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lunes, 29 de marzo de 2021

La perla de la semana: Dušan Vlahović


Daniele Buffa

Potente carrocería, juego de pies depurado y una cuota goleadora cada día mejor es la carta de presentación de Dušan Vlahović, el delantero por el que apostó hace ya varias temporadas la Fiorentina y uno de los mayores atractivos de la Serie A esta temporada. El serbio, pese a su juventud, ha sido siempre visto con perspectiva de presente y futuro cada vez que la entidad viola ha tenido que planificar la plantilla anteponiendo su figura y las esperanzas depositadas en él como mayor pretexto para acometer un fichaje de un delantero de altura.

Esa confianza parece haber dado sus frutos en esta 2020-2021, temporada en la que el serbio ha salido al fin del cascarón para ser el mayor reclamo de un equipo que camina sin pie firme y que si no pierde la categoría es simplemente porque hay otros tres que tampoco tienen nivel a día de hoy para jugar en Serie A. 12 goles y dos asistencias en lo que va de campaña que suponen unas cifras más que respetables y son sin duda las mejores en su corta experiencia profesional. 

Lo que agrada de Vlahović es el dominio que maneja en casi todos los registros que le hace ser un delantero muy completo a temer. No solo es su elegancia en la conducción o su buen remate al primer toque, sino su entendimiento del juego, su movimiento sin balón y la facilidad que desprende para facilitar a sus compañeros el trabajo y abrir espacios para generar ataques por cualquiera de los tres perfiles ofensivos. 

Con 21 años recién cumplidos, el serbio se ha metido incluso en un territorio que parecía prohibido: la selección de Serbia. Allí donde reina Mitrovic (el pasado fin de semana se convirtió en el máximo goleador histórico del país) y donde todo apuntaba iba a explotar Jovic ha aparecido el de la Fiorentina, que en sus últimas tres internacionalidades (suma seis) ha anotado dos goles y repartido una asistencia siendo diferencial.

Equipo habitualmente vendedor, la Fiorentina siempre se ha mostrado reservada con su nuevo ariete titular, pero no sería de extrañar que ahora que su nombre está en el disparadero por el impacto reciente le haga ser una de las piezas que vaya a salir a subasta en el mercado veraniego, toda vez que el equipo de la Toscana no pasa por su mejor momento deportivo y que en los últimos cursos no ha puesto demasiadas pegas a la hora de vender a sus mejores futbolistas.


Ficha

Nombre: Dušan Vlahović.
Nacionalidad: Serbia.
Edad: 21 (28/01/2000).
Equipo: Fiorentina.
Debut profesional: 16 años y 24 días.
Posición: Delantero.
Pie hábil: Izquierdo.
Altura: 1'90m.
Peso: -.
Representante: Darko Ristic.
Contrato: 30 de junio de 2023.
Internacional: Sub16, Sub18, Sub19, Sub21, absoluto.

jueves, 31 de enero de 2019

Federico Chiesa, en el nombre de papá

Gabriele Maltinti/Getty Images
Enrico Chiesa fue uno de los delanteros más codiciados del fútbol italiano durante la década de los 90 y principios de nuevo siglo. Y, ciertamente, se trataba de un punta distinto a lo que habitaba entonces en el país. Chiesa, que habitualmente jugaba como referencia arriba, no lo era tal, porque donde más disfrutaba y mejor se desenvolvía era acompañando a un ariete más de área, teniendo libertad absoluta para moverse por todo el frente de ataque. Su resistencia, su velocidad, su dinamismo y su mezcla de habilidades le hacía ser un jugador temido por los rivales y su elegancia tanto futbolística como personal le tenía a su vez como el favorito de muchas aficiones y respeto de contrarios.

Enrico vivió sus mejores años entre Sampdoria, Parma y Fiorentina. Con la Samp levantó una UEFA. En el Parma, jugando junto a un elenco de estrellas en ciernes como Crespo, Verón, Cannavaro, Thuram o Buffon, repitió hazaña y añadió una Coppa. En Florencia solo pudo conquistar una Coppa de Italia, pero quizás lo que allí dejó, su legado, es el mayor obsequio de su vida. Porque después de 22 temporadas en la élite, de 171 goles marcados en algo más de 500 partidos y de haber jugado una veintena de encuentros como internacional, Enrico Chiesa, ya retirado de una carrera que le maltrató a lesiones, va camino de ser recordado el resto de su vida como "el padre de Federico Chiesa".

Federico Chiesa nació en 1997, mientras Enrico disfrutaba de una etapa maravillosa en el Parma. Poco después, ficharía por la Fiorentina y Florencia, ciudad enamoradiza por defecto, llegó al corazón de unos Chiesa que decidieron quedarse allí a vivir. Con cinco años y con la pasión del fútbol ya corriendo por sus venas, se apuntó al U.S. Settignanese, equipo del norte de la ciudad que dirigía Kurt Hamrin, quien fuera leyenda del equipo Viola. Y claro, en cuando Federico despuntó un poco, el bueno de Hamrin levantó el teléfono y fue coser y cantar. A los nueve años el pequeño de los Chiesa ya se había enfundado la camiseta de la Fiorentina.

Internacional en todas las categorías inferiores desde la Sub19 de Italia (y ya jugador de la absoluta), Federico Chiesa no tuvo un camino de rosas hasta hacerse profesional. Nunca nadie le abrió las puertas del éxito por su apellido y no destacaba sobre el resto en la cantera de la Fiorentina. De hecho, hasta que no llegó al equipo Primavera (el primer filial), no siempre era titular. Allí, el técnico Federico Guidi cambió el sistema de 4-4-2 a 4-3-3 y eso potenció a un Chiesa que pareció estar desbocado. Sabedor de que el fútbol posiblemente no sería su futuro, se inscribió en la Universidad, en Ciencias del Deporte, tras sacar unas buenas notas en uno de los colegios de élite de la ciudad. Pero se equivocaba.

Ese cambio de sistema le abrió unas puertas aún desconocidas y se empezó a ver a un futbolista con un potencial desmesurado. Digamos que Chiesa no se había desgastado nada en su fase juvenil y toda esa energía guardada se estaba desbordando. Debutó en Serie A con apenas 18 años y lo hizo como titular en un duelo de máxima rivalidad contra la Juventus. ¿Se puede pedir algo más? Junto a Ilicic y Bernardeschi, la Fiorentina se empezó a ilusionar con un tridente de mediapuntas que podrían poner en jaque el fútbol italiano. Y es que Federicho Bernardeschi era entonces el mayor talento del fútbol italiano.

Y claro... Bernardeschi se marchó. Y no lo hizo a otro lugar que no fuera la Juventus. Solo coincidieron un año, pero Chiesa aún estaba lejos del nivel de su tocayo. Entonces llegaron una nueva pretemporada, un nuevo fichaje y un nuevo ascenso del filial: Gio Simeone y Gianis Hagi. Uno jugaba como delantero centro. El otro, como extremo. Sí, los hijos de Enrico Chiesa, Cholo Simeone y Gica Hagi iban a coincidir como titulares en un tridente ofensivo. Descarados, jóvenes y con talento. Pronto se vio que el rumano no estaba al nivel de los otros, que su padre sí exigía los minutos que no habían impuesto los otros dos solo por nombre y la carrera de Hagi en Florencia apenas existió.

Federico Chiesa, que en sus primeros pasitos había despuntado como un extremo resultón y llamativo, y que había fracasado en la cantera en todo lo anterior, empezó a experimentar una transformación brutal hacia el mismo juego que su padre que hoy sigue asombrando. ¿Cómo es posible que un chico de 21 años que apenas lleva destacando tres se haya sabido adaptar a todo? Y es que Chiesa empezó a jugar por todo el frente de ataque y es eso lo que confunde y vuelve locos a sus rivales. Ha abandonado la cal, ya no es un regateador peligroso de banda derecha, sino que es un atacante completo voraz. Sus contragolpes en solitario son como un penalti.

Así, sus cifras goleadoras han aumentado en cantidad en este nuevo curso, su tercero como profesional. La Fiorentina no echa en falta el bloqueo goleador de Simeone (ayer hizo dos siendo suplente) que no está al nivel del curso pasado, pero son el argentino y el italiano una de las parejas más temidas por toda la Serie A. Chiesa, llamado a dirigir el cambio generacional de la Azzurra, ha superado incluso a un Bernardeschi que parecía tener mucho más talento que él y a quien la competencia en Turín está consumiendo poco a poco.

Anoche, Federico Chiesa jugó el mejor partido de su hasta ahora corta carrera. Le hizo tres goles a la Roma y la Fiorentina pasó a semifinales de Coppa. Y se lo dedicó, cómo no, a Davide Astori. "Esto es tuyo, capitán", gritó al cielo en el festejo del tercero mientras dibujaba con su mano el número 31, el del defensa fallecido el curso pasado. Suma siete goles en los últimos cuatro partidos. Esta temporada, en 23 duelos, ha visto puerta 10 veces y ha asistido otras seis. En todo el curso pasado solo hizo seis goles y nueve pases de gol y el año del debut lo cerró con cuatro y tres.

Sin duda, Federico Chiesa es uno de los hombres del momento en la Serie A. Su evolución, a sus 21 años, no conoce el techo aún. Es posiblemente el futbolista más diferencial que ha tenido la Fiorentina en años, pese a que allí triunfara Bernareschi, sorprendieran Ljajic y Jovetic y se destapara durante seis meses Salah. Los Chiesa han como mínimo igualado a los Medici como la familia más querida en la ciudad. Y Federico es el nuevo Príncipe de Florencia.


martes, 1 de agosto de 2017

Federico Chiesa, hijo de Enrico

Federico Chiesa / Gabriele Maltinti / Getty Images
Ser hijo de un futbolista que tuvo siempre el listón alto es un hándicap para aquel que se quiere ganar la vida con el mundo del balón. Seguir los pasos de un padre que fue uno de los delanteros más peligrosos del Calcio dos décadas atrás pone siempre al nuevo futbolista en el candelero de las críticas y su zona natural, hasta que el tiempo pasa para demostrar cómo es uno, es el ojo del huracán. ¿Será realmente bueno o estará ahí por enchufe?

Eso es lo que le ha pasado a Federico Chiesa (Genoa, 25 de octubre de 1997), hijo de Enrico, en su carrera hasta que hace un año Paulo Sousa le dio la alternativa y le hizo debutar con el primer equipo de la Fiorentina. Fue en la jornada inaugural de la Serie A, lo hizo como titular ante la campeona Juventus en un partido que siempre es especial para el club viola. Es el derbi de los derbis, si bien no regional o geográfico, sí en términos de rivalidad histórica deportiva. 

Federico cuajó una actuación tímida y sinceramente no destacó. Fue el damnificado y se quedó en la caseta de vestuarios en el descanso. No había sido un debut de ensueño, pero sí algo para al menos dar ese primer paso y romper el cascarón. Enrico Chiesa marcó goles allá donde fue: Parma, Sampdoria, Fiorentina, Siena, Lazio, Modena... Aunque fue en el equipo violeta donde logró su mayor cantidad de tantos y lo que es mejor, en menos partidos. Un ratio altísimo. Tampoco se quedó corto con la camiseta de la selección y logró ganar títulos con equipos no acostumbrados a ello. ¿Estaría su hijo allí solo por lo que fue su padre?

Por todo eso, Federico Chiesa tenía que hacer más del doble que los demás para tener menos reconocimiento. En el primer tramo de la temporada, Sousa le fue brindando pocos minutos. Para Navidad, su explosión fue tal, que se adueñó por completo de la banda derecha y mandó a un Bernardeschi que era dueño y señor de todo lo que se originaba en Florencia a la mediapunta. Los Federicos empezaron a hacer de las suyas y su asociación fue clave en una temporada que fue una montaña rusa y que salvó su binomio. Ahora, sin Bernardeschi, en Turín, sin Ilicic, en Atalanta, sin Tello, en el Betis y en una plantilla que se ha quedado coja, que ha perdido a todos sus puntales y que previsiblemente también prescindirá de Kalinic y Badelj, es el momento en el que Chiesa tiene que dar un paso adelante y ser el jugador diferencial. Difícil y quizás demasiada responsabilidad para un jugador tan joven. Pero son lentejas. No hay mucho más.

La situación le llega muy pronto, apenas con 19 años, pero su primer gran año en la élite invitan a pensar en lo mejor a título individual, toda vez que el equipo en su conjunto se cae a cachos y se debe preparar para un año difícil y peligroso. Federicho Chiesa es un jugador de banda, preferiblemente derecha. Es un extremo de los que ya no abundan, de los que tienen el desborde y el regate por bandera, de los que son capaces de acelerar siempre con una marcha más, de conducir la pelota con la cabeza gacha y levantarla solo en el momento decisivo. En cierto modo recuerda al Joaquín que despuntó en sus primeros años en el Betis. Ese desparpajo, esa facilidad para el quiebro en el uno contra uno y ese buen pie una vez llegado a línea de fondo. Por eso sufre y pierde potencial y peligrosidad cuando le ponen a pierna cambiada.

Es un fijo en el once titular de la selección Sub21 que llegó a semifinales el mes pasado en la Eurocopa de la categoría y de seguir con está progresión no deberá tardar en dar el salto a la absoluta. En la campaña que acaba de terminar, la de su debut, jugó 36 partidos repartidos entre Liga, Copa y Europa League, en los que marcó cinco goles y dio cuatro asistencias. Quizás es ahí, en términos numéricos, donde debería dar un gran salto para ser más influyente a la larga en el equipo que esta temporada entrena Pioli. Todo sería más fácil para él si se hubiera quedado Paulo Sousa, que tenía un sistema idóneo para él. Ahora, con el nuevo técnico, deberá ganarse los galones, nada sencillo para agradar a alguien que en su carrera ha demostrado tener cierta preferencia por la veteranía y los jugadores experimentados. Sea como fuere, Federico, hijo de Enrico, es a día de hoy la única esperanza de la Fiorentina y uno de los mejores proyectos que tiene el fútbol transalpino. Que no nos sorprenda si el verano que viene es protagonista de uno de los grandes culebrones. Esto va así.

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Calcio está de moda, Italia presume de delanteros

Hace ya mucho tiempo que el Calcio dejó de ser vistoso, pero eso está cambiando. Durante años, sólo el Milan pareció dar la talla en las grandes competiciones a excepción de una histórica temporada del Inter de Milán de José Mourinho. El fútbol italiano quedó herido de muerte con el Moggigate cuando la Juventus tuvo que descender de categoría por amaño de partidos y otros tantos equipos transalpinos fueron sancionados. La muerte se certificó hace ya cuatro años, cuando la UEFA notificaba que, por los resultados en las últimas campañas, el Calcio perdía el derecho a una plaza Champions que iba en favor del fútbol alemán. Manda el ranking UEFA, determinado por los resultados de los equipos en los últimos cinco años en competición europea.

Un campeonato asentado en la mediocridad del que se aprovechó la Juventus de Conte primero, y posteriormente de Allegri. Supo entender que ante el mal momento de forma de los dos equipos de Milán (18 títulos cada uno) debía gobernar el campeonato con mano de hierro. Y así lo hizo. Conte armó una máquina perfecta de competir que nunca encontró rival en Italia. En los últimos cuatro años, la Vecchia Signora ha levantado cuatro títulos de Liga, uno de Copa y tres Supercopas del país. Nápoles, Roma y Lazio, animadores del campeonato, nunca encontraron la regularidad necesaria para disputar siquiera un campeonato doméstico. Pero desde el curso pasado algo ha cambiado. El Inter de Milán, con la vuelta de Mancini, ha logrado sentar las bases de un equipo práctico. El mismo estilo que dominó Italia entre 2005 y 2010 (cinco campeonatos seguidos). La Juventus va de menos a más, tras perder a varios de sus jugadores clave, y tras un inicio dubitativo ha cogido carrerilla para lograr situarse en las plazas de honor. No le van mal las cosas a la Fiorentina con la llegada de Sousa. El equipo juega bien, bonito, vistoso. La plantilla es profunda y sólo el baile de rotaciones puede generar algo de desconcierto en algunos partidos. El Nápoles, ya sin Benítez ha soltado los frenos. El equipo juega bien, llega al área rival con comodidad y sólo flaquea en la zaga, cuyos integrantes no dejan de dispararse a sus propios pies. La Roma vuelve a ser atractiva pero se ha encontrado rivales que no esperaba. Las bajas le impiden volar del todo y ese aire de segundón que sobrevuela sobre ellos les penaliza más de lo que debería. 

Todo ha cambiado en Italia, de verdad. Hay vida más allá del Milan, para los que usan a los rossoneri como vara de medir el campeonato. El Calcio, rompiendo estereotipos, fue el campeonato de los cuatro grandes donde más goles se marcaron la temporada pasada: 1024 tantos por los 1005 que vimos en España o los 975 que se marcaron en la Premier en los mismos partidos. Una Premier que, por cierto, ya ve peligrar su cuarta plaza Champions, que iría a parar para la Liga Italiana si todo sigue como hasta ahora. Goles son amores. Y como de dianas vive el fútbol, en el Calcio están algunos de los delanteros más determinantes.

Dybala celebra un tanto contra el Milan / GETTY IMAGES
Enamora Paulo Dybala en Turín. Los 32 millones de euros (más ocho en objetivos) que le costó el fichaje a la Juventus hicieron dudar a todos de que el chico maravilla del Palermo podría coger el testigo del Apache Tévez. 14 jornadas después, nadie tiene una sola pega, y eso que le costó en el arranque. Dybala, que convirtió el primer balón que tocó como bianconero en un trofeo (hizo el tanto que le dio la Supercopa Italiana en su debut), se vio relegado a la suplencia en una dura competencia entre Mandzukic, Morata y Simone Zaza. Ahora, como pareja del croata, la Vecchia Signora rompe moldes. Dybala es bueno, bonito y, como siga así, va a haber sido hasta barato. A sus 22 años, el argentino es un continuo dolor de cabeza para la zaga rival. Dybala no es un llegador ni un rematador al uso, es un segunda línea que disputa todos los balones, que está en contacto con el balón durante todo el encuentro, que se mueve por zonas peligrosas durante los 90 minutos. A los ocho goles que lleva hay que sumarle cuatro asistencias. Precisamente ese fue el hecho que le hizo ser fundamental en el Palermo. No mete todos los goles, no da todas las asistencias, pero siempre es uno de los actores principales en el gol, anotando o fabricando. A su lado juega Mandzukic, que se ha visto favorecido por la movilidad del nuevo ídolo turinés. Combinan, se entienden. Son como el agua y el aceite. Uno rápido, versátil, técnico. Otro lento, estático, de difícil asociación. Pero lo hacen, y lo hacen como nadie. Juventus tiene a su Zipi y Zape y con ellos comienza la remontada.

Higuaín, tras marcar gol / GETTY IMAGES
Vive Gonzalo Higuaín el mejor momento de su vida como futbolista. Con 14 goles en 15 partidos (marca cada 90 minutos), el argentino ha pasado del infierno al cielo. Y hablo de infierno porque el pasado verano bien cerca estuvo de abandonar la disciplina napolitana. Con el equipo fuera de Champions, al ex del Real Madrid le entraron aires de grandeza y se puso en el mercado para decepción (y amenazas) de sus tifossi. Esos no eran los planes del presidente, que fichó a Sarri para construir un equipo en torno a él. Y así ha sido. Ya sin Benítez, el Nápoles respira buen fútbol. El español, peleado con media plantilla, antepuso su orgullo y su ego a una plantilla a la que nunca supo exprimir al máximo, pese a las finales jugadas. Ahora, de la mano de Sarri e Higuaín vuelta también Insigne, en su explosión definitiva y madurez como futbolista. Pero el Pipa es el Pipa, no vamos a descubrirle ahora. Capaz de lo mejor y de lo peor. Anotador de cuatro goles en un partido pero errando el penalti decisivo. Por eso cobra importancia la figura de Insigne, alguien con quien repartirse las responsabilidades. El Nápoles es un serio aspirante al título, a esta pelea tan divertida que tiene pinta de alargarse hasta el final. Si bien no con cinco o seis aspirantes, sí con tres o cuatro. Ojalá. 

Una lucha que, por cierto, lidera el Inter de Milán de Mancini. Un Inter rácano por momentos, brillante en otros muchos. Cimentado en una defensa que casi no recibe goles (curioso que siempre esté en ellas el brasileño Miranda) y con un ataque que optimiza al máximo cada tanto. Porque curiosamente, el líder del Calcio es el que más falto está de dianas (ha ganado ocho de sus 10 partidos por 1-0). El más erróneo de cara a puerta. Los neroazzurri sólo han visto puerta en 18 ocasiones en estos 14 encuentros, cifras que mejoran hasta 10 equipos en el campeonato (del 2º al 9º clasificado, entre otros). Una situación que tiene su origen en el mal momento de forma de Mauro Icardi. Icardi es un estado de ánimo constante. Un jugador que vive en una permanente situación de esquizofrenia, que igual marca tres goles y se encara con la grada. El argentino, a quienes los 22 goles que marcó el año pasado le dieron el galardón de Capocannoniere, se ocupa más de lo que hace fuera del campo que dentro. Y eso se traduce en momentos de bajón y picos de forma, una montaña rusa viviente. Nadie va a poner en duda la calidad del 9 del Inter, pero parece que los elogios recibidos el curso pasado, los trofeos individuales, la mejora de contrato y la capitanía se le han subido a la cabeza. Icardi es uno de los mejores jugadores de la Liga, quizás entre los tres o cuatro más determinantes, pero cuando no hay nadie al mando del cerebro a veces pasan estas cosas. Sólo lleva cuatro goles. Lo peor es que Mancini no le encuentra sitio al lado de Jovetic. El montenegrino, uno de los chicos más talentosos que ha pasado por Italia en la última década, inexplicable que no le dieran oportunidades en Manchester, es el nuevo ídolo de la grada partiendo desde la banda izquierda. La sociedad que iba a formar con el argentino se antojaba terrible. La realidad es que Mancini aún no les ha hecho funcionar en conjunto y sólo brilla el balcánico. Peor para el argentino, el Inter jugó su partido más rico visualmente del año este fin de semana, cuando Icardi no disputó ni un sólo minuto. Luego, encima, le robaron un reloj valorado en 40.000 euros a la salida del estadio. No fue su día y no está contento. Y es una bomba de relojería.
Icardi realiza su celebración favorita tras anotar / AFP
Kalinic, en su presentación / Andi Shtylla
En estado de incredulidad viven en Florencia. La salida de Montella en verano no gustó a casi nadie. Con el italiano el equipo jugaba bien, excelente por momentos. Aunque no se encontraba de igual manera el camino del gol, se había asentado con comodidad entre los cinco primeros, viajando por la Europa League, y se había logrado la regularidad. Con Paulo Sousa la Fiorentina no le teme a nada ni a nadie. Le gana la posesión a cualquier rival y vive los 90 minutos en el área contraria. Y así, los goles acaban llegando. Y eso que Sousa, con una trayectoria como manager extraña, dispar, irregular, fue cuestionado desde el primer día. Al segundo se disiparon las dudas cuando la Fiorentina, en un amistoso de pretemporada, doblegó al Barcelona en un auténtico partidazo de Bernardeschi y repitió días después con el Chelsea. Nadie en el campeonato ha logrado más goles que el equipo viola (30), y eso radica en parte gracias a la aportación de Kalinic, otro que fue discutido a su llegada por su pobre bagaje goleador en cursos anteriores (y porque eso suponía la marcha de Mario Gómez). Pero a sus 27 años el croata vive en un momento dulce, es tercero en la clasificación por el pichichi con nueve tantos y de ser el ejecutor de los penaltis bien podría estar ya a la altura de Higuaín, pues Ilicic ha anotado ya cinco desde los once metros. También aporta asistencias, hasta cinco lleva ya con la camiseta morada y es titular indiscutible para el técnico. Su teórico suplente, Babacar, lleva ya cuatro dianas y anota cada 90 minutos. El gol está de suerte en el Artemio Franchi. Aunque con la profundidad de plantilla y la exigencia de partidos, Sousa ha desquiciado al equipo algo más de lo debido haciendo rotaciones en momentos importantes que han supuesto la pérdida de algunos puntos importantes en la carrera del título. Sea como fuere, la Fiorentina parece clara candidata al título, mantiene una regularidad que no se recuerda en la ciudad desde hace décadas y es siempre superior a su rival. Incluso cuando pierde. Y a ese piropo no puede rehuir Federico Bernardeschi, uno de los más destacados del equipo a sus 21 años y que en un futuro no muy lejano apunta a ser mejor jugador italiano del mundo. Hagan sus apuestas.

Dzeko, con la Roma / www.imagephotoagency.it
No se puede negar que junto a Icardi, la decepción del momento está en Edin Dzeko. Los dos arietes, junto a Higuaín, lideraban en favoritismo en las casas de apuestas para ser máximos artilleros del campeonato, pero de momento sólo el del Nápoles responde a lo esperado. El bosnio no pasa por su mejor momento, igual que una Roma que se ha visto superada por Fiorentina, Nápoles y por el retorno del Inter. No hacen justicia los tres tantos que ha marcado en Liga el ex jugador del Manchester City a su sueldo, pues con 4'5 millones de euros limpios, es el tercer futbolista mejor pagado de la Liga. Influye mucho el estilo de juego del equipo de la capital, con muchos jugadores entrando desde segunda línea, rematando desde atrás, con los extremos jugando por dentro y no por fuera y con la lesión de Salah, su mejor socio en pretemporada y en los primeros compases del curso.

Vive Italia de delanteros. Sonríen Higuaín, Kalinic, Dybala, Éder (10 tantos, segundo en el Pichichi), e incluso Paloschi, aquella eterna promesa del Milan que se ha quedado en jugador cumplidor, aseado, un ariete de equipo de la parte baja de la tabla. También Mandzukic. Sufren Icardi y Luca Toni, vigentes ganadores del máximo goleador de un trofeo compartido, y Morata, relegado al banquillo. En tierra de nadie se queda Bacca quien, con seis dianas, no logra ayudar a despegar a un Milan vive en un estado de letargo profundo. Tocar fondo de manera constante. Crece Italia, crece el Calcio, que rompe estereotipos. Sus equipos juegan bien, llegan los resultados y dentro de poco los reconocimientos. Del hacer de los equipos alemanes e ingleses en Europa se decidirá quién pierde la plaza Champions que cada día parece más cercana a recuperar Italia. Y lo merecen. Nunca estuvo más vivo el Catenaccio.

viernes, 2 de octubre de 2015

Bernardeschi, la perla azzurra de la Fiorentina

Bernardeschi celebra su primer gol al Barcelona / GETTY IMAGES
Fue aparecer por las instalaciones cuando de repente, un gran oso llamado Gianluigi Buffon corrió a abrazarle. Era abril de 2014, acababa de cumplir 20 años, jugaba en la Serie B, había recibido la invitación de Prandelli para entrenarse con la selección absoluta y ni se imaginaba el recibimiento que iba a tener del eterno capitán. Y es que el arquero de la Juventus no se lo podía creer cuando le dijeron que iba a entrenar con la azzurra un chaval joven de Carrara, donde él había nacido hace casi 40 años. Se pusieron al día, hablaron sobre el pequeño pueblo y comentaron sobre algunos sitios famosos del lugar. Y se abrazaron. Bueno, más bien fue el portero, en plan padre, quien no paró de envolver con sus brazos al chico, todo timidez, durante los dos días que duró la concentración. Se llamaba Bernardeschi, y ese día Buffon supo que el futuro de Italia estaba en buenas manos. 

Federico Bernardeschi (Italia, 1994) nació hace 21 años en Carrara, un municipio de la región de la Toscana a escasos 100 kilómetros de Florencia, y con sólo 9 años, en 2003, ingresó en las categorías inferiores de la Fiorentina, el equipo que hoy le ha dado a conocer, el club que ama. Curiosamente, aquel año el conjunto viola pasaba por la peor época de su historia, recién desaparecido y refundado bajo el nombre de Fiorentina 1926 (el original lo recuperaría un año más tarde) y militando en la cuarta categoría del fútbol italiano tras los problemas económicos, la situación de incertidumbre y nula estabilidad no fue obstáculo para que el pequeño Federico se enfundara una camiseta morada de forma oficial por primera vez por mucho que el escudo no fuera reconocible para él, pues también tuvieron que modificarlo un poco tras la desaparición del club.

Bernardeschi se dio a conocer mundialmente en la pasada pretemporada cuando, en un partido de preparación contra el Barcelona, vacunó en 10 minutos dos veces a Ter Stegen y sacó a pasear durante el resto del duelo su clase descomunal. Delantero reconvertido a una posición más secundaria, Bernardeschi suele preferir jugar escorado en banda derecha, donde en su primera temporada como profesional hizo 12 goles y repartió siete asistencias. Fue en la 2013-2014, cuando jugó un papel importante en el Crotone, cedido por la Fiorentina, en el único año que ha pasado fuera del club viola. Una posición que también solía desempeñar en el equipo juvenil de la Fiorentina, con el que anotó 23 goles en algo menos de 40 partidos. Incluso, cuando aún no tenía contrato profesional y se desempeñaba en el juvenil, rechazó una jugosa oferta del Manchester United por querer triunfar de morado. Desde entonces, no ha hecho más que crecer, sobreponiéndose incluso a una grave lesión de tobillo.

Y es que tras el gran año en la Serie B con el Crotone, la 14-15 se presentaba como la campaña de su eclosión en el primer equipo, hasta que su tobillo derecho dijo basta. Sólo iban 10 jornadas de Liga y tres partidos de Europa League, y Bernardeschi ya había llamado a la puerta de la titularidad disputando ocho encuentros y logrando tres tantos y un par de asistencias. La enésima lesión de rodilla de Rossi le había supuesto algo más de galones cuando tuvo que pasar por quirófano y quedarse fuera de los terrenos durante más de cinco meses. Que nadie pregunte cómo, pero consiguió conectar la PlayStation a la televisión de moneditas que había en la habitación de su hotel para simular que podía seguir jugando.

Bernardeschi, con la Fiorentina / GIUSEPPE BELLINI
Una fase de recuperación que no hizo más que impulsar las ganas de triunfar de este joven que lidera también a la selección italiana sub 21. Ya en pretemporada mostró desfachatez y desparpajo cuando nada más acabaron las vacaciones llegó pidiendo la camiseta número 10. Un hecho que, unido a su pasado en la cantera viola, comenzó rápidamente las comparaciones con Roberto Baggio, con quien casi incluso comparte cumpleaños (Baggio es del 16 de octubre, Bernardeschi, del 18). Que te comparen con tu ídolo nada más arrancar tu carrera dice mucho de la proyección que llevas en tu etapa juvenil, aunque esto pueda ser contraproducente si al jugador al que admiras es uno de los grandes de todos los tiempos. Ya le pasó a Giovinco, demasiado talento para un cuerpo tan pequeño, con Del Piero, la Juventus, y una storia di un grande amore. 

Aunque por juego y por historia reciente, la prensa italiana tampoco duda en equipararle con Diamanti, sobre todo por la calidad de su zurda. Tras una pretemporada brillante, Bernardeschi ha arrancado el curso como un jugador fuerte e importante en los planes de Paulo Sousa, nuevo técnico de los italianos, que ha llegado con ideas frescas a un club que necesitaba un pequeño impulso. Se ha inventado un sistema que parece venir a las mil maravillas a un equipo que, a día de hoy, es líder de la Serie A (empatado con el Inter a puntos), algo que no sucedía desde la época de Batistuta. Jugando en una segunda línea al lado de otro mediapunta, que suele ser Ilicic, Bernardeschi está demostrando todo su potencial y puede hacer gala de sus mejores características. Jugador elegante, espigado, de gran zancada, tiene buen manejo de la pelota con los dos pies y su golpeo con la zurda es soberbio. Incluso tiene entre su repertorio un gran golpeo con el exterior de su bota. De todo, sin duda. lo que más destaca es su capacidad para llegar desde esa segunda línea y conseguir una gran cantidad de goles, también gracias a su oportunismo. Puede jugar por la izquierda, puede hacerlo por derecha, hasta ahora su posición fetiche, pero es en la mediapunta pura, con total libertad, donde se ha destapado con sólo 21 años.

Él, humilde, lejos de comparaciones milenarias, prefiere decir que su estilo de juego se parece al de Berardi (Sassuolo), a quien admira. Destaca también en la pelota parada, con un buen disparo tanto en colocación como en potencia del que ya hizo gala en la Serie B y sin duda, cuando está en ventaja para disparar, sabes que te va a vacunar. Su altura y su buena coordinación, además, le permiten añadir a sus habilidades un buen remate de cabeza que le convierte en uno de los atacantes más completos del fútbol italiano. 

Ayer vio puerta por primera vez esta campaña en los cinco partidos que ha jugado, en el duelo ante Os Beleneses en la Europa League, tanto que encarriló el partido. La competencia es infinita en el equipo Viola, pues Babacar, Kalinic, Rossi, Mati Fernández, Rebic, Ilicic y el propio Bernardeschi pelean por tres puestos y la competencia interna los hace crecer a todos de forma individual, algo que beneficia al equipo. Conte ya tiene los informes de su hacer con las categorías inferiores encima de la mesa y no debería tardar en llamarle. Seguro que su portero se lo ha recomendado. Buffon no abraza a cualquiera.

            

viernes, 20 de marzo de 2015

El error egipcio de Mou: Mohamed Salah

Parece especialista el Chelsea en deshacerse en los últimos tiempos de aquellos jugadores a los que no encuentra acomodo por un precio elevado que se antoja irrechazable, sobre todo si se mira que aquellos chicos que se marchan pasan más tiempo del que desearían entre la grada y el banquillo. Uno se fija en el rendimiento de cierto delantero que hoy destroza redes en el Everton y de un pelirrojo pecoso con cara de travieso que ha hecho de los campos alemanes su jardín hogareño y se cuestiona hasta qué punto, el dinero da la felicidad y es más importante que los resultados. Y es que ese mediapunta ratonero del Wolfsburgo, que responde al nombre de De Bruyne, cosecha mejores registros (goles y asistencias) que toda la línea de mediapuntas del equipo londinense, por donde acampan Hazard, Oscar y Willian.

Y es ahí donde aparece Mohamed Salah, el último descarte de Mourinho que hoy es, junto a Carlos Tévez, el jugador más en forma de la Liga Italiana. Y es que al técnico portugués se le metió entre ceja y ceja el fichaje de Cuadrado en invierno y para hipotecar dicha incorporación mandó a Schurrle a Alemania. La Fiorentina, que no se contentaba sólo con el dinero tras perder a su jugador con más cartel, preguntó por ese chico egipcio de 22 años con cara de pocos amigos que se sentaba jornada sí y jornada también en la grada y al que sólo los 33 minutos disputados en Liga le diferenciaban de un vulgar utillero. Con lacito, respondió Mou. Pero cedido, por si las moscas.

Salah, con la Fiorentina / GETTY IMAGES
El huracán africano que se ha desatado desde entonces en la angelical ciudad de Florencia no hace más que alimentarse con el paso de los días. Cuadrado, encasillado, reconocido por los rivales y con el hambre de ir a un equipo con mejores expectativas, no estaba cumpliendo con su cometido y el egipcio ha revitalizado a un equipo que camina con paso firme en Europa League y esprinta en esa carrera de fondo por acabar entre los tres primeros en el Calcio. Y es que Montella le ha sacado el mayor de los partidos. Le da libertad por detrás de un punta nato e incluso le permite jugar, en ocasiones, como hombre más adelantado. Cuando cae a bandas, sin importar el perfil, sus diagonales son sinónimo de pena de muerte y es capaz de llevar él sólo un contragolpe haciendo parecer que en vez de un sólo hombre a la portería rival se dirige una manada de bisontes.

Seis goles y dos asistencias le avalan en los 700 minutos que ha disputado en tierras italianas. Allí luce el dorsal 74 como homenaje a la cifra de víctimas que se cobró en 2012 la batalla de Port Said, un altercado entre dos hinchadas en la final del campeonato con un trasfondo político que dejó también más de 1000 heridos. Se ha erigido como el líder de la Viola y ha hecho creer a sus tiffosi que con él todo es posible. 

El Chelsea le conoció en 2013 cuando, en las filas del Basilea, el egipcio sacó de sus casillas al conjunto inglés y cerca estuvo de privarle de jugar la final de la Europa League que a la postre conquistó y sólo seis meses después, con Mourinho ya en el banquillo, ejecutaron la usual técnica florentiniana de encapricharse de todo aquello que a uno le pinta la cara. Aunque en Londres, la presencia del africano ha sido más bien como la del Perro del Hortelano, pues ni ha comido ni le han dejado comer. Ahora, Italia se rinde a la nueva estrella de su Liga. En Florencia resuenan tambores de guerra cada vez que el chico que no pierde la sonrisa engancha la pelota, ya sea en campo propio, en la frontal o en las bandas. Y Mou, que se tira de los pelos porque duele que otros aprovechen lo que tú no has podido, aún se ríe en la sombra porque sabe que le tiene bien atado en corto.

Salah, a punto de jugar bajo la mirada de Mou / GETTY IMAGES