miércoles, 28 de enero de 2015

El delincuente que fue capaz de eclipsar a Messi

Hoy en día, con cuatro Balones de Oro de oro bajo su brazo, suena a utopía hablar que hubo una vez, hace muchos años, un equipo donde Leo Messi no era la estrella. Donde era el escudero perfecto de un muchacho un año mayor que él que jugaba por la derecha y relegaba al pequeño Leo a una posición algo más incómoda para él. Hay que remontarse al año 2000, cuando el hoy jugador del Barça tenía 13 años y Gustavo Rodas era el líder del equipo con un añito más. 

Rodas, con el León / DIFUSIÓN
Entonces jugaban en Newells Old Boys y, por esa pequeña diferencia de edad, no todos los años compartían equipo. Billy, como apodaban a Rodas, era la joya de la corona de la cantera de los leprosos, el jugador diferente, aquel que marcaba las diferencias y sobre el que se contaban historietas de qué llegaría a ser y cuántos títulos lograría alcanzar. 

Cuando el Barcelona llamó a la puerta del club rosarino buscando una nueva promesa, los directivos 'escondieron' a Rodas y le ofrecieron al club catalán la figura de Messi. Y es que la Pulga tenía un serio problema de crecimiento y debía recibir un tratamiento de hormonas tan costoso que el equipo argentino no se podía permitir (unos 1.000 euros al mes). Así, poniendo a Messi en el escaparate, no sólo se quedaban con Rodas, sino que se aseguraban no tener que hacer frente al tratamiento tan caro de Leo y se quitaban un gran peso de encima. "No hay problema, que se vaya Messi, aquí se queda el mejor: Gustavo Rodas", se sigue contando hoy en el seno del club que afirmó el por entonces presidente de Newells, Eduardo López.

Hoy, uno es una estrella mundial, el jugador con más trofeos individuales de prestigio de la historia, campeón de innumerables ligas españolas, de varias Champions y de tantos títulos que no se pueden contar con los dedos de las manos; mientras que el otro se entrena en solitario, desempleado tras acabar su periplo en su último equipo, CA Talleres, en la Tercera División del fútbol argentino. Su cabeza y el entorno que le rodeaba formaron una mezcla explosiva perfecta que acabó tirando todo su talento por el retrete ¿Quién sabe si la historia hubiera sido bien distinta de no haber jugado al escondite el día que el club catalán pasó por Argentina?

Rodas, con la Sub17 Argentina / TELAM
Rodas debutó con 16 años en Primera División de Argentina defendiendo la camiseta de Newells, marcando además en el día de su puesta de largo. Rompió entonces con registros de precocidad siendo el jugador del club más joven en debutar (ahora superado por Ezequiel Ponce) y fue uno de los jugadores con menos edad en debutar en la historia del campeonato al hacerlo con unos meses más de los que tenía Maradona en su época. Lideró a la selección Sub17 de Argentina (con el 10 a la espalda) que se proclamó campeona en el Sudamericano Sub17 en Bolivia en 2003 siendo el jugador estrella del campeonato, un torneo al que Messi no llegó a acudir. Pronto acecharon los interesados, como hienas, que se acercaron a él por quién podía llegar a ser y no por quién era. Y acabó desviándose por el mal camino, que en el fútbol sudamericano te corrompe hasta límites insospechados, que deriva en caos, violencia y malas artes. Una vía que incluso le llegó a plantearse la retirada con sólo 16 años, cuando sólo había debutado, para llevar otro estilo de vida. Se destrozó la vida. Más si es un caso como el suyo, que vivía sólo desde los 13 años, cuando sus padres se separaron y se tuvo que hacer cargo de todos sus hermanos.

"Era un malandro (delincuente). Me pegaba con todo el mundo e incluso llegué a manipular un arma. Me faltó poco para robar", admitía el propio Rodas hace un par de años, ya más maduro e intentando asentar la cabeza. No obstante, aún sin la mayoría de edad y con unos cuantos episodios oscuros ya en su curriculum, recibió la llamada de la Selección Sub21. Pero él tenía otros planes. Conoció a una mujer mayor, se fue con ella y no acudió a la convocatoria con la albiceleste, que decidió no volver a contar con él nunca más. 

Ese fue su punto de inflexión, pero para mal. Pensó que todo valía si sabía jugar con la pelota, que el mundo iba a girar en torno a él hasta que quisiera y cuando se dio cuenta, no tenía nada, salvo dos hijos a los que criar con sólo 19 años. Había puesto al fútbol como la última de sus prioridades, se saltó entrenamientos y partidos y se le gastó la llama. Newells se cansó de su niño maravilla y con 20 años abandonó la disciplina rosarina. Pasó las dos siguientes temporadas dando bandazos en equipos de la segunda y la tercera categoría del fútbol argentino, donde tampoco cuajó. 

Probó fortuna en la liga colombiana, sin éxito. Vio cómo se truncaban innumerables traspasos a distintos puntos del mundo, fue rechazado en multitud de pruebas y le rompieron a última hora un fichaje por un equipo de Venezuela, Carabobo, con quien llegó a entrenar y donde estuvo unas semanas hasta que le dieron puerta. Se marchó al fútbol peruano y tras unos meses en Coronel Bolognesi, acabó sin contrato, entrenando en solitario y buscando una oportunidad que parecía nunca iba a llegar. Tenía 23 años y en sólo tres temporadas le habían desechado de cinco equipos menores. Había pasado de ser la mayor promesa del país a no valer siquiera para jugar en la peor categoría de éste. 

Pensó en la retirada. Declaró que el fútbol se había acabado para él y, tras unos meses de inactividad, León de Huanuco, otro equipo de Perú, le reclamó. Allí, de la mano del técnico Franco Navarro dio su mejor versión. Se hizo con premios al mejor jugador de la Liga y la selección peruana preguntó a la FIFA para nacionalizarle y que jugara para ellos. "Me encantaría defender su camiseta. Tengo muchas ganas de ganar cosas con ellos, porque aquí me dieron la oportunidad. Yo estaba a punto de retirarme y aquí en Perú me ayudaron mucho, me hicieron creer en mí". Nunca pudo, pues ni siquiera le concedieron la nacionalidad peruana.

Pero tras una buena temporada, el club terminó vendiéndole a una potencia del fútbol sudamericano, el Deportivo Quito. Volvió a perder su estabilidad, nunca se adaptó y en sólo seis meses se fue a probar suerte al fútbol chino. Tampoco cuajó y el León de Huanuco le volvió a firmar un contrato. Pero ya no era el mismo que había pasado por allí hacía dos años. Su última experiencia fue en Talleres, el equipo contra el que había debutado con sólo 16 años, pero 13 años después, en la Tercera División del fútbol argentino. Un club que, entrado el 2015, decidió prescindir de sus servicios. 

Ahora Billy Rodas se encuentra sin equipo, entrenando en solitario en Rosario esperando que algún día le llegue la oportunidad que desaprovechó en su día, soñando con cambiar el pasado para vivir un gran futuro pues no le gusta su presente. Echa la vista atrás y siente melancolía y muestra agradecimiento, aunque se deja ver triste por lo que pudo ser y no fue, porque Messi es el espejo en el que se mira cada día y no puede evitar pensar que, con las decisiones correctas y las dosis de fortuna necesarias, él estaría en su lugar. Aunque es de los pocos que, habiendo coincidido con los dos, no se creía superior a Leo."Casi siempre jugábamos de titulares juntos, él no era mi suplente. Pienso que viendo todo aquello, podría haber llegado a jugar mucho mejor, pero es de mayor cuando eso se ve, y Messi es el mejor del mundo", señala y añade: "Mi problema no era en la cancha, sino lo que pasaba fuera. Hacía las cosas muy mal, llevaba mi vida desordenada".

Rodas, con el emblema del León / MARTÍN HERRERA


martes, 27 de enero de 2015

¿Condenado al fracaso?

Es hoy, en tiempos de Odegaard, cuando a la cabeza se vienen ineludiblemente los nombres de Freddy Adu, Lulinha o, más de cerca, Bojan Krkic, que seis años después de despuntar y cinco tras caer en el olvido, se ha lesionado de gravedad ahora que parecía haber encontrado su sitio en el Stoke. El chico de doble nacionalidad, española y serbia, que debutó, como Munir, con la absoluta de nuestro país en partido oficial son sólo 18 años para espantar posibles cantos de sirena de otro combinado. Méritos había hecho, claro está, aunque siempre se intentó quemar etapas en su conversión a profesional. Y es Luis intentó convencerle meses antes para que acudiera a la Eurocopa que nos catapultó al primer nivel mundial, pero su fatiga tras dar el salto al primer equipo del Barcelona con sólo 17 años y problemas de ansiedad que admitió después, cortaron una progresión que parecía no tener techo. Además, acusó a varias personas de intentar hacerle demasiado rápido como jugador. "Mi salud no estaba para ir a la Eurocopa y es un mensaje que muchas personas no han querido que saliera".

Fue así, de la noche a la mañana, cuando Bojan dejó de brillar con luz propia y se concluyó en que, con esas 17 primaveras, había hecho ya la mejor temporada que haría en toda su carrera. Cierto es que disfrutó de tres campañas más en el Barcelona, pero nunca llegó a encajar en el sistema de Guardiola y acabó siendo la última opción en el ataque. Desde entonces, su fútbol no ha dejado de dar bandazos bajo camisetas históricas como Roma, Milán o Ámsterdam, donde no ha hecho más que desgastarse todavía más. Hasta que Mark Hughes se cruzó en su camino.

Ya le había intentado fichar cuando dirigía al Manchester City y cuando aún estaba en la cresta de la ola, allá por 2008. Este verano volvió a llamar a su puerta y Bojan, que tenía el teléfono echando humo tras recibir propuestas de Betis, Deportivo y similares, cogió el primer vuelo hacia la ciudad inglesa. Y es ahí, en una pequeña localidad cercana a Manchester, en el anonimato y cuando ya nadie esperaba nada de él, cuando ha estado a punto de volver a tocar el cielo. Lo ha rozado, de hecho, hasta que una rotura de ligamento cruzado se ha topado en su camino. Y eso que su inicio no fue fácil tampoco en Inglaterra y se antojaba fácil prever otro fracaso. Se pasó un mes trabajando en el gimnasio sin ver su nombre en las convocatorias y pensó en abandonar antes de tiempo. Hasta que ganó músculo y desde que lo ha hecho, sólo esta desafortunada lesión le ha parado. A los 24 años le llegó la madurez, acompañada de una dosis de confianza y Bojan al fin explotó, convirtiéndose en el jugador franquicia del Stoke en sólo tres meses. Mezclando fuerza, liderazgo, determinación y goles y asistencias, que al fin y al cabo es lo que cuenta, Bojan había vuelto al panorama internacional e incluso sonaban campanas de selección para él.

Ahora deberá esperar hasta la próxima temporada para volver a jugar al fútbol, porque en una sola acción ha derribado el trabajo que llevaba seis años construyendo. Hay algunos jugadores que nacen para esto, y Bojan pareció ser uno de ellos en su día. Pero hay otros que no cuentan con la fortuna suficiente como para acabar triunfando, y ese parece ser el español hoy. El fútbol ya le ha esperado una vez, ahora sólo falta saber si podrá afrontar este nuevo revés. Tendrá que hacer más del doble que los demás para conseguir la mitad de reconocimiento. Al fin y al cabo, el fútbol es ser bueno, pero también es suerte. Regatear las lesiones y que te pongan, sobre todo, que te pongan.

Bojan celebra un gol anotado al Arsenal / REUTERS


martes, 20 de enero de 2015

El 'Nuevo Del Piero' tenía magia

Dicen que la gente de Macedonia empezó a temer la muerte de Alejandro Magno mucho antes de que sucediera. Cuentan también, que su miedo residía en quién sería el líder de aquel imperio y en cuáles serían las represalias de aquellos a los que El Grande había derrotado, que no eran pocos; en si podrían hacer frente a todas las adversidades sin uno de los hombres más importantes, temidos y respetados de la historia. Su primogénito, sucesor en cuanto a títulos, apenas un recién nacido, no sólo no pudo sostener todo lo que había levantado su padre, sino que vio la muerte cuando apenas acababa de cumplir la docena de años.

Algo parecido sucedió unos 2400 años después en Italia, concrétamente hace una década. La Juventus apenas había vuelto a la categoría reina tras los escándalos de compra de arbitrajes cuando, en la 2007-2008, su Alessandro particular tocó el cielo con los dedos. Del Piero, santo, seña y ídolo de la institución, Acababa de cerrar su año más prolífico con la Vecchia Signora. Tenía 33 años, los mismos que iba a cumplir el otro Alejandro, Magno,  cuando falleció. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de los tifossi juventinos cuando pensaron cómo sería la vida sin su capitán. 

Giovinco celebra un título cuando
era sólo un niño / JUVENTUS
La respuesta medía 1'64 metros, tenía 20 años y respondía al nombre de Sebastián Giovinco, aunque también solía contestar cuando alguien preguntaba por La Hormiga Atómica. Llevaba desde los 9 años enrolado en la Juventus, equipo por el que confiesa amor profundo y eterno y ya había debutado con los mayores en algunos minutos en los que había dado muestras de su enorme talento e inagotable magia. Y es que, a la par que la llama de Del Piero se apagaba, la directiva del equipo bianconero se aseguraba el futuro del club y un recambio de garantías para su capitán renovando a Giovinco hasta 2013 en octubre de 2008. Y aunque el joven italiano, que lideraba entonces a su selección sub21, quisiera rechazar cualquier parecido con Del Piero, las coincidencias (y otras no tan fortuitas) quisieron que Giovinco se colgara para siempre el cartel del 'Nuevo Del Piero'. Ambos compartían a Pasqualin como agente y un movimiento de la dirección deportiva quiso que Giovinco cerrara su renovación y jurase lealtad al equipo de Turín en el Due Spade de Sandrigo, el mismo restaurante donde años antes Del Piero se había casado con la Juventus para un matrimonio de casi dos décadas de duración.

Giovinco, con el Parma / CLAUDIA VILLA
La presión que tuvo que soportar entonces fue terrible. Impropia para un nuevo adulto. Deschamps comenzó a darle galones fuera de su sitio, escorado en alguna de las bandas porque a Del Piero aún le quedaba algo de cuerda, incluso más de la que parecía. Tuvo que abandonar, entre lágrimas, el sueño de su vida, triunfar en la Juventus, y se enroló en las filas del Parma. Allí otro joven italiano como Candreva daba sus primeros pasos en el fútbol profesional y un histórico del club como Hernán Crespo convertía los últimos goles de su carrera antes del retiro. Precisamente el argentino fue el mejor socio de Giovinco en el primer curso, pues en el segundo, para sorpresa de todos, este pequeño italiano de 164 centímetros jugó como delantero centro referencia.

Su inteligencia para ganar pelotas divididas con defensores que le sacaban más de 20 centímetros en altura y varios cuerpos, su habilidad para caracolear y girar sobre sí mismo cuando controlaba la pelota, su polivalencia y los 27 goles convertidos en esas dos campañas le devolvieron la oportunidad de soñar. La Juventus llamó a su puerta y el segundo tren estaba a punto de salir de la estación. La decisión era compleja: seguir haciéndose un nombre en Italia, siendo la estrella de un equipo menor (al que dejó a pocos puntos de ir a Europa) y con las convocatorias con la selección aseguradas, o arriesgar para ir al equipo de su vida. Ese que no le había permitido disfrutar en la primera ocasión, el que le había exigido ser Del Piero cuando él sólo era Giovinco. El amor, que todo lo puede, acabó con Giovinco volviendo a Turín, aunque esta vez al Juventus Stadium, recién cambiado por el viejo Delle Alpi. La decisión, con todo, fue la más difícil de su carrera.

Llegando a la ciudad se encontró como saliendo del Due Spade de Sandrigo por segunda vez. Del Piero acababa de emigrar a Australia y el clamor popular, que había seguido las hazañas parmesinas de La Hormiga Atómica, le pidió que escogiese el dorsal número 10, el que Pinturicchio acababa de dejar vacante y que era el favorito del propio Giovinco (lo había llevado en el Empoli, en el Parma y en todas las categorías de la Selección de Italia). Él, queriendo regatear las comparaciones, intentando no tropezar con la misma piedra de nuevo, desmarcándose de tan odioso símil sorteó el 10 y escogió el 12. "No soy Del Piero, soy Giovinco. No quiero se Del Piero, quiero ser Giovinco". Un mensaje que sólo unos pocos entendieron. 

Antonio Conte, el creador de la nueva Juventus, sabedor de los mimos que necesitaba, fue su mayor valedor. Le dio minutos, galones y sobre todo, confianza y libertad. Entendió que jugar como segundo punta era su predilección y le acompañó del trabajo de Matri. Ahí Giovinco brilló y fue parte vital de la plantilla que consiguió ganar la Liga, tras nueve años sin hacerlo. El problema llegó un año más tarde, que fue la campaña pasada. No sólo llegaron Llorente y Tévez como principales refuerzos en el ataque, sino que Conte dotó a su equipo de un estilo mucho más físico y trabajador, algo para lo que la genética de Giovinco no estaba preparada. Alternó el banquillo con el césped y se terminó desquiciando él sólo tras pasar del éxito al ostracismo en tan poco tiempo. 

Giovinco, con la Juventus / AFP
El punto de inflexión llegó en un partido contra el Chievo Verona. Tras un mal encuentro en lo personal, Conte decidió sacar a Giovinco del terreno para dar entrada a Tévez. El jugador italiano se llevó los abucheos de la grada y una sonora pitada que le provocaron el llanto y la histeria mientras abandonaba el terreno. Conte, como un padre, salió a buscar al chico que caminaba cabizbajo. Lo abrazó, animó y se encaró con todo el Juventus Stadium por el gesto que acababan de cometer con un chico cuyo mayor delito era amar a unos colores, una ciudad y un club que había puesto expectativas equivocadas en él. 

Ese día Giovinco entendió que el amor no era recíproco, que el matrimonio no era eterno y pidió facilidades para salir cuanto terminara su contrato. La Juventus, desde su presidencia hasta su último aficionado, sabedores de haber condicionado la trayectoria de este talento de la naturaleza, no dudó en aceptar su petición de 'dejar morir en paz'. "Mientras defienda esta camiseta lo daré todo por ella", afirmaba tras haber firmado con el Toronto, su próximo equipo a partir de junio.

Y es que Giovinco, con sólo 27 años, se va a hacer las américas. Tiene seis millones de motivos para ello, los mismos millones de euros que cobrará por cada una de las cinco temporadas que ha firmado. Aunque la cuestión tiene más que ver con el desamor que con el dinero. Cerca estuvo de tropezar con la piedra por tercera vez, como ese enamorado que duda qué hacer cuando tiene enfrente a su amor imposible, porque estuvo a sólo un paso de firmar una renovación que al final rechazó. La llegada de Morata y la irrupción del canterano Coman, más competencia, le hizo abrir los ojos más incluso que cuando los celebraba. Sin duda, la salida de Conte le convenció para tomar la decisión de irse. Apalabró su fichaje con la Fiorentina, un histórico venido a menos necesitado de alegría, magia y calidad, un mejunje que Giovinco posee y que mezcla con ilusión. Pero los de Florencia, en un acto de cobardía, consiguieron la contratación de Diamanti y le cerraron las puertas a un Giovinco que, acostumbrado a que le rompan el corazón, se acogió al primer amante que vino y le aseguró estabilidad.

Y es que Toronto es una ciudad bonita, llamativa y fría. Su proyecto, con jugadores de la talla de Bradley, Altidore y Caldwell es llamativo para una MLS que cada día crece más y es todo lo atractivo que puede ser yéndose a una liga menor. Sea como fuere, nadie podrá nunca negar que Giovinco, que no el 'Nuevo Del Piero' tenía magia y que, aunque no supone el retiro, ha abandonado el fútbol mucho antes de lo que le tocaba. Hoy el fútbol de verdad llora la pérdida de uno de los suyos, de un ilusionista del tamaño de un crío que movía la pelota como la mayoría sólo sueña con llegar a hacerlo. 

Giovinco celebra un gol con la Juve / MARCO LUZZANI / GETTY IMAGES


miércoles, 14 de enero de 2015

Rooney necesita un amigo

Mira que funcionaba bien Sturridge como delantero centro de la selección inglesa, pero su viacrucis con las lesiones es un quiero y no puedo más digno de estudios paranormales que de temas futbolísticos. Había goleador para más de un lustro en las botas del ariete del Liverpool, pero se ha bajado demasiado rápido del tren en el que iba subido después de un gran Mundial individual, que no colectivo, y este deporte, en contadas ocasiones, es lo suficientemente justo como para esperarte.

Rooney, ahora en un estado de gracia que no recordaba desde hace algún tiempo, ha perdido a su mejor socio en la punta de ataque y como nuevo capitán de Inglaterra necesita alguien con quien compartir noches de juego. Ese que le abría los espacios cuando no existían para que él llegara desde atrás ya no está. El mismo al que servir un balón en las inmediaciones del área tenía más peligro que un elefante en una cacharrería. Con Rickie Lambert, tercero en discordia, en el olvido por méritos propios, los pross necesitan el gol como un naúfrago un barco.

Y es que Inglaterra parece haber sembrado, hace un par de décadas, las semillas del gol que ahora dan sus frutos. Estamos en época de killers en Las Islas y cada jornada que pasa, cinco candidatos a la selección se lo ponen más difícil a Roy Hodgson. 

Andy Carroll / Getty Images
Andy Carroll (26 años, West Ham): Hace poco más de cuatro años que Andy debutó con la Selección. Entonces, jugaba aún en el Newcastle, al que acababa de subir a Primera con sus testarazos imparables a la red. Demostró ser más que un buen cabeceador, pese a que no tenía esa su mejor arma bien amueblada, en la Premier y le llegó la llamada de Capello para solventar los problemas de una Inglaterra pobre de gol. Tuvo sus más y sus menos con el técnico italiano, que llegó a sugerirle que dejara la cerveza y se centrara en progresar. Su comportamiento díscolo y sus problemas interminables con las lesiones le relegaron a un segundo plano, y Hodgson, que llegó a contar con él, hace dos años y medio que no le llama. Carroll jugó el último de sus nueve partidos como internacional (ha marcado dos goles) en octubre de 2012, y ahora tiene más cerca que nunca una posible llamada. Se ha centrado, cosa que parecía imposible hace unos meses, tiene una relación estable (está prometido, algo impensable hasta ahora) y el West Ham vive de su buen hacer como islote. Siempre ha estado llamado a hacer cosas grandes y es ahora cuando ha dado el paso definitivo. Se siente importante en Londres, donde los hammers disfrutan de su mejor versión y sueña con quitarse al fin esa losa de ser el chico de los 40 millones de euros. 

Charlie Austin / Getty Images
Charlie Austin (25, QPR): Es el obrero del gol. Nadie sobre la faz de la Tierra imaginaba sólo hace cinco años, cuando Charlie tenía 20 (edad a la que las estrellas ya están jugando al máximo nivel), que podría llegar a jugar siquiera en la Premier. A base de goles (más de 200 en estas cinco temporadas), este chico que acompañaba a su padre como chapuzas en la construcción, ha pasado de alicatar baños a jugar en la máxima categoría del fútbol inglés, escalando peldaño a peldaño. Nunca ha tenido el reconocimiento de otros, sus informes no figuran en la federación desde que era un adolescente y no ha tenido un seguimiento propio. Los 13 tantos que ha anotado en su primera temporada en Premier hasta la fecha, son su carta de presentación al mundo, su alfombra de bienvenida a la selección y el mejor reclamo que tiene el QPR para soñar con la salvación. Austin, que ahora sí, está siendo observado con lupa por Hodgson, también pelea por ser el máximo goleador de la temporada. Sus características son las de un delantero todoterreno. Posee un gran disparo desde media distancia, golpea bien con las dos piernas y remata a un toque como los mejores arietes. Es oportunista y las comparaciones, que suelen ser odiosas, ya le han equiparado con Alan Shearer, el máximo goleador de la historia de la Premier. Nada mal.

Berahino / Getty Images
Saido Berahino (21, West Bromwich Albion): Es el prototipo de jugador de selección. Lleva con los pross desde la sub16 y ya ha sido convocado con los mayores en una ocasión, aunque no consiguió materializar su debut. No es un goleador nato al uso, sino que más bien es un complemento, un ratonero para un verdadero jugador de área. Es joven y aún algo endeble, pero su electricidad con y sin balón sirve para poner en aprietos a toda una línea defensiva. Cae bien a las bandas y tiene buen trato de pelota, además de ser un buen lanzador de faltas. Su inicio de temporada fue esperanzador y por ahí llegó la llamada de Hodgson, pero la carga de partidos le está afectando ahora, a mitad de curso e incluso ha perdido la titularidad en el West Brom, donde su entrenador ha afirmado querer cuidarle para que llegue bien al último tramo de la campaña. Es quizás ahora el último de la lista, pero a su favor cuenta el hecho de que ya ha estado concentrado.

Danny Ings / Dan Westwell
Danny Ings (22, Burnley): Todo lo contrario al resto. Elegante en la conducción, rápido juego de piernas y un abanico inimaginable de recursos cuando se aproxima con la pelota en la medialuna del área. Nunca ha destacado como un goleador, pero la marcha de Austin al QPR le hizo coger galones y la responsabilidad de perforar la portería rival pasaba por él. No ha defraudado portando ese testigo y en este su debut en Premier el Burnley se acoge a sus goles para ganar puntos vitales. Acaba contrato en junio y los equipos de la parte media alta de la tabla, así como algún grande, ya han llamado a su puerta. Él no tiene prisa, ha pasado en sólo dos años de ser un jugador del montón, uno más, a considerársele como una futurible estrella. No obstante, sólo ha acudido con Inglaterra en el último eslabón, la sub21, antes de dar el gran salto.

Harry Kane (21, Tottenham): Es indudablemente el chico de moda de la Premier. Terminó el curso pasado llamando a la puerta de Pochettino y éste le ha correspondido a su buen trabajo sobre el campo. Con dos delanteros de billetes como Soldado y Adebayor por delante, ha tenido que hacer más del doble para conseguir la mitad de reconocimiento, pero no se ha puesto nervioso a la hora de ganarle la partida a esos dos arietes mucho más contrastados y con una gran carrera goleadora. Un delantero completo, que no es un 10 en nada pero sí un 8 en todo, que empezó jugando la Europa League como premio para acabar ganándose la titularidad absoluta en todas las competiciones, en las que suma ya 15 tantos esta campaña (24 partidos). Además, no se esconde ante equipos grandes y sacó de quicio hace unos días al Chelsea de todas las formas posibles para acabar llevándose el derbi londinense. La voz popular le pide a él y, quizás por eso, esté el primero en la carrera por ser el nueve inglés. Su golpeo a balón parado, además, es un arma del que carecen la mayoría de delanteros, lo que le hace ser más completo incluso. Llama a la puerta de los pross, y tiene pinta que como no se la abran, la va a tirar abajo más pronto que tarde.

Harry Kane / Kieran McManus / BPI

miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Dónde está Fernando Torres?

Torres, con el Atlético / EFE
Suenan campanas de boda de aquellos que quieren volver a juntar los caminos del Atlético de Madrid y Fernando Torres, que pidieron el divorcio hace más de siete años, pero que parece no haberse olvidado en esta larga travesía. Y es que Fernando, o el Niño, como se le seguirá llamando incluso cuando vaya al fútbol con sus nietos, vestía elegante mientras su pareja se veía desaliñada, fea y maloliente. Aguantaron juntos cerca de siete años, los mismos que llevan sin verse y la separación fue beneficiosa para ambos. El jugador dejó los trajes de buen ver y subió un par de escalones más, pasándose a los Armani.

Mientras, el Atlético conocía nuevos amores, en forma de argentinos, uruguayos, colombianos, turcos o portugueses, que le aportaban la estabilidad que no había podido ofrecer aquel su gran amor. Los rojiblancos se dejaron ver en buenas fiestas y galas, cada vez más importantes, y obtuvieron enormes galardones colectivos y hoy en día siguen en alza, mientras que Fernando llegó al cielo y pasó a un infierno del que hace años no sale. Y es hoy, cuando es el Atlético el que viste Armani mientras que Torres es el astroso y dejado, cuando parece que se podrían volver a unir.

Torres, celebrando un gol ante el Real
Madrid / LAURENCE GRIFFITHS
Pero, ¿dónde está realmente Fernando Torres? Dicen que está en Milán, jugando para un equipo que hace años era temido, histórico, legendario, y que hoy tímido, histérico y zarrapastroso, un cementerio de elefantes donde habitan más cadáveres futbolísticos que otra cosa. Jugadores como Muntari o De Jong, pasados de rosca, delanteros sin gol como Pazzini, porteros que hace tiempo no paran como Abbiati y deportistas como Essien, que no pasó siquiera el reconocimiento médico pero al que se le hizo ficha y juega como el que más. Y lo dicen porque, entre gripes y que la culpa siempre es del empedrado, Torres lleva más de un mes sin salir al campo.

Hubo un tiempo en el que fue codiciado por la mayoría y se erigió como héroe nacional. Fue en 2008, cuando marcó el gol con el que todos nosotros hemos soñado alguna vez anotar, sólo superado dos años después por Iniesta. Cuando le convirtieron en el quinto Beatle y se ganó, por méritos propios, no sólo ser uno de los mejores delanteros del mundo, sino uno de los mejores futbolistas del planeta. No obstante, quedó tercero tras Cristiano Ronaldo y Messi en la carrera por el Balón de Oro y el Fifa World Player, algo impensable hoy, y cuarto en la lucha por la Bota de Oro.

Pero ¡Ay, cómo hemos cambiado! Una vez se hartó de meter goles en Anfield, en invierno de 2010, decidió cruzarse toda Inglaterra, entrando en los libros de historia como el traspaso más caro del fútbol inglés, para llegar a Londres y recalar en el PetroChelsea. Hace cinco años ya de eso y no ha logrado desde entonces ver puerta en más de 30 ocasiones. ¿Qué ha pasado? es la pregunta. Quizás hay que valorar lo que sucedió en aquel verano de 2010, mágico para (casi) todos los españoles. El día 11 de junio arrancaba la Copa del Mundo con España como favorita. El día 16 de abril, a menos de dos meses para la cita, Torres pasaba por quirófano para realizarse una artroscopia y solucionar los problemas de menisco de su rodilla con los que, además, llevaba varias semanas jugando. "Son cuatro años esperando al Mundial y si los plazos van bien, no me planteo perdérmelo", decía él, sabedor de que el único premio a una temporada mala de operaciones era la posibilidad de jugar el torneo internacional.

Muy distinta fue la versión durante y tras el Mundial, que fue un punto de inflexión negativo y el comienzo de su declive. "La rodilla no respondía. Echábamos más horas que nunca de trabajo para intentar estar bien, pero en los entrenamientos veía que no llegaba al nivel", admitía el propio Torres. "Cuando no estás preparado es muy difícil competir en un Mundial", añadía Villa, su pareja en ataque, que confirmaba que la mayoría de sus goles con la roja los había convertido gracias al madrileño. "Se le exigía un nivel, su mejor nivel, y obviamente no podía llegar a él", señalaba el médico del combinado nacional. Y es que Torres acortó plazos y forzó para su recuperación. Llegó sin estar al cien por cien, quizás algo lesionado aún y por eso no fue titular en el primer partido. 

"A mí me cuadraban los tiempos de recuperación, pero te das cuenta de que al final no siempre sale todo como espera uno", afirmaba Torres. Ya se había lesionado unos meses antes, en enero y, tras una gran recuperación, vivía la que él dice ser la mejor época de su carrera. Había marcado quince goles en doce partidos hasta que recibió la noticia: se había vuelto a lesionar y había que operarse.

También distinta fue su versión de las cosas tras pensarlo, en frío. "¿Merecía la pena arriesgar tanto para ser campeón? Para mí sí", admitía sólo una semanas después de salir campeón, cuando decía que el único objetivo que se había marcado era estar en Sudáfrica. "Hoy en día todavía no sé si todo mereció la pena, no sé si volvería a hacerlo otra vez de la forma en la que lo hice", se corregía a sí mismo unos meses después. "Cierto es que la Copa del Mundo no la puedes cambiar por nada, pero cuando fuimos campeones lo primero que vi al abrir los ojos fue a los doctores y fisios (se lesionó en el minuto 120 de la final) y yo no había soñado ser campeón así. Ni siquiera podía saltar con mis compañeros para celebrarlo".

Torres, lesionado en el suelo tras ganar el Mundial 2010 / AP
Y es que es ese momento cuando la carrera de Torres dio un giro por completo y él lo sabía. Arriesgar más de lo debido no había salido bien, más bien acortó y condicionó su vida futbolística. Quizás por eso, tras el Mundial, no quería hablar de él. No se sentía partícipe, en parte, del éxito. Nunca salieron las cosas ya como parte de la plantilla del Chelsea en lo individual. No se volvió a volver a ver jamás la chispa que a él le hacía diferente. Esa que sirvió para superar a Lahm en carrera, esa con la que metió 81 goles en tres años y medio con el Liverpool. Una historia que tiene un cierto paralelismo con Michael Owen, otro delantero histórico del equipo red. Otro jugador al que maltrataron las lesiones, que poseía también la misma chispa que perdió tras varias operaciones de rodilla, tras caer al suelo y salir gateando de una Copa del Mundo. Tras no volver a ser el mismo nunca más. 

Torres, con el Chelsea / ANDY HOOPER
Hoy, Torres, aunque bien físicamente, parece algo más lento, tosco, descoordinado y hasta torpe, los mismos síntomas que tuvo el propio Owen. Igual que le pasó a otros muchos que no volvieron a dar el nivel tras los fatídicos problemas de rodillas. Torres duda si volver o no al equipo que le vio nacer. Hace mucho tiempo ya que, para la opinión popular, dejó de ser un delantero útil. Fernando tiene el buen recuerdo de los seguidores del Atlético como su mejor trofeo y fracasar en una hipotética vuelta sería terminar con los apoyos que le quedan. Pese a rendir a un altísimo nivel en el Liverpool, acabó saliendo por la puerta de atrás, viendo cómo los reds quemaban incluso camisetas con su nombre y su 9 a la espalda. En Chelsea, aunque le aprecian por su esfuerzo, trabajo y sacrificio, nunca tendrá el reconocimiento de haber sido determinante. La historia en Milán no parece escribir demasiadas páginas. 

Su palmarés es envidiable. Es el único futbolista en toda la historia que ha jugado y ganado una final de Mundial, Eurocopa, Champions League y Europa League. Es el único hombre que ha marcado en dos finales de Eurocopa (2008 y 2012). Los títulos colectivos harán que dentro de 30 años pase a ser recordado como uno de los mejores jugadores de la historia, pese a que de su carrera, sólo haya rendido a buen nivel en los dos primeros tercios de ella. Un jugador no es bueno o malo. La trayectoria de un futbolista tiene grises, factores y variables que condicionan una carrera. A los jugadores no se les olvida, de un día para otro, cómo se juega a esto del balón. El fútbol es una máquina que tritura y devora a un ritmo imparable e inimaginable.

Torres anotando el gol que le dio a España la Eurocopa 2008, ante
la atenta mirada de Phillip Lahm / CHRISTIAN CHARISIUS 

martes, 16 de diciembre de 2014

Sergio Díaz: Tiene la cara de un nene porque es un nene

"Remember the name, Wayne Rooney!", imposible olvidar el día que el hoy jugador del Manchester United se estrenó como goleador en la Premier League. Estaba a cinco días de cumplir los 17 cuando en Goodison Park, un niño con cara de pillo, mandó a la lona el registro de 30 partidos sin perder del Arsenal con un zapatazo imparable que llegó después de un fenomenal control. Como imposible es también, dudar de que Sergio Díaz es un niño prodigio al que aún le queda mucho por recorrer pero cuyo futuro se antoja prometedor.

Sergio Díaz / LA NACIÓN
Seis minutos le bastaron el pasado 27 de junio para demostrar de lo que es capaz con la camiseta de Cerro Porteño. Salió como suplente para jugar el tramo final de un partido ante General Díaz y desde entonces no ha vuelto a ver un encuentro comenzar desde el banquillo. Un mes después, también ante el mismo rival, se estrenó como titular con el dorsal número 18 a la espalda y con su portero, Barreto, haciendo las labores de mentor antes del pitido inicial. "Tiene la cara de un nene", decía el comentarista de la cadena paraguaya que emitía el partido. "Es que es un nene", le rebatía quien le acompañaba durante la emisión. Entonces sólo contaba con 16 años y 3 meses.

Sergio Ismael Díaz Velázquez, conocido sólo como Sergio Díaz, nació el 5 de marzo de 1998, aunque en muchas bases de datos figura erróneamente que vio la luz en diciembre del mismo año. Es el penúltimo de seis hermanos y desde hace unos meses, el nuevo ídolo del fútbol paraguayo. Ya le apodan 'El Kun de Cerro Porteño' por su semejanza con Agüero en varios aspectos, como el estilo de juego y precocidad. Él, encantado con la comparación. El hoy delantero del Manchester City es su ídolo y el espejo en el que se mira todas las mañanas. Cierto es que esa potencia en el tren inferior, tan característica de Agüero, también acompaña a Díaz en estos primeros pasos en la alta competición. La facilidad para recibir de espalda, dar la vuelta y regatear, o para cambiar de ritmo, también le acercan al estilo del argentino. Además, los dos comparten nombre y debutaron a temprana edad. En el 'Ciclón' (como se conoce a Cerro) no recuerdan una promesa similar desde que en sus filas militó Juan Manuel Iturbe, que ahora triunfa en la Roma.

Sergio nunca da un balón por perdido, quizás fruto del ansia de la juventud, de no perder el sitio que se ha ganado y sus compañeros le tienen como uno más desde el primer día. Sin ir más lejos, el día que debutaba como titular le dieron cinco pases en los dos primeros minutos de juego. Comparte delantera con un viejo conocido del fútbol español como Dani Güiza, con el que se entiende a las mil maravillas, pese a que él no se considere un punta nato. "Soy delantero, pero me muevo más por fuera, con movilidad constante y con participación en el juego", afirma. Le encanta caer a las bandas, donde puede encarar en el uno contra uno y dar rienda suelta a su interminable registro de recursos en el regate. Quizás fruto de la juventud y el físico (no llega al 1'70m) intenta salir del cuerpo a cuerpo para equilibrar la balanza. Ya le pasó al propio Agüero, condenado a ser un enganche incluso en sus primeros años del fútbol europeo para hoy ser un goleador nato.

Díaz llegó a Cerro Porteño casi de rebote, pues militaba en las inferiores de otro club del país, como Tacuaray. Diez amigos y él, que querían jugar juntos, decidieron probar suerte en el 'Ciclón', y desde entonces no se ha quitado la camiseta azulgrana. Sólo unas semanas antes de debutar, Díaz asombraba y fueron los más de 30 goles con el equipo Sub15 los causantes de que fuera a probar con los mayores, con los que ya ha jugado 20 partidos entre partidos de competición liguera y Copa Libertadores en los que ha marcado 8 tantos.

"Cuando llegamos al equipo y empezamos a preparar los partidos decidimos llamar a Sergio Díaz para el encuentro ante el Olimpia. Me llamó la atención la personalidad que tiene para su edad. Es un niño, pero tiene el comportamiento de un adulto", señalaba Hernán Díaz, su entrenador. "Tenemos que cuidarle, porque es joven y a esa edad se puede cometer errores", añadía. Uno de esos fallos, posiblemente, lo tuvo en el encuentro ante el Luqueño el pasado mes de noviembre. El equipo perdía por un tanto y él, en una acción individual, no pudo igualar el partido cuando tenía todo para hacerlo. Unos puntos que pudieron resultar cruciales en el desenlace final del campeonato, que se terminó llevando Libertad. Fruto de esa jugada, corrió el rumor de que tuvo una pelea en la que un compañero llegó a agarrarle del cuello y agredirle, algo que poco después se desmintió.

Díaz, celebrando un tanto / ÚLTIMA HORA
Aún en pleno bautismo, su llamada para jugar con los mayores condicionó toda su vida, así como la de su familia. Su padre pidió un permiso especial en el trabajo para ausentarse durante los entrenamientos y así poder llevar a su hijo hasta el campo. "Antes iba en autobús, pero ahora no puede", dice su madre Miguela. Y es que Sergio ha pasado de ser uno más en el Barrio Obrero a convertirse en toda una estrella a la que le resulta imposible caminar por la calle ante el acoso popular. "No queremos que nadie le haga daño, que vaya por ahí sólo es muy peligroso, además aquí ahora hay mucha inseguridad", añade Miguela. Por eso el padre hace las labores de chófer con el coche que le ha regalado Yanick Delmás, representante de Sergio.

Su primer tanto como profesional no llegó hasta nueve partidos después de su debut y fue precisamente de la manera más impredecible, con su mayor carencia: la cabeza. Con el 22 a la espalda (número que ha alternado con el 18), el 'Chiquilín' (su otro sobrenombre hasta la fecha) remató en la línea de gol un centro desde la esquina prolongado por un compañero, señalando con ímpetu el escudo del equipo que le había dado la oportunidad y con una sonrisa de oreja a oreja. Un testarazo, "¿Quién iba a pensarlo, de cabeza?", decían en Paraguay, que dio los tres puntos a Cerro y supuso la apertura de la caja de pandora, y es que Díaz, enamorado del sabor que tiene mandar el balón a la red, no ha dejado de hacerlo desde entonces. Uno más en la siguiente jornada, otros dos tantos en la siguiente (que supusieron otra victoria) y una nueva racha de tres encuentros seguidos anotando el pasado mes de noviembre completan su calendario goleador. 

Lo ha hecho de todas las maneras. De cabeza, con la derecha, picando el balón, al primer toque... Su sangre fría para hacer un control con la rodilla casi en el área pequeña para fusilar después al meta de Sol de América ha dado la vuelta al mundo. Al 3 de Febrero le vacunó en cinco minutos con dos dianas. La primera, poniendo el balón en la escuadra desde fuera del área tras una gran acción de Güiza; la segunda, para el recuerdo, con continuos cambios de ritmo en diagonal desde la frontal, dejando atrás hasta a tres rivales a los que manejaba cual marionetas en una jugada que podría firmar el propio Agüero e, incluso yendo más allá, Leo Messi. "Un gol de auténtico crack", definían los comentaristas, que siempre acompañan cada gran acción de Díaz con la coletilla "el juvenil". Imaginen la cara de los jugadores y entrenadores rivales cuando Sergio les saca los colores. "Nos ha ganado un niño", deben pensar. Sí, un niño prodigio.

Más allá fue con el portero del 12 de Octubre. Primero le hizo una vaselina, picando el balón cuando salía a por todas y luego marcó un tanto de oportunista, con el meta batido. Y es que, los porteros son su víctima favorita. Le bajan las pulsaciones cuando tiene a uno enfrente y no duda a la hora de darle el golpe mortal. Como hizo con Guaraní, aprovechando un error defensivo y remontando él sólo el partido en la que hasta hoy es su última diana. Tuvo críticas al principio, sobre todo en esos ocho partidos en los que su desparpajo no era suficiente y el nulo acierto goleador no acompañaba. "Condiciones le sobran y juega porque está preparado para ser titular", decía su entrenador. "Cada día mejora y eso se nota", destacaba.

Sanabria (I) y Sergio Díaz (D), con
la selección paraguaya Sub 20 / IP
Su pierna natural es la derecha, pero asombra la facilidad que tiene no sólo para golpear o asistir con la izquierda, sino para conducir la pelota con la zurda. Una cualidad determinante a la hora del regate. No sabes por dónde va a salir de él. No juega como referencia en punta, de momento, y se mueve como pez en el agua tanto como enganche como en los dos costados. Siempre se ofrece para el pase y no duda en bajar a recibir al centro del campo cuando el juego está atascado. Su cambio de ritmo y el juego en una baldosa hasta la fecha es su mejor arma, pero su futuro se antoja arrollador cuando adquiera experiencia y físico.

La vida del futbolista es muy corta y el destino puede ser muy cruel con un niño que apenas está empezando en esto y que no sabrá donde está mañana. Por eso, su madre le obliga a estudiar, aunque le han permitido abandonar momentáneamente el colegio. "La idea es que vuelva el curso que viene", señala su madre. "A mí me cansaba mucho estudiar después de venir de los entrenamientos. Además, después de salir al campo, yo sólo quería ser futbolista", añade él. 

Cuatro grandes clubes del mundo ya se han fijado en él, según revela Juan José Zapag, presidente de Cerro, que intenta calmar el interés. "Es muy joven, nosotros necesitamos que siga rindiendo alto y puedo confirmar que no se va a mover de aquí como mínimo en los próximos dos años". Sergio sueña con la selección. "Aún no me han llamado, pero sé que si sigo así, pronto podré estar con ellos" y podría ser uno de los elegidos para disputar el próximo Campeonato Sudamericano Sub 20 que se celebrará en Uruguay entre el 14 de enero y el 7 de febrero. De momento, ya ha entrado en una lista de 21 jugadores que lidera el ex jugador del Barça y ahora en la Roma Tony Sanabria que viajó ayer para concentrarse y disputar tres encuentros que servirá al seleccionador para tomar la decisión definitiva. Habrá que estar atentos a los progresos, porque 'El Kun de Cerro Porteño' no parece tener techo. Sergio Díaz, remember the name...

Sergío Díaz controla un balón / ÚLTIMA HORA



viernes, 12 de diciembre de 2014

Once decepciones de la temporada (y alguna más)

Cada vez que se abre el mercado de fichajes, los presidentes, jeques y los manager con poder sacan sus relucientes chequeras a pasear. Cifras con innumerables ceros nublan la visión de muchos de las traspasos, que acaban cayendo en saco roto. ¿Quién no se acuerda del fracaso de Kaka', tras pagar por él una millonada? ¿Qué decir de Shevchenko, qué cambió Milán por Londres cuando era el mejor jugador del mundo y acabó siendo un quiero y no puedo en Stamford Bridge?

Son muchos, la mayoría, los que acaban triunfando, rayando al nivel que se les presupone. Con todo, no es menos cierto afirmar que los fiascos más sonados acaban por encabronar a aquellos que apostaron por los jugadores menos lucidos. Fellaini y Soldado, por quienes el año pasado se pagaron millonadas, parece que empiezan a ver la luz al final de túnel en esta su segunda temporada en sus clubes.

La lista para este año es de categoría, con nombres capaces para llegar a lo más alto venidos a menos por diferentes motivos:

Jan Oblak, en su presentación / ATLÉTICO DE MADRID
Oblak (Atlético): La portería tiene dueño y ese es Jan Oblak. El esloveno, fichaje de relumbrón del Atlético, llegó para cubrir la sonada baja de Courtois. No en vano, los 16 millones que pagó por él el club del Manzanares no eran más que una forma de cubrirse las espaldas y de no cometer por segunda vez el error que en su día hicieron no fichando al belga. Oblak, que partió con desventaja por estar lesionado, se ha visto relegado a la suplencia por Moyá y no ha sabido aprovechar sus oportunidades cuando las ha tenido. No tuvo suerte en El Pireo cuando, ante el Olympiacos, encajó tres goles en un mal partido global. Inédito ante el Hospitalet, una Copa del Rey complicada como la que tiene el equipo rojiblanco es un arma de doble filo: Oblak puede sufrir la presión de medirse pronto ante los mejores con mucho que demostrar; o puede al fin empezar a amortizar por qué se pagó tal cantidad de dinero por él. No andan lejos en la disputa del puesto Ter Stegen y Keylor Navas. El primero, en el Barça, ha sido relegado a la suplencia y sus partidos en Champions han dejado dudas mientras que el del Real Madrid no supo aprovechar las horas bajas de Casillas y tampoco ha dado seguridad cuando Ancelotti le ha dado la oportunidad. 

Douglas (Barcelona): Le ficharon como hombre de futuro, deprisa y corriendo ante una posible espantada de Dani Alves que se uniría a una prohibición de fichar que dejaría coja la plantilla. El perfil del jugador, brasileño, carrilero, que invitaba a pensar en un jugador de características similares al propio Alvés, Adriano, Marcelo, aún no se ha podido ver y en los dos partidos que le ha dado Luis Enrique ha sido el centro de las críticas. 

Lovren (Liverpool): Fueron 25 los millones de euros que puso el equipo red encima de la mesa para llevar a Anfield a este croata que a tan buen nivel había rendido en el Southampton. Su juego aéreo potente (en las dos áreas), su temple con la pelota y su seguridad al corte, acompañado todo de un gran envío en largo fueron motivos más que suficientes para que Brendan Rodgers se lanzara de cabeza a por este central. Quizás la presión de jugar en un grande y el hecho de que el equipo no acompañe, Lovren no sólo no ha destacado sino que se ha hundido y en las últimas jornadas el veterano y casi retirado Kolo Toure le ha desplazado al banquillo. 

Vermaelen (Barcelona): Llegó lesionado y así sigue. Los jugadores no son buenos o malos y ya está, o no dejan de ser de un grupo para irse a otro. También hay grises, colores intermedios que condicionan carreras y el de Vermaelen se pinta con lesiones. Uno de los mejores jugadores europeos en su posición hace sólo unos años que ahora no sale de la enfermería. Apartado del grupo, en el gimnasio o haciendo carrera en solitario, el caso es que Vermaelen, por el que el Barcelona pagó un pastizal, aún no ha debutado y si lo hace esta temporada sería prácticamente al final de ella, con todos los títulos por decidir. Bien podría estar en esta lista Mangala (Manchester City), por cuya mitad del pase pagó 40 millones el equipo de Pellegrini y parece no haberse adaptado aún a la Premier. Lento al corte y con despistes defensivos, no es titular indiscutible pues el veterano Demichelis lo está poniendo difícil.

Luke Shaw, durante un partido con el
 Manchester / MARTIN RICKETTS / PA
Luke Shaw (Manchester United): Fue uno de los culebrones del verano. ¿Shaw al Chelsea o al Manchester? Por momentos parecía que este chico maravilla, que acudió al Mundial  y llevaba un par de años llamando a la puerta de los grandes se iba a comer el mundo continuando con su interminable progresión, pero no ha sido así. El sistema de 3-5-2 que ha intentado implantar Van Gaal le podría venir incluso mejor que el tradicional 4-4-2 al que él estaba acostumbrado. Un carrilero largo, con muy buen golpeo de balón, muy capacitado tanto en tareas defensivas como ofensivas y un físico prodigioso para un chico tan joven. Incansable. Sobre el papel es muy bonito pero la realidad es bien distinta. Un extremo reconvertido como Ashley Young le ha ganado la partida. También ha jugado ahí Marcos Rojo y no dejan de sonar posibles refuerzos como Baines para ocupar el puesto de un chico que costó algo más de 35 millones de euros. No está sólo en esto, viene pegando fuerte Filipe Luis, curiosamente el fichaje por el que se decantó el Chelsea cuando Shaw decidió ser un red devil. El brasileño se ha visto relegado a la suplencia en el carril izquierdo por un lateral derecho como Azpilicueta, ojito derecho de Mourinho. Por méritos propios, eso sí. Para cerrar la ecuación, Siqueira, que firmó por el Atlético para tapar la baja de Filipe, tampoco se ha ganado el sitio y sólo la lesión del cedido Ansaldi le ha otorgado minutos.

Ander Herrera (Manchester United): Otro fracaso millonario del equipo de Van Gaal. No ha sabido adaptarse al ritmo de la Premier y de momento no es el creador de juego que se le presuponía. Se ha visto adelantado por Fellaini, que el año pasado ocupaba esta lista y ha llegado a jugar con el equipo reserva. Sólo las lesiones de Carrick y sobre todo la de Blind le han brindado de minutos en la actualidad. Tuvo un buen inicio de temporada, pero su caída fue en picado y sin frenos. Aún tiene media temporada para resarcirse.

Rodwell (Sunderland): Era el nuevo niño maravilla del Everton sólo hace unos años y dio un salto de varias alturas fichando por un Manchester City que tenía excedente en esa posición y donde prima más el precio de jugadores ya hechos que el crecimiento de futuras estrellas. Salió al Sunderland con el objetivo de reconducir su carrera y en el primer tramo de la temporada, de momento, ha fracasado.

Cerci (Atlético): Llegó a última hora en el mercado de fichajes y por cómo se desarrolló su culebrón parece que ni él era la primera opción del Atlético ni el equipo colchonero era el destino que el italiano quería. Los 16 millones de euros de su traspaso ponían el listón bien alto a un jugador que de momento es una decepción en España tras haber visto de lo que es capaz en el Calcio. En el banquillo o en la grada, ha demostrado con cuentagotas su potente punta de velocidad y su gran disparo desde lejos en los contados minutos que le ha dado Simeone. Con ganas de hacer demasiadas cosas en el poco tiempo que le dan (o que se gana), no ha sabido de momento complacer a nadie y no parece que su situación pueda mejorar a corto plazo.

Cabella, con el Newcastle / SERENA TAYLOR
Cabella (Newcastle): Iba a ser el periscopio del equipo, aquel que debía hacer olvidar a Cabaye tras su fuga al PSG y de momento se pasa los partidos entre bambalinas. Cierto es que empezó como titular y se metió a la afición en el bolsillo con acciones de cara a la galería, pero no ha tenido constancia. La irregularidad como sello distintivo, ha desaparecido sobre el campo cada vez que se había ganado los minutos con buenas actuaciones. "Actualmente no está preparado para el nivel de la Premier", confirmó ayer su entrenador.

Marko Marín (Fiorentina): Un habitual en estas lindes. Puso el listón bien alto cuando era un imberbe que fascinaba en la Bundesliga y ahora se le mira siempre con las expectativas en todo lo alto. Nunca triunfó en el Chelsea y cuando mejor estaba el año pasado en Sevilla cayó en la pesadilla de las lesiones. Ahora, en Florencia y en una liga que presumiblemente no se adapta a sus características, pasa las jornadas viendo a sus compañeros desde la banda.

Fernando Torres (AC Milan): La joya de la corona. El volver a sentirse importante en un gran club (venido a menos) hacía pensar que las mejores tardes de Torres podrían verse de nuevo. Su comienzo de temporada fue bueno y desde entonces no ha aparecido. Relegado al banquillo en un equipo que no genera juego ofensivo, todo hay que decirlo, los rumores de que el club italiano quiere acabar con su cesión no invita a pensar que vaya a hacer carrera en San Siro. No mucho mejor le van las cosas a Balotelli (Liverpool). El italiano, que antes ocupaba el puesto de Torres, ha sido la gran decepción del Liverpool esta temporada, donde no ha podido hacer olvidar al hoy culé Suárez, pero tampoco ha aprovechado la baja de Sturridge por lesión y el mal momento de forma física de Lambert. También podría ser nuestro delantero Falcao (Manchester United), que no ha vuelto a dar la talla desde que salió del Atlético. Las lesiones, cierto es, le han privado de minutos en Old Trafford.

Fernando Torres, en un partido con el Milan / EFE