martes, 18 de noviembre de 2014

El despertar de un gigante tardío

Javier Aguirre tiene una misión: superar el pánico al éxito, romper la barrera del miedo escénico y llevar a Japón, de una vez por todas, a los peldaños más elevados del panorama Mundial. Los Samuráis tienen materia prima suficiente como para lograr sus objetivos y quizás su mayor problema sea que no saben exactamente cuáles son esas metas. Piensan en pequeño y se autoconvencen de que no serán competentes en algo para lo que realmente sí están capacitados.

Óliver Atom y Mark Lenders
Su fútbol se empezó a formar en los años 90 y se asentó con la entrada del nuevo siglo. Y es que desde la Copa Asia de 1992 que ellos mismos celebraron, se han alzado campeones de cuatro de los seis eventos continentales celebrados. Concuerda, curiosamente, con la época donde aquellos chicos que crecieron viendo la serie Campeones (Óliver y Benji), que se estrenó en los 80, ya habían cumplido los veinte años y tenían una edad para ser futbolistas. Aquellos críos que soñaron con ser Óliver Atom, Mark Lenders o Benji Price, entre otros, irrumpieron en el panorama del fútbol y fue la propia serie la que animó, nada de coincidencias, a todos los pequeños nipones a convertirse en jugadores profesionales. El fútbol se instauró en la cultura y marcó un antes y un después en el país del sol naciente, que en toda su historia sólo presumía de un tercer lugar en las Olimpiadas de México 1968.

Quizás fue Hidetoshi Nakata aquel que abrió el camino. El primer Óliver Atom de carne y hueso. No fue el pionero, pero sí el emblema, el espejo en el que mirarse que demostraba que los sueños se hacían realidad. Nakata empezó muy tarde en esto del fútbol y terminó demasiado pronto. El futbolista que perdió la ilusión por jugar, un modelo como jugador y un jugador que ejercía de modelo. Porque el ya histórico '7' de los samuráis no sólo se convirtió en el Beckham nipón, sino que llevó a su país al éxito una Copa de Asía sí y otra también. 

Hidetoshi Nakata
El impulso que necesitaban para hacerse notar más allá de su continente se lo dio la FIFA cuando decidió que, junto con Corea, Japón celebraría la Copa del Mundo de 2002. Cuatro años antes, en Francia, habían logrado su primera participación Mundial en toda la historia, cayendo a las primeras de cambio y siendo, según las estadísticas, la peor selección del torneo, sólo superada por EEUU, que encajó un tanto más. 1461 días de preparación, los que separaban ambos torneos. Entre medias, levantaron la Copa Asia en Líbano y asustaron al mundo entero en la Copa Confederaciones 2001 de la que fueron anfitriones, a modo de preparación del torneo que se jugaría un año más tarde.

En ella, siempre de la mano de Nakata, de su mejor aliado, Nakamura y de los goles de Suzuki, los nipones acabaron como subcampeones. Brasil no pudo con ellos y también pusieron contra las cuerdas a Francia, campeona del Mundo y de Europa, que acabó haciéndose con la copa con un solitario gol de Viera. Su posterior Mundial fue notable, cayendo en Octavos ante Turquía. Una actuación que repitieron en el torneo de 2010, donde Paraguay los envió a casa desde los 11 metros. Entre medias, en Alemania 2006, la falta de contundencia, el miedo a triunfar y el empequeñecimiento en las grandes citas les apeó demasiado pronto. Y es que se dejaron remontar en el descuento ante Australia en el debut, no pasaron del empate ante Croacia en el segundo partido y fueron líderes de grupo en el encuentro crucial ante Brasil, a la que estaban dejando fuera del torneo hasta que empezaron a pensar en lo que estaban haciendo y vieron cómo la canarinha daba la vuelta al luminoso en la despedida de Nakata como jugador, con sólo 29 años, que lloró desconsolado la proeza que no merecieron porque nunca creyeron en ella, pero que estuvo muy cerca.

Una muestra más de sus complejos se contempló en la pasada Copa Confederaciones. Aún en fase de grupos, Honda y Kagawa, poseedores del testigo de Honda y Nakamura, demostraron de lo que son capaces cuando se asocian y divierten en el encuentro ante Italia, que acabaron perdiendo por 4-3 de forma incomprensible. Dominaron el balón el día en el que Endo se hizo acreedor del apodo del 'Pirlo nipón' en una de las mayores exhibiciones de fútbol que se han visto en los últimos años. Japón no confió y acabó claudicando, fuera del torneo antes de tiempo. No pudo Zaccheroni obrar el milagro, tampoco en el pasado Mundial de Brasil, donde una versión irreconocible de los Samuráis Blues, como se hacen llamar, decepcionó a todo un país. Un equipo que mostró su peor versión en la competición oficial sólo unos meses después de haber destrozado a Costa Rica (revelación del Mundial) por 1-3, de haberse impuesto a Bélgica en Bruselas (2-3) y de empatar con Holanda, que a la postre sería tercera en el torneo. Algo falla.

Javier Aguirre / AP
Y ha sido ahora, tras la cita mundialista, cuando Japón ha vuelto a lo más alto de la montaña rusa que acostumbra desde esos años 90. No tienen rival en Asia, salvo catástrofe, y ha llegado al banquillo Javier Aguirre para entrenar más lo mental y lo táctico que lo técnico, de lo que van sobrados. Tardó tres encuentros en llegar la primera victoria con el Vasco como técnico, pero ahora todo viene rodado (1-0 a Jamaica, 6-0 a Honduras y 2-1 a Australia). El mexicano tiene una base fuerte y sólida, quizás la mejor plantilla que jamás ha tenido Japón, con jugadores formados en su mayoría en la Bundesliga y con muchos de ellos importantes en clubes de renombre. Otros, en cambio, estrellas en los clubes nacionales. Así, Shinji Okazaki parece recuperar su puesto en la delantera (antes se desempeñaba por la derecha). Un ariete que cada año pelea por el Pichichi en la Bundesliga al que escudan Honda (Milán), Kagawa (B. Dortmund) y Takashi Inui (E. Frankfurt) en una línea de tres de mucho talento donde aguardan Kiyotake (Hannover) y Muto en busca de minutos. Un tridente de magia, calidad, improvisación y deleite para el aficionado. 

Endo y Hasebe, veteranos, contienen al equipo en la medular y detrás está la línea más floja del equipo. Un filón en ataque, pero con carencias en defensa. Y es eso lo que se le pide al entrenador que trabaje, el repliegue, los despistes propios de un fútbol reciente, naciente, que sólo tiene 20 años de historia, poco trabajado. Porque Nagatomo y Uchida (Inter de Milán y Schalke) no van a ser descubiertos ahora como dos puñales en sus bandas y porque Yoshida (Southampton) forma parte de la mejor defensa de la Premier, aunque no disponga de todos los minutos que deseara. A su lado, Morishige, que llama a la puerta europea y algunos clubes ya han puesto sus ojos en él. La portería es para Kawashima.

El año próximo disputan la Copa Asia, para la que ya están clasificados y parten como favoritos, aunque sus miras sólo están puestas en el próximo Mundial. Los pasos hacia atrás no están permitidos, caer al vacío cuando están cerca de alcanzar la cima ya está prohibido. La materia prima existe, sólo hace falta no ser tan kamikaze, conseguir regularidad y no ser débil mentalmente, una máxima que se repite en todas las disciplinas del deporte nipón, como en el tenis (Nishikori, hoy su mayor exponente, es una muestra de ello) o el motociclismo. Porque Óliver Atom y compañía acabaron conquistando el Mundial y Japón, sin ser fruto de la coincidencia, sigue los pasos del '10' del New Team.

El equipo celebra uno de los goles de Inui ante Honduras (6-0) /  REUTERS


jueves, 13 de noviembre de 2014

Volviendo a la Tierra de Dios

Salió por la puerta de atrás de St. Mary Stadium Mauricio Pochettino el pasado mes de mayo, con el cariño de la grada en el bolsillo pero con una insostenible relación con los dirigentes del club, uno de los motivos principales de su marcha. Y es que de la mano del técnico argentino, los Saints encontraron esa estabilidad tan añorada que casi no recordaban, tras años luchando por evadir el descenso de la máxima categoría o intentando, desde la segunda división, llegar a ella.

Un club condenado a permanecer, como máximo, en mitad de la tabla incluso en sus mejores días. Sus 130 años de historia sólo recogen una FA Cup hace más de tres décadas y su mayor orgullo es haber tenido en sus filas durante toda su carrera a Matt Le Tissier, al que apodan God [Dios] en Las Islas y que proclamaba su amor a esa camiseta rechazando las ofertas de los mejores clubes del mundo. "Prefiero ganar a los mejores que unirme a ellos" era su lema. Un equipo basado en la cantera, una fábrica de joyas interminable de la cual han salido diamantes como Alan Shearer, máximo goleador de la historia de la Premier, o jugadores de muchos quilates como Gareth Bale, Theo Walcott, Alex Oxlade-Chamberlain o el hoy jugador el Manchester Luke Shaw, uno de los últimos de abandonar su tierra.

Y es que, según cuenta Rubén Uría en su libro 'Hombres que pudieron reinar', todas las entradas y salidas de la ciudad están adornadas con un cartel que reza 'Welcome to Southampton, you're entering the country from Le God'. [Bienvenido a Southampton. Está usted entrando en el país del Dios], en referencia al ya citado Matt Le Tissier. Un Southampton cuyos colores rojo y blanco viste hoy el Atlético de Madrid, pese a que en sus orígenes jugaba de azul. Dice la historia que allá por el principio de siglo pasado un emisario del club colchonero, enviado a Inglaterra a comprar uniformes del Blackburn Rovers, no pudo hacerse con el material que andaba buscando y acabó en Madrid con camisetas de los Saints, escribiendo así un punto y aparte en la historia del equipo de la capital española, que desde entonces juega a rayas rojiblancas como el Southampton.

Koeman, en su presentación / Robin Jones, Digital South
Volviendo al pasado, pero sólo cinco meses más atrás, los aficionados de este equipo inglés se esperaban lo peor cuando, tras la marcha de Pochettino se anunciaba la llegada de Ronald Koeman al banquillo, un entrenador que había fracasado en sus dos experiencias fuera de la Liga Holandesa. Mientras, el equipo era desmantelado y sus estrellas, esas que habían constituido al equipo revelación de la temporada 2013-2014, se iban desvinculando del club. Lo hizo Artur Boruc, el portero. También el 75% de la defensa. A saber, Chambers, al Arsenal, Lovren, al Liverpool y Luke Shaw, al Manchester United. Tampoco se iba a quedar Lallana, una de las sorpresas del curso, que acompañaba a Lovren en Anfield. Gastón Ramírez se marchó con el mercado de fichajes cerrándose al Hull City y ni siquiera se quedó en el equipo Rickie Lambert, un romántico que llegó a jugar con los Saints en la League One (tercera categoría del fútbol inglés). Una grave lesión de rodilla de la que aún no se ha recuperado fue lo único que evitó la fuga de Jay Rodríguez, que apuntaba al Mundial con Inglaterra y al que se lo rifaban los mejores clubes europeos tras unos meses a gran nivel.

Graziano Pellé celebra un gol con los 'Saints' / AFP
Así, con más de medio equipo desmantelado a razón de 120 millones de euros, empezó a trabajar Koeman. Hoy, sólo seis meses después, el equipo marcha segundo en la Liga, sólo superado por el imparable Chelsea. Es el club que hace un fútbol más vistoso y atractivo para los seguidores y el que mejor defiende (cinco goles encajados en 11 partidos) y se antojan complicados los pronósticos sobre cuándo perderán (sólo han cedido ante Tottenham y Liverpool). Ocho fueron los goles que le endosaron al Stoke City hace unas jornadas y en ese apartado destaca Graziano Pellé, una apuesta personal del técnico holandés. Y es que Pellé, un italiano defenestrado y olvidado en su país como Jonathan Soriano en España, por ejemplo, ha tenido que emigrar a Inglaterra y esperar a sus 29 años para recibir la llamada de la azzurra. Un delantero que no ha pasado desapercibido para nadie y que es la sensación de la Premier desde su llegada. Maneja todos los registros. Es elegante y corpulento, posee un juego de espaldas magnífico y un peligroso y potente juego aéreo. Controla ambas piernas y no hay muchos mejor que él a la hora del remate. Puede que no sea un 10 en nada, pero es un ocho en todo. Junto a él suele jugar Shane Long, aunque últimamente lo hace Mané. El primero es muy parecido al italiano, aunque mucho menos goleador. El segundo es el polo opuesto, velocidad, vértigo, una marcha más en cada partido. 

La improvisación y la magia la pone Tadic, otra recomendación de Koeman. Un completo desconocido para la mayoría que ya se ha colado en Inglaterra por la puerta grande. El serbio es un prodigio en el regate y un visionario con el último pase. De esos jugadores que, con regularidad, se convierten en estrellas. Por detrás, la mezcla de músculo y calidad suponen un cóctel perfecto. El corazón y el pulmón del equipo. De ello se encargan Wanyama, Davies y Schneiderlin. El último ya oye cantos de sirena después de que fuera sorpresa su permanencia en la plantilla tras la desbandada del pasado invierno. Davies, por su parte, suple con garantías a un lesionado Ward-Prowse que volverá a la titularidad cuando se recupere de su grave lesión, como también lo puede hacer Jay Rodriguez siempre y cuando vuelva a su pasado nivel. Fácil no lo va a tener.

Plantilla 2013-2014 / Footballuser.com
Plantilla 2014-2015 / Footballuser.com
*En rojo los jugadores que ya no están en la actualidad. En amarillo aquellos que siguen pero han perdido la titularidad. En azul los que se mantienen en el once de un año para otro.

La defensa es la clave del equipo. Muchas veces se han visto equipos capaces de tener el balón durante gran parte de los encuentros y sufrir sin él, mostrando carencias en el repliegue. Conjuntos preparados para ser máquinas de atacar que no saben correr hacia atrás, por importantes que sean los nombres de sus zagueros. No es el caso del Southampton. Fonté es el jefe de la defensa, y también del equipo. Así lo demuestra la cinta de capitán que luce pese a llevar sólo cuatro temporadas en el equipo. A su lado, Toby Alderweireld, un jugador de unas características muy parecidas a las del portugués. Una pareja con un toque de balón propio de mediocentros encargada de comenzar cada ofensiva, la primera baldosa del once. Escoltados por dos buenos carrileros como Bertrand, que ha encontrado el sitio que no tenía en el Chelsea y Clyne, que la temporada pasada ya acabó sumando minutos y que gracias a su inicio de campaña ha recibido la llamada de Inglaterra.

Sin olvidar que en la portería está escoltada por Fraser Forster, olvidado durante años en el Celtic de Glasgow, condenado por jugar en una liga de menor nivel y encantado ahora con poder mostrar su verdadero nivel en una de las mejores ligas del mundo. Todo lo que se acerca por sus dominios es brutalmente espantado. Un guardameta seguro por arriba, rápido de reflejos, con una gran habilidad para detener balones desde los 11 metros y de los que hacen ver más pequeña la portería al delantero.

Y es así, con un equipo de hombres y no de hombres, como el mismo Southampton que a principios de temporada estaba en todas las quinielas como candidato al descenso, se ha ganado el respeto por méritos deportivos, por derecho propio, por buen juego, por goles y por fútbol, sobre todo por fútbol. Es así como ha despertado el interés de miles de aficionados hambrientos de buen espectáculo y es así como su ciudad ha quitado con orgullo el polvo de aquellos carteles a la entrada, porque ahora, todos los clubes que visitan el St. Mary Stadium, ya saben que cuando ponen un pie en Southampton, están adentrándose en la Tierra de Dios. 

La plantilla, celebrando un tanto de Mané / Getty Images

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los 15 días mágicos de Ayoze

No se imaginaban en Newcastle que iban a terminar coreando el nombre de un español después del gran historial y la gran cantidad de desencuentros entre el equipo del nordeste de Inglaterra y los futbolistas de nuestro país. Tampoco creía yo que, en tan poco tiempo, este joven (21 años) tinerfeño iba a irrumpir en el primer equipo como un elefante en una cacharrería, sin mirar qué destrozaba a su paso y a quién relegaba al banquillo. 
Ayoze, ante el Liverpool / AFP

Y eso que me avisó mi amigo Dani, al que desde pequeño apodamos Melow por aquella serie que disfrutábamos todos en nuestra infancia, que el 'tal Ayoze' era muy bueno y se iba a acoplar a la Premier desde el principio. Ni por asomo veía yo a la Army Toon (como se conoce a la hinchada del Newcastle) rendida a los pies de un jugador venido de la misma tierra que Marcelino Elena y Xisco, que escribieron su propia historia por St. James Park con un tono más oscuro del que hubieran deseado.

El defensa, ya retirado, aterrizó en Newcastle a finales de los años 90, convirtiéndose en uno de los primeros exiliados a Inglaterra, y en los cuatro años de travesía sólo logró levantar el odio y el enfado de una afición que ha llegado a tildarle como el peor jugador de la historia del Newcastle. "Es el único jugador perteneciente al club que ha sido abucheado antes de entrar al campo", admiten voces autorizadas de True Faith, la revista creada por los grupos de aficionados del equipo. Las lesiones y la mala relación con su entrenador, el legendario Bobby Robson, relegaron a Marcelino al ostracismo, que acabó saliendo por la puerta de atrás echando pestes de la que había sido su casa durante cuatro años.

No fue mejor la experiencia de Xisco, que hoy mete goles con el Córdoba. Cuando sólo era un canterano del Deportivo y sus goles en Primera no superaban la docena, las urracas decidieron gastarse ocho millones de euros por hacerse con el ariete. Comenzó con buen pie la temporada 2008-2009, anotando en su debut y ganándose la titularidad en los primeros tres partidos, donde el equipo no consiguió ganar y llegaron las revoluciones. La directiva dejó de confiar en Chris Hughton, entrenador interino, y el nuevo técnico (Joe Kinnear) no le hizo jugar más que 14 minutos en las 34 jornadas restantes. Al final, el Newcastle bajó a segunda y en el último día de mercado Xisco se marchó cedido al Racing. A su llegada, el delantero confirmó lo que ya se especulaba: había pasado nueve días sin entrenar en Inglaterra fingiendo una lesión para que el equipo le dejara irse. No quería jugar en Segunda. 

Algo mejor sí le fue a Albert Luque en las dos temporadas que vistió la camiseta negra y blanca de las urracas. Aunque nunca respondió con argumentos a los casi 20 millones de euros que pagaron los británicos por su incorporación. Las lesiones no le dejaron, no se acopló al ritmo de vértigo de la Premier y no hizo más que tres tantos en los más de 30 partidos que disputó.

Es por eso lógico que en St. James Park se creen dudas y sospechas cada vez que un español defiende los colores del equipo. Lo hizo José Enrique, y a muy buen nivel, y es el único en la historia del equipo del que se tiene un grato recuerdo. Mayor es la incógnita si cabe cuando tu entrenador (Alan Pardew) dice que tienes mucho potencial, pero que no sabe qué papel jugarás en la temporada, dejando caer que vas a jugar con el equipo reserva. Eso pasó en la presentación de Ayoze, primer fichaje del equipo el verano pasado. La historia, tres meses después, es bien distinta.

Lesionado Papiss Cissé, el delantero estrella de la plantilla y con serias molestias Riviere, el fichaje de renombre para el ataque, el abanico de posibilidades se reducía a Ayoze Pérez, Adam Armstrong y Facundo Ferreyra. El segundo, un canterano de 17 años con un futuro prometedor, mientras que Ferreyra aún no ha debutado y su forma física deja mucho que desear. Con el equipo en puestos de descenso, sin conocer la victoria en Liga y con el entrenador en la cuerda floja. Eso fue lo que pasó el 26 de octubre, el día que el Tottenham de Pochettino recibía a las urracas en un estadio donde el Newcastle había perdido en cuatro de sus últimas cinco visitas. La historia tornó a histeria cuando el tinerfeño, con el 17 a la espalda, remató de cabeza para remontar el partido y cambiar el curso de la temporada y el futuro de su entrenador. También el suyo propio. Desde entonces no ha vuelto al equipo reserva, donde hacía este tipo de maravillas. 

Volvió el senegalés Cissé días más tarde y sentó al español, por quien todos temían que fuera flor de un día. Tras una primera parte insípida y aburrida contra el Liverpool, Pardew echó mano de su '17', que volvió a ver puerta por segundo partido consecutivo, dando de nuevo la victoria por la mínima al Newcastle. También a Pardew por apostar por él. No había duda para la cita ante el West Brom, donde Ayoze, que ya llevaba 10 días acaparando los focos de los seguidores del Newcastle, se erigió como icono nacional en Las Islas. Su taconazo en el tiempo de descuento ante los baggies ha dado la vuelta al mundo y la Army Toon ya le tiene como uno de los suyos. No en vano, esa misma afición entona desde ya para él uno de los cánticos con más historia de la grada, borrando el nombre del legendario Andy Cole y poniendo en su lugar el de Ayo Pérez (He gets the ball, he scores a goal, Ayo Perez // Se hace con el balón, marca un gol, Ayo Pérez). Entre medias, viaje express a Madrid, donde recibió en la gala de Premios de la Liga dos trofeos, el de Jugador Revelación de la Liga Adelante y el de Mejor Centrocampista Ofensivo.

Nueve puntos de nueve posibles desde que el tinerfeño juega y marca. Ante el WBA, para completar la victoria, hizo un gol Coloccini, su padrino deportivo en Newcastle. Capitán y el hombre que convenció a este jovencito de hacer carrera en St. James Park. Tenía ofertas de todos los clubs punteros de España y varias del extranjero. Apunto de llevárselo estuvo Lopetegui para el Oporto para su colección y sus buenas actuaciones ya le han hecho debutar con la selección Sub 21. Newcastle es tierra de buenos delanteros, donde han triunfado Alan Shearer, Andy Cole o Kevin Keegan. Donde se dio a conocer Andy Carroll y el sitio que eligió Michael Owen para volver a ser importante. Ayoze está poniendo las primeras piedras para entrar a formar parte de esta lista de arietes.

Ayoze, en el partido frente al Tottenham / Action Images



viernes, 11 de julio de 2014

Un capitán sin brazalete

Único deportista argentino de la historia que tiene dos medallas de oro en unos Juegos Olímpicos -junto al jugador de polo Juan Nelson-, Mascherano debutó en la selección absoluta de Argentina cuando aún jugaba en el filial de River Plate, un caso inédito en la historia del fútbol: jugar antes con la selección de tu país que con la primera plantilla de tu club. Su primer partido como profesional fue con el equipo de su vida: Argentina. Lo hizo ante Uruguay y sólo tenía 19 años.

"Mi equipo será Mascherano y diez más", fueron las primeras palabras que pronunció Diego Maradona, allá por 2008, cuando se hizo cargo de la selección albiceleste. "Convencí a Masche para que fuera capitán. Sentía que lo necesitaba para mi etapa como seleccionador porque tiene lo necesario para contagiar todo al grupo", añadió. Por aquellos entonces, Javier Mascherano, el Jefecito, acababa de cumplir 24 años y tenía un reto enorme por delante. Iba a ser el líder de la nación que vive por y para el fútbol, donde perder nunca es una opción.

"Como capitán lo importante es saber escuchar a todos. No significa que por llevar la cinta tengas que ir hablando siempre con cada jugador, sino que tienes que decir la palabra justa en el momento adecuado. Llevar esta cinta es un orgullo, pero no me va a volver loco", admitió al poco de conocer su nombramiento, pese a que fue reacio a aceptar el cargo en un principio y Maradona tuvo que insistir. El dueño de la camiseta con el número 14 (llevó la 8 en sus inicios) afirmó sentirse admirador de Simeone, que también usó los mismos dorsales, y de Almeyda de quien aprendió mucho, aunque asegura que uno de sus referentes en el fútbol fue Makelele.

"Siempre he sentido que los compañeros escuchaban mi voz". La salida de Maradona también acabó derivando en la cesión del brazalete de capitán de Mascherano a Messi, que lo hizo con "orgullo y admiración". Junto a ello, Masche abandonó el Liverpool y fichó por el Barcelona, adaptó su posición en el campo para jugar de defensa, donde ha tenido luces y sombras, por petición de los entrenadores y de las carencias del equipo en esa posición. No volvió a brillar como lo hacía en el centro del campo de Anfield, donde ningún jugador era bienvenido a pasar con la pelota controlada de la línea divisoria.

Sacó del Camp Nou un mejor toque de balón, su punto flojo, que luego aprovechaba con la selección. Con la albiceleste, de vuelta a la parcela ancha, hacía recordar nuevamente sus mejores partidos en el Liverpool, pero en versión mejorada. Al derroche físico, precisión al corte y omnipresencia incorporó la salida de balón obtenida en el equipo catalán.

Llegó al Mundial 2014 siendo el centro de todas las miradas. Parecía en la puerta de salida del Barcelona (hasta que llegó Luis Enrique y pidió que se quedara) y el torneo en Brasil le ha devuelto a la cumbre del fútbol. "Casi nadie jugó bien en el debut", se defendió el Jefecito, haciendo referencia a los malos partidos de las grandes selecciones cuando le preguntaron por el encuentro inaugural de Argentina ante Bosnia.


No se arrugó ante Shaqiri, que venía de hacer un Hat Trick y motivó a todo su equipo ante Bélgica en cuartos. "Estoy cansado de comer tanta mierda. Vamos a ganar y a entrar en la historia", les dijo. Lo están haciendo. Entre medias, se comió a Fellaini y Witsel, que le sacan más de una cabeza, tanto en lo futbolístico como en la guerra de guerrillas.


Ante Holanda dio un recital de cómo defender y cómo liderar mientras Messi, con la cinta de capitán, caminaba por el campo con más pena que gloria (es el jugador de todo el torneo que menos distancia por minuto corre, obviando a los porteros). El '14' secó a Robben, uno de los mejores de todo el torneo y estuvo providencial arrebatándole el gol en el descuento con un corte que le provocó una lesión muscular (con la que jugó toda la prórroga y con la que disputará la final) y que hizo recordar a la última Champions ganada por el Barça, cuando el Jefecito le sacó una parecida a Bendtner en las eliminatorias. "Qué puedo decir... Me abrí el ano en esa última jugada y por eso sufrí tanto dolor", confesó. Antes, en la primera parte, había quedado KO tras un cabezazo con Wijnaldum, se mareó y casi pierde el conocimiento. Cuando le dijeron que iba a ser retirado en camilla, se negó, se puso en pie y volvió al césped.

El jugador que se ofreció a jugar en River Plate, el equipo que se lo dio todo, cuando descendió a Segunda. Aquel que, sea culpable o no, hace autocrítica y asume responsabilidades. El mismo que da las charlas antes y después del partido (también en los descansos), que hace callar a Alejandro Sabella y que, mientras todos se refrescaban para la tanda de penaltis y trataban de recuperar sensaciones, fue corriendo para animar y darle su fuerza a Sergio Romero. "Escúchame, hoy cambia la historia, hoy tú te conviertes en el héroe", le dijo a Chiquito, que lo miraba atento como un padre mira a un hijo, para después darle un beso. Se le pudieron leer los labios gracias a las cámaras de televisión. Después del partido, Romero añadió más frases de la arenga: "Me dijo todo iba a cambiar, a dar la vuelta, que después de un año tan duro para mí donde he sido tan criticado este iba a ser mi momento". No se equivocaba. Romero, luego, se lo agradeció con una abrazo de hermanos.


"Cuando dije que Argentina eran Máscherano más 10, algunos se reían, pero hoy ya no lo pueden hacer", se enorgullecía Maradona tras el pase a la final, sabedor de que el pueblo argentino ahora entiende esa decisión, quizás la única buena que tomó como seleccionador. "Masche se merece el reconocimiento de la gente", terminó. No levantará la Copa si pierden, tampoco lo hará si ganan. El jugador con mejor porcentaje de pases acertados en todo el torneo y el tercero que más balones recupera. Incansable corriendo con o sin balón, aquel del que se decía que tenía un motor en el pecho en vez de corazón (por una campaña polémica de Fiat llamada 'El Caso Mascherano'), es el líder de está selección. No lleva el brazalete, no le hace falta, todos saben quién es el que manda en el vestuario. "Es un baluarte dentro del campo, es un símbolo, siempre lo da todo. Todos los entrenadores que ha tenido en su carrera se lo han querido llevar. Eso es por algo", puntualizó Sabella.

El mismo que ha generado una campaña en las redes sociales, donde los argentinos creen que si se fuera él sólo con un cuchillo a recuperar las Malvinas, conquistaría Gran Bretaña entera. Aquel del que dicen que, cuando Armstrong pisó por primera vez la Luna, ya esta allí esperando para decir al astronauta aquello de "Hoy cambias la historia, hoy te vas a convertir en héroe". Dicen de él, en tono irónico, que tras ganar a Holanda se fue corriendo al hotel en vez de subir al autobús porque para él la semifinal sólo era un calentamiento. Ese al que los argentinos se refieren, ahora sí, como el hombre que todo lo puede.




lunes, 5 de mayo de 2014

Nueve minutos infernales

Corría el minuto 53 cuando, tras un fallo de Sturridge en el remate, los miles de seguidores de Selhurst Park no sabían lo que iban a vivir en sus carnes. Los del Liverpool, ni se imaginaban que iban a pasar del éxtasis al infierno en tan sólo nueve agónicos y fatídicos minutos. El delantero inglés conseguía, tras una gran jugada individual, poner el 0-2 en el marcador. Sólo dos minutos más tarde, Caimán Luis Suárez aumentaba un gol más la renta y los miles de reds en las gradas soñaban con lo imposible. El uruguayo, lejos de celebrar el tanto, recogía el balón de la red para no perder ni un instante. La consigna era clara: la Premier se ganaba haciendo lo impensable, ganando el golaverage al City de Pellegrini.

Y por unos momentos, pareció que los visitantes podrían conseguirlo. El asedio fue brutal tras el tercer tanto. Sterling tuvo en sus botas la más clara, Suárez no acertó al regatear al último jugador, dos balones que se marcharon por poco y otros tantos que detuvo el meta rival. 11 goles - sin encajar- debía sacar el equipo de Rodgers en dos partidos para, como mínimo, tener opciones de vencer la diferencia de tantos. Los antecedentes no eran malos del todo. En la presente temporada, seis goles cosecharon ante el Cardiff, cinco le endosaron al Norwich, Tottenham, Arsenal y Stoke, cuatro fueron los tantos que le hicieron a WBA, Fulham, West Ham, Everton y Tottenham. La única desventaja: la facilidad con la que conceden ocasiones de gol y tantos en contra. Allá por diciembre encadenaron una serie de victorias por 5-0, 5-1 y 4-1. Imposible, del todo, no era.

Pero Pulis tenía otros planes. Ese hombre que, con un poco más de mercado, sería reconocido como uno de los grandes de los banquillos por todos y no sólo por unos pocos. Cogió al equipo con 7 puntos en la jornada 12. Descendido para todos, menos para él, y lo ha metido con más de 40 en la zona noble. Nueve minutos en los que el Palace dio una exhibición de contragolpe y efectividad. Un gol cada 3 minutos, de media. Goles que, según iban entrando, iban rompiendo el corazón de todos y cada uno de los reds en la grada. Los mismos que sabían, tras el segundo gol, que un tercero no iba a tardar en llegar.

Moses tuvo la última. La desaprovechó. Gerrard y Suárez lloraron desconsolados, guardándose el uno en el otro. Un inoportuno resbalón fue lo que les quitó la mano de la copa que acariciaban. En Selhurst Park, los hinchas no daban crédito. Nadie creyó en ellos cuando no contaban. Supieron remontar, machacaron a sus rivales en Anfield y cuando todo parecía de cara se desmoronó. Nadie dijo que fuera fácil. Hoy, de momento, duermen líderes.


viernes, 21 de marzo de 2014

Se busca portero

Un buen ataque gana partidos. Una buena defensa, campeonatos. Y toda defensa tiene como eje a un tipo, generalmente loco, que se enfunda unos guantes y se pone bajo palos sin más miedo del que debe tener su posición. "Ser portero es la posición más difícil. Si el delantero falla, se olvida enseguida. Si lo hace el portero, es un fallo garrafal y tiene que soportar las críticas y miradas de la gente, y ese runrún que se genera entre los miles de aficionados en las gradas", contaba el malogrado Robert Enke.

Asegurarse un buen portero es asegurarse un buen futuro. Años y años de confianza y fe ciega bajo el hombre que guarda las llaves de tu casa. En un verano que se antoja movidito bajo los tres palos.

Tibu Courtois
'Tibu' Courtois es la joya de la corona. El belga, que sólo tiene 21 años, afronta con una madurez impropia de un imberbe como él su tercera gran temporada en la portería del Atlético. Siendo propiedad del Chelsea, se ha convertido en uno de los mejores del mundo en su sitio y ha negado por activa y por pasiva ser segundo de nadie en ningún equipo. Su club de origen tiene en Petr Cech un seguro al que le puedan quedar unos pocos años al máximo nivel. La grada la quiere y los blues se han hecho grandes con ese gigante con casco bajo los palos. Así, parece que a Courtois sólo le quedarían un par de opciones. Renovar y volver a salir cedido, posiblemente al Atlético, para esperar una temporada más la oportunidad que ya lleva esperando tres, o salir vendido definitivamente. ¿Dónde? A un club con dinero. En estos tiempos que corren, el valor de los jugadores se ha multiplicado hasta valores insospechados que hacen creer que el cancerbero belga no saldrá de Stamford Bridge por menos de 20 millones de euros. Rifas al mejor postor.

Marc-Andre Ter Stegen parece que tiene billete para ir a Barcelona a ocupar el sitio que deja Víctor Valdés. Portero joven, con varios años jugando en la Bundesliga en el Borussia Mönchengladbach a muy buen nivel. Rompe con la tónica del típico portero alemán, todo físico. Curiosamente, el primer portero alemán tras Enke que tiene el club del Camp Nou y, cosas de la vida, el fallecido guardameta teutón también comenzó su carrera jugando en el 'Gladbach'. Contaba el propio Enke que "cuando llegué a Barcelona, me obligaban a jugar 20 metros por delante de lo que estaba acostumbrado. Me veía fuera de sitio e inseguro. Y eso, ya puedes ser buen portero o simplemente el mejor, que es lo peor que puede haber en el mundo para ti y para tu defensa. La sensación de inseguridad. Lo comentaba con algunos compañeros de la selección y me decían que los porteros alemanes no estábamos hechos para jugar como querían en el Barcelona, que éramos chicos físicos, de grandes reflejos, que jugábamos pegados a la portería". ¿Se habrá percatado de ello el Barcelona? El tiempo lo dirá.

Ter Stegen
Y como esto es un juego de bailes, un quita y pon, Yann Sommer será el maestro de llaves de Monchengladbach. Joven pero con experiencia. Con más de 30 partidos internacionales a sus espaldas y que se dio a conocer a todo el mundo con una excepcional Europa League. Sin duda, los alemanes han estado rápidos.

Víctor Valdés
Al que seguro echarán de menos en Barcelona es a Valdés, un muro que ha estado más de 10 años al máximo nivel y que ha dado una seguridad a la que no estaban acostumbrados en el club catalán. Valdés se va porque se ha ganado el derecho a decidir, porque se le ha valorado menos de lo que se merece y porque ya ha cumplido su función más que sobresaliente en la última década. Se habla del Mónaco, que ha empezado un proyecto para conquistar Europa, e incluso podría ser el PSG, que lo comenzó hace años y que tiene en Sirigu un gran portero de segunda fila pero que no llega al nivel del español. Otro posible destino, sin duda, es el Arsenal. Los gunners despliegan un juego similar al del Barcelona, Valdés conoce los esquemas, ha demostrado poder soportar la presión y destacaría en una liga en la que los porteros alternan actuaciones soberbias con cantadas bochornosas.

En el Real Madrid, la guerra abierta que inició Mourinho y sigue la prensa entre Casillas y Diego López no parece tener fin hasta que ambos dejen de compartir vestuario. Tras muchos años en el trono mundial, Iker se ha visto relegado al banquillo. De momento se conforma con la Copa y la Champions, pero no con el torneo de la regularidad,  y no ha dudado en afirmar que de seguir así no descartaría una futura salida. 

Buffon
En Italia, tierra histórica de grandes porteros, a Buffon se le empieza a terminar el crédito. Con 36 años y más de 15 al máximo nivel, 'Gigi' encadena un par de malas temporadas. Alterna paradas impecables con fallos garrafales, propios del mismísimo Kahn en sus últimas campañas, cuando ya no veía y la espalda no le daba más que desgracias. Tanto Italia como la Juventus deberán buscar un recambio de nivel para dos equipos llamados a torear siempre en las mejores plazas. En Turín quieren otro guardameta milenario, capaz de defender su portería durante años, igual que ha hecho Buffon. Sin duda, Mattia Perin es el hombre adecuado. 21 primaveras que han dado para mucho para este joven prodigio, tímido ante las cámaras y en su día a día, pero un lince cuando se abrocha el velcro de sus guantes. El Genoa tiene en Perin un diamante en bruto al que no dejará escapar a no ser que varios millones digan lo contrario. Junto con Courtois, Perin está llamado a gobernar durante casi dos décadas las porterías de Europa. La otra gran opción es Simone Scuffet. Con 17 años, está igualando los registros de Perin en las categorías inferiores de la azzurra y ya se ha hecho como titular en la portería del Udinese. Aunque, posiblemente, sea una apuesta aún demasiado arriesgada.

Mattia Perin
Reina, que está cedido en el Nápoles, parece haber encontrado al lado de Benítez el nivel que había perdido en Liverpool en la última campaña. Los reds se han hecho con Mignolet como portero de futuro y, aunque de momento ha fracasado en citas importantes, el belga es un portero llamado a dar tardes de gloria. Las mismas que parece estar dando De Gea en Manchester.

Fraser Forster, que parece haber encontrado en Glasgow el cariño del que le privaron en Newcastle, se ha hecho a base de paradas con un nombre en Europa. Sus actuaciones ante el Barcelona han dado la vuelta al mundo y es, posiblemente, uno de los porteros más completos del panorama actual, aunque sin cartel. Rápido de reflejos y con una buena envergadura, se defiende como pocos en los balones aéreos. Es un seguro en los penaltis y su capacidad de liderazgo está fuera de toda duda. Su nivel es tan alto que hasta en Inglaterra se han cuestionado la posibilidad de que sea el número uno de la selección por delante de Joe Hart, la niña bonita de la absoluta.

Fraser Forster

viernes, 10 de enero de 2014

Los bajitos también saben pegar

Odio eterno al fútbol moderno, para empezar. Vivimos una época en la que los grandes son más grandes y los pequeños se esconden bajo las faldas del poder de unos pocos. Y tras este pequeño inciso, continúo hablando del fútbol.

Me sorprende cada día más, salir por la calle y toparme con un caminante con una camiseta del Sporting de Gijón, del Recreativo de Huelva o del Coruxo, por ejemplo. Una vez al año cuando hay suerte. En cambio, creo que no hay día que pase sin ver a un crío que no levanta dos palmos del suelo con la camiseta de Messi o Ronaldo; a un joven con el chándal de los dos gigantes; o a un abuelo bien vestido -o mal, eso da igual- con un pin o insignia de los dos equipos más laureados de España.

Se están perdiendo las buenas costumbres, se están muriendo los equipos, y se están extinguiendo las aficiones. Lo fácil siempre es ser parte de la masa, ir donde va el pueblo y seguir a la mayoría. Y tras este pequeño inciso, continúo hablando de fútbol.

No me considero de un equipo pequeño, ni mucho menos. Es más, soy seguidor de un grande que tuvo tiempos malos, por no decir malísimos. Y siento mucha simpatía por dos equipos extranjeros que si alguna vez han tocado el cielo también han hecho sus pinitos en el infierno. Hasta llegar a desaparecer, incluso.

'Soy de un grande porque ganamos títulos, porque tenemos más copas que los demás'. Nunca hubo una respuesta más errónea en la historia del mundo, que no del fútbol. Se pierde el sentimiento, esa relación de pertenencia que te obliga, quieras o no, a ser de un equipo. Ese amor a unos colores. El sufrir cuando va bien, pero también cuando va mal.

¿Dónde está el baremo que diga que es más feliz alguien por ganar una liga que un equipo que se salva en la última jornada del descenso?

Aquellos aficionados, aunque pocos, que van a todos los partidos de su equipo en Tercera División tienen el mismo derecho a disfrutar del fútbol y a sentir por sus equipos que cualquier titán. Mucho más mérito incluso, diría yo. Y es ahí donde nace el romanticismo. Porque cuando un pequeño consigue derrotar a todos los grandes como hizo David contra Golliat y llegar hasta el final, el éxtasis llega a todo su esplendor. Sin ir más lejos, el Bradford City, de 4ª división inglesa, encontró una vía de escape la temporada pasada al derrotar a todos los gigantes que se pusieron en su camino y llegar a Wembley para medirse a un Swansea que los destrozó. 

Porque el 'tenemos 9 Champions' no es la respuesta a todas las preguntas y no supone la felicidad absoluta. Hay quienes disfrutaron más con 9 derrotas y un descenso con su equipo que otros que ganaron una competición liguera. 

Porque mientras exista un sólo seguidor, calado de arriaba a abajo, en un patatal inmenso cubierto por el barro sujetando una bandera, llevando una camiseta o con una bufanda al cuello, el fútbol será bonito, romántico, puro y verdadero. Porque a ellos nadie les entiende y no tienen remedio. Y eso les encanta.