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viernes, 14 de junio de 2019

El curioso caso de Sunsuke Nakamura

Nakamura, en un entrenamiento en el
Mundial 2010 / Mark Kolbe/Getty Images

Enero de 2002. El Real Madrid de Florentino Pérez irrumpe cada mercado con un fichaje tan sorprendente como inesperado, tan sonado como caro. Los autollamados Galácticos asombran al mundo por plantilla y chequera. Zidane y Figo fueron los primeros en unirse a una plantilla en la que ya estaban Raúl, Guti, Morientes, Casillas o Roberto Carlos. Entonces, desde los medios oficiales de la J-League, un anuncio se filtra: El Real Madrid ha fichado al japonés Shunsuke Nakamura del Yokohama Marinos por un año.

La noticia coge a todos por sorpresa. El Yokohama Marinos tiene que salir a hacer un desmentido público, pero solo un día después, el presidente lo confirma. Es oficial. Shunsuke Nakamura se va al Real Madrid en julio, tras el Mundial, y al Madrid le va a costar 3’5 millones de euros tener al jugador un año en sus filas. Si lo quieren de manera permanente, deberán pagar mucho más dinero que ha sido fijado en una cláusula de compra definitiva.

Los veranos en Pekin, los stage en Los Ángeles... El Boom del fútbol ha estallado y el club blanco encuentra en el fichaje del nipón un filón a nivel de marketing. La Copa del Mundo se celebrará ese verano en Corea y Japón y la noticia eleva al Real Madrid al escalón número uno de los clubes más influyentes del mundo, que entonces estaba en poder del Manchester United. En el acuerdo, además, incluía la disputa de un amistoso entre la Selección de Japón y el propio Real Madrid en mayo, que serviría a unos de preparación para el Mundial y a otros como parte de su festín centenario.

Nakamura, entonces, era el niño bonito del país. Aquel jugador talentoso de 23 años que aún no había dado el salto a Europa. Inamoto acababa de llegar al Arsenal y Nakata estaba rompiendo moldes en Italia. Nakamura, mediapunta zurdo de una técnica superdotada, necesitaba ya abandonar el país. Pero no sabía que su fichaje pudiera ser de tales dimensiones.

¿Por qué nunca jugó Nakamura en el Real Madrid? Nunca lo sabremos. Pero la Liga nipona y el presidente de su club lo anunciaron oficial. El caso es que, pese a la cantidad de títulos individuales tanto japoneses como asiáticos, a Nakamura le costó tener presencia en la selección en los Mundiales. Al de 1998 no acudió, con apenas 20 años y falto de experiencia. Tras su gran año 2000 y su buen hacer en la Copa Asia y en los amistosos previos la Copa del Mundo que Japón organizaba, Nakamura se quedó fuera de la lista de 23, para sorpresa de todos. Una misteriosa lesión le apartó de la lista. Quizás eso malogró el acuerdo. La lesión, o que el Real Madrid no se podía permitir firmar a un jugador de un país menor en cuanto a fútbol que ni siquiera fuera al Mundial.

Y es que una rotura muscular le dejó varias semanas en el dique seco, pero mientras el jugador decía que no era grave y que iba a poder estar en el Mundial, desde la Federación el discurso fue otro. La realidad es que Nakamura no acudió al Bernabéu para el partido amistoso por decisión técnica y que no entró en la lista del Mundial por deseo del seleccionador Phillipe Troussier, con quien se especuló tenía serios problemas personales. En realidad, fue el propio Troussier quien nunca casó con nadie en la Federación y aquella decisión estuvo cerca de costarle el cargo antes incluso del Mundial. Pero la Federación, sin querer crear polémicas a poco de su cita, mantuvo todo en orden cortando por el jugador, el eslabón más débil.

Quizás como un cúmulo de cosas y por el pinchazo de esa burbuja, Nakamura no llegó nunca a recalar en el Real Madrid. En cambio, fichó por la Reggina italiana, donde jugó tres años a gran nivel, siendo uno de sus jugadores más destacados y valiéndole su hacer un fichaje por el Celtic de Glasgow, donde fue un ídolo y es considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos del club. En Escocia demostró la calidad de su zurda y su facilidad para ejecutar goles de falta desde cualquier posición y a cualquier ángulo.

En 2006, con Zico bajo el mando de la Selección, Nakamura volvió al Mundial que serviría de despedida de Nakata, que se marchó del mundo fútbol de manera prematura y antes de cumplir los 30. Ver jugar a ambos era una delicia. Dos tipos adelantados a sus compañeros que tocaban las mejores sinfonías en escenarios embarrados y con una orquesta que dejaba mucho que desear.
Nakamura, uno de los mejores tiradores de faltas de la historia, se hizo leyenda en Escocia, donde ganó tres ligas y tres copas en cuatro años, que sumó a un extensísimo palmarés que ya traía del fútbol asiático. Por eso, y pese a su edad y que su fútbol no era muy físico, en 2010 llegó a Espanyol con 32 años. Ese mismo año, Nakamura solo jugó 16 minutos en el Mundial de Sudáfrica, lo que le dio la estocada definitiva.

“¿Cuándo será tu próximo partido con la selección?”, le preguntaron en rueda de prensa. “Nunca”, contestó. “Para mí ha sido mucho dolor no poder ir al Mundial 2002. El hecho de aceptar no jugar ha sido muy duro. Es obvio que la Copa Mundial y yo no nos llevamos muy bien, así que quizás sea el destino”, afirmó.

98 partidos como internacional y 24 goles con los Samurái Blues después, Nakamura dijo basta, pese a que afición, compañeros y directivos trataron de convencerle. Hoy, con 40 años (cumple 41 este mes), Nakamura sigue jugando al fútbol. La calidad que le vino innata en su zurda le permite, cuando el físico ya no llega, seguir brillando en la Primera División del fútbol japonés. Lo hace en el Jubilo Iwata, club que ha vuelto a meterse en la élite del fútbol nipón. No por nada le llaman El Pelusa.

jueves, 1 de junio de 2017

Doan y Kubo, una pandilla de pillos nipona

Doan (7) y Kubo (20) celebran el gol marcado a Sudáfrica
Japón ha caído en el Mundial Sub20 en octavos de final. Su verdugo, Venezuela, es quizás el equipo más serio de todo el torneo hasta la fecha (junto a Inglaterra), que no pudo deshacerse de los nipones más que en la prórroga, a 10 minutos de una tanda final de penaltis que habría podido dictar una suerte diferente. Pese a la pronta eliminación, los asiáticos deben estar contentos y orgullosos, primero porque han dado la talla y segundo porque han nacido dos estrellas: Takefusa Kubo y Ritsu Doan.

Desde hace tiempo, parece que los buenos jugadores japoneses aparecen en el panorama de dos en dos. Todos cortados por un mismo patrón. Uno es mediapunta hábil, móvil, con velocidad, cambio de ritmo. El otro, que también es atacante, es más pausado, tiene más rigor, mejor último pase y gusta más de asistir que de llegar. Lo vimos con Nakata y Nakamura, pioneros, y ahora con Honda y Kagawa, que han sido menos de lo que podían llegar a haber sido. Es el turno ahora de dos imberbes, Doan y Kubo.

Ritsu Doan (16 de junio de 1998) tiene solo 18 años y ha sido el líder y el mejor jugador de esta generación de samuráis. Omnipresente, escurridizo, el chico que juega en el Gamba Osaka ha marcado tres de los cuatro goles de Japón en el torneo. Su participación en el juego ha sido vital y ha visto cómo la libertad que le otorgaban sus compañeros para rendir por donde quisiera del campo le hacía aún más peligroso. Zurdo cerrado a la hora del golpeo, no tiene ese problema a la hora de conducir y ejecutar slalons con ambas piernas. Es imprevisible, tiene buen cambio de ritmo y llega con suma facilidad desde atrás. Él es Nakata, Honda. 

Takefusa Kubo (4 de junio de 2001) ha sido el jugador más joven del torneo. A sus 15 años ha sido una de las sensaciones de la cita y, aunque ha sido siempre parte del banquillo, cada vez que el entrenador ha querido verle en el campo, a Japón le ha cambiado el gesto. Le sucedió en el debut, cuando Japón iba cayendo por 1-0 y nada más entrar el chico generó los dos goles que dieron la vuelta al marcador. Su juego es más pausado, entre líneas, y no busca ganar, de momento, el cuerpo a cuerpo que sabe tiene perdido ante chicos cinco años mayores (y mucho más desarrollados) que él. Él es Nakamura, Kagawa.

Kubo fue parte de la Masía del FC Barcelona hace no mucho, cuando el chico y sus padres vivían en España. Ahora, en las filas del FC Tokyo, se ha convertido en el jugador más joven en jugar en la Primera División de Japón. El club catalán quiere recuperarle, pero la prohibición FIFA de fichar menores se lo impide por el momento. Doan fue uno de los chicos más jóvenes en jugar en Primera División y el año pasado el PSV llegó a un acuerdo para hacerse con sus servicios, pero la mano dura que está aplicando la FIFA en estos casos echó para atrás a los holandeses. Al final se quedó, y en los apenas 500 minutos que lleva como profesional, ya ha marcado cuatro goles.

Juegan a un toque, rápido, casi sin mirarse. No les hace falta. Tienen esa complicidad de quien parece llevar una década jugando juntos. Son dos chiquillos que se divierten en el parque con la sonrisa de oreja a oreja. Como suele suceder en esto del fútbol asiático, calidad y técnica les sobra a raudales. Otra cosa es la táctica y la fortaleza tanto física como mental, la gran barrera y el escollo principal que impide a la selección de Japón, año tras año, hacer gestas mejores en los Campeonatos del Mundo. De su adaptación rápida al fútbol europeo, de su regularidad en este y de su acierto a la hora de fichar por un club del viejo continente nacerá el dónde está su límite. No lo tendrán fácil, la historia así lo dice. Son muchos, mejores que ellos además, los que se han quedado en el camino. 

martes, 18 de noviembre de 2014

El despertar de un gigante tardío

Javier Aguirre tiene una misión: superar el pánico al éxito, romper la barrera del miedo escénico y llevar a Japón, de una vez por todas, a los peldaños más elevados del panorama Mundial. Los Samuráis tienen materia prima suficiente como para lograr sus objetivos y quizás su mayor problema sea que no saben exactamente cuáles son esas metas. Piensan en pequeño y se autoconvencen de que no serán competentes en algo para lo que realmente sí están capacitados.

Óliver Atom y Mark Lenders
Su fútbol se empezó a formar en los años 90 y se asentó con la entrada del nuevo siglo. Y es que desde la Copa Asia de 1992 que ellos mismos celebraron, se han alzado campeones de cuatro de los seis eventos continentales celebrados. Concuerda, curiosamente, con la época donde aquellos chicos que crecieron viendo la serie Campeones (Óliver y Benji), que se estrenó en los 80, ya habían cumplido los veinte años y tenían una edad para ser futbolistas. Aquellos críos que soñaron con ser Óliver Atom, Mark Lenders o Benji Price, entre otros, irrumpieron en el panorama del fútbol y fue la propia serie la que animó, nada de coincidencias, a todos los pequeños nipones a convertirse en jugadores profesionales. El fútbol se instauró en la cultura y marcó un antes y un después en el país del sol naciente, que en toda su historia sólo presumía de un tercer lugar en las Olimpiadas de México 1968.

Quizás fue Hidetoshi Nakata aquel que abrió el camino. El primer Óliver Atom de carne y hueso. No fue el pionero, pero sí el emblema, el espejo en el que mirarse que demostraba que los sueños se hacían realidad. Nakata empezó muy tarde en esto del fútbol y terminó demasiado pronto. El futbolista que perdió la ilusión por jugar, un modelo como jugador y un jugador que ejercía de modelo. Porque el ya histórico '7' de los samuráis no sólo se convirtió en el Beckham nipón, sino que llevó a su país al éxito una Copa de Asía sí y otra también. 

Hidetoshi Nakata
El impulso que necesitaban para hacerse notar más allá de su continente se lo dio la FIFA cuando decidió que, junto con Corea, Japón celebraría la Copa del Mundo de 2002. Cuatro años antes, en Francia, habían logrado su primera participación Mundial en toda la historia, cayendo a las primeras de cambio y siendo, según las estadísticas, la peor selección del torneo, sólo superada por EEUU, que encajó un tanto más. 1461 días de preparación, los que separaban ambos torneos. Entre medias, levantaron la Copa Asia en Líbano y asustaron al mundo entero en la Copa Confederaciones 2001 de la que fueron anfitriones, a modo de preparación del torneo que se jugaría un año más tarde.

En ella, siempre de la mano de Nakata, de su mejor aliado, Nakamura y de los goles de Suzuki, los nipones acabaron como subcampeones. Brasil no pudo con ellos y también pusieron contra las cuerdas a Francia, campeona del Mundo y de Europa, que acabó haciéndose con la copa con un solitario gol de Viera. Su posterior Mundial fue notable, cayendo en Octavos ante Turquía. Una actuación que repitieron en el torneo de 2010, donde Paraguay los envió a casa desde los 11 metros. Entre medias, en Alemania 2006, la falta de contundencia, el miedo a triunfar y el empequeñecimiento en las grandes citas les apeó demasiado pronto. Y es que se dejaron remontar en el descuento ante Australia en el debut, no pasaron del empate ante Croacia en el segundo partido y fueron líderes de grupo en el encuentro crucial ante Brasil, a la que estaban dejando fuera del torneo hasta que empezaron a pensar en lo que estaban haciendo y vieron cómo la canarinha daba la vuelta al luminoso en la despedida de Nakata como jugador, con sólo 29 años, que lloró desconsolado la proeza que no merecieron porque nunca creyeron en ella, pero que estuvo muy cerca.

Una muestra más de sus complejos se contempló en la pasada Copa Confederaciones. Aún en fase de grupos, Honda y Kagawa, poseedores del testigo de Honda y Nakamura, demostraron de lo que son capaces cuando se asocian y divierten en el encuentro ante Italia, que acabaron perdiendo por 4-3 de forma incomprensible. Dominaron el balón el día en el que Endo se hizo acreedor del apodo del 'Pirlo nipón' en una de las mayores exhibiciones de fútbol que se han visto en los últimos años. Japón no confió y acabó claudicando, fuera del torneo antes de tiempo. No pudo Zaccheroni obrar el milagro, tampoco en el pasado Mundial de Brasil, donde una versión irreconocible de los Samuráis Blues, como se hacen llamar, decepcionó a todo un país. Un equipo que mostró su peor versión en la competición oficial sólo unos meses después de haber destrozado a Costa Rica (revelación del Mundial) por 1-3, de haberse impuesto a Bélgica en Bruselas (2-3) y de empatar con Holanda, que a la postre sería tercera en el torneo. Algo falla.

Javier Aguirre / AP
Y ha sido ahora, tras la cita mundialista, cuando Japón ha vuelto a lo más alto de la montaña rusa que acostumbra desde esos años 90. No tienen rival en Asia, salvo catástrofe, y ha llegado al banquillo Javier Aguirre para entrenar más lo mental y lo táctico que lo técnico, de lo que van sobrados. Tardó tres encuentros en llegar la primera victoria con el Vasco como técnico, pero ahora todo viene rodado (1-0 a Jamaica, 6-0 a Honduras y 2-1 a Australia). El mexicano tiene una base fuerte y sólida, quizás la mejor plantilla que jamás ha tenido Japón, con jugadores formados en su mayoría en la Bundesliga y con muchos de ellos importantes en clubes de renombre. Otros, en cambio, estrellas en los clubes nacionales. Así, Shinji Okazaki parece recuperar su puesto en la delantera (antes se desempeñaba por la derecha). Un ariete que cada año pelea por el Pichichi en la Bundesliga al que escudan Honda (Milán), Kagawa (B. Dortmund) y Takashi Inui (E. Frankfurt) en una línea de tres de mucho talento donde aguardan Kiyotake (Hannover) y Muto en busca de minutos. Un tridente de magia, calidad, improvisación y deleite para el aficionado. 

Endo y Hasebe, veteranos, contienen al equipo en la medular y detrás está la línea más floja del equipo. Un filón en ataque, pero con carencias en defensa. Y es eso lo que se le pide al entrenador que trabaje, el repliegue, los despistes propios de un fútbol reciente, naciente, que sólo tiene 20 años de historia, poco trabajado. Porque Nagatomo y Uchida (Inter de Milán y Schalke) no van a ser descubiertos ahora como dos puñales en sus bandas y porque Yoshida (Southampton) forma parte de la mejor defensa de la Premier, aunque no disponga de todos los minutos que deseara. A su lado, Morishige, que llama a la puerta europea y algunos clubes ya han puesto sus ojos en él. La portería es para Kawashima.

El año próximo disputan la Copa Asia, para la que ya están clasificados y parten como favoritos, aunque sus miras sólo están puestas en el próximo Mundial. Los pasos hacia atrás no están permitidos, caer al vacío cuando están cerca de alcanzar la cima ya está prohibido. La materia prima existe, sólo hace falta no ser tan kamikaze, conseguir regularidad y no ser débil mentalmente, una máxima que se repite en todas las disciplinas del deporte nipón, como en el tenis (Nishikori, hoy su mayor exponente, es una muestra de ello) o el motociclismo. Porque Óliver Atom y compañía acabaron conquistando el Mundial y Japón, sin ser fruto de la coincidencia, sigue los pasos del '10' del New Team.

El equipo celebra uno de los goles de Inui ante Honduras (6-0) /  REUTERS