viernes, 11 de julio de 2014

Un capitán sin brazalete

Único deportista argentino de la historia que tiene dos medallas de oro en unos Juegos Olímpicos -junto al jugador de polo Juan Nelson-, Mascherano debutó en la selección absoluta de Argentina cuando aún jugaba en el filial de River Plate, un caso inédito en la historia del fútbol: jugar antes con la selección de tu país que con la primera plantilla de tu club. Su primer partido como profesional fue con el equipo de su vida: Argentina. Lo hizo ante Uruguay y sólo tenía 19 años.

"Mi equipo será Mascherano y diez más", fueron las primeras palabras que pronunció Diego Maradona, allá por 2008, cuando se hizo cargo de la selección albiceleste. "Convencí a Masche para que fuera capitán. Sentía que lo necesitaba para mi etapa como seleccionador porque tiene lo necesario para contagiar todo al grupo", añadió. Por aquellos entonces, Javier Mascherano, el Jefecito, acababa de cumplir 24 años y tenía un reto enorme por delante. Iba a ser el líder de la nación que vive por y para el fútbol, donde perder nunca es una opción.

"Como capitán lo importante es saber escuchar a todos. No significa que por llevar la cinta tengas que ir hablando siempre con cada jugador, sino que tienes que decir la palabra justa en el momento adecuado. Llevar esta cinta es un orgullo, pero no me va a volver loco", admitió al poco de conocer su nombramiento, pese a que fue reacio a aceptar el cargo en un principio y Maradona tuvo que insistir. El dueño de la camiseta con el número 14 (llevó la 8 en sus inicios) afirmó sentirse admirador de Simeone, que también usó los mismos dorsales, y de Almeyda de quien aprendió mucho, aunque asegura que uno de sus referentes en el fútbol fue Makelele.

"Siempre he sentido que los compañeros escuchaban mi voz". La salida de Maradona también acabó derivando en la cesión del brazalete de capitán de Mascherano a Messi, que lo hizo con "orgullo y admiración". Junto a ello, Masche abandonó el Liverpool y fichó por el Barcelona, adaptó su posición en el campo para jugar de defensa, donde ha tenido luces y sombras, por petición de los entrenadores y de las carencias del equipo en esa posición. No volvió a brillar como lo hacía en el centro del campo de Anfield, donde ningún jugador era bienvenido a pasar con la pelota controlada de la línea divisoria.

Sacó del Camp Nou un mejor toque de balón, su punto flojo, que luego aprovechaba con la selección. Con la albiceleste, de vuelta a la parcela ancha, hacía recordar nuevamente sus mejores partidos en el Liverpool, pero en versión mejorada. Al derroche físico, precisión al corte y omnipresencia incorporó la salida de balón obtenida en el equipo catalán.

Llegó al Mundial 2014 siendo el centro de todas las miradas. Parecía en la puerta de salida del Barcelona (hasta que llegó Luis Enrique y pidió que se quedara) y el torneo en Brasil le ha devuelto a la cumbre del fútbol. "Casi nadie jugó bien en el debut", se defendió el Jefecito, haciendo referencia a los malos partidos de las grandes selecciones cuando le preguntaron por el encuentro inaugural de Argentina ante Bosnia.


No se arrugó ante Shaqiri, que venía de hacer un Hat Trick y motivó a todo su equipo ante Bélgica en cuartos. "Estoy cansado de comer tanta mierda. Vamos a ganar y a entrar en la historia", les dijo. Lo están haciendo. Entre medias, se comió a Fellaini y Witsel, que le sacan más de una cabeza, tanto en lo futbolístico como en la guerra de guerrillas.


Ante Holanda dio un recital de cómo defender y cómo liderar mientras Messi, con la cinta de capitán, caminaba por el campo con más pena que gloria (es el jugador de todo el torneo que menos distancia por minuto corre, obviando a los porteros). El '14' secó a Robben, uno de los mejores de todo el torneo y estuvo providencial arrebatándole el gol en el descuento con un corte que le provocó una lesión muscular (con la que jugó toda la prórroga y con la que disputará la final) y que hizo recordar a la última Champions ganada por el Barça, cuando el Jefecito le sacó una parecida a Bendtner en las eliminatorias. "Qué puedo decir... Me abrí el ano en esa última jugada y por eso sufrí tanto dolor", confesó. Antes, en la primera parte, había quedado KO tras un cabezazo con Wijnaldum, se mareó y casi pierde el conocimiento. Cuando le dijeron que iba a ser retirado en camilla, se negó, se puso en pie y volvió al césped.

El jugador que se ofreció a jugar en River Plate, el equipo que se lo dio todo, cuando descendió a Segunda. Aquel que, sea culpable o no, hace autocrítica y asume responsabilidades. El mismo que da las charlas antes y después del partido (también en los descansos), que hace callar a Alejandro Sabella y que, mientras todos se refrescaban para la tanda de penaltis y trataban de recuperar sensaciones, fue corriendo para animar y darle su fuerza a Sergio Romero. "Escúchame, hoy cambia la historia, hoy tú te conviertes en el héroe", le dijo a Chiquito, que lo miraba atento como un padre mira a un hijo, para después darle un beso. Se le pudieron leer los labios gracias a las cámaras de televisión. Después del partido, Romero añadió más frases de la arenga: "Me dijo todo iba a cambiar, a dar la vuelta, que después de un año tan duro para mí donde he sido tan criticado este iba a ser mi momento". No se equivocaba. Romero, luego, se lo agradeció con una abrazo de hermanos.


"Cuando dije que Argentina eran Máscherano más 10, algunos se reían, pero hoy ya no lo pueden hacer", se enorgullecía Maradona tras el pase a la final, sabedor de que el pueblo argentino ahora entiende esa decisión, quizás la única buena que tomó como seleccionador. "Masche se merece el reconocimiento de la gente", terminó. No levantará la Copa si pierden, tampoco lo hará si ganan. El jugador con mejor porcentaje de pases acertados en todo el torneo y el tercero que más balones recupera. Incansable corriendo con o sin balón, aquel del que se decía que tenía un motor en el pecho en vez de corazón (por una campaña polémica de Fiat llamada 'El Caso Mascherano'), es el líder de está selección. No lleva el brazalete, no le hace falta, todos saben quién es el que manda en el vestuario. "Es un baluarte dentro del campo, es un símbolo, siempre lo da todo. Todos los entrenadores que ha tenido en su carrera se lo han querido llevar. Eso es por algo", puntualizó Sabella.

El mismo que ha generado una campaña en las redes sociales, donde los argentinos creen que si se fuera él sólo con un cuchillo a recuperar las Malvinas, conquistaría Gran Bretaña entera. Aquel del que dicen que, cuando Armstrong pisó por primera vez la Luna, ya esta allí esperando para decir al astronauta aquello de "Hoy cambias la historia, hoy te vas a convertir en héroe". Dicen de él, en tono irónico, que tras ganar a Holanda se fue corriendo al hotel en vez de subir al autobús porque para él la semifinal sólo era un calentamiento. Ese al que los argentinos se refieren, ahora sí, como el hombre que todo lo puede.




lunes, 5 de mayo de 2014

Nueve minutos infernales

Corría el minuto 53 cuando, tras un fallo de Sturridge en el remate, los miles de seguidores de Selhurst Park no sabían lo que iban a vivir en sus carnes. Los del Liverpool, ni se imaginaban que iban a pasar del éxtasis al infierno en tan sólo nueve agónicos y fatídicos minutos. El delantero inglés conseguía, tras una gran jugada individual, poner el 0-2 en el marcador. Sólo dos minutos más tarde, Caimán Luis Suárez aumentaba un gol más la renta y los miles de reds en las gradas soñaban con lo imposible. El uruguayo, lejos de celebrar el tanto, recogía el balón de la red para no perder ni un instante. La consigna era clara: la Premier se ganaba haciendo lo impensable, ganando el golaverage al City de Pellegrini.

Y por unos momentos, pareció que los visitantes podrían conseguirlo. El asedio fue brutal tras el tercer tanto. Sterling tuvo en sus botas la más clara, Suárez no acertó al regatear al último jugador, dos balones que se marcharon por poco y otros tantos que detuvo el meta rival. 11 goles - sin encajar- debía sacar el equipo de Rodgers en dos partidos para, como mínimo, tener opciones de vencer la diferencia de tantos. Los antecedentes no eran malos del todo. En la presente temporada, seis goles cosecharon ante el Cardiff, cinco le endosaron al Norwich, Tottenham, Arsenal y Stoke, cuatro fueron los tantos que le hicieron a WBA, Fulham, West Ham, Everton y Tottenham. La única desventaja: la facilidad con la que conceden ocasiones de gol y tantos en contra. Allá por diciembre encadenaron una serie de victorias por 5-0, 5-1 y 4-1. Imposible, del todo, no era.

Pero Pulis tenía otros planes. Ese hombre que, con un poco más de mercado, sería reconocido como uno de los grandes de los banquillos por todos y no sólo por unos pocos. Cogió al equipo con 7 puntos en la jornada 12. Descendido para todos, menos para él, y lo ha metido con más de 40 en la zona noble. Nueve minutos en los que el Palace dio una exhibición de contragolpe y efectividad. Un gol cada 3 minutos, de media. Goles que, según iban entrando, iban rompiendo el corazón de todos y cada uno de los reds en la grada. Los mismos que sabían, tras el segundo gol, que un tercero no iba a tardar en llegar.

Moses tuvo la última. La desaprovechó. Gerrard y Suárez lloraron desconsolados, guardándose el uno en el otro. Un inoportuno resbalón fue lo que les quitó la mano de la copa que acariciaban. En Selhurst Park, los hinchas no daban crédito. Nadie creyó en ellos cuando no contaban. Supieron remontar, machacaron a sus rivales en Anfield y cuando todo parecía de cara se desmoronó. Nadie dijo que fuera fácil. Hoy, de momento, duermen líderes.


viernes, 21 de marzo de 2014

Se busca portero

Un buen ataque gana partidos. Una buena defensa, campeonatos. Y toda defensa tiene como eje a un tipo, generalmente loco, que se enfunda unos guantes y se pone bajo palos sin más miedo del que debe tener su posición. "Ser portero es la posición más difícil. Si el delantero falla, se olvida enseguida. Si lo hace el portero, es un fallo garrafal y tiene que soportar las críticas y miradas de la gente, y ese runrún que se genera entre los miles de aficionados en las gradas", contaba el malogrado Robert Enke.

Asegurarse un buen portero es asegurarse un buen futuro. Años y años de confianza y fe ciega bajo el hombre que guarda las llaves de tu casa. En un verano que se antoja movidito bajo los tres palos.

Tibu Courtois
'Tibu' Courtois es la joya de la corona. El belga, que sólo tiene 21 años, afronta con una madurez impropia de un imberbe como él su tercera gran temporada en la portería del Atlético. Siendo propiedad del Chelsea, se ha convertido en uno de los mejores del mundo en su sitio y ha negado por activa y por pasiva ser segundo de nadie en ningún equipo. Su club de origen tiene en Petr Cech un seguro al que le puedan quedar unos pocos años al máximo nivel. La grada la quiere y los blues se han hecho grandes con ese gigante con casco bajo los palos. Así, parece que a Courtois sólo le quedarían un par de opciones. Renovar y volver a salir cedido, posiblemente al Atlético, para esperar una temporada más la oportunidad que ya lleva esperando tres, o salir vendido definitivamente. ¿Dónde? A un club con dinero. En estos tiempos que corren, el valor de los jugadores se ha multiplicado hasta valores insospechados que hacen creer que el cancerbero belga no saldrá de Stamford Bridge por menos de 20 millones de euros. Rifas al mejor postor.

Marc-Andre Ter Stegen parece que tiene billete para ir a Barcelona a ocupar el sitio que deja Víctor Valdés. Portero joven, con varios años jugando en la Bundesliga en el Borussia Mönchengladbach a muy buen nivel. Rompe con la tónica del típico portero alemán, todo físico. Curiosamente, el primer portero alemán tras Enke que tiene el club del Camp Nou y, cosas de la vida, el fallecido guardameta teutón también comenzó su carrera jugando en el 'Gladbach'. Contaba el propio Enke que "cuando llegué a Barcelona, me obligaban a jugar 20 metros por delante de lo que estaba acostumbrado. Me veía fuera de sitio e inseguro. Y eso, ya puedes ser buen portero o simplemente el mejor, que es lo peor que puede haber en el mundo para ti y para tu defensa. La sensación de inseguridad. Lo comentaba con algunos compañeros de la selección y me decían que los porteros alemanes no estábamos hechos para jugar como querían en el Barcelona, que éramos chicos físicos, de grandes reflejos, que jugábamos pegados a la portería". ¿Se habrá percatado de ello el Barcelona? El tiempo lo dirá.

Ter Stegen
Y como esto es un juego de bailes, un quita y pon, Yann Sommer será el maestro de llaves de Monchengladbach. Joven pero con experiencia. Con más de 30 partidos internacionales a sus espaldas y que se dio a conocer a todo el mundo con una excepcional Europa League. Sin duda, los alemanes han estado rápidos.

Víctor Valdés
Al que seguro echarán de menos en Barcelona es a Valdés, un muro que ha estado más de 10 años al máximo nivel y que ha dado una seguridad a la que no estaban acostumbrados en el club catalán. Valdés se va porque se ha ganado el derecho a decidir, porque se le ha valorado menos de lo que se merece y porque ya ha cumplido su función más que sobresaliente en la última década. Se habla del Mónaco, que ha empezado un proyecto para conquistar Europa, e incluso podría ser el PSG, que lo comenzó hace años y que tiene en Sirigu un gran portero de segunda fila pero que no llega al nivel del español. Otro posible destino, sin duda, es el Arsenal. Los gunners despliegan un juego similar al del Barcelona, Valdés conoce los esquemas, ha demostrado poder soportar la presión y destacaría en una liga en la que los porteros alternan actuaciones soberbias con cantadas bochornosas.

En el Real Madrid, la guerra abierta que inició Mourinho y sigue la prensa entre Casillas y Diego López no parece tener fin hasta que ambos dejen de compartir vestuario. Tras muchos años en el trono mundial, Iker se ha visto relegado al banquillo. De momento se conforma con la Copa y la Champions, pero no con el torneo de la regularidad,  y no ha dudado en afirmar que de seguir así no descartaría una futura salida. 

Buffon
En Italia, tierra histórica de grandes porteros, a Buffon se le empieza a terminar el crédito. Con 36 años y más de 15 al máximo nivel, 'Gigi' encadena un par de malas temporadas. Alterna paradas impecables con fallos garrafales, propios del mismísimo Kahn en sus últimas campañas, cuando ya no veía y la espalda no le daba más que desgracias. Tanto Italia como la Juventus deberán buscar un recambio de nivel para dos equipos llamados a torear siempre en las mejores plazas. En Turín quieren otro guardameta milenario, capaz de defender su portería durante años, igual que ha hecho Buffon. Sin duda, Mattia Perin es el hombre adecuado. 21 primaveras que han dado para mucho para este joven prodigio, tímido ante las cámaras y en su día a día, pero un lince cuando se abrocha el velcro de sus guantes. El Genoa tiene en Perin un diamante en bruto al que no dejará escapar a no ser que varios millones digan lo contrario. Junto con Courtois, Perin está llamado a gobernar durante casi dos décadas las porterías de Europa. La otra gran opción es Simone Scuffet. Con 17 años, está igualando los registros de Perin en las categorías inferiores de la azzurra y ya se ha hecho como titular en la portería del Udinese. Aunque, posiblemente, sea una apuesta aún demasiado arriesgada.

Mattia Perin
Reina, que está cedido en el Nápoles, parece haber encontrado al lado de Benítez el nivel que había perdido en Liverpool en la última campaña. Los reds se han hecho con Mignolet como portero de futuro y, aunque de momento ha fracasado en citas importantes, el belga es un portero llamado a dar tardes de gloria. Las mismas que parece estar dando De Gea en Manchester.

Fraser Forster, que parece haber encontrado en Glasgow el cariño del que le privaron en Newcastle, se ha hecho a base de paradas con un nombre en Europa. Sus actuaciones ante el Barcelona han dado la vuelta al mundo y es, posiblemente, uno de los porteros más completos del panorama actual, aunque sin cartel. Rápido de reflejos y con una buena envergadura, se defiende como pocos en los balones aéreos. Es un seguro en los penaltis y su capacidad de liderazgo está fuera de toda duda. Su nivel es tan alto que hasta en Inglaterra se han cuestionado la posibilidad de que sea el número uno de la selección por delante de Joe Hart, la niña bonita de la absoluta.

Fraser Forster

viernes, 10 de enero de 2014

Los bajitos también saben pegar

Odio eterno al fútbol moderno, para empezar. Vivimos una época en la que los grandes son más grandes y los pequeños se esconden bajo las faldas del poder de unos pocos. Y tras este pequeño inciso, continúo hablando del fútbol.

Me sorprende cada día más, salir por la calle y toparme con un caminante con una camiseta del Sporting de Gijón, del Recreativo de Huelva o del Coruxo, por ejemplo. Una vez al año cuando hay suerte. En cambio, creo que no hay día que pase sin ver a un crío que no levanta dos palmos del suelo con la camiseta de Messi o Ronaldo; a un joven con el chándal de los dos gigantes; o a un abuelo bien vestido -o mal, eso da igual- con un pin o insignia de los dos equipos más laureados de España.

Se están perdiendo las buenas costumbres, se están muriendo los equipos, y se están extinguiendo las aficiones. Lo fácil siempre es ser parte de la masa, ir donde va el pueblo y seguir a la mayoría. Y tras este pequeño inciso, continúo hablando de fútbol.

No me considero de un equipo pequeño, ni mucho menos. Es más, soy seguidor de un grande que tuvo tiempos malos, por no decir malísimos. Y siento mucha simpatía por dos equipos extranjeros que si alguna vez han tocado el cielo también han hecho sus pinitos en el infierno. Hasta llegar a desaparecer, incluso.

'Soy de un grande porque ganamos títulos, porque tenemos más copas que los demás'. Nunca hubo una respuesta más errónea en la historia del mundo, que no del fútbol. Se pierde el sentimiento, esa relación de pertenencia que te obliga, quieras o no, a ser de un equipo. Ese amor a unos colores. El sufrir cuando va bien, pero también cuando va mal.

¿Dónde está el baremo que diga que es más feliz alguien por ganar una liga que un equipo que se salva en la última jornada del descenso?

Aquellos aficionados, aunque pocos, que van a todos los partidos de su equipo en Tercera División tienen el mismo derecho a disfrutar del fútbol y a sentir por sus equipos que cualquier titán. Mucho más mérito incluso, diría yo. Y es ahí donde nace el romanticismo. Porque cuando un pequeño consigue derrotar a todos los grandes como hizo David contra Golliat y llegar hasta el final, el éxtasis llega a todo su esplendor. Sin ir más lejos, el Bradford City, de 4ª división inglesa, encontró una vía de escape la temporada pasada al derrotar a todos los gigantes que se pusieron en su camino y llegar a Wembley para medirse a un Swansea que los destrozó. 

Porque el 'tenemos 9 Champions' no es la respuesta a todas las preguntas y no supone la felicidad absoluta. Hay quienes disfrutaron más con 9 derrotas y un descenso con su equipo que otros que ganaron una competición liguera. 

Porque mientras exista un sólo seguidor, calado de arriaba a abajo, en un patatal inmenso cubierto por el barro sujetando una bandera, llevando una camiseta o con una bufanda al cuello, el fútbol será bonito, romántico, puro y verdadero. Porque a ellos nadie les entiende y no tienen remedio. Y eso les encanta.



jueves, 12 de diciembre de 2013

Don Raúl García, tenga compasión y perdónenos

Debutó con 18 años -nada más y nada menos que en el Camp Nou- hace ya casi 10 temporadas, ante un Barcelona que Rijkaard comandaba y que aplastaba rivales al ritmo al que bailaba Ronaldinho. Con 19 ya estaba asentado en el primer equipo de Osasuna, siendo un jugador fundamental en los esquemas de Javier Aguirre, el entrenador que le hizo debutar y que le fichó para el Atlético de Madrid años después.

Y es que el conjunto rojiblanco, que acababa de perder a Torres, buscó recuperar la ilusión de sus fieles seguidores a base de talonario. Forlán primero, Simao después y Raúl García entre medias fueron los fichajes más caros de aquel verano para un equipo histórico que llevaba más de una década histérico. En una maniobra maestra, Raúl recaló en la ribera del Manzanares a última hora, cuando parecía que lo tenía hecho con el Valencia tras rechazar a varios conjuntos de Inglaterra. 12 millones eran muchos y había que amortizarlos.

Recuerdo que su primera temporada fue soberbia. Era año de Eurocopa -aquella que terminamos ganando con un gol del mejor Torres ante una Alemania que acabó sucumbiendo ante el poderío de los de Luis Aragonés- y Raúl, aún con 21 años, era un baluarte en la Sub 21. Fue el verdadero pulmón del equipo colchonero durante toda la temporada, y no fue fácil. Reinó en un sistema irreal de 4-4-2 que siempre acababa siendo un 4-2-4 con Simao y Maxi apoyando al Kun y Forlán acompañado del mejor Maniche que se ha visto en el Calderón. El balón no circulaba por el medio. Nadie daba un pase bien dado y se vivían partidos de auténtico vértigo en los que se llegaban a ver 5,6 y 7 goles en sólo 90 minutos. Pero Raúl era el rey del alboroto. A mitad de temporada todo se truncó, o eso parecía. Maniche se rebeló contra Aguirre y acabó cedido en el Inter y el navarro se quedó sin pareja de baile en la medular. Cléber no daba la talla y Maxi era un parche que aportaba lo poco que podía. Fue entonces cuando apareció, más grande que nunca, Raúl García. Se multiplicó en el medio para sostener, él sólo, a un Atlético que terminó entrando en Champions muchos años después. Cabe destacar, claro está, la irrupción de un pequeño prodigio de 17 años a su lado que se doctoró ante el mejor Barça llamado Nacho Camacho que prometía más de lo que ha terminado siendo.

Y como ahora vienen las críticas, que no son pocas, justo es decir que en la afición colchonera quedó un sabor amargo cuando el navarro no fue incluido en la lista de Aragonés para ir a la Eurocopa. Una temporada después, el fichaje de Assunçao y la vuelta de un indultado Maniche le llevaron al banquillo en más de un partido. Raúl, habiendo perdido el sitio, no acabó de dar con la tecla en el centro del campo. El Atleti, con un juego más pausado, no encontró en el navarro ese jugador de gran pase y distribución que se le suponía y, aunque jugó mucho, acabó en el ostracismo, cambiando esos estruendosos aplausos que había levantado por leves pero dolorosos pitidos por su mal hacer.

Tres largas e interminables temporadas en las que Raúl conoció la cara más amarga del fútbol. Ni Abel, ni Quique, ni el propio Aguirre que le había descubierto dieron con la tecla. Ni estaba ni se le esperaba. No acertaba con los pases, no realizaba con éxito controles sencillos y perdía balones en posiciones demasiado comprometidas. Perdió su sitio en el 11, abandonó su confianza y se olvidó que él llevaba un jugador de fútbol dentro. Nadie se había dado cuenta -quizás cegados por su gran primer año en el Calderón- que Raúl no era mediocentro. Tres largos e interminables años en los que yo, dentro del coliseo atlético, he lamentado cada uno de los balones que perdía, he gritado y me he enfadado por cómo un profesional podía cometer esos errores de bulto y podía mostrar un nivel tan bajo. Recuerdo cuando se dejó barba y entre los compañeros del sector se debatía si lo había hecho para camuflarse y que el aficionado no le pitara y silbara.

Abuchearle se volvió sistemático. Anunciaban su nombre en los videomarcadores, y pitada que te crió; tocaba el primer balón, y los silbidos se hacían notar por encima de todas las cosas.

Entre medias, fue uno de los grandes culpables de que el equipo colchonero ganase la Europa League de 2010 formando un medio con poco toque y mucho músculo al lado de Assunçao. Una semana después, vio desde el banquillo cómo el Sevilla se llevaba la Copa del Rey y lloró desconsolado como un niño al terminar el partido sobre el césped del Camp Nou, ese estadio que le había visto debutar.

"Raúl siente mucho al Atléti", me dijeron. "Le duele muchísimo que la grada le pite, y le molesta cuando le asocian con otros equipos. Quiere triunfar de rojiblanco". 

Sentí pena por un segundo. Luego pensé que había miles y millones de personas que darían su vida por jugar en el club de sus amores, pero por aptitud y no actitud no podían hacerlo. ¿Por qué iba a ser distinto el navarro?

"Molesta mucho que se pite a un jugador cuando tiene el balón, un jugador que da todo por el equipo, que lucha como nadie. Quiero pedir a la afición que tenga más paciencia con Raúl", decía Tiago, compañero de equipo y su principal competencia para un puesto en la titularidad.

"Es el peor jugador que he visto -aunque decía lo mismo de Valera- en el fútbol. No sabe dar un pase y no hace ni un control bien", me decía mi amigo Gabriel. En realidad dolía que tuviera tanta razón.

Y a él nadie le comprendía. "Me piten o no, siempre voy a querer lo mejor para este club", señaló el protagonista de esta entrada tras una mala actuación del equipo en general y suya en particular acompañada de la ya más que repetitiva pitada al unísono del Calderón. Y cuando parecía condenado al ostracismo, tras un año cedido en Osasuna donde jugó en la mediapunta e hizo un año más que aceptable, llegó el momento Simeone.

"Con lo bien que lo ha hecho cedido, a ver si alguien nos da un par de millones por él", decían. Simeone, tres entrenamientos después de trabajar con él, le declaró intransferible. Con confianza, trabajo y minutos en la mediapunta, Raúl García, dos años después, se ha ganado a toda la hinchada colchonera. Con más esfuerzo que nadie se ha trabajado un perdón que ha tardado más de la cuenta pero que sabe a algo más que a gloria y satisfacción.

Por la derecha, por la izquierda, por el centro y incluso de delantero, con el '8' a la espalda y casado con el gol, el navarro vive la mejor época de su vida con Simeone como su principal valedor y el orgullo de estar donde está por merecimiento propio. Nadie le ha regalado nada y ha tenido que hacer más del doble que los demás para conseguir la mitad del reconocimiento. Le va en los genes. 

Y es que si el año pasado ya terminó bien y marcó algunos goles cruciales, los 9 que lleva a estas alturas de la temporada han enamorado a la afición que primero le aplaudió y luego cogió por costumbre los abucheos. Y no sólo los goles, sino ¡qué goles!

"A Raúl García no le doy los minutos que se merece", dice Simeone, su máximo valedor. "A un chico que trabaja como él me da pena no darle más tiempo". Un Raúl García que ha vuelto para quedarse. Que ya no puede ocultar esa sonrisa detrás de una frondosa barba por triunfar en el equipo de su vida, al que idolatra y siente por encima del equipo al que ama y del cual salió. Un Raúl García que sólo encontró la tregua de la afición cuando defendió los colores rojiblancos de las burlas de Cristiano Ronaldo con aquella famosa 'espaldiña'. Un Raúl García que igual no se merece el Balón de Oro ni acabará jugando con la selección española, pero que merece la medalla de la Real Orden del Mérito Deportivo como nadie. Un Raúl García que, por segunda vez, y esta de verdad, es feliz en su casa.

Don Raúl, perdónenos. Tenga compasión y entienda que todos nos equivocamos. Y gracias.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Lo que funciona no se toca

Existe una máxima en el deporte en general y en el fútbol en particular que defiende la teoría que se presenta en este título: lo que funciona no se toca.

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer es una célebre frase que bien podría reflejar a las mil maravillas lo que se quiere decir con esta entrada. Y es que, si hay algo que funciona ¿Por qué cambiarlo? Es cierto que se puede ir a mejor pero, ¿Por qué jugársela e ir a peor? Riesgo cero.

Es por eso que en el Real Madrid juega Diego López y no Casillas. Diego, ese guardameta infravalorado y enemigo público número uno de unos pocos que tienen el poder de convencer a otros muchos por el simple hecho de haber coincidido con Iker en el conjunto blanco. El mismo Diego que sería ídolo de haber aparecido 5 años más tarde en el mismo sitio o en la actualidad en cualquier otro y no sería objeto de los insultos y desprecios, sino que más bien originaría halagos. Porque el capitán, que ahora está cogiendo ritmo en Champions -esa competición en la que López mantuvo al Real Madrid vivo con su actuación en los partidos frente al Manchester-, llevaba sin disputar partidos de alta competición cerca de un año sin mostrar el nivel al que realmente estaba. Más allá de forofismo de bufanda y no de coherencia. Y es que, Mourinho primero y Ancelloti después, saben que lo que funciona no se toca.

Es por eso que en el Atlético de Madrid juegan 11 siempre y unos pocos en contadas ocasiones. Por ejemplo, Alderweireld ha llegado de un equipo menor para ocupar una asiento en el banquillo y jugar cuando los otros dos -Miranda y Godín- no estén disponibles. Y tan importante es esta regla, que es bastante probable que el belga sea mucho mejor central que los dos que tiene por delante y le privan de minutos. Pero en el Calderón ganárselos está caro y más en una defensa que es de las mejores del mundo y no deja de acumular partidos con la portería a cero y superar récords de imbatibilidad. Y aunque el mismísimo Maldini rejuvenecido llegase a las órdenes del Cholo, tendría que ganarse un puesto con algo más que sudor, sangre y lágrimas. Es por eso que Guilavogui, centrocampista internacional con Francia y con un gran cartel en el viejo continente, no ha jugado más que en los recreos por detrás de un Gabi al que le cuesta acertar un pase fácil a 5 metros pero que se ha convertido en el corazón y el pulmón de este equipo histórico que no cesa de dejar en la lona rivales histéricos. Y es que, Simeone sabe que lo que funciona no se toca.

Es por eso que Rafael Benítez, entrenador hoy del Napoli, ha llegado a Italia con su mismo sistema de siempre, con las mismas ideas de sus primeros triunfos con la idea de ganar títulos en la Serie A, como hizo con el Liverpool, Valencia y Chelsea pese a los críticos. Y es por eso que con su idea inicial de juego, el Napoli seguía la estela de una Roma impecable hasta que Hamsik, capitán, santo y seña del equipo, dejó de entrar en el 11 primero por decisiones técnicas y después por lesión. Curiosamente, la Roma, invicta y de récord en récord, ha sucumbido 4 partidos sin su también capitán, Totti, en la cancha. Un conjunto que vive de Gervinho, que sólo ha funcionado bajo las órdenes de Rudi García. Y es que, tanto Benítez como García, saben ahora que lo que funciona no se toca.

Es por eso que el Newcastle lleva 4 partidos consecutivos conociendo la victoria con los malos en el campo y los buenos en el banquillo. Paradójico. Un Newcastle que empezó la temporada sin alma, encomendado a las diabluras de Ben Arfa y que se ha convertido en un equipo con sacrificio y juego irregular. Porque con el casi retirado Shola Ameobi en el 11, del que se decía que no valía ya para jugar en la Premier, los magpies no conocen la derrota. Y porque con Williamson, en la misma situación que el nigeriano, las urracas vuelan hacia la cabeza de la tabla tras vencer a Chelsea, Tottenham, Norwich y WBA. Porque Ben Arfa, el crack del equipo, está en el banquillo y en su sitio juega un Gouffran que se parte el alma por el escudo; Porque Yanga-Mbiwa, central francés que llegó con más nombre del que ha demostrado en el pasado mercado invernal, se sienta a su lado y en su sitio juega Willo, y las cosas salen; Y porque Cissé, el hombre gol de St. James Park, sólo ha metido un gol -en Capital One Cup- esta temporada y Shola le ha comido la tostada. Y es que Alan Pardew sabe que lo que funciona no se toca.


Es por eso que la Juventus, que lleva años paseándose por la Serie A con una superioridad que debería avergonzar a sus rivales, sucumbió en Champions ante el Real Madrid. Porque si Conte llevaba años sorprendiendo a rivales y destrozando equipos con el 3-5-2 [o 5-3-2, como se prefiera], el cambio de sistema le hizo morder el polvo en el Bernabéu, saliendo a jugar con más complejos de los que en realidad tiene. Y es que ahora, Conte sabe que lo que funciona, no se toca.

miércoles, 30 de octubre de 2013

¿Por qué va Diego Costa con España?

Con Arda y Koke por banda, Diego Costa a toda vela, marca el gol o lo genera, un brasileño en Madrid. Y así, a la sombra de Falcao y con el odio de quienes están en la acera de enfrente, se fue ganando el corazón de su afición como más gusta. Ganas, compromiso y coraje. El esfuerzo no se negocia es la máxima de Simeone y Diego Costa es su profeta, su mayor y mejor exponente. 

Nacido en la pequeña localidad brasileña de Lagarto y tras ser incompatible con los estudios, rápido comenzó a trabajar en unos grandes almacenes para comprarse una moto. Su diversión, entre horas de esfuerzo, no se alejaba de colocar dos chaquetas tiradas en el suelo a modo de portería y ponerse a corretear detrás de un balón todo roto y descosido junto a los otros niños del lugar. 

Sin disciplina, Costa aprendió a jugar en las calles. Muchos otros niños son observados y cogidos rápido por grandes clubes, pero ese no fue su caso. "Crecí pensando que soltar codazos era lo normal, todos lo hacían y parecía ser parte del juego. Yo no tuve disciplina de una escuela de fútbol". Y su oportunidad llegó a los 16 años, cruzando el gran charco, concretamente al Sporting de Braga portugués. Oportunidad que aprovechó para fichar, con sólo 18 años, por el Atlético de Madrid.

Fue el año en el que llegaron Forlán, Simao, Luis García, Reyes o Motta entre otros, quedando su nombre en un segundo plano. Además, fue la temporada de consagración del Kun. Recuerdo que venía para quedarse como tercer delantero, o eso se pensaba, pero se acabó marchando como cedido. Me llamaba la atención el hecho de fichar a un brasileño tan joven. Y recuerdo que tras verle en pretemporada me gustó muchísimo, tanto que fue una decepción su marcha como cedido a Vigo. Incluso llegué a comentar con gente de mi entorno que Diego Costa sería "El delantero titular de Brasil en el Mundial 2014".

Lo cierto es que, a medida que pasaban los meses, sabía que nunca iba a jugar con Brasil -y no por lo que ha terminado sucediendo- sino por sus cualidades. Intermitente y siempre el rey de la reyerta. Los tiempos cambiaron y en Valladolid acabó siendo un jugador mucho más aprovechable. 

Curioso es que lo mejor que le ha pasado en su vida vino de una grave lesión, cuando se rompió los ligamentos en el verano de 2011. Su salida estaba acordada con el Besiktas y su paso por quirófano frenó el traspaso. "Doy gracias a Dios, porque eso me cambió la vida". Tras medio año cedido en el Rayo Vallecano llegó su explosión. 10 goles en la segunda vuelta, tras una lesión que suele dejar a los jugadores muy tocados para el resto de su vida, sobre todo al principio de volver a jugar.

Media España se lo rifaba. En el Atlético no tenía hueco por el lío de los extracomunitarios y él, harto de cesiones -4 en 5 años- pidió al club que le dejaran marchar como vendido si no iban a contar con él. El Barça puso 3 millones encima de la mesa para hacerse con sus servicios y llevarle al filial."Diego sabía que no contaba, pero lo veíamos -el Mono Burgos y yo- trabajar y decíamos que cómo lo íbamos a dejar fuera del plantel", decía Simeone en una entrevista. Al final, el club encontró una salida a Salvio y el resto de la historia ya se conoce por todos.

El rey de la pelea, juega mejor cuando se le cruza el cable. Mal asunto es que se le pelen los dos, como le ha pasado en más de una ocasión pero que ya está corrigiendo, al menos bajo el mando de Simeone. Entra en el campo como lo hace un elefante en una cacharrería y le es indiferente marcar o asistir. Cae a banda con mucha facilidad y es un imán para el balón aéreo. El máximo goleador del mundo en la presente temporada, pero en Brasil, Scolari pasaba literalmente de él. No le consideraba válido. Hasta el punto que Fred, Jo Alves, Leandro Damiao y un Pato fuera de forma contaban más que 'El Lagarto' -por mucho que ahora muchos quieran rebautizarle como 'La Pantera'-. Y llegó la doble nacionalidad y se formó el lío.

Scolari, que sólo le convocó para jugar un par de bolos veraniegos sin más objetivo que el económico, se vio con el culo al aire cuando a Costa le dijeron que podía ir con España. España, ese país que le había acogido como no lo hizo Brasil. Esa nación que le enseñó la disciplina necesaria que no había hecho la suya de origen. Ese país que lleva 3 grandes torneos seguidos y que, aunque no históricamente, sí es el mejor equipo nacional de la actualidad.

Scolari, ese hipócrita que ni come ni deja comer, que sería capaz de convocar al jugador para un partido oficial -como hizo, aunque Diego tenía otros planes- para luego no llevarle al Mundial con tal de que no jugara con España. Ese seleccionador que ha proclamado a los cuatro vientos que Diego no merece ser brasileño, que ha propuesto que le retiren la nacionalidad y que le ha echado a los leones como carnaza con palabras más malsonantes que coherentes para salvar su propio error. Ese entrenador que ha dicho que Brasil es lo primero, pero que no pensó en ello cuando él mismo ideó un plan perfecto para nacionalizar como portugueses a Pepe y Deco -brasileños- cuando él era su entrenador. Entonces Brasil no lo era todo, ¿no?. 

Diego Costa ha dado la espalda a un seleccionador, no a un país, devolviéndosela con la misma moneda. Porque a Diego le gusta el morbo y no hay nada que le gustaría más que marcar un gol con la camiseta de España en Maracaná. Porque es "un trozo de pan" que sólo aceptó jugar con España si todos y cada uno de los integrantes de la plantilla le querían dentro. Porque no reniega de donde vino y ayuda solidariamente a su pueblo en estos tiempos de crisis. Y porque, nos guste o no, que para gustos están los colores, las reglas son las reglas, y estos 5 años resididos en España le dan acceso a ser uno más para Vicente del Bosque. "Elegí España porque aquí me siento valorado". Diego Costa ha elegido a España. ¿Por qué? Porque puede.