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martes, 7 de junio de 2016

Selecciones una a una (VII): República de Irlanda contra el Imposible

Shane Long celebra su gol junto a Robbie Keane
Cualquier cosa puede pasar si tienes a Martin O’Neill en tu banquillo. República de Irlanda llega a la Eurocopa tras hacer un gran papel en la fase de clasificación y doblegar a Bosnia en el playoff por la presencia en el torneo, pero ahora se encuadra en el grupo de la muerte y cada partido tendrá la exigencia de una final.

Que la República de Irlanda esté presente en los torneos internacionales siempre es positivo. Sus aficionados, reconocidos por el verdor de San Patricio en sus atuendos, dan un colorido y presentan una alegría que se hace notar siempre, por adverso que sea el resultado. Para un país de apenas cuatro millones de habitantes, en el que el rugby y el fútbol gaélico son los deportes rey, disputar una Eurocopa es ya un éxito. Y van dos seguidas. Y es que aunque la mala suerte se haya cebado con ellos en cuanto a los cruces y los sorteos, los orgullosos verdes han demostrado que nada ni nadie podrá con su ilusión.

Tras quedar encuadrados en el grupo de la muerte en el pasado torneo continental, teniendo que luchar ante Croacia, España e Italia (campeona y subcampeona) y tras pasar un grupo terrible para acceder al torneo de Francia ante Alemania, Polonia y Escocia, los Irlandeses han vuelto a ver cómo la suerte le da esquinazo. Se tendrán que batir el cobre en el Grupo E ante selecciones de tronío como Bélgica, Italia y Suecia. Dicen las casas de apuestas que lo lógico sería no conseguir ni un punto. Pero eso ya no vale, sobre todo tras ver cómo los de O’Neill mancillaban a la campeona del mundo por partida doble. Primero allí, en Alemania, y luego ante su afición con un solitario tanto de un Shane Long al que aún están persiguiendo los teutones.

Dispone Martin O’Neill de una variedad táctica y una cantidad de recursos innumerable que hace prácticamente imposible augurar un once ideal, por mucho que sí que haya jugadores imprescindibles. Así, el técnico ha ido cambiando piezas desde que tomó el mano ya no sólo en la alineación, sino también en la convocatoria. Jugadores imprescindibles en un partido que se quedaban fuera incluso de la lista en el siguiente.

Con todo, se antoja posible que O’Neill disponga un 4-5-1, que puede mutar en 4-4-2 según la dificultad del partido y las amenazas del rival. Ya en la portería habrá un dilema. Rob Elliot, guardameta del Newcastle y último dueño de la meta irlandesa, ni siquiera entró en la preconvocatoria de 35 jugadores. Así, el veterano Shay Given y el guardameta suplente del West Ham Randolph deberán luchar por un puesto. Given, otrora estrella, no está en su mejor momento de forma a sus ya 40 años y en algunos partidos ha mostrado achaques de la edad. Por no hablar que en otros muchos ni siquiera ha podido seguir por lesión.

La línea de cuatro tendrá dos hombres fijos y otros dos variables. Es así que Seamus Coleman y O’Shea serán inamovibles durante todo el torneo. El del Everton es posiblemente el jugador de mejor nivel de todo el seleccionado mientras que el ex del Manchester United da los últimos coletazos de su carrera. Superará, por cierto, a Kevin Kilbane como tercer jugador de la historia con más partidos con la camiseta, teniendo sólo por delante a Given y Robbie Keane. Acompañando a éste podrán estar Ciaran Clark o Keogh, aunque lo más probable es que sea Shane Duffy, que pese a sus tres partidos como internacional parte con ventaja tras su gran campaña con el Blackburn. El perfil zurdo será para Brady con casi toda seguridad. En función de cada partido, el jugador del Norwich actúa por delante de la línea defensiva. En ese caso, sería Ward quien entraría en el once haciendo un doble lateral.

Lo que parece innegociable es el doble pivote. Whelan y McCarthy jugarán si están bien. Ya por delante, llegan todas las dudas. Un abanico de jugadores enorme para cuatro puestos. La movilidad y polivalencia de la mayoría de ellos, además, hacen que el quebradero de cabeza de O’Neill sea de gran dimensión. En los últimos duelos ha preferido el técnico colocar por delante de ellos a Hoolahan, con dos jugadores bien abiertos en banda y Murphy sólo en punta. Sólo hace unos meses, el 4-4-2 con dos puntas era siempre seguro con Walters en el verde. La irregularidad e inconsistencia jugadores como Shane Long, McGeady, Hoolahan o James McClean provoca la inseguridad en un once tipo. Así, es posible que todos ellos tengan minutos durante el torneo y no haya un titular claro.

Por delante, Robbie Keane asumirá un rol que todavía desconoce. El eterno capitán cumplirá 36 años durante la cita y ya no es el que era hace temporadas. Llega incluso lesionado, por lo que lo más seguro es que ni juegue en el debut. En los últimos duelos su dosificación ha sido cuestión casi de estado, perdiéndose partidos importantes por no estar a un tono físico apto y jugando otros muchos por el simple hecho de llevar ese apellido en su camiseta. Sería injusto no referirse a Hendrick, el jugador que lleva de titular casi toda la fase de clasificación, ya sea en la derecha o en la izquierda, ya sea en un 4-3-3- o en un 4-4-2. El del Derby County llega en un gran momento de forma y su capacidad de trabajo unida a su talento individual le hacen uno de los jugadores más peligrosos.

También será el turno de analizar bien de cerca a Shane Long. Anotador de goles clave en la fase de clasificación, es el jugador cuyo nivel más trae de cabeza al técnico. Talentoso como pocos, con capacidad para cambiar cualquier partido, su espíritu de vago, su bajo compromiso y su dejadez pensando que el talento lo es todo nunca le permiten mostrar su mejor versión con continuidad. Juega muy bien a la pelota, pero no tanto al fútbol. Su gran temporada ya le hace oír cantos de sirena de equipos como Liverpool o Everton y para O’Neill, que no se cansa de pincharle para sacar su máximo rendimiento, sería una gran noticia que quisiera hacer un gran torneo. Será la principal referencia arriba si él quiere.

Si algo ha demostrado la selección irlandesa ha sido la capacidad para venirse arriba en los momentos difíciles. Aquel cabezazo de O’Shea en Alemania profanando la casa del campeón mundial en el último minuto; el empate de Shane Long, también en el alargue, ante Polonia, borrando una derrota que habría significado el adiós a la Eurocopa; los dos tantos inaugurales de Aiden McGeady en la puesta de largo o aquella diana de Shane Long, otra vez Shane Long, ante Alemania, colándose entre una zaga que aún le sigue buscando.

El primer envite será ante Suecia (13 de junio) y se antoja obligatoria la victoria ante el rival, a priori, más sencillo para soñar con pasar de grupo. Los chicos de Ibrahimovic no dejan de ser superiores a los de O’Neill y tienen mucha más experiencia en estos torneos, pero no es menos cierto que los suecos llegan ya con una generación algo pasada de vueltas y que los imberbes aún podrían pagar la novatada.

El siguiente rival será Bélgica (18 de junio). Los Diablos Rojos copan las casas de apuestas como claros favoritos al torneo. Hombre por hombre, línea por línea, la verdad es que pocos equipos hay como los belgas. Como conjunto son un bloque y falta saber si las individuales de los de arriba, de los importantes, estarán a la altura para dar el paso adelante que se presupone. Es lógico que aquí O’Neill, ante el potencial ofensivo de los de Wilmots, juegue un papel algo más conservador. Aunque todo dependerá del resultado del primer duelo.

Cerrará el grupo Italia. Cierto que la azzurra no presenta su mejor versión y que en la lista falta calidad a raudales comparando con la selección que siempre han sido. Pero Italia es Italia. El gen competitivo nunca se pierde y en un último partido donde los dos necesiten resultados se antoja imposible sacar algo positivo ante los de Conte.

No está acostumbrada Irlanda a jugar torneos de grandes magnitudes. No obstante, sólo ha disputado dos mundiales hasta la fecha y esta será su tercera Eurocopa (tras 1988 y 2012). La afición acudirá en volandas, sobre todo si tenemos en cuenta la cercanía del lugar de celebración. Pero la fiesta de una Eurocopa es inigualable. Nadie creía en la Grecia que conquistó Portugal. Pocos daban un euro por Dinamarca en el 92. Aquel penalti de Panenka nos enseñó que las cosas más imposibles a veces se hacen realidad y hasta en 2008, cuando España se hizo con el trofeo, que superase de fases de grupos se consideraba utópico.

Nadie podrá exigir nada a República de Irlanda, que sólo ha logrado una victoria en seis encuentros en estos torneos. Pero el derecho a competir se lo han ganado con su propio sudor. Obligados a nada, pero con derecho a todo.

IRLANDA:

-Porteros: Shay Given (Stoke), Darren Randolph (West Ham), Keiren Westwood (Sheffield Wednesday).
-Defensas: Seamus Coleman (Everton), Cyrus Christie (Derby), Ciaran Clark (Aston Villa), Richard Keogh (Derby), John O'Shea (Sunderland), Shane Duffy (Blackburn), Stephen Ward (Burnley).
-Medios: Aiden McGeady (Sheffield Wednesday), James McClean (West Brom), Glenn Whelan (Stoke City), James McCarthy (Everton), Jeff Hendrick (Derby County), David Meyler (Hull City), Stephen Quinn (Reading), Wes Hoolahan (Norwich), Robbie Brady (Norwich), Jonathan Walters (Stoke).
-Delanteros: Robbie Keane (LA Galaxy), Shane Long (Southampton), Daryl Murphy (Ipswich).
-Seleccionador: Martin O'Neill.


viernes, 9 de octubre de 2015

El éxtasis de Shane Long que enloquece a media Irlanda

Shane Long celebra su gol ante Alemania / PA

Anoche, Irlanda entera estaba de fiesta. En un lugar donde el deporte rey es el fútbol gaélico (una mezcla de fútbol, rugby y balonmano al que ellos llaman fútbol, a secas) seguido del hurling (que es como el fútbol gaélico pero con unos sticks parecidos a los del hockey), el fútbol, el de toda la vida, puso en éxtasis a los irlandeses. La parte del norte, que pertenece a Reino Unido, tenía quizás más motivos que la República que copa tres cuartas partes de la Isla, y es que los norteños certificaron con su victoria su presencia en la próxima Eurocopa de Francia del verano que viene. Un hecho que ya se llevaba barruntando bastante tiempo por el débil nivel del grupo y que, antes o después, se acabaría consumando. 

Muy distinta era la situación en el sur de la isla. República de Irlanda recibía a Alemania en Dublin. La campeona del mundo y líder del Grupo D se daba cita en el Aviva Stadium con el objetivo de sellar su pase definitivo al torneo continental del próximo año y con un punto bastaba para conseguirlo. Quizás Joachim Low no recordaba cómo había sido el partido de ida, donde los chicos de verde dejaron correr el crono hasta morder al final y lograr un empate en el descuento en tierras germanas. Y con el mismo planteamiento, aunque con mejor resultado, anoche Martin O'Neill volvió a demostrar por qué es uno de los mejores técnicos del mundo.

Parte fundamental de aquel histórico Nottingham Forest de Brian Clough que se alzó con dos Champions seguidas tras venir de las divisiones infereriores del torneo inglés, ganador de todo lo ganable con el Celtic como entrenador y el único hombre que ha sido capaz de dirigir con orgullo al Aston Villa en las últimas décadas, Martin O'Neill, curiosamente nacido en Irlanda del Norte, se hizo con las riendas de la República con el objetivo de devolver al equipo a una Eurocopa (tras el fracaso de 2012) y buscar llegar a un Mundial, donde no están presentes desde 2002.
Martin O'Neill, anoche / PA

El grupo con Alemania, Polonia y la archienemiga Escocia no invitaba a pensar lo mejor, sobre todo tras la mano firme que mostraron las dos primeras y el pinchazo ante los escoceses que sufrieron los de O'Neill. Pero la remontada, tan meteórica como inesperada, ha insuflado aire fresco y ha puesto a Shane Long, figura de esta clasificación (también hizo el gol del empate ante Polonia en el descuento), como héroe de todo un país. Un héroe silencioso, sin duda, pues ni siquiera es titular.

Y Shane Long tiene calidad para serlo, de hecho le sobra, pero O'Neill, siempre dispuesto a sacar el máximo rendimiento de sus jugadores, sabe que ese es el camino para sacar su mejor versión. Pincharle, encabronarle y jugar con su moral. Su gol anoche aseguró que República de Irlanda jugará, como mínimo, la repesca para estar en Francia. Eso en el peor de los casos, pues una derrota en la última cita ante Polonia podría incluso valer para clasificar de forma directa como mejor tercero. Claro que de imponerse a Polonia, Irlanda no sólo entraría automáticamente en la Eurocopa, sino que encima podría hacerlo como primera de grupo.

Y es que anoche, en Dublin, un equipo cuya mitad (5 de 11) de la plantilla titular correspondía a jugadores de la segunda división inglesa se impuso a toda una campeona del mundo que recopilaba estrellas hasta en el banquillo. Alemania, contenta con un punto, tuvo la pelota en todo el primer tiempo. Aunque sin peligro. Posesión banal sin importancia en zonas donde no influye para nada tener el balón o no. Algún día se acabará comprendiendo que posesión nunca es sinónimo de dominio. Porque si alguien ayer mereció ganar y pareció hacerlo fue la República de Irlanda, que acabó con tres puntos en el zurrón tras cosechar sólo un 33% de posesión. Todo treses, como los que lleva el cuerpo técnico en la ropa, o como los que cuelgan por todo el estadio en referencia a Three, la empresa de telecomunicación más importante del país y que representa a la selección, un tres que hace también referencia a cada una de las hojas del trébol, una de los iconos del país. 

Y mientras los campeones del mundo (se) dormían con el balón, los irlandeses se acomodaban en el juego, no querían despertar a la bestia antes de tiempo. Con Robbie Keane en el banquillo (su presencia incluso, tras acabar de ser padre, era duda) como revulsivo para la segunda mitad, O'Neill tenía las ideas claras. Sabe que el mejor jugador de todos los tiempos de la selección, a sus 35 años, está para pequeños esfuerzos. Dio primero entrada a Shane Long y el del Southampton, en sólo dos minutos, cambió el partido. 

De pronto los de verde cambiaron el gesto, su actitud fue distinta y Martin O'Neill se convirtió en Alejandro Magno llamando a sus tropas al ataque de los persas alemanes de Low con Long a la cabeza. Y en el primer balón que tocó el 9, Irlanda se hizo con el partido. Fue en un balón largo desde la portería, cogiendo a Alemania abierta y desprevenida. La velocidad punta de Long, que lo hizo todo a mil por hora, cambió el duelo en una jugada. Dejó correr la pelota. "Recuerda chico, el balón siempre corre más que tú" debió pensar. Algo que se aprende en 1º de fútbol, cuando eres sólo un benjamín, y en un abrir y cerrar de ojos ya le sacaba los metros suficientes a Hummels y Boateng para ser inalcanzable. Sólo tocó dos veces el balón entre el banquillo y el gol. El primero fue para ejecutar un control soberbio, sin perder ni un ápice de velocidad en su larga carrera hacia Francia, y el segundo para batir por toda la escuadra a un Neuer que no sabía por dónde le venía todo ese arsenal ofensivo irlandés. En realidad sólo estaba Long, pero parecía una manada de leones. 

        

Y ahí se acabó el partido. Alemania, dormida durante más de una hora, no pudo cambiar el chip, no despertó en los últimos 25 minutos y sólo Müller, que falló una ocasión inexplicable, intentó superar el letargo. Martin O'Neill administró somníferos a los visitantes para atacarles en su fase REM con velocidad, electricidad y hasta un punto de hiperactividad. Nunca pudo ingresar Robbie Keane, pues las lesiones de Ward (nada más entrar Long) y Given (en la primera mitad) agotaron las sustiticiones, Incluso Brady, también tocado en la recta final, se tuvo que quedar en el campo completamente cojo. Pero el autor del gol jugó por los dos. Correteó por el campo, peleó cada balón y fue una bombona de oxígeno en cada pelotazo en largo de su equipo. Hasta el punto que los últimos finales fueron de los locales. Ni siquiera pudieron los alemanes aspirar a la heroica de colgar balones, pues el cuero fue de unos irlandeses que lograron la posesión en las inmediaciones del área visitante para acabar dando la estocada al partido arañando segundos en los corners. 

Shane Long, todo alegría, fue quizás quien mejor expresó ante las cámaras de televisión post-partido todo lo que había vivido República de Irlanda en esos mágicos 90 minutos cuando, poco antes de admitir que se trataba del gol más importante de toda su carrera, un largo e intenso "yeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeah" encendió las calles de la Isla. San Patricio hecho persona. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Simeone se irá, como ya se fue Martin O'Neill

"Sin armas es difícil, y nosotros necesitamos armas" y "No ha llegado nadie y así es complicado". Esa es la forma que ha tenido Diego Simeone de dirigirse a los directivos del club que entrena y que ha visto cómo su mejor jugador, Radamel Falcao, se ha marchado a un equipo menor con objetivos más lejos que los propios deportivos.


Desde que se sentó en un banquillo, Simeone abandonó esa sombra de jugador duro para convertirse en un mago de la palabra. Siempre con la labia de los grandes, "El Cholo" ha domado a los periodistas, se ha metido en el bolsillo a los rivales y ha enamorado a una afición que siempre le ha amado. Siempre sin perder las formas, Simeone habló hace unas horas desde una televisión argentina para pedir fichajes y un esfuerzo a sus jefes.

Para los que aún no estén habituados al cholismo, Diego Pablo quiso decir, en otras palabras, que se le estaban empezando a hinchar las narices -por no ser soez- de una forma considerable. Y los que le conozcan de verdad, estoy seguro que no pondrían la mano en el fuego por su continuidad en la ribera del Manzanares la próxima temporada.

Después de hacer campeón a Estudiantes de la Plata 23 años después en su primer año como técnico, el argentino no dudó en abandonar el club al que había hecho campeón y del que era nuevo ídolo por desavenencias con la directiva. Era la primera vez que dejaba un club y no era por su culpa, sino por los de arriba. 

Años después dejó San Lorenzo y River -después de hacerle campeón- porque el equipo no estaba cumpliendo con las expectativas previstas, renunciando así a su cargo y su sueldo en favor de un mejor rumbo para el equipo.

M.A Gil
En el Atlético se mueve mucho dinero de unas manos a otras. Falcao, Agüero, Torres dejaron las arcas llenas y entre Mendes, Gil y Cerezo se han repartido el pastel haciendo creer a una afición que estuvo a punto de despertar y a la que los títulos han aborregado que año tras año no hay dinero para fichar, por mucho que se venda. Da igual que las ventas aporten ingresos, da igual que se reduzcan las fichas de aquellos que más cobran, que se firmen acuerdos de cooperación y que el equipo lleve innumerables patrocinadores en la camiseta y pantalón. Nunca hay dinero. Curiosidades de la vida, hace años se descubrió que Miguel Ángel Gil pagaba con fondos colchoneros el banquete de bodas de su hija, las fiestas, los regalos y un etcétera de derroche de dinero que suyo no es.

Diego Pablo, que no es tonto, no estará dispuesto a tragar como en su día sí lo hizo Quique, cuando le vendieron a uno de los jugadores con el que más contaba -Jurado- con el mercado ya casi cerrado. Porque Simeone no es Quique y si no cumplen con lo prometido se irá, como ya se fue Martin O'Neill. 

Martin O'Neill
Corría el balón en el Vicente Calderón el 30 de septiembre de 1997, con la Copa de la Uefa en acción. Simeone hacía unos meses se acababa de marchar al Calcio y el Leicester entrenado por un Norirlandés llamado Martin O'Neill -jugador clave en aquel mítico Nottingham Forest doble campeón de Europa- se enfrentaba a los colchoneros. La victoria visitante por 1-2 fue bochornosa para el equipo local que venía con el cartel de favorito y O'Neill, lejos de la alegría por la victoria, se enamoró del club que al que acababa de pasar por encima, de su encanto, y sobre todo, de su afición. Desde entonces, fiel seguidor.

O'Neill siguió su triunfal carrera en Celtic Park, hasta recalar en un Aston Villa venido a menos y en el que en 3 años consiguió llevar a puestos decentes. Corría el verano de 2010 cuando le pidió a la directiva del equipo de Birmingham que no dejaran salir a James Milner, estrella del equipo. Una promesa que el club aceptó y rompió días después, cuando vendió al centrocampista al Manchester City. De forma inmediata, O'Neill presentó la dimisión del equipo en el que llevaba 3 años echando raíces y que desde su marcha no ha luchado por otra cosa más que por no descender.

Porque O'Neill se enamoró del Calderón como en su día lo hizo Simeone, sólo un mes después de que El Cholo se marchara, recogiendo su testigo. Porque Simeone se fue de sus equipos por promesas incumplidas, como también hizo Martin O'Neill. Ahora le toca al Cholo. Porque nadie quiere que lo haga, pero si le toman el pelo, Diego Pablo no es Quique. Yo no pongo la mano en el fuego.