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martes, 23 de febrero de 2021

La perla de la semana: Matías Palacios


Foto: Basel FC


De manera incomprensible, el Basilea ha firmado a un jugador con una proyección bárbara. De la misma manera, incomprensible también, San Lorenzo apenas le ha dado oportunidades al mayor talento salido de su cantera en años. Sin Gaich y sin Senesi, los últimos dos grandes proyectos de la cantera del cuervo, toda la presión de la ilusión recaía en Matías Palacios, el más pequeño de los dos hermanos (su hermano Julián Palacios también juega en el club argentino), que nunca ha podido ser titular ni tener minutos de importancia. Es cierto que apenas acaba de cumplir los 18 años, que ya son varios mercados los que clubes de Europa se han interesado por ese mediapunta al que dicen 'La Joya', pero quizás esa sea la mayor peculiaridad que le haya hecho no tener oportunidades. Matías Palacios es un enganche incomprendido. Una posición que algunos técnicos no logran ver y a la que no consiguen encontrar acomodo en su sistema.

Comparado desde hace ya un par de años por características futbolísticas con Riquelme, otro que sufrió las tiranías de técnicos que no le encontraban hueco en Barcelona e incluso en sus últimos años en Villarreal, lo cierto es que Palacios es el ojito derecho de un gran conocedor de todo lo que se cuece en la AFA como Pablo Aimar. El ex jugador, ahora técnico de las inferiores de Argentina, es no solo una voz autorizada, sino una de las más escuchadas y tenidas en cuenta por todo el panorama fútbol por lo sensato de su mensaje y lo certero de su libro de jugadas.

Héroe de la Sub15 y de la Sub17 (ha ganado ambos sudamericanos de la categoría siendo en los dos la estrella del torneo), llegó a debutar con la Sub20 con 16 años recién cumplidos, teniendo minutos en el prestigioso torneo de L'Alcudia. Su seleccionador entonces fue un Lionel Scaloni que ahora ya está con la absoluta y que le conoce bien. Para seguir quemando etapas, en este inicio de año debería ser el '10' de Argentina en el Mundial Sub20, pero la FIFA canceló el torneo por la pandemia, por lo que Palacios se ha quedado sin un escaparate que le podría haber dado motivo para un salto mucho más grande que la Liga Suiza.

Aunque San Lorenzo, apretado por el mal momento económico y por la duración del contrato del propio futbolista, ha visto la oferta del Basilea como inmejorable. El equipo de Suiza ha pagado cerca de seis millones de euros por la mitad del pase del argentino, lo que le coloca como el fichaje más caro de la historia del club (y de la Liga) y supone que además San Lorenzo se quede aún el 50% para una hipotética venta. Curioso que, en una época donde clubes en Inglaterra, Italia o España están racaneando hasta el final por jugadores algo más contrastados como Montiel, apuesten desde un país donde el fútbol es menor gastando bastante por un chico que aún no se ha asentado en el fútbol profesional.

Ahora resta saber cómo será su acomodo en Europa. Si en el Basilea, que juega con dos interiores y dos extremos, deciden que sus minutos sean en posiciones más centrales o, si como sucede en ocasiones con este tipo de futbolistas, deben encontrar emplazamiento en la banda. O si, con todo en contra, el técnico decide que es lo suficientemente bueno como para cambiar todo su esquema y dejar al argentino en ese enganche que tanto disfruta. No será extraño que pronto sume minutos.

Porque a Palacios se le ve a kilómetros. Su juego es lento, sosegado, inteligente. Puede hacerlo así porque tiene el fútbol en la cabeza un segundo antes que el resto. Es capaz de frenar cuando todos aceleran y viceversa y meter un último pase que es su mejor carta de presentación. De ahí que la comparación tan odiosa con Riquelme tenga tanto sentido como peligro. Porque asemejarle con Román es poner un listón altísimo al que muy pocos han llegado. Matías Palacios es ese jugador con tanto descaro como para tratar de marcar desde el centro del campo. O ese que mete un pase largo con el exterior sin inmutarse. O ese otro que, plantado en la frontal del área, gira sobre sí mismo para acabar metiendo el balón de tacón al corazón del área.

El chico que debutó en Primera con 16 años, ese al que Totti intentó representar hace un par de años y que dudó hasta el último segundo sobre su salida, queriendo quedarse en San Lorenzo y no irse a Suiza. Ese que lleva recibiendo ofertas de Europa desde los 15 años y que nunca ha tenido oportunidades en el club de su vida con regularidad.

Lo cierto es que la Joyita Palacios ahora tiene que extrapolar en el fútbol profesional todo lo hasta ahora mostrado en las categorías inferiores. Y puede que la elección de Suiza, donde no existen tantas expectativas ni el nivel es tan elevado, sea un acierto pensando en Basilea como un paso intermedio para mejores cotas. A veces es mejor jugar y acostumbrarse lejos de los focos en una edad formativa en la que uno necesita estar sobre el césped que quemarse en el banquillo de un equipo de renombre. Porque si Palacios, el mejor jugador joven de Argentina, es capaz de hacer en fútbol profesional las cosas que hacía en fútbol juvenil, no cabe duda que dentro de muy poco estará jugando en los mejores estadios del mundo.

Ficha

Nombre: Matías Palacios.
Nacionalidad: Argentina/Italiana.
Edad: 18 (10/05/2002).
Equipo: Basilea.
Debut profesional: 16 años y 131 días.
Posición: Mediapunta.
Pie hábil: Derecho.
Altura: 1'68m.
Peso: 64kg.
Representante: Eleven Group.
Contrato: 30 de junio de 2025.
Internacional: Sub15, Sub17, Sub20.

viernes, 1 de mayo de 2020

Matías Palacios, la enésima perla del fútbol argentino


Embed from Getty Images
Cuando me pongo a ver un torneo de selecciones juveniles internacional, siempre parto de una premisa importante: hay que fijarse en aquel que lleve el dorsal 10 en Argentina. Maradona, Agüero, Aimar, Tévez, Ibagaza, Romagnoli o D'Alessandro llevaron el número mágico en el reverso del que nunca pudieron disfrutar Riquelme (coetáneo con Aimar), Gallardo y Ortega (cuando a Argentina se le privó de disputar eventos infantiles por el mal comportamiento en años anteriores o un Messi que entonces prefería usar el 18 y el 19. Matías Palacios (La Pampa, 2002), es el último gran proyecto de futbolista que tiene en sus filas la albiceleste. Avalado por Pablo Aimar y asesorado por Leandro Romagnoli, admira a Juan Román Riquelme, a quien todos dicen que se parece de una forma desmedida en cuanto a juego.

En una época en la que Brasil vende proyectos de futbolistas al viejo continente a precio de oro, parece que Argentina se ha quedado atrás en una carrera en la que San Lorenzo podría malvender, otra vez y quizás antes de lo previsto, a la última gran perla de su cantera. Solo el traspaso de Rodrygo (20 años) por 45 millones al Real Madrid supone una cifra parecida a la que el fútbol argentino sacó por sus dos ventas más caras de la historia, la de Lautaro al Inter y la de Alario al Bayer Leverkursen. Para hacerse una idea, Vinicius (45M), Reinier (30M), Paquetá (40M), o Gabriel Jesús (32M), sin contar los multimillonarios traspasos de Oscar, Neymar, Arthur o Lucas Moura. El de Lautaro Martínez, el fichaje más caro de la historia del fútbol argentino, le colocaría lejos del Top10 histórico del fútbol brasileño.

Y es que aún nadie se explica cómo San Lorenzo de Almagro sacó en su día solo 6 millones de euros por la venta de Ángel Correa (el año pasado recibió 3 millones más por el 10% que le restaba del pase) cuando el hoy 10 del Atlético era el mejor jugador de su generación y una de las perlas de la AFA. Tampoco cómo, en una época de bonanza económica, su nueva estrella juvenil, Matías Palacios, ha renovado con una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares que se antoja asequible para casi todos los clubes militantes en Champions y Europa League.

Matías ha crecido en San Lorenzo desde bien joven. Desde los 13 vive en la pensión del club con el paradigma de estrella juvenil y lo hace bajo el paraguas de su hermano Julián, con quien ha compartido diversas categorías pese a llevarse más de tres años de diferencia. Esa precocidad le ha llevado, entre otras cosas, a ser el debutante más joven en la historia del club, haciendo su aparición en Primera División con solo 16 años y 4 meses. Fue en 2018, el mismo año en el que debutó como internacional Sub20 con Argentina en el prestigioso torneo de L'Alcudia, sin importar que sus compañeros y rivales le sacaran cuatro años de edad.

Mati comenzó sus años de fútbol en el General Pico como volante central, dada su facilidad para recibir entre los defensas, girarse y transitar el balón desde su campo hasta una posición más adelantada. Pero en San Lorenzo fue evolucionando su posición hasta el enganche, debido a su buen trato de balón en las zonas decisivas del campo, su regate y sobre todo su buena visión de juego. Prefiere asistir a marcar, aunque dada su demarcación ahora hace gala también de su potente disparo desde la frontal del área. Se fija en Riquelme e Iniesta como modelos, y es con el ex de Boca con quien todo el mundo le encuentra más similitudes. "Tiene muchas cosas de Román", dice de él Pablo Aimar, que le tiene como una debilidad personal en la selección que él dirige.

Palacios ha sido figura ahí donde ha estado. Lo fue en el Sudamericano Sub15 de 2017, donde Argentina se llevó el título. También en el Sub17, dos años después, donde la albiceleste también levantó la Copa y fue de lo poco destacable de Argentina en el Mundial de la categoría, donde Paraguay sorprendió eliminando en la primera ronda del KO a los de Pablo Aimar. Para Hugo Tocalli, quien fuera la mano derecha de Pekerman en la construcción de la base más exitosa de la historia albiceleste (la de Messi, Agüero, Banega y compañía, pero también las de Aimar, Galletti, Riquelme o D'Alessandro) es una de las mayores perlas que ha tenido la AFA en mucho tiempo.

El juego de Palacios se caracteriza por ser muy vistoso. Su capacidad de ir con la cabeza siempre mirando al frente le permite ver el fútbol un par de segundos antes que los mortales. Por eso, mientras el resto toma algo de aire en una situación que parece de tregua, él ya está mirando la oportunidad de batir desde campo propio a un portero adelantado o de enviar en largo con suma precisión al compañero que ha tirado el desmarque. De ahí las comparaciones, siempre con mesura, con Román. Su visión en largo es tan buena como en corto, donde no duda de sacar todo tipo de repertorios más en busca de practicidad que de plasticidad. Taconazos, túneles, dominio del golpeo de exterior o pases mirando al tendido que ya han llamado la atención de los grandes de Europa y que se suman a su buen golpeo a balón parado.

Ahora está en el momento crucial de su carrera. Hasta ahora, todo le "ha ido muy rápido", como él mismo afirma, pero es el momento de dar un paso adelante y asentarse en el fútbol profesional, faceta donde otros muchos talentos precoces se quedan por el camino. Hasta la fecha, solo suma dos partidos con el primer equipo de San Lorenzo, un salto al primer nivel que se ha visto mermado en este último curso por los compromisos internacionales con la Sub17 de Pablo Aimar. El próximo 10 de mayo cumple los 18 años, edad a la que de manera legal ya podría abandonar Argentina para salir al fútbol europeo (o a la MLS, siguiendo los pasos de Barco o Pavón), aunque no parece ser la idea aún de San Lorenzo, que a finales de 2018 rechazó 8 millones de euros del Genoa por él y que tampoco llegó a un acuerdo con el Almería el pasado mercado invernal. El objetivo de juntar una buena versión de Palacios con Gaich, pues ambos parecen nacidos para haber jugado juntos, es un ideal que llena de ilusión a la afición del Ciclón, sabedora de que tiene entre sus manos a una de las mayores perlas del país y a una pareja joven que podría romper los cimientos del campeonato argentino.


jueves, 27 de abril de 2017

La madurez tardía del Papu

Papu Gómez se coloca el brazalete de capitán / Marco Luzzani/Getty Images
Con 29 años recién cumplidos, los 14 goles y 10 asistencias que ostenta el Papu Gómez esta temporada, han llevado al Atalanta a su mejor clasificación en más de dos décadas. Los de Bérgamo se sitúan a falta del tramo final del curso en quinta posición y sueñan con volver a competición europea muchos años después.

"Solo saldré del Atalanta si llega una oferta de un club para jugar en Europa League o Champions League", afirmaba Alejandro Gómez (Buenos Aires, 1988) al principio de la campaña, cuando su nivel individual estaba varios peldaños por encima de un Atalanta que vagaba por la zona media baja de la tabla en la Serie A. Entonces, equipos de mejor reputación en el país transalpino y alguno algo más pintón de Europa preguntaron por ese chico que saltaba a jugar con un brazalete de capitán en el que se reflejaban los protagonistas de Supercampeones (Óliver y Benji) con los que toda una generación creció con un sueño común: vivir por y para el fútbol. El balón como tu mejor amigo.

Hubo una época, hace algo más de 10 años, en la que el Papu Gómez era ese niño bajito gambeteador que aterrorizaba las defensas por su precocidad y su velocidad. Ese eterno nuevo Maradona que en Argentina no se cansan nunca de buscar y cuya etiqueta tantas carreras ha destrozado. Su debut llegó con Arsenal de Sarandí con solo 17 años, club que le había visto crecer desde los ocho y su impacto fue tremendo. Tanto, que varios grupos inversores se peleaban por los derechos del jugador que estaba destacando tanto en el campeonato argentino como con la selección Sub20. Aunque, para sorpresa de todos, eso sí, el Papu fue actor secundario en la Copa del Mundo de la categoría en 2007 en la que Agüero brilló por encima de todos en un equipo que contaba con Mauro Zárate, Pablo Piatti, Maxi Morález o Ángel Di María en la parcela ofensiva.

Papu, con el Catania /
Maurizio Lagana/Getty Images
Con Arsenal ganó una Copa Sudamericana, siendo fundamentales sus dos tantos en la final ante América de México y en 2009 emigró a un San Lorenzo que buscaba llenar sus vitrinas. Allí coincidió por primera vez con Simeone y vivió una relación turbia con los dirigentes. Su actuación fue crucial en varios partidos, salvando la cabeza de un Cholo muy cuestionado por los resultados y de un equipo que iba a la deriva hasta que en el verano de 2010 se marchó al Catania, que estaba formando una colonia de jugadores argentinos considerados más bien residuales para según qué equipos nacionales. Allí iban los que no quería nadie. El Papu tuvo ofertas, muchas, pero San Lorenzo, poseedor solo de un porcentaje de sus derechos y sus dirigentes, con quien no había buena relación, decidieron mandarlo allí.

Desde que aterrizó, el Papu se erigió rápido como el mejor jugador de un equipo que iba encaminado a lo peor, con una directiva más pendiente de lo económico y lo extradeportivo que del fútbol (hoy el Catania está en Serie C por amaño de partidos). A ese Catania le cambió el gesto Simeone, que cogió un equipo en la UVI a mitad de temporada y con pocos recursos le acabó dejando en mitad de tabla sin apuros. Sentó las bases para un equipo que dos años después solo siguió en aumento. 111 partidos, 18 goles y 17 asistencias después, el Papu tomaba la decisión más importante de su vida.

El Inter de Milán había llamado a su puerta. Simeone le reclamó para el Atlético de Madrid, que estaba conformando una plantilla que acabaría ganando la Liga Española y también la Fiorentina se acercó a ver su situación. Pero él se fue al fútbol ucraniano y ahí su carrera dio un giro. Justo cuando reclamaba su convocatoria con la absoluta de Argentina, después de tres temporadas al máximo nivel en la Serie A, tomó una decisión que condicionó su futuro. "Tenía ofertas de Inter, Fiorentina y Atlético de Madrid, pero el Metalist fue más persistente. Lo consulté con mi familia y estuvimos de acuerdo", señala, y admite que la posibilidad inmediata de jugar Champions League con los ucranianos le atrae. Nada más aterrizar, la UEFA veta la participación de los ucranianos en torneo continental por amaño de partidos en 2008 y la relación equipo-jugador se empieza a fracturar.

Ese mismo diciembre aceptó rebajar su sueldo para llegar a la Fiorentina, pero el club no cedió. En verano, tras las vacaciones, alegando como motivos las revueltas que empieza a sufrir el país y la mala adaptación a su clima, el Papu, como muchos otros, decide salir de Ucrania y los clubes no pueden impedirlo. Recala en Atalanta, un club de categoría similar a lo que era el Catania cuando él estaba. Allí, Alejandro Gómez disputa ahora su tercera temporada, la que está haciéndole ser el centro de atención de la Serie A.

Tanto es así que a petición expresa del seleccionador italiano, Giampiero Ventura, solicitó la doble nacionalidad y es la Federación la que está luchando con FIFA para que el jugador pueda ser seleccionado por Italia. Al no haber jugado nunca un partido oficial con la absoluta albiceleste, la situación parecía ser viable, pero el máximo organismo del fútbol a nivel mundial se lo ha negado, pues alega que debería haber contado con esa doble nacionalidad ya en 2007, cuando disputó el Mundial Sub20 con Argentina.

Fuera como fuere, el Papu ha eclosionado. Jugador eterno de banda izquierda, regateador, gambetero y nunca goleador, la libertad con la que cuenta esta campaña para moverse por todo el frente de ataque le ha brindado de unas cifras que superan a cualquiera que haya logrado durante su carrera. Partiendo casi siempre desde la mediapunta tirado un poco a la izquierda, con la presencia de un delantero de área nato por delante como Petagna, el Papu ha colocado al Atalanta en quinta posición, por delante de equipos como Fiorentina o los dos de Milán y ahora sueña con jugar en Bérgamo la competición europea que nunca jugó en su carrera.

A sus 29 años, Italia no ha podido convocarle, pero Argentina, que necesita una renovación de trasfondo, podría encontrar en el Papu una solución para la parte ofensiva. Simeone, con quien ya coincidió en Catania y San Lorenzo, con quien tiene una gran relación y que ya ha pedido su fichaje para el Atlético de Madrid en varias ocasiones, volverá a poner su nombre encima de la mesa ahora que Gómez está en el mejor momento de su carrera. La camiseta número '10' de Atalanta es la que desde hace un par de años todos los niños llevan en la ciudad de Bérgamo. Y la culpa es del Papu Gómez, ese pequeño gran jugador de 1'65m que un día fue coronado como la nueva esperanza y que ha tenido que esperar a los 29 años para asentar su carrera. Quizás, la madurez llega demasiado tarde y este puede ser el último gran tren de un Papu Gómez que parece contento de seguir muchos años más en Atalanta. Aunque de ser así, no podrá nunca no tener remordimientos por no haberse enganchado a su última oportunidad.

martes, 24 de mayo de 2016

Tomás Conechny, el enésimo talento argentino

Cuando Tomás Conechny tenía 11 años, mantuvo con su padre una conversación que acabaría determinando su futuro. "Pá, prefiero jugar al balonmano, me gusta más", le dijo. "Pero Tomás...", apenas pudo contestar José, el papá, al principio. Ambos acabaron coincidiendo, al final, en que el fútbol en Argentina lo es todo y la decisión del pequeño acabó cambiando por completo. Y es que hasta entonces, Tomás Conechny (marzo de 1998), hoy estrella juvenil de Argentina, alternaba ambos deportes. Rápido, atlético, con una gran potencia de salto, Tomás destacaba mucho más en balonmano que en fútbol, donde era poco más que uno más entre tantos que deciden dar patadas al balón.

Conechny celebra un gol con Argentina Sub17 / FIFA
Y eso que el fútbol siempre había sido, desde pequeñito, su perdición. Empezó a practicar fútbol sala con ocho años y hoy, once años después, no ha parado. Comenzó su vida deportiva en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI), un club asentado en la ciudad de Comodoro Rivadavia en la provincia de Chubut y cuyo primer equipo se encuentra en la cuarta división del fútbol argentino. Desde que dejó el balonmano a un lado, la vida futbolística empezó a dar grandes saltos. En el verano de 2013, su entrenador en el CAI Mario Amado decidió llevarle a un torneo organizado por Quilmes en el que Humberto Grondona quedó impresionado al verle. Fue entonces cuando la albiceleste se cruzó en su camino y empezó a representar a Argentina Sub15. 

Su primer cometido entonces fue disputar la Copa México de Naciones de 2013 y, aunque no fue titular indiscutible, sí fue utilizado con asiduidad por el técnico Merelas. A la sombra de jugadores como Federico Vietto (hermano de Luciano), Conechny fue el jugador número 12 y anotó dos tantos en torneo. Uno de ellos, además, sirvió para dar el título a Argentina en la final (1-0) ante Uruguay. Tres meses más tarde viajaría con el mismo combinado para disputar el Sudamericano Sub15 en Bolivia. Allí recibiría una gran noticia: el Liverpool le quería y le había invitado a conocer las instalaciones. El jugador hizo las maletas, cruzó el gran charco y se preparó para conocer Anfield de cerca, para entrenar con los juveniles reds y para ver cómo era el equipo capitaneado por Steven Gerrard en aquella temporada que los de la ciudad de The Beatles estuvieron a un resbalón de hacerse con el título de Liga. No obstante, y debido a la reglamentación FIFA, nunca se pudo zanjar un traspaso y Conechny volvió a Argentina. 

Fue entonces San Lorenzo de Almagro, club que tiene un acuerdo con el CAI para la adquisición de jugadores talentosos, quien se atrevió a hacerse con sus servicios y tras pagar 300.000 dólares se se adueñó del 80% de los derechos del joven talento. Ese cambio nunca fue sencillo para el jugador, quien en realidad nunca pudo tomar parte en la toma de decisiones y con sólo 16 años emprendió un viaje para vivir en Buenos Aires, a 2000 kilómetros de su casa en Comodoro. Los convenció Marcelo Tinelli, vicepresidente del club de Boedo y para allá se marchó Tomás, a vivir en un apartamento con uno de sus tres hermanos. "Mi primera semana en Buenos Aires fue muy rara. No me acostumbraba a las nuevas sensaciones. Antes tardaba unos 15 minutos en ir a entrenar y ahora me llevaba más de una hora hacerlo", admitía. "En los primeros entrenamientos me costó, porque era el raro. Todos me miraban y me sentía en un sitio extraño", se sinceraba. "Ellos ya se conocían y yo era el nuevo, pero afortunadamente todos nos hicimos amigos rápido", sentencia.

Conechny no paró de hacer goles nada más llegar, jugando de delantero centro o de segundo punta, y fue ascendiendo en los distintos equipos inferiores de los cuervos. Tal fue su crecimiento que rápido le llamó Argentina Sub17 donde dejó de ser jugador número 12 para convertirse en el jugador más desequilibrante del equipo. Y es que tras dos derrotas en los dos primeros duelos (con Conechny saliendo desde el banquillo en ambos y cuajando grandes minutos, con gol incluido), Miguel Lemme decidió darle la titularidad en el resto del torneo. Argentina, contra las cuerdas, necesitaba dos victorias en los dos últimos partidos y esperar carambolas en los resultados de grupo. Y se dio gracias a otros dos goles del de San Lorenzo en ambos partidos. Y así, de equipo dubitativo y mediocre, se pasó a una Argentina que parecía imparable liderada por un menudo diablo zurdo con el dorsal 18 que había vuelto locas a todas las defensas y al que cuanto más protagonismo se exigía, más daba. 

En el hexagonal final se vivió el mayor de los sinsabores y una situación cómica o trágica. Y es que a la última jornada llegó Brasil como líder y Argentina sólo a dos puntos. La albiceleste había ganado a su eterno rival en la primera jornada por lo que un pinchazo de los brasileños podía dar el título a Argentina si conseguía la victoria. Todo el mundo se sorprendió cuando Conechny no sólo no saltó al campo, sino que se quedó en el banquillo con muletas y sin poder apenas caminar. Sin parte médico de por medio ni información de una posible lesión, saltaron todas las alarmas porque el mejor jugador del equipo y uno de los más destacados del torneo se iba a quedar sin poder sumar en el momento más importante. La tragedia se consumó porque Brasil cayó ante Colombia y Argentina, sin su líder en la víspera de su 17º cumpleaños, no pudo pasar del empate. 

Poco después de desveló el misterio de su ausencia. Y es que Conechny, fanático de la PlayStation, donde dice ser el mejor (sus compañeros así lo afirman), sufrió un contratiempo que bien pudo haber sido tragedia. Mientras jugaba con su compañero de equipo Mancuso, se apoyó en la ventana de la terraza. El cristal cedió, se rompió, y el chico cayó a la calle desde un primer piso de altura. Afortunadamente no pasó a mayores y, tras cortes, magulladuras y distintas contusiones, en  un par de semanas pudo volver a estar disponible sin problema alguno.

Conechny, con muletas, tras el incidente de la PlayStation
Su buen hacer en el torneo, donde fue tercer máximo goleador con cinco tantos (y el jugador con mejor ratio de gol por minuto) le valió el premio de acudir con la selección absoluta como sparring a la Copa América. Allí se entrenó con los mayores e hizo funciones de utillero. "En uno de los entrenamientos choqué con Mascherano y me mató", afirma. La AFA, muy cuidadosa con los detalles, mimando siempre a los mejores de cada generación que puedan liderar un equipo entero (como con Ángel Correa), le encargó a Conechny el cometido de entregarle a Messi la camiseta en su partido número 100 con la albiceleste. Fue elegido además como uno de los 50 mejores jugadores menores de 17 años del mundo. 

Conechny, con San Lorenzo reserva
Erigido ya como líder y cabeza visible, Lemme decidió darle la capitanía para el Mundial Sub17 que se celebró en Chile a finales del año pasado. Un torneo donde Argentina no dio la talla y se marchó con cero puntos en el casillero y un sólo tanto, anotado por Conechny, en los tres partidos que jugaron. Ese desastre no frenó el ímpetu del chico, al que San Lorenzo llamó para hacer la pretemporada. No obstante, no se quedó en la primera plantilla y volvió al equipo reserva, con quien acababa de ganar un título que hacía 16 años no se ganaba en Boedo y que este año no se ha podido revalidar.

Su compañero en las inferiores Berterame, medio año mayor que él, ya ha debutado con la primera plantilla en la Copa Libertadores y es sólo cuestión de tiempo que Conechny tome partida. De momento ya ha entrenado en varias ocasiones y reconoce que Néstor Ortigoza es su padrino, su referente, el ejemplo en el que se mira y el que más le ayuda en las prácticas. San Lorenzo tendrá el domingo un partido contra Lanús por el título de la Liga Argentina y el que gane saldrá campeón del Torneo de Transición 2016. Una vez terminado, todo hace indicar que cuando arranque el nuevo campeonato, Tomás Conechny empezará a aparecer en las convocatorias del primer equipo. Tiene contrato hasta 2017 y su padre afirma que no piensa otra cosa que en debutar y triunfar con los cuervos.

¿Cómo juega Tomas Conechny?

Con el referente de Ángel Correa aún en la retina, la hinchada de San Lorenzo ansía volver a tener un jugador de dibujos animados que la haga disfrutar cada domingo y en la recámara lo tienen. Los expertos lo comparan con el Kun Agüero más que con Ángel Correa, pues es un jugador pequeño, menudo, con un potente tren inferior y capaz de desenvolverse bien sólo en punta. Más goleador que asistente, más finalizador que creador, esa puntería cara al gol y ese juego más de espaldas que vertical como el de Correa le definen más como un ariete que como un segundo punta o un creador. Aunque, todo hay que decirlo, en los últimos meses ha jugado mucho de volante o interior por la banda. Con una rápida conducción de balón y un buen disparo (siempre con la izquierda) que completa con un buen remate de cabeza, Conechny se postula como un jugador nato de área con mucha movilidad, capaz de salir a las bandas o caer al medio sin problemas. Más un Agüero o Luis Suárez que un Lewandowski o un Forlán. Eléctrico, descarado, desvergonzado y hasta pesado para el defensor, de los que no da un balón nunca por perdido. Él mismo acepta y recoge el guante cuando se le intuye la comparación con el delantero del Manchester City. "Soy como el Kun. Rápido, potente, me gusta saltar para cabecear (pese a su 1'71m.), puedo jugar de referencia arriba o de segunda punta", se define.