viernes, 25 de marzo de 2016

Favoritos a nada



Desde hace un cierto tiempo, no me alegro tanto con las victorias de España. Ya no es sólo el hecho de no sentir entusiasmo al ver a la Roja ganar sus partidos, sino que llega un momento, en que cuando las tremendas, aunque negativas, predicciones que uno ha hecho se cumplen, se llega a sentir un poco de satisfacción personal. Incluso aunque éstas no sean positivas. Digamos que, de algún modo, esta selección española no me representa. O al menos no todo lo que debería. No comulgo todo lo que lo rodea. 

Porque claro que me alegré con los títulos europeos y el Mundial. Era de los pocos que intuía que algo se estaba gestando, cuando allá por 2007 llegué a apostar con quien entonces era profesor mío a que nos llevaríamos el trofeo de Austria y Suiza de 2008 que nos catapultó para lograr el Mundial de Sudáfrica dos años después. Y hasta que llegó el verano de 2008 y aquel gol de Torres, digamos que fui el hazmerreír de todos los que estuvieron presentes durante mi órdago. Porque no olvidemos, hubo un tiempo (hace sólo ocho años) en el cual pasar de cuartos de final era tan título como utopía. 

Y el problema está ahí, cuando no recuerdas de dónde vienes y te crees mejor que los demás. Porque del 'vamos a soñar que podemos hacerlo' hemos pasado al 'vamos a hacerlo porque somos los mejores y nadie nos puede ganar'. Porque del 'Podemos', donde una nación entera se unió buscando un objetivo común, pasamos a la prepotencia. 

España nunca ha sido favorita a nada y hasta hace ocho años en el palmarés sólo podíamos enorgullecernos de una Eurocopa ganada hace más de medio siglo ya. Hasta 13 países tenían sus vitrinas más llenas que las nuestras. Trece, que se dice pronto. Y eso lo hemos olvidado hasta el punto de llegar a oír que esta España es la mejor selección de la historia, el mejor combinado de todos los tiempos. Cierto que es el único equipo que ha sido capaz de ganar tres grandes trofeos consecutivos, pero eso, creemos, nos ha convertido en invencibles.

Para ganar un gran torneo hay que tener suerte. Mucha suerte. Y también olvidamos que, si no hubiéramos tenido un poquito de ella de nuestra parte, podríamos haber caído en cualquiera de las citas. Porque el Mundial de 2010 lo comenzamos con el pie izquierdo, porque en octavos, a Portugal la doblegamos con un tanto que, de haber sido en contra, habríamos reclamado fuera de juego; o porque sólo evitamos la tanda de penaltis contra Holanda por tres minutos. Y porque Casillas quiso que así fuera. Ni hablar de la Eurocopa de 2012, cuando Croacia nos tuvo contra las cuerdas durante los 90 minutos y nos metió más miedo del deseado en el cuerpo hasta el punto de casi echarnos en la fase de grupos. O los penaltis contra Portugal en cuartos, la reedición de la tanda contra Italia cuatro años antes.

Es por eso que, desde que nos creemos en el Olimpo, no hemos hecho más que llevarnos batacazos cuando la fortuna no ha acompañado, que no puede ser siempre. España, cansada de levantar títulos en esta última década, no mira los errores para corregirlos, sino que los esconde debajo de la cama. Y claro, en el Mundial de Brasil, a mamá Holanda y mamá Chile les dio por rebuscar bajo el colchón. Y nos pusieron la cara colorada. 

Anoche sin ir más lejos, nos medimos a una Italia que nos mejora en palmarés y nos duplica en historia, por no hablar de competitividad. Una Italia C, por cierto, a la que le faltaban más de siete titulares por lesión. Y los ninguneamos sin ningún complejo en las previas y durante los primeros minutos. Y sin ningún remordimiento creyéndonos superiores a ese combinado que ha demostrado, año tras año, que compiten mejor que nadie. Y pasó lo que tuvo que pasar. Que pese a tener mejores jugadores, ellos fueron los vencedores morales del partido. Que fueron muy superiores durante la hora y media de juego y que sólo el buen hacer de De Gea nos libró de salir con un buen rosco de Udine. 

Y lo peor que le pudo pasar a España es no haber perdido. No haber caído para saber que hay errores, que hay que corregir cosas para salir adelante. No hacer hincapié, ni siquiera mencionar, que el gol de Aduriz (única vez que se llegó a la portería rival) fue en claro fuera de juego. 

Y es que ni siquiera el batacazo que nos dimos hace dos años en Brasil nos ha hecho darnos cuenta de que no somos invencibles. De que somos grandes por presente pero no por historia. De que en este del fútbol, cualquiera puede ganarte. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Qué tiene el Dortmund de Tuchel?

Thomas Tuchel, en un entrenamiento / DEFODI
Thomas Tuchel seguía fielmente los pasos de Jurgen Klopp en el Mainz, ¿Por qué no iba a funcionar entonces en Dortmund?. Tras siete años en el banquillo de Westfalia, el divorcio entre Klopp y el Borussia era una situación tan conocida como necesaria. Hay veces que la goma, por mucho que se estire, no da más de sí. Incluso aunque ese largo sea muy profundo. La ruptura, consentida por ambas partes y reconocida como idílica, traía entonces un panorama oscuro tanto para el técnico como para el club. ¿Quién llegaría al banquillo del Signal Iduna Park? ¿Hacia dónde iría el técnico de las gafas y la gorra?. Jurgen se tomó un año sabático y el Dortmund decidió por repetir la fórmula que tanto éxito había dado: firmar a un técnico que lo había hecho de forma sensacional con el Mainz.

Aunque existan matices que ayuden a la comparación, Tuchel y Klopp son radicalmente opuestos. En un año que se imaginaba de desbandada para el club amarillo, Thomas consiguió calmar las ansias y, tras hablar con los capos del vestuario, logró recuperar la ilusión de una plantilla sabedora de que deberían hacer todo perfecto y rezar para que su rival, el Bayern de Múnich, no se coronara en la Bundesliga. Así, cuando se pregunta a Hummels, Weindefeller o Reus por qué no salieron este año del Borussia, la respuesta siempre es la misma: Thomas Tuchel.

Así, con la base del Dortmund de Klopp como cimiento fuerte, Tuchel comenzó a dotar de su propio sello al Borussia, igual que hiciera con el Mainz. Curiosamente, allí adquirió ciertos vicios casi excéntricos que ahora exporta a los clubes allá donde va. Uno de ellos, quizás el más curioso, tiene lugar en las comidas. Cuando la plantilla se concentra, bien en pretemporada o bien antes de los partidos, tienen como obligación comer todos juntos, en un banquete que dura cerca de tres cuartos de hora y nadie empieza hasta que el propio Tuchel da el pistoletazo de salida: "Buen provecho". Adquirió esa manía en las primeras semanas en Mainz. "Me daba cuenta de que cada uno iba a su aire. No había empezado con el primer plato cuando la mitad de la plantilla ya se había levantado de la mesa". Una forma para unir a los jugadores y disfrutar de la convivencia, entablar lazos que luego se proyectan sobre el campo. 

Tampoco existen hoy en Dortmund los saludos extravagantes o informales. Nada de '¡Ey tío!'. Desde que Tuchel está en el banquillo, es obligatorio un fuerte apretón de manos mientras se mira a los ojos al compañero al que se saluda. Jugador retirado a los 24 años por una lesión de rodilla, Tuchel comenzó rápido su carrera como entrenador. Cierto es que acudió a la universidad sin éxito, matriculándose hasta en dos disciplinas distintas, pero acabó decantándose por el fútbol y los banquillos. Graduado como el primero de su promoción en el curso de entrenador de todo el país, sus técnicas innovadoras gustaron mucho en la federación.

Una de ellas, quizás la más llamativa, es que nunca entrena en un campo de fútbol completo. Siempre existe algún componente que le hace variar la forma o las dimensiones del césped. Curioso fue el caso en sus primeros entrenamientos con el Mainz. Harto y cansado de pedir a sus jugadores que jugaran por el centro y no abrieran a las bandas sin éxito, decidió acortar el verde. Eliminó las bandas, cortando el campo como si fuera un diamante, obligando a sus jugadores a jugar en una dimensión totalmente nueva. Un juego que, por cierto, hoy despliega el Dortmund con gran maestría. Reus es mucho más peligroso tirando diagonales por el centro, asociándose con Kagawa. Ni hablar de Mhkitaryan. El mayor problema del armenio siempre fue su incapacidad para llegar a línea de fondo y su velocidad para jugar como extremo. Ahora, como falso jugador de banda, sus números mejoran, su juego crece. Los laterales, con campo entero para correr, disfrutan y llegan con peligro a los últimos metros.

Otro de sus entrenamientos más célebres sucedió nada más aterrizar en el Signal Iduna Park. Cansado de tanto fútbol, quizás, llamó a filas a sus chicos y se los llevó a practicar con el Alba Berlín de baloncesto en un entrenamiento conjunto en el que mezclaron de todo. Algunos protestaron, como el juvenil que le dice a su entrenador que no le gusta la parte física del entrenamiento porque eso es fútbol, no atletismo. Nombres propios como Subotic se rebelaron, pues nada tenía que ver aquello con el balompié. Nuevas 'formas de pensamiento' llama a ello Tuchel. Todos los deportes de equipo están conectados en algún momento y quería que sus chicos conociesen otras técnicas de trabajo, que viesen su deporte desde otro punto de vista. 

Este Dortmund se cimenta sobre un centro del campo fuerte y potente. El joven Weigl juega junto a Gundogan (en una versión muy notable) en un doble pivote. Mkhtaryan, Kagawa y Reus forman la línea de mediaspuntas. La posesión como fin a algo. El juego del Dortmund es rápido, dinámico, no más de dos-tres toques por jugador y buscar rápido la velocidad de un Aubameyang que está de dulce. 

Tuchel está escribiendo su nombre en el fútbol alemán y con algo de fortuna comenzarán a llegar los títulos para el Borussia. Sus métodos asombran a sus homólogos y se le ha considerado un revolucionario en los banquillos. Es uno de los favoritos para dirigir a la selección cuando se tenga que dar un relevo generacional. De momento, el Dortmund disfruta del nuevo ideólogo de los banquillos. 

sábado, 6 de febrero de 2016

China, EEUU, el fútbol y el dinero

Jackson Martínez, flamante fichaje del fútbol chino / GUANGZHOU
"Dentro de unos años, nos vamos a tomar menos a risa lo de China", me dijeron hace no mucho. Y pensándolo bien, es una afirmación tan terrible como cierta. Estados Unidos y China se han propuesto dominar el fútbol a largo plazo. No tiene comparación alguna con las propuestas del fútbol catarí, donde jeques ricos utilizaban el fútbol como hobby en el que gastar sus millonadas, otorgando a viejas glorias cuasiretiradas como Guardiola o Batistuta sueldazos a cambio de simple espectáculo. Si es que se puede llamar así a cuarentones con barriga, los mejores del mundo en tiempos mejores, trotando por el campo. La liga de las pachangas. Tampoco a lo que se ha intentado hacer en India, un formato mucho más atractivo para los aficionados del país sin más futuro que la diversión de ver a jugadores pasados ya de rosca en un espectáculo similar al circo.

Lo de Estados Unidos y China es diferente. Ambos países, dominadores absolutos de los Juegos Olímpicos, se han propuesto conquistar también el deporte rey. Una apuesta dura, difícil, a largo plazo. Pero si algo tiene el gigante asiático es que todo lo puede. Nada se interpone en su camino y lo que se propone, lo consigue. Son 1.600 millones de habitantes de los 7.000 que tiene el planeta, alguno bueno habrá de salir. No tienen a los niños entrenando desde los cuatro años para ser los más competitivos en vano. Ni hablar del sueño americano, que a base de patriotismo consiguen lo que otros no alcanzan.

En el país del tío Sam el soccer ya es el segundo deporte más seguido y practicado, tras el fútbol americano. Ha superado en sólo unos años al béisbol y al baloncesto y el crecimiento no tiene freno a día de hoy. La empresa, no obstante, es harto compleja. No se puede levantar uno y de la noche a la mañana haberse convertido en ejemplo de nada. El desafío es a largo plazo. Quién sabe si 15, 20, 30 o 50 años tendrán que pasar para ver a China levantando un Mundial y a un país norteamericano doblegando, sin ser una sorpresa, al campeón de Europa en el Mundialito de Clubes. Para ello hace falta culturalizar al país, inyectar el fútbol como una forma de vida. Y eso se consigue haciendo el deporte más atractivo. Para ello, han comenzado ambos países tirando de talonario. Vale que siempre habrá algún romántico viajante, soñador empedernido con vivir en Asia o en USA, o alguno cuya máxima aspiración es ser la imagen del fútbol en otro continente, pero el 99% de los jugadores que aterrizan en esos países es puramente por dinero.

Es una pescadilla que se muerde la cola. Cuantos más jugadores de nivel, más se culturaliza el país. Cuanto más se culturaliza, más nivel adquirirá la Liga y más jugadores de nivel llegarán. Los primeros son los que abren el camino a lo demás. Son los dos factores necesarios para que un equipo chino o norteamericano adquiera nivel: Buenos equipos, buena cultura. No sirve de nada que llegue el New York Red Bull y fiche la plantilla al completo del Barcelona, pues no tendrían nunca un rival digno al que medirse. Es por eso que se necesita una cantera, una base, y no sólo traer jugadores importados de otros países. Los chicos que acaban de nacer y los que están en su primer lustro de vida son los que conformarán el principio  del futuro de una gran Liga. Para que un equipo sea competitivo, por grandes que sean sus jugadores, ha de tener al menos 40 equipos de nivel en el país. Unos 20 en Primera y otros en categorías inferiores. Una base de fútbol, en definitiva.

Nunca será llegar y besar el santo como sucedió con el Manchester City o el Chelsea cuando se convirtieron en niños ricos de la noche a la mañana. Cierto, eso sí, que ambos necesitaron unos primeros años (3 o 4) donde algunos pioneros optaron por arriesgarse. Jugadores distintos como Tévez, polémicos como Adebayor, innovadores como Drogba, enfadados como Robinho. Ellos dieron el primer paso y después llegaron otros cuando acompañaron los resultados. Pero en Inglaterra no había que inculcar los valores del fútbol, la cantera ya existía, el país vivía del balón. La primera premisa tanto en USA como en China es la misma. Allí han llegado los que no han terminado de encajar en sus últimos equipos, como Jackson Martínez o Fredy Guarín. También estuvo Robinho, a quien parece que le va la marcha. Otros que contaban con pocos minutos como Ramires o Demba Ba. Giovinco, un jugador notable en Italia, una estrella en norteamérica o Drogba, Cahill (este ha probado en ambos países), Gerrard, Pirlo, Villa, Lampard o Henry. Jugadores pasados de rosca que en sus últimos años perciben un jugoso contrato a cambio de ser la imagen con la que millones de niños sueñan ser.

Alex Teixeira, fichado por 50M / JIANGSU
Económicamente, es prácticamente imposible competir con estos dos titanes. Estados Unidos opta por fichar jugadores libres o gratis a cambio de un gran sueldo. Es por eso que allí llegan los más veteranos, casi siempre, y en contadas ocasiones pagan un traspaso, como sí hicieron con Gio dos Santos. En China, en cambio, las cosas se hacen de distinta manera. El club asiático pone encima de la mesa una oferta irrechazable para el club, con un precio muy inflado (Ramires 30 millones, Jackson Martínez 42+3, Alex Teixeira 50) que hace que las dos entidades lleguen rápido a un acuerdo. El jugador, que puede tener alguna duda más, queda totalmente convencido cuando ve que el acuerdo entre clubes es total y que él va a percibir un jornal 3, 4 o 5  veces superior al que tenía firmado. Por eso Alex Teixeira optó por ir a China cuando tenía encima de la mesa ofertas del Liverpool y del Chelsea. Muy pocos son los clubes capaces de rechazar estas misivas. El Zenit ha desestimado una oferta de 91 millones por Hulk, quien en sus inicios como futbolista jugó en Japón, por cierto.

No sólo hablamos de jugadores, pues el gigante asiático también ha tirado de chequera para llevar a grandes entrenadores, técnicos campeones de muchas cosas con un gran cartel mundial. Así, Sven Goran-Eriksson, Dan Petrescu, Felipe Scolari, Zaccheroni o Mano Menezes tienen a su cargo algunos clubes del país. También otros menos conocidos, pero también europeos, como Cosmin Contra o Gregorio Manzano. En cuanto a los conocidos que hoy engrosan las listas en ambos países, nos encontramos con casi un centenar de nombres ilustres que han dado el primer paso para que las dos ligas consigan crecer. Drogba, Dempsey, Giovinco, Bradley, Kaká, Giovani dos Santos, Obafemi Martins, Lampard, Pirlo, David Villa, Iraola, Robbie Keane, Gerrard, Nigel de Jong, Barnetta, Cvitanich, Nelson Valdez, Juan Arango, Diego Valeri, Wilson Palacios o Erik Torres juegan hoy en la MLS estadounidense. Alex Teixeira, Jackson Martínez, Ramires, Gervinho, Goulart, Freddy Montero, Guarín, Demba Ba, Paulinho, Renato Augusto, Gil, Jadson, Mbia, Kakuta, Elkeson, Giovanni Moreno, Diego Tardelli, Darío Konka, Paulo Henrique, Alan, Rubén Micael, Jo Alves, Sammir, Mohamed Sissoko, Tim Cahill, Luis Fabiano o Burak Yilman disputarán a partir de marzo una Superliga China en la que ya no estarán Robinho y Diarrá, entre otros. Una competición, por cierto, que cierra su mercado a finales de febrero en el que seguro veremos algún bombazo más.

Será muy difícil, será un proyecto a muchos años vista. Quizás hasta 2050 Estados Unidos y China no sean competitivos a todos los niveles. Lo que sí está claro es que si no dejan de trabajar, son dos países con los mimbres suficientes y los medios necesarios para acabar dominando el mundo.

Giovinco y Kaka / MLS

martes, 2 de febrero de 2016

Los pelotazos del mercado invernal

Alexandre Pato, presentado como nuevo jugador del Chelsea
Enero. Arreglar todo a última hora. Tirar de chequera para solventar los primeros malos tragos de la temporada, la que toca reconducir porque los bandazos pegados en los meses inaugurales han sido bochornosos. Otros, en cambio, buscan ese empujón de ilusión para terminar de engrasar una máquina perfecta. Jugadores que se van a ligas exóticas en busca de dinero, otros que retornan al viejo continente para recuperar su fútbol, aquellos que salen reclamando minutos porque en verano hay Eurocopa, los que dan el salto desde América...

Los hay de todos los colores, casi a gusto del consumidor, y de todos los precios posibles. El Espanyol, por ejemplo, que fichó al meta Arlauskis, sin minutos en el Watford, y a las pocas horas de llegar ya estaba debutando en Liga ante el Real Madrid sentando a un Pau López que parecía intocable. Uche, que sumará efectivos al ataque del Málaga o Isaac Cuenca, de vuelta en la Liga gracias al Granada. Los andaluces, por cierto, vendieron a su joven perla Peñaranda al Watford en el último día de mercado, aunque seguirá cedido en Los Cármenes. Claro que por las relaciones entre ambos clubes, propiedad de la familia Pozzo, poseedora del Udinese, es como cuando mi hermana me pide un bolígrafo y pretendo cobrarle por prestárselo. Nada serio.

No se ha cortado el Getafe a la hora de incorporar a un viejo rockero: Álvaro 'Palito' Pereira, que tras jugar en Inter de Milán y Oporto, entre otros, recala en el club azulón cedido por Estudiantes de la Plata. Marco van Ginkel, la promesa del Chelsea que no deja de dar tumbos sin ningún éxito, probará suerte en su Holanda natal, reforzando a un PSV que sigue vivo en Champions (jugará frente al Atlético) y que necesita jugadores como el comer. Sobre todo ahora que Guardado está lesionado. Y si el holandés ha salido del Stoke, ha sido en parte porque si ya de por sí le costaba tener minutos, el fichaje de Imbula por los potters le ha terminado de cerrar las puertas. Un Imbula por el que el Oporto, siempre rentabilizando sus operaciones, ha sacado la friolera de 24 millones de euros. Nada mal para un chico que a sus 23 años no ha demostrado nada.

Kranevitter, presentado con el Atlético / ARG AGENCIAS
Otro clásico como Heitinga, el jugador más querido por la afición del Ajax en los últimos años, colgó ayer las botas a los 32 años y se unió al cuerpo técnico del club ajacied. Una pena su historial de lesiones, pues las rodillas, destrozadas desde la Eurocopa 2008, cortaron la progresión del que apuntaba a ser mejor central del mundo. Luego está el Atlético, donde jugó el holandés, por cierto, una serie de catastróficas desdichas que se fue a por Augusto tras lesión de Tiago y ahora se encuentra que con la rotura de ligamentos del primero la posición vuelve a estar huérfana y que ambos retornarán casi a la par. A no ser que Kranevitter, otro llegado en invierno, demuestre que no está verde y que tiene ya el ritmo para jugar en España.

El Newcastle ha tirado la casa por la ventana en invierno para arreglar lo que no hicieron en verano, que fue mucho. Pero la táctica sigue siendo la misma, fichar jugadores por fichar, gastar dinero sin ton ni son y tener un equipo que se ha gastado más de 150 millones de euros en los puestos de descenso. A los Mbemba, Wijnaldum, Thauvin o Mitrovic que llegaron en verano se han unido Doumbia (cedido), Shelvey, Saivet y Townsend. Y no llegó Berahino por unas pocas horas.

El mercado chino ha irrumpido con fuerza. Ramires (30 millones), Mbia, Guarín, Gervinho, Fredy Montero, Luis Fabiano, Renato Augusto o Elkeson han hecho las maletas y se han ido al gigante asiático. Y porque Jackson Martínez se negó... En Italia, el Inter quiere ganar la Liga, y para eso se ha hecho con los servicios de Eder, la estrella de la Sampdoria que ganaba partidos en solitario. También la Fiorentina, que ha dejado salir a Mario Suárez y Rossi y se ha reforzado con Mauro Zárate, otrora estrella del campeonato, Tino Costa, Tello y Benalouane. A Italia ha vuelto también El Shaarawy, a una Roma necesitada de atacantes porque los suyos no hacen gol. De momento el transalpino ha arrancado con buen pie.

Dos son sin duda los fichajes estrella del mercado invernal, en mi opinión. Uno es el de Alexandre Pato por el Chelsea. Operación duradera, lenta. Pato no pudo recalar en el conjunto londinense en agosto por problemas con el permiso de trabajo y la inmediatez del cierre de mercado hizo que los de Mourinho se decantaran por Pedro a última hora. Con más tiempo para evaluar la situación del brasileño, los blue se han adelantado a Liverpool y Manchester United para dar una segunda oportunidad a un jugador que apuntaba a Balón de Oro y al que las lesiones frenaron la progresión. No me escondo, diré que soy admirador de su juego y que en Inglaterra puede romperla. Ha recuperado sensaciones y ritmo y ha logrado 40 goles en sus últimos dos años con el Sao Paulo. Nada mal. Ahora el Chelsea lo pesca como cedido, sin coste alguno y si funciona, recordemos que sólo tiene 26 años, puede ejecutar una compra definitiva o aguardar seis meses sin él hasta que expire su contrato (en diciembre).

Malcom, en su etapa en Corinthians / GIRONDINS
El otro es Malcom, extremo brasileño de 18 años por el que el Girondins de Burdeos ha pagado cinco millones de euros. Una operación fantástica de un precio bajísimo por uno de los jugadores más prometedores del mundo. Recuerda mucho en su jugar a Douglas Costa (no vamos a descubrirle ahora), que también dejó Brasil en su día para ir a Ucrania por una cifra ínfima. Al nivel de la llegada de Ángel Correa al Atlético, por ejemplo. Talento a coste barato.

También está Víctor Valdés, que ha puesto fin a su paseo en el infierno vangaliano y ha recalado en el Standard de Lieja para volver a sentirse futbolista a los 34 años. Con ganas de algún refuerzo más se ha quedado el Leicester, líder de la Premier League. Siguen los de Ranieri con paso firme en la punta de la tabla, aprovechando los tropiezos del Arsenal y del Manchester City en la Liga más barata de los últimos tiempos. Sólo han incorporado a Demarai Gray, a quien la Championship se le quedaba pequeña. Remy era su sueño (también un lateral polivalente), pero tendrá que conformarse con acabar la temporada entre la grada y el banquillo de Stamford Bridge. Y así, entre idas y venidas. entre fichajes frustrados, el mercado se vuelve a cerrar y tendremos seis meses de rumores sin fundamento, de baile de banquillos (Guardiola llega al Manchester City) y de equipos que, por no hacer bien el trabajo en el presente curso, planifican sus nuevos retos. 

martes, 19 de enero de 2016

Ali Dia, el falso primo de George Weah

Ali Dia, en su debut con el Southampton
La Premier League nos ha enseñado que nada es imposible. Que los sueños también se cumplen aunque parezca que el desarrollo de la vida nunca coincida con los pasos normales a seguir para los críos que de pequeños soñaban con jugar en Anfield frente a The Kop, con levantar la FA Cup en Wembley o con compartir terreno de juego con leyendas de la talla de Thierry Henry. Por eso Charlie Austin pudo debutar en la máxima división del fútbol inglés con 24 años, tras un lustro trabajando como obrero en la empresa de su padre, compaginando su vida laboral con su hobby de practicar fútbol amateur. Por eso Jamie Vardy es hoy, con 28 años, el pichichi de una Premier League en la que debutó hace 15 meses, tras haber sido rechazado por infinidad de equipos en su juventud y haber desviado su camino un poco hacia la delincuencia en sus años adolescentes. Por eso Harry Redknapp sacó al campo a Steve Davis, un aficionado del West Ham que desde la banda no dejaba de incordiar y molestar a sus jugadores. Y por eso Ali Dia, un senegalés sin ninguna vinculación al fútbol, debutó hace dos décadas con el Southampton convirtiéndose en una de las historias más bochornosas de toda la competición. 

Corrían tiempos difíciles para el Southampton, que acabaría salvando la categoría en las últimas jornadas. Una plaga de lesiones asolaba al club que dirigía Graeme Souness, exitoso futbolista escocés que en su etapa en activo sobre el campo había levantado un sinfín de títulos, sobre todo con la camiseta del Liverpool. Tanto que, ante un inminente partido ante el Leeds United, apenas contaba el técnico con efectivos suficientes para copar la delantera. Como si del destino se tratase, una fugaz llamada que parecía provenir de Italia podía significar que había luz al final del túnel. George Weah, flamante campeón del Balón de Oro ese año y el mayor enemigo de los porteros de la Serie A, estaba al otro lado del teléfono. O al menos eso parecía. El punta de Liberia recomendó a Souness que fichara a un tal Ali Dia, un primo suyo que jugaba de delantero y que se había quedado sin contrato en el PSG francés. Incluso añadió que había dispuado13 duelos con la selección nacional de Senegal. En aquellos tiempos, no era tan fácil conocer la carrera de un jugador como en la actualidad, nosotros tenemos internet. Por lo que Souness, sobrepasado por la situación de la inmediatez del duelo ante el Leeds, accedió.

A las pocas horas se presentó Ali Dia en la ciudad de la que Le Tissier era, y sigue siendo, Dios (no me lo invento, en el camino de entrada un cartel reza 'Bienvenido a la ciudad de Dios'). El africano firmó un contrato de un mes y realizó un par de entrenamientos, más físicos que otra cosa, en los que casi no tuvo contacto con la pelota. Rehuía de ella en los ejercicios más prácticos. Nadie notó nada. Su puesta de largo, la prueba de fuego, iba a ser un amistoso que tendría lugar contra el Arsenal a mitad de semana, pero el mal tiempo obligó a su suspensión y Dia pudo continuar con su estafa. 

El 23 de noviembre era el día marcado en rojo en el calendario. Souness había plantado un circo y ya le estaban creciendo los enanos pues en el minuto 32 de juego Le Tissier tuvo que retirarse lesionado. El técnico miró al banquillo y decidió que era el momento para que Ali Dia debutara. Fue su primer partido... y el último. Porque lo que se vio sobre el campo fue bochornoso. La consumación de lo que empezó como una broma y acabó como una estafa, de uno de los momentos más sonrojantes del fútbol inglés. Con el número 33 a la espalda, ni los 40.000 espectadores que se dieron cita en Elland Road ni el grueso del banquillo del Soton daba crédito. Obviamente, Ali Dia no era profesional. Por no ser, no era ni futbolista, pues su experiencia se reducía a unos pocos partidos en ligas amateur de barrio tanto en Francia como en Inglaterra y Finlandia. 

George Weah nunca había estado al otro lado del teléfono, sino más bien un amigo de Dia, que le había colado a Souness un gol por toda la escuadra. Torpe con el balón y sin él, corriendo como un pollo sin cabeza de un lado para otro. Pudo incluso marcar gol pues la pelota le llegó en posición franca para ello. Pero no. 53 minutos después de ingresar en el campo, el técnico decidió que era suficiente y decidió retirarle del terreno. 

"Corría por el césped como Bambi sobre el hielo, fue muy vergonzoso de ver", admitía Le Tissier, el hombre por quien había ingresado. "Nunca volví a saber nada de él. Al día siguiente del partido, los fisioterapeutas nos dijeron que estaba tratándose una lesión y no le volví a ver", reconocía el capitán. Y es que Ali Dia fue cortado antes de cumplir las dos semanas de su contrato, cuando aún le quedaban más de 15 días para expirar. Justo el día después de debutar y de mostrar ante todo y ante todos, que es uno de los mayores estafadores de la historia del fútbol inglés. Que pudo cumplir su sueño cuando, sin ninguna experiencia profesional, debutó en la que probablemente es la mejor competición del mundo cuando ya contaba con 30 años. Porque Ali Dia nunca fue el primo malo de Weah, ni tampoco el bueno. Y porque aunque fue Bambi sobre hielo, también puede presumir de haber sido el delantero del Southampton por un día.


miércoles, 6 de enero de 2016

Adalberto Peñaranda, la penúltima perla del Udinese

Peñaranda celebra un tanto con el Granada / AGENCIAS
Hay quien se atreve a asegurar que Adalberto Peñaranda será el mejor jugador de todos los tiempos de Venezuela, título honorífico y totalmente subjetivo que se podría decir hoy está en poder de Juan Arango. Quizás demasiada presión para un joven que acaba no sólo de debutar en Primera División, sino de cumplir los 18 años. Y es que hasta hace bien poco el vinotinto no tenía edad legal siquiera para tener carnet de conducir y en sólo unas pocas jornadas ya se erige como el salvador de la temporada de un Granada que marcha con más penas que glorias, tambaleándose en la fina cuerda que separa el descenso de la permanencia.

Sus cifras, pero sobre todo sus sensaciones, son positivas y esperanzadoras. La nueva perla del Granada, que juega cedido en Los Cármenes por el Udinese, igualó el mes pasado una estadística que le pone a la altura de Agüero, Messi, Raúl o Torres. Y es que sólo ellos cinco han conseguido marcar cuatro goles en Primera División con 18 años. Peñaranda, además, tiene hasta final de temporada (cuando cumpliría los 19) para quedarse líder en solitario de ese selecto club de jugadores que no han terminado siendo poca cosa en el fútbol mundial, precisamente. El venezolano, encima, es el jugador más joven de la historia de la Liga en marcar un doblete (18 años y 185 días), desbancando a un tal Leo Messi de tal honor. Y en el Granada, que tiene doble mérito.

Adalberto Peñaranda no es más que la enésima promesa que sale de la factoría de la familia Pozzo, que tiene el Udinese como origen y echa raíces sobre Granada y Watford. Se puede poner en cierta duda el uso de compra-venta que le da a sus clubes el empresario italiano, pero nunca el rendimiento deportivo. Los italianos se mantienen en su lucha en el Calcio, mientras que los granadinos permanecen en la máxima categoría del fútbol español tras pelear desde el infierno. Los ingleses, quizás los mejor parados hoy, disfrutan de esta su primera experiencia en la Premier y, hasta la fecha, lo hacen con más alegrías que disgustos. Es por eso, siempre con el Udinese como matriz, ser común ver pasar a los jugadores de los italianos por los otros afiliados. Iturra o Nyom, por ejemplo, o Nico 'El Diente' López, han vestido dos de las tres camisetas de los Pozzo. Otros como Ighalo han llegado a pasar por las tres entidades.

Giampaolo Pozzo se caracteriza por comprar barato y vender caro. Por hacer un paralelismo, lo que en su día llegó a hacer el Sevilla gracias a Monchi o lo que hace desde más de una década el Oporto de Pinto da Costa. El ya bautizado como Modelo Udinese empezó a gestar en 1986, justo hace 30 años, cuando Pozzo compró el club. Se basa en un scouting minucioso desde los más jóvenes de Italia hasta el sitio más escondido de sudamérica, quizás este último el que más gusta y el que mejor rendimiento ha dado, pasando también por las pequeñas escuelas de fútbol africano. Todo empezó con el ya retirado Giannacheda, rescatado en 1995 de la Serie C totalmente gratis y vendido años después por más de 25 millones. Una operación que se repitió poco después con Amoroso, fichado por 3 millones del Flamengo vendido por 36, 12 veces más. Y así, un sinfín de jugadores como Appiah, traído de Ghana sin coste alguno, Fiore, David Pizarro o Iaquinta. Más recientemente, otros como Asamoah Gyan, Muntari o Handanovic, hoy por tero del Inter de Milán repiten la ecuación. Incluso Cuadrado, que pasó sin pena ni gloria por Udine pero que dejó más de 21 millones en las arcas. Quizás el caso más célebre sea el de Alexis Sánchez, con unas cifras clavadas a las de Amoroso. Benatia, Inler, Candreva, Mauricio Isla, Roberto Pereyra, Allan, Armero o Muriel completan huecos en una lista que no parece tener fin y cuya amortización económica se antoja casi incalculable. Cerca de 300 millones de euros de beneficio en no más de 20 jugadores.

Espigado, con camiseta de manga larga cuyos puños le sobrepasan los dedos y un movimiento de piernas peculiar. Es imposible no acordarse, aunque sea sólo un poco, aunque sea del chico joven que jugaba en el Santos, de Neymar. Sin comparaciones, uno es uno de los tres mejores jugadores del mundo; el otro, un buen proyecto. Su salida de regate en corto, su conducción intercalada entre balón largo y pegado al pie, su condición de canchero y ese recorte por detrás recuerdan a los inicios del joven brasileño. Otros, en cambio, aseguran que su conducción por el centro y su arrancada con la pelota rompiendo líneas, así como la conducción de ésta, recuerda un poco al Diego Costa más asilvestrado que llegó a España siendo incluso menor de edad.

Sea como fuere, la factoría Pozzo ha vuelto a funcionar y es Peñaranda, quien por cierto aún no ha debutado con la absoluta de Venezuela (cuestión de tiempo), la nueva perla que se trae entre manos. No extrañaría verle el año próximo con las rayas negras y blancas del Udinese si la proyección sigue tan ascendente como hasta ahora. Tampoco que un club como Inter de Milán, Tottenham o Liverpool (aseguran desde Granada que ya hay contactos) se dejen un buen jornal para hacerse antes que nadie (pero después de Pozzo, como casi siempre), con la nueva próxima estrella del otro lado del charco. Hace con Success (otro de la familia italiana) una pareja de oro, dos críos casi juveniles, que no han llegado siquiera a madurar, pero que ya intimidan y asustan a las mejores defensas del fútbol mundial. Adalberto Peñaranda, fácil de recordar.

viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué le puede aportar Augusto Fernández al Atlético?

Augusto, presentado como jugador Atlético / AT. DE MADRID
Caminaba glorioso el Atlético de Madrid en una carrera de fondo adelantando rivales con una estética depurada, quizás no la más ortodoxa y vistosa, pero sí eficaz. Recogía cadáveres en la contrarrecta con una zancada tan firme como válida cuando de repente Tiago se rompió. En un partido que no era más que un trámite (porque el Espanyol ni siquiera disparó a puerta, y por no hacerlo, ni desviado) que terminaría cuando los rojiblancos hicieran el primer gol (y lo hizo Griezmann en el minuto 2), la lesión del portugués significó la más amarga de las victorias. Tiago Benjamin Button, rejuvenecido a sus 34 años, mejor con el paso de los años como el buen vino, no era sino la pieza más importante del equipo. El ancla, el enganche y la columna vertebral. Quizás con Godín, el único irremplazable en el equipo. En el mejor momento de su carrera, justo cuando los números del DNI dicen lo contrario, Tiago ha dejado de contar en el campo.

Simeone, en su intentona por cubrir la baja del luso, ha probado ya mil variantes que, aunque han dado resultados (el Atlético lo ha ganado todo desde entonces salvo el tropezón de Málaga), no terminan de dar la seguridad necesaria. Y es por eso que ahora llega Augusto Fernández. Argentino, ex pupilo del Cholo. Polivalente. Un parche de los de obra para seguir sumando opciones a poner esa tirita en la medular. Saúl es la más recurrida, la más utilizada, pero el chico peca aún de juventud. Difícil ponerle el freno a un joven con tanta hambre y tanta llegada. "No queremos otro Tiago, de Saúl queremos que sea Saúl", dice Simeone. Y el internacional con las categorías inferiores de la selección puede aportar muchas cosas, pero le falta el temple que dan los partidos, la experiencia. También, aunque parezca pecata minuta, el chico es zurdo y eso condiciona la totalidad de los automatismos de un equipo que trabaja con un '5' diestro desde que el fútbol es fútbol. Es decir, desde que llegó el Cholo. Ha probado también Koke, que es la opción preferida de la grada. Pero con él se pierde último pase al alejarle del área. Hasta Gabi, remontándose al hacer que elaboraba 10 años atrás. Pero el equilibrio que aporta desde el perfil derecho lo pierde. Y Gabi es la extensión de Simeone, el sacrificio hecho persona.

La opción de jugar con muchos jugadores en el medio es la favorita del cuerpo técnico rojiblanco, permitiendo que según qué tramo del partido, todos pasen por todas las posiciones del trivote. A día de hoy, una nueva baja de uno de los tres que hoy están disponibles (cuatro, con Thomas, que ya rompe el cascarón y aporta cositas pero aún está verde) sería fatal para los intereses de los del Manzanares, y es por ahí por donde la llegada de Augusto Fernández va a ayudar desde el primer minuto. Hay que remontarse a 2008 para comprender el trasfondo de esta incorporación. Entonces, Diego Simeone entrenaba a River Plate y Augusto Fernández era importante en la banda derecha y servía balones de oro a Radamel Falcao, Alexis Sánchez y el Loco Abreu, entonces jugadores más adelantados de los millonarios. En un sistema de juego que variaba mucho, pues Simeone fue desde el 3-4-3 hasta el 4-5-1 pasando por el 4-3-3 o el 4-4-2 en rombo o en doble pivote (el más utilizado) y donde era habitual ver jugadores importantes de suplente, lo que raramente cambiaba era la presencia de Augusto Fernández en el equipo, ya fuera como titular o como revulsivo. Disputó 14 de los 31 partidos que dirigió el Cholo como titular y salió de suplente en casi todos los demás, en la mayoría directamente tras el descanso.

Augusto siempre fue más un interior pegado a la banda que un extremo. Le gustaba driblar y acercarse a la cal para poner el centro desde fuera, pero rara vez lo hacía. Era más un jugador de apoyo a los mediocentros que ponía balones al área desde atrás y no llegando hasta la línea de fondo. Su buen toque de pelota le permitió que, en opciones de urgencia, en su último año en Vélez, Gareca decidiera que abandonara la banda para empezar a jugar como mediocentro al lado de otro interior y un pivote. Lo que sería hoy Koke en el propio Atlético. Su buen trato de balón y el ritmo más lento que se juega en el fútbol sudamericano le permitieron adaptarse rápido y cumplir con las exigencias del entrenador. Tan bien le fue su nuevo rol que en su debut con Argentina en un doble partido con Brasil, en el que sólo podían competir jugadores que jugasen en las ligas nacionales, Sabella le diera los mandos de la medular.

Cierto es que, tras la recuperación de varias bajas, Augusto volvió a la banda a final de temporada con Velez. Una situación que se asentó más aun con su llegada a Europa. En el Celta de Vigo, el argentino fue titular indiscutible jugando 36 partidos, todos como titular, y marcando seis goles y repartiendo cuatro asistencias. En la segunda campaña, ya con Luis Enrique en el banquillo, su situación empezó a cambiar. Borja Oubiña, hasta entonces pilar del equipo gallego, retornó su viacrucis con las lesiones de rodilla y terminó la temporada a regañadientes. Ante la necesidad de un pivote en la medular, Luis Enrique probó de todo: Fontás, Cabral y hasta Rafinha nunca cuajaron, pero sí vio algo distinto cuando puso ahí a Augusto, que terminó el curso siendo un comodín. Fue un punto de inflexión al que se llegó en la victoria ante el Levante con un solitario gol de Nolito a pase, precisamente, de Augusto, que entendía el juego entre líneas como pocos.

Augusto era un jugador clave en el Celta. Importante hombre en el vestuario, hace grupo, manda, ordena y es un líder. Un ejemplo para los más jóvenes. Esa virtud le otorgó la capitanía que dejaba vacante Oubiña y que podía ejercer con más criterio desde la medular. La llegada de Berizzo no hizo más que reforzar la idea del argentino como pivote y ya nunca se ha apartado de ahí salvo en un encuentro donde, por las bajas, tuvo que probarse como lateral con éxito. Augusto es recuperador y suelta el balón con facilidad, sin complicaciones, aunque no le quema en los pies. Da una primera salida de balón limpia desde los centrales, tiene buena visión de juego para los pases interiores y, sobre todo, es un gran defensor. Hace muy bien las coberturas. No cabe duda que encajará perfectamente en el puzzle de Simeone gracias a su polivalencia. Podrá actuar tanto de cinco, como ayudar a ellos en los interiores. E, incluso, aunque ya parece remoto, volver a la banda.

Augusto no es Tiago, como tampoco lo será Saúl, ni Gabi, ni Koke, ni el futuro Kranevitter. Augusto es un comodín que llega al Atlético para reforzar la idea de que todos ayuden a todos para que la suma de Augusto más Saúl más Koke más Gabi pueda dar como resultado de la ecuación a Tiago.