.

Otro factor es la Yamaha Tech 3 que pilotan Pol Espargaró y Bradley Smith. Prácticamente filial de Yamaha, que ha estado durante 15 días apoyando a Valentino, las órdenes de equipo, si es que hay, pasan porque Rossi llegue a la cabeza y que gane el mejor a igualdad de condiciones. El pequeño de los hermanos está dando la nota en los primeros libres y muestra que tiene ritmo mientras que el británico es junto a Valentino el único piloto que ha puntuado todos los domingos. No suelen dejarse ver en las primeras vueltas y es lógico verlas de menos a más, pero nunca se sabe.

El plato fuerte está arriba, con los tres españoles que parecen unánimes en su deseo de que Lorenzo gane el Mundial. Pedrosa quiere ganar. Es el piloto que más veces lo ha hecho aquí y con la autoridad que impuso en Sepang quizás el favorito. Tras una dura temporada, cerrar con tres victorias en cuatro carreras le catapultaría a empezar con la moral por las nubes el próximo año, el de su eterno asalto al título que no tiene. Su ritmo no ha sido totalitario pero junto a Lorenzo ha sido el más regular. Tratará de repetir una salida como la de hace 15 días, marcharse en solitario y repetir victoria dominando desde la primera vuelta. Si eso pasa, Rossi tendrá imposible llegar a ganar la carrera.

Habrá que ver si, en esas condiciones, Márquez y Lorenzo se irían con él o se quedarían unos segundos más retrasados. El 93 no ha tenido unos entrenamientos fáciles pese a dominar el libre uno. Además, encadena varios grandes premios saliendo más mal que bien. La otra variable, y principal, es la de Lorenzo, el aspirante a campeón. Su estilo de salir y tirar no ha tenido rival hasta que Dani ha vuelto al 100%. Lorenzo necesita escaparse en solitario y abrir hueco lo más rápido que pueda y todo pasa por una buena clasificación y una gran salida. Nos tiene acostumbrados, pero las Honda aquí van muy rápido y, sinceramente, que no gane una de ellas sería una sorpresa.

Es por eso que las Honda, que van mejor que las Yamaha, deberían hacer doblete en un escenario más o menos lógico, con Jorge Lorenzo cerrando el Podio y un Rossi cuarto en una posición que sí le daría el título. Como si algo de todo lo que está pasando fuera medio normal...

lunes, 26 de octubre de 2015

La alargada sombra de Rossi, el legado de Marc

    

Han pasado ya más de 24 horas desde la acción de la vergüenza que es y será noticia durante las dos siguientes semanas, hasta que Valencia dicte sentencia. Lo que hizo ayer Valentino Rossi es deleznable. Quizás la mancha más grave en su currículum, que sólo es impecable en cuanto a títulos. Cierto es, por otro lado, que Marc Márquez tampoco va a recibir el premio Fair Play. Así lo entendió Dirección de Carrera: sanción para uno por el gesto, toque de atención para el otro por su puesta en escena para hacer valer las palabras de Rossi en rueda de prensa el jueves. Márquez iba a fastidiarle. No extrañaría a nadie, por otro lado, que el 93 calificara el último en Cheste. Un sainete de mal gusto. El circo que ya aventuró Stoner.

Madrugué, como siempre desde que tengo uso de razón (en algunas confirmo que fue más bien trasnochar), para ver las pasadas y repasadas de los chicos de la categoría pequeña que para mí son los teloneros perfectos para los mayores y con los que admito, me lo paso mucho mejor incluso que con la categoría reina. Reconozco que me eché una cabezacita en Moto2, con todo el pescado vendido y Zarco en plan Atila, para estar más que despejado para la que se antojaba carrera de más tensión en los últimos lustros.

Supe que algo raro iba a pasar cuando vi a Valentino erguirse encima de la moto, mirar hacia atrás y recriminar con la mano la actuación de Marc. Cosa muy normal en otros tiempos, por otro lado. En ese momento comprendí que cada curva iba a ser un examen para el catalán y que Rossi estaba barruntando algo, como tantas y tantas veces ha hecho. Son muchos años viendo carreras y por eso no entiendo a los que ayer perdieron un mito. Probablemente nunca lo vieron correr. Porque Rossi siempre ha sido Rossi. Bueno, no. Hubo una época, con el pelo largo, o de colores, en la que se hacía llamar Rossifumi, pero eso es otra historia. Poco elegante fuera de la pista, igual o más que fuera. Un niño grande, que nunca quiso madurar (como sí Jorge Lorenzo, por ejemplo) porque todo lo que provocaba lo solucionaba con una sonrisa y el clamor popular de quien mueve a la masa contándose por millones. Sin entrar a valorar, claro está, su capacidad de competir, su técnica y sus cualidades encima de una moto. Porque sin duda es el mejor piloto de la historia, capaz de ganar con un hierro en la época donde de verdad ganaba el piloto y no la moto, que importaba mucho, pero no tanto como ahora. Capaz también de medirse con estas nuevas generaciones de talentos y con unas máquinas que en nada se parecen a cuando él creció, ha tenido que reaprender a pilotar.

El 46 no entró con buen pie en el campeonato. Su primer gran enemigo, y su rival histórico por defecto, fue Max Biaggi, el dominador claro del cuarto de litro. Biaggi era un ídolo de masas, pero nunca fue el mismo cuando el de Tavullia irrumpió en el campeonato. Entonces, como pasaba con Marc, Valentino tenía su pared repleta de posters del piloto romano, que se convirtió en su archienemigo en cuanto pisó el paddock. Y lo fue incluso sin competir en la misma categoría. El primer año de Rossi en 125 fue un absoluto caos y desde su equipo se le pidió mesura. Tras más de un toque de atención, sus mecánicos y jefes le instaron a tomar a Biaggi como modelo, cosa que provocó en Rossi un fuego interior que hoy perdura e inició ese odio hacia el romano que nunca se terminó de ir del todo, por mucho que hoy puedan ser capaces de forma cordial de referirse el uno del otro. 

"¿Te gustaría ser el Biaggi de 125cc?", le preguntaron a Valentino, por la posibilidad de ganar más de un campeonato en la categoría pequeña. "Es él quien quiere ser el Rossi de 250cc", respondió ante la incredulidad de los medios. Esto alertó a Biaggi, que ya sabía que un chico de su misma nacionalidad venía haciendo ruido sobre la pista y criticándole por la espalda. En la gala de entrega de premios de fin de temporada, el romano estaba soltando un discurso tras recoger su cuarto título consecutivo de 250cc cuando Rossi, en primera fila, comenzó a reírse a carcajadas, a cuchichear y a interrumpir de forma maleducada el momento de gloria de su compatriota.

Rossi, con la muñeca hinchable en Mugello
"¿De qué coño te estás riendo?", le preguntó bastante enfadado Biaggi. Tuvieron que interponerse entre ellos para que no llegaran a las manos. Y es que la relación, que nunca existió de forma positiva, se hizo insostenible cuando unos meses antes Valentino cruzó la línea que no se puede rebasar. Lo hizo en casa, en Mugello, para que escociera más. Se pasó semanas antes de la carrera siendo el objetivo de la prensa rosa por sus polémicas y desacertadas declaraciones sobre la relación que Max tenía con la modelo Naomi Campbell, considerada entonces (1997) como la mejor sobre las pasarelas junto a la alemana Claudia Schiffer por la revista Forbes. ¿Qué hizo Rossi en Italia? Celebró la carrera que había ganado dando la vuelta de honor con una muñeca hinchable en cuya espalda estaba escrito el nombre de la modelo alemana. Nunca negó que lo hizo para burlarse de Max. 

En plenitud de dominio italiano en la categoría reina, ya con ambos sobre la pista al mismo tiempo, la relación no hizo más que empeorar, siempre luchando por el primer puesto sobre el asfalto y por ver quién tenía la lengua más larga en los micrófonos. Se toparon dos egos de tal magnitud que todo acabó por explotar. En la pista, Rossi siempre fue superior a un Biaggi al que acabó torturando psicológicamente y que acabó finalmente sin conseguir su corona en la máxima categoría, desquiciado. El piloto más fino desde Doohan, quizás el más talentoso tras haberse subido por primera vez a una moto a los 18 años. Pocos o ninguno pueden aprender en tan poco tiempo. Como Ullrich con Armstrong. Uno tenía las mejores condiciones vistas jamás, el talento. El otro, que malo no era, acabó jugando con él cual marioneta.

En Suzuka, Biaggi pasó al Doctor con una maniobra al límite en la que sacó el codo a pasear cuando Rossi pretendía chocar carenado con carenado y el 46 se fue a la tierra en recta. Sólo un par de giros después, su venganza se consumó en forma de adelantamiento y peineta. Un gesto que explicó y repitió sin ningún tipo de pudor antes de subir al podio. ¡Ay!, el podio, qué bien se lo debieron pasar allí los dos. Sobre todo en el interior de las instalaciones, donde antes las cámaras no llegaban. A Biaggi aún debe dolerle en el alma el empujón y puñetazo que le propinó por detrás Gino Badioli, entonces jefe de Rossi, cuando accedían al hall donde les esperaban algunas bebidas frías antes de salir en público. Biaggi, el Corsario, devolvió el empujón y luego fue objeto de un lanzamiento de botella que le golpeó, para acto después, ser asaltado por un Valentino que le agredió tanto verbal como físicamente. Biaggi, obvio, que no era una hermanita de la caridad tampoco, devolvió los golpes. Así lo relataban Capirossi, tercero en discordia y el personal de la organización presente, que decidió no premiarles en el podio a modo de reprimenda.


Pero que Biaggi sea el máximo enemigo histórico de Rossi no significa que sea el único. "No podemos ni vernos, no nos soportamos", ha llegado a afirmar Valentino. Su último gran encontronazo en pista fue en Donington Park, en 2002. Con una ventaja suficiente, el Doctor decidió entrar en meta sentado de lado sobre su Honda, con los pies fuera de las estriberas en un acto de superioridad. Biaggi, que vio que iba muy lento, no sólo dio el todo por el todo para tratar de rebasarlo dejándole en ridículo, sino que pasó a pocos centímetros de un Rossi que colgaba literalmente sobre su montura, algo que éste calificó de peligroso. "Biaggi suele hacer este tipo de mierdas cada fin de semana porque siempre me va viendo el culo", lo quiso argumentar. La rivalidad, incluso, se extrapoló a otros deportes y a otras disciplinas. Cuando la Fórmula 1 los invitó a probar, el objetivo seguía siendo el mismo: batir a mi rival. El corsario probó con un Midland, escuadra que nunca ganó un sólo punto en ninguna carrera y Rossi lo hizo con Ferrari. Ganó Max, que no dejó nunca de recordarle que él había ido más rápido en lluvia y con un coche peor que Rossi en seco. También se lanzaron besos cuando el romano estaba en Superbikes ganando campeonatos. Max, con Aprilia (que no estaba en MotoGP) invitó a Rossi a un Gran Premio para volver a competir juntos pues él no podía volver y Rossi le contestó que iría cuando fuera un viejo, dejando caer que es lo que era el romano.

Rossi, entrando sentado de lado en Gran Bretaña en 2002
Los tres últimos años de Biaggi en MotoGP nos proporcionaron batallas épicas, duelos intensísimos entre los dos, adelantamientos con gestos, picardía y más de una mirada desafiante recíproca en las curvas más peligrosas, en las rectas más largas. Te adelanto y te lo restriego por la cara. Pero en ese tiempo emergió una figura que amenazó con quitar el sitio de enemigo a Biaggi y disputó más de una carrera con Rossi. Fue Sete Gibernau, con quien el italiano particularmente jugaba a su antojo para no aburrirse en las pruebas. Aquel toque en Jerez, en 2005, supuso una ruptura en la relación que hasta entonces existía entre el español y el italiano, máximos candidatos al título durante un par de años. 

La rivalidad con Sete fue pasajera y con Hayden inexistente. El norteamericano, al que Valentino subestimó de una forma descomunal, acabó llevándose el título en Valencia por un error del propio transalpino. A Hayden Rossi no lo volvió loco. Nunca le hizo falta, Nicky vivía en un estado propio de locura y ese año fue más bien Pedrosa (que lo tiró en Estoril en la penúltima carrera del año) quien le puso un poco fuera de órbita. 

Entonces llegaron las rivalidades con Stoner y Jorge Lorenzo, la savia nueva del paddock. Siempre desquició al español, al menos a la primera versión del Lorenzo inmaduro que se veía hace años y lo hizo desde el primer día, construyendo un muro para que nadie pudiera ver lo que en su box se barruntaba, para que el hoy 99 no lograse beneficiarse de la evolución de la moto que hacía Valentino. Stoner era distinto. Lo fue desde el primer día y es el único piloto en la historia que ha podido con el italiano en la pista y fuera de ella. Se abstraía de todo con mucha facilidad y cuando hablaba era para dar en la diana. Nunca perdonará a Rossi que creara la falsa idea de que le ganó el título con Ducati porque la marca italiana corría más. Por eso, entre otras cosas, se marchó a Honda. Como Rossi nunca perdonará que el australiano fuera capaz de ser campeón donde él ni siquiera logró un aprobado. Mucho tiempo dedicó Valentino a subestimar lo que el canguro había hecho con la montura roja, no se cortó la lengua al afirmar que él sería incluso superior con los italianos y que sería campeón con facilidad y luego se acabó dando de bruces cuando tuvo la ocasión. Una de ellas, encima, tiró a un Stoner que acabaría siendo campeón del mundo. Fue en 2011 en Jerez, con el Australiano ya en Honda y el italiano con Ducati. Rossi, a quien las caídas en carrera se le cuentan con los dedos de una mano, entró larguísimo, perdió la verticalidad y arrolló al canguro, que le dedicó un corte de mangas desde la grava y seguro que bajo el casco no le mandó besos precisamente. A los pocos minutos, el italiano se acercó al box de Honda para disculparse por su acción y Stoner le puso en su sitio con clase, saber estar, como nunca nadie lo había hecho. "Tu ambición es más grande que tu talento", le dijo, descolocándole. Una frase que dio la vuelta al mundo y por la cual, los tiffosi del italiano le hicieron la cruz al 27.

Nunca supo Rossi cómo meterle mano al australiano, que le venció dos títulos en pista, le arrebató la razón fuera de ella y nunca perdió la compostura como todos los que antes habían entrado al trapo con él. Stoner, que hoy se dedica a pescar y a vivir con dos títulos de campeón bajo el brazo y con la vitola de ser uno de los pilotos más rápidos de la historia, no aguantó con el circo, con la pantomima de lo que era este campeonato y decidió abandonar en tiempo y forma. Y mira que lo intentó, como en aquel adelantamiento en el Sacacorchos de Laguna Seca en 2008, rebasando al de Ducati por la grava, por donde no había sitio mientras se jugaban un campeonato con el cuchillo entre los dientes. Quizás la única victoria de Valentino sobre Casey.


Pero que la carrera de Rossi tenga las mismas luces que sombras no significa que Márquez sea un santo. Su agresividad, muchas veces traducida en peligrosidad, no se trata igual que la que un día mostró Marco Simoncelli. Marc es un pequeño kamikaze, siempre lo ha sido y siempre lo será. Pero en su haber nunca estará esa maldad que sí puede caracterizar al italiano. O al menos de momento. El 93 ha cometido demasiados errores para el poco tiempo que lleva en el Mundial, pero ha tenido la suerte de que sus éxitos han sonado tanto que han tapado esos percances. Uno de los más sonados lo cometió cuando se estrelló contra Wilairot en Phillip Island en 2011. Con los entrenamientos ya finalizados y con los pilotos volviendo al box con tranquilidad, Márquez envistió al tailandés, al que mandó directo al hospital y privó de correr en varias carreras. Por fortuna, todo quedó en un susto. El español fue sancionado por ir demasiado rápido cuando la vuelta de vuelta al box es casi un paseo según la normativa.


No fue muy limpio tampoco lo que sucedió en Montmeló un año después cuando, carenado con carenado, abrió su trazada y se apoyó con Pol Espargaró de forma descarada para terminar tirándole en una acción bastante similar a la sucedida con Rossi ayer y dejando el pequeño de los hermanos muy tocado en la lucha por el título. Su querer ir al límite ha provocado muchos accidentes. Ya el año pasado adelantó a Pedrosa de forma tan peligrosa que le cortó el cable de control de tracción y provocó a su compañero una caída en la siguiente curva.

Este año, sin ir más lejos, hizo gala de su potencia en Catar para quitarse de encima a varios pilotos con malas artes. Y es que en la primera prueba de la temporada, Márquez se fue largo en la primera curva y cuando volvió, se encontró al final del pelotón. Como si de un videojuego se tratara, no dudó en 'apoyarse' en sus rivales para adelantar a cuantos más mejor y llegar rápido a las posiciones de cabeza. A Álvaro Bautista, gran amigo suyo, le estropeó la carrera tras cortarle el cable del freno. "No sé si se piensa que corre sólo. Iba en paralelo con Barbera y una moto se ha metido en medio golpeándonos y pasándonos", aseguraba, muy enfadado. Tampoco fue muy deportivo el intento de adelantamiento a Rossi en Argentina, a quien literalmente golpeo por detrás antes de besar el suelo de forma espectacular. Y el mismo protagonista en Assen. Vale que Rossi ganó la carrera saltándose la chicane. Ahí no voy a entrar, no pertenezco a Dirección de Carrera, pero Márquez entró en la penúltima curva pasadísimo, sin opción alguna de encontrar el sitio bueno y provocando una colisión que pudo acabar mal y al final sólo terminó en polémica.


Incluso, emuló al propio Rossi en Laguna Seca con un adelantamiento como el suyo a Stoner poniendo otra vez en riesgo, no sólo su integridad física sobre la moto. El caso es que ni Rossi es Ghandi ni Márquez es Teresa de Calcuta. Que lo que hizo Rossi no tiene justificación, pero que a Márquez no le van a dar tampoco caramelos por su juego limpio. Son dos egos condenados a odiarse, dos pilotos con unas similaridades sobre la moto abismales. Siempre ha defendido Márquez que Rossi es su ídolo, el espejo sobre el que mirarse y el piloto del que aprendió. Siempre ha querido compararse el 93 con el 46. No se puede juzgar si la sanción de Rossi es justa o no. Yo al menos. Para eso hay unos comisarios que conocen la normativa interna. Pero hay tres precedentes que podrían aplicarse como baremo para este caso.

En 1998, Capirossi llegaba al Mundial de 250cc en la última carrera como líder con 4 puntos sobre el japonés Harada. Rossi se escapó para ganar la carrera y el italiano y el asiático se quedaron peleando por un segundo puesto que decidiría el campeonato. Si Harada quedaba segundo acabaría empatado a puntos con el italiano pero saldría con el título bajo el brazo por mayor número de victorias. Capirossi, para no correr riesgos, decidió tirarle descaradamente en una de las últimas curvas. Harada no pudo terminar mientras que el italiano sí siguió sobre la moto y finalizó segundo, aunque con el japonés fuera habría sido campeón también si él se hubiera caído. Nadie sancionó a Capirossi.


Un año más tarde, también en Argentina, Marco Melandri y Emilio Alzamora se jugaban el título. Al español le valía con ser segundo, mientras que el italiano necesitaba ganar y meter algún piloto entre los dos para salir campeón. Escapado y con mucha distancia, Melandri vio que nadie podría arrebatarle la segunda plaza al español y decidió frenar su moto, ponerse a su altura y empezar a 'jugar' con acciones peligrosas, realentizando el ritmo de carrera y tratando de tirar a Alzamora, que finalmente logró entrar segundo y se coronó campeón. Nadie sancionó a Melandri.

En Montmeló en 2012, Márquez tiró a Pol Espargaró en una de las acciones más polémicas de los últimos años. El 93 abrió su trazada, se apoyó en el carenado de Pol y lo tocó y empujó hasta que su moto cedió y cayó. Espargaró reclamó y a Marc Márquez se le descalificó. Posteriormente, Márquez apeló la sanción y le fue devuelta la victoria, por lo que el acto quedó sin sanción.

viernes, 23 de octubre de 2015

Rossi marca todas las cartas


"Márquez ha jugado conmigo para favorecer a Lorenzo". Directo, fuerte y al pecho. Sin rodeos. Valentino Rossi ya empezó a desviarse en la rueda de prensa oficial hacía el 93 cuando respondió totalmente algo contrario a lo que se le había preguntado respecto a los duelos de la semana pasada en Phillip Island. Insinuaba, entre risas falsas, cómplices y de escondida humildad, que Márquez le había perjudicado realentizando su ritmo para no dar caza a un Jorge que al final sólo fue rebasado por Marc.

No se trató de un gesto espontáneo, de una desviación del discurso casual cuando Valentino, ya fuera de la rueda de prensa atendiendo a los corrillos que se forman para la prensa escrita, sacó el 'vuelta por vuelta' de Márquez y analizó en cinco minutos la carrera. "Márquez me tiene rabia. Piensa que yo le tiré en Argentina y que se tiene que cobrar una venganza por lo de Assen. Siempre se ha comparado conmigo, quiere batirme en títulos, victorias, poles", añadía el italiano, que ponía en duda la supuesta idolatría que el de Cervera siempre dijo tener sobre el 46. "Ya me habían avisado de que esto iba a pasar, pero no lo quería creer", admitía. Iannone, por cierto, también en la pelea, no se escondió y afirmó que bajo su punto de vista Márquez había jugado con ellos. "Obviamente, Márquez no va a regalar una victoria para fastidiarme, pero sí ha tratado de meter pilotos entre los dos", justificaba entonces el adelantamiento de la última vuelta de Marc a Jorge. Opinión que personalmente comparto, viendo el ritmo de cada uno durante todo el fin de semana y el crono de Márquez en el último giro.

¿Por qué hace esto Rossi precisamente ahora? Quedan dos carreras para el final del campeonato y aunque paradójico, el nueve veces campeón del mundo y con 20 años en la parrilla, prácticamente nunca se ha enfrentado a una situación similar. Título en juego a falta de dos carreras. Sucedió en dos ocasiones, aunque para la comparación sólo valga una. Fue en 2006 y entonces Valentino perdió el título con un error en la última carrera en favor de un Nicky Hayden al que había subestimado durante todo el año. La presión, el ansia, la falta de experiencia en esas lindes tan reñidas provocaron que Rossi cayera en Valencia y el título se fue para Kentucky. La otra, en 2009 y también con Lorenzo como máximo rival, no se puede comparar, pues el italiano llegó con 40 puntos de ventaja y aunque no matemáticamente, el título era ya suyo, le valían dos décimos puestos.

Con esto, Rossi altera el clima, provoca el caos y da un aviso. "Que nos dejen jugarnos el título a Jorge y a mí", pedía casi a gritos. Que se aparten todos, que nadie se entrometa. Que nos adelanten o que se queden detrás, nunca en medio. Listo. Inteligente. Sabe que entrar junto a Jorge, sea delante o detrás, le da el título. Lorenzo necesita meter pilotos entre ambos. A ver quién es el que se atreve, tras el aviso, a entrometerse entre los dos ahora, sobre todo para Marc, que será mirado con lupa.

Valentino necesita un enemigo. Siempre lo ha necesitado. Es en esa situación de tensión máxima donde saca el 110% de su rendimiento y provoca una tortura psicológica en sus rivales a los que machaca sin perdón ni compasión. Lo hizo con Biaggi, al que acabó destrozando (Rossi, de pequeño, tenía posters de Max en sus paredes) y con el que en Montmeló acabó llegando a las manos, a puñetazo limpio antes de aparecer en el podio; lo hizo con Sete, que siguió los pasos del romano y acabó quedando para entrar en un manicomio. Lo hizo con el primer Lorenzo, al que con un muro entre los dos picó y enfureció. Hoy trata de sacar a ese primer Jorge y no al espiritual 99 que vemos desde hace unos años en el paddock, olvidándose de todo lo que no sea él mismo. Y lo hace con Marc, que con su mismo ego entra al trapo entre bambalinas.

Curiosamente, nunca consiguió picar a Hayden, al que subestimó en un principio y al que no consiguió hacer enloquecer después. El único junto a Stoner que le ha ganado un mano a mano a 16 (o 18) rounds. El australiano, hombre tranquilo y frío, quizás sea la persona más inteligente de la parrilla en años. Más que el propio Rossi. El único que ha desquiciado al 46 y ha sacado de sus casillas. El único que le ha dejado en bragas. 

Valentino marca las cartas y juega todas las bazas posibles. Primero le dice a Márquez que le ha descubierto y que prefiere que sea sincero y le muestra la rabia de cara y no con sonrisas cómplices. "Prefería mi relación con Biaggi. No nos podíamos ni ver", acababa. Después, condiciona la actuación de todos los demás pilotos que no sean Jorge Lorenzo y crea un clima de caos y tenso que le conviene. A ver quién es el que se atreve a meter la moto después de sus palabras. Intenta sacar los egos, porque necesita que los rivales se le tiren al cuello, donde en el 99% de los casos, brilla con su mejor luz.

Niccolo Antonelli, viva imagen de Marco Simoncelli

Antonelli (I) y Simoncelli (D) / @Motogp_SBK_Overtakes
Luce con orgullo el dorsal 23 en su carenado. 23, como el día, en octubre de 2011, que falleció Marco Simoncelli. Aunque el motivo de su número es otro, el día que él nació: un 23 de febrero de 1996. Se trata de Niccolo Antonelli (19 años, Italia), al que en el paddock se le llama con cariño 'Il piccolo Sic' (el pequeño Sic) por su parecido físico con el que un día fuera piloto de MotoGP que perdió la vida hace ya cinco años en el trazado de Sepang tras una desafortunada caída. La vida, el destino, el karma o como se quiera llamar, ha querido que Antonelli no sólo haya heredado de alguna u otra forma los rasgos del eterno 58, sino que las coincidencias entre los dos, más allá de rebuscar datos y hacer juegos como que uno llegó al mundo el día 23 y otro falleció el mismo día, dan para pensar un buen rato.

Niccolo Antonelli, como Simoncelli, nació en Cattolica, una pequeña localidad italiana de seis kilómetros cuadrados de superficie con una población de no más de 15.000 habitantes que apenas los tiene a ellos dos como emblemas y personajes célebres. Y mira que es grande el país de la bota...Ya desde que se empezó a subir a una moto, Antonelli fue comparado con Marco, quien además era su ídolo y referencia. Lo hizo por primera vez con siete años en las minimotos, y era imposible no hacer referencia en la localidad a cuando Marco empezaba a dar gas por primera vez con su inseparable padre Paolo. Un hecho y concretamente una fecha multiplicarían aún más esta igualdad entre los dos pilotos, que comparten hasta el acento por la zona geográfica de la que vienen.

Fue el 23 de octubre de 2011. No hace falta hacer demasiado hincapié en lo que sucedió entonces. Simoncelli, tratando de agarrarse a su Honda 58 hasta el límite, acabó siendo atropellado por Edwards y Rossi y perdió la vida en un accidente trágico que trastocó el corazón de todo el mundo del motor. Simoncelli tenía sus cosas, buenas y malas, pero nadie puede negar el carisma que transmitía ni el vacío que dejó en toda la parrilla. Aquel mismo día, mientras Italia entera estaba de luto, el joven de 15 años Niccolo Antonelli se proclamaba campeón de Italia de motociclismo en la categoría de 125cc. "El 23 de octubre sigue siendo un día triste. Aunque yo gané el campeonato, todos decidimos que no había nada que celebrar. La muerte de Marco lo cambió todo", recuerda. Otra
coincidencia es que en 2008, el año en el que Simoncelli se proclamó campeón de Moto2, Antonelli levantaba también su primer campeonato. Lo hacía en la categoría de MiniGP italiana, batiendo a chicos como Bagnaia o Bastianini, con los que hoy comparte parrilla.

Cosas de la vida, tras conquistar el campeonato nacional, Fausto Gresini llamó a su puerta para que entrase a formar parte del Mundial la temporada siguiente, pues ya habría cumplido los 16 años, edad mínima con la que se permite competir. Con los mismos colores que había defendido Simoncelli durante los últimos dos años y pilotando una Honda, como lo hacía Marco, además de con la publicidad de San Carlo. Las motos, salvando el tamaño y la ingeniería interna, eran idénticas. Las comparaciones se hacían imposibles de evitar. Sobre todo para los propios técnicos y mecánicos que trabajaban con él, que veían en Antonelli, sentado en su box, con el mono, la sonrisa y pelo alocado, la viva imagen del chico con el que habían trabajado durante dos años hacía sólo un par de meses y que ya nunca más iba a estar. 

Niccolo Antonelli, en el año de su debut / GRESINI RACING
Desde que Antonelli entró en el Mundial dejó de ser Niki, como se le conocía entonces, y empezó a ser Niccolo, como un adulto, o Anto, el más extendido. Con el paso del tiempo, con la herida algo más cicatrizada, fue cuando se dio el paso y se le empezó a conocer como 'Il piccolo Sic', aunque este último apodo no guste a todos. Él sabe de su parecido físico, tanto así como de las casualidades que los unen y de la historia en común, y no duda en hablar de ello. "En lo físico, sobre todo en la cara, sí que hay mucho parecido entre nosotros. Eso es cierto. Pero en carácter somos muy distintos. Él era extrovertido y abierto, yo soy más tímido. Él era alguien único y es difícil parecerse a él, pero sí la gente nos ve similares más allá de lo físico para mí es un honor", asegura. Y es que hasta en los andares es una fotocopia de Marco.

El estilo de pilotaje, eso sí, no es el mismo. Mientras Simoncelli era más decidido y agresivo, fuerte en el cuerpo a cuerpo, Antonelli es mucho más reservado, fino, con un estilo más detallista. Quizás también por la diferencia de tamaño, el factor en el que más divergen. Marco era un auténtico monstruo de 1'83 metros que podía llevar las motos más grandes con comodidad, pero que se salía de las más pequeñas como un adulto corriendo en minimotos. Antonelli, en cambio, mucho más pequeño, su 1'63 metros y sus 55 kg le permiten volar a lomos de su moto3.

Estando ya en el Mundial, ayudó a Paolo Simoncelli, padre de Marco, a desarrollar la moto (también bajo el patrocinio de Gresini) que utilizaría el emergente SIC 58 Squadra Corse, el equipo que fundó para honrar la memoria de su hijo, que compite en el Campeonato de Italia de Velocidad y que sueña llevar un día al Mundial. Los inicios de Antonelli en el Mundial, con todo, nunca fueron fáciles y mucho tiempo se especuló con que iba a quedar en eterna promesa. Las caídas entre 2012 y 2014 fueron su mayor enemigo. Un aspecto que también trajo de cabeza a Simoncelli en sus tres primeras temporadas en el campeonato. A veces era desesperante ver cómo, tras liderar una carrera o estar luchando por el podio, Antonelli se daba de bruces contra el suelo y tenía que abandonar. Un piloto rapidísimo que no daba con la tecla. Contando entrenamientos también, Anto se fue al suelo 15 veces en 2012 y ese número no dejó de crecer, pues en 2013 se cayó en 18 ocasiones y en 2014 superó las 20. Perdió parte del caché que tenía y la confianza de su equipo fue menguando hasta el punto de no renovarle. Un compatriota, Locatelli, ocupa ahora el que un día fue su asiento.

Antonelli celebra su primera victoria, en Brno (2015) / EFE
Ahora eso ha cambiado y el joven de Cattolica vive su momento más dulce. Continúa pilotando una Honda en el Ongetta-Rivacold, equipo más modesto con quien ha renovado y se relaja en el paddock jugando a las cartas, un vicio que también traía loco a Marco. En la República Checa logró su primera victoria (tras 61 carreras) y desde entonces, ha subido al podio en cuatro de las seis carreras disputadas, en dos ocasiones en lo más alto del cajón. No quiere compartir el secreto de su éxito, no sea que se vaya a gafar él mismo. "He tenido algo de suerte, pero el cambio ha sido positivo. Sé analizar mis errores y tengo que seguir así con el equipo. Ya me he quitado esa presión porque me autoexigía acabar al fin en el podio", afirma.  Una de esas carreras fue en Misano, en el renombrado circuito Marco Simoncelli, a escasos cinco kilómetros de Cattolica. Allí Antonelli subió al tercer cajón del podio y lo hizo junto a su compatriota Enea Bastianini, con el que lleva compitiendo desde minimotos y con el que ha compartido equipo en el pasado. Curiosamente, Bastianini, un año menor y a quien también se compara (por simple estilo de pilotaje, precocidad y alguna que otra locura) con Rossi, apareció con el pelo pintado con la bandera italiana como en su día lo hiciera el que era mejor amigo de Simoncelli. 

Su sueño, como el de la mayoría, pasa por llegar algún día a MotoGP y espera que sea lo suficientemente pronto como para competir con Valentino Rossi, con quien tiene una buena relación, como todos los jóvenes transalpinos de la categoría más pequeña con los que el nueve veces campeón del mundo es muy cercano. "Somos amigos, tenemos una buena relación y podemos hablar de cualquier cosa. Él nos enseña mucho, pero también intenta aprender de nosotros. Nunca se cansa de aprender y cuando ve que algo le puede venir mejor, va y lo prueba", desvela. Si todo va bien, asegura, espera llegar a la parrilla de MotoGP en tres o cuatro años. Y quién sabe si con uno o más títulos debajo del brazo. Por lo pronto, Antonelli lucha por la tercera posición del Mundial (ahora es quinto a falta de dos carreras) y su progresión con respecto a los años anteriores (14º, 16º y 14º) es meteórica. Además, tanto Danny Kent como Miguel Oliveira darán el salto a Moto2, por lo que Anto será uno de los máximos candidatos a hacerse con el título de Moto3 en 2016 junto a su eterno rival y amigo Ennea Bastianini (cuya presencia aún está en entredicho) y Romano Fenati. Un dominio italiano que parece sólo podrá verse intimidado por el talento del francés Fabio Quartararo.

Antonelli en Motegi 2015 / MOTORBIKE MAGAZINE

domingo, 13 de septiembre de 2015

Cuando Rossi hace la danza de la lluvia

Misano, 13 de septiembre de 2015. En un circuito rebautizado como Marco Simoncelli donde aún fluye el recuerdo del italiano junto al alma del japonés Tomizawa, que perdió la vida en este mismo trazado hace ya cinco años, cuando sólo tenía 19. Son las 13:59 y sólo falta un minuto para dar la salida de MotoGP. Durante todo el fin de semana, nadie se jugaría su jornal a que la carrera se disputase en condiciones que no fueran las de seco. Y Valentino Rossi, a 30 kilómetros de su casa, aparece con una indumentaria para la ocasión que levantó la sospechas de más de uno. A saber, un casco especial, donde en la parte delantera se deja ver un pequeño pececillo feliz a cuya espalda se asoma un hambriento tiburón. En el lado trasero, tres pequeños perritos ataviados con ropa y utensilios de buzo. Y para más inri, Yamaha le ha puesto en los costados del carenado dos aletas de tiburón que parece mejorarán la aerodinámica de la moto. Jorge no las lleva. ¿Y si Rossi ya sabía que iba a llover?

Parte delantera del casco de Rossi
14:00, arranca la carrera, primeras gotas de agua en el asfalto y bandera blanca en pista. Los pilotos pueden entrar cuando les plazca para cambiar a una moto que les está esperando, ya preparada con los reglajes para mojado. Pasan las primeras vueltas y el chispeo es minúsculo y en pequeños tramos del circuito. Con todo, los primeros pilotos se aventuran al cambio. Son los del paquete trasero, los que no se juegan nada, aquellos que tienen poco que perder y mucho que ganar con un golpe de lotería. Pedrosa tiene un susto, pasa de seguir la estela de Rossi (tercero, en el mismo grupo con los tres españoles) a luchar con el grupo de detrás, a varios segundos de la cabeza y más de uno se plantea entrar. Lo hacen todos menos cinco. Lorenzo, Márquez y Rossi. Los otros dos no importan. O eso se pensaba.

Cambian de moto adelante y sólo dos auténticos locos deciden no entrar. Uno es Scott Redding, que tiene una salida de pista, se clava en la grava y besa el suelo. Carrera terminada en el 99,9% de las ocasiones, pero no hoy. El otro es Bradley Smith, otro británico, que lidera la carrera por un suspiro. Ahora sí, se ha desatado el vendaval y el compañero de equipo de Pol Espargaró empieza a perder posiciones de forma insostenible hasta ponerse último, detrás de su compatriota Redding.

Parte trasera del casco de Rossi
Se escapa Rossi, la lluvia le viene como anillo al dedo, esas aletas que nada tienen que ver con el agua le ayudan en su navío por el mar y pone su lancha a punto para sacar más puntos a un Jorge Lorenzo en esta regata por el campeonato. Pero la pista se seca. Toca volver a entrar. Y lo hacen todos, o casi todos. Porque Lorenzo aguanta, también Rossi. Se calcan la estrategia pese a que en el box su equipo se desgañita y no saben de qué forma marcar en la pizarra que entren a cambiar. Lo hacen. Jorge primero, Rossi después. Una vuelta de diferencia que le cuesta al italiano unas pérdidas cerca de seis segundos, mientras otros pilotos ya están delante, con Márquez en la cabeza. Su estrategia parece haber fallado. Pero no. Justo cuando Rossi se reincorpora, Lorenzo va al suelo. En realidad, el 46 sí se ha equivocado, porque marcha sexto (quinto tras la caída de su compañero) y la carrera se le ha ido por dos vueltas. Márquez es líder, ¿pero quién va detrás?

Y es que los que acompañan al catalán en el podio son dos británicos. ¿Os suena? Uno no ha pasado por los boxes en toda la carrera, mientras que el resto de pilotos lo ha hecho dos veces. Se llama Bradley Smith, que celebra como un loco su éxito a la entrada en meta. Ha bailado con zapatos de seco toda la carrera en el asfalto más mojado. Ha ido con tiento, ha visto el suelo de cerca demasiadas veces pero ha mantenido la compostura. En dos ocasiones ha hecho el ascensor, pues ha pasado de liderar la carrera hasta la última plaza para volver a pasar por todas las posiciones hasta coger ese segundo lugar del cajón. El otro se había caído al principio. Es Scott Redding, que mete en el zurrón su primer podio en la máxima categoría. Todo tras haber caído en el inicio de la carrera. Rossi termina quinto, dobla la ventaja que tiene con Lorenzo en el campeonato y sale de su casa como el gran vencedor. Con el 46, todo Vale. 

domingo, 5 de julio de 2015

Rossi, la batalla imposible de Márquez

Siempre fue todo muy bonito hasta que dejó de serlo. Hasta que un Rossi cercano a los cuarenta sacó su espíritu adolescente tras muchos años de amargura para enseñarle a quien quiere su corona que aún tiene mucha cuerda. La lucha de los dos mayores egos de la parrilla tenía que llegar un día u otro, una batalla nueva para Marc Márquez, que hasta entonces se ha topado con los, por momentos, frágiles Bradl, Espargaró, Pedrosa o Lorenzo. Un mundo nuevo es Valentino Rossi para el catalán.

Rossi gana ante Biaggi / MOTOGP
Y es que Rossi, curtido en mil y una batallas, es un maestro de destrozar las carreras deportivas de los rivales que osan ponerse a su altura. Lo hizo con un Max Biaggi que acabó desesperado golpeando a su Honda HRC, la mejor moto de la era, y fue desterrado a SBK tras un año sabático. Quizás fue el romano, seis veces campeón del mundo, el piloto con más talento de la historia, o al menos uno de ellos. Capaz de subirse por primera vez a una moto con 18 años y competir a los pocos meses en el Mundial como si llevara haciéndolo desde los 3, como acostumbran todos sus rivales de la parrilla. 

Rossi, más de 100 victorias, 9 campeonatos y una cantidad de podios que la mayoría sólo logran soñar con alcanzar, no sólo busca la victoria, sino que destroza a quien pone el listón a su misma altura. Es una apisonadora que tritura el ego de sus rivales, sus aspiraciones deportivas y hasta su vida personal. Rossi, aquel que tenía en su juventud pósters de Biaggi pegados en su pared y acabó a puñetazo limpio con él en Montmeló 2001 poco antes de subir al podio.

Stoner-Rossi / MOTOGP
También sufrió entonces Sete Gibernau las artes, buenas o malas, del número 46. Un Valentino superior en casi cada carrera que se dejaba adelantar por el español para, en las últimas curvas, dejarle con la miel en los labios. Para dejarle claro que era un quiero y no puedo a gran escala. No lo hizo ni una ni dos veces. 

Ahora la guerra es con Marc. Todo alabanzas cuando su rivalidad en la pista no era un objetivo real, la relación entre los dos ha cambiado. Márquez le ha dejado de ver como un ídolo o un ejemplo ahora que se ha convertido en su máximo rival. Si bien no por el campeonato, cosa que parece se decidirá en el box de Yamaha, sí por ver quién manda en la parrilla, quién tiene el ego más grande. Muchos han sido los que han intentado empezar la misma batalla con Valentino. Muy pocos los que de verdad podían siquiera igualarse con él. Y sólo uno, hasta la fecha, el que ha sido capaz de doblegar al 46: Casey Stoner.

El canguro más rápido del mundo, el 27, el único piloto capaz de domesticar una Ducati, la misma con la que fracasó Valentino. Dos títulos en 6 años y no más porque una intolerancia a la lactosa no se lo permitió. Casey fue el único que se dedicó a trabajar, fue a los problemas, los analizó y los solventó para machacar al de Yamaha. No entró en la batalla del 'y tú más' en la que sí está entrando Marc, la misma con la que tropezaron los Biaggi, Sete o Lorenzo en su día. El 93 no es consecuente con sus declaraciones, no mira al pasado y no se fija en el presente, sólo trata de vencer la batalla de quién la tiene más larga. Comete los errores de quienes ya fracasaron. Es su tercer año en la categoría y la primera vez que se mide a alguien con su misma ansia. Con la diferencia de que ese alguien tiene nombre y apellido: Valentino Rossi, quizás el inventor de lo que hoy trata de hacer Marc. 

Rossi y Márquez, 2015 / MOTOGP

domingo, 29 de marzo de 2015

Fabio Quartararo: aroma de campeón

¿Cómo se puede ser noticia quedando el séptimo en una carrera? Fabio Quartararo lo ha conseguido. En silencio, aunque lleve ya un par de años haciendo ruido, este francés nacido en Niza pero comido y criado en España acaba de tener su puesta de largo en el Campeonato del Mundo de Motociclismo sin siquiera tener 16 años. 

Con la mismo material que usó el año pasado, para proclamarse campeón del CEV por segunda temporada consecutiva, con el que también tuvo mejor ritmo y vueltas más rápidas que muchos de los ganadores de grandes premios del Mundial, Quartararo ha entrado por la puerta grande y sólo los lances de carrera, que bien se pueden traducir en nervios, errores de juventud propios o ajenos y fortuna le han impedido debutar con victoria, lo que habría supuesto además convertirse en el piloto más joven de la historia en ganar una carrera, un galardón que ostenta desde Sachsenring 1998 Marco Melandri, que se subió a lo más alto del cajón con 15 años y 345 días (Fabio lo habría hecho con dos días menos). Ya lo había pronosticado: "la carrera será divertida", dijo el sábado, pero no se imaginaba cuánto. "He disfrutado mucho, no tiene nada que ver con lo que había corrido hasta ahora", confirmaba tras su debut.

Acostumbrado a marcar la pauta, el ritmo y destrozar registros y rivales en categorías menores, la duda era cómo gestionaría el 20 rodar en grupo, con muchas motos a cada lado en rectas en las que se pueden llegar a ver hasta 5 en paralelo, chicos que en su mayoría no llegan a la mayoría de edad y las consecuentes inconsciencias de la adolescencia y errores de la inexperiencia. Y saliendo sexto, no le tembló el manillar en el tercer giro cuando, tras engullir pilotos de dos en dos en cada curva, cogió las riendas de la carrera, se puso Qatar (un circuito totalmente desconocido para él) por montera y decidió marcar el ritmo. Tampoco un par de vueltas después, cuando Isaac Viñales le hizo el afilador y estuvo más cerca del suelo que otra cosa. Frío, calculador, con un empaque impropio para un chico de su edad. 

Fue siempre el objetivo de las miradas, rodando al límite, con un estilo de pilotaje propio poco antes visto. Ataca las curvas cuando ni siquiera están y sale de ellas muy abierto, quizás buscando visibilidad, quizás queriendo espacio para analizar y aprender, quizás rehuyendo de los choques del grupo de cabeza, difícil creer esto último, fue el piloto que más veces acabó en un sándwich. 

Tocaban ya las trompetas, las últimas vueltas asomaban y el francés, ya ojito derecho de todos los amantes de las dos ruedas, se había quedado un poco rezagado en un segundo grupo fruto de uno de esos contactos que tienen las carreras, también de apurar tanto que había terminado pisando la hierba en un par de veces a la entrada en recta perdiendo décimas vitales. No se arrugó y tardó medio circuito en liderar a ese segundo paquete para acabar contactando con los de cabeza. 

Sacó el microscopio y se puso a investigar. Pasó a ser líder, abrió unas décimas de espacio y, dos vueltas antes del cierre del telón, observó que si entraba con ese pequeño margen en la última curva, el rebufo no le sería suficiente a sus perseguidores para arrebatarle la victoria en el debut, algo insólito. Se empezaron a abrir los libros de los récords para editarlos, para inscribir con letras de oro el nombre de este pequeño gran francés que no podría competir en esta categoría por edad de no haber arrasado el año pasado en el CEV como lo hizo y entonces apareció. Su único error, que no fue grave, pero sí le condicionó a acabar séptimo cuando marchaba tercero en una posición muy propicia para la victoria. Un toque con Bagnaia, al que le encanta bailar carenado con carenado entre codazos, lo echó todo al traste. Sonó el himno francés, pero no por el pequeño monstruo, que pese a no subir al podio deja junto con su estela un suave perfume de campeón.

Fabio Quartararo, el sábado / ESTRELLA GALICIA

domingo, 16 de junio de 2013

Hoy es tu día, Jordi

En sólo unas horas tendrá lugar una nueva prueba del Mundial de Motociclismo. Esta vez, el Circuito de Montmeló, en España, será el encargado de acoger las batallas encarnizadas entre Márquez, Pedrosa y Lorenzo; el desparpajo y descaro de los pequeños como Salom, Viñales y Rins; y la homérica remontada que tendrá que hacer Pol Espargaró para acercarse a Redding en la lucha por el Mundial.

Muy lejos de todo aquello, Jordi Torres vivirá una de las carreras más especiales de toda su vida. El hoy piloto de Aspar rozó la gloria y sintió el infierno en el mismo circuito catalán hace casi 7 años, cuando subió al segundo puesto del cajón en el mismo momento en el que su hermano perdía la vida en una carrera trágica y accidentada.

Rubén, un año menor que Jordi, empezó como un tiro en la segunda salida de la carrera -se tuvo que repetir por problemas en la colocación de los pilotos en la parrilla- cuando sin darse cuenta se vio involucrado en un múltiple accidente. La mala fortuna le impidió salir del asfalto y varios pilotos no pudieron esquivarle hasta que una Yamaha le pasó por encima. Golpe fatal.

Sólo tenía 18 años y ya no estaba. Jordi, mientras, subía al segundo puesto del cajón sin saber siquiera el estado de gravedad de su hermano. Cuando la carrera terminó y tras la ceremonia del podio, la noticia le fue confirmada y no pudo contener las lágrimas ni los gestos de desesperación.

La temporada pasada, por fin Jordi pudo brindar a su hermano la victoria que se merecía cuando, tras acabar como Campeón de España de Velocidad de Moto2, se olvidó de su número y lució en su carenado el "9" de su hermano. Siempre corren juntos.

En sólo unas horas, Jordi saldrá 7º en Montmeló. Aquel circuito que le hizo subir al cajón en el día más triste de su vida. Tendrá una oportunidad de oro para que todo el mundo conozca el talento que compartía con su hermano. Espargaró, Rabat o Redding no se lo van a poner fácil. Pero Jordi no corre solo.


domingo, 23 de octubre de 2011

Ciao Marco. Hasta siempre

Te levantas con ganas. Empiezas el día madrugando porque hay motos. Ese deporte que, o se vive con pasión, o no se vive. No hay que andarse con medias tintas. Ves en la primera vuelta a Bautista metido 5º, con Simoncelli delante y piensas: “¡A revivir los duelos de 250cc!”. Aquellos duelos tan bonitos, lucha cuerpo a cuerpo y a veces algo que se salía de los cánones del deporte. De pronto en la siguiente toma aparece Marco, ya por detrás de Bautista intentando meter la moto tras irse colado. Y se cierra el telón. En décimas de segundo, desesperación, llantos, tristeza, banderas rojas, Valentino y Colin. Y muchos números 58, siempre acompañados del rojo y blanco. SuperPippo ya no está. Sólo 24 años le han bastado para irse de nuestro mundo. 24 años vividos al límite en los que cada segundo contaban. Su futuro, su trabajo, su pasión y, en definitiva, su vida se medían en décimas de segundo, las mismas décimas de segundo que le han quitado la vida. Podía haberse colado antes o después, pero fue en el momento crítico. En el peor momento. Colin estaba en el suelo, se movía pero no podía hacer nada. Valentino se paraba en seco, se levantaba la visera y se frotaba los ojos. “No puede ser”, debía pensar. Su aprendiz, su compañero, su rival, su amigo al fin y al cabo, ya no estaba. Era un muñeco. Una marioneta que el propio Rossi intentaba reanimar desde la distancia, pero los hilos se habían roto.

Campeón del mundo, duro, fuerte y descarado era lo que le definía en la pista. Muchas jugarretas, pero esto no tenía nada que ver. No era culpa de nadie más que del destino. Cualquier otro piloto se habría caído o habría aceptado el irse largo. Pero Marco no, y por eso era Marco. Su esfuerzo, sacrificio y apurada para meter la moto en pista, le habían dejado a él fuera de ellas para siempre. Y es que Marco era uno de esos pocos locos en el mundo que disfrutaba echar un pulso con la muerte. Por eso era Marco. En eso consistía. “My Life, My Race” era su lema, un slogan y sello de identidad que le acompañaba siempre, junto a ese pelo famoso y ese 58. Nunca imaginamos que iba a ser tan cierto. Él, en su sano juicio, era el único que lo entendía.

No seamos hipócritas. A casi todos los españoles nos caía mal. No me incluyo, aunque sí era muy crítico con sus acciones. Pero desde el primero, hasta el último, pasando por Pedrosa y Lorenzo hemos sentido pena por Sic y nos hemos sentido tremendamente mal por los comentarios vertidos hacia su persona en otras épocas. “¡Qué mierda!” es lo único que ha llegado a decir Lorenzo. La gente que no sabe del mundo del motor en general, del motociclismo en particular, ni del mundo del deporte, conocía a Simoncelli. Ladran, señal que cabalgamos.
Hoy el mundo es un poco peor, la vida es algo más injusta y las carreras son más aburridas. Ciao SuperPippo. Ciao 58.

Simoncelli en 250 cc.