Mostrando entradas con la etiqueta Víctor Osimhen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Víctor Osimhen. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de mayo de 2020

Nada ha cambiado en Víctor Osimhen

Embed from Getty Images

En 2015, durante el Mundial Sub17 de Chile, una figura sobresalió sobre el resto. Víctor Osimhen lideró a Nigeria hasta el triunfo. Pero su actuación había que tomarla con mesura. El punta africano, aún por hacer y sin jugar en ninguna academia de fútbol profesional, sin estar ya monitorizado por alguno de los grandes y sin demasiadas referencias para el scout internacional, atendía a una situación que parecía, sobre todo, oscura. Son muchos los jugadores, sobre todo africanos por un simple motivo natural (desarrollan antes el físico y a esas edades esto marca diferencias), que se acaban quedando a las puertas tras realizar grandes gestas juveniles. Muchos son incluso engañados a la hora de abandonar su país y se encuentran con un cúmulo de promesas falsas de agentes de dudosa reputación que les han estafado todos los ahorros de toda una vida. ¿Quién no recuerda lo que prometía Sadick Adams y en lo que se quedó?

Y en estas, Osimhen, que no cuajó en sus primeros años en Europa, parecía llevar los mismos derroteros que otros muchos en su situación. Yo siempre lo tuve claro y nunca dudé. Ese delantero larguirucho, de pisar patizambo y de correr poco ortodoxo tenía lo necesario para triunfar. Uno le veía jugar y no sabía si era Adebayor, si era Diego Costa o si era un todo en uno. Tenía una materia prima por desarrollar y se trataba de una gema por pulir. Su fútbol estaba aún por potenciar de una manera que a veces parecía un bailarín con el balón y otras simplemente dolía observar cómo trataba de hacer un control en corto.

Sea como fuere, cinco años después y una serie de vaivenes entre medias, Osimhen es exactamente el mismo delantero que era con 16 años. Pura dinamita. Y hoy es la revelación de la Ligue One, el estilete de un Lille que lo compró por unos 15 millones de euros y que lo venderá, mínimo, por tres veces más. "Siempre le he dicho que es un calco de Didier Drogba", admite Nicolas Penneteau, el portero del Charleroi, donde el nigeriano pudo por fin reencontrarse como futbolista tras una mala etapa en Alemania.

Osimhen celebra un gol contra
Croacia (2015) / GETTY IMAGES
Y es que tras la Copa del Mundo Sub17 de 2015, donde el delantero se llevó la Bota de Oro, el Wolfsburgo dejó apalabrado su fichaje por 4 millones de euros cuando el africano fuera mayor de edad. Así, en 2017 llegó al equipo del norte de Alemania para comprobar que aún estaba muy por hacer. Su aterrizaje no pudo ser peor, pues poco antes de llegar en enero, se rompió el menisco y tuvo que ser operado. No entrenó en toda la temporada y solo fue de la partida en los dos últimos encuentros, a la desesperada, con un Wolfsburgo que se estaba jugando el descenso y que acabó logrando la permanencia en la promoción.

La 17/18 debía ser su temporada. Había cogido cuerpo y por su complexión, por sus condiciones, se podía mover por todo el frente de ataque. Siempre prefirió la delantera, pero su facilidad para tirar diagonales y desmarques, y su buen juego de pies, además de perfilar muy bien el disparo desde el costado izquierdo le hacía ser muy válido para cualquier equipo. Pero eran malos años para el equipo de la Volkswagen, que nuevamente se iba a jugar el descenso durante todo el curso y el técnico optó por jugadores más experimentados. Osimhen fue de menos a más y cuando más estaba contando, en el tramo final de la temporada, se le salió el hombro y se volvió a quedar meses sin competir. Se puede hablar, perfectamente, de dos temporadas enteras tiradas a la basura y tres años ya desde que el jugador asombrara al mundo. El fantasma del juguete roto cada vez se cernía más sobre él.

El Wolfsburgo, decidido a deshacerse de él, no encontró comprador, por lo que no vio con malos ojos una cesión a un país cercano y a un fútbol menor donde pudiera coger algo de confianza. En Bélgica Osimhen explotó su superioridad física. Y el resto es historia. Marcó 20 goles en la temporada y el Lille, que tenía dinero fresco de la venta de Leao al Milan, no dudó en tirarse a la piscina. Al Wolfsburgo le salió la jugada horrible. Habían aceptado venderle al Charleroi al nigeriano por el mismo precio que ellos habían pagado y los belgas lo mandaron al fútbol francés por casi 15 millones de euros. En Francia, Osimhen no está dejando títere con cabeza. Hasta la cancelación del campeonato, el africano había marcado 18 goles (dos en Champions) y había ayudado con seis asistencias en un campeonato mucho más competitivo.

No cabe duda que Vïctor Osimhen será uno de los agitadores del mercado, cuando se abra y si se abre, al estar en un equipo que no dudará en aprovechar sacar rédito y llenarse los bolsillos. El africano es exactamente el mismo jugador de hace cinco años. No ha cambiado en nada, salvo que ahora torea en las mejores plazas. Su estilo patizambo sigue intacto. Su olfato goleador, impoluto. Su zancada larga, imparable en carrera. Su definición poco ortodoxa, igual de efectiva. Y su golpeo con el interior, como de seda, con rosca e inimaginable para un jugador de su apariencia, imprevisible. Por características, es un jugador ideal para un Atleti de Simeone que juegue al contragolpe. Por físico, la Premier League se asemeja a las mil maravillas a lo que puede explotar. Tras la Copa África de 2019, donde fue suplente y solo disputó el partido por el tercer puesto, ahora parece liderar la carrera por ser el '9' de la próxima generación, en una dura disputa que tendrá, entre otros, con Ighalo (Manchester United) y con Iheanacho (Leicester City).

"Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sinceraba con apenas 16 años ante los micrófonos de la FIFA. Hoy, de momento, ya ha conseguido que las comparaciones con su ídolo lleguen desde voces autorizadas del fútbol internacional. Además, no parece ser el jugador al uso de hoy en día. Sabe de dónde viene. "Los compañeros juegan a los videojuegos y salen antes de los partidos. Yo prefiero meterme en mi habitación y concentrarme para ganar cada partido".

lunes, 9 de noviembre de 2015

Mundial Sub17 (2015): Once ideal del torneo



Si hay un auténtico triunfador en este Mundial Sub17 celebrado en Chile es el nigeriano Víctor Osimhen. Un auténtico desconocido para la mayoría hasta la fecha, jugando en escuelas amateur en su país que se ha reivindicado logrando la Bota de Oro al máximo goleador del torneo con 10 tantos en siete partidos y el Balón de Plata al segundo jugador más destacado del campeonato. Afirmaba durante la cita que hasta ahora ha vivido vendiendo agua en los semáforos de Lagos, una situación que probablemente cambiará de forma drástica a partir de ahora. Ya hay varios equipos de la Premier que se han reunido con él. El último en lograr su galardón fue el también nigeriano Iheanacho, que hoy despunta en las filas del Manchester City.

Qué lejos están todas aquellas elucubraciones de jugadores a seguir en el torneo, en su mayoría europeos o americanos, pues por unas cosas o por otras no siempre los que más nombre tienen acaban dando el nivel. La Francia de Edouard o Zidane ha sido una decepción; La Argentina de Conechny, la peor albiceleste de la historia; Paraguay pecó de perdonavidas con un irregular Sergio Díaz; Leandrinho nunca destacó con Brasil y Bélgica ha llegado lejos pese a que su jugador más destacado, Azzaoui, ha suspendido en este mundial con muy mala nota. 

S. Diarra / MARTIN ROSE / GETTY IMAGES
Samuel Diarra (17 años, Malí): No se ha caracterizado el torneo por sus grandes porteros, todo sea dicho. Pero Samuel Diarra ha logrado, sin duda, imponerse como el mejor de la cita. Llegó a la final con sólo dos goles encajados en seis duelos. El poderío ofensivo de Malí, a quien casi no le hacían ocasiones, ayudó. En la final puso su granito de arena con dos grandes paradas, además de un penalti detenido en el inicio, pero no pudo hacer nada ante los dos goles que le dieron el trofeo a Nigeria. Se ha llevado el Guante de Oro gracias a encajar sólo cuatro goles en siete partidos y se ha impuesto en la elección al mexicano Romero, que demostró reflejos y realizó varias paradas de mérito y al belga Teunckens, condenado por un grosero error en las semifinales.

Diego Cortés (17 años, México): Fue el lateral más incisivo de todo el torneo. Formó una pareja en la banda derecha mortal con Lara. Fuerte en defensa, se desdoblaba en ataque cada vez que tenía opción. Buen manejo de pelota y centros al área óptimos. Además, de sus botas salió uno de los mejores goles del torneo. Fue en semifinales, ante a la postre campeona Nigeria, y daba el empate provisional a los americanos. En Chivas tienen una perla.

Abdoul Dante (17 años, Malí): Capitán de Malí, levantó las expectativas de Europa poco antes de la final, cuando la FIFA le sometió a una rueda de preguntas al lado del otro capital de la final, el nigeriano Nwakali. Y es que Dante, que juega en las categorías inferiores del Jeanne D'Arc, un equipo de su país, afirmó que sueña con jugar en el Chelsea y que no le diría que no a un equipo tan necesitado de jugadores hoy en día. Dante es un jugador de raza, aguerrido, un auténtico líder en defensa. Él es el que manda, el que organiza y el que guía a sus compañeros. Notó mucho el conjunto su ausencia en las semifinales, donde se vio a los malienses perdidos por momentos en la zaga. Además, es un baluarte en el juego aéreo.

W. Faes / MADDIE MEYER / G. IMAGES
Wout Faes (17 años, Bélgica): Es imposible no hablar de este jugador sin hacer referencia a David Luiz. Tanto en la forma física (esa melena rizada inconfundible, alto y un estilo igual incluso en los andares) como en su forma de jugar, el belga es un calco del brasileño. Faes es un baluarte al corte. Es rudo, fuerte y veloz. Con la pelota, ofrece una primera salida limpia desde atrás, algo que además es de uso obligado en el fútbol belga desde hace años. Faes no se arruga a la hora de sumarse al ataque y si tiene las puertas abiertas puede ser común verle progresar hasta el borde del área rival. Ha disputado ya casi una decena de partidos en la Youth Champions League y es de los chicos más experimentados del torneo. Con su planta, no tardará en dar el salto al primer equipo del Anderlecht. 

Luis Olivera (17 años, Argentina): La peor selección argentina de toda la historia tiene un par de buenas noticias. Conechny, quizás el único que estuvo al nivel que se esperaba en la delantera, y Luis Olivera. Un lateral zurdo con mucho recorrido y fuerte. Mostró carencias en defensa, pero se sumó bien el ataque. El nivel de los carrileros no ha sido muy elevado, y es por eso que un jugador cuyo equipo no pasó de fase de grupos está en esta lista. La plaza más floja del once.

Alan Cervantes (17 años, México): Probablemente el jugador con más temple del torneo y mejor formado junto a Faes. Alan Cervantes es un centrocampista multiusos. El faro perfecto para esta selección mexicana encandilada con el toque. Cervantes es un pivote puro, con mucha llegada y un perfecto canalizador de juego. Se incrusta entre los dos centrales cuando es menester para dar una primera salida limpia de pelota y en la medular distribuye muy bien el juego. Si sigue con su progresión y se adecua rápido al ritmo europeo, es un jugador con una carrera por delante duradera. Un salto a un equipo como el Oporto ahora mismo sería un total acierto en la continuación de su desarrollo. 

Kelechi Nwakali (17 años, Nigeria): Galardonado con el Balón de Oro como mejor jugador del torneo, Nwakali repite los pasos de su hermano Chidiebere, que fue campeón hace dos años. Y no sólo en el aspecto del título, sino porque Kelechi, aún mejor de edad, está a un paso de ser jugador del Manchester City, club al que su hermano pertenece (ahora cedido en el Girona). Lo hará cuando cumpla la mayoría de edad para respetar la normativa FIFA y se quedará en el equipo reserva o marchará decido a uno de los equipos de la Football League, sin descartar tampoco que se marche al Vittesse holandés, club afiliado al londinense. Kelechi Nwakali ha demostrado liderazgo y mucho desparpajo, pero sobre todo trabajo. Ha jugado como mediapunta, descolgado de tareas defensivas con libertad para construir, pero también en el doble pivote, bajándose al barro y brillando menos para dar más equilibrio al equipo al que ha llevado al éxito. Posee además un disparo de media distancia envidiable y su lanzamiento a balón parado ha sido un peligro constante, pues sus tres goles han llegado de esa suerte. Una cifra que le ha hecho ganador (gracias a mayor número de asistencias, 3) de la Bota de Bronce como tercer máximo goleador. 

Sekou Koita (15 años, Malí): Probablemente Koita haya sido la mayor sorpresa del Mundial, no sólo por actuación, sino por su edad. Uno de los chicos más jóvenes de todo el torneo ha sido de los más determinantes. Su desparpajo con la pelota ha dejado prendados a todos. Una auténtica amenaza para el rival, aunque cierto es que su participación e incidencia fue inexistente en la final y en la semifinal cometió varios errores propios de la edad. Sus mejores minutos han llegado desde la mediapunta, pero ese sistema de cuatro delanteros con libertad absoluta de Malí ha beneficiado a que pudiera aparecer y sorprender por cualquier costado del campo generando el desconcierto rival. Su verticalidad, su buen pase y su gran conducción de balón le han hecho uno de los jugadores más destacados del torneo y si hubiera aparecido anoche, probablemente se habría llevado alguno de los tres premios como mejor jugador.

Sekou Koita celebra un gol ante Croacia / GETTY IMAGES FIFA
Kevin Magaña (17 años, México): Rápido demostró Kevin Magaña que es un jugador diferente. Lo hizo a los 10 minutos de debutar en el torneo, tras regatear a varios argentinos y batir, con la derecha, al mete albiceleste. Y es que este zurdo ha metido dos goles (ambos con la derecha) y ha repartido dos asistencias desde el perfil izquierdo. Un extremo punzante que lleva la pelota pegada al pie, que conduce erguido con la cabeza agachada, que siempre tiene un regate de más. Recuerda mucho a Giovani dos Santos. Su físico le ha privado de una mejor versión. Imprevisible en la primera hora, en la mitad de la segunda parte siempre pegaba un bajón y se diluía. Deberá ganar músculo y reforzar su físico para seguir progresando.

Ali Mallé (17 años, Malí): La organización lo eligió como el tercer mejor jugador del torneo (Balón de Bronce) en un premio que estaba destinado indistintamente a uno de los cuatro fantásticos que tenían los africanos arriba (Malle, Koita, Haidara y Boubacar Traoré). La mala puesta en escena de Koita en la final, la irregularidad de Haidara durante el torneo y los fallos de Boubacar, que ha terminado el Mundial con dos goles cuando se podía haber ido tranquilamente a los seis le han cabado dando el galardón al zurdo maliense, que con dos asistencias y dos dianas, ha sido el jugador más productivo de los subcampeones.

Víctor Osimhen (17 años, Nigeria): Poco se puede decir ya de Víctor Osimhen. Bota de Oro con 10 goles en siete partidos, se ha convertido en el jugador con más goles de la historia de este torneo superando a Coulibaly y Sinama Pongolle (ambos con nueve). Dicen que recuerda a Kanu, porque es elegante. Y puede ser, aunque quizás no se maneje tan bien en las distancias cortas ni tenga tanta calidad. Patizambo, alto, fuerte, su planta es más como la del togolés Adebayor. A poco que mantenga su nivel y la proyección que parece tener, quien se lleve su fichaje se hará con una perla.



Mundial Sub17 (2015): Nigeria reconquista su corona


África al poder. Nigeria retuvo el cetro de campeón que logró hace dos años en los Emiratos Árabes Unidos y lo hizo con el partido más ramplón que ha jugado en este torneo. Le sirvió esa versión 'low cost' ante una Malí desdibujada, timorata en esta su primera final internacional de este Mundial. Los malienses ya son la mejor generación de la historia del país tras conquistar la Copa África Sub17 hace unos meses y quedarse a las puertas en el Mundial. Este es sin duda el torneo fetiche de los nigerianos, que de 16 ediciones han disputado ocho finales y con el de ayer ya han logrado cinco títulos.

Arrancó el duelo con un penalti marrado en el minuto tres por los a la postre campeones. En una decisión extraña, Ebere lanzó desde los once metros cuando esa suerte corre en las botas de Nwakali y, en todo caso, del goleador Osimhen. Quizás por esa desfachatez, pues el balón terminó en las manos del portero maliense tras una mala ejecución, Amunike decidiera retirar al propio Ebere en el descanso. No sirvió la adrenalina de la pena máxima parada para aumentar el ímpetu de Malí. 

El partido se jugó en la parcela ancha, con dominio en la posesión de una Nigeria que no encontraba la forma de abrir la lata gracias al buen hacer de Samuel Diarra. El meta, que llegaba a la final con sólo dos tantos encajados en seis partidos, no pudo hacer más para su equipo. A los de Amunike, eso sí, les pesaba el discreto partido de Nwakali, que retrasó su posición para jugar en el pivote y no brilló en la zona decisiva como durante todo el torneo. Lo intentó Osimhen con una volea espectacular desde la frontal con su pierna mala, pero Diarra respondió con una parada envidiable, digna de la mejor fotografía. Y donde no llegaba el de Malí, ahí estaba el palo, que frenó a los nigerianos hasta en dos ocasiones.

Claro que Osimhen, la revelación del torneo, no quiso faltar a su cita puntual con el gol y en cuanto recibió dentro del área (56'), sin oposición, le dio medio título a su equipo. Ha marcado en los siete partidos jugados. Un total de 10 goles y dos asistencias y fue sin duda el mejor jugador de la noche. El único que mantuvo su nivel en una final descafeinada. Con Malí destrozada, Nigeria aprovechó el tirón en nada más sacar del centro dobló la ventaja gracias a una gran definición de Bamgboye. Cómo estarían los nervios que ni siquiera celebraron los goles. Los nigerianos, esos que bailan hasta por un córner a favor.

Con media hora por delante, Malí nunca pudo encontrar a sus cuatro fantásticos. Mallé, Boubacar, Koita y Haidara, los delanteros con libertad absoluta que han traído de cabeza a todas las defensas, al final encontraron quien les hiciera oposición y los borrara del campo. Con el pitido final, entonces sí, Nigeria pudo bailar. Y bailará toda la noche el país entero. Al menos durante dos años, porque en India ya se preparan para el próximo torneo. 


Bélgica se lleva el bronce

Europa acabó en el podio gracias a Bélgica. En el partido de consolación, con México absolutamente roto tanto en lo físico como en lo moral, los Red Devils impusieron su ley (3-2) en un partido plagado de oportunidades para los menos habituales. Los americanos siempre fueron a remolque pero en la recta final lograron el empate. Con el partido roto, en el descuento, en la última jugada, Vanzier agarró un contragolpe, se hizo imparable y se erigió como héroe de la tarde con su doblete, rompiendo en mil pedazos el sueño de México.

jueves, 29 de octubre de 2015

Mundial Sub17 (2015): ¿Quién es Víctor Osimhen?

Si por algo se está caracterizando este Mundial Sub17 de celebrado en Chile es por la diversidad de goleadores que está teniendo. Sin ir más lejos, el tercero en la tabla goleadora es el francés Ikone, con dos dianas, que sólo ha disputado 90 minutos. Es por eso que llama la atención que en lo alto de la lista se cuele el nombre de Víctor Osimhen, un auténtico desconocido para el fútbol europeo al que nadie ponía en sus quinielas para despuntar, que ha logrado siete tantos en cuatro partidos con la potente Nigeria y a quien nadie pone en duda a día de hoy gracias a los 39 goles en 70 partidos logrados con todas las categorías inferiores de los africanos, pese a que no existen registros oficiales con su club, el Ultimate Strikers FC. 

Con sólo 16 años (nacido el 29 de diciembre de 1998), es habitual que se ponga en duda la edad de los chicos africanos que más destacan en estas lindes. Un pan nuestro de cada día que parece no tener solución. Teorías conspiratorias que trato de obviar hasta ver pruebas que lo demuestren. Lo que no es de recibo, en cambio, es la estatura oficial que la Federación Nigeriana de Fútbol ha entregado a la FIFA, tanto del delantero como del resto de la plantilla. Sólo uno de los 21 supera el 1'69m cuando, particularmente, los veo a todos por encima incluso del 1'80. Ese es también el caso de Osimhen, a quien la oficialidad le otorga un menudo 1'60m que no hace justicia con su apariencia física. Sin ir más lejos, en su debut ante Estados Unidos logró anotar su primer tanto del torneo tras ganarle en carrera al defensor Hugo Arellano, a quien la vista emparejaba con un tamaño similar y en cuya ficha técnica la FIFA da un 1'83m.
     *(Transfermarkt le da a Osimhen 1'85 metros)

Y es que es bastante importante el tamaño a la hora de definir un jugador. 20 centímetros arriba o abajo es un factor diferencial para comprender que Osimhen no es un ratón de área sino más bien todo lo contrario. Es alto, espigado e incluso patizambo. Puro ADN africano. Una mezcla entre elegancia y reggae, un mejunje entre las visuales carreras de Henry y los pies de bailarín de Adebayor. Tiene muchas cosas del segundo, aunque no vive mal lejos del área. 

Con él como punta de lanza, Emmanuel Amunike quiere revalidar el título para las Águilas, que lo lograron en 2013 con Iheanacho como estrella. No le iría mal a Osimhen seguir el camino de éste, pues tras brillar en este mismo torneo Iheanacho fue fichado de inmediato por el Manchester City. De momento, se tiene que conformar con desfogarse los fines de semana en el Ultimate Strikers FC nigeriano, un equipo amateur del país, una escuela de formación. También querrá el ex jugador del Barcelona, ahora a los mandos de esta nave, quitarse la espina de la Copa de África Sub17, donde sólo pudo llevar a los nigerianos a ser terceros. Un torneo en el que, por cierto, Osimhen se llevó la Bota de Oro y empezó a escribir su nombre en el fútbol africano gracias a cuatro tantos.

Su actuación fue tan buena que de inmediato le dieron la vicecapitanía para mostrarle la importancia de coliderar al grupo. Es un jugador de área, de remate al primer toque, de estar donde hay que estar para rematar cualquier balón, para rebañar cualquier rechazo. No obstante, su amplia zancada le permite ser un jugador peligroso desde la distancia. Rompedor de líneas adelantadas, cuando conduce el balón, de forma atropellada, eso sí, se convierte en un jugador inalcanzable, como en su duelo ante Croacia. Sus conducción es temeraria, eso sí, y el balón no va cosido al pie ni siempre a la misma distancia, pero el logro sigue siendo positivo. Tampoco cae mal a banda y cuando lo hace sabe asistir. De hecho ya ha regalado algún gol con un buen centro. Su mejor remate es con el interior de la bota, tocando con cariño y con efecto, colocando el balón. Anoche pudimos ver su mejor versión en el partido de octavos de final ante Australia, con un hat trick de todos los colores. El primero, tras una larga carrera escorado en banda, recorte hacia el centro y golpeo ajustado; el segundo tras cazar un balón muerto en el área con alma de delantero; el tercero, quizás el de más clase, poniendo la pelota en la escuadra en un golpeo dificilísimo, sin ángulo y sin casi recorrido de pierna. Ante Chile, anfitriona, logró convertir de cabeza y desde los once metros, una suerte normalmente reservada para el capitán Nwakali.

Ha marcado en todos los partidos y ahora tendrá el más difícil hasta el momento. Será en cuartos de final ante Brasil el próximo domingo (20:00 h., Eurosport 2), aunque no le teme a nada. "El objetivo es defender el título y estamos aquí para lograrlo. No tenemos ninguna presión", defiende. "Estoy muy orgulloso de que la gente hable de mí. He marcado goles y logrado títulos, como la Bota de Oro en la Copa África Sub17, pero un Mundial es totalmente distinto", continúa. "Está siendo una experiencia increíble". Comparado con jugadores como Adebayor por su zancada y conducción o con Eto'o por su habilidad goleadora, no rehusa hablar del que para él es su ídolo. "Didier Drogba es mi modelo a seguir. Representa el tipo de jugador y persona que me gustaría ser. Espero desarrollar la misma capacidad con la pelota y marcar goles importantes. Es un icono, una leyenda. Me gustaría poder ser capaz de ser como él, o incluso mejor", se sincera ante los medios de la FIFA.

Destaca en su discurso la cantidad de ocasiones en las que repite la palabra 'equipo' cuando se le pregunta por logros individuales. Reparte el protagonismo del grupo y menciona al cuerpo técnico como impulsor del éxito del combinado. "Otras generaciones anteriores dependían mucho de la calidad individual de algún jugador, pero aquí no hay nadie imprescindible". Ahora, tras su puesta en escena ante Australia, descansa y medita para el próximo encuentro contra la todopoderosa Brasil, que tiene en Leandrinho a uno de los mejores jugadores del torneo. "Los chicos pasan su tiempo libre fuera, saliendo y con algunos videojuegos. Yo prefiero quedarme en mi habitación y pensar qué es lo que tenemos que hacer para ganar", termina. De momento funciona.  

Osimhen celebra su gol ante Croacia / GETTY IMAGES