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miércoles, 7 de abril de 2021

La perla de la semana: Wout Faes

Getty Images

Escondido siempre bajo el paraguas del prolífico talento de la cantera belga y puesto en el espejo, por simple aspecto físico, de un David Luiz que entonces era uno de los centrales más reconocidos del panorama, Wout Faes ha tenido que coger un camino extraño para hacerse camino en la élite. Salido de la cantera del Anderlecht, donde recaló con 14 años y donde estuvo muy cerca de durar bien poco, pues Manchester United y Chelsea hicieron todo lo posible por ficharlo cuando aún tenía 15, nunca llegó a debutar con el primer equipo de los belgas cuando todos en la disciplina tenían muy claro que él iba a ser The next big thing.

Líder absoluto de vestuario, carismático y mentalmente mucho más maduro que el resto para su edad, Faes hacía gala sobre el césped de una elegancia suprema con el balón, acompañada de una inteligencia para leer cada momento del partido y de un físico portentoso que le hacían ver como uno de los centrales que iba a dominar el fútbol durante más de una década. Capitán con Bélgica en la Sub17 y en la Sub19 (más tarde lo sería de la Sub21) y también portando la cinta del equipo del filial de su club tanto en competición doméstica como en UEFA Youth League, su nombre nunca había dejado de estar en la agenda de los grandes de Europa. Acostumbrado a entrenar con los mayores desde antes de cumplir los 16, parecía el relevo generacional perfecto a los Kompany, Vertonghen, Alderweireld y Vermaelen en los Diablos Rojos. 

Pero todo se quedó en eso. En agua de borrajas. En un casi pero no. Porque Faes, que ya era importante en la Sub21 a los 19 años, que subió de manera definitiva al primer equipo del Anderlecht a los 17, nunca llegó a debutar con su club de formación y apenas duró seis meses en la disciplina profesional, pues se pasó el tiempo entre cesiones. En una época en la que a uno le deben dejar jugar para progresar, una posición tan delicada como la suya en un equipo que estaba luchando por el título liguero y que sobrevivía en competiciones europeas acabó con el futbolista cedido en la Eredivisie, primero en el Herenveen y luego en el Excelsior. Cuando su periplo de cesiones terminó, en 2018 y con solo 20 años, el Anderlecht nunca le tuvo en consideración y decidió desprenderse de él de manera sorprendente. ¿Cómo era posible que el club de origen no quisiera contar con el defensa central titular de Bélgica Sub21 y que meses después sería nombrado capitán pese a no ser de los más veteranos?

El central llegó prácticamente regalado al Oostende, donde al fin pudo debutar en la Primera División de Bélgica. Allí cuajó dos temporadas soberbias. Tanto, que en enero de 2020, el Stade Reims, que estaba haciendo una temporada soberbia y acabaría en puestos de Europa League, se lanzó a por su fichaje, pero dejándole cedido seis meses más en el equipo belga. Desde que ha comenzado esta nueva temporada, Wout Faes se ha vuelto a reivindicar por su fútbol como lo que ya apuntaba hace un lustro: un central muy dominador para el futuro (ya presente). Junto a Predrag Rajkovic en portería, hace del Reims una de las mejores defensas del campeonato. Pese a estar en la zona media baja de la tabla, el equipo es uno de los siete que menos goles ha recibido en este curso. 

Faes es fundamental en los planes del técnico David Guion, toda vez que ha disputado absolutamente todos los minutos en los que ha estado disponible, en todas las competiciones, salvo el partido de primera ronda de Copa de Francia, donde el belga disfrutó de descanso. Ha sido titular en los 30 partidos en los que ha estado convocado (28 de Liga y dos de fase previa de Europa League), perdiéndose solo tres partidos por sanción. "Sus comienzos no fueron sencillos, pero se ha sabido sobreponer a base de liderazgo y trabajo. Y aún no ha llegado a su techo, puede enseñarnos mucho más", señalaba su técnico.

Su puesta en escena está siendo tan positiva que en Bélgica está a la orden del día que su nombre resuene en cada convocatoria para la absoluta, donde todavía no ha sido nunca citado. Faes, que el fin de semana pasado cumplió los 23 años, parece el candidato idóneo para, junto con Denayer, tomar el relevo generacional de una defensa en la que Vertonghen  y Alderweireld ya están en su recta final y en la que, ciertamente, es muy superior a jugadores como Boyata o Mechele. Preguntado continuamente por ello, él no se pone plazos, ni límites, y solo espera que la llamada llegue algún día. "Roberto Martínez aún no me ha llamado, pero está probando a muchos chicos jóvenes de la Sub21 y eso hace que nos sintamos importantes y sepamos que nos tiene en consideración". Y mientras, el Reims se frota las manos, dubitativo entre aprovechar al máximo a su central estrella o hacer una subasta pública para enterrarse en millones.

Ficha

Nombre: Wout Faes.
Nacionalidad: Bégica.
Edad: 21 (03/04/1998).
Equipo: Stade Reims.
Debut profesional: 18 años y 333 días.
Posición: Defensa central.
Pie hábil: derecho.
Altura: 1'87m.
Peso: -.
Representante: Peter Smeets (Let's Play).
Contrato: 30 de junio de 2024.
Internacional: Sub15, Sub17, Sub19 y Sub21.

jueves, 18 de febrero de 2021

La perla de la semana: Amine Gouiri

CLEMENT MAHOUDEAU/AFP via Getty Images

Hay jugadores que nunca llegan a dar el salto esperado porque en el momento idóneo, todo se tuerce. Una lesión que deja unas secuelas enormes y se corta la progresión de algunos de los mejores talentos del panorama juvenil. No ha sido ese el caso de Amine Gouiri, que en la búsqueda de la gloria personal, eso sí, tuvo que hacer las maletas y abandonar su Lyon natal para labrarse una carrera profesional.

Porque de entre todas las cosas inexplicables que tiene el fútbol moderno, una que llama poderosamente la atención es precisamente cómo el Olympique de Lyon apenas le dio oportunidades al que ha sido uno de los mejores talentos de su academia de siempre. La prolífica cantera lionesa ha sacado a relucir en los últimos tiempos a jugadores como Tolisso, Martial, Benzema, Bern Arfa, Fekir, Umtiti o Lacazette. Hoy, Cerki y Aouar son los máximos exponentes de ella. De todos ellos, prácticamente ninguno tuvo en edad juvenil un impacto tan elevado como el que dejó Gouiri en su época en las categorías inferiores. En cambio, todos los antes citados tuvieron más oportunidades en el primer equipo que el hoy delantero del Niza.

Y es que, el jugador que había sido Máximo Goleador de la Eurocopa Sub17 de 2017 y uno de los máximos anotadores en la historia de Francia Juvenil (ha metido 45 goles en 52 partidos desde la Sub16 hasta la Sub21) se rompió la rodilla en el momento en el que tenía que dar el salto. Era el verano de 2018. El Lyon se había quedado sin Mariano como delantero y ponía toda su fe en Gouiri, un chico de apenas 18 años, que ya había jugado una decena de partidos como profesional con el primer equipo pese a ser menor de edad, y que era la mayor perla del fútbol galo. Pero todo se torció cuando en agosto Gouiri se rompió el ligamento cruzado de su rodilla y no volvió a jugar en toda la temporada. El último día de mercado, el Lyon firmó a Mousa Dembélé y al canterano se le pasó la oportunidad. Porque para cuando se recuperó, ocho meses más tarde, su sitio estaba ocupado por un delantero que había costado más de 20 millones de euros. 

A Gouiri se le cerraron todas las puertas. En la 2019-2020 estuvo siempre relegado al segundo equipo. La llegada de Ekambi le terminó por desterrar a un rol más que secundario, pues apenas disputó cinco partidos con el primer equipo, un total de 109 minutos que se antojaba corto. Había pasado más de un año y medio sin tener minutos con el primer equipo y cuando los tuvo fueron siempre residuales. El poco tiempo del que dispuso auguraba algo normal para estas categorías. Simplemente, Gouiri se había quedado estancado. Quizás no era lo suficientemente bueno como para destacar en el fútbol profesional, o quizás simplemente la lesión le había cortado la progresión y no era el mismo jugador que se recordaba antes. Pero esa segunda afirmación no tenía sentido alguno. Desde la lesión, había jugado 14 partidos con el filial, en los que había metido 10 goles, además de tres tantos en cuatro partidos de Uefa Youth League. ¿Por qué nadie le daba la oportunidad?

A río revuelto, el mejor pescador fue el Niza. Porque ante la negativa del Lyon de dar la alternativa a su canterano (a Ekambi, Depay y Dembélé se sumaba ahora Kadewere en la competencia, además de Cornet), el Niza ofreció a Gouiri la oportunidad de ser importante en la máxima categoría. El traspaso se cerró por siete millones de euros, una cifra baratísima si se tiene en cuenta el rendimiento que está dando un jugador al que, simplemente, nunca le dieron oportunidades.

Desde la delantera o arrancando desde la izquierda, en un parecido razonable con aquel David Villa de los años del Barcelona y la plenitud de la selección española, a Gouiri se le están cayendo los goles de los bolsillos y está siendo un generador continuo de peligro, ocasiones y espacios. El Niza ha hecho con él uno de los fichajes más acertados del verano, posiblemente el más rentable de su historia, y ahora se frotan las manos sabedores de que el día que Gouiri salga del equipo tendrán un botín considerable. 

En esta su primera temporada como profesional, Gouiri suma 12 goles y cinco asistencias en 30 partidos. Unas cifras a tener muy en cuenta para un jugador que el pasado martes cumplió 21 años que alterna entre la delantera, donde acompaña a un jugador más de área como Dolberg, y la banda izquierda. Gouiri caracolea por todo el frente de ataque, ataca muy bien el espacio cuando un compañero fija al rival y posee un muy buen juego de pies que le permite, además de asociarse, buscar también el disparo de media distancia. Es él uno de los atractivos de esta Ligue One, así como como lo ha sido de la Europa League, donde metió cuatro goles en sus primeros cuatro partidos, pero que no han servido al equipo galo para pasar de ronda. Sin duda, lo mejor, es que nunca se ha resentido de aquella lesión de rodilla. No ha recaído ni ha dudado. Nunca necesitó readaptación. Y ahora, el Lyon puede estar tirándose de los pelos por haber dejado escapar a uno de sus mejores talentos de siempre. Argelia, además, de donde posee nacionalidad, está ya al acecho de un jugador que lo ha sido todo en selecciones inferiores pero que nunca ha jugado con la absoluta.

Ficha

Nombre: Amine Gouiri.
Nacionalidad: Francesa/Argelina.
Edad: 21 (16/02/2000).
Equipo: OGC Nice.
Debut profesional: 17 años y 183 días.
Posición: Segundo delantero/Extremo izquierdo.
Pie hábil: Derecho.
Altura: 1'80m.
Peso: 72kg.
Representante: Alain Miggliacio.
Contrato: 30 de junio de 2024.
Internacional: Sub16, Sub17, Sub18, Sub19, Sub20, Sub21.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Nada ha cambiado en Víctor Osimhen

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En 2015, durante el Mundial Sub17 de Chile, una figura sobresalió sobre el resto. Víctor Osimhen lideró a Nigeria hasta el triunfo. Pero su actuación había que tomarla con mesura. El punta africano, aún por hacer y sin jugar en ninguna academia de fútbol profesional, sin estar ya monitorizado por alguno de los grandes y sin demasiadas referencias para el scout internacional, atendía a una situación que parecía, sobre todo, oscura. Son muchos los jugadores, sobre todo africanos por un simple motivo natural (desarrollan antes el físico y a esas edades esto marca diferencias), que se acaban quedando a las puertas tras realizar grandes gestas juveniles. Muchos son incluso engañados a la hora de abandonar su país y se encuentran con un cúmulo de promesas falsas de agentes de dudosa reputación que les han estafado todos los ahorros de toda una vida. ¿Quién no recuerda lo que prometía Sadick Adams y en lo que se quedó?

Y en estas, Osimhen, que no cuajó en sus primeros años en Europa, parecía llevar los mismos derroteros que otros muchos en su situación. Yo siempre lo tuve claro y nunca dudé. Ese delantero larguirucho, de pisar patizambo y de correr poco ortodoxo tenía lo necesario para triunfar. Uno le veía jugar y no sabía si era Adebayor, si era Diego Costa o si era un todo en uno. Tenía una materia prima por desarrollar y se trataba de una gema por pulir. Su fútbol estaba aún por potenciar de una manera que a veces parecía un bailarín con el balón y otras simplemente dolía observar cómo trataba de hacer un control en corto.

Sea como fuere, cinco años después y una serie de vaivenes entre medias, Osimhen es exactamente el mismo delantero que era con 16 años. Pura dinamita. Y hoy es la revelación de la Ligue One, el estilete de un Lille que lo compró por unos 15 millones de euros y que lo venderá, mínimo, por tres veces más. "Siempre le he dicho que es un calco de Didier Drogba", admite Nicolas Penneteau, el portero del Charleroi, donde el nigeriano pudo por fin reencontrarse como futbolista tras una mala etapa en Alemania.

Osimhen celebra un gol contra
Croacia (2015) / GETTY IMAGES
Y es que tras la Copa del Mundo Sub17 de 2015, donde el delantero se llevó la Bota de Oro, el Wolfsburgo dejó apalabrado su fichaje por 4 millones de euros cuando el africano fuera mayor de edad. Así, en 2017 llegó al equipo del norte de Alemania para comprobar que aún estaba muy por hacer. Su aterrizaje no pudo ser peor, pues poco antes de llegar en enero, se rompió el menisco y tuvo que ser operado. No entrenó en toda la temporada y solo fue de la partida en los dos últimos encuentros, a la desesperada, con un Wolfsburgo que se estaba jugando el descenso y que acabó logrando la permanencia en la promoción.

La 17/18 debía ser su temporada. Había cogido cuerpo y por su complexión, por sus condiciones, se podía mover por todo el frente de ataque. Siempre prefirió la delantera, pero su facilidad para tirar diagonales y desmarques, y su buen juego de pies, además de perfilar muy bien el disparo desde el costado izquierdo le hacía ser muy válido para cualquier equipo. Pero eran malos años para el equipo de la Volkswagen, que nuevamente se iba a jugar el descenso durante todo el curso y el técnico optó por jugadores más experimentados. Osimhen fue de menos a más y cuando más estaba contando, en el tramo final de la temporada, se le salió el hombro y se volvió a quedar meses sin competir. Se puede hablar, perfectamente, de dos temporadas enteras tiradas a la basura y tres años ya desde que el jugador asombrara al mundo. El fantasma del juguete roto cada vez se cernía más sobre él.

El Wolfsburgo, decidido a deshacerse de él, no encontró comprador, por lo que no vio con malos ojos una cesión a un país cercano y a un fútbol menor donde pudiera coger algo de confianza. En Bélgica Osimhen explotó su superioridad física. Y el resto es historia. Marcó 20 goles en la temporada y el Lille, que tenía dinero fresco de la venta de Leao al Milan, no dudó en tirarse a la piscina. Al Wolfsburgo le salió la jugada horrible. Habían aceptado venderle al Charleroi al nigeriano por el mismo precio que ellos habían pagado y los belgas lo mandaron al fútbol francés por casi 15 millones de euros. En Francia, Osimhen no está dejando títere con cabeza. Hasta la cancelación del campeonato, el africano había marcado 18 goles (dos en Champions) y había ayudado con seis asistencias en un campeonato mucho más competitivo.

No cabe duda que Vïctor Osimhen será uno de los agitadores del mercado, cuando se abra y si se abre, al estar en un equipo que no dudará en aprovechar sacar rédito y llenarse los bolsillos. El africano es exactamente el mismo jugador de hace cinco años. No ha cambiado en nada, salvo que ahora torea en las mejores plazas. Su estilo patizambo sigue intacto. Su olfato goleador, impoluto. Su zancada larga, imparable en carrera. Su definición poco ortodoxa, igual de efectiva. Y su golpeo con el interior, como de seda, con rosca e inimaginable para un jugador de su apariencia, imprevisible. Por características, es un jugador ideal para un Atleti de Simeone que juegue al contragolpe. Por físico, la Premier League se asemeja a las mil maravillas a lo que puede explotar. Tras la Copa África de 2019, donde fue suplente y solo disputó el partido por el tercer puesto, ahora parece liderar la carrera por ser el '9' de la próxima generación, en una dura disputa que tendrá, entre otros, con Ighalo (Manchester United) y con Iheanacho (Leicester City).

"Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sinceraba con apenas 16 años ante los micrófonos de la FIFA. Hoy, de momento, ya ha conseguido que las comparaciones con su ídolo lleguen desde voces autorizadas del fútbol internacional. Además, no parece ser el jugador al uso de hoy en día. Sabe de dónde viene. "Los compañeros juegan a los videojuegos y salen antes de los partidos. Yo prefiero meterme en mi habitación y concentrarme para ganar cada partido".

jueves, 14 de febrero de 2019

Allan Saint-Maximin y el control de la potencia

YANN COATSALIOU/AFP/Getty Images
Corría el año 2013, la Ligue One acababa de empezar y el Saint Etienne, el gigante por derecho propio de Francia aunque aletargado durante más de 30 años, vivía en una nube. La afición se había vuelto a esperanzar con un equipo que en las primeras jornadas había dejado muestras de grandeza y soñaba, si bien luchar por títulos era imposible, recoger las migajas que dejaba un PSG comandado por Ibrahimovic y compañía.

En el cuarto partido, las cosas marchaban bien para Los Verdes, aunque el Girondins de Burdeos, a quien se iban imponiendo por 2-0, estaba siendo un incordio y era cuestión de tiempo que recortaran distancias y quién sabe si no dieran la vuelta al marcador. Christope Galtier tomó una decisión. Miró al banquillo y llamó al chaval, ese de 16 años que había ido a completar convocatoria y que se movía con desparpajo por la banda derecha en los entrenamientos. Aquel día, Allan Saint-Maximin haría su debut como delantero pese a ser extremo por el perfil diestro. "Con su velocidad en las contras podemos matarles", debió pensar.

Apenas jugó cinco partidos en aquella temporada, pero el Saint Etienne acabó en una meritoria cuarta posición y Saint-Maximin dejó su sello. Iba para grande. El curso siguiente, si bien tampoco fue un jugador habitual, empezó a jugar más, siguió siendo clave en las categorías inferiores de Francia y buscó, sin suerte, su primer gol profesional. Ya estaba maduro, le tocaba dar el salto a la titularidad indiscutible con los 18 años recién cumplidos, pero entonces llegó el Mónaco, que se interesó por sus servicios y, pagando cinco millones de euros, se llevó al muchacho en su plena etapa de reconstrucción y crecimiento como club para hacerle frente al PSG.

A su llegada, el francés se encontró con la competencia voraz de un equipo que venía de haber llegado a los cuartos en Champions League. Bernardo Silva, Mbappé, Bischillia, Carrillo, Pasalic, Rony Lopes, Helder Costa e incluso Martial, que hasta final de verano no se marchó, era la competencia que aquel niño francés de 18 años tenía por delante. Por eso, tanto el club como Jardim decidieron que lo mejor era que se marchara a Alemania, al Hannover 96 para foguearse un año.

En tierras alemanas se encontró con un equipo en una dinámica malísima de resultados que perdió 23 de los 34 partidos de Liga y que descendió siendo colista con meses por terminar el campeonato. No sabía el idioma y en tan poco tiempo, ninguno de los tres entrenadores que tuvo le supo sacar rendimiento, aunque allí sí consiguió estrenarse como goleador. Alternó ambas bandas, la delantera y la mediapunta, nunca encontró estabilidad y se acabó hundiendo con el resto del equipo. La experiencia fue tan negativa que al terminar el curso y sabedor que tenía que volver a salir cedido, prefirió quedarse en Francia aunque en un equipo menor como el Bastia.

Parecía, sin duda, que Saint-Maximin había dado un gran paso atrás en su carrera, por no decir dos. Solo 12 meses antes era uno de los mejores proyectos del país y, aunque Francia seguía contando con él para el Mundial Sub20 y estaba en nómina en el Mónaco, quizás la mejor idea hubiera sido seguir jugando para el Saint Etienne. Pero no. En el Bastia, al fin con regularidad, se destapó. Jugó prácticamente todos los partidos, evolucionó físicamente y se hizo un nombre en la Liga.

Así, el Mónaco lo quería entre sus jugadores para el siguiente curso, pero él tenía otros planes. Simplemente, quería jugar y no estaba dispuesto a tener que pelear con otros jugadores que habían costado un pastizal y lo que quería pasar su bien propio era esa experiencia que te da el ser titular indiscutible. No se podía quedar un año en el dique seco y, viendo que los monegascos firmaban jugadores de la talla de Jovetic o Keita, pidió al club ser traspasado.

Contando los billetes de las fugas de Bernardo Silva, Mendy, Carrillo o Bakayoko, entre otros, muy pocos repararon en que Saint-Maximin se había marchado al Niza por 10 millones de euros. Rápido formó un tridente terrible con Plea y Balotelli. A veces en 4-4-2 y otras en 4-3-3, el francés, jugando prácticamente siempre en la banda derecha, se destapó por fin en un equipo que aspiraba a mucho más que a estar en mitad de la tabla y que seguro lo hubiera logrado de no ser por las lesiones y sanciones de Balotelli y el estado físico de un Sneijder que no pudo dar lo que se le pidió.

Pero ha sido este año, ya sin Balotelli en la plantilla, cuando Saint-Maximin ha despegado del todo. Hasta ahora había demostrado ser un portento físico de la naturaleza. Un regateador exquisito con gran cantidad de trucos pero que solía preferir tirar por lo sencillo, un simple cambio de ritmo y que su naturaleza física hiciera el resto. Y es que, el salto que ha pegado también en la definición de su cuerpo es mayúsculo. Toda esa potencia está regida ahora por una carrocería imparable.

Sin Supermario, Saint-Maximin está jugando arriba con total libertad, acompañando a un nueve más de área pero siendo él quien caracolea por todas partes del campo. Esa libertad casa a la perfección con su naturaleza de caballo desbocado. A sus 21 años, obviamente está en el mejor momento de forma conocido, pero ni de lejos está en el máximo nivel de su carrera, pues esto solo es el principio. En apenas curso y medio en Niza, el galo ha metido 11 goles y ha dado 12 asistencias.

Si bien puede que la llamada de la selección no esté cerca, pues la competencia en los puntas y jugadores de banda en Francia es voraz, Saint-Maximin sí está ya para dar el salto, o bien a uno de los grandes del país, donde salvo PSG debería ser titular indiscutible en todos, o bien a equipos con mejores aspiraciones en las ligas Top de Europa. Eso, obviamente, facilitaría también su convocatoria con la campeona del mundo. El propio Plea, que el año pasado fue su compañero, ha volado al Borussia MonchenGladbach, donde se está saliendo, pero es que el nivel de Saint-Maximin a día de hoy es incluso superior al mejor que alcanzara Plea en Niza.

En el Mónaco consideran que es una de las peores operaciones que han hecho en años. Un equipo acostumbrado a sacar gran rendimiento económico en su balance de compras y ventas que ha visto cómo uno de sus mejores activos apenas se iba por 5 millones más de lo invertido. Balotelli, por cierto, ya aseguró que en un par de años jugaría en el Real Madrid y que si no lo hacía no sería por falta de calidad. Su explosividad le hace ser diferencial. No tiene miedo.

lunes, 12 de febrero de 2018

Nabil Fekir, el renacer del eterno olvidado

MARCO BERTORELLO/AFP/Getty Images
El 4 de septiembre de 2015, Nabil Fekir (23 de mayo de 1993, Lyon) salía por su propio pie del estadio José Alvalade en el amistoso que jugaban Francia y Portugal y que servía a los galos como preparación directa para la Eurocopa que meses después acogerían como anfitriones, toda vez que el ser organizadores del torneo les eximía de tener que jugarse el pase en rondas clasificatorias y por tanto no poder hacer ensayos oficiales cara al once titular. En su lugar entraba quien peleaba por él con un puesto, recogería el testigo y lideraría al país dando un paso adelante ante la polémica que más tarde iba a surgir con Benzema: Antoine Griezmann. Y ciertamente, aquella lesión supuso un punto de inflexión en el camino del jugador del Atlético de Madrid, que creció como la espuma, y otro al mediapunta del Olympique de Lyon, que se vio durante meses en el fondo del pozo más oscuro.

Porque Nabil Fekir, que acababa de recibir el premio al Jugador Joven del Año en Francia* apenas unas semanas antes, se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha en el momento en el que su carrera parecía directa al estrellato. Hoy, con la eclosión de Mbappé y Dembélé (quienes ganaron el jugador joven del año en 2016 y 2017), la importancia de Griezmann, el retorno de Ribery y la regularidad y consistencia de jugadores como Coman o Payet han privado al jugador del Lyon de volver a la selección, haciendo que Deschamps se olvide de aquel que un día fue el niño maravilla de Francia. Pero ha sido su buen hacer de este año, encadenado con un gran final de temporada el curso pasado, lo que ha provocado que el seleccionador galo haya hecho un hueco en su plantilla para el líder del Lyon.

Nabil Fekir tuvo una aparición tardía en el fútbol profesional, sobre todo para los tiempos que corren y teniendo en cuenta el equipo para el que juega, acostumbrado a dar la alternativa a los más prometedores cuanto antes. Y es que aunque llegó al Olympique de Lyon a los 12 años, no fue hasta 2013, cuando ya había cumplido los 20, cuando Remí Garde le dio la alternativa con los mayores. Apenas con una decena de partidos en esa primera temporada, fue su segunda, la 2014-2015, la que hizo que todas las miradas se fijaran en él. Tras 15 goles y 13 asistencias jugando tras Lacazette y llevando al equipo a una inesperada segunda plaza llegaron los reconocimientos individuales, la llamada de la selección y los cantos de sirena. Pero también la lesión, que tuvo lugar justo después de una exhibición ante el Caen (0-4) donde marcó un hattrick y asistió en el restante. Parecía imparable. Fekir reapareció un mes antes del final de la temporada, como una sombra de lo que era y se quedó fuera de la Eurocopa que se jugaba en el país.

El curso pasado le costó volver a su nivel. Es una lesión con un alto componente psicológico y que niega a muchos futbolistas volver al nivel que una vez tuvieron. Recayó durante alguna semana con algún dolor menor en la misma rodilla hasta que de un golpe se despojó de todos los fantasmas. Fekir acabó la temporada cuajando grandes actuaciones, volviendo a convertir, asociándose, siendo crucial en el último pase. Recordando al jugador que apuntaba y que se había quedado un año en la nevera y al que otros habían adelantado por la derecha.

Hoy, ante la salida de Lacazette destino Arsenal, Fekir ha recogido el brazalete de capitán y es el auténtico líder del Olympique de Lyon. Esa responsabilidad que se le exigía le ha hecho ser el auténtico líder del equipo, el jugador que cada técnico desea tener en la plantilla. Fekir juega por detrás de Mariano y en el centro, flanqueado en los costados por Depay y Traoré. Su neurálgica omnipresencia en todas las facetas del juego y en todos los centímetros del campo le hacen ser el faro del equipo que dirige Bruno Génesio.

Fekir, zurdo exquisito, posee un golpeo con la derecha envidiable. Destaca en él su regate en corto, elegante, tan propio de los jugadores de ascendencía magrebí, como Ben Arfa, Mahrez, Feghouli o Afellay y quizás la regularidad, la capacidad de liderazgo y la incidencia en el juego a alto nivel durante un tiempo prolongado, de lo que más adolece este tipo de mediapuntas, es de lo que puedo presumir el del Lyon para diferenciarle del resto. Su facilidad para ver líneas de pase, la naturalidad con la que baja al centro del campo, se incrusta entre los dos mediocentros puros y los libera de presión. Cómo aligera la transición defensa-ataque o cómo es tan versátil como para cae a cualquiera de los costados para superar a su rival en número. Fekir ha perdido comba con respecto a sus compañeros, porque se perdió el año vital en el que Francia volvió a ser Francia en el panorama futbolístico después de muchos años de ridículos con el balón y escándalos sin él.

Pero el fútbol a veces es justo y Nabil Fekir ha vuelto a recibir la llamada de la selección. Al menos, tener la oportunidad de demostrar que aquel que hace dos años se erigía como candidato a liderar al país aún puede tener sitio en la plantilla. La Ligue 1, que cada día tiene más miras por la llegada de estrellas como Neymar, por la aparición de un Mónaco competitivo, necesita que equipos como el Olympique de Lyon asomen de nuevo la cabeza. Nabil Fekir suma 20 goles y cinco asistencias en este inicio de temporada (30 partidos). Cifras sobresalientes para un jugador que no es delantero.

Si el club, eterno vendedor, quiere volver a ser un equipo grande y temible en Europa (no hace tanto que jugaba Cuartos de Final de Champions League y era un coco a evitar en los primeros cruces), debe mantener a su mejor jugador y capitán exactamente donde está. Rodeado de una camada de jugadores jóvenes con futuro y con un proyecto ilusionante. Si él quiere ser mejor jugador, a sabiendas que su club no dice que no a una buena oferta, debe buscar lo mejor para su futuro. Novias no le van a faltar.

*El Premio al Mejor Jugador Joven del año en Francia lo han ganado, entre otros: Zinedine Zidane, Thierry Henry, Robert Pirés, David Trezeguet, Eden Hazard, Frank Ribery, Patrice Evra, Djbril Cissé, Jeremy Toulalán, Samir Nasri, Hatem Ben Arfa, Marco Verratti, Ousmane Dembélé y Kylian Mbappé.

jueves, 20 de abril de 2017

Malcom, visión de futuro del Girondins

Malcom / NICOLAS TUCAT/AFP/Getty Images
No hubo un movimiento mejor en el mercado invernal de la pasada temporada que el de Malcom (febrero de 1997, Brasil) al Girondins de Burdeos. El chico, que entonces tenía aún 18 años, dejó el Corinthians brasileño para, por cinco millones de euros, recalar en la Ligue 1 francesa. ¡Cinco millones de euros! Cuando lo vi de primeras anunciado, pensé que no se podía tratar del Malcom que yo conocía. Ese chico valía más. Pero no, era Malcom. El único.


El Girondins no solo se había hecho con uno de los jugadores jóvenes de Sudamérica con más proyección, sino que lo había conseguido por un precio irrisorio para los tiempos en los que vivimos, donde por cualquier medianía te hacen casi hipotecarte de tu estadio. Sin ir más lejos, el Ajax holandés acaba de pagar 15 millones por David Neres, un jugador del mismo perfil que Malcom pero con mucho menos recorrido hasta la fecha si cruzamos sus jóvenes trayectorias. Los franceses, además, aseguran también llenarse las arcas de manera ingente cuando el canarinho dé el salto a un equipo de mayor nivel, incluso del top mundial. Cosa que, vista su progresión, no parece tardará.

Su adaptación no fue sencilla. Cruzar el gran charco con 18 años, llegar a una cultura diferente, con compañeros nuevos y a jugar el fútbol a un ritmo mucho más alto en una competición que ya estaba en su ecuador no es para nada fácil. Por eso, durante el curso pasado, el conjunto galo usó a su nueva perla en diversos partidos como suplente, siendo casi siempre de la partida desde el banquillo y dándole minutos en pequeñas dosis para que lograra cuanto antes la aclimatación. El devenir del Girondins, asentado en mitad de tabla sin posibilidad de nada mejor y sin el peligro de caer en zonas de peligro, ayudó a que el equipo no contase con la necesidad de la victoria jornada tras jornada y la presión brilló por su ausencia, por lo que la transición del brasileño del banquillo al terreno fue dulce.
Malcom aterrizó en Francia como un extremo resultón. Un jugador de banda con mucho regate que en sus primeras dos temporadas como profesional en la Serie A brasileña (54 partidos) había logrado siete goles y cinco asistencias. Zurdo, Malcom juega mejor a banda cambiada, aunque su conducción con ambas piernas le hace imprevisible. Ahí, en la derecha, su estilo de juego, de llevar el balón, de regate, tiene un deje que recuerda al de ese primer Robinho que brilló en el Santos por quien se peleaba Europa entera y a ese que dejó unos primeros grandes meses en Madrid, antes de desaparecer del panorama. Aunque, tirando más a la lógica, haciendo un paralelismo más ajustado y proyectándole en un panorama más representativo, Malcom se parece más a Douglas Costa en todo.

Ambos zurdos y con un recorrido similar, la sorpresa saltó cuando el Shakthar se hizo en su día con el brasileño. Y es que aunque toda Europa iba tras el jugador del Gremio, el extremo hoy del Bayern acabó decantándose por recalar en la pequeña colonia brasileña que tiene el equipo ucraniano desde hace temporadas. Quizás ese paso intermedio, el no aterrizar directamente en un equipo primer espada, fue el que acabó por llevar a Douglas Costa a lo que es hoy, uno de los jugadores más desequilibrantes del mundo. Ese que no supo dar Robinho, lanzado al estrellato primero y estrellado después. Y ahí, Malcom, previsor, cauteloso, parece haber encontrado camino.

Y es que el del Girondins esta temporada no tiene competencia en la banda derecha y se ha convertido en el mejor jugador del equipo. Cuando el partido está apurado, Malcom; cuando la pelota quema en los pies, Malcom; si hay que ponerle pausa, Malcom; si hay que ponerle velocidad, también Malcom. Ha disputado ya 40 partidos esta campaña, entre Liga y Copas, y ha logrado unas nada desdeñosas cifras de ocho goles y cinco asistencias. 

En una plantilla de edad joven, que se cimenta en la veteranía de Toulalan, el meta Carrasco y los minutos que puede aún dar Plasil, el buen hacer de Malcom empezó por obligar al técnico a alinear a Jeremy Ménez, su jugador más diferencial sobre el papel, la estrella, el que más cobra, a su banda menos hábil hasta acabar desterrándole al banquillo. Y es que Malcom es sobre el campo el jugador más importante, aquel, por el que pasa todo el juego de ataque, la responsabilidad ofensiva. Su talento, su visión, sus ganas y sobre todo su habilidad para driblar y para generar constante peligro le hace un jugador temible. Un extremo que, siendo casi un adolescente, aún tiene que mejorar bastante, pues en el juego físico suele salir mal parado y apenas posee poderío aéreo. Aún requiere de rigor táctico y, aunque sabe leer muy bien las situaciones de partido, con la experiencia que dan los años de competición irá adquiriendo cualidades como la de elegir mejor y la de leer mejor los partidos. Además, aún tiene que potenciar su disparo.

Malcom, a sus 20 años recién cumplidos, es ya uno de los futbolistas jóvenes más destacados del continente, nominado al Golden Boy 2017, el galardón que elige al mejor jugador sub21 de Europa (el mini Balón de Oro) y que ya han ganado jugadores como Messi, Pogba, Fábregas, Agüero, Rooney, Renato Sanches, Isco, Pato o Sterling. Gracias en parte a su buen hacer sobre el césped, el Girondins de Burdeos ha dado un gran salto con respecto a la temporada anterior y ahora en la quinta plaza, peleará con el Olympique de Marsella por el último puesto que da acceso a la Europa League a falta de cinco jornadas para el final de la Ligue One.

Jugará en Francia hasta que él considere que está apto para dar el paso adelante. Y aunque en realidad un año y medio de adaptación le han servido para estarlo, será él quien decida, con tiento, la mejor opción para su futuro. Italia, España e Inglaterra le abrirán sus puertas en cuando los movimientos de mercado den su pistoletazo de salida. Y si alguien busca un extremo hábil y desequilibrante, Malcom, por ganas, por habilidades y por precio (porque al estar en un equipo menor y al haber costado poco las exigencias del Girondins serán menores) es el jugador idóneo para ocupar el flanco derecho del ataque.