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jueves, 16 de julio de 2015

Predrag Rajkovic, un felino a ritmo de Rock and Roll

Rajkovic, ante Mali en el Mundial Sub20 / INSTAGRAM

En tiempos en los que tener un portero que gana partidos se antoja necesario, con Casillas haciendo las maletas dejando una vacante el el Bernabéu y con un baile de arqueros que podría hacer cambiar de equipo a los Lloris, Cillessen, De Gea, Oblak o un Leno cuya cláusula de 18 millones se antoja irrisoria, un nombre de los menos conocidos y de los que más sonará empieza a elevarse en el horizonte: Predrag Rajkovic. Actual Guante de Oro del Mundial Sub 20 celebrado en Nueva Zelanda, Rajkovic relegó al banquillo a otro chico prometedor como Milinkovic-Savic, perla de la cantera del Manchester United. 

Con sólo 17 años, el Estrella Roja de Belgrado lo fichó de la Jagodina por la ridícula cantidad de 140.000 euros sólo una semana antes de hacer su debut oficial con la selección absoluta de Serbia a las órdenes de Mihajlovic, en un amistoso ante Colombia. Aunque, sin querer meter prisa, el chico ha ido quemando etapas con las categorías inferiores, a las que ha capitaneado, hasta el éxito del mes pasado, un título, el primero de un combinado serbio (tras la Eurocopa Sub19 de 2013 donde también estuvo) que le catapultará a la plantilla de los mayores más pronto que tarde.

Rajkovic, con el Guante de Oro / FIFA
Rajkovic es un loco. Un loco de sangre fría que vive a ritmo de Rock n' Roll bajo los palos en cada partido. Y también fuera de ellos. Concentrado durante 91 minutos de los 90 de un partido, atento al mínimo movimiento del aleteo de una mosca. No duda nunca. Es decidido. No juguetea con el rival, al que no trata de poner nervioso. Sólo desea superarle para celebrarlo sacando la lengua, chocando con sus defensas, a los que suele abroncar cada vez que le disparan en posición cómoda.

Rajkovic es potente, posee una arrancada prodigiosa y una fuerza en las piernas para recortar unos primeros metros que roban ángulo a un delantero que de pronto deja de ver la portería para encontrarse con un cuerpo enorme en el que relucen dos guantes inmensos, que pasa de ver la gloria al infierno en décimas de segundo. Es prácticamente insuperable en el mano a mano y aprovecha cualquier mínimo error del rival para tomar él la delantera. Cuando un atacante encara a un portero, es quien porta el balón el que tiene siempre la iniciativa, el que tiene más opciones de conseguir su objetivo. Si enfrente está Rajkovic, sucede todo lo contrario. 

Rajkovic es un auténtico líder, merecedor de ese brazalete de capitán que porta en la Serbia de Paunovic, un hermano mayor que cuida de sus lazos de unión y que no permite que un balón de más traspase la línea de gol. Es un matón de su área y quien entra en ella sabe con quién tendrá que rendir cuentas. Rajkovic mataría con tal de evitar que alguien le marcase un tanto de más. Ordena, coloca y manda. Siempre bien situado, siempre en el momento exacto, un guardameta que además ha visto cómo crecía su fama de parapenaltis. La cara de niño bueno que torna en la de un asesino en serie en cuanto pisa el verde del campo.

A su corta edad ya acumula numerosos galardones individuales, tanto de mejor portero como de jugador más valioso. El PSG ha llamado a su puerta, pero no parece querer moverse de su país por el momento. Quema etapas a un ritmo vertiginoso y el gran salto no tardará en llegar. Mientras, se divierte como cualquier chico de su edad, jugando a la PlayStation y arrancándose con canciones y baladas entre risas. Hasta que se enfunda los guantes. Entonces sube el volumen, el del Rock and Roll que sólo suena en su cabeza y que retumba en los oídos de los rivales.

lunes, 22 de junio de 2015

Ibrahima Sy, excentridad bajo los palos

Ibrahima Sy, durante el Mundial Sub 20 / GETTY IMAGES
¿Cómo se puede destacar como portero en un torneo pese a ser el equipo más goleado? Pues eso es lo que ha conseguido Ibrahima Sy (13 de agosto de 1995) en el Mundial Sub 20 de Nueva Zelanda que acaba de terminar. 14 goles recibió el africano en 7 partidos, el arquero que más balones tuvo que recoger de la red. Senegal, con todo, luchó hasta el último momento por entrar en el podio del evento y terminó conformándose con el cuarto puesto tras caer arrollada por Brasil en semifinal y disputar con un jugador menos más de media hora en la final de consolación. 

Rápido se pudo comprobar que Ibrahima no era un portero corriente el día del debut, cuando encajó tres goles ante Portugal, pero evitó una goleada que pudo ser de escándalo. La defensa senegalense, superada sólo con leves soplidos, fue más un estorbo que una ayuda y Sy, que defiende los colores del equipo reserva del Lorient, fue el máximo protagonista de los suyos con partidos repletos de trabajo. Enfundado en su traje rosa fosforito, este saltarín no pasó nunca desapercibido, fuera donde fuera que estuviera el balón.

Ibrahima Sy / GETTY IMAGES
Ibrahima Sy es un culo inquieto, un puro nervio que pese a estar bajo los palos quiere ser siempre protagonista. Con 14 años dio el salto a Europa recalando en las categorías inferiores del Marsella, donde ha progresado llegando incluso a jugar la Youth Champions League hasta que en el pasado verano el Lorient lo reclutó. Ibrahima tiene unas cualidades físicas innatas pero hace gala de unas carencias técnicas descomunales para llevar ya 5 años en el fútbol europeo. 

Desde el primer partido salvó los muebles y evitó una goleada superior de los lusos. Hizo gala de su potencia de salto, de sus reflejos, de su capacidad para llegar a los lugares más lejanos de la portería a su posición. Nunca piensa sus acciones y a veces eso es contraproducente. Se cree con una superioridad a los demás que es un arma de doble filo, pues esa exceso de confianza en ocasiones le genera problemas, como balones que acaban sueltos en el área que acaba terminando en más tiempos de los necesarios porque piensa más en divertirse que en hacer las cosas prácticas. Una hiperactividad causada por su pasado futbolístico, donde se desenvolvía en posiciones de ataque.

"Siempre he sido delantero y es lo que me gustaba. Pero un día vi jugar a Barthez con el Manchester United... y desde ese día no conozco otra posición", afirma el senegalés, criado en Dakar por su madre y su tía, que se tuvo que calzar los guantes de manera improvisada en un torneo juvenil local dejando a todos atónitos sólo un día después de ver por la tele al francés de los Red Devils. Era la primera vez que ejercía de portero, siendo ya mayor, y parecía que llevaba haciéndolo desde la infancia. Y es que ese día, Sy salvó a su equipo, que ganó el torneo gracias a una parada suya en el último minuto. "Acababa de ver a Fabian (Barthez) y fue él quien me inspiró", añade, y afirma que no ha perdido esa chispa por ser un jugador más. "Si te fijas bien, aún tengo los instintos de un jugador de campo. Y nunca voy a dejar de salir de la portería".




Y es que Sy no duda en salir de sus inmediaciones si el guión lo exige. En unas ocasiones más acertado que en otras. La campanada la pegó en los octavos de final, donde Senegal se medía a una Ucrania liderada por Viktor Kovalenko, que luchaba por ser el pichichi del torneo y acabó siendo Bota de Plata. Sy mantuvo a raya al killer europeo y acabó forzando los penaltis en un encuentro en el que los africanos fueron tremendamente inferiores. Y desde los once metros llegó su exhibición. Atajó 3 de los 4 que le lanzaron dando el pase a los cuartos de final y a lo largo de todo el torneo demostró que los lanzamientos desde el punto fatídico son su especialidad, parando 4 de los 7 en los que entró en acción. "Tengo un don para los penaltis", relataba tras el partido con una sonrisa de oreja a oreja que no desaparece nunca, ni siquiera en el campo. "No me preguntes qué es porque no sé explicarlo, es sólo algo que yo tengo. Es lo que tengo que hacer para proteger la portería de Senegal y estoy orgulloso de ello, porque soy un verdadero senegalés. Soy un luchador que lo da todo por su gente", sentenciaba.

No se llevó el Guante de Oro, tampoco pudo su equipo quedar entre los tres primeros, pero se quedaron al borde gracias a él. Encajó muchos goles pero salvó de goleadas históricas a un equipo mediocre por el que nadie apostaba siquiera pasar de grupo. Ibrahima Sy es un gato salvaje encerrado en una portería que busca con ansia sentirse protagonista, que no piensa sus acciones y con unas cualidades físicas innatas para dominar por muchos años alguna de las mejores porterías del panorama, quién sabe si la del Manchester de su ídolo Barthez. Tan capaz de la parada más inesperada e imposible como de la mayor líada en una acción sin peligro aparente. Un portero que después de cada saque con la mano ejecuta una voltereta para conseguir dar más potencia a sus envíos. Dicen que un portero ha de estar loco, pero Ibrahima excede la barrera de la excentricidad hasta límites insospechados y si alguien sabe encauzarle por el buen camino, corregir sus defectos y potenciar sus cualidades se acabará puliendo un portero por el que se acabarán pagando millonadas. Pero entonces, no sería Ibrahima Sy. 

"Si le hubiera cortado las alas habría sido mío, no se habría escapado. Pero así, habría dejado de ser un pájaro. Y yo... yo lo que amaba era un pájaro". [Mikel Labea]

Ibrahima Sy, tras la tanda de penaltis contra Ucrania / EFE

sábado, 20 de junio de 2015

Mundial Sub 20: Once ideal del torneo

Las once luces que brillaron con luz propia en el Mundial Sub 20 celebrado en Nueva Zelanda, en la XX edición de este torneo.

Rajkovic, ya como campeón / FIFA
Predrag Rajkovic (19 años, Serbia): Si hay algo en lo que esta copa ha tenido excedente sin duda ha sido en la porterías. Los guardametas han demostrado eso que en tantas ocasiones se antoja difícil, despuntar y ser cruciales en las categorías más inferiores. La dificultad del puesto, la presión y otros muchos factores suelen suponer que los arqueros estén siempre por debajo en eventos de estas categorías, pero no en Nueva Zelanda. Si bien el mejor ha sido Predrag Rajkovic, Guante de Oro del torneo que ha encajado sólo 3 goles en 7 partidos, no hay que olvidar a otros muchos que se quedaron en el camino, cada uno con sus virtudes, sus defectos y su toque propio. Como Ibrahima Sy, el excéntrico portero de Senegal que pertenece al Lorient. Sy, el portero más goleado del torneo a causa de dos abultadas derrotas, ha exhibido en Nueva Zelanda un poderío físico y unas cualidades innatas tremendas que sólo pueden mejorarse si se pule su técnica desde ya mismo en Europa. O Tino Casali, el perfeccionista de Austria, un portero que parece haber sido sacado del fútbol sala que medía al milímetro cada detalle. También André Moreira, portugués que pertenece al Atlético de Madrid. Un portero con mayúsculas, más efectivo que espectacular, que aporta seguridad por arriba y por abajo y superioridad en el mano a mano. O Batalla, condicionado como toda Argentina por un Grondona al que le ha podido el papel. Pero volviendo al serbio... Ha hecho de todo y todo bien. No ha cometido errores y ha sostenido al equipo cuando lo han necesitado. Es un capitán, un líder, un hermano mayor que cuida de sus lazos de unión y que no permite que un balón de más traspase la línea de gol. Es un matón de su área y quien entra en ella sabe con quién tendrá que rendir cuentas. Ya es titular con el Estrella Roja de Belgrado y no tardará en serlo con la selección absoluta, con la que ya ha debutado.

Joao Pedro (18, Brasil): El lateral derecho no tiene discusión. Joao Pedro es el nombre propio de esta banda. El jugador brasileño sigue los pasos de los Cafú, Dani Alves, Maicon o Danilo y durante el torneo enseñó que su diccionario para entender el juego se resume en un verbo: atacar. Joao Pedro no conoce otra cosa, ya sea por la derecha como por el centro. Una cualidad magnifica para una selección como la brasileña, dominadora de sus partidos. Es un pulmón para 90 minutos que goza de un físico privilegiado para acabar cada encuentro tan fresco como lo empezó. De lo más destacado de una Brasil que, pese a ser subcampeona, no mostró ni de lejos su mejor versión. Un talento del que se aprovecha hoy el Palmeiras pero que, si sigue con semejante progresión, será imposible no verle dentro de poco en Europa.

Srjdan Babic (19, Serbia): Casi dos metros de central es lo que tenía Veljko Paunovic a sus órdenes con Babic en el eje de la zaga. El defensa perfecto que todo entrenador sueña con tener. No duda, va duro al corte y sabe anticiparse. Su tamaño le permite ser inexpugnable por arriba y es muy rápido pese a ser tan alto. Ya es titular en la Vojvodina y aunque no era el jugador con más cartel del equipo, ni siquiera a priori titular, ha terminado por sentar a Jovanovic y erigirse como líder único de la línea de atrás. 

Milos Veljkovic (19, Serbia): Al lado de Babic, Veljkovic, un par de centímetros menos que su compatriota, pone la elegancia, la primera salida de pelota limpia. Un jugador bastante más técnico que ya ha dado el salto al fútbol europeo de nivel. Propiedad del Tottenham, ha hecho sus apariciones ya como cedido en Championship con el Charlton y el Middlesbrough, aunque también ha debutado con los Spurs. Veljkovic, polivalente, ha alternado el mediocentro con la zaga, donde se ha asentado en el tramo final del torneo.

Nemanja Antonov (20, Serbia): La zaga la completa otro campeón, Antonov. Un prototipo de jugador que en los últimos años se está haciendo más común ver. Un lateral potente, con zancada larga y decidido en ataque, pero una roca en defensa. Por posición (banda izqueirda), el paralelismo se puede hacer con Kolarov, aunque difiere en varios puntos con el del Manchester City. Antonov recula bien y corre para atrás con criterio, combina bien, llega mejor a línea de fondo, pero no tiene el cañón del citizen. Sin duda es mucho más parecido a Branislav Ivanovic, sobre todo cuando el hoy defensa del Chelsea empezó. Antonov, con todo, ni puede jugar de central ni va bien de cabeza como el blue, además de que juegan en bandas distintas, pero es sin duda, por estilo de juego, el jugador al que más se asemeja. Disputó por el premio Youssouf Koné (Malí) hasta el final, pero su expulsión en semifinales acabó por quitarle la ventaja con la que partía.

Danilo (19, Brasil): El jugador llamado a recibir el Balón de Oro del torneo si Brasil se alzaba con el título, se vio obligado a contentarse con el de Plata tras el fracaso en la final. Danilo rezuma profesionalidad. Un jugador con 19 años recién cumplidos que deja la sensación de llevar 15 jugando al máximo nivel. Un portento físico con una superioridad que le permite abarcar él sólo la totalidad del centro del campo. Como buen brasileño, además, no está nada exento de calidad y suele gustarse con algún lujo prohibitivo cuando en alguna acción esporádica acaba en una posición no tan comprometida como la suya natural. Su fuerza (es una roca) y su buen posicionamiento táctico le permiten jugar también como central, así como un mediapunta llegador. Su disparo es potente y su liderazgo infinito. El Liverpool fue el primero en llamar a su puerta hace dos temporadas y el Barcelona se fijó en él como relevo futuro de Busquets, pero él prefirió crecer en un clima más familiar y en un equipo de no tanta exigencia para no acabar relegado al banquillo y fichó por el Sporting de Braga. La Juventus de Turín ya ofreció en diciembre algo más de 10 millones de euros por él, pero de momento sigue perteneciendo al club portugués. 

De izqda a derecha, Traoré, Danilo y Milinkovic-Savic, con los premios
a los tres mejores jugadores del torneo / GETTY IMAGES
Sergej Milinkovic-Savic (20, Serbia): Un trabajador silencioso. Ganador del Balón de Bronce del torneo, ha sido la base de la columna vertebral del combinado campeón. Entrega, lucha y sacrificio durante 6 partidos (se perdió uno por sanción). Hace un trabajo que no se ve y que tiene menos reconocimiento de cara a la galería, pero que quien sabe apreciarlo lo valora el doble. Antes del torneo se le comparaba con Matic por similitud de condiciones. Un pivote trotón, duro, intenso, un elefante con el balón que aparta rivales a su paso y un muro sin él. Un recuperador nato. Pero tras casi este mes de competición se ha revalorizado como algo más. Ha mostrado calidad técnica y llegada hasta el punto de actuar por detrás del delantero. Cada balón aéreo lleva su nombre y dirección y ha mostrado una habilidad innata para trabajar por el compañero, para ejecutar coberturas con criterio y tapar el sitio libre en cada acción. Tiene cosas de Lampard, de Kovacic y del propio Matic. Un todo en uno que ha sido elegido como tercer mejor jugador del evento y sin el que Serbia no podría haberse alzado con el título. No tardará en abandonar el Genk para convertirse en una de las piezas más codiciadas del fútbol mundial.

Stendera, ante Nigeria / GETTY IMAGES
Marc Stendera (19, Alemania): Llegaba Stendera como el líder de Alemania, clara candidata al título, y como quizás el jugador más experimentado del torneo, el más determinante. Y no pudo demostrarlo en la segunda fase tras una primera descomunal donde exhibió sus mejores galas. Sobre todo a balón parado, donde es un francotirador. Stendera es de esa nueva clase de mediapuntas alemanes con mucha movilidad, buena asociación y mejor trato del balón. Sus cuatro goles en el torneo (y tres asistencias) se antojaron vitales para Alemania en un principio, pero falló desde los 11 metros ante Mali el que podría haber sido el tanto de la sentencia y su equipo acabó cayendo, en una sorpresa mayúscula, en la tanda de penaltis ante los africanos. Stendera por todos lados, por ambas bandas o por el medio. Debutó hace dos años con el Eintracht de Frankfurt y ya es titular en la mediapunta del equipo teutón. Un claro candidato a jugador del torneo que no ha podido hacer válidos los pronósticos por la temprana caída del principal favorito al torneo. 

Adama Traoré (19, Malí): El Balón de Oro del torneo gracias a su buen hacer durante todo el evento consolidado con una última puesta en escena de otra galaxia que le dio a Mali la opción de entrar en el podio. Traoré es el mediapunta típico africano, que es escaso pero cuando aparece no deja de sorprender. Zurdo que maneja las dos piernas a las mil maravillas, con un potente disparo desde media distancia y una capacidad infinita para imaginar lo inimaginable. Inventa goles de la nada y asiste por donde nunca parece haber hueco. Sus dos goles y su asistencia en la final de consolación son de museo y el motivo que declinó la balanza en su favor para ser elegido mejor jugador de la cita. Es habitual ya en las alineaciones del Lille francés y no pasará mucho tiempo para que se lo rifen los más grandes.

Andrija Zivkovic (18, Serbia): El jugador distinto de Serbia. Aquel que pone la magia en el conjunto de Paunovic. Principalmente se ha desenvuelto por la derecha, pese a ser zurdo, aunque se mueve bien por todo el flanco de ataque detrás del punta. Zivkovic es la calma antes de la tempestad, un asistente de lujo que duerme la pelota y la esconde antes de enseñarla, antes de cambiar el ritmo de la jugada, antes de pasar de 0 a 100 para luego, si quiere, volver a bajar a 0. Su determinación en los momentos importantes ha sido crucial. El hombre al que darle el balón cuando empieza a quemar porque en sus pies es todo dulzura, más sencillo. Zivkovic es caracoleo, es el tic tac del reloj, es elegancia pura, es el regate antes del último pase. Un baluarte a balón parado con su zurda. El gran derrotado en esa terna de premios individuales quizás por su discreta final.
Silva intenta una chilena / GETTY IMAGES

André Silva (19, Portugal): Cuatro goles y dos asistencias en cinco partidos, números suficientes que no sirvieron a Portugal a pasar de Cuartos pese a ser muy superior en todos los partidos. Los lusos salieron derrotados en penaltis ante Brasil tras haber podido golear a la finalista y subcampeona y su gran torneo sin recompensa tiene a André Silva, delantero del Oporto B, como protagonista principal. Silva es el 9 perfecto, un delantero completísimo que dispone de los mejores registros de los mejores goleadores. Es un tanque físico, bueno de espaldas, al primer toque, capaz de darse la vuelta tras bajar balones con nieve. Pero Silva también es rápido, tiene un tren inferior considerable y es potente con la pelota al pie en carreras de larga distancia. Muy bueno en el regate uno contra uno, muy bueno en el mano a mano con el portero, muy bueno fuera del área, también en el remate dentro de ella. Hace mejores a sus compañeros, pues el trabajo sin balón que hace este aún adolescente bien podría servir ya para enseñarlo en las escuelas. Cuánto ha perdido el fútbol con la rápida eliminación de la Portugal de André Silva.


Mundial Sub 20: La Serbia de Veljko Paunovic

Paunovic, entrenador de Serbia Sub20 / FIFA
Y al fin, tras muchos años de espera, el Mundial Sub20 lo ganó por fin un equipo, con mayúsculas, que no la esporádica espuma de sus talentos individuales. Y es que esta Serbia, que es un notable en todo, hizo durante todo el torneo un ejercicio de profesionalidad desmesurada, de sobreponerse a los contratiempos y de un gen competitivo que les ha hecho levantar el trofeo más grande de los pequeños imponiéndose a Brasil en una final agónica a la que le faltaron un par de minutos para acabar decidiéndose desde los once metros.

Serbia, que arrancó el torneo cayendo por 1-0 ante la Uruguay de un delicioso Gastón Pereiro, supo sobreponerse, vencer los dos partidos restantes del grupo para clasificar como primera e ir dejando rivales hasta llegar a la gran batalla decisiva. Destacable es en estos chicos que en cada encuentro que han jugado desde el final de la primera fase, en todos han llegado a la prórroga, incluso en algunos a los penaltis. Cuatro duelos a todo o nada de 120 minutos de desgaste, ante rivales más frescos, más enteros y con mucho más descanso que, ni por esas, han tumbado al combinado del hombre que brilla por excelencia por encima de todo: Veljko Paunovic.

Se enorgullecía el ex jugador de Atlético de Madrid y Getafe, entre otros, de la camada de chicos que tenía a sus órdenes incluso meses antes de que arrancara la competición o de que hiciera oficial la lista de 21 jugadores que han terminado llevándose todos los elogios. Su escenificación sobre el verde ha sido la de once jugadores moviéndose al son de una coreografía orquestada por el joven técnico. La de un grupo de muchachos trabajados y moldeados para competir en cualquiera que sea el escenario, ya se adverso, ya sea favorable. 

El no perder el sitio, el tapar cada espacio, el saber cada uno qué es lo que se espera de uno mismo. Ese no dar un balón nunca por perdido ni una ocasión por acabada que llevó a Saponjic, en el tiempo de descuento de los octavos de final ante la Hungría de la sorpresa Mervó, a forzar una prórroga (la primera de cuatro consecutivas) que luego terminarían ganando. El estar al borde del alambre, jugar con fuego y no quemarse porque no hay brasa que intimide y no sea manejable. 

El saber mantener la compostura como en cuartos ante Estados Unidos cuando, tras una guerra de desgaste que no encontró vencedor a 120 minutos, una tanda errática de penaltis decidió que fueran los balcánicos los que avanzaran. Esas dosis de fortuna necesarias para ganar cualquier torneo de gran magnitud que se tradujeron en una larga lucha desde once metros donde hasta 7 de 18 lanzamientos no acabaron en la red. 

Inteligencia y sangre fría, creer en lo que se está haciendo y saber por qué se está haciendo, como en semifinales cuando, tras ser superiores durante el tiempo reglamentario se encontraron con, nuevamente, un alargue infinito ante una Malí mucho más entera físicamente, pero no en el aspecto mental. Unos africanos que acabaron desquiciados, perdiendo la compostura y eligiendo mal cuando no se podía hacerlo. Y otra vez apareció la figura de Iván Saponjic, el trabajador perfecto. Un asesino con cara de niño al que todo entrenador quiere en su equipo. Se desfonda en silencio, busca el beneficio colectivo por encima de la gloria personal, que cuando llega es doblemente revitalizante. Un Solsjkaer en potencia que tira desmarques, caracolea en el área, arrastra rivales, remata de primeras y presiona al defensa. Un todo en uno que metió al equipo en una final ante una Brasil que acabó el torneo de menos a más y cuando mejor estaba recibió una cornada mortal.

Porque Serbia, mejor posicionada en el campo, se puso por delante en el marcador y cuando aún no habían terminado de celebrarlo se topó con un empate que parecía mortal. Los sudamericanos, nuevamente más enteros que los balcánicos dieron dos pasos hacia adelante y establecieron la tienda de campaña en las inmediaciones del área que defiende Rajkovic, que mataría con tal de evitar que alguien le marcase un tanto de más. Pero el partido, una vez más, se fue al alargue, a esa media hora en la que los serbios se sienten como en casa y que no fue tal esta vez. 

De una forma u otra, ya sea por simple estadística, que Serbia clavara la rodilla en alguna prórroga era cuestión de tiempo y Brasil parecía la candidata perfecta para lograrlo. Y entonces llegó. Como un perfecto boxeador que se sabe, en ese momento, inferior y fatigado, los europeos cerraron filas, se encogieron y se acostaron sobre la meta que defendía su imponente arquero y soportaron los golpes, uno detrás de otro, de una Brasil que al fin estaba siendo superior a un rival, obviando claro está la semifinal en la que arrasaron a Senegal. 

Y entre tanto, con camisetas rojas y amarillas jugando en 30 metros, el último gancho, la última bala de los de Paunovic salió con viaje sólo de ida a la portería verdeamarela. Un perfecto contrataque en tres toques, una definición exquisita con un golpeo de exterior de Maksimovic, que tras 110 minutos de desgaste en el doble pivote se acababa de colocar como enganche para, precisamente, eso. Y en un abrir y cerrar de ojos, un equipo que soñaba con llegar a los penaltis con su intimidatorio Rajkovic bajo los palos, se encontró con la misma figura sonriendo, festejando y vacilando a sus 20 compañeros antes de levantar la Copa de campeones al cielo de Nueva Zelanda.

La Serbia de Paunovic es Rajkovic, un líder bajo los palos que ejerce de hermano mayor más que de capitán. Que ordena y coloca a una rocosa defensa prácticamente impenetrable. Un eje de la zaga fuerte y decidido que nunca da opción a pensar al rival, que solventa cada duda con contundencia. Babic y Veljkovic, la combinación perfecta a los que flanquea un potente Nemanja Antonov, una de las sorpresas del torneo, que tuvo que bailar en la final con la más fea y con la habilidosa banda derecha brasileña. La Serbia de Paunovic es Sergej Milinkovic-Savic, o simplemente SERGEJ, en mayúsculas, como luce en su camiseta (el hermano mayor de Vanja, portero suplente perteneciente al Manchester United). El jugador al que deseas tener a tu lado. La prolongación de cualquier entrenador sobre la cancha. Es voluntarioso, un portento físico, un armario de 3x3 que baja a pelear al barro cuando lo exige el guión y que hace lo contrario cuando toca. La Serbia de Paunovic es Zivkovic, el talento, el jugador diferente, al que darle la pelota cuando a los demás le quema. La Serbia de Paunovic es la suma de los unos que hacen un todo perfecto, o casi perfecto. Un equipo con un gen competitivo impropio para críos menores a la veintena de los que, seguramente, muchos se quedarán por el camino. Pero que nunca podrán olvidar que una noche, en Nueva Zelanda, el mundo entero se rindió a sus pies, 

Rajkovic levanta la Copa de Campeón del Mundial Sub 20 / Getty Images

miércoles, 10 de junio de 2015

Mundial Sub-20: Gastón Pereiro, cierra los ojos y pide un deseo

Gastón Pereiro, con Uruguay U20 / TENFIELD

Érase una vez, en Sudamérica, un pequeño país con algo más de tres millones de habitantes donde no paraban de emerger, como si de una fábrica se tratara, muñecos de guerra diseñados con el único objetivo de luchar hasta el final por ganar un balón dividido. Allá por los inicios del fútbol, en los primeros compases del siglo XX, estos chicos, ataviados con zamarras de color celeste, no encontraban un rival a su altura. Combinaban la garra y la fuerza de la mayoría con las pinceladas mágicas de unos pocos para conformar un ejército de 11 hombres sin parangón. Su nombre era Uruguay, y sus hijos, menos que el resto pero creídos con el doble de valor, fueron los pioneros en ganar al mundo entero, doblegando incluso a los titanes en su casa, y se acomodaron en un estado de vida donde rendirse no está permitido.

Cada cual tendrá su favorito. Elegir en un ramillete de jugadores donde se encontraban en el pasado   nombres de la talla Francescolli, Obdulio Varela, Schiaffino, Rubén Sosa, Scarone, Recoba o los actuales Forlán, Cavani, Luis Suárez o Diego Godín no es más que una bendición. Los vigentes campeones de la Copa América, que defienden título estos días en Chile, alternan buenas generaciones con otras más mediocres y sus mejores baluartes jóvenes ya empiezan a demostrar que tardarán tiempo hasta desaparecer de la primera plana del panorama mundial. Los Giménez, Velázquez o Rodrigo Amaral no dejan de avivar la llama del éxito y en Nueva Zelanda, durante el Mundial Sub20 que se está celebrando, un nombre sobresale de los demás: Gastón Pereiro.

Gastón Pereiro (11 de junio de 1995) es un mediapunta espigado, que rompe un poco con la tónica de jugador aguerrido que suele envolver al charrúa. Pereiro es más talento, elegancia, clase y dosis de magia. Es más Francescoli que Forlán, más Recoba que Cavani. Si bien el equipo celeste no está mostrando su versión más vistosa como en el pasado torneo, donde cayeron en la final, los charrúa siguen vivos y se aferran al clavo ardiendo de Pereiro.

Cuando ves jugar a Pereiro por primera vez, la sensación es la de ver a un entrenador jugando con los alevines a los que entrena, de ver a un hermano mayor vacilando a los más pequeños de la familia. Esa sensación de superioridad para con su entorno. Pereiro es un mediapunta al uso, muy alto, rozando el 1'90, al que le encanta tener la pelota el máximo tiempo posible. Zurdo cerrado, pues la derecha la tiene poco más que para el apoyo, hace mejores a sus rivales cuando se siente importante y puede arrancar también desde ambas bandas. Rehuye siempre de lo fácil y trata de buscar la situación más compleja posible que pueda dar sus frutos. Muchas veces juega más de cara a la galería de lo necesario. No corre porque no le hace falta, trota por el campo, su potente zancada y su buen uso de la fuerte carrocería de la que dispone se lo permiten. Se trata de un jugador de fútbol sala encerrado en un campo para 22 hombres donde en vez de goma se calzan tacos. Un romántico de pisar el cuero y chocar con él en posesión dando la espalda a su marcaje. Adora la conducción de la pelota hasta límites insospechados y es de esos jugadores que derrochan elegancia en sus controles, en sus andares y en sus asistencias inverosímiles.

Pereiro es frío y calculador y posee un gran disparo desde la frontal con su izquierda. Congela sus pulsaciones en situaciones donde a los demás les hierve la sangre. No duda, no se pone nervioso y se siente bien cuanto más importancia tiene en el equipo. Prefiere asistir antes que golear y desde hace un año es un fijo en las alineaciones de Nacional de Uruguay. Su 1'88 le permite ser un jugador importante en los balones aéreos y es muy oportunista de cabeza, además, también tiene un muy buen juego de espaldas y una gran habilidad para girar sobre sí mismo. 

Se dio a conocer internacionalmente en el pasado Sudamericano Sub20 donde, pese al buen nivel que mostró, su nombre se asocia al encontronazo que tuvo con un hincha menor de edad al que, según los medios de Uruguay acabó golpeando al término de uno de los partidos del torneo. 

Su parecido futbolístico no tiene cabida con ningún uruguayo, sino que es más bien un jugador muy del estilo de Javier Pastore, sobre todo cuando el hoy jugador del PSG estaba empezando a dar sus primeros coletazos en el mundo del balón. Hace exactamente un año se aseguró la Juventus, el Sevilla y el Udinese habían llegado tarde a por él, pues lo había fichado el Atlético de Madrid, que en Uruguay tiene una mina en las últimas campañas, y se había hecho con sus servicios a la vez que cerró a otro joven baluarte llamado Nicolás Schiappacasse. 12 meses después, Pereiro sigue en Uruguay creciendo a pasos agigantados en una competición que se le antoja pequeña. Si consigue dar el salto a Europa pronto y adaptarse rápido al ritmo que se juega a este lado del charco, Gastón Pereiro puede ser la llave para abrir muchas defensas, un jugador que realmente marque diferencias, pero siempre corre el riesgo de que su extravagancia, su dejadez y su mala cabeza acaben por dejarle en un quiero y no puedo y acabe desaprovechando su carrera en un fútbol menor al que le corresponde su calidad. Mañana, en su vigésimo cumpleaños, tendrá uno de los mejores regalos de su vida: la responsabilidad de eliminar a Brasil y hacer sentir a los suyos que con él, cualquier nuevo Maracanazo es posible.

             

sábado, 6 de junio de 2015

Mundial Sub-20: Marc Stendera, el alumno aventajado

Sobresale por encima de todos el dorsal número 10 de Alemania en Nueza Zelanda, donde chicos menores de 20 años dan sus primeros pasos en un Mundial para convertirse las figuras de los posters de pared de otros más jóvenes que sueñan con, algún día, dedicarse al mundo del balón. Si bien Ángel Correa destaca por su desparpajo, por ser el diferente, por ser el talento, Marc Stendera (10 de diciembre de 1995) es el talante, la calma antes de la tempestad. 

Stendera, con el Eintracht / E. FRANKFURT
Alemania puso algo más de un lustro una semilla que ahora está dando sus frutos y que no parece, de momento, tener fin. El primer éxito tuvo lugar en 2009, donde unos imberbes aún desconocidos levantaban una Eurocopa Sub21 y, en su mayoría, irrumpían el año siguiente en Sudáfrica para demostrar que no eran flor de un día. Alguno de esos son hoy mundialmente conocidos como Manuel Neuer, Mesut Özil, Matt Hummels, Schmelzer, Sami Khedira, Jerome Boateng o Howedes, algo más que una columna vertebral a la que un año más tarde se unieron los Toni Kroos y Thomas Muller de turno.

Años de trabajo que tuvieron recompensa el año pasado en Brasil, donde tras arrollar al anfitrión en semifinales, rompieron el sueño del mejor jugador del mundo en la lucha por el título con un gol de Mario Götze. Él y Marco Reus, ausente este último por una lesión, son los siguientes en un árbol genealógico teutón que no parece tener fin, toda vez que Julian Draxler, por ejemplo, ya está apuntado a la fiesta, y Leon Goretzka y Max Meyer llaman con fuerza. Pero un paso por detrás de todos ellos, aparece la figura de Marc Stendera. Aún con 19 años, debutó hace dos en la Bundesliga defendiendo los colores del Eintracht de Frankfurt, club que le ha formado como jugador y de cuya titularidad no se ha esfumado. 

Stendera se mueve bien entre líneas, es un mediapunta versátil, con mucha movilidad, al que le encanta hacer las cosas más prácticas que bonitas. Conduce el balón elegante y suenan tambores de guerra cada vez que se aproxima a la zona de influencia. Su golpeo a balón parado es su mayor cualidad, tiene un francotirador en la pierna derecha y hace de cada córner o falta un pase de la muerte o un penalti. Además, tiene buen disparo con ambas piernas. No obstante, es más asistente que goleador, pero suele acabar con buenas cifras de cara a puerta si juega cerca del área, donde más le gusta moverse. Y es que Thomas Schaaf esta temporada ha retrasado su posición hasta el doble pivote o le ha puesto en medio en un rombo que ni creaba ni destruía y era un poco la ley del más fuerte.

Una lesión del ligamento cruzado de su rodilla hace dos años que le tuvo 8 meses parado cortó su progresión meteórica, y es por eso quizás que juega con los chicos de su edad y no un par de cursos por delante, con los de su calidad. Su aplomo con la pelota y la toma de la decisión correcta en cada momento le hacen un jugador muy valioso. En Frankfurt ya le llaman 'El Götze bueno', por su parecido en el campo con el goleador de la final del Mundial. Stendera ya lideró el pasado año a Alemania Sub19 a levantar el título de Campeón de Europa a la vez que Götze hacía lo propio con la Copa del Mundo y este verano, dando un paso más en su carrera, está dirigiendo a sus compañeros a la conquista de un objetivo superior. El Borussia de Dortmund ya le tiene en su lista tras la exhibición que dio esta temporada contra ellos, pero el chico no parece, de momento, decidido a abandonar su casa. La dimisión de Schaaf, además, puede venirle a las mil maravillas si el próximo entrenador decirle darle galones en la mediapunta. Stendera es una realidad y la llamada de la absoluta no se hará esperar. La última pepita de oro de la generación dorada alemana ya ha sido descubierta.
Marc Stendera, en 2014, campeón de Europa con Alemania Sub19 / UEFA

miércoles, 3 de junio de 2015

Mundial Sub-20: André Silva, el sueño esperanzador de Portugal

André Silva, con la selección de Portugal / UEFA
Veinte segundos. Ese fue el tiempo que necesitó André Silva (6 de noviembre de 1995) en el debut de Portugal en Nueva Zelanda para demostrar que está hecho de otra pasta. Desde Pauleta, los lusos echan de menos un delantero nato con gol, una especie que parece en extinción en el país vecino. Sin éxito, Nuno Gomes, Hélder Postiga, Liedson o Hugo Almeida han intentado cubrir ese hueco, por no mencionar el descalabro del pasado Mundial en Brasil con el extravagante y descoordinado Éder como apagafuegos, cuya puesta en escena clamó al cielo. 

Cierto es que desde entonces ha emergido también la figura de Cristiano Ronaldo, una bendición para los lusos, un goleador nato en sus últimos años, pero que nace desde la banda y que necesita a ese matador dentro del área para sentirse aún más cómodo. La solución viene en camino, va quemando etapas, cociéndose a fuego lento y devorando rivales, llamando a la puerta de los más grandes a base de goles y no goles, porque André Silva es un delantero mucho más completo de lo que pueda parecer. No es sólo un hombre que mete la pelota en la red.

Referentes ha tenido, pues el Oporto fichó a este chico cuando aún tenía 14 años para sus categorías inferiores mientras en el primer equipo una bestia como Radamel Falcao daba cursos adelantados cada noche en Do Dragao de cómo ser el mejor delantero del mundo. También hace allí goles Jackson Martínez, otro cafetero que cierra paso a un Aboubakar que cuenta sus participaciones en la Liga por goles. Aunque, puestos a nombrar delanteros del Oporto, quizás es justo hablar de uno aún más veterano y que se asemeja mejor al juego de nuestro protagonista, como es Lisandro López.

Debutaba hace unos días Portugal ante Senegal en el Mundial Sub20 con todas las miradas puestas en Gelson Martins, extremo de la fábrica del Sporting de Lisboa, el jugador más importante y desequilibrante de esta selección. Y mientras los objetivos estaban puestos en esa banda derecha, en la otra, la izquierda, André Silva (saliendo del área, una de sus mejores cualidades) bajaba un balón con nieve a los 20 segundos de partido, se daba la vuelta entre tres adversarios y metía un pase entre líneas para que Gelson, desde atrás, arrancara la moto y pusiera el primero antes del medio minuto de juego. La mayoría de jugadores aún no había tenido tiempo de moverse de su posición. Un destello. Pide un deseo.

Sólo llevaba tres minutos y ya había dado un gol y creado otras dos ocasiones para ello. Quizás pecó de no ser egoísta y en ese intento de agradar a la estrella Gelson se olvidó que él era el delantero. Esa es otra de sus virtudes, pasar la pelota cuando toca, no ser nada egoísta de cara a la portería. Un arma de doble filo, porque los delanteros siempre han de tener un punto de individualistas dentro del área, ese hambre de gol. No tiene ningún problema en bajar al barro para trabajar por el equipo sin conseguir la gloria personal.

Silva, con el Oporto / FCP
Silva, a sus 19 años, maneja los registros de los mejores delanteros. Puede que no sea un 10 en nada, pero es un notable en todo. Como pivote juega a las mil maravillas, algo que le permite su potente carrocería, recibe de espalda y es capaz de aguantar la pelota, jugar de cara o dejar de primeras con la cabeza. Es tosco, no se da la vuelta rápido cual gambetero argentino, pero es muy potente y es común verle haciendo cabalgadas desde el centro del campo o desde la banda, donde le encanta caer. Es buen regateador en el uno contra uno y tiene un disparo lejano fuerte. Fija de maravilla a los centrales y permite que lleguen jugadores en segunda línea. No se le caen los anillos por bajar 10 metros para crear un espacio pese a saber que no va a recibir la pelota y le encanta que le doblen para tirar una pared. Huele sangre, no deja rebote vivo cerca y no suele errar cuando remata de primeras. Es el jugador perfecto para Portugal, criado y creado en base a una ideología de juego que, si sigue su curso, tendrá sus buenos frutos en un futuro no muy lejano. Engatilla fácil de primeras o tras un acomodado control si tiene la posibilidad dentro del área y su calidad en el remate de cabeza, midiendo los tiempos e imprimiendo la fuerza oportuna, hace que sea un peligro aéreo.

Y es que Silva debutó sólo con 16 años con la Selección Sub19 (donde ha marcado 16 goles en 24 partidos), con la que el pasado verano se proclamó subcampeón de Europa ganando la Bota de Plata del torneo y asombrando a todos en el partido contra Hungría en el que marcó 4 tantos, uno de cada color: empujando el primero a placer, rematando de cabeza el segundo, haciéndose con un rebote en el tercero y adelantándose a sus rivales para cerrar la cuenta en el cuarto. Se saltó de golpe tres categorías y ya no ha dado pasos en falso, sobre todo defendiendo los colores nacionales, donde su nivel incluso aumenta. Es el delantero titular del Oporto B, que juega en la segunda categoría del fútbol portugués, donde debutó con 17 años y no necesitó más que dos partidos para ver puerta como profesional.

Desde entonces, ha logrado 14 goles en temporada y media, una cifra algo baja si no se tiene en cuenta la dificultad que le supone al equipo luso mantenerse en la segunda división sólo con jugadores prometedores Dio el salto al segundo equipo tras lograr 28 goles en 31 partidos con el Oporto Sub19, donde jugaba con chicos dos años mayores que él y equipo en el que no era delantero centro, pues Gonçalo Paciencia, un delantero algo mayor y sin movilidad, le relegaba a la banda, donde André Silva pudo explotar su velocidad y potencia.  El Chelsea y el Arsenal ya han puesto sus miras en él y el pasado octubre preguntaron por sus servicios, pues el chico acababa contrato a finales de este mes, pero al final acabó desechando las ofertas extranjeras para poner su rúbrica en un nuevo contrato con el conjunto portugués. Sueña con marcar en Do Dragao con los mayores.


martes, 2 de junio de 2015

Mundial Sub-20: El bueno es Tomás Martínez, el 10

"El '10' argentino, los centrales de Uruguay, los  extremos de Portugal y los delanteros de Brasil", esa es la lista de jugadores que me comentó alguien que bien sabe de esto que sigue en cada Mundial Sub 20 y con la que estoy bastante de acuerdo. No sé a ciencia cierta el motivo, pero la albiceleste siempre me ha tirado bastante, no sé si es su garra, su corazón, su calidad individual o el cómputo de todas estas que en cualquier torneo futbolístico suelo tener una parte de argentino. Lejos de que Ángel Correa es el mejor jugador de lejos de este Mundial Sub20 de Nueva Zelanda (pese al mal partido ante Ghana), que parece un hombre jugando entre niños, y que la figura de Batalla bajo los palos se hace más grande a cada jugada, el número del elegido lo porta Tommy Martínez, igual que en el Sudaméricano de hace unos meses, una perla de River.

Una zamarra que ya llevó con orgullo Maradona en la edición de 1979, donde se dio a conocer al mundo entero el que a la postre sería el mejor jugador del mundo; la misma que no pudieron vestir Burrito Ortega o Gallardo en 1993, porque a Argentina se le impidió competir tras su mal comportamiendo dos años antes. El que sí lo pudo hacer fue un menudo que pasó por nuestro fútbol como Ibagaza que, con la estatura de un cadete, parecía un juvenil entre infantiles en 1995. Igual que Aimar en 1997. El Payaso llevaba el 10 y aún no se explica por qué no se les permitió jugar con los números repetidos, pues Román Riquelme se tuvo que contentar en el mismo torneo con el dorsal número 8. O en 2001 Romagnoli, un grande que nunca ha querido salir de su Liga, aunque el jugador merecedor de esa elástica, por histórica referencia al ratonero gambeteador que es distinto a los demás, era un Andrés D'Alessandro que jugaba con el 15, uno de sus números fetiche. También Tévez, en 2003, o Agüero, en 2007, lucieron el número de los sueños. Los dos dígitos que Maradona marcó como mágicos. Llevar el 10 en Argentina es la mayor responsabilidad del mundo del fútbol. No lo hizo Messi, por ejemplo, que por entonces prefería el 19 en todos sus equipos.

Tomás Martínez, con River /
LA PÁGINA MILLONARIA
Y es entonces aquí donde Tommy Martínez debe decidir. Dar un paso adelante y llegar a la altura de jugadores como Agüero, Tévez, Riquelme o Aimar, o quedarse en un quiero y no puedo de pinceladas guadianescas como Ibagaza o D'Alessandro, incapaces de brillar en las mejores plazas, nulos cuando la absoluta requirió sus servicios. Seguir los pasos de un Erik Lamela (el 10 en 2011) al que cada día parece quedársele más grande este deporte.

Tomás Martínez (7 de marzo de 1995) debutó en Primera División con River Plate nada más cumplir la mayoría de edad y no está teniendo nada fácil ganarse minutos en el primer equipo. Tanto es así que sólo suma 16 partidos como profesional y no acumula más de 450 minutos jugando con los mayores. El reciente retorno de los millonarios a Primera, sumado a los éxitos que cosecha el equipo disputando cada año la Liga, habiendo ganado la Copa Sudamericana o estando ahora mismo en semifinales de la Copa Libertadores, unido al parón del propio Tommy para jugar con la Sub 20 dos torneos en cuatro meses, y al hecho de que Gallardo prescinde de jugadores interiores  para elaborar el juego por las bandas restan minutos a la joven promesa albiceleste, que aún no ha conseguido marcar como profesional, pero sí ha dado tres asistencias con el primer equipo de River.

Zurdo cerrado, Martínez corre bien con la pelota, hace buenas transiciones al ataque y asiste de maravilla. Además, su potente disparo de media distancia le hace imprevisible. Su mejor virtud es la de no dudar en la toma de decisiones y cuando llega a la frontal, sabe muy bien qué acción va a ejecutar. Es eléctrico y su confianza en el regate en corto para salir de su marcaje le hacen parecerse mucho a D'Alessandro, porque además cae bien a banda. Es bueno en el pase al primer toque y el pase en corto, pero abusa del envío en largo, que además no es su principal fuerte. Uno de sus mejores recursos es el de asistir en situaciones complicadas y comprometidas, ya sea con un taconazo, o un giro brusco gradual de su tobillo para sacar el pase más imprevisible para el rival. Bueno en el balón parado (mejor centrando que disparando), sufre mucho cuando un rival le fuerza a utilizar su pierna mala, que le sirve poco más que para el apoyo. 

Se siente importante no siéndolo. Le gusta ir de tapado, no llevar el cartel de jugón para acabar siéndolo. Y lo logra, pero no siempre que se lo propone, pues uno de sus defectos es su irregularidad, esconderse más de lo debido, pasar del 10 al 0 y viceversa en sólo días. Tommy Martínez lleva el dorsal de los elegidos, tiene mimbres para acabar luciéndolo con orgullo, pero también muchos factores en contra que no se lo pondrán nada fácil. Gallardo ya ha prometido darle más minutos en un futuro no muy lejano y tratar de encajar en el esquema un mediapunta de su clase, salidad y proyección. Ahora, Tommy tiene la llave.

Martínez, en el Sudamericano Sub 20 / EFE

domingo, 31 de mayo de 2015

Agüero-Ángel Correa, la comparación necesaria

Hace sólo nueve años, el Atlético de Madrid fichaba a un crío (17 años cuando se hizo oficial) que venía de Argentina del que, al otro lado del charco, todo lo que se escuchaba era positivo mientras que en el viejo continente era más o menos un desconocido. De nombre Sergio y apodado 'Kun', se pasó una temporada a las órdenes de Javier Aguirre, a la sombra de Fernando Torres, aclimatándose al ritmo de competición europeo donde fue bastante difícil hacer una evaluación más o menos uniforme. Había quienes decían que iba para crack, otros que pensaban que estaba gordo y muchos más que pensaban que el Atlético había tirado 23 millones a la basura. Fue al verano siguiente cuando, necesitados de ver un poquito más de ese ratonero de área, los seguidores colchoneros cambiaron su camiseta de España por la albiceleste para seguir a su delantero en el Mundial Sub20 que tuvo lugar en Canadá, donde 'el tal' Agüero se llevó, además del título, los premios a mejor jugador y máximo goleador de la cita.

Es curioso como la historia, salvo por detalles, se puede referir también a Ángel Correa. Y es que cuando un chico destaca en el país del nuevo Papa, la coletilla de 'nuevo Messi, Maradona o Crespo está asegurada'. En este caso, y en base a paralelismos, Correa fue el nuevo Agüero, quizás porque es también el más reciente. Sin oportunidades en su año de debut por una operación de corazón, Correa, que ya se salió en el Sudamericano Sub20 hace dos meses tiene en este torneo mundialista su mejor bala para quedarse el año que viene a las órdenes de Simeone. No parece querer desaprovecharlo.

Para seguir alimentando la historia tenemos a Panamá como variable fundamental. En 2007, la selección liderada por el Kun, donde había otros como Piatti, Banega, Fazio y Zárate, se contentó con el empate en su primer partido y tuvo que esperar al segundo para golear (6-0) a Panamá. Doblete del chico que llevaba el brazalete, el Kun. El mismo que hizo hace dos noches el nuevo capitán de la Sub20, Ángel Correa. Hace años, el Kun abrió su cuenta particular remachando a puerta vacía un pase de un compañero desde la derecha en una portería vacía porque el portero había salido sin éxito a tapar. Un calco del segundo que metió Correa antes de anoche. Más escalofríos si comparamos el primero de Angelito con el segundo del Kun. Clavados. Pase abierto a la derecha, centro tocadito al corazón del área y golpeo de primeras con el interior. ¿Está destinado?

Muy complejo es hacer una valoración general en base al planteamiento del equipo. El 3-3-4 de Grondona, que cuando no va ganando se convierte en un 2-2-6, es un patio de colegio, donde muchos corren para arriba, ninguno corre para abajo y luchan por un espacio que se antoja pequeño para tanto gambetero. La ley del más chupón. Correa, botas negras pintadas ¡Denle un patrocinador a este chico!, campó a sus anchas como quiso. Se le pudo ver muy cómodo en la mediapunta, bajando a recibir la pelota, queriendo entrar en contacto con cada balón, vivo. Capaz de cambiar la sangre caliente por fría cuando el partido lo requiere. No se arrugó, hizo dos goles, metió infinitos pases peligrosos, por arriba, por abajo, con la derecha y con la izquierda. Angelito no es un goleador, pese al doblete, y quizás su mejor cualidad es el pase y la visión de juego, además del regate. Cuando recibe es imposible impedirle darse la vuelta, y cuando se la da el rival está perdido. Demostró regate en largo, en corto, cambio de ritmo y recursos. Es ortodoxo cuando toca y cuando se tiene que arrugar, también lo hace. La comparación con el Kun se queda ya lejos, porque Correa no es un delantero como sí el hoy jugador del Manchester City. Su juego, cuando encara, se asemeja mucho a los inicios que tuvo otro ídolo argentino, Tévez. La misma potencia, los mismos andares.

Le pudimos ver jugando con total libertad y sin ninguna responsabilidad defensiva. Incluso bajó al medio campo como mediocentro más retrasado para esa primera salida de pelota, algo que difícilmente se verá en el fútbol europeo pero que da una idea de cómo ayuda para que la pelota llegue a buen puerto. Decía Fabián Godoy, el comentarista de Direct TV, que Correa es "la solución a todos los problemas". Avisaba Marcelo Araujo, histórico narrador argentino, para los que estaban viendo jugar por primera vez la Joya, como le apodan desde cadete: "Esto es Correa, si ponen la tele hoy por primera vez, esto es lo que hace en cada partido". Y es que lo mejor no fueron sus goles, sino sus asistencias. Tras regatear a un ejército de panameños, llegaba con la determinación suficiente como para meter el pase preciso y precioso que sus compañeros no lograron materializar. Y no fueron ni una, ni dos, ni tres las veces que sucedió.

El Kun se fue cargado de títulos de Canadá, la rompió en el Atlético y el resto ya es bien conocido. Correa está empezando y de momento, ya calca los pasos del jugador del City. Debut con empate, dos primeros goles ante Panamá, premio al mejor jugador del partido y sensaciones positivas, quizás mucho más importante que las estadísticas y los números. No es ni Agüero, ni Tévez, tampoco es Messi o Maradona. Angelito quiere escribir su propio libro de hazañas y quién sabe si en una década o menos tendremos a alguien a quien podamos apodar como el nuevo Correa.

Correa celebra su primer gol del torneo, ante Panamá / Getty Images