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miércoles, 8 de febrero de 2017

Lyanco, el muro que divide a Serbia y Brasil



Una muralla de 1'88 metros se eleva estos días en Ecuador sobre el resto. Un central alto, contundente, imponente, que a sus recién cumplidos 20 años de edad está más desarrollado físicamente que el entorno que le rodea, que esos jugadores que comparten generación con él y que ni siquiera son capaces de aparentarlo. Infunde respeto y miedo. Mucho miedo.

Lyanco Vojnovic (febrero de 1997, Vitoria, Brasil) ha empezado el Sudamericano Sub20 como jugador del Sao Paulo. Eso sí, todo indica que podría acabar siendo propiedad de otro equipo antes de terminar el torneo, al que apenas le restan tres días. Y es que el conjunto brasileño, en serios aprietos económicos, está decidido a vender sus piezas cual subasta al mejor postor. Hace apenas unos meses sucedió con Alan Kardec y Ganso y la semana pasada con Neres. Este último, vendido al Ajax, no pudo ser traspasado por los 15 millones de euros que el club pretendía ingresar para saldar la deuda a la que deben enfrentarse de manera inmediata y por eso, el que más ponga por Lyanco, se lo acabará llevando.

De todas las ofertas recibidas, parece que la del Atlético de Madrid (6 millones de euros) es la más alta, superando los cinco que ponía la Juventus encima de la mesa, o eso asegura Fox Sport. Atleti y Juve, los dos equipos con quizás la mejor rotación y nómina de centrales en el panorama actual. Posiblemente los conjuntos que más basan su juego en una pareja de zagueros sólida que ponga los cimientos. Godín, Giménez, Savic, Lucas, Barzagli, Bonucci, Chiellini, Rugani... Nadie hace aguas. Dice mucho del central brasileño que sean ellos los dos equipos que más hayan pujado por él.

Lyanco, durante el Sudamericano Sub20 /
 RODRIGO BUENDIA / GETTY IMAGES
Lyanco es un zaguero contundente, con hechuras, con presencia. Su 1'88m de estatura ayuda mucho, pero no todo para saber imponer es el físico. El brasileño es de esos que a los 20 años parece haber jugado ya dos centenares de partidos como profesional pese a que la cifra real apenas llegue a los 30. Para los que un sólo entrenamiento convalida con meses de aprendizaje del resto. Decidido. Uno le ve jugar en el Sudamericano y se le viene a la cabeza la imagen de Piqué jugando en Canadá, a su misma edad, con España, justo después de hacer una temporada notable con el Zaragoza. Esos primeros pasos del que a la postre se convertiría en uno de los mejores centrales del mundo. El brasileño tiene cosas del jugador del Barcelona.

Su envío en largo con su pierna derecha es exquisito. Tiene el buen toque de los zagueros brasileños y su gusto por sumarse al ataque. Su único gol hasta la fecha, de hecho, es un coast to coast desde su defensa en el que acaba definiendo dentro del área rival. Por eso, en Brasil se atreven a compararle con Lucio y, aunque a sus 20 años aún se le ve muy alocado (o verde, en definitiva), sus subidas no son tan continuas como las de su homólogo. Sí se puede comprobar una muestra de su presencia para con el balón viendo la disposición de Brasil. La canarinha juega con Caio Henrique como pivote, pero si el balón llega antes a Lyanco, el del Atlético de Madrid se escora a la izquierda, sabedor de que el zaguero es capaz de poner un pase con precisión milimétrica o salir desde atrás como si del propio '5' del equipo se tratase,

Lyanco / MATTHEW ASHTON
Su temperamento es su principal némesis. Algo que tendrá que pulir con el correr de los partidos. Su físico particularmente desarollado le hace no medir con exactitud cuando se enfrenta a sus coetáneos, que no sus semejantes. Por eso, en las categorías inferiores, ya ha sido expulsado un par de veces en apenas una docena de partidos. Una suerte que no le penaliza con los mayores, donde apenas suma cuatro amarillas en 25 partidos.

Lyanco dio sus primeros pasos en la academia del Botafogo. Justo antes de cumplir los 18, en 2015, firmó por el Sao Paulo, pese a que Cruzeiro, Fluminense y Palmeiras se habían lanzado a por su fichaje. También el AC Milan, donde no pudo recalar por su todavía falta de pasaporte comunitario. Hoy sí lo posee, pues tiene nacionalidad serbia gracias a sus antepasados. Su abuelo, yugoslavo, huyó de los Balcanes con siete años en plena Segunda Guerra Mundial. Acabó en Brasil.

Por eso, Lyanco ha jugado con la selección Sub19 de Serbia y la Sub20 de Brasil y, pese a que ahora se encuentra con los sudamericanos, aún no ha decidido para quién jugar en la categoría absoluta. Tanto es así, que con 18 años rechazó una invitación formal de la Federación Brasileña de Fútbol para que fuera a una convocatoria con la absoluta, que quería atarle para el futuro y ha confirmado de su propia boca que jugar ahora con Brasil no le liga para nada a un futuro en la verdeamarelha.

De forma simultánea le llegó el debut con el primer equipo del Sao Paulo, donde a día de hoy es indiscutible. Forma pareja con Rodrigo Caio, otro central con buen toque de pelota. Lyanco, quizás por su físico, por su versatilidad, por su adaptabilidad y por ser siempre un notable, ha jugado en ocasiones extremas como lateral derecho. Incluso le han probado en entrenamientos en la otra banda. Aunque su naturaleza está en el eje de la zaga.

Lyanco es sin duda uno de los nombres propios del Sudamericano Sub20. Él, junto a Arana, Dodó, Caio y en ocasiones Vizeu, está manteniendo el tipo de una Brasil carente de talento y a la que por nombre se exige más. Aunque la realidad es que no hay más por donde exprimir. Con rasgos del este de Europa, ver a Lyanco es como ver, por apariencia física, a Nemanja Vidic enfundado en la camiseta de Brasil. Esa es la apariencia que da a primera vista. Es de esos jugadores que, sin verles jugar, ya entran por los ojos. De los especiales, de los que tienen un aura alrededor y de los que no es necesario ver tocar el balón para apuntar el nombre en la libreta.

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Calcio está de moda, Italia presume de delanteros

Hace ya mucho tiempo que el Calcio dejó de ser vistoso, pero eso está cambiando. Durante años, sólo el Milan pareció dar la talla en las grandes competiciones a excepción de una histórica temporada del Inter de Milán de José Mourinho. El fútbol italiano quedó herido de muerte con el Moggigate cuando la Juventus tuvo que descender de categoría por amaño de partidos y otros tantos equipos transalpinos fueron sancionados. La muerte se certificó hace ya cuatro años, cuando la UEFA notificaba que, por los resultados en las últimas campañas, el Calcio perdía el derecho a una plaza Champions que iba en favor del fútbol alemán. Manda el ranking UEFA, determinado por los resultados de los equipos en los últimos cinco años en competición europea.

Un campeonato asentado en la mediocridad del que se aprovechó la Juventus de Conte primero, y posteriormente de Allegri. Supo entender que ante el mal momento de forma de los dos equipos de Milán (18 títulos cada uno) debía gobernar el campeonato con mano de hierro. Y así lo hizo. Conte armó una máquina perfecta de competir que nunca encontró rival en Italia. En los últimos cuatro años, la Vecchia Signora ha levantado cuatro títulos de Liga, uno de Copa y tres Supercopas del país. Nápoles, Roma y Lazio, animadores del campeonato, nunca encontraron la regularidad necesaria para disputar siquiera un campeonato doméstico. Pero desde el curso pasado algo ha cambiado. El Inter de Milán, con la vuelta de Mancini, ha logrado sentar las bases de un equipo práctico. El mismo estilo que dominó Italia entre 2005 y 2010 (cinco campeonatos seguidos). La Juventus va de menos a más, tras perder a varios de sus jugadores clave, y tras un inicio dubitativo ha cogido carrerilla para lograr situarse en las plazas de honor. No le van mal las cosas a la Fiorentina con la llegada de Sousa. El equipo juega bien, bonito, vistoso. La plantilla es profunda y sólo el baile de rotaciones puede generar algo de desconcierto en algunos partidos. El Nápoles, ya sin Benítez ha soltado los frenos. El equipo juega bien, llega al área rival con comodidad y sólo flaquea en la zaga, cuyos integrantes no dejan de dispararse a sus propios pies. La Roma vuelve a ser atractiva pero se ha encontrado rivales que no esperaba. Las bajas le impiden volar del todo y ese aire de segundón que sobrevuela sobre ellos les penaliza más de lo que debería. 

Todo ha cambiado en Italia, de verdad. Hay vida más allá del Milan, para los que usan a los rossoneri como vara de medir el campeonato. El Calcio, rompiendo estereotipos, fue el campeonato de los cuatro grandes donde más goles se marcaron la temporada pasada: 1024 tantos por los 1005 que vimos en España o los 975 que se marcaron en la Premier en los mismos partidos. Una Premier que, por cierto, ya ve peligrar su cuarta plaza Champions, que iría a parar para la Liga Italiana si todo sigue como hasta ahora. Goles son amores. Y como de dianas vive el fútbol, en el Calcio están algunos de los delanteros más determinantes.

Dybala celebra un tanto contra el Milan / GETTY IMAGES
Enamora Paulo Dybala en Turín. Los 32 millones de euros (más ocho en objetivos) que le costó el fichaje a la Juventus hicieron dudar a todos de que el chico maravilla del Palermo podría coger el testigo del Apache Tévez. 14 jornadas después, nadie tiene una sola pega, y eso que le costó en el arranque. Dybala, que convirtió el primer balón que tocó como bianconero en un trofeo (hizo el tanto que le dio la Supercopa Italiana en su debut), se vio relegado a la suplencia en una dura competencia entre Mandzukic, Morata y Simone Zaza. Ahora, como pareja del croata, la Vecchia Signora rompe moldes. Dybala es bueno, bonito y, como siga así, va a haber sido hasta barato. A sus 22 años, el argentino es un continuo dolor de cabeza para la zaga rival. Dybala no es un llegador ni un rematador al uso, es un segunda línea que disputa todos los balones, que está en contacto con el balón durante todo el encuentro, que se mueve por zonas peligrosas durante los 90 minutos. A los ocho goles que lleva hay que sumarle cuatro asistencias. Precisamente ese fue el hecho que le hizo ser fundamental en el Palermo. No mete todos los goles, no da todas las asistencias, pero siempre es uno de los actores principales en el gol, anotando o fabricando. A su lado juega Mandzukic, que se ha visto favorecido por la movilidad del nuevo ídolo turinés. Combinan, se entienden. Son como el agua y el aceite. Uno rápido, versátil, técnico. Otro lento, estático, de difícil asociación. Pero lo hacen, y lo hacen como nadie. Juventus tiene a su Zipi y Zape y con ellos comienza la remontada.

Higuaín, tras marcar gol / GETTY IMAGES
Vive Gonzalo Higuaín el mejor momento de su vida como futbolista. Con 14 goles en 15 partidos (marca cada 90 minutos), el argentino ha pasado del infierno al cielo. Y hablo de infierno porque el pasado verano bien cerca estuvo de abandonar la disciplina napolitana. Con el equipo fuera de Champions, al ex del Real Madrid le entraron aires de grandeza y se puso en el mercado para decepción (y amenazas) de sus tifossi. Esos no eran los planes del presidente, que fichó a Sarri para construir un equipo en torno a él. Y así ha sido. Ya sin Benítez, el Nápoles respira buen fútbol. El español, peleado con media plantilla, antepuso su orgullo y su ego a una plantilla a la que nunca supo exprimir al máximo, pese a las finales jugadas. Ahora, de la mano de Sarri e Higuaín vuelta también Insigne, en su explosión definitiva y madurez como futbolista. Pero el Pipa es el Pipa, no vamos a descubrirle ahora. Capaz de lo mejor y de lo peor. Anotador de cuatro goles en un partido pero errando el penalti decisivo. Por eso cobra importancia la figura de Insigne, alguien con quien repartirse las responsabilidades. El Nápoles es un serio aspirante al título, a esta pelea tan divertida que tiene pinta de alargarse hasta el final. Si bien no con cinco o seis aspirantes, sí con tres o cuatro. Ojalá. 

Una lucha que, por cierto, lidera el Inter de Milán de Mancini. Un Inter rácano por momentos, brillante en otros muchos. Cimentado en una defensa que casi no recibe goles (curioso que siempre esté en ellas el brasileño Miranda) y con un ataque que optimiza al máximo cada tanto. Porque curiosamente, el líder del Calcio es el que más falto está de dianas (ha ganado ocho de sus 10 partidos por 1-0). El más erróneo de cara a puerta. Los neroazzurri sólo han visto puerta en 18 ocasiones en estos 14 encuentros, cifras que mejoran hasta 10 equipos en el campeonato (del 2º al 9º clasificado, entre otros). Una situación que tiene su origen en el mal momento de forma de Mauro Icardi. Icardi es un estado de ánimo constante. Un jugador que vive en una permanente situación de esquizofrenia, que igual marca tres goles y se encara con la grada. El argentino, a quienes los 22 goles que marcó el año pasado le dieron el galardón de Capocannoniere, se ocupa más de lo que hace fuera del campo que dentro. Y eso se traduce en momentos de bajón y picos de forma, una montaña rusa viviente. Nadie va a poner en duda la calidad del 9 del Inter, pero parece que los elogios recibidos el curso pasado, los trofeos individuales, la mejora de contrato y la capitanía se le han subido a la cabeza. Icardi es uno de los mejores jugadores de la Liga, quizás entre los tres o cuatro más determinantes, pero cuando no hay nadie al mando del cerebro a veces pasan estas cosas. Sólo lleva cuatro goles. Lo peor es que Mancini no le encuentra sitio al lado de Jovetic. El montenegrino, uno de los chicos más talentosos que ha pasado por Italia en la última década, inexplicable que no le dieran oportunidades en Manchester, es el nuevo ídolo de la grada partiendo desde la banda izquierda. La sociedad que iba a formar con el argentino se antojaba terrible. La realidad es que Mancini aún no les ha hecho funcionar en conjunto y sólo brilla el balcánico. Peor para el argentino, el Inter jugó su partido más rico visualmente del año este fin de semana, cuando Icardi no disputó ni un sólo minuto. Luego, encima, le robaron un reloj valorado en 40.000 euros a la salida del estadio. No fue su día y no está contento. Y es una bomba de relojería.
Icardi realiza su celebración favorita tras anotar / AFP
Kalinic, en su presentación / Andi Shtylla
En estado de incredulidad viven en Florencia. La salida de Montella en verano no gustó a casi nadie. Con el italiano el equipo jugaba bien, excelente por momentos. Aunque no se encontraba de igual manera el camino del gol, se había asentado con comodidad entre los cinco primeros, viajando por la Europa League, y se había logrado la regularidad. Con Paulo Sousa la Fiorentina no le teme a nada ni a nadie. Le gana la posesión a cualquier rival y vive los 90 minutos en el área contraria. Y así, los goles acaban llegando. Y eso que Sousa, con una trayectoria como manager extraña, dispar, irregular, fue cuestionado desde el primer día. Al segundo se disiparon las dudas cuando la Fiorentina, en un amistoso de pretemporada, doblegó al Barcelona en un auténtico partidazo de Bernardeschi y repitió días después con el Chelsea. Nadie en el campeonato ha logrado más goles que el equipo viola (30), y eso radica en parte gracias a la aportación de Kalinic, otro que fue discutido a su llegada por su pobre bagaje goleador en cursos anteriores (y porque eso suponía la marcha de Mario Gómez). Pero a sus 27 años el croata vive en un momento dulce, es tercero en la clasificación por el pichichi con nueve tantos y de ser el ejecutor de los penaltis bien podría estar ya a la altura de Higuaín, pues Ilicic ha anotado ya cinco desde los once metros. También aporta asistencias, hasta cinco lleva ya con la camiseta morada y es titular indiscutible para el técnico. Su teórico suplente, Babacar, lleva ya cuatro dianas y anota cada 90 minutos. El gol está de suerte en el Artemio Franchi. Aunque con la profundidad de plantilla y la exigencia de partidos, Sousa ha desquiciado al equipo algo más de lo debido haciendo rotaciones en momentos importantes que han supuesto la pérdida de algunos puntos importantes en la carrera del título. Sea como fuere, la Fiorentina parece clara candidata al título, mantiene una regularidad que no se recuerda en la ciudad desde hace décadas y es siempre superior a su rival. Incluso cuando pierde. Y a ese piropo no puede rehuir Federico Bernardeschi, uno de los más destacados del equipo a sus 21 años y que en un futuro no muy lejano apunta a ser mejor jugador italiano del mundo. Hagan sus apuestas.

Dzeko, con la Roma / www.imagephotoagency.it
No se puede negar que junto a Icardi, la decepción del momento está en Edin Dzeko. Los dos arietes, junto a Higuaín, lideraban en favoritismo en las casas de apuestas para ser máximos artilleros del campeonato, pero de momento sólo el del Nápoles responde a lo esperado. El bosnio no pasa por su mejor momento, igual que una Roma que se ha visto superada por Fiorentina, Nápoles y por el retorno del Inter. No hacen justicia los tres tantos que ha marcado en Liga el ex jugador del Manchester City a su sueldo, pues con 4'5 millones de euros limpios, es el tercer futbolista mejor pagado de la Liga. Influye mucho el estilo de juego del equipo de la capital, con muchos jugadores entrando desde segunda línea, rematando desde atrás, con los extremos jugando por dentro y no por fuera y con la lesión de Salah, su mejor socio en pretemporada y en los primeros compases del curso.

Vive Italia de delanteros. Sonríen Higuaín, Kalinic, Dybala, Éder (10 tantos, segundo en el Pichichi), e incluso Paloschi, aquella eterna promesa del Milan que se ha quedado en jugador cumplidor, aseado, un ariete de equipo de la parte baja de la tabla. También Mandzukic. Sufren Icardi y Luca Toni, vigentes ganadores del máximo goleador de un trofeo compartido, y Morata, relegado al banquillo. En tierra de nadie se queda Bacca quien, con seis dianas, no logra ayudar a despegar a un Milan vive en un estado de letargo profundo. Tocar fondo de manera constante. Crece Italia, crece el Calcio, que rompe estereotipos. Sus equipos juegan bien, llegan los resultados y dentro de poco los reconocimientos. Del hacer de los equipos alemanes e ingleses en Europa se decidirá quién pierde la plaza Champions que cada día parece más cercana a recuperar Italia. Y lo merecen. Nunca estuvo más vivo el Catenaccio.

lunes, 1 de abril de 2013

La 'Vecchia Signora' está de vuelta

Sólo 6 años después de estar en el infierno, la Juventus de Turín ha resurgido de sus cenizas para convertirse en uno de los equipos más duros del panorama mundial.

Juicio sobre caso Moggi
Poco antes de la celebración del Mundial 2006 en Alemania que iba a ganar la selección italiana salieron a la luz ciertas conversaciones telefónicas que comprometían a altos cargos del equipo piamontés. Con los últimos dos títulos de liga bajo el brazo (2004-2005 y 2005-2006) se empezó a llevar a cabo una profunda investigación que iba a resultar fatal para el equipo de Turín.

Tras salir a la luz el escándalo de fraudes y compras de partidos, La Vecchia Signora fue desposeída de sus dos últimos títulos y perdía la categoría para la próxima temporada, en la que debía luchar además con un hándicap inicial de 9 puntos menos.

Jugadores como Ibrahimovic, Emerson, Cannavaro, Zambrotta o Mutu no dudaron en abandonar el barco, mientras que ilustres como Buffon, Trezeguet, Del Piero, Nedved, Camoranesi o unos jóvenes Chiellini, Giovinco y De Ciegle permanecían para llevar al equipo de nuevo a la Seria A. Con suma facilidad, el equipo consiguió hacerse con el título de la categoría de plata acompañado del Nápoles y Génova en el ascenso. Sin ir más lejos, Del Piero y Trezeguet fueron los dos máximos goleadores de la liga, con Nedved como 4º artillero. De la mano de Deschamps, el equipo encontró su fútbol y el ascenso fue todo los sencillo que se puede considerar ganar una campeonato.

Con 27 títulos ligueros reconocidos de la Serie A y 2 Uefa Champions League, el retorno no fue nada fácil. Las miradas de desprecio de los demás equipos fueron un puñal en el corazón de un equipo centenario que no merecían los actos de sus dirigentes. El primer año tras su vuelta, el conjunto bianconero alcanzó la tercera plaza, que daba opción a jugar Champions la próxima temporada.

Al principio se quiso obstaculizar la entrada del equipo en el máximo torneo continental, pero no hubo argumentos suficientes para conseguirlo. Con todo en contra y una plantilla demasiado corta, La Juve no pasó de los Octavos de Final, quedando en 2ª plaza en liga tras u
n Inter de Milán que arrollaba todo a su paso.

Conte
Después de malos años sin entrar siquiera entre los 6 primeros, el equipo encontró su lavado final de cara de la mano de Antonio Conte, leyenda viva del equipo. Sin casi experiencia, el técnico italiano se hizo con los mandos del club de su vida y con una reforma de equipo con jugadores nuevos como Vidal, Matri o Lichtsteiner, sentó las bases del equipo ganador que es hoy.

Desde un principio, el técnico caló en la afición por su pasado como jugador, pero su labor técnica era más que cuestionable. Las dudas duraron apenas unos meses. Con un sistema innovador como era el 3-5-2, Conte consiguió un equipo perfectamente situado, con mucha fuerza y con precisión absoluta. Un titán que se paseó en liga sin conocer la derrota y que durante toda la temporada sólo perdió un partido, la final de copa ante el Nápoles.

Esta temporada, los refuerzos para afrontar las 3 temporadas han sido totalmente efectivos. Con varios jugadores por puesto, el equipo nunca se queda cojo y la profundidad de plantilla hace incluso que componentes de gran nivel no puedan tener los minutos que sí tendrían en otros conjuntos. En portería está Buffon, uno de los mejores porteros de la última década y capitán indiscutible. La defensa, sólida y fuerte con Bonucci, Barzagli y Chiellini, es imbatible por alto e impenetrable por abajo. Además, recambios efectivos como Peluso o Martín Cáceres le dan el toque de solidez necesario. Por delante, una línea de 5 jugadores totalmente completa. En la izquierda, De Ciegle o Asamoah. El primero pura elegancia y resistencia, el segundo, potencia y fuerza. En derecha, Lichtsteiner, Isla o Padoin. El suizo es el titular y sus actuaciones no están pasando por alto hasta el punto que ha sonado ya para Barcelona y Bayern de Munich. Dos alas que permiten que el equipo defienda con 5 más los centrocampistas cuando no tiene la pelota y que ataque con otros 5 más los centrocampistas cuando existe posesión.

Pirlo es el eje sobre el que se sustenta el equipo. Un periscopio que vive su segunda juventud y que ha alcanzado un nivel que nadie esperaba con su edad. A su lado, Marchisio, el niño bonito de la afición y Vidal, el todocampista perfecto. Ambos trabajan para el equipo, son jugadores multiusos y no faltan a su cita con el gol. Imprevisibles, técnicos y potentes. Un lujo. Poco a poco aparece Paul Pogba, un joven baluarte con un disparo lejano  endiablado con ambas piernas. Una joya a pulir. Y el desatascador Giacherinni. No es habitual, juega poco y siempre ha sido un jugador de banda. Conte le ha encontrado su sitio por dentro. No para de correr y lo da todo en cada jugada. Lo que todo entrenador quiere.

En la delantera, un ramillete de posibilidades. Se dice que es la posición más débil y que con un delantero top este equipo sería imparable. No falta razón. Pero si uno de los 4 fantásticos tiene el día, los delanteros top no existen. Juegan dos, tienen total libertad y la movilidad es esencial. Vucinic es imaginación, gol y determinación. El más indiscutible de los 4. Sus problemas de riñón han mermado su participación en los últimos meses. Un jugador tan raro como bueno. Matri es el delantero de las rachas. Si está enchufado sale a gol por partido, pero si no, toca aguantarle los movimientos inteligentes y remates torpes. Quagliarella es el más completo, pero el más irregular. Buen disparo lejano, manejo de las dos piernas, imaginación, remate al primer toque y regate. Eso cuando está. Cuando no, rebelde, quejica y desesperante. Y por último está Giovinco, mi debilidad. Tan bueno como imprevisible. Pura magia con el balón. Asistencias a pares. Gran disparo de media distancia, recorte en corto y cambio de ritmo. Su hándicap es la altura. Dicen que las buenas esencias se guardan en frascos pequeños. Pero su gran lastre es la comparación que vive con Del Piero desde los 17 años. Una gran presión.
Giovinco y Matri

En segundo plato, ante estas 4 bestias quedan Anelka y Bendtner, dos delanteros de talla mundial venidos muy a menos.

A falta de confirmación oficial, la Juventus será campeona en unas semanas del Scudetto, el 29 de forma oficial y el 31 para ellos. Un equipo que cuenta con 3 estrellas en su camiseta porque aunque la Serie A no considere sus dos títulos del Caso Moggi, ellos sí lo cuentan. Han ganado 30 sul campo. Un equipo que no es para nada favorito en las quinielas en el duelo más importante de su historia reciente, pero al que nadie tiene que dejar de lado con vistas a un futuro título. Ese que tendrá lugar mañana ante el todopoderoso Bayern de Munich. Un equipo subestimado, renacido de sus cenizas y que ha venido para volver del lugar del que nunca debió irse: el altar de los grandes. Porque como reza su camiseta, "vincere non è importante è l'unica cosa che conta".