jueves, 18 de mayo de 2017

Ryan Sessegnon, el carril siniestro de Inglaterra

¡Muchas felicidades, Ryan Sessegnon (18 de mayo de 2000, Inglaterra). Y felicidades también para los fans del Fulham, porque su próxima estrella, que solo tiene 17 años, firmará en los próximos días su primer contrato profesional, ahuyentando así los cantos de sirena provenientes de Chelsea, Liverpool, Bayern de Múnich, Manchester United, Manchester City... Todos los grandes del país, en definitiva, y alguno que se ha querido sumar a la fiesta.

Cuando Jokanovic llegó en julio de 2016 para preparar la pretemporada del Fulham, solo exigió una cosa al club. Quería que Ryan Sessegnon, el joven que apenas acababa de cumplir 16 años, estuviera con ellos en el stage y se quedara en la primera plantilla. Visto el reciente acierto del club con los imberbes (Mousa Dembelé, Patrick Roberts, etc), nadie puso ninguna pega.

Sessegnon, ante el Tottenham en FA Cup /Clive Rose/Getty Images
Y es que, lo que Ryan Sessegnon acababa de hacer unos meses antes debería aparecer en los libros que se escriban sobre precocidad. O reescribir los ya publicados. Con 15 años, en la primavera de 2016, Steve Cooper, técnico de la Sub17, se atrevió a convocarle con chicos dos años mayores que él para el clasificatorio del Europeo Sub17. A esas edades, el desarrollo físico es un hándicap difícilmente superable y por eso es difícil ver jugadores menores a la edad límite. De hecho, lo más lógico, es que los seleccionadores suelan estirar las convocatorias de los más añejos todo lo posible.

Así las cosas, tras un par de dobles partidos a gran nivel, el chico se ganó un sitio en la nómina que el seleccionador se llevó en mayo para jugar la copa europea. Si bien en los clasificatorios había actuado como extremo, en el torneo lo hizo desde el lateral. Y fue, de manera descarada, el mejor de los pross, que se quedaron eliminados en cuartos de final tras cruzarse con una España que perdió la final en los penaltis.

Sessegnon llegó al Fulham con nueve años de la mano de su hermano gemelo Steven. Aunque las trayectorias desde ambos desde entonces han sido radicalmente opuestas. Considerado ya por gran parte de la opinión pública como el próximo Gareth Bale (por la posición con la que iniciaron sus carreras), Sessegnon ha alternado este año el lateral zurdo y el extremo siniestro. Ha jugado 31 partidos en los que ha marcado siete goles y ha repartido cinco asistencias. En su haber, hasta que alguien le supere (y pasará tiempo) tiene ya el récord de ser el goleador más joven de la historia de la Segunda División Inglesa (l6 años y 94 días).

"No importa la edad, se trata de saber si estás preparado para jugar al fútbol o no", afirma su técnico Jokanovic, que le ha pedido a los dueños del Fulham refuerzos para tratar de ascender el próximo curso a la Premier League y ha señalado que el mejor fichaje sería retener a su nueva perla. "Es uno de los mejores talentos del país, somos nosotros los que tenemos que cuidarlo", sentencia.

Su mejor actuación hasta la fecha tuvo lugar ante el Newcastle, campeón de la Liga, al que le vacunó con dos dianas (su primer doblete como profesional) para arrebatarle la victoria. Pero la precocidad del chico, que a sus 16 años recién cumplidos ya había debutado con la selección Sub19, viene de lejos. Con 14 años debutó en el tercer equipo del Fulham, preparado para jugadores de 18 años.

A sus recién cumplidos 17 años, sus condiciones son bárbaras. Desborde, regate, llegada, facilidad para hacer gol, velocidad y fuerza. No aparenta tener la edad que dice su DNI y el Fulham, que en los últimos años es una mina, ha encontrado una nueva perla en su cantera. Los grandes clubes ya se pelean por él, y en esta época de burbuja económica, cualquiera puede hacer una locura de cifras insospechadas.Sea como fuere, la carrera de Ryan Sessegnon no ha hecho más que empezar, pero no parece que vaya a ser de las que duran poco y se quedan sin éxito en el olvido.


martes, 16 de mayo de 2017

Mundial Sub20 (2017): Jugadores a seguir

Como cada dos años, los mejores jugadores juveniles se dan cita en el Campeonato del Mundo de la categoría. Serbia, vigente campeona, no podrá defender el título al no haberse clasificado. Tampoco Brasil, que fue subcampeona, ni Malí, tercera. Será un podio completamente nuevo en el que Argentina y Francia parecen ser los combinados más potentes. Cabe destacar, eso sí, que las siempre competitivas Italia y Alemania se darán cita y que Inglaterra presenta una gran nómina de jugadores. Uruguay, campeona de Sudamérica y las selecciones africanas, siempre potentes en estas categorías, deberían ser importantes. Aquí, los jugadores más destacados de cada combinado.

Santiago Ascacibar (Argentina): Pequeñito pero matón. El pivote de Estudiantes de la Plata será uno de los jugadores con más experiencia profesional de todo el torneo. Un recuperador nato que da una primera salida de juego sencilla, fácil, sin complicaciones. Pegamento necesario para el centro de campo de un combinado argentino que, en estas categorías, suele destinar su suerte a la improvisación de sus jugadores talentosos. Su trabajo no es fácilmente visible. 

Marcelo Torres (Argentina): Acudió al pasado Sudamericano sin casi cartel y se convirtió rápidamente en uno de los jugadores revelación. Su facilidad para ver gol y su oportunismo pueden ser cruciales aunque, a priori, partirá como suplente. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Lautaro Martínez (Argentina): Su presencia en el torneo está en entredicho, toda vez que un fuerte golpe en el último amistoso ante Vietnam le tiene a día de hoy en el hospital con una fractura en la tráquea y en el tabique nasal. Vivía un momento dulce tras dar el salto al primer equipo de Racing de Avellaneda, donde se había hecho a base de goles con la titularidad. Ahora habrá que esperar. Su posible baja, unida a la segura de Ezequiel Barco, debilitan a la albiceleste. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Tomás Conechny/JUAN CEVALLOS/AFP/Getty Images
Tomás Conechny (Argentina): Es posiblemente el jugador con más talento del torneo. Segundo delantero o jugador de banda izquierda, Conechny, capitán de la Sub17 y llamado a liderar esta Sub20, ha ido perdiendo impacto con el paso de los meses. En el Sudamericano fue suplente de manera sorpresiva aunque siempre que tuvo minutos demostró que es un jugador de otra pasta. Regateador, peligroso, rápido, de los de sacar petróleo de la nada. El Correa, Agüero o Messi que Argentina ha presentado en otras ediciones. Fue el segundo máximo asistente del Sudamericano Sub20.

Ezequiel Ponce (Argentina): Formado ya totalmente como profesional, su año en el Granada ha sido un continuo sube y baja. Su veteranía debería ser un plus en esta categoría y debería ser el delantero titular sin problema, sobre todo con las bajas de sus homólogos. Desde que ha vuelto a la Sub20 no ha dejado de marcar.

Marcos Senesi (Argentina): Es el mejor defensor de la selección y, sorpresivamente, se le dan pocas oportunidades. Argentina fue un caos en el Sudamericano sin el de San Lorenzo y en esta ocasión no se le ha querido dejar fuera. 

Bryan Cabezas (Ecuador): El extremo del Atalanta ya fue uno de los más destacados en el Sudamericano. Un solo jugador que es capaz de poner patas arriba un partido. Su llegada al fútbol europeo hace ya tiempo le han hecho ir un pasito por delante del resto de jugadores. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Pervis Estupiñan (Ecuador): Un puñal en el costado ecuatoriano. A veces como lateral, a veces como interior, el del Granada es incisivo y tiene un guante en su zurda.

Adam Armstrong (Inglaterra): El delantero del Newcastle es puro nervio. Velocidad incontrolable y un descaro tremendo. Cedido en el Barsnley, ha sido uno de los jugadores más determinantes del equipo en Championship pese a su bisoñez. Debería formar pareja de ataque con Solanke, aunque en caso de jugar solo con un delantero podría salir perjudicado y verse relegado a ser un revulsivo.

Solanke, con el Chelsea Reservas
/Alex Pantling/Getty Images
Dominic Solanke (Inglaterra): Es el llamado a heredar el dorsal número 9 del Chelsea en unos años. Jugador habilidoso y muy eficaz dentro del área. Este año se ha quedado como delantero reserva del Chelsea y al final no ha tenido minutos. Llega fresco al torneo, pero con una gran falta de ritmo que le puede pasar factura.

Sheyi Ojo (Inglaterra): Extremo desequilibrante. Ya ha debutado con el Liverpool en Premier League y es de esos jugadores que debe tener un puntito más que el resto. De sus cabalgadas por la izquierda llegará gran parte del peligró de los pross.

Jean Kevin Augustin (Francia):Situación parecida a la de Solanke. Delantero del PSG, se quedó en la primera plantilla en búsqueda de minutos que no ha logrado tener. El mejor jugador y máximo goleador del Europeo Sub19 del año pasado es uno de los jugadores a tener en cuenta por su olfato, su poderío físico y su versatilidad. Desarrollado por encima del resto, será difícil frenarle.

Lucas Tousart (Francia): Una de las revelaciones del campeonato francés. Tousart es un jugador del centro del campo con mucho recorrido e inteligencia. Llega en un gran momento de forma, tras ser titular indiscutible en el tramo final del curso con el Lyon.

Takefusa Kubo (Japón): Con 15 años, será el jugador más joven del torneo. Estuvo en La Masía durante cuatro años con el Barcelona, pero acabó volviendo a su Japón natal y ahora la reglamentación FIFA no permite una vuelta prematura antes de que sea mayor de edad. Ya ha debutado en la primera división de Japón y aunque le faltan experiencia y cuerpo, le sobra descaro y desparpajo para caracolear en la mediapunta.

Takefusa Kubo/Lukas Schulze/Getty Images
José Gomes (Portugal): Ze Gomes o Ze Golo, como se le llama, está destinado a ser el ariete de Portugal muchos años junto a André Silva. El delantero del Benfica fue la sensación del Europeo Sub17 la temporada pasada donde fue máximo goleador en un torneo que ganó su país. La palabra que mejor le define posiblemente sea precocidad. Mete goles de todos los colores.

Santiago Bueno (Uruguay): Central espigado, rápido y con buena salida de balón. Cualidades que no han pasado desapercibidas para un Barcelona que se hizo con sus servicios hace apenas unos meses. 

Joaquín Ardáiz (Uruguay): Delantero puro de área, oportunista. A priori, jugará un rol suplente, como ya hiciera en el Sudamericano. Su facilidad para hacer gol en momentos complicados le hace fundamental en cualquier convocatoria. Un jugador con grandes recursos, buen olfato y que siempre aprovecha su momento.

Nicolás Schiappacasse (Uruguay): Parte con ventaja para ser el titular de los charrúas. Fue crucial en la consecución del Sudamericano Sub20, aunque tuvo partidos donde no estuvo acertado. Es la esperanza y la perla de Uruguay, pero a sus 18 años recién cumplidos se le exige que marque diferencias. Peleón, rápido y aguerrido, el ariete del Atlético de Madrid tiene que destacar en estos torneos de cara a coger confianza para gestas mayores. Su mayor enemigo es él mismo.

Amaral con la Sub20/JUAN RUIZ/AFP/Getty Images
Rodrigo Amaral (Uruguay): Más fútbol en una uña de uno de los dedos de su zurda que todo el resto de jugadores del torneo juntos. Su mayor problema es su físico. Amaral tiende a engordar con facilidad, aunque su estado de forma lamentable no le impidió ser el jugador diferencial en el Sudamericano Sub20, donde se erigió como pichichi. Potencia, disparo, visión de juego, Amaral, el capitán, lo tiene todo para brillar. 

Rodrigo Bentancur (Uruguay): El ya jugador de la Juventus tiene que demostrar más de lo que ha exhibido hasta ahora con la albiceleste. Por sus galones en Boca y su experiencia se le exige que sea determinante, que lleve el tempo y la manija de todos los partidos, cosa que no hace con regularidad. Aún un poco blando en lo físico, su toque de balón debería marcar diferencias.

Facundo Waller (Uruguay): Es el mejor socio de todos. Máximo asistente del Sudamericano Sub20, Waller combina el trabajo defensivo y el sacrificio con el último pase.

Gedion Zelalem (USA): El meciodentro del Arsenal es el líder de los norteamericanos. Su físico privilegiado le hace ser uno de los jugadores más destacados de estos torneos. Con todo, en los últimos años se ha quedado estancado y la calidad del equipo no le dejará exhibirse demasiado.

Cameron Carter-Vickers (USA): El defensa del Tottenham es uno de los mejores zagueros del torneo. Llega a la cita entre algodones por una lesión de rodilla que le ha mantenido demasiado tiempo en la enfermería y que le ha privado incluso de poder debutar con el primer equipo de los spurs.

Adalberto Peñaranda (Venezuela): Se perdió el Sudamericano por los compromisos con su equipo. Tras romper el cascarón hace unos meses, su último año no ha estado a la altura de los que se preveía en su fútbol y este torneo debería ser un punto de inflexión en su carrera.

Ronaldo Peña (Venezuela): Debería ser titular, pese a la presencia de Peñaranda. Delantero tanque, de área, rematador y goleador con el filial de Las Palmas. Va de menos a más siempre en las citas de este estilo.

Yeferson Soteldo (Venezuela): Otra de las grandes alegrías del Sudamericano, donde estuvo arriba en las listas de goleadores y asistentes. Jugador bajito, con un gran tren inferior. Regateador, eléctrico, vibrante, imparable. Porque las mejores esencias siempre se guardan en frascos pequeños.

Soteldo, contra Argentina/JUAN CEVALLOS/AFP/Getty Images







jueves, 27 de abril de 2017

La madurez tardía del Papu

Papu Gómez se coloca el brazalete de capitán / Marco Luzzani/Getty Images
Con 29 años recién cumplidos, los 14 goles y 10 asistencias que ostenta el Papu Gómez esta temporada, han llevado al Atalanta a su mejor clasificación en más de dos décadas. Los de Bérgamo se sitúan a falta del tramo final del curso en quinta posición y sueñan con volver a competición europea muchos años después.

"Solo saldré del Atalanta si llega una oferta de un club para jugar en Europa League o Champions League", afirmaba Alejandro Gómez (Buenos Aires, 1988) al principio de la campaña, cuando su nivel individual estaba varios peldaños por encima de un Atalanta que vagaba por la zona media baja de la tabla en la Serie A. Entonces, equipos de mejor reputación en el país transalpino y alguno algo más pintón de Europa preguntaron por ese chico que saltaba a jugar con un brazalete de capitán en el que se reflejaban los protagonistas de Supercampeones (Óliver y Benji) con los que toda una generación creció con un sueño común: vivir por y para el fútbol. El balón como tu mejor amigo.

Hubo una época, hace algo más de 10 años, en la que el Papu Gómez era ese niño bajito gambeteador que aterrorizaba las defensas por su precocidad y su velocidad. Ese eterno nuevo Maradona que en Argentina no se cansan nunca de buscar y cuya etiqueta tantas carreras ha destrozado. Su debut llegó con Arsenal de Sarandí con solo 17 años, club que le había visto crecer desde los ocho y su impacto fue tremendo. Tanto, que varios grupos inversores se peleaban por los derechos del jugador que estaba destacando tanto en el campeonato argentino como con la selección Sub20. Aunque, para sorpresa de todos, eso sí, el Papu fue actor secundario en la Copa del Mundo de la categoría en 2007 en la que Agüero brilló por encima de todos en un equipo que contaba con Mauro Zárate, Pablo Piatti, Maxi Morález o Ángel Di María en la parcela ofensiva.

Papu, con el Catania /
Maurizio Lagana/Getty Images
Con Arsenal ganó una Copa Sudamericana, siendo fundamentales sus dos tantos en la final ante América de México y en 2009 emigró a un San Lorenzo que buscaba llenar sus vitrinas. Allí coincidió por primera vez con Simeone y vivió una relación turbia con los dirigentes. Su actuación fue crucial en varios partidos, salvando la cabeza de un Cholo muy cuestionado por los resultados y de un equipo que iba a la deriva hasta que en el verano de 2010 se marchó al Catania, que estaba formando una colonia de jugadores argentinos considerados más bien residuales para según qué equipos nacionales. Allí iban los que no quería nadie. El Papu tuvo ofertas, muchas, pero San Lorenzo, poseedor solo de un porcentaje de sus derechos y sus dirigentes, con quien no había buena relación, decidieron mandarlo allí.

Desde que aterrizó, el Papu se erigió rápido como el mejor jugador de un equipo que iba encaminado a lo peor, con una directiva más pendiente de lo económico y lo extradeportivo que del fútbol (hoy el Catania está en Serie C por amaño de partidos). A ese Catania le cambió el gesto Simeone, que cogió un equipo en la UVI a mitad de temporada y con pocos recursos le acabó dejando en mitad de tabla sin apuros. Sentó las bases para un equipo que dos años después solo siguió en aumento. 111 partidos, 18 goles y 17 asistencias después, el Papu tomaba la decisión más importante de su vida.

El Inter de Milán había llamado a su puerta. Simeone le reclamó para el Atlético de Madrid, que estaba conformando una plantilla que acabaría ganando la Liga Española y también la Fiorentina se acercó a ver su situación. Pero él se fue al fútbol ucraniano y ahí su carrera dio un giro. Justo cuando reclamaba su convocatoria con la absoluta de Argentina, después de tres temporadas al máximo nivel en la Serie A, tomó una decisión que condicionó su futuro. "Tenía ofertas de Inter, Fiorentina y Atlético de Madrid, pero el Metalist fue más persistente. Lo consulté con mi familia y estuvimos de acuerdo", señala, y admite que la posibilidad inmediata de jugar Champions League con los ucranianos le atrae. Nada más aterrizar, la UEFA veta la participación de los ucranianos en torneo continental por amaño de partidos en 2008 y la relación equipo-jugador se empieza a fracturar.

Ese mismo diciembre aceptó rebajar su sueldo para llegar a la Fiorentina, pero el club no cedió. En verano, tras las vacaciones, alegando como motivos las revueltas que empieza a sufrir el país y la mala adaptación a su clima, el Papu, como muchos otros, decide salir de Ucrania y los clubes no pueden impedirlo. Recala en Atalanta, un club de categoría similar a lo que era el Catania cuando él estaba. Allí, Alejandro Gómez disputa ahora su tercera temporada, la que está haciéndole ser el centro de atención de la Serie A.

Tanto es así que a petición expresa del seleccionador italiano, Giampiero Ventura, solicitó la doble nacionalidad y es la Federación la que está luchando con FIFA para que el jugador pueda ser seleccionado por Italia. Al no haber jugado nunca un partido oficial con la absoluta albiceleste, la situación parecía ser viable, pero el máximo organismo del fútbol a nivel mundial se lo ha negado, pues alega que debería haber contado con esa doble nacionalidad ya en 2007, cuando disputó el Mundial Sub20 con Argentina.

Fuera como fuere, el Papu ha eclosionado. Jugador eterno de banda izquierda, regateador, gambetero y nunca goleador, la libertad con la que cuenta esta campaña para moverse por todo el frente de ataque le ha brindado de unas cifras que superan a cualquiera que haya logrado durante su carrera. Partiendo casi siempre desde la mediapunta tirado un poco a la izquierda, con la presencia de un delantero de área nato por delante como Petagna, el Papu ha colocado al Atalanta en quinta posición, por delante de equipos como Fiorentina o los dos de Milán y ahora sueña con jugar en Bérgamo la competición europea que nunca jugó en su carrera.

A sus 29 años, Italia no ha podido convocarle, pero Argentina, que necesita una renovación de trasfondo, podría encontrar en el Papu una solución para la parte ofensiva. Simeone, con quien ya coincidió en Catania y San Lorenzo, con quien tiene una gran relación y que ya ha pedido su fichaje para el Atlético de Madrid en varias ocasiones, volverá a poner su nombre encima de la mesa ahora que Gómez está en el mejor momento de su carrera. La camiseta número '10' de Atalanta es la que desde hace un par de años todos los niños llevan en la ciudad de Bérgamo. Y la culpa es del Papu Gómez, ese pequeño gran jugador de 1'65m que un día fue coronado como la nueva esperanza y que ha tenido que esperar a los 29 años para asentar su carrera. Quizás, la madurez llega demasiado tarde y este puede ser el último gran tren de un Papu Gómez que parece contento de seguir muchos años más en Atalanta. Aunque de ser así, no podrá nunca no tener remordimientos por no haberse enganchado a su última oportunidad.

jueves, 20 de abril de 2017

Malcom, visión de futuro del Girondins

Malcom / NICOLAS TUCAT/AFP/Getty Images
No hubo un movimiento mejor en el mercado invernal de la pasada temporada que el de Malcom (febrero de 1997, Brasil) al Girondins de Burdeos. El chico, que entonces tenía aún 18 años, dejó el Corinthians brasileño para, por cinco millones de euros, recalar en la Ligue 1 francesa. ¡Cinco millones de euros! Cuando lo vi de primeras anunciado, pensé que no se podía tratar del Malcom que yo conocía. Ese chico valía más. Pero no, era Malcom. El único.


El Girondins no solo se había hecho con uno de los jugadores jóvenes de Sudamérica con más proyección, sino que lo había conseguido por un precio irrisorio para los tiempos en los que vivimos, donde por cualquier medianía te hacen casi hipotecarte de tu estadio. Sin ir más lejos, el Ajax holandés acaba de pagar 15 millones por David Neres, un jugador del mismo perfil que Malcom pero con mucho menos recorrido hasta la fecha si cruzamos sus jóvenes trayectorias. Los franceses, además, aseguran también llenarse las arcas de manera ingente cuando el canarinho dé el salto a un equipo de mayor nivel, incluso del top mundial. Cosa que, vista su progresión, no parece tardará.

Su adaptación no fue sencilla. Cruzar el gran charco con 18 años, llegar a una cultura diferente, con compañeros nuevos y a jugar el fútbol a un ritmo mucho más alto en una competición que ya estaba en su ecuador no es para nada fácil. Por eso, durante el curso pasado, el conjunto galo usó a su nueva perla en diversos partidos como suplente, siendo casi siempre de la partida desde el banquillo y dándole minutos en pequeñas dosis para que lograra cuanto antes la aclimatación. El devenir del Girondins, asentado en mitad de tabla sin posibilidad de nada mejor y sin el peligro de caer en zonas de peligro, ayudó a que el equipo no contase con la necesidad de la victoria jornada tras jornada y la presión brilló por su ausencia, por lo que la transición del brasileño del banquillo al terreno fue dulce.
Malcom aterrizó en Francia como un extremo resultón. Un jugador de banda con mucho regate que en sus primeras dos temporadas como profesional en la Serie A brasileña (54 partidos) había logrado siete goles y cinco asistencias. Zurdo, Malcom juega mejor a banda cambiada, aunque su conducción con ambas piernas le hace imprevisible. Ahí, en la derecha, su estilo de juego, de llevar el balón, de regate, tiene un deje que recuerda al de ese primer Robinho que brilló en el Santos por quien se peleaba Europa entera y a ese que dejó unos primeros grandes meses en Madrid, antes de desaparecer del panorama. Aunque, tirando más a la lógica, haciendo un paralelismo más ajustado y proyectándole en un panorama más representativo, Malcom se parece más a Douglas Costa en todo.

Ambos zurdos y con un recorrido similar, la sorpresa saltó cuando el Shakthar se hizo en su día con el brasileño. Y es que aunque toda Europa iba tras el jugador del Gremio, el extremo hoy del Bayern acabó decantándose por recalar en la pequeña colonia brasileña que tiene el equipo ucraniano desde hace temporadas. Quizás ese paso intermedio, el no aterrizar directamente en un equipo primer espada, fue el que acabó por llevar a Douglas Costa a lo que es hoy, uno de los jugadores más desequilibrantes del mundo. Ese que no supo dar Robinho, lanzado al estrellato primero y estrellado después. Y ahí, Malcom, previsor, cauteloso, parece haber encontrado camino.

Y es que el del Girondins esta temporada no tiene competencia en la banda derecha y se ha convertido en el mejor jugador del equipo. Cuando el partido está apurado, Malcom; cuando la pelota quema en los pies, Malcom; si hay que ponerle pausa, Malcom; si hay que ponerle velocidad, también Malcom. Ha disputado ya 40 partidos esta campaña, entre Liga y Copas, y ha logrado unas nada desdeñosas cifras de ocho goles y cinco asistencias. 

En una plantilla de edad joven, que se cimenta en la veteranía de Toulalan, el meta Carrasco y los minutos que puede aún dar Plasil, el buen hacer de Malcom empezó por obligar al técnico a alinear a Jeremy Ménez, su jugador más diferencial sobre el papel, la estrella, el que más cobra, a su banda menos hábil hasta acabar desterrándole al banquillo. Y es que Malcom es sobre el campo el jugador más importante, aquel, por el que pasa todo el juego de ataque, la responsabilidad ofensiva. Su talento, su visión, sus ganas y sobre todo su habilidad para driblar y para generar constante peligro le hace un jugador temible. Un extremo que, siendo casi un adolescente, aún tiene que mejorar bastante, pues en el juego físico suele salir mal parado y apenas posee poderío aéreo. Aún requiere de rigor táctico y, aunque sabe leer muy bien las situaciones de partido, con la experiencia que dan los años de competición irá adquiriendo cualidades como la de elegir mejor y la de leer mejor los partidos. Además, aún tiene que potenciar su disparo.

Malcom, a sus 20 años recién cumplidos, es ya uno de los futbolistas jóvenes más destacados del continente, nominado al Golden Boy 2017, el galardón que elige al mejor jugador sub21 de Europa (el mini Balón de Oro) y que ya han ganado jugadores como Messi, Pogba, Fábregas, Agüero, Rooney, Renato Sanches, Isco, Pato o Sterling. Gracias en parte a su buen hacer sobre el césped, el Girondins de Burdeos ha dado un gran salto con respecto a la temporada anterior y ahora en la quinta plaza, peleará con el Olympique de Marsella por el último puesto que da acceso a la Europa League a falta de cinco jornadas para el final de la Ligue One.

Jugará en Francia hasta que él considere que está apto para dar el paso adelante. Y aunque en realidad un año y medio de adaptación le han servido para estarlo, será él quien decida, con tiento, la mejor opción para su futuro. Italia, España e Inglaterra le abrirán sus puertas en cuando los movimientos de mercado den su pistoletazo de salida. Y si alguien busca un extremo hábil y desequilibrante, Malcom, por ganas, por habilidades y por precio (porque al estar en un equipo menor y al haber costado poco las exigencias del Girondins serán menores) es el jugador idóneo para ocupar el flanco derecho del ataque. 

jueves, 13 de abril de 2017

Sandro, renacido en La Rosaleda



Casi desconocido hace apenas un par de años, defenestrado por la opinión pública barcelonista por su poca puntería cara a portería y su escasa efectividad a la hora de ser recambio de garantías de Messi, Neymar y Luis Suárez (casi nada), Sandro Ramírez (Gran Canaria, 1995) ha tenido que bajar un par de peldaños en la pirámide futbolística para dar un paso adelante en su carrera. 

El canario se siente importante en Málaga, donde es la punta de lanza del equipo que hoy entrena Michel. El delantero tuvo bien claro que sería él quien decidiría su futuro. Por eso, tras toda una vida enrolado en las filas del Barcelona, decidió no renovar con el club catalán justo cuando estaba preparado para dar el salto al primer equipo. Ser actor secundario de garantías en un Barcelona con semejante tridente se antoja complicado. Por eso Munir no dio la talla, por eso Pedro tuvo que buscar una salida y por eso Paco Alcácer pasa más minutos entre el banquillo y la grada que sobre el césped. A Sandro el tiempo le ha dado la razón. Quiso ser siempre dueño de su futuro.

Por eso, cuando el Málaga se animó a su contratación, las condiciones del punta no eran para nada del agrado del club andaluz. Sandro, que firmó gratis por tres años, exigió tener una cláusula de rescisión baja (6 millones de euros) para que, en caso de hacer una gran campaña (cosa que está sucediendo) pudiera volver a tener libertad de decisión. Fueron lentejas para el Málaga, que acabó haciéndose con los servicios de un jugador que le reportaría seis millones en un solo año y de cuyo hacer podría servirse durante la temporada. Y en caso de salir mal, se tendrían el uno al otro y nadie se habría dejado dinero excesivo. Un mero matrimonio de conveniencia.

Porque el nivel que podría dar Sandro en Primera División era una absoluta incógnita. El jugador, en sus pocas apariciones con el primer equipo del Barcelona, había generado más dudas de las que debería. Sobrepasado por querer hacer más de lo que se le debería exigir en tan poco tiempo, Sandro nunca se sintió cómodo en Barcelona. Sus cifras anotadoras en el equipo B del club catalán tampoco eran las de un delantero killer (en parte porque alternaba la delantera con la banda) y su rendimiento en la máxima categoría, fuera cual fuera el club en el que fuera a jugar, estaba en entredicho.

Sandro celebra un gol / TWITTER
Pero la directiva del Málaga acertó, y de qué manera, con un jugador que ha pasado por todas las categorías inferiores de la selección española y que en la campaña actual lleva 11 goles (9 en Liga) en 24 partidos y que, de no ser por una lesión que le ha tenido apartado más de un mes de los terrenos de juego, estaría luchando por el Trofeo Zarra al máximo goleador nacional con Iago Aspas. El Málaga ha ganado ocho partidos ligueros esta temporada y en siete de ellos Sandro ha visto puerta. Solo ante el Atlético de Madrid en el Calderón y ante el Sevilla en el Pizjuán el canario logró anotar sin que el Málaga se llevara los tres puntos.

Por eso, de los 33 puntos que lleva el Málaga, se le pueden atribuir al ya ex del Barcelona 21 de ellos. Pero Sandro no es solo números. Uno de los aspectos que más destaca de él es su polivalencia y su capacidad para partir desde cualquiera de los dos costados (aunque el prefiere el izquierdo) hacia dentro para acabar las jugadas. Esa potencia de conducción, ese control orientado largo siempre preparando su portentoso disparo desde lejos es un arma que aterra a los rivales y, en cierto modo, puede recordar un poco al estilo de juego que poseía Diego Forlán, que vivió una gran carrera en La Liga en las filas de Villarreal y Atlético de Madrid. (Ojo, atención, no se está comparando la calidad goleadora del uruguayo con la de Sandro, ni sus habilidades, sino que se compara un aspecto del juego en el que son parejos).

Sandro, además, se ha consolidado como uno de los mejores ejecutores del balón parado y esta temporada ya ha logrado marcar tres dianas a balón parado, todas de bella factura. Su partido ante el Barcelona el pasado fin de semana pone en cuestión el acierto del equipo catalán dejándole marchar y fichando como recambio suyo a un Paco Alcácer que parece estancado y que costó 30 millones. Y si bien es cierto que fue el jugador quien no accedió a renovar, sí que el Barça pudo hacer algo más por intentar mantenerle en plantilla. Sandro necesita espacios para correr, sentirse liberado, y el intercambio de golpes, el fútbol de ida y vuelta y los partidos rotos se acomodan a su estilo.

Sandro Ramírez está haciendo méritos suficientes para volver a subir un escalón más en la pirámide futbolística y unir su nombre a un equipo que pueda aspirar a cotas mayores y jugar competición europea. Tiene el carácter de ese que prefiere no quedarse relegado a un segundo plano y, aunque tenga que trabajar el doble, buscarse un futuro desde abajo. En los nueve partidos en los que no pudo estar por lesión, el Málaga solo venció en uno y tras su recuperación ha ido jugando cada vez más minutos hasta lograr estar al 100% de su rendimiento en los últimos cuatro duelos, de los cuales el Málaga ha ganado dos (Barcelona y Sporting con goles de Sandro), ha perdido uno (Atlético de Madrid) y ha empatado otro (Leganés). 

Sandro radicaliza todo el juego y es capital en un Málaga que sabe que si el jugador quiere puede abrir la puerta de salida el próximo verano. Novias no le van a faltar. Como uno de los últimos delanteros en pisar la Sub21, presenta también su candidatura a ser uno de los jugadores que puedan acudir en próximas convocatorias con la absoluta de Lopetegui. Su siguiente paso debe ser adecuado para no volver a cometer errores del pasado y engordar el banquillo de un equipo que no le tenga como fundamental y donde pueda sentirse realmente útil. Y no parece ser de esos que toman decisiones precipitadas.

viernes, 7 de abril de 2017

Andrea Belotti, el canto del gallo




Andrea Belotti es de esos jugadores que uno conoce antes por los videojuegos que por el fútbol de la vida real. Delantero por excelencia del Football Manager, de esos que mejoran y progresan hasta límites insospechados y que, en muchas ocasiones, se acaban convirtiendo en algunos de los mejores jugadores en el mundo de carne y hueso. Otros muchos no. Porque igual que en esas caricaturas de la vida triunfaron Falcao, Agüero, Firmino o Coutinho cuando eran absolutamente desconocidos, otros wonderkids como Lulinha o Matías Suárez se quedaron en el camino, o no llegaron a todo lo que apuntaban.

Tuve conciencia de la existencia de Andrea Belotti (20 de diciembre de 1993, Bérgamo) en 2012-2013 cuando me rompió, de manera 'jueguil', el corazón. Entonces yo jugaba al FM con el Catania, con todo lo que eso conlleva: límite salarial bajo, política de fichajes austera, restricciones ilimitadas a la hora de fichar. Todo un hándicap que lograba más o menos solventar con una red de ojeadores que por todo el país me hacían informes de los chicos maravilla. La larga lista de delanteros jóvenes con potencial y de nacionalidad transalpina quedó entonces reducida a un solo nombre: Andrea Belotti, jugador del AlbinoLeffe de la Tercera División italiana. Pero él, con dos ofertas encima de la mesa, decidió rechazar la mía (jugando en Serie A) y fichar por el Palermo, eterno rival siciliano del Catania, de la Serie B. 

No fue hasta entonces cuando conocí fuera de la vida tecnológica a Andrea Belotti. En la vida real, cosa curiosa, también firmó con el equipo rosanero. Y fue esa serie de coincidencias la que me hizo querer saber algo más del chico que me había atormentado en un simple videojuego. Belotti aterrizó en un Palermo que contaba con Abel Hernández como jugador estrella y donde ya asomaban la cabeza Paulo Dybala y Franco Vázquez. También Kyle Lafferty tenía presencia en el ataque y dotaba al equipo de la veteranía y experiencia de la que sus arietes carecían. Nada impidió al reciente fichaje ser importante y, en su primer gran envite, acabar el curso con 10 goles ligueros pese a no llegar a la veintena de años. Una puesta en escena que le dio la razón al propio delantero, que incluso fue capaz de poner 500.000 euros de su bolsillo para llegar al equipo siciliano.

Pero Belotti, que se empezaba entonces a labrar un futuro como delantero, podría haber tenido otro destino bien distinto. Más lógico incluso para la gente como él, llegada de pueblos pequeños donde no se dispone de un gran escenario y la exposición y el alcance es mínimo. Calcinate es la localidad de Bérgamo que vio nacer a Belotti hace 23 años. Con poco más de 5.000 habitantes y sin un solo personaje reconocido en toda su historia, salir de allí y tener éxito, ser una persona reconocida en cualquier ámbito de la vida, parecía una utopía.

Belotti celebra un gol haciendo el Gallo / AFP
Belotti cambió ese destino sin quererlo. Es ya conocido en toda Italia como El Gallo por la forma que tiene de celebrar los goles, haciendo de su mano una cresta y fingiendo ser uno. Hay quien dice que es porque cuando apenas era un crío se pasaba horas y horas correteando detrás de los que tenía su tía en el corral de su casa aunque, en realidad, es en honor a su amigo de la infancia, casi como su hermano, que de nombre se llama Juri y tiene como apellido Gallo. Hay celebraciones que van siempre acompañadas de la imagen de un jugador. Como aquella palma que Alan Shearer no se cansó de enseñar, como el gesto con los dedos que hacía Ronaldinho, como las orejas de Juan Román Riquelme o como aquel saltito '¡toma!' de Rivaldo. El Gallo de Belotti parece haberse unido al clan.

En esta su segunda temporada en el Torino, Belotti se ha destapado como el talentoso goleador que ya apuntaba a ser hace muchos años. Con 25 goles y cuatro asistencias en 30 partidos, se ha convertido en el jugador capital del equipo del toro, que cimenta todo su juego en el Gallo, que lidera junto a Dzeko la lista de máximo goleador de la Serie A y presenta su candidatura a la Bota de Oro que con 27 tantos gobierna Messi. Belotti ha tirado abajo la puerta de la selección italiana sin siquiera llamar a ella y ha obligado a base de goles a Ventura a incluirle en las últimas convocatorias de una azzurra que parece estar en construcción y haber encontrado a su delantero de la próxima década. Con la camiseta nacional, El Gallo ha jugado cuatro partidos oficiales, logrando tres goles y dos asistencias.

Pero de Belotti no solo asombra su calidad para con el balón, que no es poca. Su altruismo, su bondad, ese sentimiento de agrado por el chico que juega por pura diversión, que siente lo mismo que cuando jugaba en aquellas plazas inhóspitas de Calcinate. Pura pasión. Varios de los grandes de Europa ya han preguntado por él en épocas en las que el gol escasea y el Torino, sabedor no solo de la perla que tiene entre manos si no de las locuras que hoy se cometen, le ha tasado como intransferible. O, de otro modo, de no negociable y salvo locura de 100 millones de euros (su cláusula de rescisión para clubes extranjeros), El Gallo seguirá siendo un toro.

Distinta podría ser la situación de llegar por él una oferta de un equipo del país. En ese ímpetu de la Serie A por seguir creciendo como Liga y de cerrar las puertas a exportaciones a ligas como la Premier o la Española, los todopoderosos transalpinos podrían hacerse con el niño maravilla del Torino por algo menos de esos 100 millones de euros, aunque la jugada seguiría sin salir barata. Tirándose de los pelos estarán en Atalanta, el club más poderoso de su zona natal al que su abuelo iba a ver en bicicleta, el que le rechazó cuando solo era un crío por el simple hecho de que no le veían cualidades. "Ser rechazado por el Atalanta me hizo daño", sigue afirmando él entre goles.

Quizás su futuro está más cerca de Milán, donde admite tener una simpatía clara desde pequeño, sobre todo gracias a Shevchenko. "Mi hermano es un gran fan del Milan. Me llevaba a verle de pequeño y yo me hice también hincha. Aunque ahora, como jugador profesional, esa pasión ya no es como entonces. Sé que me debo al equipo en el que juego", señala, con cabeza, un jugador reconocido por su sus cualidades humanas. Parece tener los pies en la tierra y la cabeza amueblada. Quizás la cualidad que le ha llevado más lejos, incluso por encima de su capacidad para marcar goles.

Y es que su sencillez para marcar goles es inusual. Ver jugar a Belotti es ver a ese tipo que remata pese a que le están agarrando. Es ver a ese chicuelo que se tira en plancha y se deja las rodillas en el césped por un gol por el que los demás ni imaginan. Es ver a un '9' metiendo el pie en un un lugar en la que el resto de los mortales no desearía ver ni a su mayor enemigo. Es ver cómo un delantero se eleva por encima de su par, pareciendo un gigante contra un enano. Es ver el hambre de gol, el afán de superación. Belotti es pelear cada balón como si fuera el último; es chutar, fallar y coger el mismo rebote; Belotti es estar siempre bien colocado y si no, apañárselas para aparecer de la nada; es el oportunismo, el remate al primer toque, el control de espaldas y el choque cuerpo a cuerpo con el defensa. Belotti es un derroche de adrenalina. Es ese delantero que no necesita de compañeros para hacer un gol de la nada. Jugar contra Belotti es quedarte encerrado en una jaula con un león hambriento. Belotti es gol. Es ese delantero que aterroriza las defensas del Calcio y que pronto lo hará en toda Europa. Jugar contra Belotti es venir de una batalla de guerra. Es ese gallo preparado para la pelea.

sábado, 18 de marzo de 2017

Moussa, el otro Dembélé



No son hermanos, ni primos lejanos, aunque el de Dembélé sea apellido sinónimo de fútbol y éxito en los últimos años. Ambos nacieron en Francia, aunque tienen ascendencia africana, se desenvuelven en ataque y aún no han llegado a los 21 años ni a la madurez futbolística. Solo les separan 14 meses y mientras Ousmane ya centra el ojo de todos los focos, tras su flamante fichaje por un Borussia Dortmund que se adelantó a las mejores potencias, Moussa ha dado el salto de jugar en Championship a hacerlo en Champions con el Celtic y ser un jugador diferencial en una Liga hoy en horas bajas.

Moussa Dembélé (12 de julio de 1996, Francia) sería el Dembélé del que todo el mundo hoy hablaría si no hubiera sido coetáneo con Ousmane, el jugador que copa las listas de mejor jugador joven del mundo, está llamado a liderar a la selección francesa y tiene el listón para el futuro ya muy alto. Tampoco hay que confundirle, por cierto, con Mousa (con una s) Dembélé, internacional belga que como el protagonista de esta entrada adquirió fama jugando para el Fulham antes de que el Tottenham le lanzara al estrellato.

Moussa Dembélé arrancó su carrera en tierras británicas sin definir muy bien su posición. Su portentoso físico de atleta de mediofondo (1'83m) le permitía jugar en un costado y en el centro del campo, siempre con tendencia ofensiva hasta que terminó centrando su posición de manera definitiva para jugar en la punta de ataque. Su bien nivel con el equipo reserva del Fulham, además del buen desarrollo de su metabolismo, permitió que con 17 años recién cumplidos debutara en Premier League en la que es la última temporada hasta la fecha de los cottagers en la máxima categoría.

Dembélé celebra un tanto./Ian MacNicol/Getty Images
De ese descenso se benefició el ariete galo. Los jugadores con más nombre como Berbatov, Riise, Heitinga, Richardson, Duff o Sidwell salieron y le llegó el turno a los secundarios. De haber mantenido la categoría, Dembélé habría tenido más complicado el disfrutar de minutos y probablemente habría acabado cedido en ligas aún más inferiores. No fue así y, gracias a su buen hacer con la selección de Francia, Dembélé consiguió empezar a labrarse un nombre entre las agendas de los clubes importantes.

Y es que Dembélé ha crecido de la mano de las categorías menores del equipo nacional. Por eso, ha jugado y ha sido parte vital del equipo Sub16, Sub17, Sub18 y del Sub19, al que llevó a la tercera plaza de la Eurocopa de 2015, donde fueron apeados en semifinales por una España campeona. Su progresión con los galos, eso sí, se ha visto parada en la Sub21, para la que solo ha jugado cuatro partidos (anotando cuatro goles). La calidad y la cantidad de los jugadores de ataque juveniles que hoy tiene el equipo francés, como Mbappé, Augustin, Koziello, Cornet, Lemar o Coman, entre otros han cerrado un poco las puertas de un Dembélé que posiblemente acabe dando el salto a la absoluta antes de jugar mucho más con su predecesora.

La temporada 2015-2016 fue la de su eclosión, marcando 15 goles y repartiendo siete asistencias en la Championship y ganándose un fichaje por el Celtic de Glasgow escocés. El Celtic, tierra de artilleros, necesitaba un compañero de ataque que complementara a Leigh Griffiths (40 goles en el último curso), pero rápidamente quedó claro que sería éste quien sirviera de escudero a Dembélé.

El traspaso solo dejó medio millón de libras en las arcas del Fulham, pues el jugador finalizaba su vínculo con los cottagers, que solo recibieron dinero en concepto de desarrollo de jóvenes. Una fuga de Inglaterra que aún hoy no se explica Thierry Henry, que no entiende cómo el Celtic de Glasgow 'le robó' a la Premier League un talento en sus narices. "Es un error gravísimo de los equipos de la Premier. Él jugaba en Inglaterra, en el Fulham. Ahora su precio son 40 millones y tú vas a tener que pagarlo. No estamos hablando de si los vale o no, pero es el precio que tienes que poner si lo quieres", se lamentaba el ex del Arsenal.

"Nosotros ya sabemos lo que hacía en el Fulham, Es un buen jugador, marca goles, lo hace bien con la Sub21 y ya está la Federación buscándole sitio para subir con el equipo absoluto. Él conoce el fútbol inglés, ha hecho goles en Championship y ahora los está haciendo en Escocia, por lo que uno sabe que físicamente está preparado para jugar en Premier", señala el ya retirado delantero francés.

Y es que el buen hacer de Dembélé, que ha anotado 32 goles en lo que va de curso con el Celtic, ha multiplicado su valor de mercado hasta el punto que tanto equipo como jugador rechazaron una suculenta oferta del Chelsea en invierno por 35 millones de libras. Los blues, con Diego Costa peleado con el mundo, dejando incierto su futuro, y un Batshuayi que no acaba de dar el nivel exigido, buscaron en Escocia sin éxito.

Dembélé ha crecido a pasos agigantados en Celtic Park de la mano de Brandan Rodgers. Es un jugador muy vertical al que le gusta arrancar con balón controlado desde atrás. Si puede hacerlo todo en menos toques, lo hace. Aún le queda mucho por mejorar y evolucionar, pero poco a poco en Escocia ya se le ven visos de grandeza, acciones de delantero puro nato que antes no tenía. Acostumbraba mucho a enredarse en zonas de poca influencia o realentizar demasiado el juego con acciones banales, pero ahora lo hace todo mucho más práctico. Su gran fuerza física le permite jugar bien de espaldas y su cambio de ritmo con balón controlado cuando encara a su par es difícilmente defendible. Dentro del área no se complica y es su primer toque lo que más ha mejorado desde que salió de Inglaterra y fuera de ella busca siempre perfilarse a su pierna diestra para disparar con una rosca inalcanzable. Completísimo.

Un tanto suyo cerró el partido perfecto y le dio al Celtic la Copa de la Liga el pasado mes de noviembre, logrando el título número 100 en la historia de los escoceses, que este año tienen la Liga encarrilada y apuntan al triplete logrando la Copa de Esocia, donde están ya en semifinales. Se ha ganado por mérito propio el apodo de Hunskelper, ese que le da la afición del Celtic a sus chicos favoritos y, sobre todo, a aquellos que logran perforar las redes del Rangers, el eterno rival.

Moussa Dembélé sigue creciendo como la espuma en este su primer gran año en la élite. Solo tiene 20 años y este curso ya ha marcado 32 goles en todas las competiciones, incluyendo tres hattricks (uno de ellos al Rangers), un doblete en Champions League ante el Manchester City y jugó un gran partido ante el Barcelona, poniendo en jaque varias veces a Piqué y Mascherano. Es el líder de la tabla de goleadores en la Scottish Premier League y uno de los delanteros que ya llama a la puerta de los grandes. Liverpool, Arsenal o Chelsea buscan delantero. El Manchester City está a la espera de la decisión de un Agüero que parece haber perdido sitio en ataque tras la llegada de Gabriel Jesús. Sus vecinos del United no saben qué sucederá con un Ibrahimovic que acaba contrato y el Everton vive en un suplicio desde que Lukaku ha rechazado renovar porque quiere salir. ¿Dembélé? Candidato en todas las quinielas.