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miércoles, 6 de mayo de 2020

Nada ha cambiado en Víctor Osimhen

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En 2015, durante el Mundial Sub17 de Chile, una figura sobresalió sobre el resto. Víctor Osimhen lideró a Nigeria hasta el triunfo. Pero su actuación había que tomarla con mesura. El punta africano, aún por hacer y sin jugar en ninguna academia de fútbol profesional, sin estar ya monitorizado por alguno de los grandes y sin demasiadas referencias para el scout internacional, atendía a una situación que parecía, sobre todo, oscura. Son muchos los jugadores, sobre todo africanos por un simple motivo natural (desarrollan antes el físico y a esas edades esto marca diferencias), que se acaban quedando a las puertas tras realizar grandes gestas juveniles. Muchos son incluso engañados a la hora de abandonar su país y se encuentran con un cúmulo de promesas falsas de agentes de dudosa reputación que les han estafado todos los ahorros de toda una vida. ¿Quién no recuerda lo que prometía Sadick Adams y en lo que se quedó?

Y en estas, Osimhen, que no cuajó en sus primeros años en Europa, parecía llevar los mismos derroteros que otros muchos en su situación. Yo siempre lo tuve claro y nunca dudé. Ese delantero larguirucho, de pisar patizambo y de correr poco ortodoxo tenía lo necesario para triunfar. Uno le veía jugar y no sabía si era Adebayor, si era Diego Costa o si era un todo en uno. Tenía una materia prima por desarrollar y se trataba de una gema por pulir. Su fútbol estaba aún por potenciar de una manera que a veces parecía un bailarín con el balón y otras simplemente dolía observar cómo trataba de hacer un control en corto.

Sea como fuere, cinco años después y una serie de vaivenes entre medias, Osimhen es exactamente el mismo delantero que era con 16 años. Pura dinamita. Y hoy es la revelación de la Ligue One, el estilete de un Lille que lo compró por unos 15 millones de euros y que lo venderá, mínimo, por tres veces más. "Siempre le he dicho que es un calco de Didier Drogba", admite Nicolas Penneteau, el portero del Charleroi, donde el nigeriano pudo por fin reencontrarse como futbolista tras una mala etapa en Alemania.

Osimhen celebra un gol contra
Croacia (2015) / GETTY IMAGES
Y es que tras la Copa del Mundo Sub17 de 2015, donde el delantero se llevó la Bota de Oro, el Wolfsburgo dejó apalabrado su fichaje por 4 millones de euros cuando el africano fuera mayor de edad. Así, en 2017 llegó al equipo del norte de Alemania para comprobar que aún estaba muy por hacer. Su aterrizaje no pudo ser peor, pues poco antes de llegar en enero, se rompió el menisco y tuvo que ser operado. No entrenó en toda la temporada y solo fue de la partida en los dos últimos encuentros, a la desesperada, con un Wolfsburgo que se estaba jugando el descenso y que acabó logrando la permanencia en la promoción.

La 17/18 debía ser su temporada. Había cogido cuerpo y por su complexión, por sus condiciones, se podía mover por todo el frente de ataque. Siempre prefirió la delantera, pero su facilidad para tirar diagonales y desmarques, y su buen juego de pies, además de perfilar muy bien el disparo desde el costado izquierdo le hacía ser muy válido para cualquier equipo. Pero eran malos años para el equipo de la Volkswagen, que nuevamente se iba a jugar el descenso durante todo el curso y el técnico optó por jugadores más experimentados. Osimhen fue de menos a más y cuando más estaba contando, en el tramo final de la temporada, se le salió el hombro y se volvió a quedar meses sin competir. Se puede hablar, perfectamente, de dos temporadas enteras tiradas a la basura y tres años ya desde que el jugador asombrara al mundo. El fantasma del juguete roto cada vez se cernía más sobre él.

El Wolfsburgo, decidido a deshacerse de él, no encontró comprador, por lo que no vio con malos ojos una cesión a un país cercano y a un fútbol menor donde pudiera coger algo de confianza. En Bélgica Osimhen explotó su superioridad física. Y el resto es historia. Marcó 20 goles en la temporada y el Lille, que tenía dinero fresco de la venta de Leao al Milan, no dudó en tirarse a la piscina. Al Wolfsburgo le salió la jugada horrible. Habían aceptado venderle al Charleroi al nigeriano por el mismo precio que ellos habían pagado y los belgas lo mandaron al fútbol francés por casi 15 millones de euros. En Francia, Osimhen no está dejando títere con cabeza. Hasta la cancelación del campeonato, el africano había marcado 18 goles (dos en Champions) y había ayudado con seis asistencias en un campeonato mucho más competitivo.

No cabe duda que Vïctor Osimhen será uno de los agitadores del mercado, cuando se abra y si se abre, al estar en un equipo que no dudará en aprovechar sacar rédito y llenarse los bolsillos. El africano es exactamente el mismo jugador de hace cinco años. No ha cambiado en nada, salvo que ahora torea en las mejores plazas. Su estilo patizambo sigue intacto. Su olfato goleador, impoluto. Su zancada larga, imparable en carrera. Su definición poco ortodoxa, igual de efectiva. Y su golpeo con el interior, como de seda, con rosca e inimaginable para un jugador de su apariencia, imprevisible. Por características, es un jugador ideal para un Atleti de Simeone que juegue al contragolpe. Por físico, la Premier League se asemeja a las mil maravillas a lo que puede explotar. Tras la Copa África de 2019, donde fue suplente y solo disputó el partido por el tercer puesto, ahora parece liderar la carrera por ser el '9' de la próxima generación, en una dura disputa que tendrá, entre otros, con Ighalo (Manchester United) y con Iheanacho (Leicester City).

"Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sinceraba con apenas 16 años ante los micrófonos de la FIFA. Hoy, de momento, ya ha conseguido que las comparaciones con su ídolo lleguen desde voces autorizadas del fútbol internacional. Además, no parece ser el jugador al uso de hoy en día. Sabe de dónde viene. "Los compañeros juegan a los videojuegos y salen antes de los partidos. Yo prefiero meterme en mi habitación y concentrarme para ganar cada partido".

lunes, 9 de noviembre de 2015

Mundial Sub17 (2015): Nigeria reconquista su corona


África al poder. Nigeria retuvo el cetro de campeón que logró hace dos años en los Emiratos Árabes Unidos y lo hizo con el partido más ramplón que ha jugado en este torneo. Le sirvió esa versión 'low cost' ante una Malí desdibujada, timorata en esta su primera final internacional de este Mundial. Los malienses ya son la mejor generación de la historia del país tras conquistar la Copa África Sub17 hace unos meses y quedarse a las puertas en el Mundial. Este es sin duda el torneo fetiche de los nigerianos, que de 16 ediciones han disputado ocho finales y con el de ayer ya han logrado cinco títulos.

Arrancó el duelo con un penalti marrado en el minuto tres por los a la postre campeones. En una decisión extraña, Ebere lanzó desde los once metros cuando esa suerte corre en las botas de Nwakali y, en todo caso, del goleador Osimhen. Quizás por esa desfachatez, pues el balón terminó en las manos del portero maliense tras una mala ejecución, Amunike decidiera retirar al propio Ebere en el descanso. No sirvió la adrenalina de la pena máxima parada para aumentar el ímpetu de Malí. 

El partido se jugó en la parcela ancha, con dominio en la posesión de una Nigeria que no encontraba la forma de abrir la lata gracias al buen hacer de Samuel Diarra. El meta, que llegaba a la final con sólo dos tantos encajados en seis partidos, no pudo hacer más para su equipo. A los de Amunike, eso sí, les pesaba el discreto partido de Nwakali, que retrasó su posición para jugar en el pivote y no brilló en la zona decisiva como durante todo el torneo. Lo intentó Osimhen con una volea espectacular desde la frontal con su pierna mala, pero Diarra respondió con una parada envidiable, digna de la mejor fotografía. Y donde no llegaba el de Malí, ahí estaba el palo, que frenó a los nigerianos hasta en dos ocasiones.

Claro que Osimhen, la revelación del torneo, no quiso faltar a su cita puntual con el gol y en cuanto recibió dentro del área (56'), sin oposición, le dio medio título a su equipo. Ha marcado en los siete partidos jugados. Un total de 10 goles y dos asistencias y fue sin duda el mejor jugador de la noche. El único que mantuvo su nivel en una final descafeinada. Con Malí destrozada, Nigeria aprovechó el tirón en nada más sacar del centro dobló la ventaja gracias a una gran definición de Bamgboye. Cómo estarían los nervios que ni siquiera celebraron los goles. Los nigerianos, esos que bailan hasta por un córner a favor.

Con media hora por delante, Malí nunca pudo encontrar a sus cuatro fantásticos. Mallé, Boubacar, Koita y Haidara, los delanteros con libertad absoluta que han traído de cabeza a todas las defensas, al final encontraron quien les hiciera oposición y los borrara del campo. Con el pitido final, entonces sí, Nigeria pudo bailar. Y bailará toda la noche el país entero. Al menos durante dos años, porque en India ya se preparan para el próximo torneo. 


Bélgica se lleva el bronce

Europa acabó en el podio gracias a Bélgica. En el partido de consolación, con México absolutamente roto tanto en lo físico como en lo moral, los Red Devils impusieron su ley (3-2) en un partido plagado de oportunidades para los menos habituales. Los americanos siempre fueron a remolque pero en la recta final lograron el empate. Con el partido roto, en el descuento, en la última jugada, Vanzier agarró un contragolpe, se hizo imparable y se erigió como héroe de la tarde con su doblete, rompiendo en mil pedazos el sueño de México.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Mundial Sub17 (2015): Malí y Nigeria se citan en la final


Cuento con los dedos de una mano las veces en las que el fútbol me ha causado más diversión que la de anoche. Qué bonito es ver un Mundial Sub17 como este, donde el fútbol puro prevalece sobre todas las cosas. Niños de entre 15 y 17 años cuyo único objetivo pasa por divertirse más que por ganar, por aprovechar la oportunidad de deleitarse en el que pueda ser su único o último gran torneo. Muchos de ellos, si no la mayoría, se quedarán en el camino. Los africanos, además, intentan con estas citas cambiar toda su vida y la de sus familias con una oportunidad en Europa con la que sueñan desde que tienen uso de razón. Un 11 contra 11 en el que la disputa del balón es máxima, donde nadie guarda nada y se respeta la decisión de un árbitro al que nadie trata de engañar. Hacía años que no veía barreras intentando recortar el ángulo del lanzador avanzando centímetros, por ejemplo. Y eso que no hay spray.

La superioridad física de los jugadores africanos en estos eventos es evidente y Nigeria, la mejor en el palmarés con cuatro títulos, buscará el domingo (23:00 horas, Eurosport) renovar el entorchado que defiende y que ganó con méritos hace dos años ante una Malí que, pase lo que pase, ya es la mejor generación de la historia del país. Ya son los chicos que más lejos han conseguido llevar a un combinado tras lograr la Copa África hace unos meses y ser mínimo subcampeona del mundo.

El Malí-Bélgica (3-1) que abrió ayer la jornada sirvió de perfecto preludio para el México-Nigeria (2-4) que vimos después, que fue con todo merecimiento el mejor partido que se ha jugado en el torneo. Ya van 38, sólo quedan dos. En la primera semifinal, además el morbo de volver a ver enfrentarse a malienses y belgas aumentó el caché del duelo. Ya se habían enfrentado en fase de grupos, cosechando un empate  a cero que fue una derrota para Malí que, tras tirar 20 veces a puerta (más de 10 de ellas en posición clara) y estrellar dos balones en la madera se llevó los mismos puntos que el conjunto europeo, que apenas pudo pasar de mitad de campo. De todos, Boubacar Traoré, el delantero africano, fue el perdedor moral del duelo tras marrar infinidad de ocasiones claras de gol.

Muy diferentes fueron los dos equipos que ayer saltaron al campo de los que se habían visto las caras semanas atrás. Rápido quiso Bélgica hacerse con el balón del partido y no dar lugar a las avanzadas en forma de estampida de los cuatro delanteros africanos (dos de ellos jugando como extremos en un 4-2-4 donde reina el anarquismo), y Dante Rigo, joven canterano del PSV, desaprovechó un desbarajuste en la zaga africana para adelantar a los suyos. Fue pasado el cuarto de hora y, para ser sincero, Bélgica se estaba merendando a Malí. Pero fue recibir el gol y saltar todas las alarmas para los africanos, que se desperezaron, se quitaron los complejos y perdieron el mal de altura para adueñarse del partido. Sólo cinco minutos más tarde, Boubacar Traoré recuperaba la paz interior consigo mismo y encontraba redención enganchando una volea desde lejos tras una soberbia asistencia con el exterior de Malle. Un delantero desde la banda derecha asistiendo a su pareja en punta que aparece por el otro costado. Lo dicho. Una movilidad que no ha sabido defender ningún equipo hasta la fecha. 

Y es que tras el 1-1 Bélgica se borró del partido. Más bien Mali la difuminó. Y se pueden dar con un canto en los dientes los Red Devils porque Sekou Koita, el chico maravilla de 15 años que está conquistando el torneo con su zurda, anoche jugó su peor partido. Por primera vez le vimos cometer fallos en el pase y en la toma de decisiones. Claro que para fallo el de Teunckens, el meta belga. El portero del Brujas, que había sido un muro todo el torneo y encadenaba tres partidos sin recibir gol, cometió un error impropio incluso para estas categorías cuando a la hora de partido midió mal un balón que era suyo y acabó tragándose el bote para que Maiga pusiera el 2-1, que no iba a ser definitivo pero sí determinante. Ya con media hora por delante, el físico africano se impuso y los europeos se quedaron sin opción alguna. Un quiero y no puedo que acabó aun más doloroso cuando en la recta final Koita puso el 3-1. Su egoísmo en esos minutos de la basura privó que la goleada fuera mayor, pero Bélgica merece irse de la cita con la cabeza alta y no con el regusto amargo.

Tras una hora de descanso, de asimilación de todo lo visto, México y Nigeria se pusieron manos a la obra en busca del último billete para la final. El Tri posiblemente ha sido el equipo más completo del torneo, el más regular. Un notable en todo, un sobresaliente en grupo y alguna que otra individualidad maravillosa. Kevin Magaña adelantó a los americanos tras una buena jugada colectiva cuando el partido estaba empezando y Nigeria vivió una situación que hasta entonces era desconocida para ellos: remar a contracorriente. Vale que quedaba más de una hora, pero en estos torneos y a estas alturas, cualquier detalle es determinante y el mal de altura suele hacerse visible. No acertaron los mexicanos a doblar su ventaja y erraron hasta tres ocasiones claras de gol para acabar pagándolo caro. Primero fue Nwakali, con un lanzamiento de falta, el que puso las tablas en el marcador. Menuda perla se lleva el Manchester City. Minutos más tarde, Okonkwo hizo uno de los goles del torneo para llevar al descanso a los nigerianos con ventaja. 

Muy vivo estaba el Tricolor, no obstante, percutiendo sin cesar la defensa de unas águilas bien dirigidas por Amunike desde la banda. Al final fue la jugada menos peligrosa la que llevó al empate. Fue el lateral Diego Cortés quien con un gol maradoniano puso las tablas. Regate de extremo, conducción de mediapunta y definición de delantero. Lo tuvo todo. Fue un nuevo resurgir de México, que volvió a poner a los nigerianos contra las cuerdas pero por segunda vez perdonó y acabó perdiendo. Fue un zarpazo de Ebere en el ecuador de la segunda mitad, en el que el portero pudo hacer más, el que dio la estocada a México, que se quedó sin fuerzas, ni física ni moral, para volver a remontar. Y en ese afán por hacer de cada diana la mejor vista en toda la Copa, Osimhen se estrelló con la madera buscando un tanto de oro. Llegaría su gol poco más tarde desde los metros, puntual a su cita con la red (9 goles, ha marcado en todos los partidos), aunque se pudo llevar alguno más, pero el palo se lo volvió a impedir. El chico que vendía agua en los semáforos de Laos que durante este torneo ya ha recibido en su habitación la visita de representantes de equipos de la Premier League.


México merece una medalla

Probablemente el fútbol sea justo. Nigeria y Mali han sido los dos combinados más difíciles de meter meter mano y entre ellos se van a jugar el Mundial. Los de Amunike con un ataque y una medular explosiva, aplastante y determinante, que te vacuna en cuanto puede. Los malienses, más individualistas, anarquía pura, reinan en el desconcierto y se aprovechan de un grupo muy unido. Pero México probablemente sea el equipo mejor trabajado en todas las líneas, el más completo y, por qué no, el que más futuro tiene cuando sus jugadores adquieran madurez y ese físico que les falta y del que presumen los finalistas.  Su baño a Argentina en la primera jornada fue monumental; su puesta en escena derrotando a Alemania un clínic de cómo jugar al fútbol y en las rondas eliminatorias han pasado siempre con holgura. Si el fútbol de verdad es consecuente, no deberían salir de Chile sin metal. Para eso deberán vencer en la final de consolación a Bélgica el domingo (20:00 horas, Eurosport 2), la cuarta en discordia. Los europeos han sido un equipo más bien rácano, justito, muy fuertes en defensa pero sin dar con la tecla en ataque. Han ido de menos a más, eso sí, pero el rendimiento individual de sus estrellas no ha estado a la altura del nivel que se le presupone al subcampeón de Europa. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Mundial Sub17 (2015): ¿Quién es Víctor Osimhen?

Si por algo se está caracterizando este Mundial Sub17 de celebrado en Chile es por la diversidad de goleadores que está teniendo. Sin ir más lejos, el tercero en la tabla goleadora es el francés Ikone, con dos dianas, que sólo ha disputado 90 minutos. Es por eso que llama la atención que en lo alto de la lista se cuele el nombre de Víctor Osimhen, un auténtico desconocido para el fútbol europeo al que nadie ponía en sus quinielas para despuntar, que ha logrado siete tantos en cuatro partidos con la potente Nigeria y a quien nadie pone en duda a día de hoy gracias a los 39 goles en 70 partidos logrados con todas las categorías inferiores de los africanos, pese a que no existen registros oficiales con su club, el Ultimate Strikers FC. 

Con sólo 16 años (nacido el 29 de diciembre de 1998), es habitual que se ponga en duda la edad de los chicos africanos que más destacan en estas lindes. Un pan nuestro de cada día que parece no tener solución. Teorías conspiratorias que trato de obviar hasta ver pruebas que lo demuestren. Lo que no es de recibo, en cambio, es la estatura oficial que la Federación Nigeriana de Fútbol ha entregado a la FIFA, tanto del delantero como del resto de la plantilla. Sólo uno de los 21 supera el 1'69m cuando, particularmente, los veo a todos por encima incluso del 1'80. Ese es también el caso de Osimhen, a quien la oficialidad le otorga un menudo 1'60m que no hace justicia con su apariencia física. Sin ir más lejos, en su debut ante Estados Unidos logró anotar su primer tanto del torneo tras ganarle en carrera al defensor Hugo Arellano, a quien la vista emparejaba con un tamaño similar y en cuya ficha técnica la FIFA da un 1'83m.
     *(Transfermarkt le da a Osimhen 1'85 metros)

Y es que es bastante importante el tamaño a la hora de definir un jugador. 20 centímetros arriba o abajo es un factor diferencial para comprender que Osimhen no es un ratón de área sino más bien todo lo contrario. Es alto, espigado e incluso patizambo. Puro ADN africano. Una mezcla entre elegancia y reggae, un mejunje entre las visuales carreras de Henry y los pies de bailarín de Adebayor. Tiene muchas cosas del segundo, aunque no vive mal lejos del área. 

Con él como punta de lanza, Emmanuel Amunike quiere revalidar el título para las Águilas, que lo lograron en 2013 con Iheanacho como estrella. No le iría mal a Osimhen seguir el camino de éste, pues tras brillar en este mismo torneo Iheanacho fue fichado de inmediato por el Manchester City. De momento, se tiene que conformar con desfogarse los fines de semana en el Ultimate Strikers FC nigeriano, un equipo amateur del país, una escuela de formación. También querrá el ex jugador del Barcelona, ahora a los mandos de esta nave, quitarse la espina de la Copa de África Sub17, donde sólo pudo llevar a los nigerianos a ser terceros. Un torneo en el que, por cierto, Osimhen se llevó la Bota de Oro y empezó a escribir su nombre en el fútbol africano gracias a cuatro tantos.

Su actuación fue tan buena que de inmediato le dieron la vicecapitanía para mostrarle la importancia de coliderar al grupo. Es un jugador de área, de remate al primer toque, de estar donde hay que estar para rematar cualquier balón, para rebañar cualquier rechazo. No obstante, su amplia zancada le permite ser un jugador peligroso desde la distancia. Rompedor de líneas adelantadas, cuando conduce el balón, de forma atropellada, eso sí, se convierte en un jugador inalcanzable, como en su duelo ante Croacia. Sus conducción es temeraria, eso sí, y el balón no va cosido al pie ni siempre a la misma distancia, pero el logro sigue siendo positivo. Tampoco cae mal a banda y cuando lo hace sabe asistir. De hecho ya ha regalado algún gol con un buen centro. Su mejor remate es con el interior de la bota, tocando con cariño y con efecto, colocando el balón. Anoche pudimos ver su mejor versión en el partido de octavos de final ante Australia, con un hat trick de todos los colores. El primero, tras una larga carrera escorado en banda, recorte hacia el centro y golpeo ajustado; el segundo tras cazar un balón muerto en el área con alma de delantero; el tercero, quizás el de más clase, poniendo la pelota en la escuadra en un golpeo dificilísimo, sin ángulo y sin casi recorrido de pierna. Ante Chile, anfitriona, logró convertir de cabeza y desde los once metros, una suerte normalmente reservada para el capitán Nwakali.

Ha marcado en todos los partidos y ahora tendrá el más difícil hasta el momento. Será en cuartos de final ante Brasil el próximo domingo (20:00 h., Eurosport 2), aunque no le teme a nada. "El objetivo es defender el título y estamos aquí para lograrlo. No tenemos ninguna presión", defiende. "Estoy muy orgulloso de que la gente hable de mí. He marcado goles y logrado títulos, como la Bota de Oro en la Copa África Sub17, pero un Mundial es totalmente distinto", continúa. "Está siendo una experiencia increíble". Comparado con jugadores como Adebayor por su zancada y conducción o con Eto'o por su habilidad goleadora, no rehusa hablar del que para él es su ídolo. "Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sincera ante los medios de la FIFA.

Destaca en su discurso la cantidad de ocasiones en las que repite la palabra 'equipo' cuando se le pregunta por logros individuales. Reparte el protagonismo del grupo y menciona al cuerpo técnico como impulsor del éxito del combinado. "Otras generaciones anteriores dependían mucho de la calidad individual de algún jugador, pero aquí no hay nadie imprescindible". Ahora, tras su puesta en escena ante Australia, descansa y medita para el próximo encuentro contra la todopoderosa Brasil, que tiene en Leandrinho a uno de los mejores jugadores del torneo. "Los chicos pasan su tiempo libre fuera, saliendo y con algunos videojuegos. Yo prefiero quedarme en mi habitación y pensar qué es lo que tenemos que hacer para ganar", termina. De momento funciona.  

Osimhen celebra su gol ante Croacia / GETTY IMAGES