domingo, 20 de noviembre de 2016

Kranevitter sí o sí



Que Matías Kranevitter no ha aterrizado con buen pie en el fútbol europeo no sería nada que le pudiera sorprender a nadie. El mediocentro más dominador del fútbol sudamericano en los últimos tiempos ha caído a contrapié en una de las mejores ligas del mundo y su difícil adaptación hace ya vislumbrar en él un aire de eterna promesa que se puede quedar en el camino, como le sucediera ya su homólogo de Boca Juniors Fernando Gago. 

También es un secreto a voces que el Atlético de Madrid no está bien. El equipo de Simeone ha perdido en los últimos meses la cualidad que le llevaba a ser siempre competitivo: el hormigón. Los colchoneros, que tienen en propiedad a Kranevitter (cedido en Sevilla) se han visto asaltados por una serie de reveses y de unas creídas necesidades de agradar que les han llevado al peor arranque liguero desde que el argentino se sentara en los banquillos del Vicente Calderón.

El Atlético necesita volver a recuperar sus raíces. Tiene que volver a creer en aquello que le ha llevado a ser uno de los mejores equipos del mundo en el último lustro y para ello necesita volver a ser cemento. Un equipo rocoso, con una base sólida desde la que lanzar ataques cortos, explosivos, criminales. 

Cuando Kranevitter aterrizó en el Atlético se encontró siendo la última pieza del puzzle. Con Gabi intocable, con Augusto llegado como fichaje de urgencias rindiendo a gran nivel y con un Tiago lesionado que estaba siendo el mejor jugador del equipo hasta que se tuvo que retirar en camilla allá por noviembre para no volver. Y con el club, claro, jugándose la temporada más importante de su historia. O una de ellas, porque desde hace tres o cuatro años, cada campaña es una final. Una final para hacerse con la ansiada que falta. No había tiempo para esperar a nadie.

Cuando en verano todos los medios llegaron sanos a la pretemporada y el equipo ganó en calidad, Kranevitter pasó a ser una pieza totalmente prescindible, teniendo que salir a Sevilla en busca de unos minutos que, a día de hoy, no está encontrando. Y es que el gusto de Sampaoli por el fútbol ofensivo, unido al elevado nivel de Nzonzi, único jugador de corte defensivo, está llevando a Kranevitter a pasar más tiempo en la grada y el banquillo que sobre el verde. Ha pasado de ser el relevo de Mascherano en Argentina, de jugar junto al jefecito en la albiceleste, a caerse de las convocatorias ahora cuando peor está la selección. Y eso tiene que cambiar.

La situación en el Calderón a día de hoy es bien diferente a cuando el curso comenzó. Con Augusto lesionado de gravedad, con Tiago con constantes problemas físicos incapaz de jugar más de media hora seguida y con Gabi, único medio puro sano, que tiene que jugarlo todo a sus 33 años en un equipo que práctica un fútbol de alto desgaste físico. La progresiva inclusión de Koke y Saúl en el doble pivote no ha terminado de cuajar y el equipo, que ha ganado en calidad, ha perdido su empaque, su sobriedad, sus cimientos. Su base al fin y al cabo. 

El Atlético necesita volver a recuperar lo que fue y para eso necesita contar con un buen mediocentro puro más en su plantilla. La sanción FIFA, ya en vigor para este mismo invierno, reduce el campo de visión de los rojiblancos, que no pueden fichar, pero sí podrían recuperar a jugadores cedidos. Ahí entra en juego Kranevitter, que a día de hoy no sería una pérdida mayor para el Sevilla pero sí podría ser un parche para el Atlético.

Atlético y Kranevitter, condenados a entenderse. El argentino salió por falta de minutos, por no encajar y ser la última pieza en la rotación y una posible vuelta ahora podría obligarle, exigirle y presionarle para que de una vez diera el salto cualitativo que se le espera y volver a ser un mediocentro dominador. El Atlético no puede mirar más allá del ex de River si es que acude a reforzar la posición (necesario, capital para volver a ser lo que un día fue) y Kranevitter tendrá la oportunidad que le puede marcar definitivamente en el fútbol: o vale o no vale. Sea como fuere, el club necesita repescarle para volver a ser cemento. Y luego ya se verá.

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