jueves, 1 de junio de 2017

Doan y Kubo, una pandilla de pillos nipona

Doan (7) y Kubo (20) celebran el gol marcado a Sudáfrica
Japón ha caído en el Mundial Sub20 en octavos de final. Su verdugo, Venezuela, es quizás el equipo más serio de todo el torneo hasta la fecha (junto a Inglaterra), que no pudo deshacerse de los nipones más que en la prórroga, a 10 minutos de una tanda final de penaltis que habría podido dictar una suerte diferente. Pese a la pronta eliminación, los asiáticos deben estar contentos y orgullosos, primero porque han dado la talla y segundo porque han nacido dos estrellas: Takefusa Kubo y Ritsu Doan.

Desde hace tiempo, parece que los buenos jugadores japoneses aparecen en el panorama de dos en dos. Todos cortados por un mismo patrón. Uno es mediapunta hábil, móvil, con velocidad, cambio de ritmo. El otro, que también es atacante, es más pausado, tiene más rigor, mejor último pase y gusta más de asistir que de llegar. Lo vimos con Nakata y Nakamura, pioneros, y ahora con Honda y Kagawa, que han sido menos de lo que podían llegar a haber sido. Es el turno ahora de dos imberbes, Doan y Kubo.

Ritsu Doan (16 de junio de 1998) tiene solo 18 años y ha sido el líder y el mejor jugador de esta generación de samuráis. Omnipresente, escurridizo, el chico que juega en el Gamba Osaka ha marcado tres de los cuatro goles de Japón en el torneo. Su participación en el juego ha sido vital y ha visto cómo la libertad que le otorgaban sus compañeros para rendir por donde quisiera del campo le hacía aún más peligroso. Zurdo cerrado a la hora del golpeo, no tiene ese problema a la hora de conducir y ejecutar slalons con ambas piernas. Es imprevisible, tiene buen cambio de ritmo y llega con suma facilidad desde atrás. Él es Nakata, Honda. 

Takefusa Kubo (4 de junio de 2001) ha sido el jugador más joven del torneo. A sus 15 años ha sido una de las sensaciones de la cita y, aunque ha sido siempre parte del banquillo, cada vez que el entrenador ha querido verle en el campo, a Japón le ha cambiado el gesto. Le sucedió en el debut, cuando Japón iba cayendo por 1-0 y nada más entrar el chico generó los dos goles que dieron la vuelta al marcador. Su juego es más pausado, entre líneas, y no busca ganar, de momento, el cuerpo a cuerpo que sabe tiene perdido ante chicos cinco años mayores (y mucho más desarrollados) que él. Él es Nakamura, Kagawa.

Kubo fue parte de la Masía del FC Barcelona hace no mucho, cuando el chico y sus padres vivían en España. Ahora, en las filas del FC Tokyo, se ha convertido en el jugador más joven en jugar en la Primera División de Japón. El club catalán quiere recuperarle, pero la prohibición FIFA de fichar menores se lo impide por el momento. Doan fue uno de los chicos más jóvenes en jugar en Primera División y el año pasado el PSV llegó a un acuerdo para hacerse con sus servicios, pero la mano dura que está aplicando la FIFA en estos casos echó para atrás a los holandeses. Al final se quedó, y en los apenas 500 minutos que lleva como profesional, ya ha marcado cuatro goles.

Juegan a un toque, rápido, casi sin mirarse. No les hace falta. Tienen esa complicidad de quien parece llevar una década jugando juntos. Son dos chiquillos que se divierten en el parque con la sonrisa de oreja a oreja. Como suele suceder en esto del fútbol asiático, calidad y técnica les sobra a raudales. Otra cosa es la táctica y la fortaleza tanto física como mental, la gran barrera y el escollo principal que impide a la selección de Japón, año tras año, hacer gestas mejores en los Campeonatos del Mundo. De su adaptación rápida al fútbol europeo, de su regularidad en este y de su acierto a la hora de fichar por un club del viejo continente nacerá el dónde está su límite. No lo tendrán fácil, la historia así lo dice. Son muchos, mejores que ellos además, los que se han quedado en el camino. 

viernes, 26 de mayo de 2017

Yeferson Soteldo, talento por debajo del 1'60

Soteldo, en el Sudamericano Sub20/
RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images
Cuando Yeferson Soteldo coge el balón la fábula de David contra Goliat toma forma y se hace realidad. Se trata de un enano entre muchos gigantes, no solo uno, que intentan frenarle en el mayor de los casos sin éxito. Siendo uno de los nombres propios del Mundial Sub20 que se celebra estos días en Corea y uno de los destacados del pasado Sudamericano de la categoría, Yeferson Soteldo (30 de junio de 1997, Venezuela), que ya ha debutado con la absoluta y quema etapas a pasos agigantados, puede dar el salto a Europa más pronto que tarde.

Muy pocos entendieron su decisión de firmar el pasado mes de enero por el Huachipato chileno cuando por él preguntaba ya media Europa. Italia y España, sobre todo, se habían fijado en ese crío de 1'58 metros de altura que con 19 años ya tiene en su haber tres títulos ligueros de Venezuela. Debutó con el Caracas a los 16 años, como hiciera su ídolo Salomon Rondón, antes de dar el salto al Zamora, donde ha logrado un torneo Apertura, un Torneo Adecuación y una Primera División en el reciente nuevo calendario creado por la Federación Venezolana de Fútbol. 

Debutó con la selección absoluta el año pasado y se presenta ya como el futuro mediapunta de la vinotinto por muchos años. Su mayor hándicap es sin duda la altura. Soteldo es un enano, el jugador más pequeño del fútbol sudamericano, ya no va a crecer más y eso puede suponer una merma a la hora de dar el salto al fútbol del viejo continente, donde realmente está a día de hoy el máximo nivel y donde se requiere mucho más juego tanto físico como técnico y táctico. Los casos son numerosos. Diego Buonanotte, líder de River Plate que nunca pudo competir en Europa. Algo parecido le sucedió a Maxi Moralez, que tras reinar en torneos juveniles y hacer un buen papel en la Liga Argentina, nunca pudo pasar de un juego discreto e irregular con el Atalanta, en el que fue quizás su mejor paso a nivel internacional.

Por eso, Yeferson Soteldo tiene muchas posibilidades de quedarse en el camino, pese a ser un talento innato y un prodigio del balón. Y es una pena. Uno le ve driblar desde la mediapunta, ganar balones divididos a jugadores que le sacan dos cabezas. Soteldo hace de su tren inferior una gran baza. Es rápido, realmente rápido y escurridizo. Pero ha de llegar antes siempre que su rival si no quiere salir perdiendo en el balón dividido o el balón aéreo. Se hace sumamente complicado arrebatarle el balón cuando lo tiene controlado, porque lo conduce pegado al pie, es imprevisible y tiene un cambio de ritmo demoledor.

Soteldo fue uno de los jugadores más destacados del Sudamericano Sub20 celebrado en enero. Con tres goles y dos asistencias, se metió en la parte alta del máximo artillero y el máximo pasador y ayudó a Venezuela a llegar al Mundial Sub20, donde su selección está siendo una de las mejores en cuanto a forma y resultados y su portentoso ataque (junto a Ronaldo Peña, Cordova y Peñaranda) le hacen candidato a todo. Y eso que Soteldo llegó en baja forma, tras una lesión de rodilla que le produjo una entrada criminal del futbolista Camargo durante un partido de la Liga de Chile y que le tuvo entre algodones hasta minutos antes del debut.

Soteldo, apodado Minion por motivos evidentes, sigue progresando poco a poco en el fútbol sudamericano. No es un goleador consumado, pero es buen asistente y un generador de peligro constante. Quiere cocer a fuego lento antes de pensar en dar un salto a Europa, donde sabe tendrá que hacer muchos méritos para ser competitivo. De momento, en Venezuela y Chile disfrutan de su juego. Hay vida más allá del fútbol europeo. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Ryan Sessegnon, el carril siniestro de Inglaterra

¡Muchas felicidades, Ryan Sessegnon (18 de mayo de 2000, Inglaterra). Y felicidades también para los fans del Fulham, porque su próxima estrella, que solo tiene 17 años, firmará en los próximos días su primer contrato profesional, ahuyentando así los cantos de sirena provenientes de Chelsea, Liverpool, Bayern de Múnich, Manchester United, Manchester City... Todos los grandes del país, en definitiva, y alguno que se ha querido sumar a la fiesta.

Cuando Jokanovic llegó en julio de 2016 para preparar la pretemporada del Fulham, solo exigió una cosa al club. Quería que Ryan Sessegnon, el joven que apenas acababa de cumplir 16 años, estuviera con ellos en el stage y se quedara en la primera plantilla. Visto el reciente acierto del club con los imberbes (Mousa Dembelé, Patrick Roberts, etc), nadie puso ninguna pega.

Sessegnon, ante el Tottenham en FA Cup /Clive Rose/Getty Images
Y es que, lo que Ryan Sessegnon acababa de hacer unos meses antes debería aparecer en los libros que se escriban sobre precocidad. O reescribir los ya publicados. Con 15 años, en la primavera de 2016, Steve Cooper, técnico de la Sub17, se atrevió a convocarle con chicos dos años mayores que él para el clasificatorio del Europeo Sub17. A esas edades, el desarrollo físico es un hándicap difícilmente superable y por eso es difícil ver jugadores menores a la edad límite. De hecho, lo más lógico, es que los seleccionadores suelan estirar las convocatorias de los más añejos todo lo posible.

Así las cosas, tras un par de dobles partidos a gran nivel, el chico se ganó un sitio en la nómina que el seleccionador se llevó en mayo para jugar la copa europea. Si bien en los clasificatorios había actuado como extremo, en el torneo lo hizo desde el lateral. Y fue, de manera descarada, el mejor de los pross, que se quedaron eliminados en cuartos de final tras cruzarse con una España que perdió la final en los penaltis.

Sessegnon llegó al Fulham con nueve años de la mano de su hermano gemelo Steven. Aunque las trayectorias desde ambos desde entonces han sido radicalmente opuestas. Considerado ya por gran parte de la opinión pública como el próximo Gareth Bale (por la posición con la que iniciaron sus carreras), Sessegnon ha alternado este año el lateral zurdo y el extremo siniestro. Ha jugado 31 partidos en los que ha marcado siete goles y ha repartido cinco asistencias. En su haber, hasta que alguien le supere (y pasará tiempo) tiene ya el récord de ser el goleador más joven de la historia de la Segunda División Inglesa (l6 años y 94 días).

"No importa la edad, se trata de saber si estás preparado para jugar al fútbol o no", afirma su técnico Jokanovic, que le ha pedido a los dueños del Fulham refuerzos para tratar de ascender el próximo curso a la Premier League y ha señalado que el mejor fichaje sería retener a su nueva perla. "Es uno de los mejores talentos del país, somos nosotros los que tenemos que cuidarlo", sentencia.

Su mejor actuación hasta la fecha tuvo lugar ante el Newcastle, campeón de la Liga, al que le vacunó con dos dianas (su primer doblete como profesional) para arrebatarle la victoria. Pero la precocidad del chico, que a sus 16 años recién cumplidos ya había debutado con la selección Sub19, viene de lejos. Con 14 años debutó en el tercer equipo del Fulham, preparado para jugadores de 18 años.

A sus recién cumplidos 17 años, sus condiciones son bárbaras. Desborde, regate, llegada, facilidad para hacer gol, velocidad y fuerza. No aparenta tener la edad que dice su DNI y el Fulham, que en los últimos años es una mina, ha encontrado una nueva perla en su cantera. Los grandes clubes ya se pelean por él, y en esta época de burbuja económica, cualquiera puede hacer una locura de cifras insospechadas.Sea como fuere, la carrera de Ryan Sessegnon no ha hecho más que empezar, pero no parece que vaya a ser de las que duran poco y se quedan sin éxito en el olvido.


martes, 16 de mayo de 2017

Mundial Sub20 (2017): Jugadores a seguir

Como cada dos años, los mejores jugadores juveniles se dan cita en el Campeonato del Mundo de la categoría. Serbia, vigente campeona, no podrá defender el título al no haberse clasificado. Tampoco Brasil, que fue subcampeona, ni Malí, tercera. Será un podio completamente nuevo en el que Argentina y Francia parecen ser los combinados más potentes. Cabe destacar, eso sí, que las siempre competitivas Italia y Alemania se darán cita y que Inglaterra presenta una gran nómina de jugadores. Uruguay, campeona de Sudamérica y las selecciones africanas, siempre potentes en estas categorías, deberían ser importantes. Aquí, los jugadores más destacados de cada combinado.

Santiago Ascacibar (Argentina): Pequeñito pero matón. El pivote de Estudiantes de la Plata será uno de los jugadores con más experiencia profesional de todo el torneo. Un recuperador nato que da una primera salida de juego sencilla, fácil, sin complicaciones. Pegamento necesario para el centro de campo de un combinado argentino que, en estas categorías, suele destinar su suerte a la improvisación de sus jugadores talentosos. Su trabajo no es fácilmente visible. 

Marcelo Torres (Argentina): Acudió al pasado Sudamericano sin casi cartel y se convirtió rápidamente en uno de los jugadores revelación. Su facilidad para ver gol y su oportunismo pueden ser cruciales aunque, a priori, partirá como suplente. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Lautaro Martínez (Argentina): Su presencia en el torneo está en entredicho, toda vez que un fuerte golpe en el último amistoso ante Vietnam le tiene a día de hoy en el hospital con una fractura en la tráquea y en el tabique nasal. Vivía un momento dulce tras dar el salto al primer equipo de Racing de Avellaneda, donde se había hecho a base de goles con la titularidad. Ahora habrá que esperar. Su posible baja, unida a la segura de Ezequiel Barco, debilitan a la albiceleste. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Tomás Conechny/JUAN CEVALLOS/AFP/Getty Images
Tomás Conechny (Argentina): Es posiblemente el jugador con más talento del torneo. Segundo delantero o jugador de banda izquierda, Conechny, capitán de la Sub17 y llamado a liderar esta Sub20, ha ido perdiendo impacto con el paso de los meses. En el Sudamericano fue suplente de manera sorpresiva aunque siempre que tuvo minutos demostró que es un jugador de otra pasta. Regateador, peligroso, rápido, de los de sacar petróleo de la nada. El Correa, Agüero o Messi que Argentina ha presentado en otras ediciones. Fue el segundo máximo asistente del Sudamericano Sub20.

Ezequiel Ponce (Argentina): Formado ya totalmente como profesional, su año en el Granada ha sido un continuo sube y baja. Su veteranía debería ser un plus en esta categoría y debería ser el delantero titular sin problema, sobre todo con las bajas de sus homólogos. Desde que ha vuelto a la Sub20 no ha dejado de marcar.

Marcos Senesi (Argentina): Es el mejor defensor de la selección y, sorpresivamente, se le dan pocas oportunidades. Argentina fue un caos en el Sudamericano sin el de San Lorenzo y en esta ocasión no se le ha querido dejar fuera. 

Bryan Cabezas (Ecuador): El extremo del Atalanta ya fue uno de los más destacados en el Sudamericano. Un solo jugador que es capaz de poner patas arriba un partido. Su llegada al fútbol europeo hace ya tiempo le han hecho ir un pasito por delante del resto de jugadores. Fue uno de los cuatro máximos goleadores del Sudamericano Sub20.

Pervis Estupiñan (Ecuador): Un puñal en el costado ecuatoriano. A veces como lateral, a veces como interior, el del Granada es incisivo y tiene un guante en su zurda.

Adam Armstrong (Inglaterra): El delantero del Newcastle es puro nervio. Velocidad incontrolable y un descaro tremendo. Cedido en el Barsnley, ha sido uno de los jugadores más determinantes del equipo en Championship pese a su bisoñez. Debería formar pareja de ataque con Solanke, aunque en caso de jugar solo con un delantero podría salir perjudicado y verse relegado a ser un revulsivo.

Solanke, con el Chelsea Reservas
/Alex Pantling/Getty Images
Dominic Solanke (Inglaterra): Es el llamado a heredar el dorsal número 9 del Chelsea en unos años. Jugador habilidoso y muy eficaz dentro del área. Este año se ha quedado como delantero reserva del Chelsea y al final no ha tenido minutos. Llega fresco al torneo, pero con una gran falta de ritmo que le puede pasar factura.

Sheyi Ojo (Inglaterra): Extremo desequilibrante. Ya ha debutado con el Liverpool en Premier League y es de esos jugadores que debe tener un puntito más que el resto. De sus cabalgadas por la izquierda llegará gran parte del peligró de los pross.

Jean Kevin Augustin (Francia):Situación parecida a la de Solanke. Delantero del PSG, se quedó en la primera plantilla en búsqueda de minutos que no ha logrado tener. El mejor jugador y máximo goleador del Europeo Sub19 del año pasado es uno de los jugadores a tener en cuenta por su olfato, su poderío físico y su versatilidad. Desarrollado por encima del resto, será difícil frenarle.

Lucas Tousart (Francia): Una de las revelaciones del campeonato francés. Tousart es un jugador del centro del campo con mucho recorrido e inteligencia. Llega en un gran momento de forma, tras ser titular indiscutible en el tramo final del curso con el Lyon.

Takefusa Kubo (Japón): Con 15 años, será el jugador más joven del torneo. Estuvo en La Masía durante cuatro años con el Barcelona, pero acabó volviendo a su Japón natal y ahora la reglamentación FIFA no permite una vuelta prematura antes de que sea mayor de edad. Ya ha debutado en la primera división de Japón y aunque le faltan experiencia y cuerpo, le sobra descaro y desparpajo para caracolear en la mediapunta.

Takefusa Kubo/Lukas Schulze/Getty Images
José Gomes (Portugal): Ze Gomes o Ze Golo, como se le llama, está destinado a ser el ariete de Portugal muchos años junto a André Silva. El delantero del Benfica fue la sensación del Europeo Sub17 la temporada pasada donde fue máximo goleador en un torneo que ganó su país. La palabra que mejor le define posiblemente sea precocidad. Mete goles de todos los colores.

Santiago Bueno (Uruguay): Central espigado, rápido y con buena salida de balón. Cualidades que no han pasado desapercibidas para un Barcelona que se hizo con sus servicios hace apenas unos meses. 

Joaquín Ardáiz (Uruguay): Delantero puro de área, oportunista. A priori, jugará un rol suplente, como ya hiciera en el Sudamericano. Su facilidad para hacer gol en momentos complicados le hace fundamental en cualquier convocatoria. Un jugador con grandes recursos, buen olfato y que siempre aprovecha su momento.

Nicolás Schiappacasse (Uruguay): Parte con ventaja para ser el titular de los charrúas. Fue crucial en la consecución del Sudamericano Sub20, aunque tuvo partidos donde no estuvo acertado. Es la esperanza y la perla de Uruguay, pero a sus 18 años recién cumplidos se le exige que marque diferencias. Peleón, rápido y aguerrido, el ariete del Atlético de Madrid tiene que destacar en estos torneos de cara a coger confianza para gestas mayores. Su mayor enemigo es él mismo.

Amaral con la Sub20/JUAN RUIZ/AFP/Getty Images
Rodrigo Amaral (Uruguay): Más fútbol en una uña de uno de los dedos de su zurda que todo el resto de jugadores del torneo juntos. Su mayor problema es su físico. Amaral tiende a engordar con facilidad, aunque su estado de forma lamentable no le impidió ser el jugador diferencial en el Sudamericano Sub20, donde se erigió como pichichi. Potencia, disparo, visión de juego, Amaral, el capitán, lo tiene todo para brillar. 

Rodrigo Bentancur (Uruguay): El ya jugador de la Juventus tiene que demostrar más de lo que ha exhibido hasta ahora con la albiceleste. Por sus galones en Boca y su experiencia se le exige que sea determinante, que lleve el tempo y la manija de todos los partidos, cosa que no hace con regularidad. Aún un poco blando en lo físico, su toque de balón debería marcar diferencias.

Facundo Waller (Uruguay): Es el mejor socio de todos. Máximo asistente del Sudamericano Sub20, Waller combina el trabajo defensivo y el sacrificio con el último pase.

Gedion Zelalem (USA): El meciodentro del Arsenal es el líder de los norteamericanos. Su físico privilegiado le hace ser uno de los jugadores más destacados de estos torneos. Con todo, en los últimos años se ha quedado estancado y la calidad del equipo no le dejará exhibirse demasiado.

Cameron Carter-Vickers (USA): El defensa del Tottenham es uno de los mejores zagueros del torneo. Llega a la cita entre algodones por una lesión de rodilla que le ha mantenido demasiado tiempo en la enfermería y que le ha privado incluso de poder debutar con el primer equipo de los spurs.

Adalberto Peñaranda (Venezuela): Se perdió el Sudamericano por los compromisos con su equipo. Tras romper el cascarón hace unos meses, su último año no ha estado a la altura de los que se preveía en su fútbol y este torneo debería ser un punto de inflexión en su carrera.

Ronaldo Peña (Venezuela): Debería ser titular, pese a la presencia de Peñaranda. Delantero tanque, de área, rematador y goleador con el filial de Las Palmas. Va de menos a más siempre en las citas de este estilo.

Yeferson Soteldo (Venezuela): Otra de las grandes alegrías del Sudamericano, donde estuvo arriba en las listas de goleadores y asistentes. Jugador bajito, con un gran tren inferior. Regateador, eléctrico, vibrante, imparable. Porque las mejores esencias siempre se guardan en frascos pequeños.

Soteldo, contra Argentina/JUAN CEVALLOS/AFP/Getty Images







jueves, 27 de abril de 2017

La madurez tardía del Papu

Papu Gómez se coloca el brazalete de capitán / Marco Luzzani/Getty Images
Con 29 años recién cumplidos, los 14 goles y 10 asistencias que ostenta el Papu Gómez esta temporada, han llevado al Atalanta a su mejor clasificación en más de dos décadas. Los de Bérgamo se sitúan a falta del tramo final del curso en quinta posición y sueñan con volver a competición europea muchos años después.

"Solo saldré del Atalanta si llega una oferta de un club para jugar en Europa League o Champions League", afirmaba Alejandro Gómez (Buenos Aires, 1988) al principio de la campaña, cuando su nivel individual estaba varios peldaños por encima de un Atalanta que vagaba por la zona media baja de la tabla en la Serie A. Entonces, equipos de mejor reputación en el país transalpino y alguno algo más pintón de Europa preguntaron por ese chico que saltaba a jugar con un brazalete de capitán en el que se reflejaban los protagonistas de Supercampeones (Óliver y Benji) con los que toda una generación creció con un sueño común: vivir por y para el fútbol. El balón como tu mejor amigo.

Hubo una época, hace algo más de 10 años, en la que el Papu Gómez era ese niño bajito gambeteador que aterrorizaba las defensas por su precocidad y su velocidad. Ese eterno nuevo Maradona que en Argentina no se cansan nunca de buscar y cuya etiqueta tantas carreras ha destrozado. Su debut llegó con Arsenal de Sarandí con solo 17 años, club que le había visto crecer desde los ocho y su impacto fue tremendo. Tanto, que varios grupos inversores se peleaban por los derechos del jugador que estaba destacando tanto en el campeonato argentino como con la selección Sub20. Aunque, para sorpresa de todos, eso sí, el Papu fue actor secundario en la Copa del Mundo de la categoría en 2007 en la que Agüero brilló por encima de todos en un equipo que contaba con Mauro Zárate, Pablo Piatti, Maxi Morález o Ángel Di María en la parcela ofensiva.

Papu, con el Catania /
Maurizio Lagana/Getty Images
Con Arsenal ganó una Copa Sudamericana, siendo fundamentales sus dos tantos en la final ante América de México y en 2009 emigró a un San Lorenzo que buscaba llenar sus vitrinas. Allí coincidió por primera vez con Simeone y vivió una relación turbia con los dirigentes. Su actuación fue crucial en varios partidos, salvando la cabeza de un Cholo muy cuestionado por los resultados y de un equipo que iba a la deriva hasta que en el verano de 2010 se marchó al Catania, que estaba formando una colonia de jugadores argentinos considerados más bien residuales para según qué equipos nacionales. Allí iban los que no quería nadie. El Papu tuvo ofertas, muchas, pero San Lorenzo, poseedor solo de un porcentaje de sus derechos y sus dirigentes, con quien no había buena relación, decidieron mandarlo allí.

Desde que aterrizó, el Papu se erigió rápido como el mejor jugador de un equipo que iba encaminado a lo peor, con una directiva más pendiente de lo económico y lo extradeportivo que del fútbol (hoy el Catania está en Serie C por amaño de partidos). A ese Catania le cambió el gesto Simeone, que cogió un equipo en la UVI a mitad de temporada y con pocos recursos le acabó dejando en mitad de tabla sin apuros. Sentó las bases para un equipo que dos años después solo siguió en aumento. 111 partidos, 18 goles y 17 asistencias después, el Papu tomaba la decisión más importante de su vida.

El Inter de Milán había llamado a su puerta. Simeone le reclamó para el Atlético de Madrid, que estaba conformando una plantilla que acabaría ganando la Liga Española y también la Fiorentina se acercó a ver su situación. Pero él se fue al fútbol ucraniano y ahí su carrera dio un giro. Justo cuando reclamaba su convocatoria con la absoluta de Argentina, después de tres temporadas al máximo nivel en la Serie A, tomó una decisión que condicionó su futuro. "Tenía ofertas de Inter, Fiorentina y Atlético de Madrid, pero el Metalist fue más persistente. Lo consulté con mi familia y estuvimos de acuerdo", señala, y admite que la posibilidad inmediata de jugar Champions League con los ucranianos le atrae. Nada más aterrizar, la UEFA veta la participación de los ucranianos en torneo continental por amaño de partidos en 2008 y la relación equipo-jugador se empieza a fracturar.

Ese mismo diciembre aceptó rebajar su sueldo para llegar a la Fiorentina, pero el club no cedió. En verano, tras las vacaciones, alegando como motivos las revueltas que empieza a sufrir el país y la mala adaptación a su clima, el Papu, como muchos otros, decide salir de Ucrania y los clubes no pueden impedirlo. Recala en Atalanta, un club de categoría similar a lo que era el Catania cuando él estaba. Allí, Alejandro Gómez disputa ahora su tercera temporada, la que está haciéndole ser el centro de atención de la Serie A.

Tanto es así que a petición expresa del seleccionador italiano, Giampiero Ventura, solicitó la doble nacionalidad y es la Federación la que está luchando con FIFA para que el jugador pueda ser seleccionado por Italia. Al no haber jugado nunca un partido oficial con la absoluta albiceleste, la situación parecía ser viable, pero el máximo organismo del fútbol a nivel mundial se lo ha negado, pues alega que debería haber contado con esa doble nacionalidad ya en 2007, cuando disputó el Mundial Sub20 con Argentina.

Fuera como fuere, el Papu ha eclosionado. Jugador eterno de banda izquierda, regateador, gambetero y nunca goleador, la libertad con la que cuenta esta campaña para moverse por todo el frente de ataque le ha brindado de unas cifras que superan a cualquiera que haya logrado durante su carrera. Partiendo casi siempre desde la mediapunta tirado un poco a la izquierda, con la presencia de un delantero de área nato por delante como Petagna, el Papu ha colocado al Atalanta en quinta posición, por delante de equipos como Fiorentina o los dos de Milán y ahora sueña con jugar en Bérgamo la competición europea que nunca jugó en su carrera.

A sus 29 años, Italia no ha podido convocarle, pero Argentina, que necesita una renovación de trasfondo, podría encontrar en el Papu una solución para la parte ofensiva. Simeone, con quien ya coincidió en Catania y San Lorenzo, con quien tiene una gran relación y que ya ha pedido su fichaje para el Atlético de Madrid en varias ocasiones, volverá a poner su nombre encima de la mesa ahora que Gómez está en el mejor momento de su carrera. La camiseta número '10' de Atalanta es la que desde hace un par de años todos los niños llevan en la ciudad de Bérgamo. Y la culpa es del Papu Gómez, ese pequeño gran jugador de 1'65m que un día fue coronado como la nueva esperanza y que ha tenido que esperar a los 29 años para asentar su carrera. Quizás, la madurez llega demasiado tarde y este puede ser el último gran tren de un Papu Gómez que parece contento de seguir muchos años más en Atalanta. Aunque de ser así, no podrá nunca no tener remordimientos por no haberse enganchado a su última oportunidad.

jueves, 20 de abril de 2017

Malcom, visión de futuro del Girondins

Malcom / NICOLAS TUCAT/AFP/Getty Images
No hubo un movimiento mejor en el mercado invernal de la pasada temporada que el de Malcom (febrero de 1997, Brasil) al Girondins de Burdeos. El chico, que entonces tenía aún 18 años, dejó el Corinthians brasileño para, por cinco millones de euros, recalar en la Ligue 1 francesa. ¡Cinco millones de euros! Cuando lo vi de primeras anunciado, pensé que no se podía tratar del Malcom que yo conocía. Ese chico valía más. Pero no, era Malcom. El único.


El Girondins no solo se había hecho con uno de los jugadores jóvenes de Sudamérica con más proyección, sino que lo había conseguido por un precio irrisorio para los tiempos en los que vivimos, donde por cualquier medianía te hacen casi hipotecarte de tu estadio. Sin ir más lejos, el Ajax holandés acaba de pagar 15 millones por David Neres, un jugador del mismo perfil que Malcom pero con mucho menos recorrido hasta la fecha si cruzamos sus jóvenes trayectorias. Los franceses, además, aseguran también llenarse las arcas de manera ingente cuando el canarinho dé el salto a un equipo de mayor nivel, incluso del top mundial. Cosa que, vista su progresión, no parece tardará.

Su adaptación no fue sencilla. Cruzar el gran charco con 18 años, llegar a una cultura diferente, con compañeros nuevos y a jugar el fútbol a un ritmo mucho más alto en una competición que ya estaba en su ecuador no es para nada fácil. Por eso, durante el curso pasado, el conjunto galo usó a su nueva perla en diversos partidos como suplente, siendo casi siempre de la partida desde el banquillo y dándole minutos en pequeñas dosis para que lograra cuanto antes la aclimatación. El devenir del Girondins, asentado en mitad de tabla sin posibilidad de nada mejor y sin el peligro de caer en zonas de peligro, ayudó a que el equipo no contase con la necesidad de la victoria jornada tras jornada y la presión brilló por su ausencia, por lo que la transición del brasileño del banquillo al terreno fue dulce.
Malcom aterrizó en Francia como un extremo resultón. Un jugador de banda con mucho regate que en sus primeras dos temporadas como profesional en la Serie A brasileña (54 partidos) había logrado siete goles y cinco asistencias. Zurdo, Malcom juega mejor a banda cambiada, aunque su conducción con ambas piernas le hace imprevisible. Ahí, en la derecha, su estilo de juego, de llevar el balón, de regate, tiene un deje que recuerda al de ese primer Robinho que brilló en el Santos por quien se peleaba Europa entera y a ese que dejó unos primeros grandes meses en Madrid, antes de desaparecer del panorama. Aunque, tirando más a la lógica, haciendo un paralelismo más ajustado y proyectándole en un panorama más representativo, Malcom se parece más a Douglas Costa en todo.

Ambos zurdos y con un recorrido similar, la sorpresa saltó cuando el Shakthar se hizo en su día con el brasileño. Y es que aunque toda Europa iba tras el jugador del Gremio, el extremo hoy del Bayern acabó decantándose por recalar en la pequeña colonia brasileña que tiene el equipo ucraniano desde hace temporadas. Quizás ese paso intermedio, el no aterrizar directamente en un equipo primer espada, fue el que acabó por llevar a Douglas Costa a lo que es hoy, uno de los jugadores más desequilibrantes del mundo. Ese que no supo dar Robinho, lanzado al estrellato primero y estrellado después. Y ahí, Malcom, previsor, cauteloso, parece haber encontrado camino.

Y es que el del Girondins esta temporada no tiene competencia en la banda derecha y se ha convertido en el mejor jugador del equipo. Cuando el partido está apurado, Malcom; cuando la pelota quema en los pies, Malcom; si hay que ponerle pausa, Malcom; si hay que ponerle velocidad, también Malcom. Ha disputado ya 40 partidos esta campaña, entre Liga y Copas, y ha logrado unas nada desdeñosas cifras de ocho goles y cinco asistencias. 

En una plantilla de edad joven, que se cimenta en la veteranía de Toulalan, el meta Carrasco y los minutos que puede aún dar Plasil, el buen hacer de Malcom empezó por obligar al técnico a alinear a Jeremy Ménez, su jugador más diferencial sobre el papel, la estrella, el que más cobra, a su banda menos hábil hasta acabar desterrándole al banquillo. Y es que Malcom es sobre el campo el jugador más importante, aquel, por el que pasa todo el juego de ataque, la responsabilidad ofensiva. Su talento, su visión, sus ganas y sobre todo su habilidad para driblar y para generar constante peligro le hace un jugador temible. Un extremo que, siendo casi un adolescente, aún tiene que mejorar bastante, pues en el juego físico suele salir mal parado y apenas posee poderío aéreo. Aún requiere de rigor táctico y, aunque sabe leer muy bien las situaciones de partido, con la experiencia que dan los años de competición irá adquiriendo cualidades como la de elegir mejor y la de leer mejor los partidos. Además, aún tiene que potenciar su disparo.

Malcom, a sus 20 años recién cumplidos, es ya uno de los futbolistas jóvenes más destacados del continente, nominado al Golden Boy 2017, el galardón que elige al mejor jugador sub21 de Europa (el mini Balón de Oro) y que ya han ganado jugadores como Messi, Pogba, Fábregas, Agüero, Rooney, Renato Sanches, Isco, Pato o Sterling. Gracias en parte a su buen hacer sobre el césped, el Girondins de Burdeos ha dado un gran salto con respecto a la temporada anterior y ahora en la quinta plaza, peleará con el Olympique de Marsella por el último puesto que da acceso a la Europa League a falta de cinco jornadas para el final de la Ligue One.

Jugará en Francia hasta que él considere que está apto para dar el paso adelante. Y aunque en realidad un año y medio de adaptación le han servido para estarlo, será él quien decida, con tiento, la mejor opción para su futuro. Italia, España e Inglaterra le abrirán sus puertas en cuando los movimientos de mercado den su pistoletazo de salida. Y si alguien busca un extremo hábil y desequilibrante, Malcom, por ganas, por habilidades y por precio (porque al estar en un equipo menor y al haber costado poco las exigencias del Girondins serán menores) es el jugador idóneo para ocupar el flanco derecho del ataque

jueves, 13 de abril de 2017

Sandro, renacido en La Rosaleda



Casi desconocido hace apenas un par de años, defenestrado por la opinión pública barcelonista por su poca puntería cara a portería y su escasa efectividad a la hora de ser recambio de garantías de Messi, Neymar y Luis Suárez (casi nada), Sandro Ramírez (Gran Canaria, 1995) ha tenido que bajar un par de peldaños en la pirámide futbolística para dar un paso adelante en su carrera. 

El canario se siente importante en Málaga, donde es la punta de lanza del equipo que hoy entrena Michel. El delantero tuvo bien claro que sería él quien decidiría su futuro. Por eso, tras toda una vida enrolado en las filas del Barcelona, decidió no renovar con el club catalán justo cuando estaba preparado para dar el salto al primer equipo. Ser actor secundario de garantías en un Barcelona con semejante tridente se antoja complicado. Por eso Munir no dio la talla, por eso Pedro tuvo que buscar una salida y por eso Paco Alcácer pasa más minutos entre el banquillo y la grada que sobre el césped. A Sandro el tiempo le ha dado la razón. Quiso ser siempre dueño de su futuro.

Por eso, cuando el Málaga se animó a su contratación, las condiciones del punta no eran para nada del agrado del club andaluz. Sandro, que firmó gratis por tres años, exigió tener una cláusula de rescisión baja (6 millones de euros) para que, en caso de hacer una gran campaña (cosa que está sucediendo) pudiera volver a tener libertad de decisión. Fueron lentejas para el Málaga, que acabó haciéndose con los servicios de un jugador que le reportaría seis millones en un solo año y de cuyo hacer podría servirse durante la temporada. Y en caso de salir mal, se tendrían el uno al otro y nadie se habría dejado dinero excesivo. Un mero matrimonio de conveniencia.

Porque el nivel que podría dar Sandro en Primera División era una absoluta incógnita. El jugador, en sus pocas apariciones con el primer equipo del Barcelona, había generado más dudas de las que debería. Sobrepasado por querer hacer más de lo que se le debería exigir en tan poco tiempo, Sandro nunca se sintió cómodo en Barcelona. Sus cifras anotadoras en el equipo B del club catalán tampoco eran las de un delantero killer (en parte porque alternaba la delantera con la banda) y su rendimiento en la máxima categoría, fuera cual fuera el club en el que fuera a jugar, estaba en entredicho.

Sandro celebra un gol / TWITTER
Pero la directiva del Málaga acertó, y de qué manera, con un jugador que ha pasado por todas las categorías inferiores de la selección española y que en la campaña actual lleva 11 goles (9 en Liga) en 24 partidos y que, de no ser por una lesión que le ha tenido apartado más de un mes de los terrenos de juego, estaría luchando por el Trofeo Zarra al máximo goleador nacional con Iago Aspas. El Málaga ha ganado ocho partidos ligueros esta temporada y en siete de ellos Sandro ha visto puerta. Solo ante el Atlético de Madrid en el Calderón y ante el Sevilla en el Pizjuán el canario logró anotar sin que el Málaga se llevara los tres puntos.

Por eso, de los 33 puntos que lleva el Málaga, se le pueden atribuir al ya ex del Barcelona 21 de ellos. Pero Sandro no es solo números. Uno de los aspectos que más destaca de él es su polivalencia y su capacidad para partir desde cualquiera de los dos costados (aunque el prefiere el izquierdo) hacia dentro para acabar las jugadas. Esa potencia de conducción, ese control orientado largo siempre preparando su portentoso disparo desde lejos es un arma que aterra a los rivales y, en cierto modo, puede recordar un poco al estilo de juego que poseía Diego Forlán, que vivió una gran carrera en La Liga en las filas de Villarreal y Atlético de Madrid. (Ojo, atención, no se está comparando la calidad goleadora del uruguayo con la de Sandro, ni sus habilidades, sino que se compara un aspecto del juego en el que son parejos).

Sandro, además, se ha consolidado como uno de los mejores ejecutores del balón parado y esta temporada ya ha logrado marcar tres dianas a balón parado, todas de bella factura. Su partido ante el Barcelona el pasado fin de semana pone en cuestión el acierto del equipo catalán dejándole marchar y fichando como recambio suyo a un Paco Alcácer que parece estancado y que costó 30 millones. Y si bien es cierto que fue el jugador quien no accedió a renovar, sí que el Barça pudo hacer algo más por intentar mantenerle en plantilla. Sandro necesita espacios para correr, sentirse liberado, y el intercambio de golpes, el fútbol de ida y vuelta y los partidos rotos se acomodan a su estilo.

Sandro Ramírez está haciendo méritos suficientes para volver a subir un escalón más en la pirámide futbolística y unir su nombre a un equipo que pueda aspirar a cotas mayores y jugar competición europea. Tiene el carácter de ese que prefiere no quedarse relegado a un segundo plano y, aunque tenga que trabajar el doble, buscarse un futuro desde abajo. En los nueve partidos en los que no pudo estar por lesión, el Málaga solo venció en uno y tras su recuperación ha ido jugando cada vez más minutos hasta lograr estar al 100% de su rendimiento en los últimos cuatro duelos, de los cuales el Málaga ha ganado dos (Barcelona y Sporting con goles de Sandro), ha perdido uno (Atlético de Madrid) y ha empatado otro (Leganés). 

Sandro radicaliza todo el juego y es capital en un Málaga que sabe que si el jugador quiere puede abrir la puerta de salida el próximo verano. Novias no le van a faltar. Como uno de los últimos delanteros en pisar la Sub21, presenta también su candidatura a ser uno de los jugadores que puedan acudir en próximas convocatorias con la absoluta de Lopetegui. Su siguiente paso debe ser adecuado para no volver a cometer errores del pasado y engordar el banquillo de un equipo que no le tenga como fundamental y donde pueda sentirse realmente útil. Y no parece ser de esos que toman decisiones precipitadas.