Potente carrocería, juego de pies depurado y una cuota goleadora cada día mejor es la carta de presentación de Dušan Vlahović, el delantero por el que apostó hace ya varias temporadas la Fiorentina y uno de los mayores atractivos de la Serie A esta temporada. El serbio, pese a su juventud, ha sido siempre visto con perspectiva de presente y futuro cada vez que la entidad viola ha tenido que planificar la plantilla anteponiendo su figura y las esperanzas depositadas en él como mayor pretexto para acometer un fichaje de un delantero de altura.
Esa confianza parece haber dado sus frutos en esta 2020-2021, temporada en la que el serbio ha salido al fin del cascarón para ser el mayor reclamo de un equipo que camina sin pie firme y que si no pierde la categoría es simplemente porque hay otros tres que tampoco tienen nivel a día de hoy para jugar en Serie A. 12 goles y dos asistencias en lo que va de campaña que suponen unas cifras más que respetables y son sin duda las mejores en su corta experiencia profesional.
Lo que agrada de Vlahović es el dominio que maneja en casi todos los registros que le hace ser un delantero muy completo a temer. No solo es su elegancia en la conducción o su buen remate al primer toque, sino su entendimiento del juego, su movimiento sin balón y la facilidad que desprende para facilitar a sus compañeros el trabajo y abrir espacios para generar ataques por cualquiera de los tres perfiles ofensivos.
Con 21 años recién cumplidos, el serbio se ha metido incluso en un territorio que parecía prohibido: la selección de Serbia. Allí donde reina Mitrovic (el pasado fin de semana se convirtió en el máximo goleador histórico del país) y donde todo apuntaba iba a explotar Jovic ha aparecido el de la Fiorentina, que en sus últimas tres internacionalidades (suma seis) ha anotado dos goles y repartido una asistencia siendo diferencial.
Equipo habitualmente vendedor, la Fiorentina siempre se ha mostrado reservada con su nuevo ariete titular, pero no sería de extrañar que ahora que su nombre está en el disparadero por el impacto reciente le haga ser una de las piezas que vaya a salir a subasta en el mercado veraniego, toda vez que el equipo de la Toscana no pasa por su mejor momento deportivo y que en los últimos cursos no ha puesto demasiadas pegas a la hora de vender a sus mejores futbolistas.
Ficha
Nombre: Dušan Vlahović. Nacionalidad: Serbia. Edad: 21 (28/01/2000). Equipo: Fiorentina. Debut profesional: 16 años y 24 días. Posición: Delantero. Pie hábil: Izquierdo. Altura: 1'90m. Peso: -. Representante: Darko Ristic. Contrato: 30 de junio de 2023. Internacional: Sub16, Sub18, Sub19, Sub21, absoluto.
Imagina tener a Nemanja Vidic en edad aún adolescente y saber que todo el futuro puede ser tuyo porque te quedan aún para disfrutar unos tres lustros al que puede ser el mejor central del mundo. Es obvio, que el fútbol da muchas vueltas, que todo puede suceder, pero es imposible esconder que Strahinja Pavlović comparte algo más que la nacionalidad con el ex jugador del Manchester United. Y en esas, el AS Mónaco, que tiene un ojo clínico para adquirir jóvenes talentos, se rascó el bolsillo el invierno pasado y puso encima de la mesa 10 millones de euros para hacerse con los servicios de un central al que la Liga de Serbia se le estaba quedando pequeña.
Su físico es altamente imponente. 1'94m que le hacían ser, pese a tener entonces la mayoría de edad recién cumplidas, uno de los jugadores a temer y un auténtico líder ya del Partizan pese a su precocidad. Pero el primer nivel europeo es otro mundo, y eso lo ha sufrido el balcánico en sus carnes, relegado a un papel secundario en sus pocos meses en el Mónaco donde apenas ha podido debutar y que le han hecho buscar acomodo en Bélgica para foguearse. Pavlovic aterrizó en Mónaco en verano, pese a que su fichaje se había sellado seis meses antes, y en la competencia con Maripán, Disasi y Badihasile se ha visto relegado al banquillo o la grada. Por eso, hace un par de meses, el club monegasco decidió enviarle a préstamo al Circle Brugge, donde se ha hecho capitán general casi sin bajarse del avión. En su primer partido, aunque no es su cometido, metió el gol de la victoria.
Agresivo, duro al corte, imbatible por arriba y muy rápido al corte, Pavlovic es un central que por su importante físico ya hace dudar al rival de ir al choque o al balón dividido. Aún tiene que calmar esa efusividad con la que en ocasiones pelea la posición o la propia pelota y saber manejarse mejor con ella ante la presión rival. Es la experiencia y son los partidos lo que convertirán a un chico que ya ha debutado con la absoluta de Serbia y que apunta a ser el referente de la zaga durante la próxima década, posiblemente haciendo pareja con otro buen talento como Nikola Milenkovic, el zaguero de la Fiorentina.
Quizás el mayor enemigo de Pavlovic sean las expectativas depositadas en él. No es normal desembolsar 10 millones de euros por un jugador de apenas 18 años. Menos aun si se trata de un defensa y que, además, se ha colocado como el segundo traspaso más caro de un jugador de la Liga Serbia tras el fichaje de Stefan Savic por el Manchester City cuando era futbolista también del Partizán.
Pero hay una historia oculta en todo el entramado de Pavlovic que podría arrojar algo de incertidumbre a su carrera. Porque recién cumplidos los 18 años, en verano de 2019, Pavlovic acordó su fichaje con la Lazio. Así lo confirmó su representante, encantado porque el Partizán había aceptado la oferta del equipo italiano. El jugador viajó a Roma, visitó las instalaciones laziales y se prestó a pasar un reconocimiento médico, que dicen, no superó. Porque Pavlovic no terminó firmando con la Lazio y de todo se ha escrito sobre aquel culebrón. Lo primero y más extendido, que un problema de corazón, como si del famoso Julian Ross se tratase, le llevó a no superar las pruebas médicas hasta en dos ocasiones. Lo segundo, que simplemente motivos personales (cuando ya estaba todo acordado y firmado a expensas de las pruebas físicas) rompieron el acuerdo.
Ahora, el serbio tendrá que demostrar de qué pasta está hecho. Pese a no contar con regularidad en su equipo de origen, es una pieza básica para el seleccionador serbio en el futuro. También para el presente, toda vez que en estos últimos 12 meses ha jugado cuatro partidos (todos oficiales) de los 10 que ha disputado su selección y ya aparece en la última convocatoria para próximos compromisos.
Ficha
Nombre: Strahinja Pavlovic. Nacionalidad: Serbia. Edad: 24 (21/05/2001). Equipo: AS Mónaco/Circle Brugge. Debut profesional: 17 años y 270 días. Posición: Central. Pie hábil: Izquierdo. Altura: 1'94m. Peso: -. Representante: Zvonimir Vukić. Contrato: 30 de junio de 2024. Internacional: Sub16, Sub17, Sub19, Sub21, absoluto.
Jovic celebra su gol contra el Schelke 04 / Alex Grimm/Bongarts/Getty Images
Llega un momento en que lo hipster está tan de moda que ha dejado de serlo para convertirse en mainstream. Es decir, lo oculto, lo difícil de ver, está tan extendido, que ha pasado a ser la corriente mayoritaria. Eso pasa en todos los ámbitos de la vida. La moda, la cultura, la música, el deporte, y cómo no, el fútbol. Eso pasa con aquellos jugadores desconocidos que, por un partido bueno o un momento puntual se convierten en promesas a ojos de un público sumido y autoconvencido de que todo lo que aparece en las redes sociales e internet es bueno, válido y verídico. Por eso, hoy está de moda ser scouter, hablar por hablar de muchachos a los que hemos visto en un retuit, de los que solo conocemos las estadísticas insulsas que ha puesto el perfil con el tic azul de turno o una recopilación de jugadas de Youtube.
Y eso le puede pasar a Luka Jovic (Bosnia, 1997), el delantero de moda entre lo que menos de moda está. No es Benzema ni Lewandowski. No tiene tanto punch como Lukaku, ni tanto nombre como Morata o Suárez. No sale en las redes sociales como Griezmann ni provoca escándalos como Icardi. Pero mete goles con una facilidad que asombra y juega y hace jugar a un equipo, el Eintracht de Frankfurt, que estaba posiblemente ante uno de los años más difíciles de su vida, tras la marcha de Kovac, la despedida oficial de Meier y las expectativas altísimas tras lo logrado el curso pasado.
A Luka Jovic todo le fue siempre muy deprisa, quizás no tomó las mejores decisiones en su paso al profesionalismo y fue uno de esos muchachos que parecía se iban a quedar estancados cuando por brillar cuatro ratitos les habían prometido todo. Difícil decir todo eso cuando, hoy, que está rompiendo estereotipos, cerrando bocas y apuntando su nombre en todas las libretas de Europa, tiene 20 años. Pero así es. Con 16 años era la panacea y el sueño dulce de decenas de equipos y con 18 tras unos meses malos ya no le quería nadie. Fútbol moderno. Nació en Bosnia, pero rápido se mudó a Serbia cuando se enroló en las filas del Estrella Roja. Su padre, Milan, también fue futbolista y jugó toda su carrera en Serbia y Rusia y empezándola en un Partizán que luego detestaría a su hijo. El primo de su padre, además, es un tal Savo Milosevic, segundo máximo goleador de la historia de Serbia y tercero con más partidos a sus espaldas.
Con cinco años comenzó a jugar en una Liga que admitía niños de hasta 12 años. Pero Jovic, siempre un superdotado para con el balón, no tardó en despuntar también con aquellos que le sacaban una cabeza y dos cuerpos, o viceversa. Por eso, después de uno de los primeros partidos, en el que anotó tres goles, al padre de Luka le ofrecieron 50€ por partido más los gastos de viajar todos los días. Allí le vio Toma Milicevic, el ojeador del Estrella Roja, que le invitó a realizar una prueba con el equipo de Belgrado.
Era 2005, Jovic tenía siete años y su padre, antiguo jugador del otro equipo de la ciudad, se puso en contacto rápido con el Partizán. "A mi hijo le quiere el Estrella Roja, si es tan bueno como ellos y yo creemos, deberíais ficharle". El Partizán ofreció un contrato de 200€ al mes, pero Luka, a esa edad, decidió que los colores de su vida iban a ser el rojo y el blanco. Se fue a la prueba desde Bosnia y cuando llegó se encontró con Nikola Zigic, la entonces estrella del equipo, firmando autógrafos entre una marabunta de niños (los que iban a hacer la prueba con Jovic). Él, centrado, no quiso perder ni un segundo de su energía en que el gigantón le estampara su sello en papel mojado. Diez minutos después, el ojeador del Estrella Roja ya le había dicho al padre que se lo querían quedar.
Batar y Belgrado están a 160 kilómetros de distancia. En coche, dos horas y media de viaje por carreteras ingobernables que obligan a cruzar el Drina. El Fiat Passat de Milan Jovic no era el más idóneo, ni el más rápido ni el mejor, pero sí el más fiable, el que nunca le dejó tirado. A veces, Luka tenía un partido en sábado con una categoría y otro el domingo. No tenía sentido recorrer la distancia cuatro veces en pocas horas. "Abatíamos los asientos y dormíamos en el coche. Fumaba para echar humo caliente y que Luka no se congelara", admite Milan. "La gente nos miraba por las ventanillas, venían agentes de seguridad para ver qué estaba sucediendo. Hasta la gente que dormía en la calle se sorprendía". Otros padres del equipo, alarmados por la situación, se ofrecieron para llevar a Luka a los partidos, para hacerle de anfitriones en ese tipo de noches.
Cuando no había cumplido aún los 16 años, Jovic era un crío con una responsabilidad enorme a sus espaldas. Nadie le metía presión, pero en el barrio ya se hablaba de él como la nueva maravilla del fútbol de los Balcanes. Su padre solo le obligaba a disfrutar de una vida que sabía pronto se le llenaría de presión por terceros. Luka no era más que un chico que se había dejado el pelo lacio porque soñaba ser como ese delantero que admiraba y veía por televisión: Radamel Falcao, que entonces asombraba al mundo con sus zarpazos en el Atlético de Madrid. No es por nada, entonces, que en su país le apoden como el Falcao Serbio.
No había ni siquiera debutado con el primer equipo del Estrella Roja cuando llegaron Borussia de Dortmund y Stuttgart a acometer su fichaje. Su padre, en busca de la felicidad y estabilidad de Jovic, que no dejaba de ser un crío, cerró todas las puertas. "No le podemos meter esa presión". Acababa de marcar un hattrick con Serbia Sub17 contra Croacia pese a tener dos años menos que todos. Tampoco se marchó entonces al eterno rival, un Partizán que lo tenía ya todo acordado para robarle al Estrella Roja a su mejor proyecto.
Pocos meses después, con 16, Paunovic le convocó para jugar con la Sub19 y también debutó como profesional. En año y medio, marcó 12 goles en la SuperLiga Serbia, siendo campeón en la 2015-2016 e hizo 26 entre la Sub 17 y la Sub19. Una lesión le privó de estar en el Mundial Sub20 de 2015 que ganó Serbia y en enero de 2016, con 18 años recién cumplidos, hizo las maletas para marcharse al Benfica y dejó el Estrella Roja, del que, de momento, ostenta el galardón a goleador más joven de la historia de la entidad.
Luka Jovic continues his amazing form:
vs Hannover ⚽️
vs Lazio ⚽️
vs Hoffenheim ⚽️🅰️
vs Fortuna ⚽️⚽️⚽️⚽️⚽️
vs Apollon ❌
vs Nuernberg ❌
vs Stuttgart 🅰️
vs Apollon ⚽️
vs Schalke ⚽️⚽️
vs Marseille ⚽️⚽️
Hay quien dice que toda una carrera de manera conservadora y cuidadosa se fue al traste cuando Jovic tomó aquella decisión, sobre todo porque lo hizo en mitad de temporada. Su fichaje se vio envuelto en un gran escándalo. Jovic tomó la decisión de marcharse en noviembre, cuando un delincuente estafador amenazó con secuestrar a su familia si no pagaba una indemnización. Pero es que, según publicó meses después Football Leaks, su traspaso no fue cristalino, pues antes de ser propiedad del Benfica, Jovic lo fue por unos días del Apollon Limasol en una operación que tenía por medio al conocido y controvertido agente Pini Zahavi. La rocambolesca situación, que se ejecutó de manera paralela a la de Zivkovic (que fichó por el Benfica desde el Partizán) se hizo así para saltarse la prohibición de la FIFA de las propiedades de terceros en forma de compra y venta de derechos federativos y deportivos.
El caso es que todo esto al serbio no le sentó nada bien, quizás porque no era dueño de su futuro. Justo en el momento en el que los jugadores necesitan minutos y dar el salto, a Jovic le entró el vértigo. Se pasó dos temporadas enteras en la grada (solo jugó cuatro partidos en dos años) y con el segundo equipo, con el que estuvo casi todo el tiempo, tampoco demostró nada. Parecía un jugador al que le había podido el pánico, una joven estrella local de Belgrado que no había superado ni la presión ni las expectativas. Los 8 millones de euros que había pagado el Benfica y los 60 millones de cláusula de rescisión se antojaban cifras tan lejanas del nivel que de verdad había mostrado en Portugal que el club lisboeta decidió cederle dos años al Eintracht de Frankfurt al que le dio una opción de compra que se estima cerca de los 10 millones para recuperar la totalidad de lo invertido y poco más.
Marcó en su debut, pero no dejó de ser un jugador revulsivo en los primeros meses. Niko Kovac alineaba a Rebic al lado de Haller, quedando el serbio para los minutos de la basura o para agitar partidos. Pero de repente, en diciembre, algo cambió. Jovic enlazó tres partidos seguidos marcando y poco a poco el técnico croata empezó a darle más minutos, pero sobre todo, más responsabilidad. A Rebic, en un estado de forma maravilloso, no se le podía sentar y a Haller, que había costado lo que había costado, tampoco. Pero es que además estaban Marco Fabián, recuperado de una grave lesión, y Boateng.
Kovac encontró la fórmula para que Jovic acabara siendo importante y, tras un gran final de temporada, el serbio acabó arrojando unos buenos nueve goles en algo más de 900 minutos de juego. Es decir, prácticamente un gol por partido. Este junio, ha debutado con Serbia absoluta, a sus 20 años, y acudió al pasado Mundial de Rusia. En las oficinas del Eintracht rápido se empezó a trabajar en hacer el contrato del jugador permanente, pero ahora lo que se negocia es pagar algo más y así eliminar la cláusula de recompra que se empeña en meter el Benfica.
Y es que aunque se antojaba este 2018-2019 un curso importante en el hacer del serbio, ha sorprendido a todos el nivel mostrado. Luka Jovic es, con 9 goles, el pichichi de la Bundesliga, empatado con su compañero Haller y con Paco Alcácer. Cinco de ellos se los hizo en un mismo partido al Fortuna Dusseldorf, convirtiéndose en el jugador más joven de la historia de la Bundesliga en hacer cinco goles en un partido. Jovic, con cinco goles, es también el máximo goleador de esta edición de la Europa League.
Pero lo que asombran ya no es solo la cantidad de goles que está haciendo, sino en qué registros los ejecuta. Tiene una facilidad maravillosa para estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. No duda, trabaja y ajusticia. Remata al primer toque, controla y dispara o define como nadie se lo espera. Está haciendo goles de cabeza, con ambas piernas (es ambidiestro), en jugada acrobática o de vaselina espectacular. Dice Zvezdan Terzic, director deportivo del Estrella Roja, que no duda se convertirá en el mejor nueve de Europa. Tampoco duda su ex compañero Boateng, que se deshace en elogios: "Es bueno con las dos piernas, va de cabeza, es inteligente. Le he visto entrenar día a día y lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores delanteros".
Dicen los reportes de los medios, que el Barcelona ya ha puesto sus miras en él, como recambio de un Suárez que si bien sigue dando tardes de gloria, no será eterno, como él mismo ha dicho. Jovic es, a día de hoy, uno de esos delanteros fichables, por los que merece la pena apostar todavía, porque no han dado el salto a un grande y porque tienen mucho más margen de progresión. Su tridente con Haller y Rebic, más las aportaciones de Gacinovic, están colocando al Eintracht segundo en la Bundesliga y de momento invictos en Europa League, con cinco victorias de cinco posibles y clasificados para las eliminatorias y con el sueño intacto de volver a tocar metal este curso tras hacerse con la Copa el año pasado. Pero, ¿Y si sale de Frankfurt y vuelve a perder sus habilidades? De momento, vive del presente y cada partido que juega se revaloriza. Tiene 20 años, y esto solo es el principio.
Me habían hablado muy bien de la Serbia de Veljko Paunovic que (me) acabaría enamorando y le había puesto los ojos a Vanja Milinkovic-Savic, portero altísimo y delgado que había aterrizado en el Manchester United meses antes. Lo que no sabía era que por delante de él había un guardameta de los que apuntan a ser uno de los mejores del mundo cuando le llegue el día: Predrag Rajkovic, un felino bajo los palos. Pero sobre todo, lo que desconocía era que Vanja tenía un hermano mayor de nombre Segej que acabaría triunfando en la cita, llevaría a su equipo a lograr el título y se alzaría con el Balón de Bronce al tercer mejor jugador del torneo. Vanja, por cierto, tenía 17 años aún, y fuera como fuere, aún era pronto para servir a ese equipo. Hoy, con 19, ya es el meta titular de la Sub21.
De izqda a derecha, Traoré, Danilo y Milinkovic-Savic, con
los premios a los tres mejores jugadores del torneo
Sergej Milinkovic-Savic (Lleida, 1995) nació para ser deportista de élite. Hijo del bosnio Nikola Milinkovic, futbolista profesional (jugó en Lleida, Ourense y Almería, entre otros) y de la jugadora de baloncesto serbia Milana Savic, se decantó por el fútbol "porque cuando era pequeño me divertía más viendo los partidos de mi padre que los de mi madre". Nació en España y, como su hermano, posee la doble nacionalidad hispano-serbia. Pero cuando en 2005 sus padres dejaron la competición, la familia se trasladó a Serbia. Allí, rápido se enroló en las filas de la Vojvodina, que no dudaron en hacer una prueba a su hermano y convencerse de que esa familia había nacido para el deporte.
Su ascenso fue progresivo y para cuando cumplió los 18 fue parte fundamental de la Serbia Sub19 que se hizo con la Eurocopa de la categoría, liderada por Aleksander Mitrovic. Tras ello, debutó con el primer equipo de la Vojvodina, ganó la Supercopa serbia y, tras un primer año exitoso, puso rumbo al Genk belga para desarrollar su fútbol en un nivel superior. Luego llegó el Mundial Sub20 antes citado, el título, el año asombroso en Bélgica y el éxito. Europa entera se puso tras sus pasos, pero fue la Lazio quien se adelantó y fichó al chico con 20 años recién cumplidos por nueve millones de euros.
Sergej Milinkovic-Savic heredó el físico de sus padres. Su 1'92m de altura no son habituales en el fútbol, mucho menos en el medio campo. Uno puede ver centrales de tal tamaño e, incluso los típicos delanteros rematadores de área. Pero no hay muchos jugadores como Sergej. Empezó su carrera como pivote. Pegamento de corte. El estereotipo decía que es a lo que un jugador de su altura podía aspirar. Rápido se desató como algo más. Su principal cualidad, por encima de todas sus habilidades técnicas, es su trabajo, su sacrificio. Eso no lo negocia. Puede jugar un día mejor o peor, porque no siempre salen bien las cosas, pero es un jugador que se va a dejar el alma por lo que hace.
Pero no, Sergej no es un trotón. Uno ve casi dos metros de altura en la medular y se imagina a Fellaini. El serbio tiene capacidad para con el balón. Se siente muy cómodo con él y, si bien no es un jugador para dar una primera salida desde atrás, sí que está habituado en recibirlo en zonas más adelantadas e imaginar. Posee gran calidad en ambas piernas, tanto que se ha llegado a asegurar que es ambidiestro (es diestro en realidad). Acostumbra a jugar de interior, por delante de un pivote, el mejor sistema para su desenvoltura es el 4-3-3 y es el socio perfecto cuando su equipo tiene la posesión. Su gran zancada le hace ser elegante y combina a la perfección su calidad con su físico.
Porque, no vamos a negarlo, su potente carrocería es para él una gran virtud. Está siempre bien colocado y mucho tendrás que sufrir si le quieres ganar un balón aéreo. Todo balón dividido es suyo, por tierra mar y aire. Por eso, en según qué situaciones, sus técnicos le colocan inmediatamente detrás del delantero. Ganar la posesión, aguantar la pelota y esperar aliados. Sergej es siempre una solución de última hora. Podría decirse que se parece bastante a Marek Hamsik. Sabe medir los tiempos, tomar decisiones y elegir si toca una transición rápida o algo más comedido. Posee, además, un depurado último pase. Conduce bien, esconde la decisión hasta el último momento. Extrañamente pierde la posición y es un bastión en el juego defensivo. Su motor, a sus 21 años, es inagotable, incansable. Y, otra vez gracias a su físico y su inteligencia sobre el campo, es un jugador idóneo para la presión.
A medida que vaya ganando en experiencia su importancia crecerá y sus números engordarán. El curso pasado fue el de adaptación al fútbol de primer nivel y, aunque fue prácticamente titular en la mayoría de los partidos, la trascendencia que está teniendo en el inicio de esta campaña ya es considerable. Le quedan por pulir aún muchas cosas, como su ímpetu. Es tan superior físicamente que, en ocasiones, se olvida que otros no llegan a su fuerza y comete faltas por exceso de fuerza. Este verano, el Nápoles ya trató de hacerse con sus servicios, sabedor de la perla que tiene la Lazio entre manos. Los romanistas, obvio, se cerraron en banda a una venta de un chico al que pueden sacar todo el jugo aún y está en pleno crecimiento. Tiene todo para convertirse en uno de los mejores mediocentros del mundo. Su hermano Vanja, por cierto, ya no pertenece al Manchester United y, tras rayar a gran nivel con la Vojvodina, ha firmado con el Lechia Gdańsk, un equipo polaco que nunca ha ganado nada y que ahora mismo se encuentra colíder de la Liga.
Sergej aún no ha debutado con la selección absoluta de Serbia, aunque sólo es cuestión de tiempo que toda la generación de oro del fútbol serbio se junte y, si todo sigue su curso como en categorías inferiores, los Zivkovic, Babic, Gacinovic, Maksimovic, Saponjic, Jovic y, cómo no, los Milinkovic-Savic, den días de gloria al fútbol balcánico. Muchos de ellos ya juegan en grandes de Europa.
A pocos jugadores tengo más ganas de ver en el fútbol europeo de primer nivel que a Andrija Zivkovic (19, Serbia). Si le tengo fe a alguno de los juveniles chicos que en unos años deberán maravillar al mundo entero en la Champions League es al jugador serbio del Partizán de Belgrado. A sus 19 años, este extremo zurdo, pero que prefiere jugar por la derecha, está sonando y resonando por toda Europa para enrolarse en las filas de equipos de postín.
Recuerdo la primera vez que oí hablar de él. Fue hace exactamente dos años, a finales de 2013, cuando debutó con la selección en un partido amistoso contra Japón que sirvió como homenaje para la despedida de un viejo rockero como Dejan Stankovic. Se convirtió entonces, a sus 17 años y 93 días, en el jugador más joven que jamás había jugado con la absoluta Serbia. Un récord que parece, permanecerá durante años.
Sólo unos meses después estallaba en el país balcánico el llamado 'Asunto Zivkovic', bautizado así por el propio Veljko Paunovic, entrenador de las categorías inferiores de la selección Serbia. Y es que en plena celebración de la Eurocopa Sub19 de 2014 en Hungría, con Serbia en las semifinales, el Partizán llamó a su jugador para que hiciera las maletas en pleno torneo y volviera a casa para jugar la ronda previa de la Champions ante el sorprendente Ludogorets. Se armó el taco, con la FIFA reclamando la presencia del jugador hasta el final del torneo, con el club serbio aireando un contrato por el cual se había fijado que el jugador debería volver, con Paunovic siendo bombardeado a preguntas en cada rueda de prensa y con el propio Zivkovic, que guardó silencio, en la encrucijada de decidir entre el equipo que le pagaba y le daría a conocer o en negarse y jugar un torneo que nunca más tendría posibilidad de disfrutar.
Zivkovic en el debut con Serbia / FIFA
Al final perdieron todos. Serbia cayó en semifinales en el primer encuentro sin su chico maravilla, el Partizán no pasó a la fase de grupos de Champions y las relaciones entre el club y la federación se enturbiaron. ¿Tan importante era para el Partizán un chico de sólo 17 años? Sí. Rotundamente sí. De hecho, unos meses antes de todo este sainete, el club serbio ya le había otorgado el brazalete de capitán cuando sólo contaba con 17 años y ocho meses. Otra vez más, el jugador más joven en la historia en conseguir tal honor.
Su progresión en 2015 está siendo meteórica y es entonces cuando se ha dejado de ver una promesa para empezar a observar que ya es una realidad. Zivkovic es un jugador de banda derecha, aunque zurdo. Lleva el balón siempre cosido al pie, su velocidad y cambio de ritmo son algunos de sus puntos más fuertes. Es capaz de frenar en seco para volver a arrancar o partir desde cero y coger rápido una velocidad de crucero que no pierde en los primeros metros, sino que mantiene. Su disparo con la zurda es potente y colocado y sabe llegar bien al área. De hecho, este curso se ha destapado como goleador, una faceta totalmente desconocida hasta ahora, y desde que empezó el campeonato en septiembre lleva ya nueve goles y siete asistencias. Es difícil verle en el campeonato nacional, pero está siendo una de las revelaciones de la Europa League (comparte grupo con el Athletic).
Se hizo mayor en Nueva Zelanda un par de meses antes de comenzar la temporada cuando, ahora sí, le dejaron jugar el Mundial Sub20 completo con Serbia. Llama la atención su ausencia en el podio de galardonados, porque no suele ser común que el mejor jugador del equipo campeón se vaya a casa sin premios individuales. Quiso premiar la organización el exotismo de Adama Traoré al llevar a Malí tan lejos; el liderazgo de un Danilo Barbosa que llevó a Brasil a la final pese a jugar con un elenco de incompetentes; y el trabajo y la constancia de un Milinkovic-Savic que fue un sobresaliente durante todo el torneo. Pero se olvidó del mejor, del que puso los quilates, del que realmente condujo a Serbia a lograr su primer título internacional, quizás porque se llevó a casa el premio al mejor gol del torneo y así no se iba de vacío. Fue un gran error.
Pero en el torneo vimos otra faceta del serbio, una totalmente desconocida. Fue ante Uruguay, el que quizás fuera uno de sus mejores partidos en la cita, pese a irse derrotado. Vimos a Zivkovic fuera de un entorno eléctrico, sin espacios, sin tiempo para ejecutar, siempre con dos o tres rivales encima. Y lo que se vio fue la capacidad de un superclase, de un talento innato nacido por y para esto. Ante la falta de espacios, se decidió a buscarlos él. Bajó a recibir, combinó al primer toque, intentó que el balón fluyese lo más rápido posible. Descosió por completo a la zaga de los charrúas. Puso pases milimétricos, con precisión de cirujano, a sus delanteros.
Hasta sus andares, su expresión corporal, te dice la primera vez que le ves que es un jugador diferente. No le hace falta tocar el balón para enseñarle al rival que está por encima de él. Zivkovic es disciplinado y trabajador sin balón, aunque parece más bien apático, sereno, calmado. Hasta que se hace con él, entonces se convierte en un torbellino, revoluciona la jugada, el partido, coge desprevenidos a rivales que piensan que todo ha pasado para entonces azotarlos con un cambio de ritmo, un caracoleo o un recorte. Hasta que decide o bien terminar la jugada, ya sea en forma de tiro o de asistencia con esa visión particular que Dios le ha dado, o bien frenar otra vez para volver a empezar.
"Es increíble lo que Zivković puede hacer en su carrera con su habilidad técnica. Él es un gran jugador cuando tiene el balón y posee un remate fuerte y preciso. Con Zivković en tu línea de ataque, puedes esperar cualquier cosa. También, aunque es joven, nunca descuida sus tareas defensivas, una faceta en la que es igual de impresionante", dice de él Radovan Curcic, actual seleccionador serbio. Más escueto y directo es Mihajlovic, el hombre que le hizo debutar. "Este niño va a ser muy bueno".
El caso es que Zivkovic termina contrato el próximo 30 de junio y a partir del 31 de diciembre cualquier club del mundo puede negociar con él para ficharle sin pagar ni un sólo euro. Y pocas novias no le han faltado desde que debutó. Jovica Zivkovic, su padre y agente, ya confirmó en verano que jugaría todo 2015 en el Partizán por decisión propia tras rechazar ofertas en firme del Benfica, del Saint Etienne y del Chelsea (que sólo unos meses antes había sacado de allí a Danilo Pantic), así como propuestas informales de Celta, Sevilla, Valencia o Atlético de Madrid. Aunque no es seguro que cumpla su compromiso total en Serbia hasta final de temporada. El Partizán, dado que no parece que se vaya a extender el contrato, no descarta hacer algo de caja con él en este enero. Su presidente, eso sí, se enorgullecía meses atrás nombrando a todos los equipos a los que había dado el portazo cuando venían a por el jugador. El asunto ahora ha cambiado mediante fondos de inversión y es que la propiedad del jugador ya no es sólo del Partizán, que posee sólo el 25%. Su padre y representante, Jovica Zivkovic tiene otro 25% de su pase mientras que el 50% restante está en manos del agente Pini Zahavi y su fondo de inversión.
El Benfica ha vuelto a la carga y en los últimos meses se daba por seguro su fichaje. Ahora, el Atlético de Madrid ha preguntado por él de una forma más firme y Veljko Paunovic, que pudo haber entregado varios informes al club rojiblanco sobre alguno de sus chicos, es su máximo valedor y podría ejercer de consejero. No son los únicos y desde Inglaterra se asegura que Arsenal y Tottenham (en cuyo filial juega Veljkovic, gran amigo de Andrija) ya están en negociaciones por él. Europa entera quiere a Zivkovic. Él lo tiene claro: "Quiero mantener los pies en el suelo. Escucho todo lo que me dice todo el mundo, pero sé muy bien que todavía tengo que trabajar muy duro y seguir creciendo. La única forma en la que puedo hacer esto es ir paso a paso. Espero poder triunfar con la selección absoluta como he hecho en las categorías inferiores. Mi sueño es seguir mejorando y un día llegar a ser uno de los mejores jugadores".
Rajkovic, ante Mali en el Mundial Sub20 / INSTAGRAM
En tiempos en los que tener un portero que gana partidos se antoja necesario, con Casillas haciendo las maletas dejando una vacante el el Bernabéu y con un baile de arqueros que podría hacer cambiar de equipo a los Lloris, Cillessen, De Gea, Oblak o un Leno cuya cláusula de 18 millones se antoja irrisoria, un nombre de los menos conocidos y de los que más sonará empieza a elevarse en el horizonte: Predrag Rajkovic. Actual Guante de Oro del Mundial Sub 20 celebrado en Nueva Zelanda, Rajkovic relegó al banquillo a otro chico prometedor como Milinkovic-Savic, perla de la cantera del Manchester United.
Con sólo 17 años, el Estrella Roja de Belgrado lo fichó de la Jagodina por la ridícula cantidad de 140.000 euros sólo una semana antes de hacer su debut oficial con la selección absoluta de Serbia a las órdenes de Mihajlovic, en un amistoso ante Colombia. Aunque, sin querer meter prisa, el chico ha ido quemando etapas con las categorías inferiores, a las que ha capitaneado, hasta el éxito del mes pasado, un título, el primero de un combinado serbio (tras la Eurocopa Sub19 de 2013 donde también estuvo) que le catapultará a la plantilla de los mayores más pronto que tarde.
Rajkovic, con el Guante de Oro / FIFA
Rajkovic es un loco. Un loco de sangre fría que vive a ritmo de Rock n' Roll bajo los palos en cada partido. Y también fuera de ellos. Concentrado durante 91 minutos de los 90 de un partido, atento al mínimo movimiento del aleteo de una mosca. No duda nunca. Es decidido. No juguetea con el rival, al que no trata de poner nervioso. Sólo desea superarle para celebrarlo sacando la lengua, chocando con sus defensas, a los que suele abroncar cada vez que le disparan en posición cómoda.
Rajkovic es potente, posee una arrancada prodigiosa y una fuerza en las piernas para recortar unos primeros metros que roban ángulo a un delantero que de pronto deja de ver la portería para encontrarse con un cuerpo enorme en el que relucen dos guantes inmensos, que pasa de ver la gloria al infierno en décimas de segundo. Es prácticamente insuperable en el mano a mano y aprovecha cualquier mínimo error del rival para tomar él la delantera. Cuando un atacante encara a un portero, es quien porta el balón el que tiene siempre la iniciativa, el que tiene más opciones de conseguir su objetivo. Si enfrente está Rajkovic, sucede todo lo contrario.
Rajkovic es un auténtico líder, merecedor de ese brazalete de capitán que porta en la Serbia de Paunovic, un hermano mayor que cuida de sus lazos de unión y que no permite que un balón de más traspase la línea de gol. Es un matón de su área y quien entra en ella sabe con quién tendrá que rendir cuentas. Rajkovic mataría con tal de evitar que alguien le marcase un tanto de más. Ordena, coloca y manda. Siempre bien situado, siempre en el momento exacto, un guardameta que además ha visto cómo crecía su fama de parapenaltis. La cara de niño bueno que torna en la de un asesino en serie en cuanto pisa el verde del campo.
A su corta edad ya acumula numerosos galardones individuales, tanto de mejor portero como de jugador más valioso. El PSG ha llamado a su puerta, pero no parece querer moverse de su país por el momento. Quema etapas a un ritmo vertiginoso y el gran salto no tardará en llegar. Mientras, se divierte como cualquier chico de su edad, jugando a la PlayStation y arrancándose con canciones y baladas entre risas. Hasta que se enfunda los guantes. Entonces sube el volumen, el del Rock and Roll que sólo suena en su cabeza y que retumba en los oídos de los rivales.
Y al fin, tras muchos años de espera, el Mundial Sub20 lo ganó por fin un equipo, con mayúsculas, que no la esporádica espuma de sus talentos individuales. Y es que esta Serbia, que es un notable en todo, hizo durante todo el torneo un ejercicio de profesionalidad desmesurada, de sobreponerse a los contratiempos y de un gen competitivo que les ha hecho levantar el trofeo más grande de los pequeños imponiéndose a Brasil en una final agónica a la que le faltaron un par de minutos para acabar decidiéndose desde los once metros.
Serbia, que arrancó el torneo cayendo por 1-0 ante la Uruguay de un delicioso Gastón Pereiro, supo sobreponerse, vencer los dos partidos restantes del grupo para clasificar como primera e ir dejando rivales hasta llegar a la gran batalla decisiva. Destacable es en estos chicos que en cada encuentro que han jugado desde el final de la primera fase, en todos han llegado a la prórroga, incluso en algunos a los penaltis. Cuatro duelos a todo o nada de 120 minutos de desgaste, ante rivales más frescos, más enteros y con mucho más descanso que, ni por esas, han tumbado al combinado del hombre que brilla por excelencia por encima de todo: Veljko Paunovic.
Se enorgullecía el ex jugador de Atlético de Madrid y Getafe, entre otros, de la camada de chicos que tenía a sus órdenes incluso meses antes de que arrancara la competición o de que hiciera oficial la lista de 21 jugadores que han terminado llevándose todos los elogios. Su escenificación sobre el verde ha sido la de once jugadores moviéndose al son de una coreografía orquestada por el joven técnico. La de un grupo de muchachos trabajados y moldeados para competir en cualquiera que sea el escenario, ya se adverso, ya sea favorable.
El no perder el sitio, el tapar cada espacio, el saber cada uno qué es lo que se espera de uno mismo. Ese no dar un balón nunca por perdido ni una ocasión por acabada que llevó a Saponjic, en el tiempo de descuento de los octavos de final ante la Hungría de la sorpresa Mervó, a forzar una prórroga (la primera de cuatro consecutivas) que luego terminarían ganando. El estar al borde del alambre, jugar con fuego y no quemarse porque no hay brasa que intimide y no sea manejable.
El saber mantener la compostura como en cuartos ante Estados Unidos cuando, tras una guerra de desgaste que no encontró vencedor a 120 minutos, una tanda errática de penaltis decidió que fueran los balcánicos los que avanzaran. Esas dosis de fortuna necesarias para ganar cualquier torneo de gran magnitud que se tradujeron en una larga lucha desde once metros donde hasta 7 de 18 lanzamientos no acabaron en la red.
Inteligencia y sangre fría, creer en lo que se está haciendo y saber por qué se está haciendo, como en semifinales cuando, tras ser superiores durante el tiempo reglamentario se encontraron con, nuevamente, un alargue infinito ante una Malí mucho más entera físicamente, pero no en el aspecto mental. Unos africanos que acabaron desquiciados, perdiendo la compostura y eligiendo mal cuando no se podía hacerlo. Y otra vez apareció la figura de Iván Saponjic, el trabajador perfecto. Un asesino con cara de niño al que todo entrenador quiere en su equipo. Se desfonda en silencio, busca el beneficio colectivo por encima de la gloria personal, que cuando llega es doblemente revitalizante. Un Solsjkaer en potencia que tira desmarques, caracolea en el área, arrastra rivales, remata de primeras y presiona al defensa. Un todo en uno que metió al equipo en una final ante una Brasil que acabó el torneo de menos a más y cuando mejor estaba recibió una cornada mortal.
Porque Serbia, mejor posicionada en el campo, se puso por delante en el marcador y cuando aún no habían terminado de celebrarlo se topó con un empate que parecía mortal. Los sudamericanos, nuevamente más enteros que los balcánicos dieron dos pasos hacia adelante y establecieron la tienda de campaña en las inmediaciones del área que defiende Rajkovic, que mataría con tal de evitar que alguien le marcase un tanto de más. Pero el partido, una vez más, se fue al alargue, a esa media hora en la que los serbios se sienten como en casa y que no fue tal esta vez.
De una forma u otra, ya sea por simple estadística, que Serbia clavara la rodilla en alguna prórroga era cuestión de tiempo y Brasil parecía la candidata perfecta para lograrlo. Y entonces llegó. Como un perfecto boxeador que se sabe, en ese momento, inferior y fatigado, los europeos cerraron filas, se encogieron y se acostaron sobre la meta que defendía su imponente arquero y soportaron los golpes, uno detrás de otro, de una Brasil que al fin estaba siendo superior a un rival, obviando claro está la semifinal en la que arrasaron a Senegal.
Y entre tanto, con camisetas rojas y amarillas jugando en 30 metros, el último gancho, la última bala de los de Paunovic salió con viaje sólo de ida a la portería verdeamarela. Un perfecto contrataque en tres toques, una definición exquisita con un golpeo de exterior de Maksimovic, que tras 110 minutos de desgaste en el doble pivote se acababa de colocar como enganche para, precisamente, eso. Y en un abrir y cerrar de ojos, un equipo que soñaba con llegar a los penaltis con su intimidatorio Rajkovic bajo los palos, se encontró con la misma figura sonriendo, festejando y vacilando a sus 20 compañeros antes de levantar la Copa de campeones al cielo de Nueva Zelanda.
La Serbia de Paunovic es Rajkovic, un líder bajo los palos que ejerce de hermano mayor más que de capitán. Que ordena y coloca a una rocosa defensa prácticamente impenetrable. Un eje de la zaga fuerte y decidido que nunca da opción a pensar al rival, que solventa cada duda con contundencia. Babic y Veljkovic, la combinación perfecta a los que flanquea un potente Nemanja Antonov, una de las sorpresas del torneo, que tuvo que bailar en la final con la más fea y con la habilidosa banda derecha brasileña. La Serbia de Paunovic es Sergej Milinkovic-Savic, o simplemente SERGEJ, en mayúsculas, como luce en su camiseta (el hermano mayor de Vanja, portero suplente perteneciente al Manchester United). El jugador al que deseas tener a tu lado. La prolongación de cualquier entrenador sobre la cancha. Es voluntarioso, un portento físico, un armario de 3x3 que baja a pelear al barro cuando lo exige el guión y que hace lo contrario cuando toca. La Serbia de Paunovic es Zivkovic, el talento, el jugador diferente, al que darle la pelota cuando a los demás le quema. La Serbia de Paunovic es la suma de los unos que hacen un todo perfecto, o casi perfecto. Un equipo con un gen competitivo impropio para críos menores a la veintena de los que, seguramente, muchos se quedarán por el camino. Pero que nunca podrán olvidar que una noche, en Nueva Zelanda, el mundo entero se rindió a sus pies,
Rajkovic levanta la Copa de Campeón del Mundial Sub 20 / Getty Images