sábado, 11 de febrero de 2017

La cresta que amenaza el Bernabéu



Una mala racha durante todo el mes de octubre privó a este Nápoles de estar peleando con la Juventus por el título de la Serie A. La Vecchia Signora no da nunca tregua y cualquier mínimo traspiés te deja atrás en la carrera por el Scudetto. Por eso, pese a estar en segunda posición de manera destacada y ser uno de los cinco equipos más en forma de todo el panorama europeo, en Nápoles está a seis puntos de los bianconeros (que tienen un partido menos) en el Calcio y salvo que Marek Hamsik tenga algo que decir, la Serie A ya está finiquitada.

Coincidió aquel bajón con la lesión de Arkadiusz Milik, fichaje de tronío de esta temporada que llegaba a apagar el incendio que había dejado la marcha de Higuain. Al polaco se le caían los goles de los bolsillos (siete dianas en nueve partidos, marcaba cada 84 minutos) y Maurizio Sarri se dio un momento de tregua para pensar. Su ariete se cayó por cuatro meses y aunque ya tiene el alta aún no ha disputado minutos en su regreso.

Así, entre colocar en punta a un Gabbiadini decepcionante (vendido ya invierno) o alejar a un Callejón que tiene más gol desde la banda que en el eje del tridente, se le ocurrió situar ahí al más pequeño de todos, ese que una vez luchó por el pichichi de la Eredivisie sin ser delantero por el simple hecho de que le habían dado libertad para jugar: Dries Mertens. El belga respondió rápido y ya suma 20 goles y 11 asistencias, haciendo la mejor temporada de su carrera, y eso que sólo estamos en febrero.

18 son los partidos que encadena este nuevo Nápoles sin conocer la derrota. 12 victorias y seis empates, para ser más concretos. Es el equipo más goleador de toda Europa con 57 tantos (55 Barcelona, 52 Arsenal y Liverpool, 51 Chelsea y Real Madrid, 48 Roma, 47 Juventus, 43 Bayern) contando sólo los anotados en el torneo doméstico. 

El Nápoles de Sarri se cimenta sobre el césped en dos triángulos. Primero, el que forman en la medular los tres mediocentros, cambiante, sin forma definida. Por eso, Marek Hamsik, el futbolista capital de este equipo, es ahí el único indiscutible. A su lado, depende del partido, puede jugar Zielinski, Allan o Jorginho. Incluso Diawara, al que no le pesan los 19 añitos que le contemplan. Arriba, la situación está más clara. En la izquierda Insigne, en la derecha Callejón, arriba Mertens.

La transición rápida y las combinaciones en pocos toques son el alma de un equipo que vuelca la mayor parte de su juego al costado izquierdo. Ahí se junta el capitán Hamsik, volante siempre escorado al perfil siniestro, con Insigne y un Mertens que no reniega de su pasado, además de las subidas de Ghoulam, que está enamorando con su juego. Ese esa facilidad para el caracoleo de los pequeños, su movilidad y su constante verticalidad la que permite la variedad de goles napolitanos (20 de Mertens, 11 de Hamsik, 10 de Callejón y siete de Insigne). Por eso, Hamsik aparece en segunda línea con suma facilidad para seguir sumando goles a su bolsillo. Por eso, en tres toques, Mertens pasa de estar descolgado a plantarse sólo ante el portero. Si la situación se complica alguno saca un disparo lejano y cuando todo el juego está volcado al perfil zurdo, un nuevo recurso es cambiar de banda para que el que ejecute sea Callejón.

Hamsik celebra su gol al Pescara/ Francesco Pecoraro/Getty Images
Marek Hamsik suma ya 11 goles y ocho asistencias esta temporada. En el cómputo global, il capitano lleva 109 goles con la camiseta Napolitana y se sitúa a solo seis de los 115 de Diego Armando Maradona como máximo artillero de la historia del club. Todo apunta a que el eslovaco superará al Pelusa esta temporada, al ritmo que va, pero él sabe que si no es esta será la siguiente. Porque Hamsik, corazón de este equipo, he hecho oído sordos cada vez que le han relacionado con algún equipo y ha declarado amor eterno a Nápoles. Ofertas de China, de España, de Juventus, Milan e Inter cada verano. Del Chelsea y Manchester City. El '17', la cresta, Marekiaro o Marekdona, como prefieran, sabe que su sitio está donde está. En esa ciudad que le venera como a un Dios y que se debate solo en decidir si es el mejor jugador de la historia del club o es el segundo.

"La gente me ama. No puedo salir. No quiero salir. Prefiero ganar un título con el Nápoles que 10 en otro sitio", respondió el eslovaco, en público, cuando le transmitieron las ofertas de Milan y Juventus. Y es que con Hamsik empieza y acaba todo en Nápoles. Ha llegado a su mejor momento de forma con Sarri en el banquillo, que le ha devuelto al fin a su posición habitual, a la original, y no defenestrado como estaba con un Rafa Benítez que nunca llegó a entender la raza del capitán, hecho de otra pasta. Su disparo lejano es terrorífico. Su llegada de segunda línea muy efectiva y en el juego aéreo es un bastión.

El equipo de Sarri vive de una defensa más o menos sólida, formada en su eje por Albiol y Koulibaly. El africano es una de cal y una de arena, aunque esta campaña ha templado los nervios y se ha aplicado. Rapidísimo, contundente al corte. Solo cuando intenta salir con balón jugado comete algún error grosero. Su cartel en el mercado ha ganado enteros, aunque aún tiene muchas cosas que pulir. En la derecha Hysaj, en la izquierda Ghoulam. Incisivos, con un físico prodigioso. Muy potentes. Arriba, lo ya dicho. Dos triángulos bien identificados que permutan sus posiciones con suma facilidad, lo que acaba desquiciando al equipo rival, siempre corriendo detrás del balón. Hamsik es fijo. Jorginho o Allan jugarán, sino los dos, y si alguno de ellos se cae, entrará Zielinski. En punta, los tres pequeños. Sólo en los últimos minutos podría entrar Milik, sin ritmo, o el recién fichado Pavoletti.

El pase al primer toque, la transición rápida, el cambio de juego. Para más inri, bajo palos está un Pepe Reina que parece haber encontrado en la ciudad partenopea el elixir de la eterna juventud. Este Nápoles lo tiene absolutamente todo para luchar contra cualquier equipo del mundo en cualquier competición.

Solo los pinchazos de principios de octubre le privarán de ganar un Scudetto por el que realmente podrían haber luchado y que ahora se antoja complicado por la facilidad de la Juventus por no fallar. Vivos en la Copa, donde ya están en semifinales, vivos en Champions, donde se miden al Real Madrid en octavos y segundos en Liga, esperando el pinchazo del líder para hincar el diente. San Paolo es un estadio especial. Salir de allí con puntos es símbolo de alegría, casi como un título. Pero primero, toca el Bernabéu.




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