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jueves, 4 de marzo de 2021

La perla de la semana: Matías Arezo

JUAN BARRETO/AFP via Getty Images

Nacido en la tierra del gol, Matías Arezo es ese chico que comparte nacionalidad con Luis Suárez, Diego Forlán y Edinson Cavani, tres de los mejores goleadores del siglo. Con todo, comparte pocas similitudes con ellos, aunque es Cavani quizás el matador al que más se asemeja en estilo y forma.

Porque Matías Arezo es de aquellos jugadores que no piensa demasiado con el balón y solo tratan de destrozar las redes. Portería entre ceja y ceja. Con una madurez física alejada de los jugadores de su edad, Arezo ha roto todos los esquemas y con él la mesura no se ha tenido en cuenta cuando se ha visto capaz de liderar listas de goleadores en su país. Goleador en el Torneo Intermedio 2020 (5 goles en 7 partidos), Arezo es la mejor baza ofensiva de River Plate de Montevideo, que ya se frota las manos pensando en una futura venta del que será el jugador que más dinero deje en las arcas de la historia del club. "A Arezo lo vamos a transferir directamente al extranjero", admitía su presidente hace dos meses, a la vez que confirmaba que ya había ofertas y subastaba a su chico maravilla invitando a los mejores equipos del mundo a elevar la puja, que se podría iniciar en 20 millones de euros, para venderlo al mejor postor. "Matías vale 20 millones", ha dicho muchas veces el presidente de su club.

Quizás su olfato goleador y su ímpetu de asesino del área venga por un pasado frustrado como portero. Porque Arezo comenzó jugando al fútbol siendo un niño bajo la portería (en realidad solo fue un partido, donde le metieron goles por todos lados) y hoy sabe a la perfección cómo se mueven aquellos que una vez fueron sus homólogos. El Búfalo, como le apodan por su poderío físico descomunal y su manejo del cuerpo inusual para un chico que acaba de cumplir la mayoría de edad, ya había metido una quincena de goles como profesional cuando los Forlán, Suárez y Cavani ni siquiera habían debutado.

Acostumbrado a la etiqueta fácil y a la comparación con sus compatriotas e incluso con otros jugadores precoces como Agüero o Falcao, Arezo huye de las similitudes y trata de trazar su propio camino. Ese que ha ido gestando desde las categorías más pequeñas. Jugando como pivote al principio y luego como volante creador de juego, al final Matías se asentó siendo el hombre más adelantado.

A Matías le encanta Cavani, porque entiende el fútbol como un deporte de equipo en el que todos trabajan para todos, y disfruta con la liga italiana. Y quizás porque se siente identificado. Directo, fuerte, con un buen disparo con la derecha y un remate potente. Arezo es más de esperar que el balón le llegue dentro o cerca del área más que de combinar y generar jugadas. Es más de encañonar que de producir. 

Llamado ya por Tabárez para jugar con los mayores, aunque no haya debutado, suyo parece que será el papel protagonista de la delantera charrúa en la próxima década y que será él quien tome el relevo generacional de los jugadores con los que hoy se le compara y a los que no deja de quitar récords de precocidad.


Ficha

Nombre: Matías Arezo.
Nacionalidad: Uruguaya.
Edad: 18 (21/12/2002).
Equipo: River Plate (Uruguay).
Debut profesional: 16 años y 233 días.
Posición: Delantero.
Pie hábil: Derecho.
Altura: 1'80m.
Peso: 76kg.
Representante: Paco Casal.
Contrato: 31 de diciembre de 2022.
Internacional: Sub17, Sub20, Sub 23.

domingo, 12 de febrero de 2017

Sudamericano Sub20: La Uruguay campeona, la Uruguay del futuro

Uruguay celebra el título logrado/ RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images
Uruguay no ha tenido rival en el Sudamericano Sub20, celebrado en Ecuador entre enero y febrero. El grupo que dirige Fabián Coito ha sido siempre el más sólido y, siguiendo con los pronósticos establecidos, se ha proclamado campeón del torneo sin casi despeinarse. La celeste, de menos a más, ha sabido encontrar su sitio en una competición tan corta, ha sabido no cometer errores y ha estado siempre dispuesta para competir. Sólo la calidad individual de Argentina, a priori, podría haber puesto en entredicho el dominio charrúa en esta cita. Esas individualidades, esta vez, no han sido suficientes y Argentina ha sido la clara decepción de toda la competición. Un pequeño traspiés en la penúltima jornada ante Venezuela podría haber hecho temblar los cimientos de cualquier selección, pero Uruguay se repuso y se llevó el título en la última jornada ante Ecuador, que sería campeón si vencía.

Uruguay se presentaba con la nómina más competitiva de todas, con cuatro jugadores puntales por encima de todos, que suponían los cimientos y las claves de la superioridad de este equipo. En su plantel estaba Rodrigo Bentancur, el jugador con más experiencia profesional de todos los presentes. Con varias temporadas ya como volante en Boca Juniors, el charrúa ha sido el jugador que ha dado equilibrio al equipo. Si bien es cierto se esperaba más de él, su rendimiento ha sido regular, pero nunca ha llegado a la excelencia que se le presupone. Esa que ha hecho a la Juventus cerrar un acuerdo (cuyo contrato ya circula por Internet) millonario por él. Con todo, su sola presencia ya intimida y en general su rendimiento ha sido bueno y notable.

Nico de la Cruz / RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images
A su lado se ha destapado Nicolás de la Cruz. Segundo capitán de la convocatoria, De la Cruz es el jugador nexo entre el ataque y la defensa. Es un canalizador de juego. Hermano por parte de padre del internacional absoluto Carlos Sánchez, De la Cruz tiene muchos detalles de su pariente. Mezcla músculo y calidad a partes iguales, es consistente, constante, regular. El jugador que siempre hace el trabajo del compañero más sencillo. El balón parado lleva su nombre.

En el vértice, Rodrigo Amaral. Posiblemente el jugador con más calidad individual de toda la plantillay casi de todo el torneo, con permiso de Tomás Conechny (Argentina). A Amaral le sobran unos 20 kilos de peso, pero su zurda suple esto con garantías. Ya disputó el torneo hace dos años y dejó pinceladas de lo que era. Vive un momento confuso en su carrera, siendo irregular con su equipo, Nacional, y mirado con lupa por ese agravado sobrepeso. De hecho, arrancó el torneo como suplente y se ha erigido como el principal candidato al título al Mejor Jugador del Torneo. Ha terminado como líder en la tabla de goleadores con 5 dianas, y eso que ese no es su fuerte. Con su corpulencia física y su potencia, de ponerse en forma (otra vez), podría llegar a ser un jugador imparable. Un torneo así es lo que necesitaba para recuperar la confianza y ahora le llega un punto de inflexión.

En la punta de lanza, Nicolás Schiappacasse. Cierra el rombo perfecto. Es el jugador capital de Uruguay. Todo el juego del equipo se fundamenta en los movimientos del ariete del Atlético. Schiappacasse juega como único delantero, se pelea con los dos defensas, a los que exige y libera de presión a sus compañeros que juegan más retrasados. Schiappa cae a banda, preferiblemente a la izquierda (donde jugó mucho con River Plate) para sacar de sitio a su marcaje, arrastrar la defensa rival y generar un espacio para la segunda línea charrúa. Ha logrado tres dianas y, aunque cara puerta podría haber sumado mejores cifras, el trabajo que hace y no se ve es el que permite a Uruguay ser siempre superior a su rival. Además, con los 18 años recién cumplidos, juega con chicos dos años mayores que él y esa diferencia de edad, que en estas categorías es notoria en aspectos de físico y oficio, apenas se notan.

Para ayudar a estos cuatro fantásticos Uruguay ha tenido escuderos de lujo. Por eso a Facundo Waller no le quedará mucho tiempo en su equipo, el Plaza Colonia. Waller ha sido el mejor actor secundario, líder absoluto en la categoría de asistencias. Con un pie extraordinario. Igual que él ha estado Benavidez, el trabajo hecho futbolista, o Santiago Bueno, central contundente que acaba de firmar el Barcelona. Menos hemos visto de Diego Rossi, teórico delantero titular que en los últimos meses se está quedando estancado y mucho han aportado revulsivos puntuales como Cannobio o Ardaiz, fundamentales en el último partido para dar el título a los charrúas.

Uruguay tiene un equipo muy versátil, con muchos recursos y capacidad para mutar en función del partido. Los tres jugadores del medio campo, además de Amaral, poseen calidad suficiente para dominar la posesión y llevar la iniciativa. No obstante, como mejor ha jugado el equipo es en el repliegue, junto atrás, y saliendo en contragolpes rápidos, buscando la velocidad de Schiappacasse y las llegadas de segunda línea, además del disparo lejano. 

Así, 36 años después, Uruguay gana el Sudamericano Sub20 y se alza con su octavo título, acercándose a los 11 de Brasil. Un torneo que no pudieron ganar ni Suárez, ni Cavani, ni Forlán, ni Godín, ni ninguna de las estrellas recientes del país. Y sí. Los chicos de Fabián Coito han arrasado.

jueves, 9 de junio de 2016

Apréndanse el nombre: Nicolás Schiappacasse

-Gastón Suárez
+Presente
-Luis Sosa
+Aquí, señorita
-Nicolás Schiacapa... Schiapassa...Schipaca...

Y fue así más o menos como, entre profesores que no sabían pronunciar su apellido, entrenadores que dudaban qué serigrafiar en su camiseta y compañeros siempre con el gatillo de la broma fácil, a Nicolás Javier Schiappacasse (12 de enero de 1999, Uruguay), se le quedó el apodo de 'Chapa', una especie de apócope que facilita la mención a un apellido de origen italiano tan difícil de pronunciar. Si Enrique Cerezo tuvo problemas para decir el nombre completo de Jesper Gronkjaer y Mario Mandzukic, no se atrevió a hacerlo con Alderweireld y hasta se le trabó la lengua con Petrov, no quiero imaginarme cómo será el día que el Atlético de Madrid presente al nuevo delantero uruguayo de la plantilla. Que vayan memorizándolo, no obstante, los seguidores rojiblancos, porque en su cartera de jugadores está ya el que es uno de los mejores proyectos de futbolista de toda Sudamérica. Aún de 17 años, Schiappacasse cumplirá los 18 el próximo mes de enero, cuando se espera llegue al Atlético, aunque bien podría hacerlo ya desde este mismo verano. Sin ficha, sin entrenar y sin oficialidad hasta 2017, cuando la normativa FIFA permitiría su inscripción. Pero aclimatándose al lugar que será su casa.

En su afán por atar a los jugadores más jóvenes de los países donde el talento rezuma, el Atlético de Madrid contrató hace algo más de un año a un joven uruguayo que les era totalmente desconocido. Quiso la casualidad que, en un viaje de los ojeadores colchoneros para observar a los jugadores de Nacional de Montevideo, el que les llamara la atención fuera uno de los rivales de River Plate: Nicolás Schiappacasse. Intentando repetir la fórmula que tanto éxito le dio con José María Giménez, Emiliano Velázquez o Ángel Correa (éste petición expresa de Simeone), el Atlético rápido ofertó la nada desdeñable cantidad de 1'5 millones de euros por un crío de 15 años al que sólo habían visto jugar una hora en un partido de categoría juvenil. Una cifra enorme para un chico tan joven.

Fueron entonces informados los colchoneros de que Liverpool, Manchester City y Real Madrid les llevaban ya ventaja en la carrera por la contratación del Chapa, pero cuando la familia se enteró, no se lo pensó. "Elegimos el Atlético de Madrid por un tema cultural", señalaba entonces su madre. Y es que en España se encontrará con su idioma natural y en un entorno que ya podría conocer, al compartir vestuario con Diego Godín, José María Giménez o un cuerpo técnico plagado de uruguayos y argentinos. Fue precisamente Godín quien le hizo de guía cuando hace ya año y medio viajó a Madrid para firmar su contrato y pasar unas pruebas médicas que confirmaron que el chico, de 1'80 (con capacidad para crecer unos cm. más), es un toro. No obstante, su referente es Giménez, un espejo al que mirarse para cada juvenil charrúa por su precocidad. Llegó a España sin casi jugar en Uruguay y en menos de una temporada ya era el eje de la zaga de la selección y estaba ganando trofeos  en uno de los clubes más importantes del mundo. Su ídolo es Neymar, aunque admite que no se le parece en nada, pero se fija mucho en Griezmann (el más uruguayo de los no uruguayos) y en Luis Suárez, casi patrimonio del país.

Schiappacasse, máximo goleador de la Danone Cup
Su historia empezó mucho antes. Cuando contaba con cuatro años tenía que contentarse con ir a entrenar a un club de su barrio, Cordón de Montevideo, pero rápido se cansó porque no tenían equipo de su categoría. Una tarde, jugando en una plaza al lado de su casa con su padre, un hombre se le acercó y le ofreció una prueba en el Universal. "Me dio una tarjetita con los horarios de los entrenamientos y me quise pasar", afirma. Tenía cinco años y se quedó allí hasta los 11. Logró 326 tantos, contados uno a uno por su amigo Leandro. Todavía nadie se ha acercado siquiera a esos registros. Representó entonces a Uruguay en la Danone Cup 2011, torneo al que varios jugadores alevines son invitados para lucir los colores de sus países, cuando todavía no existen categorías oficiales de los combinados nacionales. Uruguay acabó 15º de 40, pero Schiappacasse se hizo con el trofeo de máximo goleador en un torneo que se disputó en el Santiago Bernabéu.

Rápido Danubio y Defensor se percataron de las cualidades de Nicolás y le invitaron a su escuela. Probó en las dos, pero en ninguna se sintió cómodo y no se quedó. De nuevo la suerte quiso que, practicando en solitario, un ojeador se fijara en él. Estaba en la playa, donde la irregularidad de la arena hace que las capacidades de los jugadores se reduzcan y el ingenio tiene que salir a flote. Fue Alejandro Sanmartín quien lo vio allí, un periodista habitual en las coberturas de fútbol juvenil y cadete. Lo recomendó a River Plate y se pegó el capricho de jugar a ser futbolista.

Entonces, los darseneros no pasaban por un gran momento ni económico ni deportivo y para el Chapa no era sencillo ni llegar a los entrenamientos, para los que tenía que caminar unos cuatro kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. A veces iba con su madre, Blanca, o con su padre, Daniel, que aparcaban media jornada de trabajo y dejaban de ganar dinero para acompañar el sueño de su hijo. Otras, la mayoría, iba con su hermana Erika. La que nunca faltaba era Maira, su otra hermana que falleció a los tres años de edad. Nicolás la tenía muy presente en cada momento y es hoy su nombre el que se dibuja con tinta en su pecho.

Nada más entrar en la academia de River Plate se le presentaron multitud de agentes que querían representarle. Él, desde los 12, sigue los consejos de Enrique Espert, "el único que no sólo habló de dinero en las entrevistas", según confirma su madre. A poco de estar con los darseneros, la selección de Uruguay le hizo su primera llamada. Tenía 13 años e iba a jugar para la Sub15, empezando entonces a batirse con chicos dos y tres años mayores que él, algo que ha seguido haciendo hasta el presente. Su primera experiencia fue la Copa México de Naciones en 2013. Allí Uruguay quedó subcampeona tras caer con la Argentina de Conechny. Schiappacasse jugó los seis encuentros, la mayoría de titular, y anotó dos tantos.

Cuando cumplió los 15 fue llamado para representar a Uruguay Sub17, otra vez dos años por delante de sus compañeros. Fue invitada la selección charrúa al torneo Limoges, celebrado en Francia con las selecciones de Ucrania, Canadá y la anfitriona. Uruguay, pese a ser un torneo Sub18, decidió llevar a la selección Sub17. Schiappacasse fue titular, Uruguay ganó y en el último partido salió tocado de la rodilla. Se había roto el menisco sin saberlo. Le tuvieron que operar y no llegó al 100% al Sudamericano Sub17 que se celebró meses después. Iba a ser la estrella tras anotar 11 goles en 13 partidos, pero el problema trastocó los planes. Perdió la titularidad de primeras, aunque a medida que pasaron los partidos la recuperó. Ahí fue cuando el mundo entero empezó a conocer al chico. Se supo que el Atlético lo había fichado y las miras se centraron en él. No hizo un buen torneo. Sin estar recuperado de la lesión, el charrúa estuvo lento, con poca movilidad. Disputó los nueve encuentros, aunque sólo pudo marcar un gol, y se vio la peor faceta de Nicolás.

La mejor es que, con sólo 16 años, hacía la pretemporada con el primer equipo de River (aunque jugaba con el reserva, con quien había ganado el Apertura), era el máximo goleador de las categorías inferiores de Uruguay y tenían la máxima confianza en él para que liderase a la selección en el Sudamericano Sub20 de 2017, al que ya llegaría con 18 años. "Pensaba que al no haber hecho un buen torneo, no iba a ser llamado. También por mi edad. Pero rápido me dijeron que me iban a dar otra oportunidad", señala. 

Schiappacasse, entrenando con River / TENFIELD
Un mes después del Sudamericano Sub15, en abril, le llegó el debut oficial con el primer equipo de River Plate. Fue con 16 años y 97 días, convirtiéndose en uno de los más precoces de la historia en hacerlo, siendo el primer jugador de 1999 en debutar en Uruguay y adelantándose también a los de 1998. Sólo necesitó cuatro partidos más para convertir su primer gol como profesional y a final de campaña recibió el premio al mejor jugador joven de la Liga. Desde entonces y pese a sus 16 años, nunca se ha bajado ya del primer equipo, donde es titular indiscutible y donde lleva la camiseta número 9. Ha jugado desde entonces 25 partidos, logrando tres tantos y repartiendo otras tantas asistencias. Aunque donde más destaca, obviamente, es en la selección, donde pese a jugar con chicos dos y tres años mayores, el físico se iguala. Ya ha disputado cinco encuentros con la Sub20 logrando cinco tantos, incluido un hattrick en el último duelo ante Chile. 

Hoy, Nicolás Schiappacasse está en Italia, tramitando los papeles para conseguir la nacionalidad italiana. El Atlético está intentando que el jugador se incorpore desde este mismo verano al equipo. Si consiguiese el pasaporte comunitario, no habría ningún problema por la reglamentación FIFA, aunque de no hacerlo, tendría que esperar hasta enero, cuando cumpliría los 18 años, para formar parte de la plantilla. Será en el mismo mes, además, cuando inicie el Sudamericano Sub20, al que Nicolás acudirá como líder de la selección y, de hacer un buen papel, es seguro que jugaría también al Mundial que se celebra meses después. Con todo, no es segura la decisión de que venga a España ya. Aunque en River Plate ya no contaban con él (se perdió el último encuentro por estos motivos burocráticos), el presidente Renzo Gatto afirmó que aún se negocia cuándo se irá el jugador a Europa. 


¿Cómo juega Nicolás Schiappacasse?

Delantero hábil de 1'80m de estatura, Schiappacasse es un punta con mucha movilidad, con un buen golpeo de balón, muy completo. Hasta los 15 años era un chico bajito, por lo que tenía que utilizar su potente tren inferior para ganar balones divididos y posiciones ante los defensas, siempre mayores y más corpulentos que él. Rápido pegó el estirón, creció varios centímetros y mutó un poco más su juego. Donde se puede ver con más facilidad es con la selección uruguaya, jugando con chicos apenas un par de años mayores que él, donde el físico se empareja y se liman las diferencias. En su club, River Plate, juega por la banda en un sistema de tres delanteros. Es muy rápido, con mucha zancada y le gusta en ocasiones abusar del regate. No obstante, con su crecimiento físico y ganancia de músculo (que ya está muy avanzado) irá centrando su posición. Ya podrá disputar con más facilidad la posición y los balones a aquellos que pueden hoy, por edad, ser su padre. Una forma de correr que conocen bien en el Vicente Calderón, pues Nicolás Schiappacasse tiene muchas cosas de Diego Costa, jugador que también llegó al Manzanares con 17 años. Un símil futbolístico también con los inicios en el profesionalismo europeo de Adalberto Peñaranda, ahora que el venezolano está tan de moda. Lo que sí es claro es que Schiappacasse empieza ahora la época más difícil de su vida, en una temporada donde probablemente no podrá jugar al fútbol más que con su selección, algo parecido a lo que vivió Ángel Correa por su operación de corazón el pasado año. Que es ahora cuando tiene que dar el 100% y además rogar a la suerte, pues son muchos los que se quedan en el camino. El cartel de promesa y futura estrella ya lo lleva colgado, y eso es algo que le acompañará tanto para bien como para mal. 

Schiappacasse celebra un gol con Uruguay Sub20