sábado, 6 de febrero de 2016

China, EEUU, el fútbol y el dinero

Jackson Martínez, flamante fichaje del fútbol chino / GUANGZHOU
"Dentro de unos años, nos vamos a tomar menos a risa lo de China", me dijeron hace no mucho. Y pensándolo bien, es una afirmación tan terrible como cierta. Estados Unidos y China se han propuesto dominar el fútbol a largo plazo. No tiene comparación alguna con las propuestas del fútbol catarí, donde jeques ricos utilizaban el fútbol como hobby en el que gastar sus millonadas, otorgando a viejas glorias cuasiretiradas como Guardiola o Batistuta sueldazos a cambio de simple espectáculo. Si es que se puede llamar así a cuarentones con barriga, los mejores del mundo en tiempos mejores, trotando por el campo. La liga de las pachangas. Tampoco a lo que se ha intentado hacer en India, un formato mucho más atractivo para los aficionados del país sin más futuro que la diversión de ver a jugadores pasados ya de rosca en un espectáculo similar al circo.

Lo de Estados Unidos y China es diferente. Ambos países, dominadores absolutos de los Juegos Olímpicos, se han propuesto conquistar también el deporte rey. Una apuesta dura, difícil, a largo plazo. Pero si algo tiene el gigante asiático es que todo lo puede. Nada se interpone en su camino y lo que se propone, lo consigue. Son 1.600 millones de habitantes de los 7.000 que tiene el planeta, alguno bueno habrá de salir. No tienen a los niños entrenando desde los cuatro años para ser los más competitivos en vano. Ni hablar del sueño americano, que a base de patriotismo consiguen lo que otros no alcanzan.

En el país del tío Sam el soccer ya es el segundo deporte más seguido y practicado, tras el fútbol americano. Ha superado en sólo unos años al béisbol y al baloncesto y el crecimiento no tiene freno a día de hoy. La empresa, no obstante, es harto compleja. No se puede levantar uno y de la noche a la mañana haberse convertido en ejemplo de nada. El desafío es a largo plazo. Quién sabe si 15, 20, 30 o 50 años tendrán que pasar para ver a China levantando un Mundial y a un país norteamericano doblegando, sin ser una sorpresa, al campeón de Europa en el Mundialito de Clubes. Para ello hace falta culturalizar al país, inyectar el fútbol como una forma de vida. Y eso se consigue haciendo el deporte más atractivo. Para ello, han comenzado ambos países tirando de talonario. Vale que siempre habrá algún romántico viajante, soñador empedernido con vivir en Asia o en USA, o alguno cuya máxima aspiración es ser la imagen del fútbol en otro continente, pero el 99% de los jugadores que aterrizan en esos países es puramente por dinero.

Es una pescadilla que se muerde la cola. Cuantos más jugadores de nivel, más se culturaliza el país. Cuanto más se culturaliza, más nivel adquirirá la Liga y más jugadores de nivel llegarán. Los primeros son los que abren el camino a lo demás. Son los dos factores necesarios para que un equipo chino o norteamericano adquiera nivel: Buenos equipos, buena cultura. No sirve de nada que llegue el New York Red Bull y fiche la plantilla al completo del Barcelona, pues no tendrían nunca un rival digno al que medirse. Es por eso que se necesita una cantera, una base, y no sólo traer jugadores importados de otros países. Los chicos que acaban de nacer y los que están en su primer lustro de vida son los que conformarán el principio  del futuro de una gran Liga. Para que un equipo sea competitivo, por grandes que sean sus jugadores, ha de tener al menos 40 equipos de nivel en el país. Unos 20 en Primera y otros en categorías inferiores. Una base de fútbol, en definitiva.

Nunca será llegar y besar el santo como sucedió con el Manchester City o el Chelsea cuando se convirtieron en niños ricos de la noche a la mañana. Cierto, eso sí, que ambos necesitaron unos primeros años (3 o 4) donde algunos pioneros optaron por arriesgarse. Jugadores distintos como Tévez, polémicos como Adebayor, innovadores como Drogba, enfadados como Robinho. Ellos dieron el primer paso y después llegaron otros cuando acompañaron los resultados. Pero en Inglaterra no había que inculcar los valores del fútbol, la cantera ya existía, el país vivía del balón. La primera premisa tanto en USA como en China es la misma. Allí han llegado los que no han terminado de encajar en sus últimos equipos, como Jackson Martínez o Fredy Guarín. También estuvo Robinho, a quien parece que le va la marcha. Otros que contaban con pocos minutos como Ramires o Demba Ba. Giovinco, un jugador notable en Italia, una estrella en norteamérica o Drogba, Cahill (este ha probado en ambos países), Gerrard, Pirlo, Villa, Lampard o Henry. Jugadores pasados de rosca que en sus últimos años perciben un jugoso contrato a cambio de ser la imagen con la que millones de niños sueñan ser.

Alex Teixeira, fichado por 50M / JIANGSU
Económicamente, es prácticamente imposible competir con estos dos titanes. Estados Unidos opta por fichar jugadores libres o gratis a cambio de un gran sueldo. Es por eso que allí llegan los más veteranos, casi siempre, y en contadas ocasiones pagan un traspaso, como sí hicieron con Gio dos Santos. En China, en cambio, las cosas se hacen de distinta manera. El club asiático pone encima de la mesa una oferta irrechazable para el club, con un precio muy inflado (Ramires 30 millones, Jackson Martínez 42+3, Alex Teixeira 50) que hace que las dos entidades lleguen rápido a un acuerdo. El jugador, que puede tener alguna duda más, queda totalmente convencido cuando ve que el acuerdo entre clubes es total y que él va a percibir un jornal 3, 4 o 5  veces superior al que tenía firmado. Por eso Alex Teixeira optó por ir a China cuando tenía encima de la mesa ofertas del Liverpool y del Chelsea. Muy pocos son los clubes capaces de rechazar estas misivas. El Zenit ha desestimado una oferta de 91 millones por Hulk, quien en sus inicios como futbolista jugó en Japón, por cierto.

No sólo hablamos de jugadores, pues el gigante asiático también ha tirado de chequera para llevar a grandes entrenadores, técnicos campeones de muchas cosas con un gran cartel mundial. Así, Sven Goran-Eriksson, Dan Petrescu, Felipe Scolari, Zaccheroni o Mano Menezes tienen a su cargo algunos clubes del país. También otros menos conocidos, pero también europeos, como Cosmin Contra o Gregorio Manzano. En cuanto a los conocidos que hoy engrosan las listas en ambos países, nos encontramos con casi un centenar de nombres ilustres que han dado el primer paso para que las dos ligas consigan crecer. Drogba, Dempsey, Giovinco, Bradley, Kaká, Giovani dos Santos, Obafemi Martins, Lampard, Pirlo, David Villa, Iraola, Robbie Keane, Gerrard, Nigel de Jong, Barnetta, Cvitanich, Nelson Valdez, Juan Arango, Diego Valeri, Wilson Palacios o Erik Torres juegan hoy en la MLS estadounidense. Alex Teixeira, Jackson Martínez, Ramires, Gervinho, Goulart, Freddy Montero, Guarín, Demba Ba, Paulinho, Renato Augusto, Gil, Jadson, Mbia, Kakuta, Elkeson, Giovanni Moreno, Diego Tardelli, Darío Konka, Paulo Henrique, Alan, Rubén Micael, Jo Alves, Sammir, Mohamed Sissoko, Tim Cahill, Luis Fabiano o Burak Yilman disputarán a partir de marzo una Superliga China en la que ya no estarán Robinho y Diarrá, entre otros. Una competición, por cierto, que cierra su mercado a finales de febrero en el que seguro veremos algún bombazo más.

Será muy difícil, será un proyecto a muchos años vista. Quizás hasta 2050 Estados Unidos y China no sean competitivos a todos los niveles. Lo que sí está claro es que si no dejan de trabajar, son dos países con los mimbres suficientes y los medios necesarios para acabar dominando el mundo.

Giovinco y Kaka / MLS

martes, 2 de febrero de 2016

Los pelotazos del mercado invernal

Alexandre Pato, presentado como nuevo jugador del Chelsea
Enero. Arreglar todo a última hora. Tirar de chequera para solventar los primeros malos tragos de la temporada, la que toca reconducir porque los bandazos pegados en los meses inaugurales han sido bochornosos. Otros, en cambio, buscan ese empujón de ilusión para terminar de engrasar una máquina perfecta. Jugadores que se van a ligas exóticas en busca de dinero, otros que retornan al viejo continente para recuperar su fútbol, aquellos que salen reclamando minutos porque en verano hay Eurocopa, los que dan el salto desde América...

Los hay de todos los colores, casi a gusto del consumidor, y de todos los precios posibles. El Espanyol, por ejemplo, que fichó al meta Arlauskis, sin minutos en el Watford, y a las pocas horas de llegar ya estaba debutando en Liga ante el Real Madrid sentando a un Pau López que parecía intocable. Uche, que sumará efectivos al ataque del Málaga o Isaac Cuenca, de vuelta en la Liga gracias al Granada. Los andaluces, por cierto, vendieron a su joven perla Peñaranda al Watford en el último día de mercado, aunque seguirá cedido en Los Cármenes. Claro que por las relaciones entre ambos clubes, propiedad de la familia Pozzo, poseedora del Udinese, es como cuando mi hermana me pide un bolígrafo y pretendo cobrarle por prestárselo. Nada serio.

No se ha cortado el Getafe a la hora de incorporar a un viejo rockero: Álvaro 'Palito' Pereira, que tras jugar en Inter de Milán y Oporto, entre otros, recala en el club azulón cedido por Estudiantes de la Plata. Marco van Ginkel, la promesa del Chelsea que no deja de dar tumbos sin ningún éxito, probará suerte en su Holanda natal, reforzando a un PSV que sigue vivo en Champions (jugará frente al Atlético) y que necesita jugadores como el comer. Sobre todo ahora que Guardado está lesionado. Y si el holandés ha salido del Stoke, ha sido en parte porque si ya de por sí le costaba tener minutos, el fichaje de Imbula por los potters le ha terminado de cerrar las puertas. Un Imbula por el que el Oporto, siempre rentabilizando sus operaciones, ha sacado la friolera de 24 millones de euros. Nada mal para un chico que a sus 23 años no ha demostrado nada.

Kranevitter, presentado con el Atlético / ARG AGENCIAS
Otro clásico como Heitinga, el jugador más querido por la afición del Ajax en los últimos años, colgó ayer las botas a los 32 años y se unió al cuerpo técnico del club ajacied. Una pena su historial de lesiones, pues las rodillas, destrozadas desde la Eurocopa 2008, cortaron la progresión del que apuntaba a ser mejor central del mundo. Luego está el Atlético, donde jugó el holandés, por cierto, una serie de catastróficas desdichas que se fue a por Augusto tras lesión de Tiago y ahora se encuentra que con la rotura de ligamentos del primero la posición vuelve a estar huérfana y que ambos retornarán casi a la par. A no ser que Kranevitter, otro llegado en invierno, demuestre que no está verde y que tiene ya el ritmo para jugar en España.

El Newcastle ha tirado la casa por la ventana en invierno para arreglar lo que no hicieron en verano, que fue mucho. Pero la táctica sigue siendo la misma, fichar jugadores por fichar, gastar dinero sin ton ni son y tener un equipo que se ha gastado más de 150 millones de euros en los puestos de descenso. A los Mbemba, Wijnaldum, Thauvin o Mitrovic que llegaron en verano se han unido Doumbia (cedido), Shelvey, Saivet y Townsend. Y no llegó Berahino por unas pocas horas.

El mercado chino ha irrumpido con fuerza. Ramires (30 millones), Mbia, Guarín, Gervinho, Fredy Montero, Luis Fabiano, Renato Augusto o Elkeson han hecho las maletas y se han ido al gigante asiático. Y porque Jackson Martínez se negó... En Italia, el Inter quiere ganar la Liga, y para eso se ha hecho con los servicios de Eder, la estrella de la Sampdoria que ganaba partidos en solitario. También la Fiorentina, que ha dejado salir a Mario Suárez y Rossi y se ha reforzado con Mauro Zárate, otrora estrella del campeonato, Tino Costa, Tello y Benalouane. A Italia ha vuelto también El Shaarawy, a una Roma necesitada de atacantes porque los suyos no hacen gol. De momento el transalpino ha arrancado con buen pie.

Dos son sin duda los fichajes estrella del mercado invernal, en mi opinión. Uno es el de Alexandre Pato por el Chelsea. Operación duradera, lenta. Pato no pudo recalar en el conjunto londinense en agosto por problemas con el permiso de trabajo y la inmediatez del cierre de mercado hizo que los de Mourinho se decantaran por Pedro a última hora. Con más tiempo para evaluar la situación del brasileño, los blue se han adelantado a Liverpool y Manchester United para dar una segunda oportunidad a un jugador que apuntaba a Balón de Oro y al que las lesiones frenaron la progresión. No me escondo, diré que soy admirador de su juego y que en Inglaterra puede romperla. Ha recuperado sensaciones y ritmo y ha logrado 40 goles en sus últimos dos años con el Sao Paulo. Nada mal. Ahora el Chelsea lo pesca como cedido, sin coste alguno y si funciona, recordemos que sólo tiene 26 años, puede ejecutar una compra definitiva o aguardar seis meses sin él hasta que expire su contrato (en diciembre).

Malcom, en su etapa en Corinthians / GIRONDINS
El otro es Malcom, extremo brasileño de 18 años por el que el Girondins de Burdeos ha pagado cinco millones de euros. Una operación fantástica de un precio bajísimo por uno de los jugadores más prometedores del mundo. Recuerda mucho en su jugar a Douglas Costa (no vamos a descubrirle ahora), que también dejó Brasil en su día para ir a Ucrania por una cifra ínfima. Al nivel de la llegada de Ángel Correa al Atlético, por ejemplo. Talento a coste barato.

También está Víctor Valdés, que ha puesto fin a su paseo en el infierno vangaliano y ha recalado en el Standard de Lieja para volver a sentirse futbolista a los 34 años. Con ganas de algún refuerzo más se ha quedado el Leicester, líder de la Premier League. Siguen los de Ranieri con paso firme en la punta de la tabla, aprovechando los tropiezos del Arsenal y del Manchester City en la Liga más barata de los últimos tiempos. Sólo han incorporado a Demarai Gray, a quien la Championship se le quedaba pequeña. Remy era su sueño (también un lateral polivalente), pero tendrá que conformarse con acabar la temporada entre la grada y el banquillo de Stamford Bridge. Y así, entre idas y venidas. entre fichajes frustrados, el mercado se vuelve a cerrar y tendremos seis meses de rumores sin fundamento, de baile de banquillos (Guardiola llega al Manchester City) y de equipos que, por no hacer bien el trabajo en el presente curso, planifican sus nuevos retos. 

martes, 19 de enero de 2016

Ali Dia, el falso primo de George Weah

Ali Dia, en su debut con el Southampton
La Premier League nos ha enseñado que nada es imposible. Que los sueños también se cumplen aunque parezca que el desarrollo de la vida nunca coincida con los pasos normales a seguir para los críos que de pequeños soñaban con jugar en Anfield frente a The Kop, con levantar la FA Cup en Wembley o con compartir terreno de juego con leyendas de la talla de Thierry Henry. Por eso Charlie Austin pudo debutar en la máxima división del fútbol inglés con 24 años, tras un lustro trabajando como obrero en la empresa de su padre, compaginando su vida laboral con su hobby de practicar fútbol amateur. Por eso Jamie Vardy es hoy, con 28 años, el pichichi de una Premier League en la que debutó hace 15 meses, tras haber sido rechazado por infinidad de equipos en su juventud y haber desviado su camino un poco hacia la delincuencia en sus años adolescentes. Por eso Harry Redknapp sacó al campo a Steve Davis, un aficionado del West Ham que desde la banda no dejaba de incordiar y molestar a sus jugadores. Y por eso Ali Dia, un senegalés sin ninguna vinculación al fútbol, debutó hace dos décadas con el Southampton convirtiéndose en una de las historias más bochornosas de toda la competición. 

Corrían tiempos difíciles para el Southampton, que acabaría salvando la categoría en las últimas jornadas. Una plaga de lesiones asolaba al club que dirigía Graeme Souness, exitoso futbolista escocés que en su etapa en activo sobre el campo había levantado un sinfín de títulos, sobre todo con la camiseta del Liverpool. Tanto que, ante un inminente partido ante el Leeds United, apenas contaba el técnico con efectivos suficientes para copar la delantera. Como si del destino se tratase, una fugaz llamada que parecía provenir de Italia podía significar que había luz al final del túnel. George Weah, flamante campeón del Balón de Oro ese año y el mayor enemigo de los porteros de la Serie A, estaba al otro lado del teléfono. O al menos eso parecía. El punta de Liberia recomendó a Souness que fichara a un tal Ali Dia, un primo suyo que jugaba de delantero y que se había quedado sin contrato en el PSG francés. Incluso añadió que había dispuado13 duelos con la selección nacional de Senegal. En aquellos tiempos, no era tan fácil conocer la carrera de un jugador como en la actualidad, nosotros tenemos internet. Por lo que Souness, sobrepasado por la situación de la inmediatez del duelo ante el Leeds, accedió.

A las pocas horas se presentó Ali Dia en la ciudad de la que Le Tissier era, y sigue siendo, Dios (no me lo invento, en el camino de entrada un cartel reza 'Bienvenido a la ciudad de Dios'). El africano firmó un contrato de un mes y realizó un par de entrenamientos, más físicos que otra cosa, en los que casi no tuvo contacto con la pelota. Rehuía de ella en los ejercicios más prácticos. Nadie notó nada. Su puesta de largo, la prueba de fuego, iba a ser un amistoso que tendría lugar contra el Arsenal a mitad de semana, pero el mal tiempo obligó a su suspensión y Dia pudo continuar con su estafa. 

El 23 de noviembre era el día marcado en rojo en el calendario. Souness había plantado un circo y ya le estaban creciendo los enanos pues en el minuto 32 de juego Le Tissier tuvo que retirarse lesionado. El técnico miró al banquillo y decidió que era el momento para que Ali Dia debutara. Fue su primer partido... y el último. Porque lo que se vio sobre el campo fue bochornoso. La consumación de lo que empezó como una broma y acabó como una estafa, de uno de los momentos más sonrojantes del fútbol inglés. Con el número 33 a la espalda, ni los 40.000 espectadores que se dieron cita en Elland Road ni el grueso del banquillo del Soton daba crédito. Obviamente, Ali Dia no era profesional. Por no ser, no era ni futbolista, pues su experiencia se reducía a unos pocos partidos en ligas amateur de barrio tanto en Francia como en Inglaterra y Finlandia. 

George Weah nunca había estado al otro lado del teléfono, sino más bien un amigo de Dia, que le había colado a Souness un gol por toda la escuadra. Torpe con el balón y sin él, corriendo como un pollo sin cabeza de un lado para otro. Pudo incluso marcar gol pues la pelota le llegó en posición franca para ello. Pero no. 53 minutos después de ingresar en el campo, el técnico decidió que era suficiente y decidió retirarle del terreno. 

"Corría por el césped como Bambi sobre el hielo, fue muy vergonzoso de ver", admitía Le Tissier, el hombre por quien había ingresado. "Nunca volví a saber nada de él. Al día siguiente del partido, los fisioterapeutas nos dijeron que estaba tratándose una lesión y no le volví a ver", reconocía el capitán. Y es que Ali Dia fue cortado antes de cumplir las dos semanas de su contrato, cuando aún le quedaban más de 15 días para expirar. Justo el día después de debutar y de mostrar ante todo y ante todos, que es uno de los mayores estafadores de la historia del fútbol inglés. Que pudo cumplir su sueño cuando, sin ninguna experiencia profesional, debutó en la que probablemente es la mejor competición del mundo cuando ya contaba con 30 años. Porque Ali Dia nunca fue el primo malo de Weah, ni tampoco el bueno. Y porque aunque fue Bambi sobre hielo, también puede presumir de haber sido el delantero del Southampton por un día.


miércoles, 6 de enero de 2016

Adalberto Peñaranda, la penúltima perla del Udinese

Peñaranda celebra un tanto con el Granada / AGENCIAS
Hay quien se atreve a asegurar que Adalberto Peñaranda será el mejor jugador de todos los tiempos de Venezuela, título honorífico y totalmente subjetivo que se podría decir hoy está en poder de Juan Arango. Quizás demasiada presión para un joven que acaba no sólo de debutar en Primera División, sino de cumplir los 18 años. Y es que hasta hace bien poco el vinotinto no tenía edad legal siquiera para tener carnet de conducir y en sólo unas pocas jornadas ya se erige como el salvador de la temporada de un Granada que marcha con más penas que glorias, tambaleándose en la fina cuerda que separa el descenso de la permanencia.

Sus cifras, pero sobre todo sus sensaciones, son positivas y esperanzadoras. La nueva perla del Granada, que juega cedido en Los Cármenes por el Udinese, igualó el mes pasado una estadística que le pone a la altura de Agüero, Messi, Raúl o Torres. Y es que sólo ellos cinco han conseguido marcar cuatro goles en Primera División con 18 años. Peñaranda, además, tiene hasta final de temporada (cuando cumpliría los 19) para quedarse líder en solitario de ese selecto club de jugadores que no han terminado siendo poca cosa en el fútbol mundial, precisamente. El venezolano, encima, es el jugador más joven de la historia de la Liga en marcar un doblete (18 años y 185 días), desbancando a un tal Leo Messi de tal honor. Y en el Granada, que tiene doble mérito.

Adalberto Peñaranda no es más que la enésima promesa que sale de la factoría de la familia Pozzo, que tiene el Udinese como origen y echa raíces sobre Granada y Watford. Se puede poner en cierta duda el uso de compra-venta que le da a sus clubes el empresario italiano, pero nunca el rendimiento deportivo. Los italianos se mantienen en su lucha en el Calcio, mientras que los granadinos permanecen en la máxima categoría del fútbol español tras pelear desde el infierno. Los ingleses, quizás los mejor parados hoy, disfrutan de esta su primera experiencia en la Premier y, hasta la fecha, lo hacen con más alegrías que disgustos. Es por eso, siempre con el Udinese como matriz, ser común ver pasar a los jugadores de los italianos por los otros afiliados. Iturra o Nyom, por ejemplo, o Nico 'El Diente' López, han vestido dos de las tres camisetas de los Pozzo. Otros como Ighalo han llegado a pasar por las tres entidades.

Giampaolo Pozzo se caracteriza por comprar barato y vender caro. Por hacer un paralelismo, lo que en su día llegó a hacer el Sevilla gracias a Monchi o lo que hace desde más de una década el Oporto de Pinto da Costa. El ya bautizado como Modelo Udinese empezó a gestar en 1986, justo hace 30 años, cuando Pozzo compró el club. Se basa en un scouting minucioso desde los más jóvenes de Italia hasta el sitio más escondido de sudamérica, quizás este último el que más gusta y el que mejor rendimiento ha dado, pasando también por las pequeñas escuelas de fútbol africano. Todo empezó con el ya retirado Giannacheda, rescatado en 1995 de la Serie C totalmente gratis y vendido años después por más de 25 millones. Una operación que se repitió poco después con Amoroso, fichado por 3 millones del Flamengo vendido por 36, 12 veces más. Y así, un sinfín de jugadores como Appiah, traído de Ghana sin coste alguno, Fiore, David Pizarro o Iaquinta. Más recientemente, otros como Asamoah Gyan, Muntari o Handanovic, hoy por tero del Inter de Milán repiten la ecuación. Incluso Cuadrado, que pasó sin pena ni gloria por Udine pero que dejó más de 21 millones en las arcas. Quizás el caso más célebre sea el de Alexis Sánchez, con unas cifras clavadas a las de Amoroso. Benatia, Inler, Candreva, Mauricio Isla, Roberto Pereyra, Allan, Armero o Muriel completan huecos en una lista que no parece tener fin y cuya amortización económica se antoja casi incalculable. Cerca de 300 millones de euros de beneficio en no más de 20 jugadores.

Espigado, con camiseta de manga larga cuyos puños le sobrepasan los dedos y un movimiento de piernas peculiar. Es imposible no acordarse, aunque sea sólo un poco, aunque sea del chico joven que jugaba en el Santos, de Neymar. Sin comparaciones, uno es uno de los tres mejores jugadores del mundo; el otro, un buen proyecto. Su salida de regate en corto, su conducción intercalada entre balón largo y pegado al pie, su condición de canchero y ese recorte por detrás recuerdan a los inicios del joven brasileño. Otros, en cambio, aseguran que su conducción por el centro y su arrancada con la pelota rompiendo líneas, así como la conducción de ésta, recuerda un poco al Diego Costa más asilvestrado que llegó a España siendo incluso menor de edad.

Sea como fuere, la factoría Pozzo ha vuelto a funcionar y es Peñaranda, quien por cierto aún no ha debutado con la absoluta de Venezuela (cuestión de tiempo), la nueva perla que se trae entre manos. No extrañaría verle el año próximo con las rayas negras y blancas del Udinese si la proyección sigue tan ascendente como hasta ahora. Tampoco que un club como Inter de Milán, Tottenham o Liverpool (aseguran desde Granada que ya hay contactos) se dejen un buen jornal para hacerse antes que nadie (pero después de Pozzo, como casi siempre), con la nueva próxima estrella del otro lado del charco. Hace con Success (otro de la familia italiana) una pareja de oro, dos críos casi juveniles, que no han llegado siquiera a madurar, pero que ya intimidan y asustan a las mejores defensas del fútbol mundial. Adalberto Peñaranda, fácil de recordar.

viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué le puede aportar Augusto Fernández al Atlético?

Augusto, presentado como jugador Atlético / AT. DE MADRID
Caminaba glorioso el Atlético de Madrid en una carrera de fondo adelantando rivales con una estética depurada, quizás no la más ortodoxa y vistosa, pero sí eficaz. Recogía cadáveres en la contrarrecta con una zancada tan firme como válida cuando de repente Tiago se rompió. En un partido que no era más que un trámite (porque el Espanyol ni siquiera disparó a puerta, y por no hacerlo, ni desviado) que terminaría cuando los rojiblancos hicieran el primer gol (y lo hizo Griezmann en el minuto 2), la lesión del portugués significó la más amarga de las victorias. Tiago Benjamin Button, rejuvenecido a sus 34 años, mejor con el paso de los años como el buen vino, no era sino la pieza más importante del equipo. El ancla, el enganche y la columna vertebral. Quizás con Godín, el único irremplazable en el equipo. En el mejor momento de su carrera, justo cuando los números del DNI dicen lo contrario, Tiago ha dejado de contar en el campo.

Simeone, en su intentona por cubrir la baja del luso, ha probado ya mil variantes que, aunque han dado resultados (el Atlético lo ha ganado todo desde entonces salvo el tropezón de Málaga), no terminan de dar la seguridad necesaria. Y es por eso que ahora llega Augusto Fernández. Argentino, ex pupilo del Cholo. Polivalente. Un parche de los de obra para seguir sumando opciones a poner esa tirita en la medular. Saúl es la más recurrida, la más utilizada, pero el chico peca aún de juventud. Difícil ponerle el freno a un joven con tanta hambre y tanta llegada. "No queremos otro Tiago, de Saúl queremos que sea Saúl", dice Simeone. Y el internacional con las categorías inferiores de la selección puede aportar muchas cosas, pero le falta el temple que dan los partidos, la experiencia. También, aunque parezca pecata minuta, el chico es zurdo y eso condiciona la totalidad de los automatismos de un equipo que trabaja con un '5' diestro desde que el fútbol es fútbol. Es decir, desde que llegó el Cholo. Ha probado también Koke, que es la opción preferida de la grada. Pero con él se pierde último pase al alejarle del área. Hasta Gabi, remontándose al hacer que elaboraba 10 años atrás. Pero el equilibrio que aporta desde el perfil derecho lo pierde. Y Gabi es la extensión de Simeone, el sacrificio hecho persona.

La opción de jugar con muchos jugadores en el medio es la favorita del cuerpo técnico rojiblanco, permitiendo que según qué tramo del partido, todos pasen por todas las posiciones del trivote. A día de hoy, una nueva baja de uno de los tres que hoy están disponibles (cuatro, con Thomas, que ya rompe el cascarón y aporta cositas pero aún está verde) sería fatal para los intereses de los del Manzanares, y es por ahí por donde la llegada de Augusto Fernández va a ayudar desde el primer minuto. Hay que remontarse a 2008 para comprender el trasfondo de esta incorporación. Entonces, Diego Simeone entrenaba a River Plate y Augusto Fernández era importante en la banda derecha y servía balones de oro a Radamel Falcao, Alexis Sánchez y el Loco Abreu, entonces jugadores más adelantados de los millonarios. En un sistema de juego que variaba mucho, pues Simeone fue desde el 3-4-3 hasta el 4-5-1 pasando por el 4-3-3 o el 4-4-2 en rombo o en doble pivote (el más utilizado) y donde era habitual ver jugadores importantes de suplente, lo que raramente cambiaba era la presencia de Augusto Fernández en el equipo, ya fuera como titular o como revulsivo. Disputó 14 de los 31 partidos que dirigió el Cholo como titular y salió de suplente en casi todos los demás, en la mayoría directamente tras el descanso.

Augusto siempre fue más un interior pegado a la banda que un extremo. Le gustaba driblar y acercarse a la cal para poner el centro desde fuera, pero rara vez lo hacía. Era más un jugador de apoyo a los mediocentros que ponía balones al área desde atrás y no llegando hasta la línea de fondo. Su buen toque de pelota le permitió que, en opciones de urgencia, en su último año en Vélez, Gareca decidiera que abandonara la banda para empezar a jugar como mediocentro al lado de otro interior y un pivote. Lo que sería hoy Koke en el propio Atlético. Su buen trato de balón y el ritmo más lento que se juega en el fútbol sudamericano le permitieron adaptarse rápido y cumplir con las exigencias del entrenador. Tan bien le fue su nuevo rol que en su debut con Argentina en un doble partido con Brasil, en el que sólo podían competir jugadores que jugasen en las ligas nacionales, Sabella le diera los mandos de la medular.

Cierto es que, tras la recuperación de varias bajas, Augusto volvió a la banda a final de temporada con Velez. Una situación que se asentó más aun con su llegada a Europa. En el Celta de Vigo, el argentino fue titular indiscutible jugando 36 partidos, todos como titular, y marcando seis goles y repartiendo cuatro asistencias. En la segunda campaña, ya con Luis Enrique en el banquillo, su situación empezó a cambiar. Borja Oubiña, hasta entonces pilar del equipo gallego, retornó su viacrucis con las lesiones de rodilla y terminó la temporada a regañadientes. Ante la necesidad de un pivote en la medular, Luis Enrique probó de todo: Fontás, Cabral y hasta Rafinha nunca cuajaron, pero sí vio algo distinto cuando puso ahí a Augusto, que terminó el curso siendo un comodín. Fue un punto de inflexión al que se llegó en la victoria ante el Levante con un solitario gol de Nolito a pase, precisamente, de Augusto, que entendía el juego entre líneas como pocos.

Augusto era un jugador clave en el Celta. Importante hombre en el vestuario, hace grupo, manda, ordena y es un líder. Un ejemplo para los más jóvenes. Esa virtud le otorgó la capitanía que dejaba vacante Oubiña y que podía ejercer con más criterio desde la medular. La llegada de Berizzo no hizo más que reforzar la idea del argentino como pivote y ya nunca se ha apartado de ahí salvo en un encuentro donde, por las bajas, tuvo que probarse como lateral con éxito. Augusto es recuperador y suelta el balón con facilidad, sin complicaciones, aunque no le quema en los pies. Da una primera salida de balón limpia desde los centrales, tiene buena visión de juego para los pases interiores y, sobre todo, es un gran defensor. Hace muy bien las coberturas. No cabe duda que encajará perfectamente en el puzzle de Simeone gracias a su polivalencia. Podrá actuar tanto de cinco, como ayudar a ellos en los interiores. E, incluso, aunque ya parece remoto, volver a la banda.

Augusto no es Tiago, como tampoco lo será Saúl, ni Gabi, ni Koke, ni el futuro Kranevitter. Augusto es un comodín que llega al Atlético para reforzar la idea de que todos ayuden a todos para que la suma de Augusto más Saúl más Koke más Gabi pueda dar como resultado de la ecuación a Tiago. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Lulinha, la caída de un proyecto

Lulinha, con Brasil Sub17 / GETTY IMAGES
Hubo una época en la que en Brasil, el Lula más famoso de todos no era el ex Presidente de la República. Curiosamente, sucedió entre 2007 y 2009, coincidiendo con los últimos años de mandato del político que en 2010 acabara entregando el país a las manos de Dilma Rousseff. Su impostor, por así llamarlo, se llamaba Luiz Marcelo Morais dos Reis (10 de abril de 1990, Brasil), pero era conocido por todos como Lula primero y como Lulinha después. Nunca un jugador en torneos de categorías inferiores me impactó tanto. Y mira que los ha habido, como Pato, Maxi Moralez, Agüero, Sahin, Banega o Gio dos Santos y más recientemente Nico López, Pogba o Sergio Díaz.

El caso es que en Brasil, Lulinha era una especie de heredero de la corona, un príncipe con honores nombrado a ser el sucesor de los Kaka' y Ronaldinho en el trono del Balón de Oro. El primero, entonces en el Milan, era su ídolo, el modelo en el que se fijaba y con quien se comparaba, pero todo el mundo lo asemejaba al ex del Barcelona. "Me parezco a Kaka en la forma de sacar el balón jugado", admitía él, mientras los tabloides sudamericanos le nombraban como 'El nuevo Ronaldinho' ya desde 2004, cuando sólo tenía 14 años. Su sonrisa, siempre presente, invitaba a aumentar el símil. 

El torneo que marcó un antes y un después en su figura y que lo lanzó al estrellato fue el Sudamericano Sub 17 de 2007. Allí, Lulinha despuntó como nunca nadie lo había hecho en un torneo juvenil, marcó 12 tantos (vio puerta en todos los partidos menos dos) y llevó a una Brasil que capitaneaba Fabio (el hermano gemelo de Rafael) al título. Paradójicamente, en aquel torneo Lulinha no fue galardonado como el mejor jugador de la cita, que fue para el peruano Reimond Manco, y se tuvo que conformar con la plata.

Corinthians, su club, y Wagner Ribeiro, su agente, se frotaban los ojos con billetes cuando el Barcelona, el Real Madrid y el Inter de Milán llamaban a su puerta preguntando por la situación del jugador. Aunque el que más interés mostró fue el otro equipo milanés, el AC Milan, donde jugaba su ídolo Kaka y que se acababa de hacer con una promesa similar como Alexandre Pato. Ribeiro, representante entre otros de algunos talentos como Neymar, Robinho, Hulk o Lucas Moura, desoyó ofertas y propuestas esperando que el Mundial Sub 17, que se celebraba entre agosto y septiembre, multiplicara la cuantía económica de las misivas que venían sin cesar de Europa. La propia FIFA, en su web, le tildaba como el mejor jugador del torneo antes de que empezara, titulaba que iba a ser 'El nuevo Ronaldinho' y le definía como "un jugador de 17 años con una mezcla explosiva de cualidades, entre las que están la astucia, habilidad en el regate, pases milimétricos capaces de quebrar la defensa más férrea y una excelente puntería". Añadía que "su calidad ha dejado de ser un secreto" y hacía un recorrido por toda la infancia del jugador, que había ido copando todos los torneos que había disputado, como los 25 goles en 17 partidos en el Campeonato Paulista Sub17, líder de la selección Sub15 y un sinfín de galardones. No obstante, una Brasil pobre, con una carencia de calidad evidente, sólo pudo llegar a octavos del torneo, donde fueron eliminadas por la Ghana de un Saddick Adams que ha caído aun más en picado que el brasileño. 

El golpe fue tan duro para la verdeamarelha que desde Europa se dudó de la calidad real de la estrella del equipo. Corinthians, que nunca bajó el precio marcado en la etiqueta del jugador pese al descalabro nacional, se encontró con una retirada de ofertas en estampida y con un jugador que terminaba contrato en nueve meses. Un verdadero problema. El Chelsea fue el que a río revuelto intentó pescar la mejor pieza. Llegó a ofrecer hasta cinco millones de euros por el pase del sudamericano, una cifra que el club brasileño tildó de irrisoria. Los londinenses le pasaron la pelota tanto al jugador como al Corinthians. Había interés, pero no iban a tirar la casa por la ventana por un chico por el que podían negociar gratis en tres meses y que acababa de fracasar en el último torneo Sub17. Lulinha entonces se encontró en la encrucijada de renovar por el club de su vida, donde llevaba desde los ocho años y condicionar un futuro traspaso, o dar el salto a Europa. Decidió lo primero, amplió su vínculo con Corinthians hasta 2012 y se quedó con el 25% de sus propios derechos a cambio de una cláusula de rescisión de 35 millones de euros. Fue su gran error. 

Lulinha, lesionado tras caer por el
túnel de vestuarios / NILTON FUKUDA
Al fin y al cabo, no dejaba de ser un jugador que, con 17 años y un par de meses, acababa de debutar en la Serie A brasileña. Jugó unos partidos más tras el Mundial Sub17, pero después su progresión empezó a cortarse. En parte por una lesión tras una dura caída en mitad de un partido en la que acabó estrellándose con las escaleras que dan acceso al túnel de vestuarios, en parte por el culebrón que suponía su incierto futuro. Sea como fuere, en 2008 el jugador vio cómo el año pasaba por delante sin apenas tener oportunidades en el primer equipo mientras su compañero Dentinho, un año menor, ganaba más presencia en la plantilla. A esto se unió su gran otro pero: su físico. Pequeño, apenas de 1'70, nunca terminó de desarrollar la musculatura necesaria para ser futbolista profesional y en Brasil, sin medios tan cualificados, no hicieron lo posible porque esto sucediera, cosa que sí habría logrado en Europa. Su preció se devaluó poco a poco y en 2009, año en que sí jugó y lo hizo de forma normal, sin destacar, bajó varios escalones en su lista de pretendientes. 

Sólo tenía 19 años y el futuro aún no estaba truncado, por lo que desde Corinthians se plantearon rápidamente la opción de cederle a Europa para que un buen rendimiento suyo les acabara proporcionando un buen pico de dinero. Celta y Deportivo de la Coruña preguntaron por él, pero el chico tenía una ficha muy alta. Corinthians paga bien a sus cracks. El tercero en discordia y que acabó llevándose al jugador fue el Estoril de la Segunda División de Portugal. El idioma y la cantidad de jugadores brasileños en Portugal animó a los dirigentes del Corinthians a pensar que Estoril sería una opción más cómoda para su estrella aletargada. Lulinha jugó bien en Europa. Muy bien por momentos y, aunque físicamente era débil comparado con el resto, su técnica y astucia dejaban a las claras que la Liga se le quedaba pequeña. Dio un pasito más en su carrera firmando por Olhanense, también en calidad de cedido, la siguiente campaña. En la Primera División de Portugal su rendimiento fue irregular. Descubrió que la hoy llamada Zon Sagres es una de las más duras físicamente del panorama europeo y nunca se hizo con un puesto de titular, pese a que sus inicios fueron esperanzadores. 

Con más pasos hacia atrás que hacia adelante, volvió a Brasil, a Bahía, donde permaneció a préstamo hasta 2012 que terminó su contrato con Corinthians, que acabó dándose cuenta que era demasiado tarde y que nunca se convertiría en el jugador que prometía cuando era sólo un adolescente, en parte por culpa de una serie de catastróficas desdichas que pueden destrozar la carrera de los más talentosos. Lulinha se ha convertido en un jugador del montón, en lo que pudo ser y no fue, en un quiero y no puedo que perdió los poderes que Dios le había dado para jugar con el balón. Para el recuerdo, siempre estará aquel Sudamericano Sub 17, todos los récords que ha batido. Nadie tiene más goles con las categorías inferiores de Brasil que él, con 17 tantos. Ni Neymar, ni Coutinho, ni Pato, ni Coutinho, ni Douglas Costa, ni Ronaldinho, ni Ronaldo...

Ahora, tras lograr la Segunda División Brasileña con el Botafogo, donde ha sido realmente importante, se ha quedado libre, sin equipo, esperando las mejores ofertas. Volverá a la Serie A, pues parece complicado que salte a Europa, aunque sea a una división inferior, pero en el recuerdo de los que le vieron siempre quedará el regusto amargo de no haber podido disfrutar de todo el potencial en el profesionalismo que Lulinha, el de verdad, prometía cuando sólo era un crío y no dejaba de sonreír orgulloso de su ortodoncia.  El chico que se convertía en Balón de Oro en el Football Manager, el simulador más realista de fútbol, que lideraba listas para conseguir el de verdad y que, por diversos motivos, cayó en el baúl de los juguetes rotos. 



Lulinha, otros vídeos:

martes, 15 de diciembre de 2015

Leicester City, la princesa fea invitada al baile

14 de diciembre de 2014. El Leicester City que entrena Nigel Pearson es último en la Premier League con 10 puntos tras haberse disputado 16 jornadas de Liga.

14 de diciembre de 2015. El Leicester City que entrena Claudio Ranieri es líder de la Premier League con 35 puntos tras haberse disputado 16 jornadas de Liga.

No sólo ha pasado un año en la transformación de estos magníficos foxes que, ahondando un poco más, estaban el curso pasado con pie y medio en la Championship cuando a falta de ocho jornadas por disputarse andaban últimos a siete puntos de la salvación y con un calendario, a priori, que no iban a superar. Vaya si lo hicieron, logrando 22 puntos de los 24 en juego y arrancando con una racha que hoy continua.

El Leicester se siente como esa joven fea, sin fama, que ha sido invitada al baile. La chica de las películas americanas que nunca llama la atención, en quien los focos no se centran y que, por un momento, sueña con la corona de reina de la noche que merece igual o más que las demás por méritos propios. Todo es para y por sus aficionados, unos zorros que han acompañado desde que tienen uso de razón a un equipo cuyos mayores éxitos datan de tres copas de la Liga ya hace varios lustros y que presumen con orgullo de su último botín: El trofeo de Championship logrado en la 2013/2014. Sí, la Championship es la Segunda División Inglesa. No se recuerda una conversión menos escalonada desde los tiempos del fallecido Brian Clough a los mandos del Derby County y el Nottingham Forest, cuando el fútbol era fútbol.

Ranieri / GETTY IMAGES
Los de Claudio Ranieri se han ganado el derecho a soñar. Bajo la premisa del 'ya caerán', Arsenal y Manchester City se frotan las manos de ver cómo este título puede ser el más barato de los últimos años, con un Chelsea coqueteando con el descenso y un Manchester United al que nunca le entra la quinta marcha en recta. Una bicefalia que el King Power Stadium no comparte. Tiene una idea bien distinta y ayer la hizo saber a los suyos: Quieren la Liga. Banderitas, canciones y papelitos, los aficionados del Leicester vistieron ayer su estadio como una final en Wembley y animaron a los suyos con la tensión de que un título está en juego. Partiendo de la base de que deberán hacer más del doble que ninguno para tener la mitad del reconocimiento, para conseguir meterse el metal en el zurrón, los chicos de Ranieri no tienen la obligación de ganar a nadie una carrera a 38 vueltas. Aunque, después de estar más de un tercio del campeonato en la cabeza, la responsabilidad moral de la plantilla es bien distinta. Está tan cerca, es una oportunidad única, que no se puede dejar escapar. 

Jamie Vardy es la personificación de la hazaña. A sus 28 años, el delantero de Sheffield es la sensación de la Premier y disputa su segunda campaña en la máxima división. Nadie se lo habría imaginado cuando hace sólo seis años disfrutaba del fútbol amateur de la Sexta División, ganando unas pocas libras que no le daban ni para pagar el autobús que debía coger todas las mañanas para trabajar en una fábrica y ganarse la vida. Ahora es esa rana que ha besado la princesa y se ha convertido en príncipe. El hombre que ha pasado de una vida tranquila a ser el centro de los focos. Aquel que tendrá que cambiar la fecha de su boda el próximo verano, cuando represente a Inglaterra en la Eurocopa. La planeó cuando era uno de los peores pagados del campeonato. El Chav (golfo, pandillero, pequeño criminal), apodo con el que se le conoce desde las ligas menores por sus orígenes (llevó incluso una pulsera en el tobillo de arresto domiciliario), el joven que a sus 25 años que vio como el primer día de entrenamiento en el Leicester, sus compañeros escondían sus pertenencias (de él) con la máxima seguridad y que hoy enseña al mundo a no rendirse jamás. Una de esas historias que hacen creer que hay algo más ahí fuera y que nunca hay que rendirse.

Un huracán, un torbellino que lleva 15 goles en 16 partidos, que ha marcado en 11 encuentros seguidos rompiendo el récord que hasta entonces tenía el holandés Van Nistelrooy. Vardy es el alma de este Leicester, la bandera. La prolongación de la grada. A base de fútbol, garra y lucha se ha forjado este equipo y en las dos últimas el punta es matrícula de honor. El fútbol, lo técnico y lo bonito, lo que se ve, lo ponen otros como Mahrez y Albrighton. El primero, una de las revelaciones del campeonato. Su zurda no ha pasado desapercibida y convierte los controles más complejos en goles de museo, los regates imposibles en paseos por el parque. Un placer para la vista verle por el campo. Pocos jugadores amenazan más que él hoy en día y siembran el pánico con el balón controlado. Ranieri logra el éxito con jugadores a los que en muchos sitios no se quería. Un Fuchs de lateral izquierdo que llegó libre tras acabar contrato en el Schalke y al que nadie le hacía ofertas, un Robert Huth pasado de rosca al que el Stoke quería dar puerta, un jamaicano Wes Morgan que a los 30 años nunca había jugado en Premier o un Danny Simpson que no era más que un jugador decente en Championship.

Schmeichel / GETTY IMAGES
Todo atado y bien atado por un Kasper Schmeichel que parecía nunca iba a llegar a cumplir las expectativas que en su día había intuido el hijo del bueno de Peter. Y es que hace ya más de una década, un rubio danés imberbe se salía en las categorías inferiores del Manchester City hasta que el apellido le empezó a pesar demasiado y vio como Joe Hart, un año menor, le adelantaba por la derecha sin pisar el freno. Tras varios periplos por las ligas menores y por Escocia, pocos o ninguno tenían ya la esperanza de que el hijo del gran danés lograra convertirse en el portero que parecía prometer cuando sólo era un crío. Ahora, con 29 años, lo ha conseguido. 

El Leicester City es más un grupo que un equipo. Chicos que, en su locura, en la incredulidad en la que viven, pueden salir todos juntos a tomar unas pintas después de un entrenamiento un día y al siguiente aparecer en mitad de Copenhage disfrazados de superhéroes para celebrar la victoria y el liderato tras un partido. Estaban las Tortugas Ninja, un par de Power Rangers, Spiderman o PacMan. Idea de Kramaric, por cierto, punta croata que sólo ha disputado 12 minutos esta campaña. Todos cuentan. Es la fuerza de la unión la que les hace estar donde están, afirman ellos sin pudor.

La plantilla, disfrazada en Copenhage / KRAMARIC INSTAGRAM
Su hazaña es la más compleja de las que se recuerdan. El Leicester quiere escribir las páginas más bonitas de los libros más adorados y grabar con letras de oro su nombre y la temporada 2015/2016 al lado de la Uruguay del Maracanazo, de la remontada del Liverpool en Estambul, de unos griegos románticos que conquistaron Europa sitiando Portugal, de aquel Nottingham Forest que levantó dos Copas de Europa tras venir de la Segunda División o de aquel payaso polaco de nombre impronunciable (Tomaszewski) que hizo llorar a Wembley.

Cada partido será una final. Cada derrota restará más de tres puntos porque el margen de error es muy pequeño. El 'ya caerán' no tiene validez hasta que caigan, pero la probabilidad y la estadística, y sobre todo el nivel técnico de la plantilla, están en contra de los zorros. Las casas de apuestas tampoco lo contemplan, colocándoles como cuartos o quintos favoritos para alzarse con el trofeo, por detrás en algunos casos de un Liverpool al que hoy aventajan en 11 puntos. Es imposible no hacer un paralelismo con el Atlético de Simeone, que con más dosis de coraje, garra y lucha que fútbol, se impuso a dos titanes millonarios que tienen estrellas por suplentes. Ese es el ejemplo y el modelo y, de conseguirlo, la heroicidad del Leicester superaría por goleada al hito de los rojiblancos bajo una misma premisa: partido a partido. Que no hay nada imposible es algo que deben pensar los jugadores cada vez que ven al propio Vardy en cada entrenamiento. Una proeza viviente. La invitación al baile de fin de curso sigue ahí, presente, y aunque las haya más guapas y más bonitas, el Leicester tiene todo el derecho a soñar con ser galardonado con la corona. Nadie podrá arrebatarle eso ya a sus aficionados, que viven en un estado de incredulidad y éxtasis de dimensiones impensables. Obligación a nada, derecho a todo. El fútbol se inventó para cosas como esta. 

Vardy y Mahrez celebran un tanto / GETTY IMAGES