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jueves, 11 de febrero de 2021

La perla de la semana: Sekou Koita

Alexander Hassenstein/Getty Images

Resulta complicado afirmar hoy, cuando Haaland está en boca de todo el mundo por su facilidad para golear a tan temprana edad, que haya un futbolista que en su anterior equipo esté rompiendo todos sus registros de anotación. El caso es que Sekou Koita lo está haciendo. El africano vende menos, vaya uno a saber por qué, pero sus guarismos no le tienen que envidiar absolutamente a nadie en el panorama fútbol. El de Malí esta temporada se ha desmarcado con 15 goles y 10 asistencias en 26 partidos. Ha estado sobre el verde un total de 1534 minutos. O lo que es lo mismo, Koita produce un gol cada 61 minutos. Una auténtica barbaridad. Y lo hace desde las dudas de quien no tiene aún una posición definida, pues sin ser un rematador puro se mueve por todo el frente de ataque con una soltura y una libertad que hace tambalearse a la defensa más férrea.

Nada ha cambiado en su carrera, más allá de su físico. En este mismo blog, allá por 2015, una entrada sobre este jugador, que entonces tenía 15 años, resumía un poco sus primeros compases en el fútbol de nivel para un chico precoz que dominó el Mundial Sub17 pese a ser el único jugador destacado en su selección y, sobre todo, pese a tener dos años menos que el resto, y un puñado de centímetros menos en torneos donde el físico lo es prácticamente todo.

Ahora, mucho más musculado pero con el mismo ansia de victoria, Koita es exactamente el mismo jugador que hace más de un lustro llamó la atención de los mejores ojeadores del mundo y al que RedBull echó el ojo para, tres años después (cuando cumplió la mayoría de edad) acogerle bajo su paraguas en las filas del FC Liefering, el equipo reserva del Salzburgo, que a su vez suele ser la antesala del Leipzig. Por eso, no sería de extrañar que, en una hipotética futura venta de los Olmo, Sabitzer o Sorloth, los alemanes tiren de su equipo afiliado para recoger a un jugador con un hambre de gol desmesurado. Y su camino no fue idílico, pues ni en Liefering ni en Wolfsberger, donde estuvo cedido, destacó. ¿Y si era uno de esos chicos africanos precoces que la rompen en torneos juveniles pero luego se quedan por el camino a la hora de dar el salto?

Con una zurda realmente prodigiosa, lo que llama la atención es el manejo de ambas piernas casi por igual. Zigzaguea rivales cambiándose el balón de bota y no duda en reventar la portería con la diestra si no tiene acomodo para su pierna más hábil. El caso, eso sí, es que donde antes había más dulzura y elegancia, ahora hay más potencia y fuerza. Porque de aquel chico delgado y menudo que tenía dos piernecitas finitas ya no queda nada, y sí más bien una tremenda montaña de músculos que arrolla a sus rivales tanto por calidad individual como por la fuerza de ese elefante que entra en una cacharrería sin miramientos.

Koita es la gran esperanza de Mali desde que Seydou Keita ilusionara al país hace ya más de una década. El otro gran talento contemporáneo del país, Kanouté, pronto vio su precocidad y desde hace años se ocupa de su carrera. Esa nación que nunca ha pisado un Mundial absoluto ahora sueña con que la generación que lidera su nuevo chico maravilla consiga acudir, al fin, al máximo torneo de selecciones. Sin ir más lejos, Koita llevó a Mali Sub17 a ser subcampeona del Mundial en 2015. Estuvo en la plantilla que llegó a ser subcampeona del Campeonato Africano de Naciones en 2016 y fue crucial en la Copa África Sub20 de 2019 que conquistó su selección. En el Mundial Sub20 de 2019, el último celebrado, tuvo un impacto mayúsculo, obrando tres goles y tres asistencias ante rivales de altura como Francia, Argentina o Italia, que apeó a Mali en cuartos de final.

La mayor duda de Keita es dónde terminará jugando con regularidad. Desde hace unos meses, su posición es la de delantero centro, si bien durante toda su corta carrera lo había hecho por todo el frente de ataque, en bandas y sobre todo cayendo en la izquierda. Desde la salida de Haaland, suya es la tarea del gol y suele acompañar en punta de ataque a Daka, el zambiano con el que se entiende a las mil maravillas. 

Siempre a la sombra del noruego y oculto entre los talentos que ha ido sacando el conglomerado futbolístico de la multinacional de bebidas, lo cierto es que Koita ha explotado y luce hoy unas cifras envidiables. Esas que le colocan como el máximo goleador de una Bundesliga de Austria de la que en los últimos años no han dejado de salir talentos.

Ficha

Nombre: Sekou Koita.
Nacionalidad: Mali.
Edad: 21 (28/11/1999).
Equipo: RB Salzburg.
Debut profesional: 18 años y 86 días.
Posición: Segundo delantero.
Pie hábil: Izquierdo.
Altura: 1'72m.
Peso: 68kg.
Representante: Frederic Kanoute.
Contrato: 30 de junio de 2024.
Internacional: Sub17, Sub20, Sub23 y absoluto.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Mundial Sub17 (2015): Malí y Nigeria se citan en la final


Cuento con los dedos de una mano las veces en las que el fútbol me ha causado más diversión que la de anoche. Qué bonito es ver un Mundial Sub17 como este, donde el fútbol puro prevalece sobre todas las cosas. Niños de entre 15 y 17 años cuyo único objetivo pasa por divertirse más que por ganar, por aprovechar la oportunidad de deleitarse en el que pueda ser su único o último gran torneo. Muchos de ellos, si no la mayoría, se quedarán en el camino. Los africanos, además, intentan con estas citas cambiar toda su vida y la de sus familias con una oportunidad en Europa con la que sueñan desde que tienen uso de razón. Un 11 contra 11 en el que la disputa del balón es máxima, donde nadie guarda nada y se respeta la decisión de un árbitro al que nadie trata de engañar. Hacía años que no veía barreras intentando recortar el ángulo del lanzador avanzando centímetros, por ejemplo. Y eso que no hay spray.

La superioridad física de los jugadores africanos en estos eventos es evidente y Nigeria, la mejor en el palmarés con cuatro títulos, buscará el domingo (23:00 horas, Eurosport) renovar el entorchado que defiende y que ganó con méritos hace dos años ante una Malí que, pase lo que pase, ya es la mejor generación de la historia del país. Ya son los chicos que más lejos han conseguido llevar a un combinado tras lograr la Copa África hace unos meses y ser mínimo subcampeona del mundo.

El Malí-Bélgica (3-1) que abrió ayer la jornada sirvió de perfecto preludio para el México-Nigeria (2-4) que vimos después, que fue con todo merecimiento el mejor partido que se ha jugado en el torneo. Ya van 38, sólo quedan dos. En la primera semifinal, además el morbo de volver a ver enfrentarse a malienses y belgas aumentó el caché del duelo. Ya se habían enfrentado en fase de grupos, cosechando un empate  a cero que fue una derrota para Malí que, tras tirar 20 veces a puerta (más de 10 de ellas en posición clara) y estrellar dos balones en la madera se llevó los mismos puntos que el conjunto europeo, que apenas pudo pasar de mitad de campo. De todos, Boubacar Traoré, el delantero africano, fue el perdedor moral del duelo tras marrar infinidad de ocasiones claras de gol.

Muy diferentes fueron los dos equipos que ayer saltaron al campo de los que se habían visto las caras semanas atrás. Rápido quiso Bélgica hacerse con el balón del partido y no dar lugar a las avanzadas en forma de estampida de los cuatro delanteros africanos (dos de ellos jugando como extremos en un 4-2-4 donde reina el anarquismo), y Dante Rigo, joven canterano del PSV, desaprovechó un desbarajuste en la zaga africana para adelantar a los suyos. Fue pasado el cuarto de hora y, para ser sincero, Bélgica se estaba merendando a Malí. Pero fue recibir el gol y saltar todas las alarmas para los africanos, que se desperezaron, se quitaron los complejos y perdieron el mal de altura para adueñarse del partido. Sólo cinco minutos más tarde, Boubacar Traoré recuperaba la paz interior consigo mismo y encontraba redención enganchando una volea desde lejos tras una soberbia asistencia con el exterior de Malle. Un delantero desde la banda derecha asistiendo a su pareja en punta que aparece por el otro costado. Lo dicho. Una movilidad que no ha sabido defender ningún equipo hasta la fecha. 

Y es que tras el 1-1 Bélgica se borró del partido. Más bien Mali la difuminó. Y se pueden dar con un canto en los dientes los Red Devils porque Sekou Koita, el chico maravilla de 15 años que está conquistando el torneo con su zurda, anoche jugó su peor partido. Por primera vez le vimos cometer fallos en el pase y en la toma de decisiones. Claro que para fallo el de Teunckens, el meta belga. El portero del Brujas, que había sido un muro todo el torneo y encadenaba tres partidos sin recibir gol, cometió un error impropio incluso para estas categorías cuando a la hora de partido midió mal un balón que era suyo y acabó tragándose el bote para que Maiga pusiera el 2-1, que no iba a ser definitivo pero sí determinante. Ya con media hora por delante, el físico africano se impuso y los europeos se quedaron sin opción alguna. Un quiero y no puedo que acabó aun más doloroso cuando en la recta final Koita puso el 3-1. Su egoísmo en esos minutos de la basura privó que la goleada fuera mayor, pero Bélgica merece irse de la cita con la cabeza alta y no con el regusto amargo.

Tras una hora de descanso, de asimilación de todo lo visto, México y Nigeria se pusieron manos a la obra en busca del último billete para la final. El Tri posiblemente ha sido el equipo más completo del torneo, el más regular. Un notable en todo, un sobresaliente en grupo y alguna que otra individualidad maravillosa. Kevin Magaña adelantó a los americanos tras una buena jugada colectiva cuando el partido estaba empezando y Nigeria vivió una situación que hasta entonces era desconocida para ellos: remar a contracorriente. Vale que quedaba más de una hora, pero en estos torneos y a estas alturas, cualquier detalle es determinante y el mal de altura suele hacerse visible. No acertaron los mexicanos a doblar su ventaja y erraron hasta tres ocasiones claras de gol para acabar pagándolo caro. Primero fue Nwakali, con un lanzamiento de falta, el que puso las tablas en el marcador. Menuda perla se lleva el Manchester City. Minutos más tarde, Okonkwo hizo uno de los goles del torneo para llevar al descanso a los nigerianos con ventaja. 

Muy vivo estaba el Tricolor, no obstante, percutiendo sin cesar la defensa de unas águilas bien dirigidas por Amunike desde la banda. Al final fue la jugada menos peligrosa la que llevó al empate. Fue el lateral Diego Cortés quien con un gol maradoniano puso las tablas. Regate de extremo, conducción de mediapunta y definición de delantero. Lo tuvo todo. Fue un nuevo resurgir de México, que volvió a poner a los nigerianos contra las cuerdas pero por segunda vez perdonó y acabó perdiendo. Fue un zarpazo de Ebere en el ecuador de la segunda mitad, en el que el portero pudo hacer más, el que dio la estocada a México, que se quedó sin fuerzas, ni física ni moral, para volver a remontar. Y en ese afán por hacer de cada diana la mejor vista en toda la Copa, Osimhen se estrelló con la madera buscando un tanto de oro. Llegaría su gol poco más tarde desde los metros, puntual a su cita con la red (9 goles, ha marcado en todos los partidos), aunque se pudo llevar alguno más, pero el palo se lo volvió a impedir. El chico que vendía agua en los semáforos de Laos que durante este torneo ya ha recibido en su habitación la visita de representantes de equipos de la Premier League.


México merece una medalla

Probablemente el fútbol sea justo. Nigeria y Mali han sido los dos combinados más difíciles de meter meter mano y entre ellos se van a jugar el Mundial. Los de Amunike con un ataque y una medular explosiva, aplastante y determinante, que te vacuna en cuanto puede. Los malienses, más individualistas, anarquía pura, reinan en el desconcierto y se aprovechan de un grupo muy unido. Pero México probablemente sea el equipo mejor trabajado en todas las líneas, el más completo y, por qué no, el que más futuro tiene cuando sus jugadores adquieran madurez y ese físico que les falta y del que presumen los finalistas.  Su baño a Argentina en la primera jornada fue monumental; su puesta en escena derrotando a Alemania un clínic de cómo jugar al fútbol y en las rondas eliminatorias han pasado siempre con holgura. Si el fútbol de verdad es consecuente, no deberían salir de Chile sin metal. Para eso deberán vencer en la final de consolación a Bélgica el domingo (20:00 horas, Eurosport 2), la cuarta en discordia. Los europeos han sido un equipo más bien rácano, justito, muy fuertes en defensa pero sin dar con la tecla en ataque. Han ido de menos a más, eso sí, pero el rendimiento individual de sus estrellas no ha estado a la altura del nivel que se le presupone al subcampeón de Europa. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Mundial Sub17 (2015): Sekou Koita, el factor diferencial


Puede presumir Malí de tener una generación dorada del fútbol para la próxima década. Si bien el país nunca ha disputado un Mundial de la máxima categoría ni ha conseguido ganar una Copa África en toda su historia, una luz de esperanza ha nacido con las últimas actuaciones de los equipos Sub20 y Sub17 tanto en torneos continentales como en eventos internacionales. Muy lejos queda ya ese 1999 donde en el Mundial Sub20 los africanos subieron al tercer peldaño de la clasificación final liderados por un Seydou Keita que se alzaría con el galardón al mejor jugador del torneo, y que a la postre se ha considerado como el mejor futbolista de la historia del país. Los malienses han repetido tal hazaña en el Mundial Sub20 celebrado este mayo en Nueva Zelanda, y Adama Traoré (AS Mónaco) ha emulado a su ídolo para lograr el premio al mejor jugador del torneo.

Una hazaña que hoy pretende igualar, e incluso mejorar, el equipo Sub17 que comanda Sekou Koita (15 años, Malí). Sí, 15 años tendrá el chico cuando haya finalizado el torneo la próxima semana. Uno de los más jóvenes jugadores del torneo a quien el desparpajo le rezuma por las orejas. Es zurdo, creo. Y escribo creo porque conduce con la izquierda haciendo slaloms con sus jugadores como en los entrenamientos, pero su facilidad para cambiar el balón de pierna en la carrera y para disparar con la derecha bien hacen dudar cuál de las dos es la menos buena, que no la peor. Su carta de presentación ya la puso de manifiesto en el debut ante Bélgica, un partido que ahora deberán repetir en semifinales donde no existirá margen de error para llegar a la final.
                                                                                                                                               
La puesta en escena de los africanos, que venían de ganar el primer título para el país haciéndose con la Copa África Sub17, ante una Bélgica subcampeona de Europa, fue un auténtico paseo militar falto de gol. Los europeos nunca cruzaron la línea divisoria mientras que la puntería privó a los africanos irse a casa con un marcador propio de otro deporte. El empate a cero no hizo justicia a los 21 disparos que los malienses realizaron sobre la meta de los Red Devils, pero aquel día pareció claro que ni jugando todo el día y teniendo el arco iris como objetivo se desharía el empate.

Koita / MADDIE MEYER / GETTY
Rápido se pudo ver que Sekou Koita, con el dorsal 20 a la espalda, era el que comandaba el ataque, el factor diferencial, como también lo hizo en la Copa África. En el primer balón que tocó abrió la boca de quienes estaban viendo el partido y despertó a los que estaban aletargados. Agarró la pelota en la derecha y cruzó en vertical todo el campo dejando en el sitio a cinco rivales para que su centro chut fuera rematado por un compañero en fuera de juego en un gol que no subió al marcador. En el segundo, su disparo se estrelló en la escuadra e hizo temblar los cimientos de todo el estadio. 

Koita juega con libertad absoluta en la mediapunta como otros jugadores del continente que ya hemos visto en torneos de este estilo. Su potencia, tanto de zancada, como de disparo, como física, es impropia para un jugador de su edad, y su altura (1'70m) es ideal para el estilo de jugador que es. Rápido de piernas, chico de moverse entre líneas, buen asistente. Sirvió a sus compañeros tres pelotas de gol claras que no supieron aprovechar en ese debut ante Bélgica y quedó claro que a poco que afinaran la portería, iban a llegar lejos. 

Koita es electricidad pura. Un gol suyo, el único que lleva hasta la fecha, le dio el pase a semifinales al equipo ante una Croacia que había dejado con mucho mérito a Alemania en la cuneta. Nunca sabes por dónde va a salir del regate o a qué lado va a asistir y utiliza esa cualidad como mejor baza. No duda a la hora de disparar desde la frontal y sólo la falta de algo de suerte (ya lleva cuatro lanzamientos al palo así) le privan de estar arriba en la tabla de goleadores. Koita conduce con peligro, lleva el ataque de los de Malí como una manada que va a buscar a su presa y no suele equivocarse en su eleción. Juega en el USC Kita, equipo de la Segunda División de Malí que comenzará la próxima temporada jugando en Primera, pero el escaparate mundial y el prestigio ganado en los últimos meses le colocan ya en la órbita de grandes clubes. Su edad y la imposibilidad de firmar un contrato aún hacen que su fichaje sea prohibitivo pero su nombre ya está en las mejores agendas. De momento, gracias a su hacer, Malí ya ha ganado el primer trofeo en su carrera, aunque sea en la categoría Sub17, y por el buen camino va para lograr otro con él como principal culpable.