lunes, 9 de febrero de 2015

Adrian Doherty, la estrella que nunca vimos

"Imagina un poco de Giggs, un poco de Andrei Kanchelskis (uno de los mejores extremos de la década de los 90) y un poco de Cristiano Ronaldo. Después, mézclalo todo. Eso era Doherty". Así define Tony Park a Adrian Doherty. Park es un veterano curtido en mil batallas que trabaja ojeando a los jugadores jóvenes del Manchester United desde hace más de 40 años, una de las voces más autorizadas del vestuario de los red devils y uno de los hombres de confianza que tuvo en su día Sir Alex Ferguson.

Y es que hoy, que está tan de moda la llamada Class of 92, el nombre que recibe la hornada de jugadores canteranos del Manchester United que acabó dando tardes de gloria en Old Trafford, es imposible no acordarse de aquel chico nacido en Irlanda del Norte que estaba destinado a liderarla y a quien el destino se empeñó en impedírselo. Ryan Giggs (entonces conocido como Wilson), Paul Scholes, David Beckham, Nicky Butt y los hermanos Phil y Gary Neville son los seis protagonistas que componen este grupo mítico de juveniles que se convirtieron en estrellas a los que incluso les dedicaron un documental hace algo más de un año. Con ellos jugaba Doherty, fichado por el club de Sir Alex Ferguson a los 14 años (venía de un club de Irlanda del Norte) y considerado la mayor promesa de aquella brillante camada. 

"Durante todas estas décadas sólo he estado seguro de cuatro chicos que llegarían a triunfar: Norman Whiteside, Paul Scholes, Ryan Giggs y Adrian Doherty", reconocía Park, que recordaba. "Uno de los entrenadores del club solía decir que Giggs tenía rapidez y una prodigiosa pierna izquierda; Scholes podía utilizar ambos pies sin que se notaran diferencias, pero Doherty lo tenía todo".
Class of 92. De izquierda a derecha: Ferguson, Giggs, Butt, Beckham,
Gary Nevile, Phil Neville, Paul Scholes / OFFSIDE / MIRRORPIX
¿Dónde quedó su carrera entonces? Donde quiso su rodilla. Sir Alex Ferguson le convocó con 16 años, en marzo de 1990, cuando empezó a entrenar con el primer equipo. No debutó, pero despertó la curiosidad de aquellos que no conocían a Doherty, la mayoría, empezando por la propia directiva, que desconocía cómo iba la parcela de desarrollo del club y no miraban más que los resultados del primer equipo. Cuando se enteraron de la perla que tenían entre sus manos, trataron de presionar por todos los medios a Ferguson para se decidiera a darle la oportunidad. Estaban convencidos del impacto que tendría su aparición y tenían la seguridad de tener en sus manos al nuevo George Best, el mejor jugador de la historia del Manchester. Incluso recibió la llamada del seleccionador de Irlanda Sub21 para un partido, pero Ferguson, siempre protector de sus jóvenes, no dejó marchar al chico al considerarle demasiado pequeño.

Alguien que bien conoce la historia de Doherty es Brendan Rodgers, hoy entrenador del Liverpool. Nacidos los dos el mismo año y siendo ambos de Irlanda del Norte, compartieron varias tardes de juego y algún equipo menor. "Todos le llamaban El Doc", decía. Cuando Rodgers llegó en 1990 al Reading, allí estaba Jim Leighton, cedido por el Manchester United. Se pusieron a hablar sobre la vida en Old Trafford y entonces la conversación se desvió. "Le pregunté si conocía a un chico juvenil del equipo, del que me habían hablado muy bien, y me dijo que no. La misma respuesta que recibí al hablar de otro", apuntaba Rodgers. "Entonces, mencioné que conocía a un chico norirlandés llamado Adrian. ¿El Doc? me dijo, El Doc es como una leyenda".

El Man. United en un partido de FA Cup (Juvenil). Doherty (abajo a la
derecha) en el mismo equipo que Giggs (segundo por arriba) / MAN. UNITED
"Extremadamente tímido, un juvenil de primer año pero que puede regatear a la máxima velocidad y disparar con las dos piernas", escribían los tabloides británicos aquel día de su primera convocatoria. Pero sólo unos días después de ello, cuando por fin iba a debutar con el primer equipo, recibió la peor de las noticias: se había roto los ligamentos de su rodilla. Quizás la peor de las lesiones hoy en día, ni imaginar puedo cómo era hace cinco lustros. Muchos de los jugadores que sufrían este percance ni siquiera podían volver a pisar un campo.

Siete meses se pasó apartado, ayudado de muletas más de la mitad de los días y con la esperanza de volver a jugar algún día. Justo cuando estaba totalmente recuperado, a unos días de recibir el alta médica, el drama se volvió a topar con él. Misma lesión y esta vez más de un año apartado de los terrenos. Nunca se recuperó ni física ni mentalmente. Su carrera se consumió en una sala de fisioterapia y su maltrecha rodilla no le permitió más que vagar un tiempo en el equipo juvenil del Manchester primero y tres partidos en el Derry City después, un equipo cercano a su ciudad de nacimiento. Tras darse cuenta en esos tres encuentros de su incapacidad para volver a jugar al fútbol, decidió retirarse a la edad de 19 años. Nunca llegó a debutar con el primer equipo del Manchester. Su padre, Jimmy, criticó al club alegando que no habían hecho todo lo posible desde la rehabilitación para que su hijo volviera a jugar al fútbol. 

A. Doherty / DERRY JOURNAL
Intentó ganarse la vida con su otra pasión, la música. Decían de él que era un tipo distinto, bohemio y que siempre tenía un hueco entre entrenamiento y entrenamiento para reflexionar, filosofar y dar rienda suelta a su mente, alimentando diariamente su cerebro. Solía acudir a los entrenamientos con su guitarra bajo el brazo y Robbie Savage, que estaba en la academia del Manchester pero jugaba en el equipo de los que eran un año mayores, recuerda escuchar sus melodías sinfónicas desde el vestuario de al lado. "Era un tipo que prefería escribir poemas antes que ir al pub a beber cerveza", señalaba. "Era un jugador habilidoso, fuerte y valiente pero lo que más recuerdo es su personalidad y su inteligencia. Le encantaba hablar sobre música, libros y poesía", añadía a la historia Brian McClair, antigua estrella de los red devils. "La verdad es que nunca se sintió una superestrella, ni se le subió el ego. Él no estaba interesado en los cortes de pelo, el look o los coches, como los chicos de su edad y categoría", apuntaba su padre. Y es que al Doc era habitual verle sentado en el acantilado (antiguo campo de entrenamiento del Manchester) viendo el atardecer británico, siempre acompañado de su guitarra, llevando jerséis holgados y anticuados y escribiendo nuevos versos en su libreta. 

Pero nunca triunfó tampoco con la música. Su don era el fútbol y se lo habían arrebatado. Brendan Rodgers recuerda que tenía muchas ganas de entrar de verdad en el mundo de la música, pero no lo consiguió. Su banda, con la que versionaba letras de grandes artistas como hacía en las fiestas navideñas del Manchester, nunca llegó más allá de su pueblo y decidió abandonarlo. Trabajó un tiempo en una fábrica de chocolate hasta que decidió mudarse a vivir a Ámsterdam.

Era el año 2000 y abril, el mes elegido para ir a trabajar a una empresa de muebles de la capital holandesa. A la vez que él viajaba hacia la ciudad tulipán, sus ex compañeros levantaban la sexta Premier League en ocho años y defendían el título de la Champions League que habían obtenido sólo unos meses antes ante el Bayern de Múnich en la final mágica de Barcelona. Giggs, Butt, Beckham, Scholes y los Neville, los mismos seis que habían compartido con él vestuario y aquellos de los que se decía que eran los complementos ideales para Doherty, el verdadero futuro. No llevaba más que unas semanas trabajando en aquella fábrica de muebles cuando una fría mañana, de camino al tren, la tragedia se volvió a apoderar de él, esta vez para siempre. Resbaló y cayó al canal, estuvo un mes en coma. Falleció el 9 de junio del 2000, un día antes de su 27º cumpleaños. 

Ahí acabó su historia, de la que muchos quisieron ser parte. Antes de recibir la primera llamada del Manchester, el Arsenal había tenido la oportunidad de firmarle, pero no lo hizo. Pat Rice (más de 15 años como segundo de Wenger y toda una vida ligada al club gunner) definió el error de no ficharle como "una mancha en el currículum". También le quiso Brian Clough, que afrontaba sus últimos años como técnico del Nottingham Forest. Matt Bradley, su descubridor en Irlanda y el hombre que alertó al Manchester United de la joya que tenía entre manos, afirmó en su día que con 14 años, era "el mejor jugador que había visto en Irlanda en los más de 30 años que llevaba como entrenador".

El Manchester United le homenajeó en 2007, en un número especial de su revista Inside United. En ella, Giggs, el chico al que eclipsaba por la otra banda cuando eran unos adolescentes, le definía como "formidable". "Ryan Giggs y los Neville te admitirán que El Doc era el mejor de todos ellos", afirmaba Brendan Rodgers y Gary (Neville) añadía que era "un chico bonachón, que no se metía en problemas y no quería nunca llamar la atención". Hace varios meses se planeó la idea de hacer un libro que cuente su historia, que ya está en camino, y contará con aportaciones de calidad. Ferguson tendrá un capítulo y Rodgers otro, y seguro que el elenco principal de esa generación que él lideraba aportará su granito de arena. Porque Doherty, que terminó su carrera sin antes empezarla y perdió la vida cuando estaba encendiendo la llama, nunca será olvidado por aquellos que le vieron tocar alguna vez la pelota. Era una superestrella sin querer serlo. Concretamente, la que nunca pudimos ver.

Doherty, con el juvenil del Manchester United / ROSS KINNAIRD / EMPICS

miércoles, 28 de enero de 2015

El delincuente que fue capaz de eclipsar a Messi

Hoy en día, con cuatro Balones de Oro de oro bajo su brazo, suena a utopía hablar que hubo una vez, hace muchos años, un equipo donde Leo Messi no era la estrella. Donde era el escudero perfecto de un muchacho un año mayor que él que jugaba por la derecha y relegaba al pequeño Leo a una posición algo más incómoda para él. Hay que remontarse al año 2000, cuando el hoy jugador del Barça tenía 13 años y Gustavo Rodas era el líder del equipo con un añito más. 

Rodas, con el León / DIFUSIÓN
Entonces jugaban en Newells Old Boys y, por esa pequeña diferencia de edad, no todos los años compartían equipo. Billy, como apodaban a Rodas, era la joya de la corona de la cantera de los leprosos, el jugador diferente, aquel que marcaba las diferencias y sobre el que se contaban historietas de qué llegaría a ser y cuántos títulos lograría alcanzar. 

Cuando el Barcelona llamó a la puerta del club rosarino buscando una nueva promesa, los directivos 'escondieron' a Rodas y le ofrecieron al club catalán la figura de Messi. Y es que la Pulga tenía un serio problema de crecimiento y debía recibir un tratamiento de hormonas tan costoso que el equipo argentino no se podía permitir (unos 1.000 euros al mes). Así, poniendo a Messi en el escaparate, no sólo se quedaban con Rodas, sino que se aseguraban no tener que hacer frente al tratamiento tan caro de Leo y se quitaban un gran peso de encima. "No hay problema, que se vaya Messi, aquí se queda el mejor: Gustavo Rodas", se sigue contando hoy en el seno del club que afirmó el por entonces presidente de Newells, Eduardo López.

Hoy, uno es una estrella mundial, el jugador con más trofeos individuales de prestigio de la historia, campeón de innumerables ligas españolas, de varias Champions y de tantos títulos que no se pueden contar con los dedos de las manos; mientras que el otro se entrena en solitario, desempleado tras acabar su periplo en su último equipo, CA Talleres, en la Tercera División del fútbol argentino. Su cabeza y el entorno que le rodeaba formaron una mezcla explosiva perfecta que acabó tirando todo su talento por el retrete ¿Quién sabe si la historia hubiera sido bien distinta de no haber jugado al escondite el día que el club catalán pasó por Argentina?

Rodas, con la Sub17 Argentina / TELAM
Rodas debutó con 16 años en Primera División de Argentina defendiendo la camiseta de Newells, marcando además en el día de su puesta de largo. Rompió entonces con registros de precocidad siendo el jugador del club más joven en debutar (ahora superado por Ezequiel Ponce) y fue uno de los jugadores con menos edad en debutar en la historia del campeonato al hacerlo con unos meses más de los que tenía Maradona en su época. Lideró a la selección Sub17 de Argentina (con el 10 a la espalda) que se proclamó campeona en el Sudamericano Sub17 en Bolivia en 2003 siendo el jugador estrella del campeonato, un torneo al que Messi no llegó a acudir. Pronto acecharon los interesados, como hienas, que se acercaron a él por quién podía llegar a ser y no por quién era. Y acabó desviándose por el mal camino, que en el fútbol sudamericano te corrompe hasta límites insospechados, que deriva en caos, violencia y malas artes. Una vía que incluso le llegó a plantearse la retirada con sólo 16 años, cuando sólo había debutado, para llevar otro estilo de vida. Se destrozó la vida. Más si es un caso como el suyo, que vivía sólo desde los 13 años, cuando sus padres se separaron y se tuvo que hacer cargo de todos sus hermanos.

"Era un malandro (delincuente). Me pegaba con todo el mundo e incluso llegué a manipular un arma. Me faltó poco para robar", admitía el propio Rodas hace un par de años, ya más maduro e intentando asentar la cabeza. No obstante, aún sin la mayoría de edad y con unos cuantos episodios oscuros ya en su curriculum, recibió la llamada de la Selección Sub21. Pero él tenía otros planes. Conoció a una mujer mayor, se fue con ella y no acudió a la convocatoria con la albiceleste, que decidió no volver a contar con él nunca más. 

Ese fue su punto de inflexión, pero para mal. Pensó que todo valía si sabía jugar con la pelota, que el mundo iba a girar en torno a él hasta que quisiera y cuando se dio cuenta, no tenía nada, salvo dos hijos a los que criar con sólo 19 años. Había puesto al fútbol como la última de sus prioridades, se saltó entrenamientos y partidos y se le gastó la llama. Newells se cansó de su niño maravilla y con 20 años abandonó la disciplina rosarina. Pasó las dos siguientes temporadas dando bandazos en equipos de la segunda y la tercera categoría del fútbol argentino, donde tampoco cuajó. 

Probó fortuna en la liga colombiana, sin éxito. Vio cómo se truncaban innumerables traspasos a distintos puntos del mundo, fue rechazado en multitud de pruebas y le rompieron a última hora un fichaje por un equipo de Venezuela, Carabobo, con quien llegó a entrenar y donde estuvo unas semanas hasta que le dieron puerta. Se marchó al fútbol peruano y tras unos meses en Coronel Bolognesi, acabó sin contrato, entrenando en solitario y buscando una oportunidad que parecía nunca iba a llegar. Tenía 23 años y en sólo tres temporadas le habían desechado de cinco equipos menores. Había pasado de ser la mayor promesa del país a no valer siquiera para jugar en la peor categoría de éste. 

Pensó en la retirada. Declaró que el fútbol se había acabado para él y, tras unos meses de inactividad, León de Huanuco, otro equipo de Perú, le reclamó. Allí, de la mano del técnico Franco Navarro dio su mejor versión. Se hizo con premios al mejor jugador de la Liga y la selección peruana preguntó a la FIFA para nacionalizarle y que jugara para ellos. "Me encantaría defender su camiseta. Tengo muchas ganas de ganar cosas con ellos, porque aquí me dieron la oportunidad. Yo estaba a punto de retirarme y aquí en Perú me ayudaron mucho, me hicieron creer en mí". Nunca pudo, pues ni siquiera le concedieron la nacionalidad peruana.

Pero tras una buena temporada, el club terminó vendiéndole a una potencia del fútbol sudamericano, el Deportivo Quito. Volvió a perder su estabilidad, nunca se adaptó y en sólo seis meses se fue a probar suerte al fútbol chino. Tampoco cuajó y el León de Huanuco le volvió a firmar un contrato. Pero ya no era el mismo que había pasado por allí hacía dos años. Su última experiencia fue en Talleres, el equipo contra el que había debutado con sólo 16 años, pero 13 años después, en la Tercera División del fútbol argentino. Un club que, entrado el 2015, decidió prescindir de sus servicios. 

Ahora Billy Rodas se encuentra sin equipo, entrenando en solitario en Rosario esperando que algún día le llegue la oportunidad que desaprovechó en su día, soñando con cambiar el pasado para vivir un gran futuro pues no le gusta su presente. Echa la vista atrás y siente melancolía y muestra agradecimiento, aunque se deja ver triste por lo que pudo ser y no fue, porque Messi es el espejo en el que se mira cada día y no puede evitar pensar que, con las decisiones correctas y las dosis de fortuna necesarias, él estaría en su lugar. Aunque es de los pocos que, habiendo coincidido con los dos, no se creía superior a Leo."Casi siempre jugábamos de titulares juntos, él no era mi suplente. Pienso que viendo todo aquello, podría haber llegado a jugar mucho mejor, pero es de mayor cuando eso se ve, y Messi es el mejor del mundo", señala y añade: "Mi problema no era en la cancha, sino lo que pasaba fuera. Hacía las cosas muy mal, llevaba mi vida desordenada".

Rodas, con el emblema del León / MARTÍN HERRERA


martes, 27 de enero de 2015

¿Condenado al fracaso?

Es hoy, en tiempos de Odegaard, cuando a la cabeza se vienen ineludiblemente los nombres de Freddy Adu, Lulinha o, más de cerca, Bojan Krkic, que seis años después de despuntar y cinco tras caer en el olvido, se ha lesionado de gravedad ahora que parecía haber encontrado su sitio en el Stoke. El chico de doble nacionalidad, española y serbia, que debutó, como Munir, con la absoluta de nuestro país en partido oficial son sólo 18 años para espantar posibles cantos de sirena de otro combinado. Méritos había hecho, claro está, aunque siempre se intentó quemar etapas en su conversión a profesional. Y es Luis intentó convencerle meses antes para que acudiera a la Eurocopa que nos catapultó al primer nivel mundial, pero su fatiga tras dar el salto al primer equipo del Barcelona con sólo 17 años y problemas de ansiedad que admitió después, cortaron una progresión que parecía no tener techo. Además, acusó a varias personas de intentar hacerle demasiado rápido como jugador. "Mi salud no estaba para ir a la Eurocopa y es un mensaje que muchas personas no han querido que saliera".

Fue así, de la noche a la mañana, cuando Bojan dejó de brillar con luz propia y se concluyó en que, con esas 17 primaveras, había hecho ya la mejor temporada que haría en toda su carrera. Cierto es que disfrutó de tres campañas más en el Barcelona, pero nunca llegó a encajar en el sistema de Guardiola y acabó siendo la última opción en el ataque. Desde entonces, su fútbol no ha dejado de dar bandazos bajo camisetas históricas como Roma, Milán o Ámsterdam, donde no ha hecho más que desgastarse todavía más. Hasta que Mark Hughes se cruzó en su camino.

Ya le había intentado fichar cuando dirigía al Manchester City y cuando aún estaba en la cresta de la ola, allá por 2008. Este verano volvió a llamar a su puerta y Bojan, que tenía el teléfono echando humo tras recibir propuestas de Betis, Deportivo y similares, cogió el primer vuelo hacia la ciudad inglesa. Y es ahí, en una pequeña localidad cercana a Manchester, en el anonimato y cuando ya nadie esperaba nada de él, cuando ha estado a punto de volver a tocar el cielo. Lo ha rozado, de hecho, hasta que una rotura de ligamento cruzado se ha topado en su camino. Y eso que su inicio no fue fácil tampoco en Inglaterra y se antojaba fácil prever otro fracaso. Se pasó un mes trabajando en el gimnasio sin ver su nombre en las convocatorias y pensó en abandonar antes de tiempo. Hasta que ganó músculo y desde que lo ha hecho, sólo esta desafortunada lesión le ha parado. A los 24 años le llegó la madurez, acompañada de una dosis de confianza y Bojan al fin explotó, convirtiéndose en el jugador franquicia del Stoke en sólo tres meses. Mezclando fuerza, liderazgo, determinación y goles y asistencias, que al fin y al cabo es lo que cuenta, Bojan había vuelto al panorama internacional e incluso sonaban campanas de selección para él.

Ahora deberá esperar hasta la próxima temporada para volver a jugar al fútbol, porque en una sola acción ha derribado el trabajo que llevaba seis años construyendo. Hay algunos jugadores que nacen para esto, y Bojan pareció ser uno de ellos en su día. Pero hay otros que no cuentan con la fortuna suficiente como para acabar triunfando, y ese parece ser el español hoy. El fútbol ya le ha esperado una vez, ahora sólo falta saber si podrá afrontar este nuevo revés. Tendrá que hacer más del doble que los demás para conseguir la mitad de reconocimiento. Al fin y al cabo, el fútbol es ser bueno, pero también es suerte. Regatear las lesiones y que te pongan, sobre todo, que te pongan.

Bojan celebra un gol anotado al Arsenal / REUTERS


martes, 20 de enero de 2015

El 'Nuevo Del Piero' tenía magia

Dicen que la gente de Macedonia empezó a temer la muerte de Alejandro Magno mucho antes de que sucediera. Cuentan también, que su miedo residía en quién sería el líder de aquel imperio y en cuáles serían las represalias de aquellos a los que El Grande había derrotado, que no eran pocos; en si podrían hacer frente a todas las adversidades sin uno de los hombres más importantes, temidos y respetados de la historia. Su primogénito, sucesor en cuanto a títulos, apenas un recién nacido, no sólo no pudo sostener todo lo que había levantado su padre, sino que vio la muerte cuando apenas acababa de cumplir la docena de años.

Algo parecido sucedió unos 2400 años después en Italia, concrétamente hace una década. La Juventus apenas había vuelto a la categoría reina tras los escándalos de compra de arbitrajes cuando, en la 2007-2008, su Alessandro particular tocó el cielo con los dedos. Del Piero, santo, seña y ídolo de la institución, Acababa de cerrar su año más prolífico con la Vecchia Signora. Tenía 33 años, los mismos que iba a cumplir el otro Alejandro, Magno,  cuando falleció. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de los tifossi juventinos cuando pensaron cómo sería la vida sin su capitán. 

Giovinco celebra un título cuando
era sólo un niño / JUVENTUS
La respuesta medía 1'64 metros, tenía 20 años y respondía al nombre de Sebastián Giovinco, aunque también solía contestar cuando alguien preguntaba por La Hormiga Atómica. Llevaba desde los 9 años enrolado en la Juventus, equipo por el que confiesa amor profundo y eterno y ya había debutado con los mayores en algunos minutos en los que había dado muestras de su enorme talento e inagotable magia. Y es que, a la par que la llama de Del Piero se apagaba, la directiva del equipo bianconero se aseguraba el futuro del club y un recambio de garantías para su capitán renovando a Giovinco hasta 2013 en octubre de 2008. Y aunque el joven italiano, que lideraba entonces a su selección sub21, quisiera rechazar cualquier parecido con Del Piero, las coincidencias (y otras no tan fortuitas) quisieron que Giovinco se colgara para siempre el cartel del 'Nuevo Del Piero'. Ambos compartían a Pasqualin como agente y un movimiento de la dirección deportiva quiso que Giovinco cerrara su renovación y jurase lealtad al equipo de Turín en el Due Spade de Sandrigo, el mismo restaurante donde años antes Del Piero se había casado con la Juventus para un matrimonio de casi dos décadas de duración.

Giovinco, con el Parma / CLAUDIA VILLA
La presión que tuvo que soportar entonces fue terrible. Impropia para un nuevo adulto. Deschamps comenzó a darle galones fuera de su sitio, escorado en alguna de las bandas porque a Del Piero aún le quedaba algo de cuerda, incluso más de la que parecía. Tuvo que abandonar, entre lágrimas, el sueño de su vida, triunfar en la Juventus, y se enroló en las filas del Parma. Allí otro joven italiano como Candreva daba sus primeros pasos en el fútbol profesional y un histórico del club como Hernán Crespo convertía los últimos goles de su carrera antes del retiro. Precisamente el argentino fue el mejor socio de Giovinco en el primer curso, pues en el segundo, para sorpresa de todos, este pequeño italiano de 164 centímetros jugó como delantero centro referencia.

Su inteligencia para ganar pelotas divididas con defensores que le sacaban más de 20 centímetros en altura y varios cuerpos, su habilidad para caracolear y girar sobre sí mismo cuando controlaba la pelota, su polivalencia y los 27 goles convertidos en esas dos campañas le devolvieron la oportunidad de soñar. La Juventus llamó a su puerta y el segundo tren estaba a punto de salir de la estación. La decisión era compleja: seguir haciéndose un nombre en Italia, siendo la estrella de un equipo menor (al que dejó a pocos puntos de ir a Europa) y con las convocatorias con la selección aseguradas, o arriesgar para ir al equipo de su vida. Ese que no le había permitido disfrutar en la primera ocasión, el que le había exigido ser Del Piero cuando él sólo era Giovinco. El amor, que todo lo puede, acabó con Giovinco volviendo a Turín, aunque esta vez al Juventus Stadium, recién cambiado por el viejo Delle Alpi. La decisión, con todo, fue la más difícil de su carrera.

Llegando a la ciudad se encontró como saliendo del Due Spade de Sandrigo por segunda vez. Del Piero acababa de emigrar a Australia y el clamor popular, que había seguido las hazañas parmesinas de La Hormiga Atómica, le pidió que escogiese el dorsal número 10, el que Pinturicchio acababa de dejar vacante y que era el favorito del propio Giovinco (lo había llevado en el Empoli, en el Parma y en todas las categorías de la Selección de Italia). Él, queriendo regatear las comparaciones, intentando no tropezar con la misma piedra de nuevo, desmarcándose de tan odioso símil sorteó el 10 y escogió el 12. "No soy Del Piero, soy Giovinco. No quiero se Del Piero, quiero ser Giovinco". Un mensaje que sólo unos pocos entendieron. 

Antonio Conte, el creador de la nueva Juventus, sabedor de los mimos que necesitaba, fue su mayor valedor. Le dio minutos, galones y sobre todo, confianza y libertad. Entendió que jugar como segundo punta era su predilección y le acompañó del trabajo de Matri. Ahí Giovinco brilló y fue parte vital de la plantilla que consiguió ganar la Liga, tras nueve años sin hacerlo. El problema llegó un año más tarde, que fue la campaña pasada. No sólo llegaron Llorente y Tévez como principales refuerzos en el ataque, sino que Conte dotó a su equipo de un estilo mucho más físico y trabajador, algo para lo que la genética de Giovinco no estaba preparada. Alternó el banquillo con el césped y se terminó desquiciando él sólo tras pasar del éxito al ostracismo en tan poco tiempo. 

Giovinco, con la Juventus / AFP
El punto de inflexión llegó en un partido contra el Chievo Verona. Tras un mal encuentro en lo personal, Conte decidió sacar a Giovinco del terreno para dar entrada a Tévez. El jugador italiano se llevó los abucheos de la grada y una sonora pitada que le provocaron el llanto y la histeria mientras abandonaba el terreno. Conte, como un padre, salió a buscar al chico que caminaba cabizbajo. Lo abrazó, animó y se encaró con todo el Juventus Stadium por el gesto que acababan de cometer con un chico cuyo mayor delito era amar a unos colores, una ciudad y un club que había puesto expectativas equivocadas en él. 

Ese día Giovinco entendió que el amor no era recíproco, que el matrimonio no era eterno y pidió facilidades para salir cuanto terminara su contrato. La Juventus, desde su presidencia hasta su último aficionado, sabedores de haber condicionado la trayectoria de este talento de la naturaleza, no dudó en aceptar su petición de 'dejar morir en paz'. "Mientras defienda esta camiseta lo daré todo por ella", afirmaba tras haber firmado con el Toronto, su próximo equipo a partir de junio.

Y es que Giovinco, con sólo 27 años, se va a hacer las américas. Tiene seis millones de motivos para ello, los mismos millones de euros que cobrará por cada una de las cinco temporadas que ha firmado. Aunque la cuestión tiene más que ver con el desamor que con el dinero. Cerca estuvo de tropezar con la piedra por tercera vez, como ese enamorado que duda qué hacer cuando tiene enfrente a su amor imposible, porque estuvo a sólo un paso de firmar una renovación que al final rechazó. La llegada de Morata y la irrupción del canterano Coman, más competencia, le hizo abrir los ojos más incluso que cuando los celebraba. Sin duda, la salida de Conte le convenció para tomar la decisión de irse. Apalabró su fichaje con la Fiorentina, un histórico venido a menos necesitado de alegría, magia y calidad, un mejunje que Giovinco posee y que mezcla con ilusión. Pero los de Florencia, en un acto de cobardía, consiguieron la contratación de Diamanti y le cerraron las puertas a un Giovinco que, acostumbrado a que le rompan el corazón, se acogió al primer amante que vino y le aseguró estabilidad.

Y es que Toronto es una ciudad bonita, llamativa y fría. Su proyecto, con jugadores de la talla de Bradley, Altidore y Caldwell es llamativo para una MLS que cada día crece más y es todo lo atractivo que puede ser yéndose a una liga menor. Sea como fuere, nadie podrá nunca negar que Giovinco, que no el 'Nuevo Del Piero' tenía magia y que, aunque no supone el retiro, ha abandonado el fútbol mucho antes de lo que le tocaba. Hoy el fútbol de verdad llora la pérdida de uno de los suyos, de un ilusionista del tamaño de un crío que movía la pelota como la mayoría sólo sueña con llegar a hacerlo. 

Giovinco celebra un gol con la Juve / MARCO LUZZANI / GETTY IMAGES


miércoles, 14 de enero de 2015

Rooney necesita un amigo

Mira que funcionaba bien Sturridge como delantero centro de la selección inglesa, pero su viacrucis con las lesiones es un quiero y no puedo más digno de estudios paranormales que de temas futbolísticos. Había goleador para más de un lustro en las botas del ariete del Liverpool, pero se ha bajado demasiado rápido del tren en el que iba subido después de un gran Mundial individual, que no colectivo, y este deporte, en contadas ocasiones, es lo suficientemente justo como para esperarte.

Rooney, ahora en un estado de gracia que no recordaba desde hace algún tiempo, ha perdido a su mejor socio en la punta de ataque y como nuevo capitán de Inglaterra necesita alguien con quien compartir noches de juego. Ese que le abría los espacios cuando no existían para que él llegara desde atrás ya no está. El mismo al que servir un balón en las inmediaciones del área tenía más peligro que un elefante en una cacharrería. Con Rickie Lambert, tercero en discordia, en el olvido por méritos propios, los pross necesitan el gol como un naúfrago un barco.

Y es que Inglaterra parece haber sembrado, hace un par de décadas, las semillas del gol que ahora dan sus frutos. Estamos en época de killers en Las Islas y cada jornada que pasa, cinco candidatos a la selección se lo ponen más difícil a Roy Hodgson. 

Andy Carroll / Getty Images
Andy Carroll (26 años, West Ham): Hace poco más de cuatro años que Andy debutó con la Selección. Entonces, jugaba aún en el Newcastle, al que acababa de subir a Primera con sus testarazos imparables a la red. Demostró ser más que un buen cabeceador, pese a que no tenía esa su mejor arma bien amueblada, en la Premier y le llegó la llamada de Capello para solventar los problemas de una Inglaterra pobre de gol. Tuvo sus más y sus menos con el técnico italiano, que llegó a sugerirle que dejara la cerveza y se centrara en progresar. Su comportamiento díscolo y sus problemas interminables con las lesiones le relegaron a un segundo plano, y Hodgson, que llegó a contar con él, hace dos años y medio que no le llama. Carroll jugó el último de sus nueve partidos como internacional (ha marcado dos goles) en octubre de 2012, y ahora tiene más cerca que nunca una posible llamada. Se ha centrado, cosa que parecía imposible hace unos meses, tiene una relación estable (está prometido, algo impensable hasta ahora) y el West Ham vive de su buen hacer como islote. Siempre ha estado llamado a hacer cosas grandes y es ahora cuando ha dado el paso definitivo. Se siente importante en Londres, donde los hammers disfrutan de su mejor versión y sueña con quitarse al fin esa losa de ser el chico de los 40 millones de euros. 

Charlie Austin / Getty Images
Charlie Austin (25, QPR): Es el obrero del gol. Nadie sobre la faz de la Tierra imaginaba sólo hace cinco años, cuando Charlie tenía 20 (edad a la que las estrellas ya están jugando al máximo nivel), que podría llegar a jugar siquiera en la Premier. A base de goles (más de 200 en estas cinco temporadas), este chico que acompañaba a su padre como chapuzas en la construcción, ha pasado de alicatar baños a jugar en la máxima categoría del fútbol inglés, escalando peldaño a peldaño. Nunca ha tenido el reconocimiento de otros, sus informes no figuran en la federación desde que era un adolescente y no ha tenido un seguimiento propio. Los 13 tantos que ha anotado en su primera temporada en Premier hasta la fecha, son su carta de presentación al mundo, su alfombra de bienvenida a la selección y el mejor reclamo que tiene el QPR para soñar con la salvación. Austin, que ahora sí, está siendo observado con lupa por Hodgson, también pelea por ser el máximo goleador de la temporada. Sus características son las de un delantero todoterreno. Posee un gran disparo desde media distancia, golpea bien con las dos piernas y remata a un toque como los mejores arietes. Es oportunista y las comparaciones, que suelen ser odiosas, ya le han equiparado con Alan Shearer, el máximo goleador de la historia de la Premier. Nada mal.

Berahino / Getty Images
Saido Berahino (21, West Bromwich Albion): Es el prototipo de jugador de selección. Lleva con los pross desde la sub16 y ya ha sido convocado con los mayores en una ocasión, aunque no consiguió materializar su debut. No es un goleador nato al uso, sino que más bien es un complemento, un ratonero para un verdadero jugador de área. Es joven y aún algo endeble, pero su electricidad con y sin balón sirve para poner en aprietos a toda una línea defensiva. Cae bien a las bandas y tiene buen trato de pelota, además de ser un buen lanzador de faltas. Su inicio de temporada fue esperanzador y por ahí llegó la llamada de Hodgson, pero la carga de partidos le está afectando ahora, a mitad de curso e incluso ha perdido la titularidad en el West Brom, donde su entrenador ha afirmado querer cuidarle para que llegue bien al último tramo de la campaña. Es quizás ahora el último de la lista, pero a su favor cuenta el hecho de que ya ha estado concentrado.

Danny Ings / Dan Westwell
Danny Ings (22, Burnley): Todo lo contrario al resto. Elegante en la conducción, rápido juego de piernas y un abanico inimaginable de recursos cuando se aproxima con la pelota en la medialuna del área. Nunca ha destacado como un goleador, pero la marcha de Austin al QPR le hizo coger galones y la responsabilidad de perforar la portería rival pasaba por él. No ha defraudado portando ese testigo y en este su debut en Premier el Burnley se acoge a sus goles para ganar puntos vitales. Acaba contrato en junio y los equipos de la parte media alta de la tabla, así como algún grande, ya han llamado a su puerta. Él no tiene prisa, ha pasado en sólo dos años de ser un jugador del montón, uno más, a considerársele como una futurible estrella. No obstante, sólo ha acudido con Inglaterra en el último eslabón, la sub21, antes de dar el gran salto.

Harry Kane (21, Tottenham): Es indudablemente el chico de moda de la Premier. Terminó el curso pasado llamando a la puerta de Pochettino y éste le ha correspondido a su buen trabajo sobre el campo. Con dos delanteros de billetes como Soldado y Adebayor por delante, ha tenido que hacer más del doble para conseguir la mitad de reconocimiento, pero no se ha puesto nervioso a la hora de ganarle la partida a esos dos arietes mucho más contrastados y con una gran carrera goleadora. Un delantero completo, que no es un 10 en nada pero sí un 8 en todo, que empezó jugando la Europa League como premio para acabar ganándose la titularidad absoluta en todas las competiciones, en las que suma ya 15 tantos esta campaña (24 partidos). Además, no se esconde ante equipos grandes y sacó de quicio hace unos días al Chelsea de todas las formas posibles para acabar llevándose el derbi londinense. La voz popular le pide a él y, quizás por eso, esté el primero en la carrera por ser el nueve inglés. Su golpeo a balón parado, además, es un arma del que carecen la mayoría de delanteros, lo que le hace ser más completo incluso. Llama a la puerta de los pross, y tiene pinta que como no se la abran, la va a tirar abajo más pronto que tarde.

Harry Kane / Kieran McManus / BPI

miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Dónde está Fernando Torres?

Torres, con el Atlético / EFE
Suenan campanas de boda de aquellos que quieren volver a juntar los caminos del Atlético de Madrid y Fernando Torres, que pidieron el divorcio hace más de siete años, pero que parece no haberse olvidado en esta larga travesía. Y es que Fernando, o el Niño, como se le seguirá llamando incluso cuando vaya al fútbol con sus nietos, vestía elegante mientras su pareja se veía desaliñada, fea y maloliente. Aguantaron juntos cerca de siete años, los mismos que llevan sin verse y la separación fue beneficiosa para ambos. El jugador dejó los trajes de buen ver y subió un par de escalones más, pasándose a los Armani.

Mientras, el Atlético conocía nuevos amores, en forma de argentinos, uruguayos, colombianos, turcos o portugueses, que le aportaban la estabilidad que no había podido ofrecer aquel su gran amor. Los rojiblancos se dejaron ver en buenas fiestas y galas, cada vez más importantes, y obtuvieron enormes galardones colectivos y hoy en día siguen en alza, mientras que Fernando llegó al cielo y pasó a un infierno del que hace años no sale. Y es hoy, cuando es el Atlético el que viste Armani mientras que Torres es el astroso y dejado, cuando parece que se podrían volver a unir.

Torres, celebrando un gol ante el Real
Madrid / LAURENCE GRIFFITHS
Pero, ¿dónde está realmente Fernando Torres? Dicen que está en Milán, jugando para un equipo que hace años era temido, histórico, legendario, y que hoy tímido, histérico y zarrapastroso, un cementerio de elefantes donde habitan más cadáveres futbolísticos que otra cosa. Jugadores como Muntari o De Jong, pasados de rosca, delanteros sin gol como Pazzini, porteros que hace tiempo no paran como Abbiati y deportistas como Essien, que no pasó siquiera el reconocimiento médico pero al que se le hizo ficha y juega como el que más. Y lo dicen porque, entre gripes y que la culpa siempre es del empedrado, Torres lleva más de un mes sin salir al campo.

Hubo un tiempo en el que fue codiciado por la mayoría y se erigió como héroe nacional. Fue en 2008, cuando marcó el gol con el que todos nosotros hemos soñado alguna vez anotar, sólo superado dos años después por Iniesta. Cuando le convirtieron en el quinto Beatle y se ganó, por méritos propios, no sólo ser uno de los mejores delanteros del mundo, sino uno de los mejores futbolistas del planeta. No obstante, quedó tercero tras Cristiano Ronaldo y Messi en la carrera por el Balón de Oro y el Fifa World Player, algo impensable hoy, y cuarto en la lucha por la Bota de Oro.

Pero ¡Ay, cómo hemos cambiado! Una vez se hartó de meter goles en Anfield, en invierno de 2010, decidió cruzarse toda Inglaterra, entrando en los libros de historia como el traspaso más caro del fútbol inglés, para llegar a Londres y recalar en el PetroChelsea. Hace cinco años ya de eso y no ha logrado desde entonces ver puerta en más de 30 ocasiones. ¿Qué ha pasado? es la pregunta. Quizás hay que valorar lo que sucedió en aquel verano de 2010, mágico para (casi) todos los españoles. El día 11 de junio arrancaba la Copa del Mundo con España como favorita. El día 16 de abril, a menos de dos meses para la cita, Torres pasaba por quirófano para realizarse una artroscopia y solucionar los problemas de menisco de su rodilla con los que, además, llevaba varias semanas jugando. "Son cuatro años esperando al Mundial y si los plazos van bien, no me planteo perdérmelo", decía él, sabedor de que el único premio a una temporada mala de operaciones era la posibilidad de jugar el torneo internacional.

Muy distinta fue la versión durante y tras el Mundial, que fue un punto de inflexión negativo y el comienzo de su declive. "La rodilla no respondía. Echábamos más horas que nunca de trabajo para intentar estar bien, pero en los entrenamientos veía que no llegaba al nivel", admitía el propio Torres. "Cuando no estás preparado es muy difícil competir en un Mundial", añadía Villa, su pareja en ataque, que confirmaba que la mayoría de sus goles con la roja los había convertido gracias al madrileño. "Se le exigía un nivel, su mejor nivel, y obviamente no podía llegar a él", señalaba el médico del combinado nacional. Y es que Torres acortó plazos y forzó para su recuperación. Llegó sin estar al cien por cien, quizás algo lesionado aún y por eso no fue titular en el primer partido. 

"A mí me cuadraban los tiempos de recuperación, pero te das cuenta de que al final no siempre sale todo como espera uno", afirmaba Torres. Ya se había lesionado unos meses antes, en enero y, tras una gran recuperación, vivía la que él dice ser la mejor época de su carrera. Había marcado quince goles en doce partidos hasta que recibió la noticia: se había vuelto a lesionar y había que operarse.

También distinta fue su versión de las cosas tras pensarlo, en frío. "¿Merecía la pena arriesgar tanto para ser campeón? Para mí sí", admitía sólo una semanas después de salir campeón, cuando decía que el único objetivo que se había marcado era estar en Sudáfrica. "Hoy en día todavía no sé si todo mereció la pena, no sé si volvería a hacerlo otra vez de la forma en la que lo hice", se corregía a sí mismo unos meses después. "Cierto es que la Copa del Mundo no la puedes cambiar por nada, pero cuando fuimos campeones lo primero que vi al abrir los ojos fue a los doctores y fisios (se lesionó en el minuto 120 de la final) y yo no había soñado ser campeón así. Ni siquiera podía saltar con mis compañeros para celebrarlo".

Torres, lesionado en el suelo tras ganar el Mundial 2010 / AP
Y es que es ese momento cuando la carrera de Torres dio un giro por completo y él lo sabía. Arriesgar más de lo debido no había salido bien, más bien acortó y condicionó su vida futbolística. Quizás por eso, tras el Mundial, no quería hablar de él. No se sentía partícipe, en parte, del éxito. Nunca salieron las cosas ya como parte de la plantilla del Chelsea en lo individual. No se volvió a volver a ver jamás la chispa que a él le hacía diferente. Esa que sirvió para superar a Lahm en carrera, esa con la que metió 81 goles en tres años y medio con el Liverpool. Una historia que tiene un cierto paralelismo con Michael Owen, otro delantero histórico del equipo red. Otro jugador al que maltrataron las lesiones, que poseía también la misma chispa que perdió tras varias operaciones de rodilla, tras caer al suelo y salir gateando de una Copa del Mundo. Tras no volver a ser el mismo nunca más. 

Torres, con el Chelsea / ANDY HOOPER
Hoy, Torres, aunque bien físicamente, parece algo más lento, tosco, descoordinado y hasta torpe, los mismos síntomas que tuvo el propio Owen. Igual que le pasó a otros muchos que no volvieron a dar el nivel tras los fatídicos problemas de rodillas. Torres duda si volver o no al equipo que le vio nacer. Hace mucho tiempo ya que, para la opinión popular, dejó de ser un delantero útil. Fernando tiene el buen recuerdo de los seguidores del Atlético como su mejor trofeo y fracasar en una hipotética vuelta sería terminar con los apoyos que le quedan. Pese a rendir a un altísimo nivel en el Liverpool, acabó saliendo por la puerta de atrás, viendo cómo los reds quemaban incluso camisetas con su nombre y su 9 a la espalda. En Chelsea, aunque le aprecian por su esfuerzo, trabajo y sacrificio, nunca tendrá el reconocimiento de haber sido determinante. La historia en Milán no parece escribir demasiadas páginas. 

Su palmarés es envidiable. Es el único futbolista en toda la historia que ha jugado y ganado una final de Mundial, Eurocopa, Champions League y Europa League. Es el único hombre que ha marcado en dos finales de Eurocopa (2008 y 2012). Los títulos colectivos harán que dentro de 30 años pase a ser recordado como uno de los mejores jugadores de la historia, pese a que de su carrera, sólo haya rendido a buen nivel en los dos primeros tercios de ella. Un jugador no es bueno o malo. La trayectoria de un futbolista tiene grises, factores y variables que condicionan una carrera. A los jugadores no se les olvida, de un día para otro, cómo se juega a esto del balón. El fútbol es una máquina que tritura y devora a un ritmo imparable e inimaginable.

Torres anotando el gol que le dio a España la Eurocopa 2008, ante
la atenta mirada de Phillip Lahm / CHRISTIAN CHARISIUS 

martes, 16 de diciembre de 2014

Sergio Díaz: Tiene la cara de un nene porque es un nene

"Remember the name, Wayne Rooney!", imposible olvidar el día que el hoy jugador del Manchester United se estrenó como goleador en la Premier League. Estaba a cinco días de cumplir los 17 cuando en Goodison Park, un niño con cara de pillo, mandó a la lona el registro de 30 partidos sin perder del Arsenal con un zapatazo imparable que llegó después de un fenomenal control. Como imposible es también, dudar de que Sergio Díaz es un niño prodigio al que aún le queda mucho por recorrer pero cuyo futuro se antoja prometedor.

Sergio Díaz / LA NACIÓN
Seis minutos le bastaron el pasado 27 de junio para demostrar de lo que es capaz con la camiseta de Cerro Porteño. Salió como suplente para jugar el tramo final de un partido ante General Díaz y desde entonces no ha vuelto a ver un encuentro comenzar desde el banquillo. Un mes después, también ante el mismo rival, se estrenó como titular con el dorsal número 18 a la espalda y con su portero, Barreto, haciendo las labores de mentor antes del pitido inicial. "Tiene la cara de un nene", decía el comentarista de la cadena paraguaya que emitía el partido. "Es que es un nene", le rebatía quien le acompañaba durante la emisión. Entonces sólo contaba con 16 años y 3 meses.

Sergio Ismael Díaz Velázquez, conocido sólo como Sergio Díaz, nació el 5 de marzo de 1998, aunque en muchas bases de datos figura erróneamente que vio la luz en diciembre del mismo año. Es el penúltimo de seis hermanos y desde hace unos meses, el nuevo ídolo del fútbol paraguayo. Ya le apodan 'El Kun de Cerro Porteño' por su semejanza con Agüero en varios aspectos, como el estilo de juego y precocidad. Él, encantado con la comparación. El hoy delantero del Manchester City es su ídolo y el espejo en el que se mira todas las mañanas. Cierto es que esa potencia en el tren inferior, tan característica de Agüero, también acompaña a Díaz en estos primeros pasos en la alta competición. La facilidad para recibir de espalda, dar la vuelta y regatear, o para cambiar de ritmo, también le acercan al estilo del argentino. Además, los dos comparten nombre y debutaron a temprana edad. En el 'Ciclón' (como se conoce a Cerro) no recuerdan una promesa similar desde que en sus filas militó Juan Manuel Iturbe, que ahora triunfa en la Roma.

Sergio nunca da un balón por perdido, quizás fruto del ansia de la juventud, de no perder el sitio que se ha ganado y sus compañeros le tienen como uno más desde el primer día. Sin ir más lejos, el día que debutaba como titular le dieron cinco pases en los dos primeros minutos de juego. Comparte delantera con un viejo conocido del fútbol español como Dani Güiza, con el que se entiende a las mil maravillas, pese a que él no se considere un punta nato. "Soy delantero, pero me muevo más por fuera, con movilidad constante y con participación en el juego", afirma. Le encanta caer a las bandas, donde puede encarar en el uno contra uno y dar rienda suelta a su interminable registro de recursos en el regate. Quizás fruto de la juventud y el físico (no llega al 1'70m) intenta salir del cuerpo a cuerpo para equilibrar la balanza. Ya le pasó al propio Agüero, condenado a ser un enganche incluso en sus primeros años del fútbol europeo para hoy ser un goleador nato.

Díaz llegó a Cerro Porteño casi de rebote, pues militaba en las inferiores de otro club del país, como Tacuaray. Diez amigos y él, que querían jugar juntos, decidieron probar suerte en el 'Ciclón', y desde entonces no se ha quitado la camiseta azulgrana. Sólo unas semanas antes de debutar, Díaz asombraba y fueron los más de 30 goles con el equipo Sub15 los causantes de que fuera a probar con los mayores, con los que ya ha jugado 20 partidos entre partidos de competición liguera y Copa Libertadores en los que ha marcado 8 tantos.

"Cuando llegamos al equipo y empezamos a preparar los partidos decidimos llamar a Sergio Díaz para el encuentro ante el Olimpia. Me llamó la atención la personalidad que tiene para su edad. Es un niño, pero tiene el comportamiento de un adulto", señalaba Hernán Díaz, su entrenador. "Tenemos que cuidarle, porque es joven y a esa edad se puede cometer errores", añadía. Uno de esos fallos, posiblemente, lo tuvo en el encuentro ante el Luqueño el pasado mes de noviembre. El equipo perdía por un tanto y él, en una acción individual, no pudo igualar el partido cuando tenía todo para hacerlo. Unos puntos que pudieron resultar cruciales en el desenlace final del campeonato, que se terminó llevando Libertad. Fruto de esa jugada, corrió el rumor de que tuvo una pelea en la que un compañero llegó a agarrarle del cuello y agredirle, algo que poco después se desmintió.

Díaz, celebrando un tanto / ÚLTIMA HORA
Aún en pleno bautismo, su llamada para jugar con los mayores condicionó toda su vida, así como la de su familia. Su padre pidió un permiso especial en el trabajo para ausentarse durante los entrenamientos y así poder llevar a su hijo hasta el campo. "Antes iba en autobús, pero ahora no puede", dice su madre Miguela. Y es que Sergio ha pasado de ser uno más en el Barrio Obrero a convertirse en toda una estrella a la que le resulta imposible caminar por la calle ante el acoso popular. "No queremos que nadie le haga daño, que vaya por ahí sólo es muy peligroso, además aquí ahora hay mucha inseguridad", añade Miguela. Por eso el padre hace las labores de chófer con el coche que le ha regalado Yanick Delmás, representante de Sergio.

Su primer tanto como profesional no llegó hasta nueve partidos después de su debut y fue precisamente de la manera más impredecible, con su mayor carencia: la cabeza. Con el 22 a la espalda (número que ha alternado con el 18), el 'Chiquilín' (su otro sobrenombre hasta la fecha) remató en la línea de gol un centro desde la esquina prolongado por un compañero, señalando con ímpetu el escudo del equipo que le había dado la oportunidad y con una sonrisa de oreja a oreja. Un testarazo, "¿Quién iba a pensarlo, de cabeza?", decían en Paraguay, que dio los tres puntos a Cerro y supuso la apertura de la caja de pandora, y es que Díaz, enamorado del sabor que tiene mandar el balón a la red, no ha dejado de hacerlo desde entonces. Uno más en la siguiente jornada, otros dos tantos en la siguiente (que supusieron otra victoria) y una nueva racha de tres encuentros seguidos anotando el pasado mes de noviembre completan su calendario goleador. 

Lo ha hecho de todas las maneras. De cabeza, con la derecha, picando el balón, al primer toque... Su sangre fría para hacer un control con la rodilla casi en el área pequeña para fusilar después al meta de Sol de América ha dado la vuelta al mundo. Al 3 de Febrero le vacunó en cinco minutos con dos dianas. La primera, poniendo el balón en la escuadra desde fuera del área tras una gran acción de Güiza; la segunda, para el recuerdo, con continuos cambios de ritmo en diagonal desde la frontal, dejando atrás hasta a tres rivales a los que manejaba cual marionetas en una jugada que podría firmar el propio Agüero e, incluso yendo más allá, Leo Messi. "Un gol de auténtico crack", definían los comentaristas, que siempre acompañan cada gran acción de Díaz con la coletilla "el juvenil". Imaginen la cara de los jugadores y entrenadores rivales cuando Sergio les saca los colores. "Nos ha ganado un niño", deben pensar. Sí, un niño prodigio.

Más allá fue con el portero del 12 de Octubre. Primero le hizo una vaselina, picando el balón cuando salía a por todas y luego marcó un tanto de oportunista, con el meta batido. Y es que, los porteros son su víctima favorita. Le bajan las pulsaciones cuando tiene a uno enfrente y no duda a la hora de darle el golpe mortal. Como hizo con Guaraní, aprovechando un error defensivo y remontando él sólo el partido en la que hasta hoy es su última diana. Tuvo críticas al principio, sobre todo en esos ocho partidos en los que su desparpajo no era suficiente y el nulo acierto goleador no acompañaba. "Condiciones le sobran y juega porque está preparado para ser titular", decía su entrenador. "Cada día mejora y eso se nota", destacaba.

Sanabria (I) y Sergio Díaz (D), con
la selección paraguaya Sub 20 / IP
Su pierna natural es la derecha, pero asombra la facilidad que tiene no sólo para golpear o asistir con la izquierda, sino para conducir la pelota con la zurda. Una cualidad determinante a la hora del regate. No sabes por dónde va a salir de él. No juega como referencia en punta, de momento, y se mueve como pez en el agua tanto como enganche como en los dos costados. Siempre se ofrece para el pase y no duda en bajar a recibir al centro del campo cuando el juego está atascado. Su cambio de ritmo y el juego en una baldosa hasta la fecha es su mejor arma, pero su futuro se antoja arrollador cuando adquiera experiencia y físico.

La vida del futbolista es muy corta y el destino puede ser muy cruel con un niño que apenas está empezando en esto y que no sabrá donde está mañana. Por eso, su madre le obliga a estudiar, aunque le han permitido abandonar momentáneamente el colegio. "La idea es que vuelva el curso que viene", señala su madre. "A mí me cansaba mucho estudiar después de venir de los entrenamientos. Además, después de salir al campo, yo sólo quería ser futbolista", añade él. 

Cuatro grandes clubes del mundo ya se han fijado en él, según revela Juan José Zapag, presidente de Cerro, que intenta calmar el interés. "Es muy joven, nosotros necesitamos que siga rindiendo alto y puedo confirmar que no se va a mover de aquí como mínimo en los próximos dos años". Sergio sueña con la selección. "Aún no me han llamado, pero sé que si sigo así, pronto podré estar con ellos" y podría ser uno de los elegidos para disputar el próximo Campeonato Sudamericano Sub 20 que se celebrará en Uruguay entre el 14 de enero y el 7 de febrero. De momento, ya ha entrado en una lista de 21 jugadores que lidera el ex jugador del Barça y ahora en la Roma Tony Sanabria que viajó ayer para concentrarse y disputar tres encuentros que servirá al seleccionador para tomar la decisión definitiva. Habrá que estar atentos a los progresos, porque 'El Kun de Cerro Porteño' no parece tener techo. Sergio Díaz, remember the name...

Sergío Díaz controla un balón / ÚLTIMA HORA