sábado, 9 de marzo de 2013

El hombre que perdió la ilusión de jugar

Tenía sólo 18 años, pero ya tenía un país detrás. Esta es la historia de Hidetoshi Nakata, el estandarte nipón en los últimos años en el mundo del balón. Mientras los demás en su pueblo se divertían con juegos variopintos, él se pasaba horas frente al televisor viendo a Capitán Tsubasa –lo que aquí conocemos como Óliver y Benji-. Y como muchos niños en todo el mundo, soñaba con ser ese pequeño gran jugador de melena oscura que iba siempre con un balón pegado al pie.

Igual que en la serie de dibujos, con 17 años se apuntó al equipo de la escuela y disputó el torneo entre institutos que se jugaba por todo Japón. Su actuación fue de tal calibre que no dudaron en convocarle para la Copa Asia sub19 con el equipo nipón. Y No le hizo falta más que darse un par de carreras en el campo con el balón pegado al pie. Ya le llovían las ofertas. Empezó tarde, terminó pronto. Con 18 años fichaba por un equipo de la primera división japonesa, el Bellmare Hiratsuka. Le quería el Yokohama Marinos –el mejor equipo del país-, pero prefería sentirse importante desde un club más modesto. Y vaya si lo hizo.

Curiosamente, tuvo unos inicios muy parecidos a los del propio Óliver Atom. Si bien comenzó jugando como delantero porque era muy pequeño y escurridizo, en su segundo año los técnicos tomaron una decisión que iba a cambiar su carrera: pasó a ser mediapunta. Los éxitos llegaron pronto. Con un equipo modesto consiguió algún título menor, pero explotó de forma individual y los galardones no se hicieron esperar: mejor jugador nipón del año, de Asia, empezó a ir con la selección de los mayores, etc. Ya estaba consolidado.

Nakata en su faceta de modelo
Pero si Nakata asombraba dentro del terreno de juego, fuera también levantaba pasiones. Se había convertido en todo un ídolo de masas del marketing, máximo reclamo en el continente asiático, donde todos le conocían como el Beckham japonés. Fue pionero en llevar cortes de pelo extravagantes y tintes llamativos en su país, lo que marcaría una nueva moda y una tendencia que se extiende hasta nuestros días. En ocasiones, incluso, se le acusó de ser más modelo que futbolista.

Con 21 años dio el gran salto a Europa. El Peruggia italiano, recién ascendido, se hizo con sus servicios por 3 millones de €. Año y medio donde salvó al equipo del descenso y se dio a conocer en el panorama mundial. Tanto gustó en Italia, que la Roma entrenada por Fabio Capello se hizo con sus servicios por la nada desdeñable cifra de 22 millones de €. Una Roma donde Cafú y Aldair lideraban desde atrás un equipo en el que empezaba a dar sus primeros pasos Walter Samuel y donde Batistuta, Totti y Montella ponían la pólvora necesaria para arrasar y ganar el campeonato. Si bien desde un principio no fue titular, fue el jugador número 12 para Capello y cada vez que salía verle tocar el balón al lado de Totti asistiendo a los dos puntas era una maravilla. Y se hizo mayor en Turín, en el campo de la Juventus, ante 65.000 espectadores en el día en que se jugaban la liga en un partido a cara de perro. Con 2-0 para los locales con goles de Del Piero y Zidane –casi nada-, Capello tiró la casa por la ventana y dio entrada al japonés en sustitución de Totti. La liga estaba perdida. Sólo quedaba media hora de partido. Suficiente, debió pensar el nipón. Los locales se encerraron y el menudo jugador de ojos rasgados hizo suyo el partido. Tanto que en el minuto 80, tras robar un balón en el medio del campo, se sacó un potente derechazo a la escuadra que hizo inútil la estirada de Van der Sar para poner el 1-2 provisional que daría pie a la posterior igualada. Un empate que llegó en el minuto 90, cuando de nuevo el japonés disparó desde aún más lejos poniendo en serios apuros al meta holandés, que sólo pudo dejar muerto el balón para que Montella, en boca de gol, diera la liga a los romanos.

Nakata con el AS Roma
Y cuando más alto parecía que iba a volar, llegaron las lesiones. Una detrás de otra el calvario de un jugador que empezó a dejar de mostrar sus destellos de calidad en el campo y se centró, cada vez más, en destacar fuera de él.

Ayudó a un equipo liderado por Davids, junto a Figo, Guardiola y Bierhoff entre otros, a robar un misterioso balón protegido por robots casi indestructibles. Y poco después, se encerró en una jaula al lado de Totti y Henry y humilló a jugadores de la talla de Ronaldinho, Ronaldo, Roberto Carlos o Crespo entre otros. Sí, aquellos famosos anuncios de Nike.

El jugador no estaba contento y pidió el traspaso. No disponía de minutos y él sólo era feliz jugando. La Roma se lo vendió al Parma por el mismo precio por el que lo había comprado, y ahí comenzó a dar las últimas tardes de gloria en un estadio. En Parma consiguió ser titular. Ganó cierta importancia y su primer año fue maravilloso, conquistando la Copa siendo el mejor del equipo. Pero después desapareció casi por completo. Las marcas dejaron de fijarse en él y se le empezó a apagar la luz. Era modelo porque era futbolista y era futbolista porque era modelo. Cuando el uno se iba, el otro le acompañaba. Las lesiones volvieron y no consiguió nunca jugar más de 30 partidos en una temporada. Hasta el punto que se marchó por la puerta de atrás cedido al Bolonia para intentar recuperar un nivel que nunca volvió.

Con la vuelta a primera de uno de los grandes que había desaparecido, la Fiorentina, Nakata intentó sin éxito un último asalto en Italia. El club, recién refundado y ascendido, salvó la categoría en las últimas jornadas pero el japonés no consiguió la regularidad que se esperaba. En un intento por recuperarle como jugador, se decidió por todas las partes su llegada a Inglaterra, concretamente al Bolton Wanderers.

Alternó suplencia y titularidad, pero ya nunca fue Nakata. Y con 29 años recién cumplidos, tomó la última decisión de su carrera: colgar las botas. Se desató la locura en Japón. Ya nunca más iba a vestir la camiseta al lado de su compañero inseparable Nakamura. Aunque el “7” tenía un último deseo: jugar el Mundial de Alemania con su país.

En su último partido con Japón (2006)
Sólo estuvo 3 partidos… ¡Pero qué partidos! Con la cinta de capitán en su brazo, Hidetoshi lideró a su equipo en su libertad de soñar. No tenían ninguna posibilidad en un grupo con Brasil, Australia y Croacia, pero ellos lo iban a intentar. Y se vio, años después, a Nakata. Al verdadero mediapunta bajito japonés que había encandilado a toda Asia y a media Europa. En sus últimos 270 minutos en un campo no pudo llevar a su equipo a ganar ningún partido, pero fue nombrado mejor jugador en el partido contra Croacia, vivió la espectacular y dolorosa remontada que les endosó Australia con 3 goles en 6 minutos e hizo soñar a su equipo cuando en el partido crucial, cuando aún tenían opciones, dieron un recital contra Brasil y estuvieron clasificados durante 45 minutos para al final terminar perdiendo y quedando fuera de la competición.

Este era Nakata. Un modelo como jugador, y un jugador que ejercía de modelo. El hombre al que Pelé incluyó en la lista FIFA con los 100 mejores jugadores de la historia. Tres veces nominado en la lista final por el Balón de Oro. El hombre cuya fundación recolecta dinero mediante partidos benéficos para ayudar en causas solidarias. El hombre que subastó sus botas para destinar la recaudación -1.5 millones de €- a la catástrofe de Haiti. El hombre que admitió que jugaba al fútbol porque le hacía feliz. El hombre que admitió que dejaba el fútbol porque había perdido la ilusión.


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