miércoles, 20 de mayo de 2020

La madurez de Rodrigo de Paul

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No se equivocaba en absoluto Pizzi al afirmar que, en 2014, "el Valencia fichaba a uno de los jugadores con mayor proyección de Argentina" con la adquisición de Rodrigo de Paul. La Superliga, con equipos necesitados de cash urgente, sucumbió durante años regalando a sus mejores perlas a precios hoy considerados de risa, sobre todo en comparación con las etiquetas de valor que ponía en el mercado su siempre enemiga Brasil. Así, Ángel y Joaquín Correa, Leandro Paredes, Luciano Vietto, Ezequiel Ponce o el propio De Paul, los más talentosos que tenía entonces el país, acabaron en Europa por importes entre 3 y 7 millones de euros.

Pero la historia de De Paul siempre fue de madurez tardía. En Racing desde los cinco años, todos en La Academia sabían que ese jugador con mayor personalidad que los de su generación. En cambio, a Luis Zubeldia, el técnico, le costó darle la alternativa. Zubeldia, con mucho miramiento por la cantera, siempre prefirió confiar en un jugador más hecho y descarado como Ricardo Centurión y en la veteranía de Mauro Camoranesi para los costados, a la vez que jugaba sin un 10 natural, donde en el filial jugaba un De Paul que había crecido admirando a Ronaldinho, Riquelme y Zidane.

Ese debut tardío (debutó casi con 19 años en el primer equipo) le privó estar en los planes de Argentina, tanto Sub17 como Sub20, y no fue siquiera considerado para el Sudamericano juvenil de 2013. Allí, Marcelo Trobbiani confió para su puesto en el propio Centurión, además de Lanzini, Fede Cartabia, Alan Ruiz e Iturbe, todos ellos ya con experiencia profesional en sus primeros equipos. Argentina cosechó el mayor fracaso de la época reciente, ni siquiera clasificó para el Mundial y, de manera paralela, De Paul creció como la espuma. Aprovechó la ausencia de Centurión, primero en el torneo y luego lesionado, para ir haciéndose con minutos en el equipo y acabó siendo indiscutible jugando en los costados. 57 partidos en dos años que le valieron para ser traspasado al Valencia por menos de cinco millones.

Su debut en Europa no pudo ser peor. Expulsado al minuto de salir por un codazo, se convirtió en el futbolista debutante más rápido en ver la tarjeta roja en LaLiga. Le cayeron cuatro partidos y le costó mucho volver a los planes de Nuno en el equipo che, pero nunca terminó de cuajar en Mestalla. Jugó una temporada y media en Valencia, pero no entró en los plantes ni del técnico luso, ni de Gary Neville. De Paul no encontraba su sitio en un equipo más acostumbrado a jugar con extremos puros y dos delanteros y la salida de Otamendi, su mejor amigo en el vestuario, le dejó tocado en lo anímico cuando aún no estaba adaptado a Europa. Por eso, el Valencia buscó una cesión rápida a su anterior equipo, intentando que no se perdiera por el camino un jugador que parecía tener mucha proyección.
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En verano de 2016 debería volver a la disciplina valenciana, pero el nuevo técnico, Pako Ayestarán, decidió no contar con él. Minimizando riesgos, el Valencia no dudó en aceptar una oferta de la Serie A por tres millones de euros. Solo tenía 22 años, aún tenía tiempo para madurar, pero en Valencia ya habían concluido que se trataba de una de las muchas promesas que acaban en el cajón del olvido. Nada más lejos de la realidad, De Paul encontró su sitio en Udinese, no sin mucho pelearlo, porque el inicio no fue nada sencillo. Fue titular desde el primer día en los planes de Iachini, jugando detrás de Zapata o acompañándole en punta. Pero le costó brillar varios meses hasta dar con su rendimiento actual.

Poco a poco dejó la posición de enganche y encontró acomodo en banda derecha y fue uno de los mayores beneficiados del cambio de sistema que propuso el técnico, que pasó del 3-5-2 al 4-3-3. Su evolución definitiva apareció en la 2018-2019, cuando el técnico Davide Nicola optó por darle no solo la capitanía, sino una posición en el centro del campo. Tras más de dos años jugándolo todo, demostrando un derroche impropio para alguien que viene de fuera, De Paul cautivó a la hinchada de Udine, siendo uno de los favoritos de la grada. Eso le dio la cinta de líder más rápido de lo normal. Pero se trataba de un futbolista con registros estadísticos algo tristes para jugar en una posición tan adelantada. En dos años solo había sumado 9 goles y 12 asistencias y, por características de juego, Nicola le reinventó en la medular.

Ha sido jugando en posiciones interiores donde De Paul ha explotado de manera sorprendente. Su buena capacidad física, su buen entendimiento del juego, su buena asociación no solo le ha llevado a ser uno de los mejores jugadores de la Serie A, sino a realizar su debut con la selección de Scaloni. En Italia, De Paul comenzó a asomar la cabeza en distintos apartados de estadística tanto ofensivos como defensivos. En la 2018/2019, solo cuatro futbolistas (Papu Gómez, Mertens, Suso y Callejón) dieron más asistencias de gol que él, fue el cuarto futbolista en pases clave por partido tras Papu Gómez, Suso y Luis Alberto; Quedó tercero en regates exitosos por partido tras Boga e Ilicic y se convirtió en uno de los mediocampistas con más robos de balón. Además, de manera sorprendente, jugar más centrado le hizo ser mejor llegador y mejoró sus registros tanto de goleador como de asistente, anotando nueve dianas y regalando otros tantos. Su no inclusión en el XI ideal de la temporada clamó al cielo, pero no fue obstáculo para que Scaloni no confiara en él como una de las piezas claves en la reconstrucción de Argentina tras el Mundial 2018.

Esa evolución en su demarcación también ha sido vista y comprobada por el propio seleccionador, que empezó confiando en él en amistosos en los costados, peleando puestos con Dybala o Ángel Correa para acabar asentándose en posiciones más interiores. De los últimos 12 partidos de la selección, De Paul ha sido titular en 11, siendo clave en la actuación en la Copa América en 2019. Fue precisamente el primer duelo del torneo el que no jugó desde el inicio. Scaloni le dio la alternativa desde el descanso ante la inoperante albiceleste y ya nunca se ha bajado del puesto, siendo el principal y mejor socio de Messi el pasado verano y jugando ya como mediocentro puro desde que la Copa América terminara. Ya sea en el doble pivote con Paredes y jugando un poco por delante de él en un trivote, De Paul ha encontrado su sitio en Argentina, igual que es el líder absoluto del Udinese.

Inter, Milán y Fiorentina se interesaron por él en julio de 2019 y su etiqueta marcaba un importe cercano a los 25 millones de euros. Udinese es el equipo con salarios más bajos de toda la Serie A y es el único club cuya estrella no llegaba a ganar un millón de euros al año. Esto le hizo una de las piezas más codiciadas del mercado, aunque nunca se concretó un traspaso que parecía casi hecho a Florencia. En cambio, Rodrigo, que ya era el jugador mejor pagado del club, renovó su contrato hasta 2024 con una entidad que le adora, donde ya es líder, santo y seña. Convertido quizás en uno de esos últimos reductos del fútbol romántico que Italia está intentando volver a instaurar en el fútbol mundial. Papu Gómez en la Atalanta, Belotti en el Torino, Insigne en Nápoles o Immobile en la Lazio, De Paul tiene a su elección convertirse en leyenda friulani, de quedarse en una Udine que le venera como un rey y sacarle de los malos resultados que en los últimos cursos le hacen pelear por la permanencia, pero tiene cualidades para dar y regalar en los mejores clubes del mundo. Permanecer allí donde ha vuelto a ser futbolista o adentrarse en la aventura de volver a luchar por encajar. Messi le avala.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Nada ha cambiado en Víctor Osimhen

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En 2015, durante el Mundial Sub17 de Chile, una figura sobresalió sobre el resto. Víctor Osimhen lideró a Nigeria hasta el triunfo. Pero su actuación había que tomarla con mesura. El punta africano, aún por hacer y sin jugar en ninguna academia de fútbol profesional, sin estar ya monitorizado por alguno de los grandes y sin demasiadas referencias para el scout internacional, atendía a una situación que parecía, sobre todo, oscura. Son muchos los jugadores, sobre todo africanos por un simple motivo natural (desarrollan antes el físico y a esas edades esto marca diferencias), que se acaban quedando a las puertas tras realizar grandes gestas juveniles. Muchos son incluso engañados a la hora de abandonar su país y se encuentran con un cúmulo de promesas falsas de agentes de dudosa reputación que les han estafado todos los ahorros de toda una vida. ¿Quién no recuerda lo que prometía Sadick Adams y en lo que se quedó?

Y en estas, Osimhen, que no cuajó en sus primeros años en Europa, parecía llevar los mismos derroteros que otros muchos en su situación. Yo siempre lo tuve claro y nunca dudé. Ese delantero larguirucho, de pisar patizambo y de correr poco ortodoxo tenía lo necesario para triunfar. Uno le veía jugar y no sabía si era Adebayor, si era Diego Costa o si era un todo en uno. Tenía una materia prima por desarrollar y se trataba de una gema por pulir. Su fútbol estaba aún por potenciar de una manera que a veces parecía un bailarín con el balón y otras simplemente dolía observar cómo trataba de hacer un control en corto.

Sea como fuere, cinco años después y una serie de vaivenes entre medias, Osimhen es exactamente el mismo delantero que era con 16 años. Pura dinamita. Y hoy es la revelación de la Ligue One, el estilete de un Lille que lo compró por unos 15 millones de euros y que lo venderá, mínimo, por tres veces más. "Siempre le he dicho que es un calco de Didier Drogba", admite Nicolas Penneteau, el portero del Charleroi, donde el nigeriano pudo por fin reencontrarse como futbolista tras una mala etapa en Alemania.

Osimhen celebra un gol contra
Croacia (2015) / GETTY IMAGES
Y es que tras la Copa del Mundo Sub17 de 2015, donde el delantero se llevó la Bota de Oro, el Wolfsburgo dejó apalabrado su fichaje por 4 millones de euros cuando el africano fuera mayor de edad. Así, en 2017 llegó al equipo del norte de Alemania para comprobar que aún estaba muy por hacer. Su aterrizaje no pudo ser peor, pues poco antes de llegar en enero, se rompió el menisco y tuvo que ser operado. No entrenó en toda la temporada y solo fue de la partida en los dos últimos encuentros, a la desesperada, con un Wolfsburgo que se estaba jugando el descenso y que acabó logrando la permanencia en la promoción.

La 17/18 debía ser su temporada. Había cogido cuerpo y por su complexión, por sus condiciones, se podía mover por todo el frente de ataque. Siempre prefirió la delantera, pero su facilidad para tirar diagonales y desmarques, y su buen juego de pies, además de perfilar muy bien el disparo desde el costado izquierdo le hacía ser muy válido para cualquier equipo. Pero eran malos años para el equipo de la Volkswagen, que nuevamente se iba a jugar el descenso durante todo el curso y el técnico optó por jugadores más experimentados. Osimhen fue de menos a más y cuando más estaba contando, en el tramo final de la temporada, se le salió el hombro y se volvió a quedar meses sin competir. Se puede hablar, perfectamente, de dos temporadas enteras tiradas a la basura y tres años ya desde que el jugador asombrara al mundo. El fantasma del juguete roto cada vez se cernía más sobre él.

El Wolfsburgo, decidido a deshacerse de él, no encontró comprador, por lo que no vio con malos ojos una cesión a un país cercano y a un fútbol menor donde pudiera coger algo de confianza. En Bélgica Osimhen explotó su superioridad física. Y el resto es historia. Marcó 20 goles en la temporada y el Lille, que tenía dinero fresco de la venta de Leao al Milan, no dudó en tirarse a la piscina. Al Wolfsburgo le salió la jugada horrible. Habían aceptado venderle al Charleroi al nigeriano por el mismo precio que ellos habían pagado y los belgas lo mandaron al fútbol francés por casi 15 millones de euros. En Francia, Osimhen no está dejando títere con cabeza. Hasta la cancelación del campeonato, el africano había marcado 18 goles (dos en Champions) y había ayudado con seis asistencias en un campeonato mucho más competitivo.

No cabe duda que Vïctor Osimhen será uno de los agitadores del mercado, cuando se abra y si se abre, al estar en un equipo que no dudará en aprovechar sacar rédito y llenarse los bolsillos. El africano es exactamente el mismo jugador de hace cinco años. No ha cambiado en nada, salvo que ahora torea en las mejores plazas. Su estilo patizambo sigue intacto. Su olfato goleador, impoluto. Su zancada larga, imparable en carrera. Su definición poco ortodoxa, igual de efectiva. Y su golpeo con el interior, como de seda, con rosca e inimaginable para un jugador de su apariencia, imprevisible. Por características, es un jugador ideal para un Atleti de Simeone que juegue al contragolpe. Por físico, la Premier League se asemeja a las mil maravillas a lo que puede explotar. Tras la Copa África de 2019, donde fue suplente y solo disputó el partido por el tercer puesto, ahora parece liderar la carrera por ser el '9' de la próxima generación, en una dura disputa que tendrá, entre otros, con Ighalo (Manchester United) y con Iheanacho (Leicester City).

"Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sinceraba con apenas 16 años ante los micrófonos de la FIFA. Hoy, de momento, ya ha conseguido que las comparaciones con su ídolo lleguen desde voces autorizadas del fútbol internacional. Además, no parece ser el jugador al uso de hoy en día. Sabe de dónde viene. "Los compañeros juegan a los videojuegos y salen antes de los partidos. Yo prefiero meterme en mi habitación y concentrarme para ganar cada partido".

viernes, 1 de mayo de 2020

Matías Palacios, la enésima perla del fútbol argentino


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Cuando me pongo a ver un torneo de selecciones juveniles internacional, siempre parto de una premisa importante: hay que fijarse en aquel que lleve el dorsal 10 en Argentina. Maradona, Agüero, Aimar, Tévez, Ibagaza, Romagnoli o D'Alessandro llevaron el número mágico en el reverso del que nunca pudieron disfrutar Riquelme (coetáneo con Aimar), Gallardo y Ortega (cuando a Argentina se le privó de disputar eventos infantiles por el mal comportamiento en años anteriores o un Messi que entonces prefería usar el 18 y el 19. Matías Palacios (La Pampa, 2002), es el último gran proyecto de futbolista que tiene en sus filas la albiceleste. Avalado por Pablo Aimar y asesorado por Leandro Romagnoli, admira a Juan Román Riquelme, a quien todos dicen que se parece de una forma desmedida en cuanto a juego.

En una época en la que Brasil vende proyectos de futbolistas al viejo continente a precio de oro, parece que Argentina se ha quedado atrás en una carrera en la que San Lorenzo podría malvender, otra vez y quizás antes de lo previsto, a la última gran perla de su cantera. Solo el traspaso de Rodrygo (20 años) por 45 millones al Real Madrid supone una cifra parecida a la que el fútbol argentino sacó por sus dos ventas más caras de la historia, la de Lautaro al Inter y la de Alario al Bayer Leverkursen. Para hacerse una idea, Vinicius (45M), Reinier (30M), Paquetá (40M), o Gabriel Jesús (32M), sin contar los multimillonarios traspasos de Oscar, Neymar, Arthur o Lucas Moura. El de Lautaro Martínez, el fichaje más caro de la historia del fútbol argentino, le colocaría lejos del Top10 histórico del fútbol brasileño.

Y es que aún nadie se explica cómo San Lorenzo de Almagro sacó en su día solo 6 millones de euros por la venta de Ángel Correa (el año pasado recibió 3 millones más por el 10% que le restaba del pase) cuando el hoy 10 del Atlético era el mejor jugador de su generación y una de las perlas de la AFA. Tampoco cómo, en una época de bonanza económica, su nueva estrella juvenil, Matías Palacios, ha renovado con una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares que se antoja asequible para casi todos los clubes militantes en Champions y Europa League.

Matías ha crecido en San Lorenzo desde bien joven. Desde los 13 vive en la pensión del club con el paradigma de estrella juvenil y lo hace bajo el paraguas de su hermano Julián, con quien ha compartido diversas categorías pese a llevarse más de tres años de diferencia. Esa precocidad le ha llevado, entre otras cosas, a ser el debutante más joven en la historia del club, haciendo su aparición en Primera División con solo 16 años y 4 meses. Fue en 2018, el mismo año en el que debutó como internacional Sub20 con Argentina en el prestigioso torneo de L'Alcudia, sin importar que sus compañeros y rivales le sacaran cuatro años de edad.

Mati comenzó sus años de fútbol en el General Pico como volante central, dada su facilidad para recibir entre los defensas, girarse y transitar el balón desde su campo hasta una posición más adelantada. Pero en San Lorenzo fue evolucionando su posición hasta el enganche, debido a su buen trato de balón en las zonas decisivas del campo, su regate y sobre todo su buena visión de juego. Prefiere asistir a marcar, aunque dada su demarcación ahora hace gala también de su potente disparo desde la frontal del área. Se fija en Riquelme e Iniesta como modelos, y es con el ex de Boca con quien todo el mundo le encuentra más similitudes. "Tiene muchas cosas de Román", dice de él Pablo Aimar, que le tiene como una debilidad personal en la selección que él dirige.

Palacios ha sido figura ahí donde ha estado. Lo fue en el Sudamericano Sub15 de 2017, donde Argentina se llevó el título. También en el Sub17, dos años después, donde la albiceleste también levantó la Copa y fue de lo poco destacable de Argentina en el Mundial de la categoría, donde Paraguay sorprendió eliminando en la primera ronda del KO a los de Pablo Aimar. Para Hugo Tocalli, quien fuera la mano derecha de Pekerman en la construcción de la base más exitosa de la historia albiceleste (la de Messi, Agüero, Banega y compañía, pero también las de Aimar, Galletti, Riquelme o D'Alessandro) es una de las mayores perlas que ha tenido la AFA en mucho tiempo.

El juego de Palacios se caracteriza por ser muy vistoso. Su capacidad de ir con la cabeza siempre mirando al frente le permite ver el fútbol un par de segundos antes que los mortales. Por eso, mientras el resto toma algo de aire en una situación que parece de tregua, él ya está mirando la oportunidad de batir desde campo propio a un portero adelantado o de enviar en largo con suma precisión al compañero que ha tirado el desmarque. De ahí las comparaciones, siempre con mesura, con Román. Su visión en largo es tan buena como en corto, donde no duda de sacar todo tipo de repertorios más en busca de practicidad que de plasticidad. Taconazos, túneles, dominio del golpeo de exterior o pases mirando al tendido que ya han llamado la atención de los grandes de Europa y que se suman a su buen golpeo a balón parado.

Ahora está en el momento crucial de su carrera. Hasta ahora, todo le "ha ido muy rápido", como él mismo afirma, pero es el momento de dar un paso adelante y asentarse en el fútbol profesional, faceta donde otros muchos talentos precoces se quedan por el camino. Hasta la fecha, solo suma dos partidos con el primer equipo de San Lorenzo, un salto al primer nivel que se ha visto mermado en este último curso por los compromisos internacionales con la Sub17 de Pablo Aimar. El próximo 10 de mayo cumple los 18 años, edad a la que de manera legal ya podría abandonar Argentina para salir al fútbol europeo (o a la MLS, siguiendo los pasos de Barco o Pavón), aunque no parece ser la idea aún de San Lorenzo, que a finales de 2018 rechazó 8 millones de euros del Genoa por él y que tampoco llegó a un acuerdo con el Almería el pasado mercado invernal. El objetivo de juntar una buena versión de Palacios con Gaich, pues ambos parecen nacidos para haber jugado juntos, es un ideal que llena de ilusión a la afición del Ciclón, sabedora de que tiene entre sus manos a una de las mayores perlas del país y a una pareja joven que podría romper los cimientos del campeonato argentino.


martes, 21 de abril de 2020

Milot Rashica, purasangre balcánico para Europa

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En una época en la que el fútbol está marcado por los niños prodigio que abandonan el nido por cantidades vergonzosamente millonarias nada más cumplir la mayoría de edad —o incluso antes—, se hace difícil ver a jugadores que, siendo aún jóvenes y estando en edad de evolución, fichen por equipos top del planeta. Quien no está instalado ya en un club de primer nivel nada más arrancar la veintena parece avocado a dar tumbos toda su vida por entidades de segundo nivel. En cambio, son muchos los que rompen el cascarón tarde y que, con un precio de mercado mucho más asequible, merecerían por méritos propios jugar en cualquier conjunto del planeta.

Es el caso de Milot Rashica, que cumplirá 24 años en unas semanas y que ha llamado a la puerta del fútbol internacional hace escasos 18 meses. Rashica es ya un ídolo en su país. Nacido en Kosovo, es evidentemente la estrella de un nuevo estado cuya independencia aún no es reconocida por más de la mitad de los países que conforman las Naciones Unidas y uno de los pocos jugadores que han optado por representar a un país con un nivel tan limitado. Porque Rashica jugó todas las categorías inferiores con Albania e incluso llegó a disputar un par de amistosos con la absoluta. Pero cuando la FIFA dio luz verde a Kosovo, también autorizó a muchos jugadores con doble nacionalidad, sin importar que hubieran tenido pasado internacional con otros países, a vestir la camiseta kosovar. Shaqiri, los hermanos Xhaka, Behrami o Januzaj podrían haber seguido el camino de Rashica o Berhisa, pero decidieron no cambiar de combinado nacional.

Rashica debutó a los 16 años en el Vushtrria de su país. En el verano de 2013, tras realizar una prueba con el Gent, decidió que aún no era tiempo de abandonar su casa y rechazó la propuesta del equipo belga para jugar en su filial. En cambio, comenzó un periplo de dos años en el torneo local, donde ganó la Liga en el primer año y donde su participación en el segundo aumentó. Nada más cumplir la mayoría de edad, un equipo acostumbrado a cazar talento precoz como el Vitesse le echó el guante y no se equivocó. Un traspaso cifrado en apenas unos 300.000 que le dio al club de la Eredivisie un rédito tanto económico como deportivo. Dos años y medio más tarde, el kosovar dejaba siete millones en las arcas del club y se marchaba con la Copa de 2017 y un registro de 15 goles en los 100 partidos que disputó en el equipo. En Holanda, Rashica jugó prácticamente anclado a la banda derecha, aprovechando su rapidez para llegar a línea de fondo y terminar las jugadas.

Pero el salto a la Bundesliga le dio un aura aún más especial y le completó como futbolista. Ha sido en el norte de Alemania donde el jugador ha llegado, de momento, a su mejor nivel y ha mostrado una mejor versión. Acostumbrado a jugar a pierna natural, a su llegada al Werder Bremen experimentó jugando a banda cambiada o en un ataque de jugadores móviles y su peligrosidad en ataque se multiplicó. Rashica, considerado extremo, es un futbolista que juega bien en todo el frente de ataque, aunque con especial preferencia al costado siniestro o directamente acompañando a un punta más corpulento.

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La radiografía de su estilo futbolístico se pudo apreciar en el partido que midió al Werder contra el Bayern Múnich el pasado año en las semifinales de la Copa de Alemania. Con el equipo muniqués ganando por 0-2, Rashica igualó el partido en apenas unos segundos. En el minuto 74, recibió de espaldas dentro del área, giró sobre sí mismo, sacó a Hummels de sitio y avanzó por el costado para, sin levantar ni un solo instante la cabeza, poner un balón raso al punto de penalti que Osako remató de primeras. Nada más sacar de centro, el Bayern perdió la pelota, Rashica recibió en el círculo central y comenzó una carrera vertiginosa en diagonal hacia la portería rival. Por el camino, nadie pudo alcanzarle y los que estaban delante de él, fracasaron al intentar frenar su aceleración que acabó en un cambio de ritmo que dejó a Hummels por los suelos. Cuando ya se quedaba sin ángulo, con apenas un toque, se volvió a colocar el balón, levantó por primera vez la cabeza y ajustó cruzado el cuero al único punto donde no había jugadores rivales defendiendo. Una obra de arte a mil por hora.

Rashica es un peleón empedernido, un futbolista de sangre caliente que vive de la presión, de la lucha continua y de morder cada segundo a su rival. Sus mejores actuaciones se ven a campo abierto, donde su conducción es perfecta, observa los espacios libres y los ataca sin compasión.Su velocidad con balón controlado le permite sobrepasar y dejar clavados a los rivales que le esperan sin saber cuántos cambios de ritmo le quedan aún. Aún con muchas cosas por aprender, como la asociación en corto, se trata de un jugador que está ya para bastante más. Sobre todo si tenemos en cuenta que a día de hoy, con el parón de fútbol internacional por la pandemia, el Werder Bremen está en posición de perder la categoría. Sus inicios en la Bundesliga recuerdan mucho a los de Rebic en Frankfurt y, sin duda, se trata de dos perfiles de jugador que pueden tener ciertas similitudes en cuanto al juego. Sacarle de la banda derecha ha liberado su potencial, que aún está por pulir, y le ha dotado también de una capacidad goleadora mejor de la que tenía, un aspecto que multiplica su impacto si se comprueba que el Werder Bremen es el equipo menos goleador de la competición. En estos dos años en la disciplina del equipo teutón —59 partidos—, el kosovar ha anotado 23 goles y ha dado 11 asistencias. Con el deporte totalmente paralizado —aunque la Bundesliga planea volver el 9 de mayo— y el mercado de fichajes en el limbo, el nombre de Rashica aparece ya en las agendas de varios equipos y es sin duda, en un mercado que se prevé precario, uno de los máximos agitadores para las direcciones deportivas de toda Europa. Sangre caliente para cualquier ataque.

sábado, 12 de octubre de 2019

Eliud Kipchoge, ¿Dónde está el límite?

Kipchoge celebrando la gesta / INEOS

Hace apenas unos años, pensar que había un atleta capaz de bajar de las dos horas en un maratón era sinónimo de poca cordura. El 2:02:57 de Dennis Kimetto en Berlín en 2014 parecía un registro estratosférico y era normal pensar que no había ningún atleta capacitado para bajarlo. Los intentos, casi siempre en Berlín y Londres, las pruebas más rápidas por recorrido y condiciones, se quedaban en eso, un casi, pero no. Y si reducir ese registro se antojaba complicado, qué decir de romper la barrera de las dos horas, lo que significaba bajar casi tres minutos la cifra. Era utópico.

“Aún no ha nacido el atleta que sea capaz de bajar de las dos horas en la distancia”, aseguraban los expertos. Pero entonces apareció Eliud Kipchoge, a Nike y al keniata se les metió entre ceja y ceja lograr la hazaña y con el apoyo de la multinacional Ineos, Eliud Kipchoge ha corrido hoy, 12 de octubre de 2019, los 42 kilómetros y 195 metros 1:59:40. Filípides debía estar dando palmas en su tumba, porque para lograr tal gesta, el africano ha tenido que correr cada kilómetro a 2’50 minutos, o lo que es lo mismo, ir a 21 kilómetros por hora.

Coge tu pulsómetro o activa tu aplicación del móvil y sal a probar. Si eres un atleta novel, directamente olvídate a acercarte a las cifras de velocidad y tiempo. Si eres un runner de domingos, echarás el bazo, pero difícilmente te acercarás siquiera a los 3’30, con suerte, y apenas podrás agarrar la velocidad unos metros, o lo que es lo mismo, un par de segundos. Si estás habituado a correr, entrenas a menudo y realmente tienes una buena condición física, puede que te llegues a poner en la cifra marcada o quedarte muy cerca, pero apenas lleves dos zancadas verás cómo tus piernas van más rápido de tus posibilidades reales y te habrás pegado un calentón tremendo para no lograr el objetivo. Si además de entrenamientos de calidad, tienes talento, serás capaz de llegar a esa velocidad y si eres capaz de aguantarla solo un kilómetro, enhorabuena, porque te deberíamos ver a menudo en podios de carreras populares e incluso si aguantas un poquito más de 1000 metros, estarás al borde de haber sido o ser profesional.

Hay quien dice que el registro no tiene mérito, que no es real, que es más un ensayo tecnológico que una hazaña sobrehumana. Como si tecnología y deportes no fueran de la mano. Como si el hecho de llevar liebres, unas zapatillas voladoras y de hacerlo en una prueba privada bien estudiada para lograrlo hubiera hecho que Kipchoge, que ha ganado 10 de las 11 maratones que ha corrido en su vida, no hubiera tenido prácticamente nada de culpa en la prueba pese a ser el protagonista principal. Como si la mejor marca de la historia oficial (2:01:39) no fuera ya suya. “Es que si yo llevara sus zapatillas y esas liebres y en esas condiciones también lo hacía…”. No, Kipchoge no iba en patinete eléctrico.

La principal crítica a la hazaña del atleta keniata apunta a las zapatillas. Las Nike Vaporfly 4%, un diseño bien estudiado por el propio Kipchoge y creado por la multinacional de Atlanta, que ya usa la mayoría del pelotón en largas distancias (no hay más que ver el predominio del Mundial de Doha) y que quien ha probado realmente dice se nota. “Llegas más entero al final”, admite Jesús España, quien las utilizó pintadas de negro porque su patrocinador era New Balance porque “quería competir en igualdad de condiciones”.

Dicen los expertos que el rendimiento se mejora en un 4% (de ahí el nombre y no por el drop, que es de 10mm) y que en una maratón el recorte debería ser de aproximadamente 90 segundos. La IAAF no ha prohibido calzarlas, de hecho todos las usan y todos están en disposición de ello. Incluso un popular, si está dispuesto a rascarse el bolsillo con 250 euros, puede hacerse con unas, aunque no notará la diferencia. Son zapatillas pensadas para rendir a ritmos por debajo de 3:30. Hay quien habla de dopaje tecnológico, como sucedió en su día con los bañadores en natación, pero lo cierto es que hasta que el máximo organismo no se pronuncie en contra, no hay nada de lo que uno se pueda quejar.

Y es que como dice el ciclista Mark Cavendish, deporte y tecnología van de la mano. Los avances, grandes o pequeños, son parte de cada barrera humana superada. ¿Acaso le quitamos mérito a Armstrong porque subió a la Luna en cohete y no lo hizo levitando? “Ya, pero es que amortiguan más y aprovechan mejor la energía”, como si las zapatillas normales, habituales y que se ven en el día a día no hubieran hecho lo mismo en su día. Como si no hubiera habido evolución desde las carreras con Adidas Gazelle hasta las carreras con simples Adidas Boost. ¿Dónde ponemos el límite de la evolución? ¿Por qué unas sí y otras no? ¿Por qué no se corre descalzo entonces?

jueves, 26 de septiembre de 2019

Ömür Abdülkadir, el sueño turco del campeón de Europa

Durante el mercado invernal pasado, un nombre salió a la palestra para engordar las filas del Liverpool. Jugando para el Trabzonspor en la posición de mediapunta, aunque con una libertad que le permite moverse por todo el campo con la suficiencia de saber que es el mejor jugador de su equipo y uno de los más destacados del campeonato turco, Ömür Abdülkadir sonaba como el refuerzo del equipo que a la postre sería campeón de la Champions League.

Él no se escondía: "El Liverpool es un gran equipo y si la oferta llega, mi club la tiene que escuchar". Entonces tenía 19 años, había metido a los turcos en la final de Copa y estaban asentados arriba en la clasificación de la Liga. Pero pedía a gritos salir en una oportunidad que parecía única. La oferta, algo superior a los 20 millones de euros, nunca pareció cuajar porque en enero no le hacía mucha gracia a los turcos desprenderse de su mejor jugador y en verano los reds decidieron apenas fichar, contando con darle una segunda oportunidad a Lallana, con la vuelta tras lesión de Oxlade Chamberlain y con la adaptación de Naby Keita como grandes 'refuerzos'.

Y el giro fue tremendo, porque el Liverpool se acabó haciendo con la Orejona y Abdülkadir, que saltó a la fama internacional más allá de su fútbol por el spot publicitario con el que el Trabzonspor presentó su camiseta, cayó lesionado de gravedad. Los más optimistas hablan de una reaparición en marzo, tras haber caído en septiembre, mientras que hay ya rumores serios por el país turco que hablan de que el mediapunta podría no volver a vestirse de corto en toda la temporada.

La historia, sea como sea, se ha tornado en drama, con un futbolista a los 20 años en plenitud, que podía estar en uno de los mejores clubes del mundo pero que en cambio ha permanecido en el equipo que le vio nacer (es natural de la ciudad y el club le fichó con solo 11 años) donde va a pasar una larga temporadita en la enfermería. Y para saber más o menos en qué punto de cocción está Abdülkadir en el panorama fútbol, es, el día que se publicó esto (26 de septiembre de 2019) el máximo favorito a ganar el Golden Boy 2019, premio que han ganado algunos jugadores como Messi, Agüero, Mbappe, Cesc Fábregas, Sterling o Pogba, que premia al mejor futbolista del mundo Sub21. Y el turco no solo encabeza una lista en la que aparecen Joao Félix, Sancho, Havertz o Kean, sino que además dobla en puntuación a su inmediato perseguidor, De Ligt, que se hizo con el premio el año pasado.

Ömür Abdülkadir es un mediapunta muy hábil, de constante contacto con el balón. Debutó como profesional con 16 años y con la selección absoluta hace unos meses, cuando aún no había cumplido la veintena. Bajito, pues no llega al 1'70m, suple con mucha inteligencia esa carrocería liviana que le hace ser más endeble en el cuerpo a cuerpo. Maneja a las mil maravillas ambas piernas (aunque es zurdo natural) y controla muy bien el tempo del partido. Tanto, que esta gran esperanza turca se asemeja bastante a lo que era Arda Turan en sus años de plenitud.

Su demarcación favorita está partiendo desde la derecha, para buscar siempre el interior o sorprender encontrando línea de fondo y poniendo el balón con su pierna menos hábil. Capitán sin brazalete, hasta la fecha no ha sido un jugador prolífico cara a gol, pues lo suyo es más la imaginación y la creación. No suele adornarse demasiado en el regate, siendo más práctico y efectivo que vistoso y es bastante generoso en el esfuerzo colectivo defensivo. Ha conseguido una cosa muy difícil y es que, en un fútbol con tanta rivalidad como el turco, el bien común de la selección haya hecho que sea un jugador muy apreciado en prácticamente todos los campos. La pasión turca. Por el bien del fútbol, que su lesión de rodilla sea lo menos grave posible, que no deje secuelas y que podamos verle en los mejores equipos europeos pronto.



miércoles, 18 de septiembre de 2019

Erling Braut Håland, no estamos descubriendo nada

Ya es tarde para hablar de él, porque todo el mundo le conoce. No puedes pretender no saltar al estrellato cuando, con 19 años, en tu debut en Champions League, marcas a los dos minutos de juego y en la primera parte acabas con un hat trick. Si había alguno que no conocía al noruego, es simplemente por no haber estado ojo avizor en los últimos tiempos, pues Erling Braut Håland marcó nueve tantos en un mismo partido en mayo.

Fue en el Mundial Sub20, el rival, Honduras, no el mayor de los escollos, pero quizás no con demasiada diferencia con una Noruega que llegaba a ese partido en fase de grupos totalmente eliminada. Ahí, este tanque noruego, de solo 18 años entonces, sacó sus mejores galas. Hizo goles de todos los colores y se llevó un reconocimiento público que dejó con un sabor agridulce a los scouters de todo el mundo. Por un lado, dolidos porque este niño maravilla ya había llamado a todas las puertas. Por otro, reconfortados en esa idea que ya tenían los pocos que habían ido a verle en directo: el chico no tiene techo.

El asiduo a los videojuegos de la franquicia Football Manager a buen seguro que lo conoce. El ariete noruego es, desde hace varias ediciones, uno de los caramelitos a fichar cuando uno empieza una partida y, si tardas más de un mercado en intentarlo seguro que cuando vayas a intentarlo algún grande se te ha adelantado. En la vida real, uno de esos equipos que lleva siguiéndole desde que tenía 16 años fue el Manchester United. Y es que a su olfato goleador, a Håland siempre le ha acompañado una potente carrocería que le permitió debutar a los 15 años en la Segunda División de Noruega con jugadores que le doblaban (y más) en edad y solo un año más tarde ya estaba siendo parte del Molde, el gigante del país.

Y hablamos de Håland como noruego porque eso es lo que pone en su pasaporte, pues el delantero nació en Leeds y no por una coincidencia sino por que su padre fue futbolista profesional. Los más añejos lo recordarán y alguno no tanto habrá oído hablar de él. Puede que no se le ponga cara, nombre y apellido, pero seguro que todo el mundo ha visto alguna vez el vídeo más famoso de Papa Håland. 

Fue en un derbi de Mánchester entre el United y el City cuando, con poco en juego y sin venir a cuento, Roy Keane realizó la peor entrada de la historia del fútbol. ¿El castigado?: Alf-Inge Håland. "Fui a lesionarle a propósito y no me arrepiento", reconoció el entonces jugador del United, que se quería tomar una pequeña gran venganza por un episodio que tuvieron años atrás cuando el centrocampista noruego provocó con una acción la caída del irlandés, que se lesionó de manera fortuita, al que le acusó de fingir una falta inexistente.

Y Roy Keane lo consiguió. Aquel fue el fin de la carrera del noruego, que intentó calzarse las botas un par de veces más con un éxito más que cuestionable. Alf-Inge Håland llegó al Manchester City en el año 2000, justo cuando nació Erling Braut. Pero para cuando éste vio la luz, Papá Håland aún jugaba en el Leeds, por lo que fue allí donde la hoy esperanza noruega nació.

Puede que por eso se considere a sí mismo como un ferviente seguidor del Leeds United, aunque lo más seguro es que haya sido su padre, que allí vivió sus mejores años como futbolista, quien le haya transmitido ese amor por un equipo que hoy vive en la Championship inglesa.

Y quizás por las referencias paternas, a Håland hijo le haya costado alguna vez oír los cantos de sirena que le han llegado de Old Trafford. Cuando jugaba en el Molde, su entrenador y aquel que le dio toda la confianza fue Ole Gunnar Solskjær, que hoy es entrenador del Manchester United. Por eso, el círculo podría cerrarse de manera perfecta con el noruego reuniéndose con su compatriota y su máximo valedor, aunque seguro que tanto la afición red devil como la propia familia Håland es una opción que hoy ve lejana y a la que es reacia.

Håland está ahora bajo el paraguas de RedBull, jugando en el RB Salzburg que no es más que un salto trampolín a la Bundesliga en caso de merecerlo. Vamos, que si al Leipzig un día le apetece contar con el noruego, muchos millones va a tener que poner un equipo ajeno para llevárselo.

Håland es un delantero alto, fuerte y corpulento, cuya mejor virtud es el simple olfato goleador, que no es poco. No es rápido, pero sí aprovecha muy bien su amplia y potente zancada para correr siempre encorvado y sin levantar mucho la cabeza. Tampoco es el más habilidoso con el balón en los pies, pero es muy rápido en la toma de decisiones y sabe moverse y combinar con bastante soltura. Uno de sus mejores puntos es el juego aéreo, aprovechando su poderoso físico que le sirve también para cuerpear y salir victorioso de los choques y los balones divididos, su buen timming a la hora de saltar y su técnica depurada de remate le hacen ser un peligro en el balón parado.

El arranque de esta temporada no puede estar siendo mejor para él, pues ha marcado 17 goles y ha repartido 5 asistencias en apenas 9 duelos. Es decir, que ha proporcionado 22 goles en 9 partidos. Sale a más de dos por encuentro. Una media terrible, siempre engordada un poco por el nivel de la Liga Austriaca, pero unas cifras que no son fáciles de ver sea cual sea el escalón futbolístico. Su debut con la absoluta no se ha hecho esperar y su puesta de largo en Champions, con un hattrick, le ha destapado como el nuevo objetivo de todos los clubes. No pasará demasiado tiempo hasta que veamos los scouts convertidos en rumores. Y no serán pocos.

 KRUGFOTO/AFP/Getty Images