lunes, 15 de abril de 2013

El hombre que perdió una carrera por salvar una vida: David Purley

29 de julio de 1973. En el circuito de Zandvoort, Holanda, el Mundial de Automovilismo iba a escribir una de las páginas más trágicas de su historia. En un campeonato dominado por el británico Jackie Stewart, dos compatriotas suyos iban a dejar para la posteridad una de las acciones más impactantes y sorprendentes de siempre.

Roger Williamson, un prometedor piloto de 25 años nacido en Reino Unido, disputaba su segunda carrera en el campeonato saliendo desde la última plaza. Williamson había calificado el 18º estando 3 puestos por delante de su compatriota David Purley pero, tras un fallo en la vuelta de reconocimiento, su monoplaza debía salir desde la última posición, 3 puestos por detrás.

Roger Williamson
En sólo 6 vueltas, Williamson había conseguido ascender desde el último lugar hasta la 13ª plaza, asombrando a todos con una remontada espectacular en los primeros compases de la prueba. Sólo era su segunda carrera y ya levantaba de sus asientos a más de uno. Hasta que se cruzó con la curva maldita.

En el séptimo giro de un total de setenta y dos, el March rojo de Williamson vio cómo una de sus ruedas se reventaba, perdiendo el piloto el control de su monoplaza, que se incendió por la fricción del tanque de combustible con el suelo. En segundos, el rojo se desvaneció y sólo se veía una llamarada naranja que se deslizó por la pista boca abajo casi 300 metros dejando una bola de fuego a la derecha de la pista. Williamson, dentro, no estaba herido de gravedad, pero estaba encerrado entre las llamas.

Purley, que estaba completando su octava vuelta, vio anonadado el trágico accidente de su compañero y no dudó en parar su monoplaza a la izquierda del asfalto, se bajó y atravesó la carretera sin importarle siquiera los coches que venían de frente que seguían compitiendo. Se pegó un sprint de 50 metros y raudo y veloz llegó a la altura de Williamson. Intentó, sólo, voltear el coche con el número 14, sin percatarse del peligro de las llamas que podían abrasarle.

Rápido llegaron dos comisarios del circuito, que se quedaron mirando la impotencia de un Purley que no podía sólo contra el peligro. Ante la pasividad de los ayudantes, Purley, en un gesto desesperado, fue a buscar un extintor con el que empleó todas sus fuerzas en apagar las llamas. Los comisarios sólo miraban y se dedicaban a advertir del peligro a los demás pilotos que seguían en carrera.

Segundos que se hicieron minutos. Minutos que se hicieron horas. El extintor no tenía más líquido y Purley lo había dado todo. Se apartó del coche un par de segundos, desolado y decepcionado. Con gestos de rabia. "Un intento más", debió pensar. Y con un nuevo ataque de impotencia volvió para voltear el coche. Los comisarios sólo se acercaron para impedírselo. Decenas de aficionados que lo estaban viendo trataron de saltar las vallas para ayudar a los dos británicos, pero la seguridad del circuito se encargó de mantenerles a raya con perros policía. 

"¡Por Dios Santo, David, Sácame de aquí!", así es como Purley contó años después que escuchaba a su compañero encerrado entre las brasas. "Yo no pude voltearle, simplemente no pude. Podía ver que él estaba vivo y le oía gritar, pero no pude dar la vuelta al coche. Intenté que la gente me ayudara y si hubiéramos podido girar el coche él estaría bien, le podíamos haber sacado", señalaba un David Purley entre lágrimas.

Habiéndose forjado en el ejército durante años, Purley reconoció que casi no conocía a Roger. Después de todo, era la segunda carrera de Williamson y una de las primeras de Purley. "Sólo fue un acto reflejo, como en el ejército. Sólo se trataba de un hombre que necesitaba ayuda. No recuerdo cuándo paré el coche, ni cuándo corrí para ayudarle, sólo recuerdo que nadie me ayudó, de hecho, los demás pilotos ni siquiera levantaban el pie al pasar por el lugar del accidente".


Todos los demás pilotos se escudaron en la triste idea de que no sabían de quién había sido el accidente, argumentando que creían que se trataba del propio Purley tratando de salvar su monoplaza. Difícil de creer cuando el coche de Purley estaba sólo a unos metros del accidente en un estado impecable.

Roger Williamson perdió la vida en esa fatídica curva, ante la pasividad de decenas de comisarios y sin la ayuda de sus compañeros de parrilla. Purley, desolado, sólo pudo dejar para el recuerdo las infinitas lágrimas y llantos. Instantáneas que sirvieron solamente para ganar el premio a las mejores fotografías del año, pero que no recuperaron a Williamson a la vida.


Mientras los médicos retiraban el coche y el cuerpo ya sin vida del británico, Purley sólo pudo quedarse en una esquina del circuito, sentado, solo y llorando. "Me siento extremadamente triste y culpable", fueron las palabras de un joven Niki Lauda que apenas estaba empezando en el mundo del motor. David Purley nunca ganó una carrera, nunca consiguió siquiera puntuar, pero aquel día se ganó los corazones de todos los amantes del deporte en general y del automovilismo en particular.

Sus desgarradoras imágenes, su valentía y su desesperación por salvar a Roger, le sirvieron para ser condecorado con la Medalla de Jorge al mérito británico. Una condecoración que seguro cambiaría por la vida de Williamson.

Años más tarde, Purley regateó a la muerte con un accidente en el que todo el mundo temió por su vida. En casa, en Silverstone, un fuerte accidente que cerca estuvo de materle, le introdujo en los libros del Record Guinnes. A una velocidad de 173Km/h, su monoplaza impactó contra un muro de frente mientras su pedal de acelerador se había quedado atascado. El coche pasó de tal velocidad a 0 en sólo 66 centímetros, haciendo soportar a David una fuerza G de 180, entrando así en el Record Guinnes como el hombre que había sufrido una mayor desaceleración en la historia y que había permanecido con vida. 

Una vida por la que se temió debido a la multitud de fracturas y de paradas cardiorespiratorias que el británico sufrió en las siguientes horas. Nunca más volvió a competir en F1. David Purley falleció a la temprana edad de 40 años en un accidente aéreo, cuando tras una mala maniobra, su avioneta se perdió en las profundidades del mar a la orilla de Bognor Regis.


1 comentario:

  1. En el mundo de hoy, solo hay pretextos y disculpas, y se vive simplemente de los números y los resultados.
    Pido a Dios por el alma de un héroe, que en vida rompió sus propios intereses por salvar la vida de un compañero, y que el tiempo se encargo de reunirlos en la eternidad.

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