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martes, 2 de febrero de 2016

Los pelotazos del mercado invernal

Alexandre Pato, presentado como nuevo jugador del Chelsea
Enero. Arreglar todo a última hora. Tirar de chequera para solventar los primeros malos tragos de la temporada, la que toca reconducir porque los bandazos pegados en los meses inaugurales han sido bochornosos. Otros, en cambio, buscan ese empujón de ilusión para terminar de engrasar una máquina perfecta. Jugadores que se van a ligas exóticas en busca de dinero, otros que retornan al viejo continente para recuperar su fútbol, aquellos que salen reclamando minutos porque en verano hay Eurocopa, los que dan el salto desde América...

Los hay de todos los colores, casi a gusto del consumidor, y de todos los precios posibles. El Espanyol, por ejemplo, que fichó al meta Arlauskis, sin minutos en el Watford, y a las pocas horas de llegar ya estaba debutando en Liga ante el Real Madrid sentando a un Pau López que parecía intocable. Uche, que sumará efectivos al ataque del Málaga o Isaac Cuenca, de vuelta en la Liga gracias al Granada. Los andaluces, por cierto, vendieron a su joven perla Peñaranda al Watford en el último día de mercado, aunque seguirá cedido en Los Cármenes. Claro que por las relaciones entre ambos clubes, propiedad de la familia Pozzo, poseedora del Udinese, es como cuando mi hermana me pide un bolígrafo y pretendo cobrarle por prestárselo. Nada serio.

No se ha cortado el Getafe a la hora de incorporar a un viejo rockero: Álvaro 'Palito' Pereira, que tras jugar en Inter de Milán y Oporto, entre otros, recala en el club azulón cedido por Estudiantes de la Plata. Marco van Ginkel, la promesa del Chelsea que no deja de dar tumbos sin ningún éxito, probará suerte en su Holanda natal, reforzando a un PSV que sigue vivo en Champions (jugará frente al Atlético) y que necesita jugadores como el comer. Sobre todo ahora que Guardado está lesionado. Y si el holandés ha salido del Stoke, ha sido en parte porque si ya de por sí le costaba tener minutos, el fichaje de Imbula por los potters le ha terminado de cerrar las puertas. Un Imbula por el que el Oporto, siempre rentabilizando sus operaciones, ha sacado la friolera de 24 millones de euros. Nada mal para un chico que a sus 23 años no ha demostrado nada.

Kranevitter, presentado con el Atlético / ARG AGENCIAS
Otro clásico como Heitinga, el jugador más querido por la afición del Ajax en los últimos años, colgó ayer las botas a los 32 años y se unió al cuerpo técnico del club ajacied. Una pena su historial de lesiones, pues las rodillas, destrozadas desde la Eurocopa 2008, cortaron la progresión del que apuntaba a ser mejor central del mundo. Luego está el Atlético, donde jugó el holandés, por cierto, una serie de catastróficas desdichas que se fue a por Augusto tras lesión de Tiago y ahora se encuentra que con la rotura de ligamentos del primero la posición vuelve a estar huérfana y que ambos retornarán casi a la par. A no ser que Kranevitter, otro llegado en invierno, demuestre que no está verde y que tiene ya el ritmo para jugar en España.

El Newcastle ha tirado la casa por la ventana en invierno para arreglar lo que no hicieron en verano, que fue mucho. Pero la táctica sigue siendo la misma, fichar jugadores por fichar, gastar dinero sin ton ni son y tener un equipo que se ha gastado más de 150 millones de euros en los puestos de descenso. A los Mbemba, Wijnaldum, Thauvin o Mitrovic que llegaron en verano se han unido Doumbia (cedido), Shelvey, Saivet y Townsend. Y no llegó Berahino por unas pocas horas.

El mercado chino ha irrumpido con fuerza. Ramires (30 millones), Mbia, Guarín, Gervinho, Fredy Montero, Luis Fabiano, Renato Augusto o Elkeson han hecho las maletas y se han ido al gigante asiático. Y porque Jackson Martínez se negó... En Italia, el Inter quiere ganar la Liga, y para eso se ha hecho con los servicios de Eder, la estrella de la Sampdoria que ganaba partidos en solitario. También la Fiorentina, que ha dejado salir a Mario Suárez y Rossi y se ha reforzado con Mauro Zárate, otrora estrella del campeonato, Tino Costa, Tello y Benalouane. A Italia ha vuelto también El Shaarawy, a una Roma necesitada de atacantes porque los suyos no hacen gol. De momento el transalpino ha arrancado con buen pie.

Dos son sin duda los fichajes estrella del mercado invernal, en mi opinión. Uno es el de Alexandre Pato por el Chelsea. Operación duradera, lenta. Pato no pudo recalar en el conjunto londinense en agosto por problemas con el permiso de trabajo y la inmediatez del cierre de mercado hizo que los de Mourinho se decantaran por Pedro a última hora. Con más tiempo para evaluar la situación del brasileño, los blue se han adelantado a Liverpool y Manchester United para dar una segunda oportunidad a un jugador que apuntaba a Balón de Oro y al que las lesiones frenaron la progresión. No me escondo, diré que soy admirador de su juego y que en Inglaterra puede romperla. Ha recuperado sensaciones y ritmo y ha logrado 40 goles en sus últimos dos años con el Sao Paulo. Nada mal. Ahora el Chelsea lo pesca como cedido, sin coste alguno y si funciona, recordemos que sólo tiene 26 años, puede ejecutar una compra definitiva o aguardar seis meses sin él hasta que expire su contrato (en diciembre).

Malcom, en su etapa en Corinthians / GIRONDINS
El otro es Malcom, extremo brasileño de 18 años por el que el Girondins de Burdeos ha pagado cinco millones de euros. Una operación fantástica de un precio bajísimo por uno de los jugadores más prometedores del mundo. Recuerda mucho en su jugar a Douglas Costa (no vamos a descubrirle ahora), que también dejó Brasil en su día para ir a Ucrania por una cifra ínfima. Al nivel de la llegada de Ángel Correa al Atlético, por ejemplo. Talento a coste barato.

También está Víctor Valdés, que ha puesto fin a su paseo en el infierno vangaliano y ha recalado en el Standard de Lieja para volver a sentirse futbolista a los 34 años. Con ganas de algún refuerzo más se ha quedado el Leicester, líder de la Premier League. Siguen los de Ranieri con paso firme en la punta de la tabla, aprovechando los tropiezos del Arsenal y del Manchester City en la Liga más barata de los últimos tiempos. Sólo han incorporado a Demarai Gray, a quien la Championship se le quedaba pequeña. Remy era su sueño (también un lateral polivalente), pero tendrá que conformarse con acabar la temporada entre la grada y el banquillo de Stamford Bridge. Y así, entre idas y venidas. entre fichajes frustrados, el mercado se vuelve a cerrar y tendremos seis meses de rumores sin fundamento, de baile de banquillos (Guardiola llega al Manchester City) y de equipos que, por no hacer bien el trabajo en el presente curso, planifican sus nuevos retos. 

martes, 9 de diciembre de 2014

Matías Kranevitter: el chico que creció viendo vídeos de Busquets y Pirlo

Tres son las señas de identidad del fútbol argentino, sin contar los asados de carne, claro está. Jugadores potreros, gambeteros capaces de romper todos los esquemas de un partido es la primera; también los guardametas altos, difíciles de batir en el uno contra uno cuando clavan la rodilla al más puro estilo fútbol sala; por último, en los últimos años, la figura del 'cinco' argentino ha ido cogiendo peso y convirtiéndose en la esencia por antonomasia del fútbol albiceleste, donde Mascherano es su último y quizás mejor exponente. 

Uno de estos últimos es Matias Kranevitter, jugador de 21 años de River Plate que da sus primeros pasitos en esto del balón y que bien podría haber destacado en otros deportes. Y es que Colo, como le apodan (también le llaman Jefecito por Mascherano), hizo sus pinitos en el golf cuando sólo tenía 12 años. Pasó dos de ellos como caddie en un campo cercano a su casa para aportar algo de dinero en casa, un deber que le correspondía al ser el mayor de seis hermanos en una familia humilde. Padrinos no le faltaban. César Castillo y Andrés Pigu Romero, golfistas con buen nombre en el panorama mundial son familia suya y le introdujeron en el mundo. Admite que no se le daba mal eso de los hierros y la gente de su entorno lo confirma, pero en Argentina todos los críos sueñan con otra cosa.

No dejó escapar el tren del fútbol cuando un ojeador de River llamó a su puerta con 14 años. Viajó a Buenos Aires y pasó la prueba pertinente que le ha llevado a ser hoy uno de los futbolistas con mayor proyección. De hecho, una desafortunada lesión (rotura del quinto metatarsiano del pie derecho en octubre) le ha privado de su primera convocatoria con la selección absoluta de Martino, para la que contaba con muchas papeletas.

Kranevitter, entrenando con muletas / River Plate
Una lesión, eso sí, que no le impidió entrenarse cuando caminaba con muletas. Sorprendió a todos, compañeros y cuerpo técnico incluidos, cuando sólo unos días antes de pasar por quirófano saltó al césped del Monumental con sus dos muletas como aliadas para realizar sesiones de entrenamiento. "Me dieron vacaciones, pero no aguanté", afirmaba. Hizo algo de carrera, toda la que se puede hacer con esos armatostes de apoyo y realizó ejercicios de golpeo de balón con la izquierda, su pierna mala. Repitió más de una y de dos sesiones, no fue algo testimonial de cara a la galería. Otro de sus cometidos,además, era hacer piña y alentar a la plantilla, que vivía momentos importantes en la lucha por el título. 

Claro que, viendo su historial, tampoco debería sorprender ver al Colo en un futuro con alguna lesión más seria correteando junto a sus compañeros en las vísperas de un partido. Y es que el pasado mes de febrero decidió jugar el Superclásico contra Boca con 40 grados de fiebre. River ganó 1-2 en La Bombonera con una gran actuación suya y al término del encuentro fue ingresado en un hospital, donde se le diagnosticó una gastroenteritis severa. 

Admite que de pequeño se fijaba en Mascherano, hoy reconvertido a central en el fútbol europeo pero toda una referencia en el fútbol sudamericano en la posición de '5'. El Jefefito, oficiosamente capitán de la albiceleste, hizo carrera también en River, con el dato peculiar de debutar antes con el primer equipo de la selección que con el de River, y es el espejo al que mirarse para todos los centrocampistas. 

Las comparaciones son odiosas pero en este caso necesarias. Krane es un jugador que no pierde nunca la posición, que se coloca a la perfección con y sin balón, que no acostumbra a ir al suelo, cosa de la que dista con Masche. Aunque el hoy jugador del Barcelona no es su única referencia. "Sigo a Mascherano, pero también me fijo en Bastian Schweisnteiger. Me gusta fijarme cómo juegan a un toque, cuándo retroceden y también ver cómo antes de recibir la pelota ya saben hacia dónde la van a hacer circular, porque tienen una referencia de todo el campo de juego". Malos profesores no se ha buscado precisamente, porque afirma también admirar a Redondo, pionero en esta posición para el fútbol contemporáneo.

Kranevitter, en su debut ante Lanús / La Página Millonaria
A todo este mejunje personal hay que sumar el entrenamiento colectivo y personalizado que le ha impuesto Marcelo Gallardo, su actual técnico y su máximo valedor desde que llegó al banquillo de River. "El secreto de mi juego es que el míster me hace ver vídeos de Busquets y Pirlo". Y la verdad que, con mucho por hacer aún y salvando las distancias, el chico tiene cosas de ambos también.

Su progresión en año y medio hace imposible no pensar en un futuro, aunque no muy lejano, salto al fútbol europeo. Tiene condiciones para jugar como hombre más retrasado en un centro del campo formado por tres mediocentros, pero también en uno formado por un doble pivote. Saca el balón sin complicaciones, aunque le cuesta ir más allá de la primera línea. Es decir, tiene buena salida de pelota desde abajo pero no es un creador de juego. Tiene un aire de ser siempre superior a los demás. Es un prodigio a la hora del corte y su capacidad de anticipación está a la altura de muy pocos. Juega en corto y en largo con calidad, siempre se ofrece cuando un compañero cercano tiene la posesión y tiene una cualidad muy difícil de ver en el fútbol actual: cada balón que da siempre es mejor que el que ha recibido. Tiene suma facilidad para recibir libre de marca y cuando está presionado es usual ver cómo se genera unos metros a base de fintas de fútbol sala o escondiendo el balón. Sus piernas, largas e interminables, le hacen ir bien al corte cuando está por detrás del balón sin necesidad de ir al suelo, algo que no suele utilizar y su mayor defecto está en el juego aéreo. Su altura (1'82 metros), eso sí, hace pensar que pueda progresar y mucho en el futuro. Condiciones todas ellas que le hacen ser superior en el torneo argentino e invitan a pensar en que el fútbol sudamericano se le queda pequeño. Cualidades que deberá adaptar a un fútbol más exigente como el europeo, algo nada fácil y un puente por el que muchos talentos nunca acaban de pasar. 

Es Matías Kranevitter, el chico que dejó el golf por jugar al fútbol, el cinco de hierro que bien pudo ser un 'hierro cinco'. El jugador que se entrenó en muletas a horas de pasar por el quirófano y que jugó con 40 grados de fiebre para ser ingresado minutos después. En Argentina ya le conocen y algunos se atreven a alternar las letras de su apellido para llamarle Kraven, como El Cazador de Marvel. El futuro ya está presente.

Kranevitter, durante un partido / TELAM